jueves, mayo 12, 2016

BOLETÌN LITERARIO BASTA YA ABRIL MAYO 2016



Desaparecido
No solo desapareció tu cuerpo / sino tu manera de pensar / de amar, de relacionarte con los demás. / Desapareció / tu concepción de la política, / tus anhelos de construir un mundo mejor, / más justo y más digno.  / Desapareció /la confianza en los demás, / compañeros, camaradas / iguales, solidarios. / Desapareciste tú / y muchos más de 30.000 / y muchas cosas más. / Desapareció la convicción de estar dentro / de un  inmenso río / que desembocaría en forma inminente, / en el océano de igualdad. / Esa alegría enorme / de estar ahí, / de compartir, / de formar parte de la historia, / de construir  el hombre nuevo, / para servir a  los desposeídos,  / a los desamparados, / a los condenados de esta tierra. / Desapareciste tú / y muchos más / y muchas cosas más. / Quedamos solos / huérfanos de ideales, / marcados por la indiferencia, / creyendo que las cosas / son más importantes que los hombres. // Desapareciste tú / y tus hijos / y desaparecieron cosas. / Algunas se pudieron recuperar / otras son imposibles. 
Eduardo Alberto Planas
                                       

                                       

Director: Eduardo Alberto Planas.  Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Jorge Torres Roggero, Leonardo Arce, Héctor Aldo Valinotti. Corresponsales: Griselda Rulfo (Villa María), Gabriela Bayarri (Villa Dolores). Registro Propiedad  Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Valor del ejemplar: $ 30. Foto de Tapa: Víctor “Toti” Cáceres – Sil Tuninetti. Contratapa: Desaparecidos. Contacto:eduardoplanas2001@hotmail.com Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com. Tel: 0351- 4886974 – 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 – Duarte Quiroz  N° 1702, Córdoba. Tel: 351- 4876498. Otras fotos: www.google.com.ar / Dibujos: www.pinterest.com – Paula Bonet / Diseño: Laura Pozzo

CONTENIDOS:
Desaparecido – Eduardo Alberto Planas // Gatos – Alfredo Lemon // Mamíferos – Jorge Luis Carranza // Espejo de Eternidad – Silvina Anguinetti // Christian Hertel // Todo lo que el poder odia  de Alexis Oliva // DF – Eduardo Planas // Las manos de partir lloran suavemente – Alfredo Luna // Pecas Soriano // Cantata del gallo cantor – Daniel Schapces // Santoro en la memoria – Leandro Calle // Mujer avant garde – Sergio Pravaz // En la dirección correcta – Cesary Novek // Carol: La apertura del closet – Leonardo Arce //  Encuentro con el Indio – Ulrich Kramer // Villa El Libertador: El Libro //  No siempre de Lily Chavez // Una cosa trae la otra - Lily Chavez // Entrevista al poeta Hernán Jaeggi – Eduardo Alberto Planas   





Gatos

Soberbia sombra en la terraza del cielo,
las cejas de la noche y el barniz de la luna.

Sigiloso
             audaz
                         iracundo.

(Apenas merodeas con tu pelaje mi página).

Hechicero
               feroz
                          insolente.

(Un rasguño en el cuerpo graba el amor para siempre).

Vuelve a tu reino de magia y deseo.
Seductor, vagabundo bajo el firmamento.

ALFREDO LEMON



Mamíferos

Debajo del agua se está bien.
Hay un silencio sereno.
Uno está con uno
y  su respiración.
Pero hay que subir a la superficie
cada tanto.
Ir hacia lo profundo
y quedarse allí sería  letal.
Y afuera,
un mundo brutal y hermoso.
El otro y sus dentelladas.
El otro y su ternura.
El otro depredador.
El otro y su pequeña emoción.
El otro que nos completa.
Hablo de seres anfibios.
Mamíferos hambrientos y sedientos
de soledad, de abrazos.
De abrazos y soledad.

JORGE LUIS  CARRANZA


ESPEJOS DE ETERNIDAD de Silvina Anguinetti
“¿o todo es un gran juego dios mío?”
                                 Gonzalo Rojas

 
No. no es un juego.
es un rompecabezas.
el tiempo late bajo los dedos
con piezas que se empujan y buscan su espacio.
alguna se ha perdido en la noche,
otras escapan del olvido y caen en veredas viejas.
todo se repite y no.
arde la vida en esta imagen
que se quiebra en pedazos para volver a armarse.

*

Aquí estoy, peinándola
trenzando sus palabras                                                                            
ritual en la mañana tibia
Mis ojos se llenan de silencios
cuando su mano toma mi caricia.
Sonrisa cómplice
las dos – madre e hija-
en el espejo de la eternidad.

*
“los días van tan rápidos”
Gonzalo Rojas

Y nuestros pasos buscan llegar a tiempo/
tomar el colectivo / correr / ser puntuales.
puntualidad que quema la punta de los dedos
se arquea para no posarse en el minuto… y muere.
“los días van tan rápidos”
acomodados en el sillón / hacen zapping
van y vienen por escaleras de silencios y relojes.
pasa la vida
la vida pasa en estos días que aturden:
las compras – el colegio – la plaza – las expensas- 
el ascensor – la comida-  el abismo - y la ternura
todo queda ahí en ese instante
que nos hace eternos.
Segundo premio poesía “VII CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE POESÍA Y CUENTO BREVE RAMÓN EMILIO CHARRAS”
API (Artistas y Pensadores Independientes)





CHRISTIAN HERTEL
                

antes iba al cementerio

entrábamos caminando por la calle central
mamá de un lado
papá en el auto

en la cofradía el aire
se estancaba como el mármol

mamá dejaba mis siete años
frente al 594
y se volvía por los pasillos
hasta perderse

sin ayuda
el beso en la foto me costaba

en alguna pileta
mamá reemplazaba las flores viejas
por otras compradas en la calle

ramitas entrando
en un florero de chapa

detallista
decoraba la fachada de granito
sin tapar la foto
ni las fechas de bronce

volvíamos
por diferentes pasillos íbamos
dejando ramitos de colores                                                                                                                          
reservados para el último

una vecina
un tío gordo
una señora mayor muy seria
(retratos de ninguna voz familiar)

afuera
papá fumaba
apoyado en el capot del 12

creo
creo que mamá
iba por las flores
*

ahora que pude sitiar
las esquinas de mi espalda
                                     
ahora que puedo decirte
porqué se mueren las alas

subo paralelo de vos
para que hablemos de las cosas
del verano
de los precios

ahora que los imaginados cortan flores
y juegan a los hijos
junto a la cocina




CHRISTIAN HERTEL





TODO LO QUE EL PODER ODIA






“La mañana del día en que iba a morir, Viviana  Avendaño se levantó de la cama y se sentó a escribir en su computadora. Antes, al despertar, debe haber mirado a Laura dormida o despierta a su lado. Quizás sintió orgullo y gratitud por esa joven de 24 años que, además, era su amor.
Orgullo, por la entereza que demostró en los días anteriores. Gratitud, porque estuvo todo el tiempo junto a ella. Sin saber que también estaría al lado ese día, el último de sus vidas.
Debe haberla besado si estaba dormida. Debe habérselo dicho si estaba despierta. Acaso después miró por la ventana el paisaje de San Marcos Sierras y supo que había encontrado ese lugar que buscó durante tanto tiempo, su lugar en el mundo. Por la paz que le transmitía, pero también –paradójicamente- por su cercanía con ese otro lugar tan distinto, un puñado de kilómetros al noroeste, más allá de su mirada. Ese otro lugar a donde ese día iba a volver y en el que iba a morir.
Tal vez, al mirar a través de  su ventana, también se permitió evocar el tiempo en que las ventanas eran alta y estrechas, tenían rejas y no le permitían asomarse a ningún paisaje. Y quizás pensó que esa vista era otra de las cosas que la vida le devolvía, como el amor de esa joven, como eso que ocurría a un puñado de kilómetros al noroeste.
Quién sabe. Lo cierto es que la primera actividad de Viviana en aquella fría mañana del sábado 10 de junio de 2000 fue sentarse a escribir. Escribió una carta, casi un informe, dirigido a una tal Clo, donde narraba y analizaba todo lo que paso en esos días de lucha junto a los desocupados de Cruz del Eje.
El texto comenzaba con una disculpa por no haberla llamado el día anterior, porque “terminamos muy tarde”, y finalizaba 77 líneas después con una frase premonitoria:” ¿Ahora entendés la sensación de desamparo con la que vengo?”
Así inició la presentación del libro “Todo lo que el poder odia”. Texto leído por su autor, Alexis Oliva. Impactante. Emotivo. Presentación realizada el Martes 15 de marzo de 2016 en el Gremio de Empleados Judiciales de nuestra Provincia, en el marco de  la recuperación de la memoria en que la entidad sindical  está empeñada en este tiempo  a 40 años del golpe de Estado.
 “Este libro, escribe  María Eugenia Ludueña en la contratapa, es un viaje que construye memoria a través de los ojos de una mujer. Es el periplo por lugares que son también emblemáticos: el territorio del mosaico de luchas de Villa El Libertador, el Departamento de Informaciones D2, la Unidad Penitenciaria Nº 1 de Córdoba y la cárcel de mujeres de Devoto en dictadura, la universidad de revolucionarios del Komsomol leninista de Moscú, los espacios de educación popular del monte chaqueño, San Marcos Sierras, los piquetes en la ruta de Cruz del Eje. En todos esos escenarios, la Negra peleó contra los prejuicios, como fantasmas que fueron tomando diversas formas y colores a medida de las épocas.
Todo lo que el poder odia le imprime a la increíble vida de Viviana Avendaño un aura de justicia narrativa: visibiliza y reconstruye una historia que nunca antes se había contado. Pero también, las de las madres luchadoras y las hermanas desaparecidas, de las compañeras violadas y fusiladas en los centros clandestinos de detención, las intelectuales y políticas postergadas por la cultura patriarcal, las educadoras populares y las campesinas, las militantes, las luchadoras, las que jamás sueñan con ser heroínas, las historias de quienes no creen en una sola historia”.
Un hermoso libro,  una exhaustiva investigación periodística, maravillosamente escrita.










DF          
                          
Hace unos meses, al recorrer el Archivo de la Memoria,  veo: NUMERO: xxx, del Registro General de Personas de Córdoba Desaparecidas y/o Asesinadas por la Represión Ilegal y el Terrorismo de Estado:
Graciela X, FECHA: JUNIO DE 1976. DF. 20 AÑOS. ESTUDIANTE DE CIENCIAS DE LA INFORMACION (FACULTAD DE DERECHO). SECUESTRADA EN RIO CUARTO (Fte: NM). EN EXPTE DEL 9/3/76 FIGURA CURSANDO MATERIAS DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN. (AGH, EXPTE.XXXX).
De Graciela guardo el recuerdo  de su guardapolvo blanco almidonado, con moño a la cintura, tableado a la usanza de la época. Un rostro trigueño,  cabello atado  con colita.  Su casa era, una verdadera mansión, de dos plantas,  larga como  una vivienda holandesa, con un gran jardín. Ocupaba una manzana. Típico solar veraniego de la zona llamada “El 14”, actual Villa Rivera Indarte.
Graciela hablaba un perfecto castellano, intercalando el “tú”   a cada rato, porque había vivido un tiempo en Lima, Perú. Con esa tonadita que le había quedado, comentaba la comida, las costumbres, las distintas palabras de los peruanos  para designar las cosas.
Tenía quince años pero  aparentaba más. Era  una verdadera mujer, hermosa. Pero lo que más se destacaba en ella era su sonrisa, siempre su sonrisa.
Recuerdo una foto en frente de  la casa, con un conjunto celeste. Estábamos con mi hermano  José Luis ¡Que se habrá hecho entre tantas mudanza!
En un cumpleaños, la casa  relucía, con sus árboles, las estatuas del jardín, la fuente rebosante de agua. Y ahí le robé el primer beso. Luego cantamos y reímos hasta la madrugada. Las canciones de Silvio y Pablo, de Patxi Andión. Amaba hasta la locura a Violeta Parra. Se sabía todas sus canciones de memoria y conocía cada anécdota de su biografía.  Sobre todo esa que hablaba de los mineros y que arriba quemaba el sol.
Mezcla de romance y amistad, nuestras vidas se fueron sucediendo  y separando.
Graciela se fue al sur de la Provincia. Recuerdo haber ido al  hogar de su madre  y ver un gran cuadro de Evita  con  el cabello suelto. Supe que estudiabas periodismo y que militabas en la gloriosa JP, alfabetizando en una villa.
Una vez nos cruzamos casualmente en el centro. Ya había sucedido ya  el golpe del 24 de marzo. Estaba más delgada,  pero no menos bella. Dijo que estaba asustada. Habían secuestrado en  la calle a su pareja hacía dos días. No sabía dónde estaba. No tenía donde ir.  Su madre había enfermado y se iba al Perú, donde vivía su  padre.
Nunca más la vi. No supe más nada. Tenía 20 años.          
EDUARDO ALBERTO PLANAS





las manos de partir lloran suavemente      



en la tarde, cuando la madre de madres se cae
suenan todas las venganzas del infierno
porque a dios no le gusta ir a donde no hay nadie

mi querida: nunca fui tu huérfano de pan
mis manos no amarraron trompos ni barriletes

yo era apenas el niño que se arrastraba
en una lancha tambaleante
sobre lágrimas de hielo

yo era ese niño que repetía la leyenda
de un amor a quemarropa
el lujo insaciable
y la promesa de millones de regresos
de pie ante la tempestad arde pabilos
en el corazón de la noche

no contaré que refulges todavía igual que la injuria

porque es malo nombrarte
es pecado tener en el alma una mariposa rubia.

a Eva Perón

Alfredo Luna
testigo infiel, 2015


Con las manos tendidas
en medio del derrumbe.
Nos seguirán doliendo
los ojos transparentes.
El gesto final del insecto
un segundo antes del vidrio.
Seguiremos teniendo un niño
en el costado del alma.
Apenas un reflejo de luz
entre las sombras de la muerte.
Y sobre todas las cosas, nuestra sangre
nuestra sangre construyendo sábanas
para que no tenga frío tanta vida.

PECAS SORIANO




                                           
CANTATA DEL GALLO CANTOR

Cantata del gallo cantor  ha podido ver el sol nuevamente –y no por casualidad- en estos tiempos de expectativa y desazón y por qué no, esperanzas. Con más de cuarenta años de vida (compuesta en 1972), la poesía inmortal de Juan Gelman (1930-2014) es revitalizada y enaltecida por la música honda de Juan “Tata” Cedrón y lo que fue, es y será su eterno cuarteto.
El grupo que actualmente completan Miguel Praino en viola (del conjunto original), Román Cedrón en contrabajo y Daniel Cabrera en bandoneón, aunque suele haber reemplazos e invitados, ha presentado durante gran parte del pasado año y lo hará también en 2016 aquella cantata, remozada junto al grupo La Lija, verdadera selección de músicos jóvenes que –además de su propia performance- muestran su devoción por la obra de Cedrón y en especial de la referida cantata.
Esta nueva performance ofrecida en un recomendable espacio cultural llamado Hasta Trilce (Maza 177, barrio de Almagro, Ciudad de Buenos Aires), conjuga sabiduría e innovación, respeto y nuevos arreglos vocales y musicales para tamaña obra.
Finalmente digamos que el disco fue relanzado en 2015 con su tapa original para quitarle olvido y refrescar al público joven con la inclaudicable poesía de Gelman.

El gallo cantor, nacida al calor y fervor de los trágicos fusilamientos de Trelew, hace ya casi 44 años, basada íntegramente en poemas de Gelman, consta de cuatro movimientos: ruidos, cambios, glorias y cartas.
Cada uno de ellos fue musicalizado en tonos graves, profundos, como golpes de tambor o en una mesa, con la bronca por los sucesos trágicos y con la esperanza de un futuro, siempre reivindicando al “obrero tierno”, la solidaridad y “la igualdad y la justicia en vida”.

Ruidos es el himno de la cantata, la inicia y la cierra, representa el horror y la lucha, el miedo y la final explosión… la música va in crescendo lentamente, arrastrada por los instrumentos pero no rendida, agazapada, hasta el estallido.

“esos pasos ¿lo buscan a él?
ese coche ¿para en su puerta?
esos hombres en la calle ¿acechan?
ruidos diversos hay en la noche
sobre esos ruidos se alza el día
nadie detiene al día
nadie detiene al Sol
nadie detiene al gallo cantor”.

Cambios es la historia de Eugenio, peón de ferrocarril y preso político, aquí las preguntas van cosiendo una narración sensible y feroz al mismo tiempo. Las reflexiones (desde una celda de Villa Devoto) surgen como un texto cargado de simpleza y a la vez parece sobrellevar todo el peso de la Historia.

“¿por qué estaba triste ese peón de ferrocarril en la mañana apoyado contra la verja de la estación?
¿por qué se le perdía la mirada sin ver a nadie de los que pasaban junto a él?
¿por qué estaba triste ese hombre?
¿por qué hay tantos hombres y tantas mujeres tristes en el país?
¿por qué a cierta hora del día parece que un oleaje de tristeza fuera a arrasar la ciudad?
¿por qué tanta gente sale por sus ojos así o saca por sus ojos tristeza?
¿por qué esa tristeza golpea de noche las ventanas?”

Y sintetiza:
“Eugenio es un obrero tierno delicado
no le sacaron una sola palabra…”
El texto se encamina hacia un final emotivo y clave, actualizable a cualquier época donde los derechos sean avasallados y las desigualdades crecen…
“nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte
también queremos la igualdad en la vida
queremos la justicia en vida
aunque sea corta y larga la muerte”.

Glorias combina una suerte de metáfora de la lucha y la pasión con la mítica imagen de la pulpera de Santa Lucía, irónica, mordaz, avasallante figura de la pasión y el coraje.

“¿era rubia la pulpera de Santa Lucía? ¿tenía los ojos celestes?
¿Y cantaba como una calandria la pulpera?
¿Reflejaban los ojos la gloria del día?
¿Era la gloria del día inmensa luz?
Son preguntas inútiles para este invierno
no se las puede echar al fuego para que ardan
no sirven para calentar en el país
no sirven para calentar al país helado de sangre.”

La música golpea literalmente sobre las almas semi inconscientes, semi olvidadas, sobre las mesas de los hombres y mujeres de hoy y de siempre, para que despierten y salgan a pelear simplemente con su voz, con su derecho, por tanto dolor y tanta injusticia.
La letra y la poderosa cadencia musical se juntan en un solo puño, en un solo grito.

“Con sangre verdaderamente están regando el país ahora
oh amores 16 que todavía volarán aromando
la justicia por fin conseguida el trabajo furioso de la felicidad
oh sangre así caída condúcenos al triunfo

Como calandrias de sus pechos caía y
como sangre para apagar la muerte y
como sangre para apagar la noche y
como sol como día.”

Cartas denuncia la tortura en la cárcel, el final trágico del nacimiento y muerte del niño de una presa, que escribe esa terrible y siniestra acción de su puño y letra.

“o ciegas de verdad o sin ojos?
¿o una tela donde la camarada escribe?
‘el día 20 de abril a las 20.05 nació
el chiquito que esperé cuidé defendí tanto tiempo contra’ escribe
contra la oscuridad que está en algún lugar de las bestias contra
la oscura bestia la picana los golpes al vientre donde él
‘que defendí tanto tiempo’ escribe…”
Llegando al punto sublime de la ternura y la tristeza:
"ustedes mis compañeras y amigas’ escribe y cuando el
día 24 (lunes) lo acostó por la noche y lo pasó a su cunita
‘sus ojitos no se abrían ni lo harían jamás’
escribe…”

Y como siempre Gelman llama/pregunta a lo descarnado de la médula del sufrimiento para desde allí despertar a los caballos, a los guerreros, al pueblo…

“¿hay caballos para derrotar al enemigo?
¿el que vivió 5 días no es un caballo para derrotar al enemigo?
¿no convirtió sus manitas en un caballo para derrotar al enemigo?
¿no está galopando o corriendo ahora entre tus brazos y mis brazos amada?
¿no está acaso corriendo o galopando entre tus brazos y mis brazos ahora?”

Como en toda la cantata el Tata subraya lo que hay que subrayar, lo fervoroso, grita furioso o tierno sobre el chillido del violín filoso de Miguel, sobre un avasallante bandoneón galopante, sobre la rítmica del bajo y el terrible rasguido de la guitarra, imprimiendo una urgencia y a la vez una reflexión.
Letra y música parecieran no poder vivir una sin la otra, crecen y vibran en la misma sintonía, con la amistad que supo haber entre sus autores.
No está de más recordar, volver a hacerse carne de todo este periplo artístico, pleno de rigor, bajón y exaltación, con rumbo hacia un hombre mejor, nuevo, sin olvidos (aunque seguro habrá más penas…) haciendo de la poesía aquella frase maravillosa de ser un “arma cargada de futuro”.
                                                                                                                                                                                
DANIEL SCHAPCES



Santoro en la memoria 
POR LEANDRO CALLE



 Hoy la memoria habla y resiste. Hoy recordamos que hace 40 años, Argentina iniciaba una de las noches más siniestras de su historia. 24 de marzo de 1976, el golpe de Estado instauraba el gobierno de facto, llamado a sí mismo como Proceso de Reorganización Nacional. 
Ha pasado mucha agua bajo el puente. Por lo pronto, siete años de torturas y desapariciones, de fracasos económicos y resistencias culturales. Luego, con la vuelta democrática, los juicios, el indulto, los nuevos juicios, la recuperación de los nietos y la recuperación de la historia y de la cultura. Entre los rescates culturales de estos últimos años se encuentra el de Roberto Jorge Santoro, poeta y editor fundador del grupo y revista “El Barrilete”. 
Casi no podía encontrarse material de Santoro hasta que su amigo Rafael Vázquez publicó en 2003 “Informe sobre Santoro” en la editorial “Libros de tierra firme”. Gran conocedor de su obra, Vázquez, desarrolla en su libro una serie de breves y sustanciosos informes que contienen cartas, entrevistas, manifiestos y por supuesto, poemas. Más tarde, la editorial “Razón y Revolución” publica la obra completa de Santoro en el año 2008. Claro que entre los años 1977 (año del secuestro del poeta) y 2003, hubo un vacío difícil de llenar en donde Santoro aparecía por el recuerdo de los amigos que habían sobrevivido, y algún que otro libro que se pudo salvar de las llamas. 
Con motivo de los 40 años se me ocurrió consultar el fondo bibliográfico de la Biblioteca Córdoba del gobierno provincial, para ver qué encontraba allí del poeta porteño. Para mi sorpresa, dí con un pequeño libro que se hallaba perfectamente catalogado: “Pedradas con mi patria”, de Editorial “El Barrilete”. La edición es de 1964 y contiene ilustraciones de Oscar Smoje. Son nueve poemas que Santoro escribió entre 1959 y 1962. Con las páginas sin numerar y un escaso volumen de hojas, el libro estaba catalogado entre los folletos. Al abrirlo, la sorpresa fue aún mayor. En la primera hoja una dedicatoria: “para los posibles lectores de la Biblioteca Córdoba estos viejos testimonios con amistad, Santoro”. Arriba el lugar y la fecha: Buenos Aires 1974. Los poemas ya los conocía así que me dediqué a ver las ilustraciones y la edición. Al final, en el revés de la contratapa, encontré las fichas de catalogación. Nadie, absolutamente nadie en 41 años había pedido este libro. “Pedradas con mi patria” dormía desde hacía más de dos décadas en algún olvidado estante de la biblioteca que es también una forma de la memoria. 
Tres años después de que el poeta Roberto Jorge Santoro invitara a los “posibles lectores de la Biblioteca a leerlo” un grupo de civil preguntó por él en la escuela nocturna donde trabajaba. Esgrimiendo armas de fuego, lo subieron a un auto y no se supo más. Era el 1º de junio de 1977. El poeta es hoy uno de los detenidos desaparecidos que seguimos buscando. 
No tuve el privilegio de conocer a Santoro. Cuando se lo llevaron yo tenía 8 años y si bien en mi casa se hablaba de Paco Urondo, Santoro no se conocía. Lo empecé a conocer leyéndolo y una vez, en la casa de Martín Andrade (exiliado chileno) tuve la oportunidad de hablar con Marcos Silber, amigo de Santoro y parte del grupo El Barrilete. Le pregunté “a boca de jarro” casi como disparándole: “che, ¿cómo era Santoro?”. Marcos, se sonrío y hurgó ansiosamente en su morral. Sacó una edición, no sé cuál, y mostrándome una foto volvió a sonreír y me dijo: “este era Santoro”. Con una gorra en la cabeza, un bigote a la usanza de la época, medio cigarrillo colgado de los labios y una rosa en la oreja, Santoro miraba hacia arriba. Ese era Santoro: pícaro, popular, loco lindo, poeta surrealista o “realista del sur” como supo decir en una entrevista. Escribió acerca de todo lo cotidiano: el fútbol, la realidad política, el tango, el turf, el café y la pizza de Buenos Aires. Denunció la desaparición de personas mucho antes del golpe de estado como lo atestigua el poema “El gran bonete” del libro “No negociable” de 1975: “a mi país se le han perdido muchos habitantes/ y dice que algún cuerpo de ejército los tiene/ yo señor?/ sí señor/ no señor/ pues entonces quién los tiene?…”.
Poeta popular, para muchos desprolijo, para otros, un poco panfletario. Yo preferiría decir que fue un poeta auténtico. 
Hoy, a cuarenta años del golpe, los poemas de Santoro, están libres como el viento.
Che, ¿cómo era Santoro?
Yo lo imagino con la mordacidad y la inteligencia del poema que les dejo: 

Verbo irregular
yo amo
tú escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan. 



Mujer avant garde   
POR SERGIO PRAVAZ







Si Francois Truffaut la hubiese conocido no habría dudado en convocarla para alguna de sus maravillosas películas. El maestro del cine francés fue un notable perforador del alma humana. Si algo hacía con pericia era poner en superficie los dolores, las angustias y los anhelos más profundos de la gente. Por eso hubiese acertado con ella porque ambos tienen en común el carácter innovador, el empuje de los límites, el coraje para salir de la norma, ir más allá a pesar de los riesgos o la crítica.
Dicen que el día que se inauguró un centro cultural con su nombre en la ciudad de Trelew, ella se paró de la silla, giró sobre sí misma y apoyada sobre el escenario como si se estuviera por sentar, tomó el micrófono y enmudeció a todos los presentes cuando las palabras comenzaron a salir de su boca. Si Truffaut la hubiese escuchado, además de una flor y una copa de champagne, qué duda cabe que también le habría enviado el contrato para un protagónico.
Ella es Encarnación Díaz de Mulhall, implacable y sofisticada como Catherine Deneuve en la “La sirena del Mississippi”; con levedad de lirio a la hora de recibir un elogio y navaja de Toledo en el muslo al momento de hacer prevalecer lo que es justo, lo que corresponde cuando es necesario tomar el estandarte, ponerlo en alto y encolumnarse al frente taconeando con el mentón erguido y la frente despejada.
Una mujer avant garde sin dudas. Ella encarna a la perfección la definición que el diccionario trae para esa palabra, que no es otra cosa que vanguardia porque hablar de cultura es lo mismo que decir vida y es allí donde también entra la política, concepto que ella misma puso sobre sus hombros como mantón de Manila para elevar a la categoría de arte cada una de sus intervenciones en los escenarios más diversos, en aquellos donde su existencia estaba en juego o en los que se definía la opción de una decisión estética para alumbrar una historia que su grupo de teatro “El Grillo” llevaría a escena.
Solidaridad y memoria son palabras que van juntas de su mano. Hay gente a la que esas palabras se les arriman como los bichitos de luz a la noche, porque intuyen que allí hay un refugio, una posibilidad de poder respirar hondo para comenzar a hacer el trabajo de zapa que siempre hacen sobre las mentes más duras y cristalizadas. Esto sucede a pesar de uno, no es decisión racional, ni una postura, ni se toma prestado, ni se compra, ni se practica. Acontece porque cuando uno está por nacer y hace cola para iniciar el viaje que finalmente nos deposita en este planeta, esas palabras son sopladas en nuestro oído justo antes de la partida; hay quienes las fijan con mayor nitidez y son capaces de desplegarlas en dimensiones infrecuentes absorbiendo todos los golpes, los que siempre llegan por simple portación de ellas.
Encarnación aún sueña con la verdad como un antídoto para evitar que nos convirtamos en una sociedad oscura y sin posibilidad de recordar los duros hechos de la realidad, esos que acontecieron con intensidad rompiendo el corazón de propios y extraños y que deberían ser enseñanza general a fin de no repetir tragedias tan dolorosas como absurdas.
Contra el Alzheimer social ha luchado durante los últimos 45 años esta docente de literatura y actriz de teatro. Lo hace desde el arte y desde la práctica política de la dignidad. Fue así que participó de todas las audiencias del juicio por la Masacre de Trelew, o cuando se sumó, a comienzos de los 70, a la Comisión de Solidaridad constituida por vecinos a fin de asistir a los presos políticos que llegaban por oleadas al penal de Rawson, o cuando fue secuestrada junto a su esposo y catorce

personas más, salvada por el pueblo de Trelew cuya urgente movilización en el teatro Español logró que todos fueran liberados, o sencillamente en toda actividad celebrada en memoria de los prisioneros fusilados el 22 de agosto de 1972.
Esta mujer, que a la hora de maquillarse susurra versos de Lorca y repasa escenas completas de Bertold Brecht para aclarar la mente y comenzar su rutina diaria, camina entre nosotros.
Luego de vivir mil vidas asume las palabras de Octavio Paz, que dicen: “Yo parto al encuentro del que soy, del que ya empieza a ser, mi descendiente y antepasado, mi padre y mi hijo. Voy a mi nacimiento”.
Ella abre la puerta y sale al mundo nuevamente. 


  

SERGIO PRAVAZ











EN LA DIRECCIÓN CORRECTA



-¿Tenés calor?
-No.
-Si querés, prendo el aire.
-No, no. Está bien.
-¿Te gusta la cumbia? –dijo, acercando el dedo al estéreo.
-No, no.
-¿Te gustan las minas?
-¿Eh? Sí, claro.
-Ah, pensé que nada más sabías decir “no, no”.
            Mauro lo miró a los ojos. El conductor se pasó la mano por la traspiración de la cara y se peinó para atrás los pocos pelos rubios. Fijó su vista en el camino llano, casi del mismo color del cielo gris plomo. Unas gotitas caían sobre el parabrisas del auto.
-Era un chiste. Los buenos copilotos dan algo de charla, aunque no sea interesante. El problema es cuando se duerme el que maneja. Así que si no querés charlar, cebá mate ¿querés? Ahí, atrás del asiento, hay un bolso con todo el equipo.
-¿Dulce o amargo?
El conductor achicó los ojos claros.
-Lo que te quede más cómodo, me da igual.
La llovizna se convirtió en un chaparrón.
-¿Falta mucho?
-No.
-Ah.
-¿Es la primera vez que te invitan, no es cierto? Creo que no te llevé nunca. Me acordaría.
Mauro irguió la cabeza un poco para acompañar la respuesta.
-Es la primera vez.
-Debés haber hecho algo extraordinario- la última palabra la silabeó mostrando los dientes separados.
-Hice un análisis de los números, tengo un proyecto que le puede ahorrar mucho dinero a la empresa si corrigen un par de errores del sistema.
-Errores del sistema.
-Sí. Eso. Errores. No entiendo cómo no lo vieron antes.
-Claro.
-Yo tampoco te sentí nombrar antes.
-Es posible.
-¿Sólo vas a los asados?
El conductor lo miró un momento pensativo. Mauro esperó una sonrisa que no llegó.
-Casi que sí.
-Debés haber hecho algo extraordinario vos también.
-¿Eh?
-Digo, para que sólo tengas que ir a los asados.
El conductor prendió un cigarrillo sin preguntar. Después de dos pitadas, lo miró rápido.
-Una vez estuve casado. Y tenía dos hijos.
-Ajá.
-Pero después me separé.
-Ah.
-No importa el motivo. Tampoco el hijo mayor. Ese vivía conmigo.
Hizo una pausa para tomar un mate.
-La más chica vivía con la madre, en la misma pieza. Había llegado a esa edad en que buscan cualquier excusa para cruzarse a la cama de los padres. Especialmente con esta pelotuda, que siempre que podía se iba de joda y la dejaba con la abuela.
-Claro.
-Los chicos que están en el techo, decía. No me dejan dormir. Quieren jugar conmigo, todo el tiempo. Y a veces no tengo ganas. Me canso. Eso era lo que decía. La madre no le daba bola y la dejaba sola igual. Como conmigo no se hablaba, recién me contó cuando ya la cosa pasó a castaño oscuro. Ponele más yerba.
            El chaparrón se volvió más fuerte. El conductor disminuyó un poco la velocidad. Por fuera no se veía nada, por el agua. Por dentro tampoco, por el humo.
-Vos me dirás ¿qué tiene que ver esto con lo que veníamos hablando? A la gente que ocupa lugares como el tuyo le seca las pelotas de tener que hablar cosas personales. Tienen miedo de hacerse preguntas.
-Pará un poco, yo no dije eso. Fijate si así está bien de yerba.
-Está todo bien.  A mí no me interesa tu vida como a vos no te interesa la mía. Pero es una cuestión de preguntas. Las preguntas siempre nos llevan a algún lado.
-¿Y qué pasó?
-Pasó que la madre decía que veía lo mismo que la nena. Y el más grande no decía nada pero no se quería quedar a dormir ni a palos con ellas. Decía que le tenían re podrido hablando de las sombras en la pared. Que no le gustaba el olor que había en la casa.
-¿Y no la mandaban con vos?
-Al principio no. La madre tenía una idea pelotuda de que sólo tenía que dormir en la casa de ella, que era chica. Cuatro años tenía ya y no se había quedado nunca en casa. Pero después la mandó unos días conmigo. A ver si la dejaba dormir de noche. En casa también jodía con eso de que la querían invitar a jugar.
            La lluvia era torrencial, no se escuchaba tan fácil.
-¿Cómo?
-Que en casa empezó a joder con lo mismo. No me dejaba dormir. La llevé al psicólogo.
            Prendió otro cigarrillo con la colilla del anterior y le pidió un mate con la mano.
-Me dijeron que tenía un problema complicado. No me acuerdo el nombre. Pero el tratamiento era largo, intenso, caro. En parte era de nacimiento, en parte por la madre. Le podría haber dicho que no joda y hacerme el boludo, pero la pendeja no quería dormir. ¿Sabés lo que le pasa a la gente que no duerme por mucho tiempo?
-No.
-Se muere, boludo, qué le va a pasar.
            Le dio dos pitadas largas al cigarrillo y lo apagó. La lluvia no menguaba ni un poco.
-La madre entró a darle a las pepas y se puso cada vez peor. Pero bueno, no era problema mío. Desde que eligió la joda antes que quedarse en casa, eso dejó de ser mi problema. Tuve que hacerme cargo del tratamiento de la nena. Carísimo.
-¿Y el más grande?
-Al principio se puso las pilas y salió a trabajar, para bancar a la madre. Después terminó empepándose él también. Empezó con la madre, siguió con los amigos. Después me vino a patear la puerta para que lo ayude. Lo saqué cagando.
-¿Pero la nena mejoró?
            El conductor ladeó la cabeza de una forma que no decía ni “sí” ni “no”.
-Las preguntas siempre te llevan a algún lado. Siempre que se hagan en la dirección correcta. A mí me llevaron a pagar tratamientos caros y a tener este trabajo, que me llevó a otros tratamientos. A vos las preguntas te llevaron a la casa de éstos caretas a comer un asado.
-¿Pero qué tiene de malo?
-¿Ves aquella entrada? Bajá y quedate bajo ese alero que ahora les aviso que te vengan a buscar.
-¿No venís?
-Ni en pedo.
Mauro cerró la puerta y fue corriendo hasta el alero. Este viejo está quemado, pensó. Después se dio cuenta que le habían puesto chofer para la ocasión. Se acordó de la propuesta que les iba a hacer. Se sintió importante. En el auto, el conductor sacó su Nokia 1100 y escribió un mensajito: “La carne está en la puerta”.

CESARY NOVEK  


Carol: La apertura del closet
*     

 Pocas cintas logran condensar los elementos que configuran una relación homosexual de un modo profundo, adulto, romántico, perturbador e, incluso, trágico. Muchas de ellas caen en los clichés dignos de una comedia liviana, pero solo un puñado se atreve a encararlas a través de un drama sencillo pero comprometedor. “Carol” (2015) es una de ellas y ha logrado la atención suficiente para ser considerada como una de las mejores películas del año. Son muchas las razones que justifican su lugar en ese podio. Algunas de ellas las analizaré a continuación.
      Nominada a seis premios de la Academia de Hollywood, incluyendo “Mejor Actriz” para Cate Blanchett y “Mejor Actriz de Reparto” para Rooney Mara, la película nos presenta la historia de dos mujeres completamente diferentes que crean un vínculo afectivo que desafiará la moral y las buenas costumbres de la época. Situada en Nueva York hacia la década de 1950, una relación lésbica abierta hacia los cuatro puntos cardinales puede resultar reprochable de acuerdo a la cosmovisión de mediados del siglo XX. La película va nutriéndose de esa realidad para que Carol (Cate Blanchett) y Therese (Rooney Mara) construyan su vínculo.
      Carol es una mujer adulta, elegante y refinada, de buena posición económica, que vive una crisis matrimonial que la llevará, no sólo al borde de un divorcio inevitable, sino a la eventual pérdida de la custodia de su hija. Therese, una tímida joven que trabaja en una gran tienda, experimenta emociones incontrolables desde que conoce a Carol. Ambas vivirán esa pasión de forma secreta, guardando las “formas” y respetando las estructuras sociales. Sumidas en ese closet, ambas deberán encontrar los caminos necesarios para vivir el amor sin esos condicionamientos.
      Desde la primera aparición de la ganadora del Oscar en 2014 Cate Blanchett, la actriz australiana demuestra todo su profesionalismo. Hipnótica y deslumbrante, su “Carol” ingresa de lleno en la pantalla grande solamente para cautivar. ¡Qué gran destreza! Son pocas las actrices que logran este sutil punto y eso merece todos los elogios de los que pueda ser acreedora. La película parece encontrarse diseñada a medida de su elegancia y porte. Sin embargo, ésto no es óbice para que Rooney Mara, nominada al Oscar por “La chica del dragón tatuado” (2011), también pueda brillar. Ella cuenta con el espacio suficiente para que el espectador sea testigo del despojo de sus miedos y de la adquisición de la valentía necesaria para que logre la felicidad. Sin lugar a dudas, las protagonistas hacen chocar su carisma de modo tal que uno sienta esa química tan preciada pero tan difícil de adquirir. Hay ciertas miradas insinuantes y preocupantes, roces, susurros y complicidades que las actrices lograron proyectar que realza cada escena. Realmente es un placer verlas.
      Todd Haynes, responsable de cintas como “Lejos del Cielo” (2002) y  “Mi historia sin mí” (2007), es un director que supo lidiar con todos estos elementos para ofrecernos esta película intensa desde lo argumental, visceral desde lo actoral y avasallante en cuanto a lo estético, en donde el vestuario, la fotografía, el diseño de producción y la música se conjugan para recrear esa Nueva York de la posguerra tan característico de la década de 1950. Resultan incontestable esos apartados técnicos. Incluso los títulos de apertura y los finales rememoran a las clásicas películas de la época. Fácilmente la cinta puede reemplazar a una de ellas. Quienes la vean, sabrán a lo que me estoy refiriendo.
      En conclusión, “Carol” es una invitación al análisis de las dificultades humanas para adquirir la felicidad y de los patrones sociales que históricamente remarcan los roles que cada individuo “debe cumplir”. Viéndolo desde hoy, nos puede resultar una bestialidad todo juicio de valor negativo hacia las modalidades de amor que no se ajustan a los moldes tradicionales. Sin embargo, la sociedad de esa época le otorgaba importancia a la apariencia, a la pantalla, a la mentira; en definitiva, promovía el closet. Que las protagonistas lo hayan abierto, aun cuando el entorno les era completamente desfavorable, resulta un tanto esperanzador.
LEONARDO ARCE



                                                      

                                                         

              
   
ENCUENTRO CON EL INDIO
“El planteo es el asunto, no la resolución. Los artistas no estamos para develar el misterio, sino para generarlo”. Indio Solari. Entrevista a Los Redondos, Revista Generación X, 20 de abril de 1994.

Sábado 13 de marzo, a la madrugada tres generaciones  viajaban hacia Tandil,  escuchando a todo volumen la colección completa de Los Redondos y los discos solistas del Indio. Pero Porco Rex gano por lejos la escucha. Noche fresca, hermosa. Al amanecer y a cientos de kilómetros de  la ciudad destino, ya se podía ver como venía la mano. Congestión de tránsito, que esquivaron usando tecnología de punta (GPS) por polvorientos caminos laterales de la mayor provincia argentina.
Tandil los esperaba luminosa. Una ciudad sitiada, ocupada. Angelados y desangelados de todo el país: de Salta, de Puerto Madryn, de Uruguay. Todos contentos, felices, todos paseaban por la ciudad. Comían, bebían en el Monte del Calvario, en el lago. Carpas por doquier,  al costado de la ruta, en los jardines de las casas, en la vereda y hasta una en una calle. Gente por todos lados, haciendo asado en la vereda, conversando, riendo. Nervios. Ansiedad por lo que vendrá. Preguntas: ¿Que temas tocara? ¿Cuánta gente habrá? Comunidad.
Estacionaron el auto a más de veinte cuadras del Hipódromo, sede del gran encuentro. Quisieron entrar antes, pero fue imposible. Estaban cerradas las puertas de ingreso  y había muy pero muy mucha gente. Una marea humana. A todo lo largo de la Av. España, que da al Hipódromo había puestos de venta de “pizza y birra”, de hielo y sobre todo de remeras: Las de Patricio Rey y las del Indio. Encuentro.
Banderas en alto,  entraron a las nueve de la noche al Hipódromo. Previamente tuvieron que  transitar ocho cuadras por un barrio donde en cada casa se vendía algo: “Alquilo baño”, “Baño con ducha caliente”, “Acampe aquí”, puestos venta de discos, de remeras, de artesanías, poster, banderas, lo que vos busques estaba ahí.
Llevados por la muchedumbre, con o sin entradas, ingresaron por la puerta  cinco, justo cuando el Indio mencionaba los cambios en la banda. Después se enteramos, por el diario, del tema ese del Parkinson.
“Donde queda el escenario aquí”,  preguntó uno. Una mujer que estaba en silla de ruedas  fue llevada en andas cuando empezaron todos a saltar al escuchar los primeros acordes de Nuestro amo juega al esclavo. “Violencia es mentir”, cantaron todos.
Se hablaba de 200.000 personas. No sé, era muy mucha gente. Todos felices, todos celebrando.


Ritual, misa o encuentro.
 Con el Indio se repite lo que dice Patricio Cermele en “Redondos, Genealogía de una postura” (Sudestada, 2014), que “en la experiencia redonda, la comunidad se “encuentra”,  no tiene representaciones y se vive la experiencia directamente, sin mediaciones, como lo que  es y no como lo que parece o posee, ya que se siente parte del juego propuesto…”.
Lo inédito: de 28 temas que tocó,  hizo 13 de su etapa ricotera. Nadie se esperaba eso.
Después el  Indio siguió con Pedía temas en la radio, Porco Rex, Tatuaje y el Charro Chino, estas últimas de su etapa solista. La temperatura se elevó cuando Solari y su ajustada banda tocaron los clásicos de Patricio Rey: Esto es todo amigos, Gran Lady, Salando las heridas, Cruz diablo, donde se lucieron Benegas y Comotto. A Ramas Desnudas la banda la ensambló con Ella baila con todos y El arte del buen comer. La banda sonaba espectacular. Nueve pantallas gigantes, un sonido ensordecedor.
Luego enganchó canciones de su repertorio: Todos los botes, Torito es muerto, Ceremonia durante la tormenta, A la Luz de la Luna, a la que le siguieron los clásicos redondos Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia, Es hora de levantarse querido. ¿Dormiste bien? y Barba azul vs amor letal.
Miles de banderas que mezclaban localidades con frases del ideario ricotero: "Bosterito de Ricota" (Gral. Pacheco), "Me convencí de que es mejor y me hizo bien" (Monte Caseros), "Esto es Argentina" (Tucumán), "Cuando el fuego crezca quiero estar ahí" (Chaco), "Ladrón de mi cerebro" (Perú), "Buena suerte"(Benito Juárez),”Violencia es mentir”, “El lujo es vulgaridad, dijo y me conquisto” y muchos más. Camiones llenos de gente; algunos pasaron vestidos con una remera que decía: “Panadería Artesanal Octubre”
Frio mucho frio en el césped, pero mucho calor humano, en el alma y en el corazón.  Se veían drones en la noche sobre la multitud. Se acercaban y parecían que saludaban con sus luces. El delirio  llego al final con “Ji Ji Ji”, que realmente produjo el pogo más grande del mundo y los fuegos artificiales: increíbles nunca antes se había visto nada así. Más de quince minutos de fuegos artificiales que parecían estallar en  3D.
Los redondos  fueron un sentimiento. El Indio tanto o más. No hay explicaciones, ni sociológicas ni antropológicas. Es algo que esta, algo que sucede, y es una de las mejores cosas que pasan en la vida.
Sesenta, treinta  y quince años unidos por la misma pasión. Peregrinación y misa. Mucho para una noche.
ULRICH KRAMER
          




Claudia Tejeda y Daniel Tomás Quintana acompañan la presentación del libro “No siempre” de Lily Chavez, Córdoba 18 de Marzo de 2016, Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba


Otra vez la palabra es una sombra colgando de
una cuerda: tantea la memoria, se abre paso por
el llanto. Sabe que en algún lugar existe la orilla
donde espera la luz, el lugar donde crece la flor que
          encandila los ojos.
Por ahora la nada. Sólo instantes muriendo en la
lluvia de otros tiempos. Y el miedo, el miedo de ser
                                                       disuelta por el agua.

Lily Chavez
Del libro “No siempre”, 2016




UNA COSA TRAE LA OTRA                                                                      


Por LILY CHAVEZ
De vuelta al pago
Extrañaba hacer esta columna pero claro,  también el Basta ya! tiene derecho a tomarse vacaciones y entonces su Director, Eduardo Planas, lo pone en el freezer durante el verano, fresquito y a gusto. Pero aquí estoy nuevamente y ojo que, entre otras cosas, me vine preguntona.
¿Sabían ustedes que en los años 30 el actual Bulevar Perón se llamaba Bulevar Wheelwright (supongo que habrá sido por William Wheelwright quien jugó un papel esencial en el desarrollo del barco a vapor y los ferrocarriles en Chile, Argentina y otros países de Sudamérica) y que dicho bulevar tenía un cantero central con palmeras, iguales a las  que hoy invaden la ciudad?
¿Sabían que antes el honor se limpiaba con sangre? Que se cree, el último duelo trágico fue  derivado de un conflicto en el Hospital de Rio Cuarto en junio de 1934 entre los médicos Carlos Piller y Pedro Pury, donde Piller murió con el pulmón atravesado por una estocada?
¿Sabían que cuando en la década del 40 se alzó el edificio de la Caja d Jubilaciones, la calle Colón era doble mano y la Rivera Indarte no era peatonal?
¿Sabían que cuando se creó el Hospital Misericordia en 1922 era un sanatorio destinado a los tuberculosos?
¿Sabían que en el año de mi nacimiento apareció la plancha ATMA con resistencia tubular? (ah, el año de nacimiento no se los digo pero al menos no se trata de la plancha a carbón)
Y todo esto a qué viene se preguntarán. Lo que sucede que amanecí pensando en lo lindo que sería que los datos de la memoria se fueran almacenando en un chip que,  al morir cada persona, pudiera extraerse y dejarse como herencia e insertarse en la cabeza de uno de los hijos . Por ejemplo, si yo sé que el Cabildo Histórico de nuestra ciudad tenía una torre que fue demolida en 1910, después de apenas 30 años de existencia, esa información fuese heredada por las generaciones de la familia que sigan.
Mi padre hubiese dicho  que deje de hablar  “macanas” pero uno tiene derecho a convertir los pensamientos en ficción, como al escribir un cuento o inventar una historia. Y a propósito: me parece que es muy argentino el uso de la palabra  macana  (que  los estudiosos me contradigan si  no es así) hasta donde sé macana es un garrote, un palo grueso, pesado y corto pero nosotros le damos otra acepción: un hecho que produce incomodidad o disgusto, o también como una mentira o desatino o infortunio, en sentido de mala suerte. Leí en algún lado que son casi 2600 las palabras usadas por los argentinos que van  por fuera de las 90.000  que tiene el castellano.
Dejo por un momento de escribir, me preparo un mate, miro por la ventana. Mañana es 21 de marzo, inicio del otoño. Una garúa se instala sobre las plantas, sobre las rejas, sobre el silencio de la calle. Por estos lados todavía no caen las hojas de los árboles; todavía está el tendal de  verde sosteniendo el aire. Pienso en  Claudia Tejeda, poeta de Alta Gracia que preguntaba por facebook algo  como esto:
“¿Han escuchado,  realmente escuchado el ruido de las primeras hojas que caen? El otoño por aquí empieza en los pasos de una mujer que camina sin darse por vencida. Su huella hace círculos alrededor de una plaza. Y es una cicatriz que arde en la memoria. / Han escuchado, realmente escuchado el reclamo de sus pies sin paz? Su pequeño andar crea un viento enorme que nos sacude a todos.”
Y sí, hay un dolor intenso que llega con la caída de las hojas. Regresan al recuerdo Francisco “Paco” Urondo, Juan José Capdepon, José Ramos, Roberto Santoro, Miguel Angel Bustos, Walsh, Marta Mastrogiacomo, Susana Lugones, Claudio Ferraris, Marcelo Gelman.Tantos nombres llegan con la caída de las hojas, tantas  que hay que buscar un rastrillo para no permitir que se acumulen; para no permitir que  tapen las cañerías de nuestras venas.
Nos volveremos a encontrar cuando el Boletín alce nuevamente la voz y una cosa traiga la otra.
LILY CHAVEZ


VILLA EL LIBERTADOR: El libro 



Desde un programa de radio en Villa El Libertador, nació un libro/revista que cuenta la historia del barrio, narrada por sus habitantes. Se publicará en 10 volúmenes. Se han  editado dos, el primero de ellos totalmente agotado.
Los domingos de 14 a 17 hs. Se transmite por radio Sur, FM 90.1 del dial, el programa Un bar en el cielo. Lo conduce Iván Ferreyra, acompañado de Miriam Ruiz.

Iván propuso  publicar la historia del barrio en una  forma amena y contada por sus propios protagonistas. El programa  - aire fresco para la siesta de los domingos- intenta reconstruir el ADN del barrio, concretar su difusión a través de un libro / revista.
El eje fundamental del programa Un bar en el cielo es el rescate de la tradición oral del barrio. Por sus micrófonos  los vecinos que fueron volcando ante la audiencia la historia de Villa El Libertador. De a poco, ese caudal de voces agregaba colgajos, tendones y cuerpo a lo que –en principio- era un esqueleto del barrio. 
Entonces ocurrió algo, como sucede en la mayoría de las buenas historias. Los protagonistas de este viaje encontraron baldía de letras la memoria sobre el barrio. Nadie se había puesto antes en la tarea de juntar las voces y pulir los testimonios, “editarlos” para que fueran algo más que una simple transcripción de la oralidad al papel. Esa acción simple pero significativa cambiaría las cosas. 
“De esta forma nació Villa Libertador, una revista (o libro).  La publicación –con un diseño cuidado y sin publicidad– está dividida en secciones que permiten “navegar” el barrio a través de diferentes rutas, así el lector puede conocer Villa El Libertador por sus artistas, por sus clubes, por las mujeres que luchan, por su historia, por sus ídolos, por sus hombres, por los oficios y por sus orígenes”, dice José Playo en una nota en un matutino local. 
“Villa Libertador también cumple otra función, pero es un desafío que va por lo bajo, aunque quizá sea la parte más noble del proyecto. Y tal vez la más difícil. La intención es que, en algún momento, el estigma que pesa sobre el barrio pueda atemperarse. La sola mención de su nombre remite, lamentablemente, a estadísticas luctuosas, a cifras en las que intervienen estadísticas criminales y a postales con luces de patrulleros. Pero –y a esto lo tienen muy en claro los vecinos y la gente que a diario trabaja en los movimientos culturales que pululan entre sus calles– eso no es lo que le da el pulso a esa zona de la ciudad. No es esa la carta de presentación que la gente que habita Villa El Libertador quiere para sí cuando sale del barrio”. 
Así Ismael Cativa, Presidente del Club El Mortero, cuenta su historia, la de sus progenitores oriundos de Catamarca, enmarcándola en la historia de nuestro país y del Barrio. Se rescata la figura de un olvidado ídolo del futbol local, Julio César Villagra. Desde su trágica muerte, a los 32 años, el estadio del Club Belgrano  lleva su nombre, aunque no exista cartel alguno que lo anuncie y que, con el paso de los años, parece perderse en el olvido. De este modo van desfilando distintos personajes que con su accionar anónimo, su obra, sus oficios, sus  quehaceres construyen la historia día a día de Villa El Libertador.
El primer libro del barrio más grande de la Ciudad de Córdoba. Algo más que un gesto simbólico. Creado por sus vecinos, este libro es un registro del presente. No tiene otra pretensión que la trasmisión de su historia contada por sus protagonistas.


Entrevista al poeta Hernán Jaeggi
Por Eduardo Alberto Planas





1-    ¿Cuándo comenzaste a escribir?
 Comencé a escribir casi secretamente en los meses previos al golpe del ´76. Antes era sólo un lector ansioso y desordenado de cuanto papel aterrizara en mis manos: historietas, novelas de aventuras, clásicos y hasta alguna novelita de Corín Tellado o esas de vaqueros de Manuel la Fuente Estefanía, siempre narrativa. No me atraía especialmente la poesía, quizás porque no me entretenía lo suficiente, me resultaba complicada o por los dos motivos. Y lo más determinante quizás haya sido que en las bibliotecas de mi madre y de mi abuelo, donde me inicié como lector, las novelas y los cuentos ocupaban la mayor parte de los estantes. Pero como dije al comienzo comencé a escribir poesía, seriamente, casi a escondidas. Eran años de intensa militancia política y la poesía, por su brevedad y porque su escritura ocupaba poco espacio, era el lugar donde podía expresar mis sentimientos, mis dudas y mis miedos. Y desde entonces ya no me detuve más. Los primeros poemas fueron de marcado compromiso social y luego fui derivando hacia una visión más íntima y cerrada. Nunca dejo de recordar a quienes me impulsaron a publicar mi primer libro: Jorge Matheossian, Mario Trotta, Luis Squire y Nélida González Ríos, quien lo presentó junto a Pablo Ponzano.
“Último recurso” nació a la vida pública una noche fría y oscura de 1978 en medio de la algarabía y las luces sangrientas del mundial. Fue un libro escrito con mucha rabia y dolor por la muerte y desaparición de miles de personas, entre las que se encontraban compañeros y amigos.
2-    ¿Cómo definirías tu poesía?
¿En pocas palabras? Conceptual, existencial y en algún plano hermética. Siempre en tensión entre la forma y el fondo, especialmente con la palabra. La mayor parte de mi vida padecí de una sordera profunda, por eso mi relación con las palabras fue traumática. Me obligó a buscarle el sentido y las relaciones justas. En mis primeros libros el sonido y el ritmo parecen los pedazos de un vidrio roto.

3-¿Qué autores influyeron en la misma?
Rimbaud y Lautremont son los que influyeron para decidirme a escribir poesía. Pero mi maestro en cuanto al estilo, en quien vi reflejada mi propia voz fue Giuseppe Ungaretti.

4-¿Qué poema elegirías si tienes que optar por uno en especial? ¿Por qué?
Casi azarosamente, por una cuestión de inmediatez elijo  “El nadador” de mi último libro “El mar en el poema”: “Con brazadas pausadas,/ en calmo acorde subebaja/ a lomo de ola./ No ve, no oye, sólo boga/ en letárgico extravío/ de brazos y pies al nadar./ El nadador desasido, ido/ a la sed se arrima./ Siempre en fuga/ porque atar amarras/ en puerto aterra./ Con repetitiva sinfonía/ se desliza, se pierde, desagua/ como nube y niebla,/ como dilatada nada./ La orilla se distancia/ echándose en el mar,/ nada./ ¡Cuánto mar pesa en el nadar!”
¿Por qué? Porque refleja el esfuerzo que significa para mí elegir las palabras para escribir un poema. Porque escribir es como alejarte de toda tierra firme y no saber que te espera en el horizonte.

5-¿Se nace o se hace poeta?
Se hace. No conozco mejor receta que escribir, escribir y escribir. Elegir las palabras, corregir, tirar y volver a escribir. Es trabajo con la palabra por encima de todo.

6-¿Qué consejos le darías a un joven escritor/a que se inicia en este camino de la palabra?
Que se arroje al agua helada, al principio sentirá escalofríos pero una vez que se acostumbre esos escalofríos serán la materia prima de su aprendizaje. Eso sentirá cuando lea a los grandes poetas y escriba. Ese es el camino.


7-¿Cómo ves a la poesía de Córdoba en la actualidad? Tendencias.
Se produce mucho, diverso y también de muy buena calidad. En estos últimos años han surgido muchas poetas que le han dado un sello distintivo a la poesía cordobesa. Eso no quiere decir que antes no hubiera mujeres que escribieran, pero en cantidad como ahora y con producciones excelentes he visto poco. Las orientaciones también son muy variadas, desde neorrománticos, experimentales, comprometidos y existenciales, hasta las generaciones más actuales donde se nota un tendencia narrativa en el poema, la de contar una historia propia o  ajena o rescatar pequeños objetos familiares que se universalizan. Córdoba es una provincia con muchos poetas y lectores de poesía, aunque los indicadores del mercado editorial y académico parecieran revelar otra cosa.


8-¿Qué opinión te merece la industria editorial, en particular en nuestra provincia y ciudad de Córdoba?
Córdoba tiene una industria editorial muy desarrollada. Muchas de ellas han editado muy buenos libros. Hay editoriales manejadas por gente joven que tiene un catálogo envidiable. El mayor inconveniente sigue siendo la distribución: los libros de autores cordobeses tienen una cobertura de mercado muy limitada. Esta es la asignatura pendiente de nuestras editoriales, un problema que no creo que sea por falta de voluntad de nuestros editores, sino que responde a una cuestión mucho más amplia y compleja que está subordinada a las leyes comerciales del mercado y donde no permanecen ajenos los intereses de los grandes grupos editoriales que ejercen mayoritariamente el monopolio de la distribución. También habría que considerar el rol que juegan las librerías y los medios de comunicación en la promoción y la difusión de los libros de autores cordobeses. Casi diría que estamos presos de un círculo vicioso.

9-¿Hay políticas públicas de reconocimiento y apoyo a autores cordobeses, principalmente a los jóvenes?
Muy pocas y son insuficientes. No hay políticas públicas sostenidas ni de gestión continuada que apoyen y estimulen la producción literaria. La mayoría de la actividad literaria de Córdoba es autogestionada. ¿Y los jóvenes? Se las arreglan como pueden, muchos de ellos se vinculan con editoriales dirigidas por otros jóvenes que hacen un trabajo realmente notable para difundir las nuevas voces.

10-Si tuvieras que recomendar un libro de poesía, ¿cuál sería?
¿Uno solo? Yo soy hombre de muchos libros. “Una temporada en el infierno” de Rimbaud, “Los heraldos negros” de Vallejo, “Poema sucio” de Ferreira Gular, “El solicitante descolocado” de Leónidas Lamborghini y muchos otros. En definitiva, todo Ungaretti.

11-¿Qué opinás de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, new letter, blogs, etc.?
Estoy bastante desconectado de estos soportes, soy un poeta que escribe sobre papel. Sólo uso la computadora para pasar en limpio y corregir. Pero en absoluto los rechazo, me parece un mundo fascinante y hoy es un medio alternativo imprescindible para ampliar el campo de difusión de la poesía y llegar a un número de lectores que ni siquiera imaginamos. Casi diría que es una exigencia y una necesidad de nuestros tiempos. Eso sí, a mí déjame con el libro como objeto.

12- No solo eres poeta, sino también dramaturgo y guionista de televisión en Paraguay. Contamos esa experiencia. Especialmente sobre la obra de teatro “José Gaspar, la soledad del poder”.
Larga historia. En el año 1988 me fui a vivir a Asunción con mi familia, ahí comencé a trabajar como creativo publicitario, escribía guiones publicitarios para televisión. A una productora le gustaron los textos porque le parecían creativos y me propusieron escribiera para ellos el guión de “La disputa”, la primera miniserie paraguaya de 4 capítulos. Luego Clotilde Cabral (reconocida actriz) y Carlos Tarabal (productor) me propusieron escribir los textos de una serie de ficción que se llamó “Sombras en la noche”, sobre la base de mitos y leyendas paraguayas. La serie se convirtió en el mayor éxito de la televisión paraguaya durante 10 años. Entremedio comencé a escribir algunas obras de teatro, hasta que Jorge Ramos (otro prócer del teatro paraguayo) me pidió le escribiera un unipersonal. Jorge venía de interpretar la versión teatral de “Yo, el supremo”, la obra de Roa Bastos. Yo no compartía la mirada de Roa sobre la figura de Rodríguez de Francia, al que utiliza para establecer una analogía con la dictadura de Stroessner. La dictadura de Rodríguez de Francia había que leerla con los
parámetros de su tiempo. Francia gobernó para el pueblo, recortó los privilegios de los comerciantes, del ejército y de la iglesia y le cerró las puertas al imperialismo inglés y a las ambiciones de la corona portuguesa y de la junta rioplatense. Hizo de Paraguay un país moderno, independiente y rico.
Sobre eso escribí investigando en archivos históricos y en documentos de la época. El resultado fue la obra “José Gaspar”. Nunca imaginamos que tendría tanto éxito: se mantuvo 12 años en cartelera (inédito en Paraguay) y recorrió casi todos los países de América Latina, Francia, España, Italia, Holanda, Australia, Estados Unidos, entre otros.

13-¿Algo para agregar?
A propósito de los tiempos que vivimos cito un fragmento de la conferencia que Paul Eluard dio en Londres en 1936, refiriéndose a la insurrección de los mineros en Asturias:
“Ha llegado el momento en que todos los poetas tienen el derecho y el deber de afirmar que están profundamente sumergidos en la vida de los demás hombres, en la vida común…Hay una palabra que nunca he oído sin experimentar una gran emoción, una gran esperanza, la más grande, la de vencer las potencias de la ruina y de la muerte que gravitan sobre los hombres, esta palabra es: fraternidad…Los poetas dignos de este nombre se niegan, al igual que los proletarios, a dejarse explotar. La poesía verdadera está incluida en todo lo que no se conforma con esta moral que para mantener su orden, su prestigio, no sabe hacer otra cosa que construir bancos, cuarteles, prisiones…”
Que cada uno saque su propia conclusión.










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