martes, julio 28, 2015

¡BASTA YA! BOLETÍN LITERARIO / N° 140 - / JULIO - AGOSTO 2015


¡Basta ya! Boletín Literario – Julio – Agosto 2015 – N° 140
Director: Eduardo Alberto Planas.  Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Jorge Torres Roggero, Leonardo Arce, Héctor Aldo Valinotti. Corresponsales: Griselda Rulfo (Villa María), Gabriela Bayarri (Villa Dolores)
Registro Propiedad  Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Valor del ejemplar: $25. Fotos de Tapa y  Contratapa: Sil Tuninetti: Vietnam (2015), Tailandia (2015) Contacto:eduardoplanas2001@hotmail.com Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com. Tel: 0351- 4886974 – 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 – Duarte Quiroz  N° 1702, Córdoba. Fotos: www.google.com.ar
CONTENIDOS
                                                          
Un libro imprescindible / Paridora de pájaros – Daniel  Tomás Quintana / Miss Universo – Jorge Luis Carranza / He construido mis defensas – Rocío Jiménez / Ni una menos – Elena Zitelli / Elecciones o Línea de pie – Marcela Rosales / Internado – Isabel María Cadogan / Poema para un muerte hermosa, Salamandra – Pablo del Corro /  Aquel tango y la caja de Pandora– Julio Taborda Vocos / Preguntas – Eduardo Alberto Planas /   Ricardo Gutiérrez: Escritos / Sal – Martha López Araya / Angustia, Prisionera – Alicia Díaz Crespo // Dossier: Juan Martín Velázquez // El cine como regalo – Sergio Pravaz / El futbol / Adrián Valán / Donde duerme un secreto permanente – Alfredo Lemon /  Cine: The Connection ( La French): La mafia y la justicia – Leonardo Arce /  Do de pecho   para Mercedes – Sergio  Pravaz  /  Entrevista a Laura García del Castaño - Enrique Solinas / Esta televisión amar¨ío po´íto – Alfredo Gómez Alonso – Música en Córdoba: Mudanzas de Trasplantación
                   

Un libro imprescindible
“Cuentan por ahí que Luna de Pájaros fue – en principio- el proyecto de dos pájaros alegres y entusiasmados: Lily Chavez y Darío Leiva. La primera  rama  donde posaron sus ganas fue en la Radio Vital,  en Barrio General Bustos. Luego, uno de los pájaros – geminiano él- decidió  iniciar nuevos proyectos y voló en busca de otros cielos. La disyuntiva para la pájara que quedaba – taurina ella- era entonces la de abandonar yo persistir. Y persistió.
El proyecto nacido el 17 de junio de 1009, continúa hoy, a seis años de aquel inicio. La rama que alberga es otra, la de Radio Activa en Barrio Yofre, los lunes de 21 a 22 hs. por FM  195.9 del dial y por Internet a través de www.fmactiva.com Allí, los poetas pájaros tienen un lugar donde posarse para trinar”.
Así reza la solapa de la hermosa Antología de Luna de Pájaros recientemente editada por El Mensú Ediciones de Darío Falconi,  que fuera presentada el viernes 19 de junio de 2015, en  el Auditorio del  Colegio Odontológico de la ciudad de Córdoba, en la calle Coronel Olmedo 35  de nuestra ciudad. En evento hicieron uso de la palabra  Daniel Tomas Quintana, poeta de Dean Funes, el editor, la poeta Mely  Almada, y por supuesto la compiladora, paridora de pájaros como bien ha dicho aquel,  Lily Chavez y otros poetas de Córdoba.  En la música estuvo presente el dúo Trasplantación, integrado por Gerardo Pérez Taschetta y David Avilés Aguirre.

Como dice el editor: “Desde hace seis años, una poeta /pájaro llama a otros, los convoca cada semana a ofrecer su canto, a lucir su plumaje, a ornamentar el firmamento con su vuelo. Lo hace desde la generosidad de la palabra, la que se brinda sin pedir nada a cambio, la que permite que cada oyente (ahora lector) se identifique o recuerde que en su hechura hay mucho más que carne y hueso. Lily Chavez ha logrado reunir aquí tres clases de poetas alados: está la bandada de la que podemos jactarnos los cordobeses y que conforma el cuerpo más nutrido de este libro;  también aquellos que desde otros países han venido a posarse en los árboles de nuestra ciudad y, finalmente, quienes han emprendido su vuelo hacia otro cielo – el más alto y profundo- y desde el cual seguirán trinando. En total 110 pájaros se dancita bajo la  luz cenital de la luna, para ofrecernos un concierto, una polifonía que desde ahora podrá sonar, tantas veces como lo queramos, en la radio de nuestros corazones”.
Realmente un libro imprescindible para quien desea  conocer y compartir  el vuelo de nuestros poetas.



PARIDORA DE PÁJAROS
Para Lily Chávez

El viento que baja de las
sierras, con aromas
de tomillo y yerbabuena, ese
mismo que apuñala los
caminos y las calles del
pueblo en que sucedo.
Ese viento que, a la sombra
de un algarrobo musculoso,
se adormila a mi costado y
con su voz de sencilla mariposa
susurra historias
en mi oído.
Ese viento,  en una siesta
preñada de chicharras y
acribillada por el sol de los
veranos, me reveló
los secretos de un milagro.
Aunque muchos no lo sepan,
dijo el viento, a veces
se produce  una insólita
conjunción de planetas,
árboles y ríos; una
encrucijada de estrellas y
jilgueros;  un extraordinario
accidente  en el intrincado
devenir de los tiempos.
Cuando ello ocurre, siguió el
viento, en un valle
circundado por austeras
serranías de espaldas
encorvadas, ocurre un
prodigio inexplicable: el
nacimiento de una mujer
predestinada a convocar
palabras y sonidos, a
construir la enciclopedia que
encierra las metáforas, a
reunir la unánime y diversa
voz de los poetas.
Entonces los pitazos de los
trenes, las campanas de la
iglesia, las guitarras, se
reúnen en congreso
y horadan la serenidad del
valle,  anunciándole a la rosa
de los vientos, el nacimiento
de una mujer con vocación
de parir pájaros al influjo de
la luna enamorada.
Esta noche, amigos míos,
nos toca el privilegio de
escuchar  a la última
paridora de pájaros que alumbrara
esa tierra de donde vengo.



Daniel Tomás Quintana



Miss Universo
Al fondo del salón
junto a la puerta de los baños,
está la señora que limpia.
                            
Sonríe y tararea para sí
la canción que viene de la fiesta.


Todos bailan, cantan, ríen
allá  en la fiesta del mundo.


Cuando todo termine
cabeceará su sueño
contra la ventanilla del bondi.

En su casa
ya de mañana,
dormirá con una almohada en los pies
para que  no duelan tanto.

La señora que limpia.
Miss Mundo.
Qué digo,
me quedo corto.
La señora que limpia.
Miss Universo.


Jorge Luis Carranza




He construido mis defensas
           sin que te dieras cuenta.
Mis senos son escudos
para que tu mano no llegue a mi corazón
Mi cintura un grueso y angosto negro
donde guardo el vientre de mis secretos nacimientos
Mis hombros tienen espinas
para que no apoyes tu cabeza
Mi pubis  lo bordea  un tatuaje de flores
atractivo y falso de mi real sexo
Mi cuello tiene un collar
para encadenarte en la mazmorra
                        Al fin y al cabo soy ese maniquí sin cabeza
                        donde nunca descubrirás mi verdadero rostro

Rocío Jiménez



Ni una menos

Un río en la calle ancha.
El hastío se despabila
y los tambores sacuden cielo.
Ellas
ellos
y las pancartas.
Porque Paolas
reverberan muerte
y los niños
soledad.
En las veredas
los prejuicios miran quietos
y la dejadez
se estremece.
Fallece una época
y los cíclopes
 
multiplican ojos.
"Ya nada será lo mismo" dicen los dioses
nunca habían visto
un entierro
tan transido de multitud.
Desde las cornisas
el clamor
con gusto a rosa y a machaque
apaga la noche.

"Ya nada tiene que volver
a ser lo mismo" digo


Elena Zitelli

  


Elecciones o Línea de pie*

                                   Sé vos, nomás
                                             Almafuerte
La parada del ómnibus sigue ahí
-después de cuánto, ¿quince, veinte años?-
¡Fuera Monsanto!, ilustra el cartel.
Fuera sí, mon tanto, no tengo resto
para intoxicarme más.

Lo arranco de la pared
lo que no ves, no es…
Holy Spirit del sufragante modelo,
la presidenta de mesa dio el ejemplo:
voto escabio.

Por la avenida sin tráfico
nos reconocemos en el gesto
de domingo peronista.
Algunos ya almorzamos
y ahora hacemos patria
caminando bajo el sol.

-¿Las tenés?, me dice un flaco en la cola.
-¿Qué cosa?, pregunto.
-Las figuritas de la mesa. A mí me da igual, agrega,
siempre voto a Piñón Fijo.
-A mí no, le contesto, cuando las cosas no resultan
pongo segunda y arranco.
Como ante el colectivo aquel,
una lustrosa bola de pool amarilla
disparada sobre el pavimento
cada lunes a las 6 de la mañana
por un demonio ebrio.
Justo enfrente de la Auxiliadora
(María, claro, es Córdoba).

Adentro la monada embravecida
decidida a llegar a horario
a los campos de ejecución dilatada.
Una más del montón, yo tenía 16
y el formulario suicida al día.
Así que lo intenté un par de veces,
pero me aburre el pool, demasiado realista.

Si no es con cambio no te puedo llevar, nena,
dijo un buen día el jefe.
De acuerdo, respondí alejándome a 2000 rpm,
donde voy no aceptan devolución.

                               Marcela Rosales

*Bola 8: Para empezar el juego se colocan las 15 bolas objetivo dentro de un soporte triangular. La base del triángulo se coloca en paralelo a la banda corta, haciendo coincidir el centro de la bola colocada en el vértice superior con el punto central (usualmente marcado en la mesa) que une la línea imaginaria que discurre entre el segundo diamante de una banda larga y el segundo diamante de la otra. A este punto se le denomina punto de pie, y a la línea en la que se encuentra, línea de pie.


¿Sabes? Los dientes del frio ya no rasgan mi primera hora, no se clavan en mis pies.
Ha dejado que respire sin su olor cruel, sin su olor acido, achicándome, achicándome, en la galería desnuda donde corría como una bestia gris
¿Sabes que suave es el invierno por estos tiempos?.
Te lo hubiera contado si al menos me hubiera hecho la mueca de una sonrisa.
Ya no estás ahí, en el centro de los vientos, buscando desesperadamente un sol entre las estrellas empecinadas de la madrugada.
Iría a abrazarte, hoy que estoy tan sola como entonces.
Ahora tengo lana y tejo como para envolverte.
Te dijeron que ya no eras niña, que debías cumplir tu obligación.
No. No les puedo pegar, no voy a prender fuego y reducir a cenizas los recuerdos, hermosa.
¿Te dijeron hermosa?
¿Sabes? No importa que quieran, yo doy besos, bendigo, les sueño amores y tazas de té caliente.
Eso era lo que vos querías y no tenías ni un hilo para empezar
 Aquí estoy, sola como vos, pero vos ya me tenés a mí.
Puta vida, putos inviernos reventando los caños de plomo, dejando los sueños para cuando la vida se le antojara.
¿Cómo nos sanamos, hermosa, como nos sanamos?
Isabel  Cadogan


Poema para una muerte hermosa

Pocas certezas llevo                                   
la del agua
la del cuerpo  
la de lo que ocurre con el agua
la de lo que ocurre con el cuerpo

Me he sabido semilla y brote
 y rama y árbol
 Ese es el orden de mis días
Sé que el último caeré
y seré leño en el suelo
He visto al fuego
sacar el agua del leño
quemar la cerne del leño
Se forma un humo verde
burbujea un instante
sobre la piel del tronco
y se eleva ya blanco
 ya azul
Humo vapor del agua
del tronco del leño
que fuimos
Así será por obra y gracia del fuego
 Daré mi porcentaje de cenizas al aire
Al viento en principio
Partículas inertes gris de hueso porcentual seré
 El resto: vapor que asciende
Condensación
 ingravedad
nube
Hasta caer en un descuido celestial
Sentirás repiquetear
mis primeras gotas en tu patio
Después no sé.
Pablo del Corro


Salamandra

 Hoy pensé en el polvo
que cubre el portarretrato
 que quedó sobre la salamandra
Después de diez años de no verte
creí saber cómo estaría tu pelo
Adiviné el color de tus ojos debajo del vidrio
 ¿Vivirán las orquídeas que
injertaste en la corteza
del algarrobo que salvamos?
¿habrán seguido floreciendo
con ese mismo color de tus ojos?
Creí haber pasado ya el día más triste de mi vida
Pero es temprano hoy
y he vuelto a sentir que te olvidé
No logro recordar tu sonrisa.
Pablo del Corro


Aquel tango y La caja de Pandora


Rubita reapareció en el baile,                                                                                                                                
fue en la semana de la quirúrgica crucifixión,
y allí el “tordo” bailarín y verseador. Los dos,
cumplidos y puntuales, eran muy caros de su corazón!
Ella acompasaba en giros los requiebros del sobón.

Dolor, cataclismo y épicas escenas de amor.

Herido, ya sin pasión ni sepultura, cayó al averno y al sexto día resucitó,                          
subió a la Luna (-la misma que entonces no miraba yo-)
y Él en la irrumpida ascensión, cuando partía,
su caja negra de historia íntima le confió,
jamás valoró Ella, este acto de lealtad y amor,
fisgona y con aviesa intensión inquisidora
sin más abrió la caja de Pandora,
y en cibernética reprise del destierro del Edén,
cundieron la tentación, el odio, el mal y el bien.

Pero el óbito esperado se canceló
por un tango empiazzolado de su noble bandoneón;
y aquellos del dos por cuatro, en un corte
de dos por cuarto
pusieron sus dentaduras al vaso,
sus cuerpos sudaron el edredón
y sus almitas postizas, se aflojaron al sillón.

Él volvió, sólo..., y de paso...,volvió!
buscando en ojos de miradas perdidas
las que le griten ¡viva la vida! ¡volviste, amigo y señor!
hoy camina erguido, con su costado herido de traición,
aún quiere construir, su sueño de amor
con nobleza y libertad.

Ella sigue con su anhelo de poseer y ostentar.

Pero de aquéllos que bien quería,
sólo a sus almas postizas encontró
porque perdieron el paso de tango
arrumbadas al sillón.  


Julio Taborda Vocos 
2015



Preguntas
A José Luis

Por esas cosas de  la vida / o de antes  de ella, / por voluntad de la naturaleza, / de Dios o  de los dioses, / nacimos  gemelos. / Estabamos unidos / antes de haber nacido. / Entrelazados. / Celebramos la vida compartida / sufrimos el infortunio y la muerte venció a su corazón. //  Y  a pesar  que todo – o casi todo- ya fue dicho y escrito, / hay algo que  queda. /  Algo que no tiene nombre. Algo que espero. / ¿Será que para saber la verdad, esa verdad que tanto buscabas,/ debo convivir / con este insoportable / pero calmo silencio/ hasta el fin de los días?
Eduardo Alberto Planas



Ricardo Gutiérrez: Escritos




Existe una arcaica costumbre de la desesperación: poseer. Tener, ser el propietario de las diversas formas en que la materia se antoja. Es un reflejo del pánico, un recurso negador que intenta conjurar la certeza de los finales, que ilusiona al viviente en prolongaciones materiales, bautizadas con infinitos nombres en el silencio que ladra su verdad. De ahí la compulsión por tener, palabra que infructuosamente pretende destituir al verbo ser. Tener, devorar, acaparar, poseer y poseer para ser el propietario de algo más que el condenado y provisorio enredo de carnalidad. Ser el poseedor de inmortalidades vanas, el exasperado demoledor de finitudes, el alquimista imposible. Y todo ello para derrotar a la derrota, para huir de la conciencia que siempre leerá su misma sentencia, no la condena, sino la sentencia: moriremos. Luego, tal como lo indica el absurdo reloj de la eternidad, una infinitud de materialidad sin dueño continuará en la obviedad del cosmos, sonriente, burlona, soberbia e inefable, aguardando a los millones de consumidores que vendrán, a los próximos propietarios de ruinas e ilusiones encarnadas.
*

Ella se fue con otro. Seguramente mis maltratos empujaron su decisión. Un día me encontré con ese otro, un tal Ricardo, malabarista de exiguas letras, sacristán de jolgorios clandestinos. Me habló de los momentos gratos en compañía de ella. Me dijo que no había día en que no vivieran las mieles, las curvas sonrientes de alegrías incontables, los deleites solares en el paladar del cielo… Aquel día decidí reconquistarla. Comencé a desplegar las acciones que más le gustaban. Leudaba silencios escalando montañas, fijaba prudencias en puntos lejanos, deslizaba músicas espesas por cañerías oxidadas o me zambullía en océanos escondidos, conteniendo el aire de todos los presentes. Hube de esperar mucho, sin resultados. Pero la ley de la pertenencia impuso su inflexión. Un día, al amanecer, ella ascendió por debajo de mis sabanas, y con el remolino de los júbilos reencontrados nos dimos un festival de hojas voladas. Ya exhaustos, desvanecidos tras los placeres estallados, ella comenzó a teñir la habitación, con sus dolores miedos abandonos llantos. Entonces, compungido y silencioso, la miré firme, a parpados cerrados. Mis manos danzaron un vuelo de asustadas mariposas y entre sus vapores se mitigaron. Nunca más quisimos, mi memoria y yo, separarnos.
*
Hay momentos puntuales para seguir coleccionando desamores, esos que serán arrojados a los derrotados cauces de las madrugadas. Momentos para llamar a los jardineros del viento y sobornarlos con frascos cerrados, solo para que le quiten el musgo a tus latidos, para que el aire continúe circulando, fuera, lejos de estos círculos aplastados. Hay momentos, como este, que son carne para los leones del olvido.
*
Somos las manos que atajan la luz, ¿o somos la sombra de esas manos?
Somos los pies en el camino, ¿o somos las huellas de otros pasos?
Somos un cuento que narramos, ¿o somos el lector de nuestros acontecimientos?
Somos el vuelo sin dirección, ¿o somos la jaula del vuelo?
Somos el náufrago desesperado, ¿o somos el oleaje que nos ahoga?
Somos una imagen en el ojo que no existe. ¿Será por eso que preguntamos?
*
Te sostengo, esperanza
Y me duelen los pies,
no las rodillas.
*
Ahora sé que elijo estar bajo el sol de la memoria
y cultivar verbos yuyales en las grietas del dolor
Ahora sé que de nada sirven los todos contabilizados
ni las alcancías del amor bajo la cama
Ahora sé cómo giran las galaxias del olvido
cuando la artrosis del tiempo detienen los relojes
Ahora que voy descalzo por las quebradas de la inquietud
mis zapatos pierden sus amnesias de testigos forzados
Ahora que arrojo naranjas al ombligo de la noche
la luna me nombra en la escena de todas las ausencias


Ahora que los toboganes del insomnio están vacíos
me sobran los niños madrugados en lágrimas
Ahora, solo ahora, un puñado de arena atraviesa los ceros.
*
Te busqué por todos lados, en todas mis vidas.
Hoy llegué a donde anoche dormías, amabas y vivías. Sobre tu última mesa me dejaste un papel. El mensaje decía: “No regresaré, sino hasta encontrarte”.

Ricardo Gutiérrez


Sal


Sal tienes en tu boca,
la sal del pan,
que nutre
al que lo toca
y al que lo prueba
lo eleva
y  lo subleva
la pena
de no gozar
en  un largo
momento
del encuentro
con la sal
de tu boca

Martha López Araya



Angustia
Las nubes se niegan
charcos de miseria,
levanta el sol en los sembrados.

Ojos angustiados ven
día  a día
desaparecer la ilusión

La noche se esconde,

el sol del nuevo día
esparce violento sus rayos
sobre esa tierra ya reseca
No da tregua
y  las nubes se niegan.

Alicia Díaz Crespo

Prisionera

Recuerdo aquel paisaje.
El verde, el rojo, los azules, los naranjas
confundidos unos con otros.
Un ojo de sol invade la  maraña.
Y me voy integrando al paisaje,
al oro de los aromos
al rojo de los claveles
al verde azul, o negro,
a todos los verdes de las hojas
que se funden en mis ojos y en mi ser.
Allá lejos, terrones colorados.
Pertenezco al paisaje;
encerré los colores.
y ellos me encerraron a mí.

Alicia Díaz Crespo


Dossier: Juan Martín Velázquez



La Casa
Antesala

Desde sus cimientos
La casa reclama
Ser habitada.
Y que  todo huésped
La barra de sombras
Con su sola presencia.



I
Nudos y contranudos.
La casa esta anudada.
Tenuemente envuelta
Por una tela delgada.

Y el frío mortecino
A punto de cortarla.





II
La casa está en sombras
-o acaso en penumbras-
Da lo mismo…
Roedores escudriñan,
Por claraboyas y ventanas.

A oscuras desvanece
En el invierno que nos sucede.




III
La casa se nostalgia.
Se apenumbra de añoranzas.
Un temblor espera
Que la ternura se umbrale
Detrás de la puerta.



IV
 Y será otra luz
Quién anide en los rincones.
Hasta enceguecer
Estas ansias de habitarla.


V
La penumbra roe los ladrillos,
Retuerce dinteles,
ovilla los recuerdos…
Ciertamente amurados
Por orden y pudores.

Y nadie se atreve
a despintar los adioses.


VI

 Muralla aquí
Pasillo allá
Desván del miedo,
Abajo muy abajo.
Mi casa no sabe
Que tan a menudo
Quisiera escapar.

Me ahogan los gestos
Con el rostro entre las manos
De esta pena hermafrodita
Caracol sin sombra.


Lontananza

Después de la tempestad
Sale el arco iris.

Y un náufrago en la tormenta
Arremansa su dolor.

Que duele menos
Pero duele.




Juguemos al amor
En el patio de atrás.

En los fondos del olvido.
Dónde nadie nos vea.

Reinventar el amor
Para que no muera

Aun derrotado
Sobre vive a los incendios.



Juan Martín Velázquez. Narrador, escritor y poeta para niños. Ha publicado en diarios  y revistas del país y del extranjero. Publicó los siguientes libros: Bichimentos, 1996; Casa de Papel, Colección La Manzana, Alción, 1993; Cuentos con pocas luces, Colección Dulce de Leche, 1994; Duendespistes, Colección Solcitos Sol Rojo Editora, 2005. Ha  participado de numerosas antologías y grupos de narración oral en Córdoba: El Caldero de los Cuenteros, El Andén de los Juglares y  Noche de Bandada, publicando en las recopilaciones de los años 1994,1995,1996,1997 y El Andén de los Juglares, Antología IV 2003 y en Revista Hotel Panorama, Papeles de Córdoba, 1996,1997. Tiene material inédito.


El cine como regalo
Por Sergio Pravaz
Cuando el hombre regresó a su pueblo luego de haber construido su vida lejos, en otro lugar, en la gran ciudad, comenzó a caminar las calles que albergaron su niñez y los recuerdos comenzaron a acercarse, despacito, como para entrar en confianza y así poder desplegar sus imágenes en blanco y negro, sin definición, con el volumen bajo pero con la intensidad necesaria como para que el corazón respire entrecortado y los ojos muten húmedos hasta ingresar definitivamente en un mundo onírico que sostenga los días reales del protagonista.
El hombre se reencontró con los recuerdos de su cine; esa gran institución que le hizo conocer la vida desde todos los ángulos posibles; en donde las “celebridades” transitan seguras y eficaces por el camino que construimos con nuestras propias fantasías.
Todas las secuencias que uno puede ver y disfrutar en esa gran película italiana que es “Cinema Paradiso”, los diálogos, los personajes, las situaciones, también sucedieron en Rawson. Ya en los años veinte del siglo pasado, con el cine-bar de Pablo Rosselli la historia del celuloide comenzó a girar entregando sucesos hasta bien entrados los años setenta. La riqueza de aquellos acontecimientos (que tan estrecha relación guardan con la identidad de la ciudad) aún no ha sido peinada por la mano maestra del arte para que las mayorías las retengan y las identifiquen; simbiosis que por otro lado sólo puede ser llevada a cabo cuando la manifestación provenga del propio afán por “guardar memoria”, es decir, cuando se escriba tanto, tanto se pinte, dibuje, se actúe o se recite el suceso, que este no pueda ser menos que internalizado de manera colectiva para resguardo de las generaciones futuras.
¿A quién no le bailaron los ojos o se le dibujó una sonrisa interminable cuando la opción de la tarde era ir al cine?. ¿Quién no se “coló” alguna vez en ese templo a oscuras, o pensó en hacerlo al menos?; ¿quién no silbó o gritó cuando la película se “quemaba” o los defectos de la cinta se prolongaban más allá de lo tolerable por el espectador?; quién no disfrutó su pochoclo, maní con chocolate y demás golosinas, hipnotizados por “las de cowboys”, “las de aventuras”, “las de guerra”, o por las tardes de los domingos, cuando nos escondíamos debajo de la butaca a fin de engañar al acomodador y así lograr ver otra película?. En última instancia, ¿quién en su cine de barrio o en el del centro no estampó o tuvo la pretensión de dar el primer beso amparado por la complicidad que otorga la sala a oscuras?; o el orgullo de sabernos “socios” de un cine-club (con debate posterior y café en la esquina) donde descubrimos a Bergman, a Godard, a Fellini y comenzamos a soñar con un mundo que se encontraba “ahí nomás, a la vuelta”. En fin, la lista de circunstancias adorables que provoca el genial invento de los hermanos Lumiere es interminable y con capacidad para satisfacer todos los gustos posibles. Pocas deben ser las personas que no guardan ningún recuerdo de alguna experiencia en el cinematógrafo, salvo por supuesto en los lugares donde nunca hubo uno.
Qué duda cabe; en esos lugares hay un poco menos de fantasía en los corazones de sus habitantes; por lo menos aquella que reconocemos quienes hemos gozado a más no poder con los sueños salidos del biógrafo.}
Como sucedía en una de las escenas de “La Rosa Púrpura del Cairo” donde el protagonista era invitado a ingresar al interior de la pantalla, ojalá a todos nosotros nos hagan una invitación similar. Que nos suceda algo semejante dependerá de nuestra propia capacidad para imaginarnos, aunque sea por una hora y media, como depositarios de todas las ilusiones que el cine es capaz de regalarnos.
  
Sergio Pravaz


El futbol

Es el deporte más popular del planeta, y para la inmensa mayoría de los que lo habitamos, el más lindo del mundo.

Una de las explicaciones de mayor peso para entender este fenómeno puede ser el hecho de que, trazando un paralelo con la vida misma, en el fútbol no siempre gana el mejor, a diferencia de la mayoría de los deportes donde por lo general los más aptos se imponen casi siempre.

Si bien en el fútbol también son muy importantes las habilidades o aptitudes innatas de los jugadores, éstas pueden ser empardadas por otro tipo de atributos como el juego colectivo o en equipo, el sistema táctico, la garra, la actitud, la perseverancia, etc.

Ejemplos sobran de lo que acabo de afirmar, equipos inferiores técnicamente que lograron imponerse sobre los mejores haciendo hincapié en las imperfecciones o puntos débiles que hasta el mejor posee, o explotando al máximo sus propias virtudes. Para muchos entendidos por ejemplo, la selección de Holanda capitaneada por Johan Cruif*, conocida como “la naranja mecánica”, fue la mejor escuadra de todos los tiempos y, sin embargo, nunca salió campeón mundial; otro botón de muestra es la hazaña uruguaya en el mundial de 1950 recordada como “el maracanazo”, donde el pentacampeón Brasil perdió la final del mundo jugando en su país ante su similar de Uruguay, que en los papeles era un equipo muy inferior, pero contra todos los pronósticos se consagró campeón haciendo gala de su famosa “garra charrúa”.

Ahora bien, el lado negativo de la cosa es que, esa inmensa popularidad del fútbol es directamente proporcional a los intereses económicos que se han generado en torno a él, y que han ido desfigurando al deporte para transformarlo en un gigantesco negocio que como tal, beneficia a unos pocos en detrimento del deporte en general, de los clubes, de los jugadores y de los técnicos.

Sólo los verdaderos hinchas o aficionados pueden salvar al fútbol porque son los que pese a todo mantienen su amor incondicional por los colores, y ese sentimiento es incorruptible, no tiene precio, no es negociable, al extremo de que muchos llegan a comparar este amor por la camiseta, con otros amores como los de la familia, la madre, los hijos, etc. Sé que puede sonar exagerado para algunos, y en este momento de mi vida tambiénn para mí, pero les aseguro que el futbolero de alma lo sintió así al menos una vez en la vida, y es una sensación hermosa.

Para el hincha “la pelota no se mancha”*, gracias a eso el fútbol puede mantener su esencia, y sólo por esto el negocio aún no ha podido comerse al deporte.        

Siempre que voy a la cancha o veo un partido por televisiónn estoy atento a las banderas; de “los trapos”, como se dice en la jerga futbolera, surgen las descripciones más precisas y viscerales de lo que el verdadero hincha de fútbol puede llegar a sentir por los colores de su equipo, como aquélla estampada en una bandera de un pequeño club del interior cordobés que me quedó grabada: “Para el mundo no sos nadie, y para mí sos el mundo.

Adrian Valán


Donde duerme un secreto transparente

(Una aproximación a la poética de Alejandro Nicotra)
              por  ALFREDO LEMON
            “Estas son mis noticias de agosto/ fragmentarias: /las de quien sobre el fuego y las noches ve una flor y, /simplemente, /la nombra”
             Poeta esencial, Alejandro Nicotra es sin duda una de las voces más precisas de la literatura de Córdoba y el país. Despojado de toda grandilocuencia, pareciera que el poema es, para este autor, un diáfano diamante que es necesario pulir con el oficio de artesano, de un orfebre. Así como Baruch Spinoza labraba con aplicada devoción los cristales de sus lentes, este escritor de aguda pluma, tensa cada palabra, cada estrofa de su obra, hasta lograr la más pura eficacia: “¿Eres, /cuerpo de ópalo, el espíritu /del sol que ha caído en la piedra ?/ ¿El rayo de una rosa en el leño ?./ Norte o sur, no hay distancia, si te busca la muerte.”
Como bien se ha señalado, se trata una poesía extremada, un impulso ascendente como si el mundo percibido por los sentidos y captado con vigilante conciencia fuera llevado a un borde, fuera puesto ante lo último: “A orillas del silencio y las palabras, /entre los gritos altos de la ciudad, /mi vida se confirma y se deshace /en un cuerpo de humo.”  
Versos que son paisajes de una sobriedad superlativa, sitios propicios para que las palabras conjuren la perfecta dicción de una estética concentrada en sí misma que puja por justificarse. Lugares, escenarios naturales arrebatados por una fuerza sensitiva de quien es capaz de expresar, transparentándola, su vida interior, turgente de ritmos anímicos. “Fruto del hielo, estas distancias./ ¿Nadie lo prueba ?. /Pero yo muerdo en su carne sin nombre / perdiéndome -y hallándote, /disueltos en el solo sabor.”
Hay zonas de nadie para rimar el pulso de los días; hay silencios desnudos para los vértigos exactos de las horas. Despertares, mañanas, montes, arboledas, patios, galerías. Si bien cada secuencia nace de una determinada situación histórica individual, supera su intimidad abriéndose al todo, dejando su huella inmediata: “Astros, corona santa/ hecha toda de dispersión enorme-/ pues huir y otro huir se equilibran, /sobre tu cabeza resplandece intacta /al fondo de la noche”.
La exploración del lenguaje hacia variadas direcciones despliega un abanico de motivos abiertos a las revelaciones, un juego de claroscuros observado el ojo sabio, ya sea en la inapelable afirmación como en la duda. O en la convicción de que el presente movedizo, irrepetible, puede volver, transfigurado, en una escala circular: “Cuando cae la escarcha de los techos, /ella vuelve, fuego rosa, a sus árboles; /y grita un primer pájaro... /¿Invierno o primavera ? / Hora fénix, que la muerte resigna /aún a su amante, el fiel del alba”.
El plenilunio del verbo
Tonos de sed y cansancio, ansia y desamparo, tiniebla y hechizo. La página es el lugar de una fiesta donde el oficiante agita las voces de la vida y de la muerte, del cielo y su tormenta:   “¿Ya son los árboles invernales ?./ La pregunta regresa, /con más razón ahora. /Como de otros labios, /la escucha el hombre;/ sin sonido, parecida a algún pájaro/ lejos, sobre las cumbres./ Son invernales./ Los árboles en el alba, /tras el reflejo de una oblicua luna/ que aún se despide...”.
Si hay una hermenéutica que, como refiere Susan Sontag, necesita una erótica del arte, la entrega de Nicotra la pone en evidencia. El lector llega a aprehender el texto hasta gozarlo, tomar las palabras como frutas frescas agradables al paladar, sentir la ebullición de la garganta al pronunciarlas como un magma verbal, los labios presintiendo la inminencia del sonido y las pupilas que las leen -diría Roland Barthes- con el “plaisir du texte”.
“En la ávida noche de las ciudades /acechamos a la hembra de mirada feroz: /la que vaga entre las ruinas de un tiempo/ que ella y nosotros compartimos /como un sueño o una creencia errónea. /Ahora con odio y con amor nos buscamos, /ella y nosotros, /más allá de la nostalgia y el deseo, /urgidos por un ansia, /última, /de selvas o cenizas”.
La luna y la mujer, los párpados de piedra y el susurro de la nieve sobre las altas montañas, la mutación y el devenir de los diferentes ciclos, son alegorías recurrentes. Incluso ciertos discursos nos elevan a la cima del alma, a donde el hombre asciende no sin “temor y temblor”; porque si toda ausencia es angustia, ciertas presencias de tan transparentes, duelen. “Sube desde el ubicuo centro /que en las plantas se nombra como raíz u hoja y como cerebro o corazón en el hombre. /Sube a estallar en la flor, en el abrazo, en la palabra: /su intensidad es su sentido”.
El amanecer y el ocaso, el fulgor y la duermevela también se repiten. Aparecen entonces, presencias intangibles, entresoñadas, espectros que esbozan su perfil desde el papel y exigen ser idioma, expresión candente. “Sobre el alcohol y los poemas no escritos /-dices- cayó uno y los otros caerán también, si no han caído aún /con los ojos quemados por la soledad, /todos seremos destruidos /y no sé si algún verso/ valdrá, como pensábamos, estas muertes”.
Coherente consigo mismo y con una labor que no ha variado en su temática fundamental, los objetos cotidianos resurgen en el lenguaje que el poeta celebra desde el íntimo ámbito de su biblioteca en su casa de Villa Dolores o desde cualquier bar frente a una plaza, cuando deja divagar su yo delante de una taza de café alrededor de la cual gira el eje del mundo: “Cae una cortina o un párpado, /y la vidriera, con su trozo de plaza /-niños, verdor, metales-, /es de súbito, noche. (Hay /por un instante, un resplandor /final, violáceo: el del jacarandá.). /Afuera, la mañana. Los otros.”
Son ecos de un reflejo lumínico, composiciones de rotundo esplendor. Entre la insoportable fugacidad del ser y el arraigado deseo del escriba por nombrar el instante para siempre, sucede la inspiración. Resulta evidente, sin embargo, el debido proceso de depuración que en el hacer sobreviene. Utilizando metáforas delicadamente equilibradas, tanto la emoción como el intelecto alumbran los crepúsculos, los cuerpos de la vigilia. Cada línea resulta un sortilegio, una totalidad, un cosmos encendido para la boca que desea decir el nombre certero de las cosas, el sentir del misterio: “Tensa la noche su arco, norte a sur, /apuntando el alba. /(El alba, / ¿quién me grita en su carne /el llamado mordiente del cielo?). /Pon mis dedos en tu cuerda de sombra; /mi mano, noche, ávida de luz”.


Musa y amante
Llega un punto en que las revelaciones son obsesiones, aventuras y riesgos del sentimiento, heridas, sal en los labios obstinados en cantar, cicatriz en la llaga existencial. Intuyo que es ahí donde la presencia de la mujer (qué mejor manera de imaginar la poesía) armoniza el universo circundante y con su puñal y su furia es capaz de redimir al hombre de su historia triste. “Mujer, seno de marzo: /con el grito de un pájaro se abisma el tiempo; /y no el agua, /mi muerte es quien sonríe /en la hierba, a tu pie”.   
Un timbre de contenido erotismo hace vibrar las cuerdas del cantante en relámpagos intensos, breves certezas hurtadas a la luz. En otros versos antológicos, desde el más nítido horizonte del amor, murmura: “Apenas unas dunas /que sobrevuela un pájaro /y un caballo contempla desde su blando límite. /Alrededor, el cielo. Las distancias. /Un sol sin sol, un viento oculto,/ mueven su cálida respiración, apenas. /Uno sueña las fuentes./ Despertarlas con crines y con furias. /Cavar con cascos hasta el grito./ Sólo es posible enredarse las alas en espinas /y morir”.
Como en una oscilación que se debate entre la espera y su martirio o entre el génesis y el apocalipsis del momento, los destellos surcan la penumbra del penitente y sólo el presagio de la luna en un cielo de nostalgia puede aplacar tanta angustia, tanta desazón por dejar de permanecer. “Ya un parpadeo de brasa que muere, /es el palpitar de la noche./ Y lo que fue aparición /-espectro o veste de una luna- /no más que huída, pie de escarcha./ Otro será el azoro que prepara esta hora.. /Ahí, cuando en las cimas quiera saltar, sobre el valle de invierno, /tu luz montés: ojos y garra”.
Todo se renueva y el conocimiento de las cosas próximas (las montañas, los leños del hogar, la nieve -precisamente lo más frío y más blanco-, el transcurrir del presente y las distancias, la cena sola, las grietas y los círculos...) conforman motivos de búsquedas de exploración metafísica, y los fantasmas y los súcubos danzan su lógica de enigmas hasta desvanecerse en espejismos: “Al pie de la antena de hierro /que escucha sin tregua a la ciudad,/ habla, muere en un cuarto blanco /y negro./ Alguien: /mi espectro./ Destino mío sin cumplir, /él lo padece ahí, /ahora. /Muere sobre los poemas no escritos. /Torpe la lengua entre los dientes de piedra, /lo que ya nunca habré de oír, /eso dice.”
La percepción del profeta cifra la fragilidad que conformamos; es entonces cuando atisbamos con William Shakespeare, que somos apenas un soplo en el viento del tiempo, cenizas del olvido. Es cuando nuestro autor sensibiliza la razón y escribe: “El sur /abre en el alba su cumbre traslúcida; /y todo en torno, es hoja /a la deriva...”. Y también cuando alude: “Como un sabor, la incierta cualidad de la luz:/ su dejo a una promesa y un desierto sin tregua, /sobre la huella blanca /que ha tendido la noche...”.
Alguna vez el poeta reconoció que escribe “en trance” intentando convocar (o acaso ahuyentar) las visiones que le acechan. Emergen ahora, después de un arduo peregrinar por los senderos del espíritu, escenas como las que siguen, apenas pinceladas sugestivas al tipo de un dibujo oriental: “ ¡Vértigo de rota luz!. /Un pájaro grita /en la grieta el adiós: /como si el cielo fuera a huir.../Y sola, cada nube se cierra /sobre sí misma”.
Como ha intentado sugerir este muestreo, Alejandro Nicotra renueva en cada lectura, la lucidez poética del sabio, capaz de conjugar la equilibrada sinfonía del cosmos con el latido más íntimo de un corazón iluminado; el cuño personal de un estilo que perdurará siempre y que se torna ineludible.      

Alfredo  Lemon


Cine: The Connection (La French): La mafia y la justicia
* * * * MUY BUENA      Con la sola lectura del título de esta película francesa, no se puede evitar su asociación con la aclamada cinta estadounidense “The French Connection” (1971), ganadora de cinco premios Oscar. Es que ambas centran sus tramas en la famosa e impenetrable red de narcotráfico que operaba en Francia y que introducía heroína en Estados Unidos y otros lugares del mundo. El director Cédric Jimenez viene a proponernos un thriller policial que aspira plasmar la multiplicidad de aristas que el “fenómeno” de la droga puede ofrecer, en el marco del apogeo de la “conexión francesa”.
      Estrenada en el Festival de Cine de Toronto en diciembre de 2014, la historia nos sitúa en Marsella, en el año 1975. Pierre Michel (Jean Dujardin), un comprometido juez de menores, es ascendido a juez del crimen organizado. La ciudad mediterránea está en manos de narcotraficantes que siembran miedo y muerte. Tornándose insostenible la convivencia social, Michel decide atacar el problema de raíz, fijando su ojo en la famosa French Connection. Dicha tarea lo empujará a ir detrás del poderoso Gaëtan Zampa (Gilles Lellouche), lo que pondrá en evidencia peligrosos intereses y hará que cuestione sus propias convicciones.
      Jean Dujardin, ganador del Oscar por su interpretación en “The Artist” (2011), protagoniza esta película y mediante su actuación construye un personaje bastante complejo que se asienta en dos facetas. La primera es interna y apela al planteo de las motivaciones que lo llevan a embarcarse en una tarea tan peligrosa como impredecible. Eso se hace a través de un proceso que realza su compromiso laboral y sus afectos familiares; las renuncias que debe hacer a fin de lograr sus objetivos y las consecuencias de sus decisiones. La segunda es un tanto externa y la vemos en el complejo movimiento de intereses que existe detrás del encarnizado enfrentamiento con su antagónico: Gaëtan Zampa. Una investigación que lo lleva a desentrañar intereses políticos y económicos que se expanden a través de las instituciones y núcleos de poder. Es a lo largo de toda la trama que uno ve cómo se desnudan todas las miserias y las consecuencias que rodean a la droga, tanto en aquellos que se favorecen con ella como en aquellos que se dedican a combatirla, en el marco de una violencia sin límites.
      Gran duelo actoral en las escenas que, tanto Jean Dujardin como Gilles Lellouche, han realizado de manera separada o de forma conjunta. Y en estas últimas, ambos logran transmitir un aura de tensión que impacta. Si hablásemos de actuaciones efectivas, hay que mencionar su labor.
      Desde lo estético, es notable el gran trabajo de investigación realizado por el equipo de diseño de producción. La ambientación de Marsella en la década de 1970 es perfecta, homogeneizando vestuario, escenografía, peinado e, incluso, música (el principal factor temporal). También merece una mención especial la concepción fotográfica de la cinta, la que desde la primera escena va matizando un montaje de calidad incuestionable. No por nada el espectador podrá encontrar una trama que se va deslizando con tanta facilidad por cada minuto de las más de dos horas de duración de la película. Y no es un detalle menor pues son pocas las películas de larga duración que logran mantener un ritmo inalterable y las emociones del espectador en ebullición.
      Quizás el desenlace fue ser un poco previsible, conforme se fueron planteando las hebras de la trama, pero no deja de afectar la sensibilidad del espectador y sus deseo de triunfo de “héroe” protagonista. Y aunque el sabor del final no es desagradable al paladar, hay un resabio de amargura.
      The Connection (La French) es de esas cintas que da placer recomendar (y ya lo ha hecho) porque desde cinematográfico es impecable y porque su trama involucra al espectador en todo sentido. Y esas circunstancias debe agradecerse porque no son comunes ni habituales.
Leonardo Arce



  


Do de pecho para Mercedes
Sergio Pravaz

El ancho de su voz tuvo la apertura de un horizonte completo; fue capaz de mostrar todo eso que la distancia sabe esconder tan bien. En cuanto a la profundidad, textura y alcance de ese sonido inigualable que por la base de su lengua salía sin antes dejar de acomodar cada ondulación con el paladar y la caverna de su garganta, bueno, allí habría que estar en los zapatos de un buen surrealista como para poder imaginar sin pudor un extenso collar de cuentas maravillosas, sonoras, aromáticas y celebrantes. Porque así fue ella.
Su do de pecho tuvo potencia suficiente como para romper los vidrios de todas las ventanas del barrio San Ramón, lo que le aseguró un destino holgado en el distrito de la lírica pero ella se animó a más, abrió su poncho y le metió tremendo beso a la canción popular como para dejarla tiritando ante tanta emoción desatada. Fue desde ese momento en que la pobre tonada se dispuso a correr en camiseta a su lado como lo hace un perro detrás de un carro, solícito y alegre a la espera de que le tiren un hueso y le acaricien la cabeza. Y ella siempre lo hizo; le tiró el mejor puchero hecho pieza por pieza y le untó manteca en la frente porque así es como te dejaba ella cuando comenzaba a cantar; listo para la transparencia, que es como decir, listo para el amor, la nostalgia y también para la bravura, claro.
Mercedes Sosa tenía esos dones que sólo les llegan muy de tanto en vez a unas pocas personas porque cuando se decide la repartija allá en el cielo el ángel encargado de la encomienda tropieza con una lata de aceite cocinero y así los deja caer a todos juntos en la cabeza de una sola persona. Por eso aún no se gana sus alas el pobre aunque luego de ver la vida de ella los jerarcas del paraíso bien que se las podrían entregar, sobre todo luego de escucharla cantar.

Dicen que si Antoine de Saint Exupery la hubiese escuchado se le habría ablandado aún más el espíritu y le hubiese arrimado dos o tres discos al Principito a fin de mitigar un poco su endemoniada soledad. Y quién sabe, tal vez el niño rubio hubiese sido más feliz, no sólo por la anécdota con el zorro, sino porque ambos podrían haber escuchado juntos “Gracias a la vida” y “Canción con todos”.
La Señora Sosa también tenía lengua para opinar sobre política porque su sentido común era grande y poderoso como el corazón de diez abuelas juntas y no le sacaba el cuerpo al compromiso ni a la discusión. Fue por eso que varias de las plagas de Egipto le cayeron de repente y así le llovieron amenazas, bombas, papelitos envenenados y rabiosos, hasta que se tuvo que subir a un avión para irse muy lejos a repartir su arte magnífico como se reparten los panes y los peces a cada uno de los afortunados países que tuvieron la dicha de verla pisar su tierra.
Con ella se dio lo que a nosotros con el canto en inglés para el rock, el italiano para la ópera, o el francés con la Edith Piaf; llegaron a delirar por su música y sus canciones gentes que no entendían ni jota de lo que decía. Y eso sucede porque felizmente para el arte no hace falta la comprensión ni el razonamiento, alcanza con la complicidad y la emoción; esas son prendas suficientes para que uno se enamore de alguien a quién jamás le entendió ni una de la cantidad de palabras que pronunció, sobre todo si es de la familia del canto.
Pero la tristeza fue tan grande para Mercedes Sosa, estar así, obligada a la lejanía, errando entre fronteras, solita con su determinación pero también con su angustia, que a pesar de los tarritos de miel que le regalaban a cada paso, ella estaba con el alma deshilachada, le tiritaban los huesitos y le lloraba a cada rato esa capacidad extraordinaria que tenía para largar la voz y echar a volar las notas; tanto así que el metrónomo que siempre tuvo entre sus cuerdas vocales le puso toda esa congoja a su arte lo que la hizo brillar como a una reina única a pesar del desaliento y esa agonía que la invadía como si le hubiesen arrancado gran parte de su vida de un solo golpe.
Todo eso la hizo sabia, porque asombrosa ya lo era antes de que la corrieran. Ella siempre supo que debía elegir su repertorio como se elige el alimento, y ahí se hizo visible otro de sus dones porque nunca dejó de hacer centro en la elección de su cancionero. Y esa enseñanza suya pasó derecho a la enciclopedia de la música popular, capítulo uno, porque es lo que debe saber, como si fuera respirar, todo aquél que intente dedicarse con nobleza a esta disciplina del arte.
 Pero hay que escucharla cantar, la de la primera época o la del final, moderna y audaz como nadie, capaz de abonar las comarcas musicales más insólitas para horror de los puristas, y siempre segura porque su disciplina de trabajo se mantuvo hasta su última etapa, tiqui tiqui solfeo con la profesora lunes, miércoles y viernes, observen e incorporen chicos, si se quieren dedicar a esto hagan como la Mecha Sosa, amor, constancia, obstinación, osadía y mucha práctica.
Por eso esta cantora de América hizo que el mundo se postrara a sus pies. EEUU, Europa, Israel, Asia o Latinoamérica le ofrecían entradas triunfales más grandes que la de Elizabeth Taylor haciendo de Cleopatra.
Cuando se murió el mundo tuvo disfonía, se aquietó un poco por el estupor y aunque luego siguió funcionando fue notable ese momento en que en todas las latitudes nos dimos cuenta que ya no estaría más entre nosotros. Pero alguien gritó: ¡quedan sus discos! y yo que siempre dudo pensé que sólo por ese motivo es posible que dios exista.

Sergio Pravaz





“Cada lugar tiene su propio cielo y su propio infierno”.
 Entrevista a Laura García del Castaño
 Por Enrique Solinas

Del Castaño Básico
Laura García del Castaño (Prov. de Córdoba, Argentina, 1979). Lleva publicados cinco libros de poesía, entre ellos, El grito (2004), La vida en que sueñas (2012) y El  animal no domesticado (2014).  Participó de la antología Quince poetas mujeres de Córdoba, Argentina (2010) y de las plaquetas Desgraciadas (2010) y Ultrafinas y las tramontinas del dolor (2012). Escribe regularmente en el blog: www.lapalabrasembrada.blogspot.com
Entrevista
 ¿Cómo llegó la poesía hasta vos o cómo fue ese primer encuentro con la poesía?
Creo que siempre estuvo. Es una semilla que viene con uno y que en algún momento se manifiesta. Mientras tanto hay una gestación, un gran presentimiento, como un entumecimiento. La música, el cine, lo que uno ve en la naturaleza y en los objetos van haciendo la inducción.
Sin embargo a la idea del «desde siempre» no se le suma el «por siempre». Esa sensación de fragilidad, de intermitencia, que nos acompaña creo que es lo que nos permite el oficio de «intentar» que no nos abandone.
¿Por qué poesía y no otro género?
Hay otro género, pero no es el fuerte, no es la tempestad, ni hay densidad en esa experiencia, más bien, es un descanso, una forma más relajada de contar o de mirar. Esos textos están en un blog: impiadosa.blogspot.com y son parte de un conjunto de relatos que se llaman «textos para armar un funeral». No sé igualmente si hay una elección voluntaria en el género, hay más bien una necesidad, una cuestión vital, la poesía es la forma que encuentro de asimilar el mundo, de cicatrizarme de él, de su resplandor. Uno como que va tropezándose con cosas muertas, va como en un estado de manía, y la poesía es una cámara lenta sobre eso, aire, luz, una envoltura sobre lo áspero, una envoltura que lejos de cubrir, devela, da substancia a lo perecedero y sentido a la fugacidad.

La característica principal de tu poética es el uso de la imagen, de manera inesperada, acercándote de esta manera a los poetas surrealistas e invencionistas, produciendo un extrañamiento en el lector y pulsando –ya directa o indirectamente– mecanismos inconscientes donde se expresan las sombras del mundo, en un presente donde se desdibuja el porvenir. ¿Cómo crees que se produce el fenómeno poético en tu universo personal?

Se produce de la misma forma, un relampaguear inesperado en un cielo que no daba impresión de tormenta, pero no es algo arbitrario ni aislado. En mi adolescencia me marcó Horacio Quiroga. Su forma suave de colocar el terror, de naturalizarlo, la muerte, como el prendedor que la mujer pincha en el corazón del marido orfebre que se lo niega, lo desconocido que se va alimentando de Alicia, las hormigas que dejan huesos a su paso. Perturbar ha sido la pulsión, la percusión. Me alimentaba un deseo de alterar con la imagen, de mortificar, de llevar al espasmo. Y no hay porvenir por el mismo hecho de que mi día a día está agredido por la fatalidad, y el malabar precisamente es vivir, no dejar caer la muerte.
 ¿Cuáles son los temas que más te interesan a la hora de escribir y por qué?
Con la poesía te pasa que no sabes bien dónde termina la intención de la escritura y dónde la intención que la poesía tiene con uno, porque es el género de la continua defraudación y de la continua bifurcación. Cuando tengo el propósito y empiezo algo termino escribiendo lo contrario. No se domina nada. En mi escritura está «lo que me sale» y esa es la muerte. Termino siempre allí, termino en la imagen, en el cuerpo, en el escombro de la vida, porque vivir es toda esa maquinaria dispuesta para torcer el desenlace, para no ver el escombro, el cuerpo inútil, la comprobación física del final, que a todos nos mortifica, y nos estorba porque agrede nuestra idea de eternidad, que ante el escombro se diluye. Ese es el trauma. Mi poesía pone su pie en ese trauma y es una toma de impresiones alrededor de él.

En la Argentina, para que un poeta cobre visibilidad, pareciera que tiene que emprender el camino hacia la Capital Federal, para ser validado por el ámbito literario. ¿Cómo es escribir en el interior de la Argentina y cuáles son los obstáculos y/o ventajas sobre este hecho?

Pienso que cada lugar ya tiene su propio cielo y su propio infierno, su círculo de sillas y su particular danza por ganarla o no perderla, imaginate si tuviéramos que sumarle la preocupación de legitimarnos en Bs As. No te parece que el poeta es mucho más ineficaz y perezoso que eso? Y si realmente puede estar con una mano en la escritura la otra en sostener su silla y los pies en emprender el camino a Bs As, pues es ganadero, no poeta. La visibilidad es pasajera, la trascendencia la comanda el tiempo y a eso le sumamos el mismo prejuicio de muchos poetas de Bs As que deben pensar que en interior estamos pensando en ellos.
Las ventajas y desventajas no las tengo claras todavía.

¿Para qué y para quién escribir?
Escribo desde los quince años y te puedo decir que esta cuestión fue girando. Escribí para la pirueta, escribí para ser poeta, escribí
para mi familia, para mi padre, para no perder a mi padre para luego regodearme en lo que me conmovía, escribí para otro, para un extraño, para movilizar a ese extraño, por desafío, por ansiedad, por no tener que salir a buscar trabajo, escribí para consolarme de no tocar el piano, por destinación, por alivianarme, para no fumar, para convencerme de que esto es lo que hago, que es para la único que sirvo, por sentenciarme a escribir, escribo para despertar, para no volver a vivir.

Luego de tu bello y extraño libro editado en 2014, El animal no domesticado, ¿qué es lo que se viene?
El año pasado, fue el año de la turbulencia. Luego del animal, en diciembre salió El sueño de Sara Singer, por editorial Llanto de mudo, así que este año es básicamente para presentar ese libro, para estar con ese libro y seguir aquí, no tengo nada pensado ni planeado. Volví a cero.
Por último, ¿qué esperas de la poesía?
Que no me abandone.
(Entrevista publicada el 16 de junio de 2015 en el link: http://www.vallejoandcompany.com. Esta publicación se realiza con la pertinente autorización de editores y autor))



Esta televisión amari’o po’ito


Por Alfredo Gómez Alonso

Desde fines del 2014, una técnica puesta en práctica por los medios masivos corporativizados de la República Argentina -radio, televisión, prensa plana-, consiste en vulgarizar el lenguaje, despojando a los medios de su responsabilidad de educar al pueblo y excluyendo al propio lenguaje de cualquier norma lingüística o patrón que ponga en valor su representatividad cultural, llevándolo así a un importante nivel de ordinariez y chabacanería.

Desde luego que la lengua es cosa viva, que respira a través del movimiento biótico y la dinámica social de los seres humanos. Una lengua que no se nutre de la historia, del devenir cultural y el ajetreo interno de la vida, es una lengua muerta; en ese sentido, se ha señalado en muchas ocasiones que no hay buenas o malas palabras, estrictamente hablando. El uso de las palabras se encuentra vinculado, convengamos, con determinados contextos lingüísticos, situacionales, con la expresión de ciertos registros de emociones y figuras e imágenes comunicacionales. Por lo tanto, este artículo no es una apuesta por un lenguaje de corrección acartonada o de un academicismo de ínfulas doctorales.
De modo que nuestro señalamiento no se refiere al uso de malas palabras, por su color, según su contenido, tal como las entendemos tradicionalmente. De lo que sí se trata, es de una desvalorización y de una vulgarización del lenguaje, que ahora se exhibe como herramienta inútil para fines educacionales y de reflexión, y como inservible para poner en valor los numerosos atributos de nuestra lengua.
Vocablos usados impulsivamente y sin reflexión alguna, como en una fiesta o cena informal, o incluso como en una borrachera o noche de drogas, componen la novedosa paleta de los medios masivos corporativos, que, para desmedro de nuestra cultura televisiva y de nuestra cultura toda, está siendo copiada por los medios dependientes del Estado. Esto último resulta una discordante paradoja, porque según el propio discurso del Estado, los actuales medios estatales se responsabilizan con la emisión de nuevos mensajes culturales, portadores de la veracidad y sentido que merecen nuestros hermanos argentinos, incluidos todos en el nuevo proyecto político y socioeconómico.
Es imposible soslayar la cantidad de cultura que ha puesto en manos del pueblo el presente proyecto desde su asunción en 2003, de manera que no es esta una crítica destructiva o antojadiza. Lo aclaramos. Nuestra preocupación se encamina a señalar el fenómeno como de reciente data, pero de prosperidad preocupante en todos los ámbitos de la comunicación nacional, constituyéndose en un verdadero contrasentido que choca con y contradice los lineamientos de un proyecto que, también –y diría que fundamentalmente-, es cultural.
Creemos que esta práctica puede y debe ser atajada, porque esconde una falsa intención de hablar con familiaridad, de tú a tú, pretendiendo establecer la tramposa imagen de locutores y animadores comportándose como paisanos y amigotes, un espejismo que ha filtrado en nuestros medios una modalidad que, no solo desvaloriza nuestra cultura, sino al ciudadano que la consume. Junto al envilecimiento y degradación de nuestra cultura, se nos envilece y degrada a nosotros mismos, ya ultrajados por una colonización secular, y debatiéndonos en nuestra condición de ciudadanos de segunda.
Palabras y frases como carajo, culo, romper el culo, patada por el culo, cagarse, me rompí el traste, le rompo el orto, tetas, hijo puta, poner huevos, puterío, cojones, dejáte de joder, cabrón, mierda, es muy jodido, culiao, entre otras, son ya moneda corriente de la presente actitud mediática y su calidad lingüística general, luego de haber declinado, en los hechos, su trascendental importancia formativa y educacional.
A esto se añade que, en una gran cantidad de medios radiales y televisivos, se ha establecido el continuo uso de vocablos ingleses, a pesar de tener a mano una cantidad supernumeraria de palabras castellanas para describir la realidad, incluidos sus casi infinitos sinónimos.


Es posible que, en busca de cierto relumbre, de llamar la atención con elementos exóticos, intentando un toque cosmopolita, algunas figuras conocidas utilicen circunstancialmente palabras extranjeras. Esta no es una costumbre nueva, y, sin pensar mucho, podemos rastrearla en la corte zarista de la Rusia decimonona, donde se utilizaba algún que otro vocablo francés como pincelada elegante. Pero llama la atención que muchas de esas palabras ya se naturalizaron en la jerga de los medios, y hoy por hoy, se usan normalmente en lugar de los giros y palabras castellanas correspondientes a nuestra cultura, inyectando una dosis de anglicanismo que no enriquece en nada el conjunto de expresiones que nos identifica hispanoparlantes. Recordemos que el idioma inglés está catalogado como uno de los más pobres del planeta.

Se escucha continuamente “el acting” en vez de “la actuación”; que una persona es “fashion adicting” en vez de “elegante”; la “performance en vez de la “ejecución” o “baile”; ahora no se habla de un error cometido, sino de un “blooper”; tampoco se habla del “buen o mal aspecto”, sino del “look”; se está “a full” en vez de “ocupado”; tal cosa es “un refresh” en vez de “amena”; los vocablos “acercamiento” y “proximidad” han sido sustituidos por “aproach”; se habla de lo que dijo el “coach” en vez del “coreógrafo”; ya no existe el “servicio a domicilio”, sino el “delivery” o el “catering”; se indica poner el “tape” en lugar del “video” o la “grabación”. La nueva lengua  también señala que los actores y bailarines ya no tienen “cadencia” o “pulso interno”, sino “timming”; ahora nadie “sabe hacer algo”, porque se impone el “know how” y ya no se es una “celebridad” o alguien “notable”, sino una “celebrity”, y así sucesivamente.

Hablamos de un entorno que supone un orgullo nombrar a una escuela ¡Presidente Kennedy!, calles con títulos como Ciudad de Tampa, y bares que exhiben grandes letreros de neón: Rock & Feller’s, Good Bar, Dream, Starbucks, Johnny Be Good, Golden o Panther Time. 

Alguna gente afirma que no es más que una moda. Pero para creer que se trata de una moda, también tendríamos que asumir como una moda otra cuestión, cuando menos, tan preocupante como aquella, y es el uso, por un sector de nuestra ciudadanía, de blusas, remeras y pantalones con las banderas, escudos y otras insignias de ciertos países. Toca la “casualidad” que esos países son, específicamente, Inglaterra y Estados Unidos, dos enemigos declarados de la soberanía y la libertad geopolítica latinoamericanas que, notoriamente, han espiado, amenazado, invadido y robado a la República Argentina y otros países de la región, colonizándolos e induciéndoles dictaduras militares genocidas.

Convengamos entonces que, poniendo a un lado nuestra histórica ingenuidad, o según Eduardo Galeano, “nuestra estupidez”, esta es, cuando menos, una moda bastante extraña. Sería claramente lesivo para nuestro sentido patrio, e incluso para nuestra identidad, que una parte de la población argentina ostentara como valores espirituales propios, o incluso como atributos patrimoniales válidos, las insignias nacionales de los países que nos aplastaron bajo su bota colonial y son nuestros históricos verdugos.
Realmente, ¿es esto una moda?

En un ejercicio de abstracción, ¿qué ocurriría si una parte de la población palestina comenzara a usar, por “moda”, blusas y pantalones portando la bandera de Israel? Luego del sangriento atentado al popular rotativo, Charlie Hebdo, ¿cuál sería la reacción de la población gala si una parte de sus ciudadanos se exhibieran por las calles de París con la insignia del grupo Estado Islámico, solo por “moda”?

Estados Unidos envió a la República Argentina el plan Cóndor, que costó al país 30,000 desaparecidos, además de un chantaje financiero suficiente para descalabrar a cualquier país, conocido como los Fondos Buitres; Inglaterra extorsionó las Islas Malvinas a la Argentina, extrayendo y robando su petróleo. Sin embargo, una parte de ciudadanos argentinos usa, por “moda”, las insignias patrias de los Estados Unidos y de Inglaterra, incluidas las blusas y remeras con “I LOVE LONDON”, o “I LOVE NEW YORK. ¿Qué idea tienen de la moda quienes importan esta ropa, y cuál es su propósito real al venderla en nuestro país? ¿Por qué no ocurre en Argentina lo mismo que ocurriría en Palestina o Francia ante esta verdadera afrenta? ¿Es esta una forma de inducir y naturalizar la humillación al pueblo argentino?


A la vista de estos hechos, y retomando el tema de la depauperación del idioma, entendemos estar ante la puesta en práctica de otra variante de aculturación, de embrutecimiento ciudadano, de idiotización de las masas, llevando la cultura hacia abajo, hacia los peores y más depauperados niveles, hacia la lengua orillera, mal pronunciada y bastardeada, fundamentalmente a través de la televisión y la radio. No es posible creer a voceros de los medios corporativizados, cuando hablan de la “teoría de la conspiración”, esgrimiendo eternamente el argumento según el cual “los populismos y dictaduras siempre apelan a la teoría de la conspiración, porque les permite fabricar un enemigo a cuyos turbios manejos atribuyen todos los infortunios del país, y su propio fracaso de gobierno”.

En realidad, la conspiración no tiene absolutamente nada de teoría. Todos sabemos que detrás de la destitución de 48 horas que sufrió el fallecido Hugo Chávez, estaba Estados Unidos; que detrás de la invasión a Panamá y el derrocamiento de su presidente Manuel Antonio Noriega, estaba Estados Unidos; que detrás del golpe militar a la isla de Granada y el asesinato de su presidente, estaba Estados Unidos; que detrás del “institucional” golpe de estado al hondureño Gabriel Celaya, estaba Estados Unidos; quedetrás de los centenares de sabotajes a Cuba e intentos de asesinato a su líder Fidel Castro, estaba Estados Unidos; que detrás de las destituciones intentadas contra el ecuatoriano Rafael Correa y el boliviano Evo Morales, estaba la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos; que detrás de la miserable destitución, con apariencia de consenso parlamentario, del paraguayo Fernando Lugo, estaba Estados Unidos…y, claro que, no podemos ser tan entretenidos para no advertir su presencia detrás de todas estas marchas locales, de esta virulencia mediática, de estos incendios, de todos estos trenes descarrilados, de estos juicios masivos contra todos y cada uno de los funcionarios del gobierno nacional, y del estado de agitación social que ha impregnado nuestra vida civil en los últimos años.

Ahora estamos ante una conspiración de cariz simbólico, que implica la vulgarización de nuestro idioma, teñido de  repente con palabras groseras que catalogan desde siempre como vulgarismos o barbarismos.


     Por ende, insistimos en que no se trata de buenas o malas palabras, buenas o malas prácticas del habla, si no de la palmaria vulgarización de nuestro lenguaje, que se intenta instituir como una burda herramienta de aculturación.

No debemos ni podemos eludir responsabilidades en esta cuestión, porque nuestra lengua se degrada a ojos vista en las pantallas y radiorreceptores. Es preciso tener presente que, consumida una cuota de esta inmundicia, nuestros ciudadanos están siendo deliberadamente privados de los cánones que ponen en valor y enaltecen nuestra lengua y nuestra cultura.
Está clara la necesidad y la obligación de defender los valores culturales que nos caracterizan y configuran nuestra identidad. La lengua castellana es una de las más ricas del mundo, no solo por el raudal de sus vocablos y sinónimos, sino por la flexibilidad de su sintaxis, gramática compleja, y el respaldo de amplia y diversa literatura. Nuestra lengua, es la lengua en que fue escrito El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Honrémosla.
Alfredo Gómez Alonso



Música en Córdoba: Mudanzas de Trasplantación


El dúo Trasplantación integrado por Gerardo Pérez Taschetta y  David Avilés Aguirre,   ha editado recientemente su primer disco, Mundanzas.
“El   canto y los instrumentos nos llevan simultáneamente al pasado y al futuro. Mudanzas es nuestro primer disco. Después de meses de trabajo lo tenemos algo para dar y es un motivo de alegría porque sabemos que en esto no estamos solos” dicen en el book del CD.
Y continúan:”Mudanzas contiene un recorrido por puentes caminos y senderos en movimiento, por jardines con pasionarias mariposas, living con elefantes que  avanzan y se extienden entre remolinos de pájaros y niños prendidos al subibaja de sus trompas.
La posibilidad de ser y de compartir; de crecer sin establecerse en una ruta fija, prefijada; crecer sabiendo que cada momento te pone ante el umbral de un cambio, con la belleza y el riesgo que eso implica. Una mezcla de sonidos e identidades, lo individual deja de ser individual y se vuelve diálogo, abrazo, lo regional se abre a lo universal, la mudez invita a la palabra, la palabra se rompe en voces que la transforman, la trasplantan, armándola y desarmándola. Hay un latido hecho con los diferentes ritmos que cada uno mamó desde la cuna. Una danza mutua que invita al cuerpo a recorrer sus voces. Después de dos años de habernos formado como grupo estamos aquí en plena mudanza. El camino está en la puerta, y nosotros con la casa llena de crisálidas, haciéndonos preguntas tarareando inventando pasamanos, nuevas direcciones para seguirnos encontrando”.

Trasplantación: Gerardo Pérez Taschetta: Guitarra acústica, guitarra criolla y voces.
David Avilés Aguirre: Ukelele, acordeón, conga, claves, palo de lluvia, canillita.





No hay comentarios.: