miércoles, octubre 22, 2014

¡BASTA YA! BOLETÍN LITERARIO OCTUBRE - NOVIEMBRE 2014



Director: Eduardo Alberto Planas - Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Silverio Enrique Escudero, Jorge Torres Roggero, Leonardo Arce.
Registro Propiedad  Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Contacto: eduardoplanas2001@hotmail.com
Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com. Tel: 0351- 4886974 / 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 –Duarte Quiroz  N° 1702, Córdoba.


CONTENIDOS
NOSTALGIAS Luis  Héctor Gerbaldo / EL CHAKRA DEL CORAZÓN Alfredo Lemon /  CIUDAD BLANCA / LA POESÍA EN MOVIMIENTO  Laura García del Castaño / EL PICO CORVO Osvaldo Guevara / JUAN, EL PROTECTOR Graciela Kurán / CENTAUROS EN EL CIELO – MARILYN Ethel Cobo / CUATRO PATAS  Selva Furlan / UN TAL JULIO DICE  Rafael Roldán Auzqui / LOS CRONOPIOS César “León” Vargas / CORTÁZAR PROFESOR Leandro Calle / TRILOGÍA CULINARIA  La coca Rufino / Y FUERON FELICES  Alfonsina Clariá / SALTAR A NINGUNA PARTE  Sergio Pravaz / DIGO PRESENTE  Guido Guidi / MUJER EN EL SÓTANO DE LOS CIEGOS - Ivana Szac / CRÓNICAS LITERARIAS Gabriela Bayarri / ESE VECINO DEL BARRIO Gabriel Marco / / A VECES, COMO LAS AVISPAS Cristina González / EL UMBRAL José Santiago / LOS FRUTOS DEL CUERPO  Abdelattif Laabi / SOBRE EL BÚHO Y LAS LECHUZAS  Héctor Aldo Valinotti / EL REVÉS de Jorge Ledesma / POEMAS de Liliana Quinteros / EN EL CAMINO  Eduardo Alberto Planas / PERSISTENCIA RETINIANA  Noemí Correa Olivé / POEMA de Laura López Morales / 7 CAJAS: De Paraguay para el mundo Leonardo Arce / RELATOS SALVAJES: Una relectura actual de Thomas Hobbes Leonardo Arce / UNA COSA TRAE LA OTRA  Flores y Malezas Lily Chavez



Nostalgia

Un hilo de nostalgia
tira de mi camisa,
mientras mis zapatos
mudan a lona y goma.
Las farolas cuadradas
desaparecen con la pérgola,
en su lugar florecen globos de colores
aquellos de la primera peatonal.
Acelero el paso hacia el Cervantes,
los coches transitan por su frente,
mezclan vapores de naftas
con aromas de pizzería.
Quedo embelesado por el quiosco del cine,
todas esas golosinas
devuelven sabores en mi boca.
El hilo sigue tirando
cruzo la Rivera Indarte,
moja mis zapatillas el agua de la calzada,
nada importa, voy a la galería,
mis manos ya están tiznes de tocar las vidrieras,
no me detengo en ninguna otra
solo en ésta
la más grande
la del trencito que va y va
entre los juguetes.
Allí me quedo,
el hilo que me tiraba
ahora me envuelve,
me aprieta,
hace surgir esa lágrima negada.
Allí me quedo,
pidiendo tras mi llanto,
que mis zapatos no muden a cuero.
Luis Héctor Gerbaldo





El Chakra del corazón


Todo es efímero sino es purificado:
diligencia, piedad, desprendimiento.

Nacer o morir son eventos naturales,
simplemente suceden.

No pidas larga vida sino vida vivida.
No pidas larga vida sino vida divina.

Esa flor de loto invertida en tu pecho
cobija lo más preciado:
es un jardín donde juegan los ángeles,
morada donde duermen las musas.


Alfredo Lemon



Ciudad Blanca

El día viernes 15 de agosto en la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba, sito en calle Belgrano 224, de nuestra Ciudad,   se presentó el libro Ciudad Blanca de Lelia Recalde Deponti. Una cuidada edición de El Menú Ediciones de Villa María. La presentación fue realizada por Lily Chavez, quien escribió el prólogo; en la contratapa  palabras de Marcela Rosales y  María Elena Hayquel.
 La música estuvo a cargo de una exquisita intérprete del saxo: Adriana “La Vasca”.
La poeta Lily Chavez dice al  respecto: “Esta Ciudad Blanca nos invita a pasar por diferente casas. Casas habitadas por sentimientos y palabras. Todas ellas hablan con la voz del corazón. Todas, inspiradas en el amor.
Lelia es la arquitecta de esta ciudad. Ciudad que –como la vida- tiene jardines, escondrijos, lugares de sombras y lugares de luz.
Lejos de perderse en sus calles, ella se ordena. Pone los sentimientos, el mundo, el amor y las palabras  en casas diferentes pero con ventanas que confluyen a un lugar donde pueden visualizarse entre sí certezas y dudas, equilibrar el recuerdo y el olvido, saber que todo tiene que ver con todo, que las escaleras pueden ser puentes, que la claridad imaginarse, que hasta es posible un mar  al fondo del abismo.
La autora se involucra y nos involucra. Dice lo que le pasa, lo que siente y cómo se siente, libera silencios y gritos. Sabrán los transeúntes, lectores de este libro, que en la casa del amor se sufre, que  hay ausencias y espera. Sabrán que en la casa del sentimiento, se chapotea cada tanto en los charcos de la infancia, que se ama lo simple, lo cotidiano, que hay aceptación y rebeldía, raíces y brotes.
Sabrán que en la casa de las palabras el adiós es un breve vocablo sin sabor, que la mentira sangra sobre las palabras y en la casa del mundo pasos animales persiguen la inocencia y que la mentira no se rinde.
En sus versos, Lelia se entrega con autenticidad. Y tal vez su simpleza nos haga reflexionar sobre algunos temas, comprender y nutrirnos de su itinerario. La poesía siempre necesita de la diversidad de miradas, quien sabe si alguna claridad nos sorprende”.

El silencio astilla
el cristal
de la ventana
camino la noche
con los pies descalzos
para no despertar
el amanecer
*
Nieve en la cúspide 
del cerro y en el
dintel de la ventana.

Nieve que cubre las palabras
las huellas de otras tardes.

Soledad blanca en la ciudad blanca.
Un adiós helado
y un muñeco de sueños
que se desvanece
poco a poco
ante el dolor de mis ojos

Lelia Recalde Deponti

Ciudad Blanca, El Mensú Ediciones
2014



La poesía del movimiento por Laura García del Castaño

Palabras sobre "Tai - Chi" de Jorge Luis Carranza

  



Jorge Luis Carranza presentó el 19 de agosto 2014 su nuevo libro “Tai-Chi”. Editado por Alción  cuenta con prólogo del poeta Osvaldo Guevara de Villa Dolores. El evento fue realizado en la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba en calle Belgrano 224 de nuestra Ciudad. Durante el mismo se escucharon palabras de Laura García del Castaño, que a continuación transcribimos.
“Entre los clásicos del Tai Chi hay un anónimo: “La canción de las trece posturas”:
“Mantén las trece posturas
no las olvides
Cuando desees moverte
empieza desde la cintura.
Se sensible a los cambios
al más ligero cambio
de lo lleno a lo vacío…”

“En el abrazo de la quietud
yace el movimiento
Y dentro del movimiento
la quietud se oculta.
Busca por tanto
la quietud en el movimiento.
Si puedes encontrarla
los tres tesoros serán tuyos…”

El libro de Jorge Carranza comienza con una evocación al niño que fue. Este niño viene a buscarlo desde el futuro, como si el vivir fuese un reencuentro con el nacimiento, un ir hacia el inicio, un círculo, cuyo relleno contendría lo dulce y lo amargo, la luna interior y la exterior, el sueño y lo poderoso, el ying y el yang, en continua mezcla y empuje. (movimiento del Tai Chi, ir con un todo en equilibrio).

De esta manera el libro se asentaría siempre sobre dos extremos, ni consecutivos ni lineales, sino cíclicos, opuestos que interactúan, lo lejano está cerca, el afuera es adentro, dureza y suavidad, camino de ida y de vueltaarriba y abajo, el ying y el yang, uno dentro del otro, ninguno sin el otro; y de pie en este círculo, el poeta en equilibrio, el Tai Chi, la meditación del movimiento o mejor dicho “la poesía del movimiento

Cheng Man Ching, maestro chino de Tai chi del siglo veinte dijo “invertir en la pérdida. Esto significa estar dispuesto a perder el equilibrio con el fin de encontrarlo”.
Dice otro poema anónimo del Tai Chi:
“Mis movimientos me van desarmando
tal como un viejo guerrero
que se va sacando la armadura
porque ha renunciado a la guerra.”

“Mi danza es muy suave y lenta
porque la hago a la orilla del abismo
que es la ausencia de paz.
Se desplaza por el espacio como un suave viento
y a medida que avanza va inaugurando espejos
en uno se refleja el niño que fue
en otro aparecen resucitados sus sueños muertos
otros muestran el fuego que le da vida a su pecho
y la tierra que será cuando el tiempo se le clausure
Se desplaza por el espacio como un suave viento
y su cuerpo le da vida a espejos donde aparece
lo que fue lo que es y lo que será”

Cada poema de Jorge Carranza es transparente como una hoja de calcar en la que debajo se aprecia un guerrero silencioso y sentimental, que como en el Tai Chi, va sacando su armadura, porque ha renunciado a la guerra.

Un guerrero que se equilibra en el desequilibrio, un guerrero del espacio y del detalle, obsesionado con el tiempo y el silencio.  

Cito del libro: “caminar sobre hielo quebradizo, hay que moverse solo lo necesario”.

Jorge no sentencia, ni es inapelable, usa el presente sólo en función de lo que fue y lo que vendrá, no pone cosas por encima de otras o en contraposición, sino que todo está en continua fusión, en los “movimientos sagrados de una danza milenaria”.

En el poema cero a la izquierda dice: “La vida pasa como un vientito y roza al poeta”.

El poeta es un paciente observador del delicado proceso de las cosas y de él mismo, que trasmutará de observador a reflejo de la naturaleza.

(Y en este contexto hay una empatía con la poesía China, hombre y naturaleza unidos)
Shchtski escribe en la teoría del libro de los cambios “la vida interior lo que ha de venir, lo que esta siendo creado y el mundo exterior, lo que está desapareciendo, disolviéndose”

A medida que el mundo exterior del libro se disfuma, pierde consistencia y valor, el mundo interior del poeta que es el mundo interior del hombre empieza a develarse, se despeja, se acerca y en ese trabajo el poeta también se desapercibe materialmente y se ve incluso en algunos poemas desde afuera, en una visión omnisciente.

Cito del libro: “Un pedazo de mi/se terminó de ir el otro día/se fue yendo de a poco/sin esfuerzo/ delicadamente/se desprendió como lo hicieron los continentes/y ahora hay un mar entre ellos/ Ya es una isla que flota/allí al frente/y se sigue alejando”.

Salvo algunos poemas como “A la canasta”, “La caja del camión”, “Suelo sagrado”, “Remera”, los poemas del libro poseen una ausencia de objetos y esta devaluación de la materia le otorga al libro una suspensión, una gravedad, una flotación, incluso es casi nula la presencia de los sentidos del olfato, el gusto y el tacto, sentidos primordiales de la comprobación física del mundo, en contraposición, hay un predominio del sentido de la vista y el oído, pero, lo que mira y escucha el poeta no es estático por consiguiente no es seguro, está siempre inclemente, está siempre rotando como las estaciones y los fenómenos climáticos, y como estos encarnan en el poeta, él mismo es un tránsito de estados, y en consecuencia este continuo tránsito amenazante está teñido de melancolía.

Otra particularidad es la ausencia de colores. Sólo utiliza el blanco, el negro y el amarillo. El blanco y negro como unidad del ying y el yang y el amarillo como generador del ying y el yang y centro de todos los colores, todo simbología del Tai Chí.

En los 53 poemas, además se va dando un proceso, cambios sutiles, fases (para decirlo correctamente), estas son: brotar, florecer, madurar, marchitar, inactivo, brotar, florecer, madurar, marchitar, inactivo. Nacer y retornar con uno mismo con su patria con su casa. Una postura en movimiento en busca de equilibrio.
Todos sabemos que la metáfora es una comparación o una sustitución de elementos que son lejanos en apariencia pero cercanos en experiencia. El poeta utiliza el agua, lo irán descubriendo a lo largo del libro, pero el agua en sus diferentes estados. Tendrá la verticalidad de la lluvia que es la verticalidad del miedo. 

Tendrá la horizontalidad del río que es la horizontalidad del tiempo y su arrastre. El hielo como la dureza de la maquinaria mental. La laguna como el interior del poeta, la nube como la vida en continua mutación y amenaza. Y luego habrá otros elementos. La luna como mediadora y luz espiritual. El invierno como letargo unida a la noche como suspensión de luz y seguridad. El sueño será agua también, por eso el hablará siempre en términos de inmersión. El sueño es agua a riesgo de evaporarse.

El silencio está siempre al centro, es la casa y la patria, el poeta es un buscador incansable del silencio. El poeta es el que se domina, el poeta es el equilibrio en sus poemas.

Cito del libro: “a veces el corazón amanece con nube, pasan días y la nube permanece, no se va, ya vendrá el viento bueno, el que despeja y limpia y arrima siempre tiempos mejores”… “Este río en el que vamos pone y saca lleva y trae a su antojo. Hoy arrimó a esta pobreza lluvia y brisa”
Aquí sería “Cuando la naturaleza habla y actúa

La naturaleza decide sobre el poeta, lo invade y él se entrega, para ser curado, custodiado o simplemente transformado en total consentimiento y aceptación.

Y aún cuando hable desde cierta pesadumbre, lo hace de un modo indulgente y cálido. Incluso utiliza mucho los diminutivos, que es un poco el pudor a la dureza de ciertas palabras, como si quisiera aliviar su impacto, acariciar su sentido.

En lo personal no utilizaría el término sencillísimo ni llano para calificar la poesía de nadie mucho menos la de Jorge Carranza. Eso que algunos llaman simple, es la labor compleja de conversión. Trasladar una visión trascendental a lenguaje cercano, cotidiano y afín. Hablamos de nitidez, asimilación de hoja de calcar, como un ilusionista que utiliza una moneda para un truco de magia. Lo domestico en función de habilidad subjetiva. La alianza de lo cotidiano y lo subjetivo. La alianza de la naturaleza y lo cotidiano. La alianza del silencio y lo confesional.

El poeta será en este libro un tránsito de estados
El silencio será con él inseparable

El universo se da entero a cada instante.
El pasado se monta y se desmonta como la carpa de un circo
El poeta es un hornero dándole forma al caos
Una paloma sobre un cable inestable

Heterónimos a fuerza de unirse o diluirse
Luchadores de sumo, manada y desolación.
En el último poema, el único estático del libro, el poeta percibe al fondo de la laguna un tren.

El agua que ha sido el denominador, el cauce, el río, la nube, la lluvia, el mar, aquí es una laguna, aquí hay percepción del fondo, transparencia, el fondo del poeta, la lucidez última donde se reúne con el niño que fue. Dos orillas que eran la misma orilla pero que solo se ha sabido al final, como dice Hugo Mujica, en el epígrafe que cierra el Tai Chi.”
Para finalizar un poema de Jorge Luis Carranza elegido por él mismo para este boletín:




Caminamos
Tomamos un camino  lateral.
Pasamos la zona de quintas y seguimos.
Caminamos tanto, tanto
que de la ciudad de los hombres
solo se veía a lo lejos
un resplandor en la parte
más baja del cielo.
Arriba un negro infinito
y  las estrellas.

Vivir en la ciudad de los hombres
tiene su costo.
A la primera de cambio
te lleva puesto.

Allí la autocompasión,
el  ”pobrecito de mi”
es un gol en contra,
o dos, o tres.
Mejor recuperar la soledad y el silencio;
la línea del horizonte,
las tres Marías,
la cruz del Sur.
Andar de a pie.
Y nunca, nunca,
jamás,
por nada del mundo, creérsela.

Jorge Luis Carranza




El pico corvo

El barrilete esplende inalcanzable, altísimo. Su geometría se dulcifica como si el cielo untara sus bordes con una espuma azul.
Su planeo inocente transmite a mi cuerpo una ingravidez de levitación.
Conmovido por su lejanía acorto el hilo interminable. El barrilete pierde su vaguedad remota, atenúa su abstracta libertad. Nítido y tembloroso, me pertenece otra vez.
Poderoso, agorero, irrumpe otro barrilete. Su color abruptamente rojo despide destellos fantasmales. En el extremo de su cola con ondulaciones de víbora relampaguea un objeto en el que la contundencia del sol se multiplica agriamente como en un vidrio roto; un objeto absurdo que adquiere de pronto una evidencia lacerante.
Es una hoja de afeitar filosa, candente. Su fulgor zigzaguea, se aproxima a mi barrilete como el pico de un ave de rapiña a una paloma. Con  un movimiento certero y fugaz de puñal asesino la hoja de afeitar siega el hilo que late en mi mano.
Cabeza decapitada, mi barrilete se abate, desciende aterido, cae irremediablemente detrás de una arboleda huraña, se hunde como un sol que ya no pudiera levantarse del mar.
*
Esta escena ocurrió en mi infancia. Pero sigue ocurriendo. En mi vigilia y a veces también en mi sueño cae y vuelve a caer el juguete indefenso.
Ya no vuelan barriletes por el cielo de mi ciudad. Añoro esa gracia leve como la respiración de una flor. Y sin embargo, esa ausencia me alivia. Porque desde aquel barrilete abatido nunca me atreví a remontar otro y cada vez que alguno apareció en la altura temí.
Algo semejante sucede con las palomas.
Cuando las contemplo trazar sobre el azul su contorno angélico creo presentir que desde una rama retorcido del aire va a lanzarse sobre ellas un pico corvo, impecable en su atávica misión de hacer añicos la hermosura del día.
Osvaldo Guevara




Juan, el protector


Silencio al anochecer en los barrios de la periferia.
La ciudad dormida muestra la realidad de la gente que lo habita.
Calles de tierra o de asfalto salteado, ómnibus viejos que pasan sin ritmo, sorteando los baches, y el agua que desborda de las casas sin cloacas.
Y los basureros tirados y mordidos por perros en busca de algo que mitigue su hambre.
La escasa luz de la calle no permite distinguir los seres valientes, que salen  o llegan de sus trabajos apurados los pasos, quienes tratan de pasar desapercibidos de aquellos que por allí merodean, en búsqueda de llevar adelante planes concebidos en noches de alcohol y droga.
Es allí donde el silencio se rompe y un grito ronco, desesperado, suena cual tacho apostado y golpeado por alguien dispuesto a divertirse, con quién o quienes secunden su felonía.
Nuevamente el grito paralizando a los moradores de las casitas, tras las escasas cortinas, y las voces comienzan: ”Es la hija de Juan.”
La pequeña sordomuda que da vueltas y vueltas paseando su cuerpo esmirriado por las calles del barrio que la vio nacer; pero el hombre salvaje y rudo, que surge entre las sombras, prosigue su marcha tras la niña que cae una y otra vez, invocando el nombre de su protector :”Juan.”
Alguien, sobre la tierra reseca, con instinto perverso y andar sigiloso, toma a la niña que, entre sollozos, lanza un deletreo entre gutural y ronquido triste, duro, silabeando apenas un nombre:”Juan, Juan.”
La niña en el suelo, las pupilas agrandadas por el espanto, sufre ante el despiadado por la aberración a la que es sometida.
En ese momento, los ausentes comienzan  con temor a dar pasos, que obligan al hombre a huir entre las sombras, con los pantalones bajos y el rostro de fiera encendido de ira.
Son mujeres y hombres de la barriada, que tratan de envolver a la niña con trapos rescatados del tiempo.
Y así el grupo memorizando el nombre traza una curva musical, donde la palabra “Juan”, se vuelve interminable hasta que Juan llega y sin entender nada levanta a la niña en sus brazos, mientras su mirada busca alguien que lo ayude.
El auto de un vecino arranca el motor, Juan sube al viejo coche mientras clama, susurra:
“Corré, viejo, mi nena se muere”.

Graciela Kurán
Espeso enigma, Grafica 29 de mayo, 2013





GRACIELA KURÁN
Diseñadora de modas que empezó a interesarse por la literatura en 1992, desde entonces ha publicado, “Cuentos”, “El gran viento” y “Espeso enigma”.





Centauros  en el cielo
Centauros cabalgan por el cielo.
Sus cascos
con saña
van apagando estrellas.
Cuando la noche
toma color de muerte
se deslizan sigilosamente
para cumplir
extraños ritos en lo alto.
Mezclan la pasión del hombre
con el feroz instinto
de las bestias.


Ethel Cobo



Marilyn

Mariposa de seda
multicolores alas.
Aureola de tristeza.
Sola siempre.
Efímera existencia.
Apasionada
Ríes
escondiendo lágrimas.
Amas
no eres  amada
con el fervor que anhelas.

Implacable tu tiempo
abandonas la lucha.
Muy fugaz tu vuelo.
Ethel Cobo



Cuatro Patas


El silencioso pelaje
camina bajo mi mano.
Acezas con la lengua sudorosa.
Lánguidos goterones
labran huellas transparentes.
Pronuncio tu nombre:
eres soldado
con la venia lista
Eres el subordinado.
Esperas la orden para atacar
- Siéntate 
modera la fidelidad-
Mi mano
sube y baja incansable
sobre tu lomo.
Labrador de la espera
atisbas mis gestos.
Replegado sobre mis pies
utilizas su almohada
Recorro el pelaje
con la sonrisa
de una lenta mano.
Selva Furlan




Un tal Julio dice



                                                                                                        a Julio Cortázar, in memoriam


Me asomo a mi centenario
barba al viento
con mis hijos dispersos por el planeta
y me sorprende ver          cómo me celebran
desde Banfield hasta Bombay
pasando por Nicaragua y París
y proclamo temerariamente:
“Cronopios del mundo uníos”
y yo también me uno a la algarabía
que se expande como reguero de pólvora
por calles y pueblos caudalosos
oliendo a revolución y a fiesta
y propongo nuevos y aventurados juegos
donde los perdedores sean ganadores
y los imperios se disuelvan como absurdas pesadillas
y los fabulosos monstruos del inconsciente
se conviertan en dulces y suaves conejos
y ya no haya lugar más que para una infinita ternura
donde la Rayuela de la Vida
nos lleve contra viento y marea al Paraíso.

Rafael Roldán Auzqui

De Córdoba (Capital, Arg.), profesor y licenciado en Letras Modernas por la UNC. Poeta, escritor, docente. Libros publicados: La raíz del vuelo, La región del salto, Emergencia solar, Haikus a flor de voz, La llave dorada, Vuelo 25 e India en haikus y otros florilegios. Becario del Fondo Nacional de las Artes (1986). Coordina el Taller de Poesía y Escritura Creativa de SADE (Sociedad Argentina de Escritores), sec. Córdoba.






Los cronopios
Creemos que  un barco cargado de ceniza es muy liviano
que bastaría plegarlo para que quepa en el bolsillo del piyama
y así vamos:
jamás una crueldad y siempre un siempreverde
pegajosos de amor,
sapitos sin princesa,
llorando en el cordón de la vereda bajo la lluvia para que no se note,
la macana es que tanto rio
borra los mundos de tiza dibujados
y ahora, encima, viene a sumarse el llanto de la niña que no puede jugar.
Todos nos quedamos sin jugar, che,
todos cigüeñitas en un pié en lo que queda del casillero cuatro,
con la piedrita en el aire,
y el cielo tan lejos…
Por favor, Don Julio, échenos una manito, maestra,
que hace frío de manguera perforada en este barrio,
a la fama la levanta el basurero que bebe nuestras lágrimas
y las esperanzas se rajaron como a la puerta del infierno.
Dele Don Julio, que los muchachos se ríen de nosotros,
no nos deje tan solos, bailando en la vereda…

César “León Vargas”



Cortázar profesor
Leandro Calle




El gran cronopio que está cumpliendo exactamente 100 años dio unas clases de literatura en Berkeley en el año 1980. La editorial Alfaguara decidió publicar estas clases en un hermoso libro, cuidado por el filólogo catalán Carles Álvarez Garriga. El catalán se ha vuelto un experto en la obra de Cortázar y, para mencionar alguna de las buenas cosas que viene publicando, pensemos por ejemplo en la edición que junto con Aurora Bernárdez (primera mujer de Julio Cortázar) hicieron de la correspondencia cortazariana en cinco voluminosos tomos.
Cortázar estaba en la cumbre de su carrera literaria y acepta dar estas clases en Berkeley, después de muchas vueltas. No se trata de conferencias magistrales ni de auditorios repletos de gente. Se trata de un curso donde la cercanía con el profesor es clave, donde hay un “ida y vuelta” con los estudiantes como muy bien lo determina cada capítulo del libro en el que hay una exposición de Cortázar y luego preguntas del público. Tanto en la exposición como en las preguntas, uno puede asomarse a la frescura de un cronopio que siempre quiere estar cerca y busca por todas las maneras posibles desacartonarse, quitarle ese aire de solemnidad que puede dar la fama. Cuando digo frescura, quiero decir también profundidad, porque cuando Cortázar encara la cuestión del cuento en América latina, uno puede asomarse a sus lecturas, a sus percepciones y a su cabeza. Un lector voraz e inteligente. Un lector, como el mismo lector que Cortázar busca para Rayuela, el lector cómplice, que no se deja llevar así nomás. Entonces, la frescura no es una frescura “light”, una pasadita por lo literario con algunos condimentos de erudición más la típica opinología a la que estamos acostumbrados. No, para nada. Hay en su frescura, la espontaneidad de quien mantiene viva la literatura dentro de sí. No puedo dejar de transcribir un parrafito que me parece de lo más cortazariano por su sencillez y por su cotidianeidad: “Voy a hacer una aclaración práctica previa y es que, además de estar los lunes en la oficina del Departamento, voy a estar también los viernes porque, según me dicen, en la secretaría ha habido muchos estudiantes que tenían algún motivo para verme y hablar conmigo y esas reuniones de una sola mañana, en la oficina, desde luego no son suficientes, de manera que se lo indico por si alguno de ustedes quiere verme: estaré los lunes y los viernes de nueve y media a mediodía… Lo que me gustaría es poder verlos a cada uno, y a veces en conjunto también, de una manera más espontánea, porque algunos de ustedes han ido llegando cada media hora a la oficina y –se lo dije a uno de ellos- tengo la impresión de ser un dentista que estoy esperando cada media hora a un paciente, y el estudiante también se siente un paciente, lo cual no es agradable para uno ni para otros…”
Este pequeño párrafo corresponde al segundo encuentro con Cortázar, cuyo tema era “El cuento fantástico 1”. Entre los temas que se exponen está el cuento, en su vertiente fantástica y realista, y luego la literatura y el humor, la literatura y lo erótico, el aspecto lúdico, “Rayuela”, “El libro de Manuel”, etc. En cada uno de los capítulos, Cortázar aborda estos grandes temas de la literatura con solvencia e inteligencia, y al mismo tiempo incorpora (tanto él como las preguntas de los alumnos) su propia obra. No hay ningún tipo de pudor ni ningún tipo de soberbia. Con naturalidad los alumnos le preguntan acerca de su obra. Y Cortázar, responde con la misma naturalidad con que los alumnos han hecho la pregunta. Porque, seamos sinceros, si tuviéramos a Cortázar delante nuestro durante un curso de 13 horas, ¿no nos interesaría conocer la “cocina del escritor”, “el laboratorio de su escritura”? Así, las preguntas son del tipo: “¿cuál considera su mejor cuento?; ¿qué estilo de trompeta toca usted?; Oiga usted, la Maga era una gente primorosa, ¿por qué no dice algo respecto de ella?”
Cortázar no solamente responde las preguntas, sino que muchas veces pide permiso para ilustrar lo que está diciendo con los mismos textos a los que está haciendo referencia. Así, por ejemplo, para explicar la concepción del tiempo en el cuento fantástico, recurre a su cuento “El perseguidor”, y lee un largo párrafo en el cual uno puede darse cuenta que lo que piensa Cortázar a nivel teórico es exactamente lo que escribe a nivel de la ficción. Gran lección del Cronopio que –ya sabemos- descree de la realidad tal como se la concibe, sino que más bien hay muchas realidades que emergen en –digamos- esta realidad que llamamos… realidad.

Para todo aquel al que le guste Cortázar, sepa que este libro va a agradarle por muchos motivos: por  un lado, hay grandes párrafos en los cuales volvemos a leer su obra, por otro vemos a un Cortázar diáfano y claro, mostrando su cocina literaria y, como si esto fuera poco, asistimos a sus lecturas personales y a su manera lúdica y simpática de aprender y educar. Esto que celebramos todos no fue tan celebrado por el departamento de la Universidad, como lo refiere Álvarez Garriga en el prólogo, citando una carta de Julio a Guillermo Schavelzon: “Mi curso en Berkeley fue excelente para mí y creo que para los estudiantes, no así para el Departamento de Español, que lamentará siempre haberme invitado; les dejé una imagen de `rojo´ tal como la que se puede tener en los ambientes académicos de los USA, y les demolí la metodología, las jerarquías prof/alumno, las escalas de valores, etc. En suma, que valía la pena y me divertí”.
Interesante apuesta la de Berkeley… ¿y aquí? ¿Para cuándo piensan las universidades cordobesas traer a Abelardo Castillo, Diana Bellessi, Ricardo Piglia, Leopoldo Brizuela, Jorge Boccanera o Alejandra Laurencich para, en un curso, tener un “mano a mano” con los estudiantes?
Publicado en Hoy Día Córdoba

Leandro Calle




Trilogía culinaria




Preludio apocalíptico
El portazo retumbó como martillazo sobre yunque
el eco metálico hizo sangrar los oídos:  zumbidos sordos
rechinar de dientes, sonidos apocalípticos, terremotos,
hambre, pestilencia, señales del cielo, del sol, de la luna
y de las estrellas… Paralizada y ciega, lloró
miles de perlas se suicidaron esa noche.

La ventana vibro, el cristal se partió y otra vez lloró

Lloró perfectos primas que se descompusieron en
colores sobre el sofá. Cuchillos como espadas, bandejas
como escudos, municiones de plata y una batalla sin final
escuadrones de arañas dispuestas a matar a
ejércitos de jinetes en caballos: rojos, verdes, amarillos.

Sonidos de trompetas, mujeres, dragones, bestias, ángeles y corderos.

Tormentas de langostas asesinas acecharon la cocina
durante lo que pareció era una eternidad: siete días de agonía.

Enjuagará Dios toda lágrima de los ojos der ella y ya no habrá muerte ni
habrá más llanto, ni clamor, ni  dolor porque las primeras cosas pasaron

Bienaventurados los que sean invitados a cenar.


Cena para dos
Sintió su presencia por todos lados
la sintió en la casa, en el aire
la sintió en la tez.

No estaba, ella no estaba

Se encerró  hasta retener el perfume de la esencia
que persistente y embriagadora oscilaba colgada de
la telaraña letal.

Su esencia, que vainilla bailaba jazz
galopaba montada del suspiro de la sopa
“sopa de caramelo y gotas de mar café”. Y ella
todavía con sus lentes oscuros de mujer invisible.

Sintió su esencia que estaba por todos lados:
la sintió en la casa, en el aire y la sintió en la tez.

Se encerró en la habitación hasta convertirse
pupa de mariposa que en las sábanas se le pegaba la miel.

Se sentó en el jardín hasta que se le enredara el aroma
puro de la orquídea, el sabor azúcar de la vaina carnosa,
la luz, el tacto y el sonido de otro en los propios pliegues de la piel.

Se sentó en el jardín y sintió junto al
cardenal rojo el revelado del sol en las alas
el crujir melancólico de la madera aprisionada por la liana
el aroma a vainilla flotando, brotando y creciendo en el aire
entonces recordó que, aún conserva en el freezer un trozo de carne
muy parecido en tamaño, forma y color al modo y ritmo de latir de
su propio corazón.
Ahora ella que estaba presente embriagada de sabores y
perfumada por inciensos decidía en cómo preparar con él y
la vainilla una deliciosa cena para dos.



La cena estaba servida
La vainilla se propagó como hiedra en la cocina
del muro crecieron perfumadas y suculentas vainas pulposas.

En el mantel, las cenefas bailaban al son de la lluvia
y en la higuera, los frutos maduros caían como piedras sobre el pastizal.
la sopa re-borboteaba, las burbujas explotaban,
los líquidos hervían y bullían y el corazón arriba de la mesa
brotando en sangre y palpitando cardiacamente a punto de estallar.

El gato anunció maullando su llegada
la madera crujió delatando su presencia y esencia en el portal
su aura se filtró por la mirilla de la puerta,
un rayo partió la tierra, la luz creció
los ríos crecieron, los caracoles crecieron, la respiración creció, todo creció.

Tragó el nudo de la garganta antes de ahogarse.

La puerta se abrió
las arañas exhaustas de segregar saliva terminaban la trampa mortal
trenzaron deliciosas sábanas de seda, bálsamos de miel.
“La cena estaba servida, la sopa hervida, la cama tendida”

la saboreó, lo saboreó, la degustó, lo disfrutó
se le hizo agua en la boca, tragó, respiró…

Lo invitó reposar, a forjar una realidad imaginaria
un letargo de imágenes, sonidos y sensaciones de un tiempo que
quedó atrás, sabanas de seda lo esperaban, ensueño eterno
descanso perpetuo.

Tierra húmeda, lluvia en la cara, raíces como cuerpo
una luz cegadora petrificaría el lugar: una foto, un momento
un retrato en blanco y negro guardado, escondido o archivado
en el último rincón del cajón de un placard.

Poemas  pertenecientes a la serie Trilogía Culinaria, Buscador, Antología Ilustrada por Juan Longhini


Noelia “la coca” Ruffino Nació en Córdoba en 1984, es técnica en algunas cosas pero sobre todo autodidacta. Le sientan muy bien las cucharas y cucharones. Su primer contacto con la escritura surge en un viaje por América Latina redactando sus experiencias en forma de diario de viaje. En la poesía descubre otra forma de seguir viajando pero por sobre todo una amiga incondicional.




Y fueron felices
                                                                                               
Olvidaron pronto
el vértigo del cielo:
hicieron una casa,
compraron una cama,
y desde allí emigraron
rumbo a la cálida
pradera del corazón.

Ávidos de travesías
recorrieron caminos
de diálogo y café,
sobre un mantel gastado.

Cultivaron un jardín
sólo para buscar
complicidad entre las rosas.

No comieron perdices,
pero hicieron nido,
y a cada sueño
de libertad y vuelo
lo nombraron hijo.

Lejos del sol que templa
la vida de los hombres,
queriéndose, supieron
del vértigo y del cielo.

Felicidad 
fue compartir el pan,
la casa y el misterio.
Al cabo del tiempo,
se tendieron a morir,
ala con ala,
bajo el techo.


Alfonsina Clariá











Saltar a ninguna parte




el poema no tiene cielo
como no tiene fondo ni altura para
saltar a ninguna parte

apenas si soporta el peso del mundo
vaya uno a saber cómo

está al corriente
de todas las novedades
pero los que valen
parecen puños
en la galaxia equivocada

dice firme en un tráfico de palabras
que no serán absueltas

es capaz de hurgar
en el orificio de la
cabeza de trotsky
hasta hallar esa flor de tamarisco
que aún respira

suele despreciar la rapidez
y sólo apuesta fuerte
cuando el viento se agota
y se retira

   el poema no tiene cielo
pero sus mandíbulas
agitan la morosidad en esta comarca

acaricia la muerte y la vida
con la misma mano

duerme en ese umbral con los ojos abiertos

Sergio Pravaz

de “El guitarrista no sabía música” (2013)







Maldito vicio de no decir nada
Sangrando diccionarios por no sangrar el alma
Maldito estigma de las estatuas
Que nos condenan al tiempo que dura una palabra

Guido Guidi

Digo presente

La gota de la canilla
me estuvo marcando el ritmo
toda la noche

Y no sé por qué
recuerdo aquellas campanas
cada 15 minutos
a 50 metros
de mis esposas
durante 13 días

la gota de la campana
tañe incesante
para que no me duerma

Guido Guidi  Nació en Córdoba en 1955. Poeta y cantautor. Activo impulsor de los talleres juveniles de SADE en los años 1983-1985. Fundador junto a José Sablich del Grupo Literario Arte y Parte con el cual desenvuelve intensa actividad entre 1983 y 1989 con proyectos tales como “30 mil memorias en poema”, “Memoria y vuelo, barriletes por la vida” y “¡América al fin!”, procurando acentuar el compromiso con la memoria colectiva y la construcción de nuestra identidad como pueblo. En 1996 integra como compositor y músico el duo “Aguas claras”, luego el trío “Medio Sexto” (junto a Adriana Céliz y Lili Zabala). Co-autor del Proyecto Musical “Músicas nuestras”. Coordinador de “poesía y memoria” en el marco del I Festival Internacional de Poesía de Córdoba (2012). Participó en el cierre del I Festival Internacional de Literatura de Córdoba en la actividad “Nos leemos” que reunió a 20 escritores locales.  Ha publicado en números antologías y ditado plaquetas y libros: “Poemas necesarios” (2010, Narvaja Editorial) ,”Estrofas para ser actuadas” (2007, Editorial Babel), “Mi lengua en estos días” (plaqueta)





Mujer en el sótano de los ciegos


Rota de locura
derrama paciencia
se entrega al insomnio.

Una mujer
rostro de virgen
muere
en el sótano de los ciegos.

*

Sus manos tejen
nubes de miedo
esa mujer se quiebra
como un puente de vidrio.

El mundo se humedece.

Se oyen gritos
en la noche de agua. 


Ivana Szac



MUJER ROJA




Se muda a una calle
de roja profundidad
vuelca su sexo
en el centro del espejo.

Con labios de azúcar
cabellos de alga
juega
y derrama su rabia
como una prenda íntima
abierta al abismo.



Esa hembra
galopa enfurecida
caballos de viento
en tierras pantanosas.

Nadie puede atar sus pies.
Su corazón de fuego
nunca duerme.

Ivana    Lorena    Szac  Nació  el 9 de septiembre de 1980 en Ramos Mejía, Bs. As. Es docente de nivel primario, animadora y estudiante de la carrera Bibliotecología. Concurrió a varios talleres de poesía.  Desde el año 2013 realiza con  la poeta Laura Yasán.  Publicó sus poemas en varias antologías. Fue invitada al evento "Grito de Mujer" realizado en Rosario. Fue invitada a leer a Santiago de Chile y a Valparaíso, como así también a radios. Sus libros publicados son: "Gritos en mis ojos", 2009. "Mujeres y tabaco para la luna",  2012. “La Noche es una mujer que duele, 2014. Presentado en la ciudad de Mar de Plata, Villa María y Córdoba. Actualmente Ivana, da talleres de poesía  a  jóvenes y adultos en forma individual, grupal o virtual.  Contacto: ivapoetisa2012@yahoo.ar 





Crónicas Literarias
Mi encuentro con Roberto Fernández Retamar en Casa de las Américas
por Gabriela Bayarri


Cuando lo escuché leer su poesía, sentí que estaba frente a un verdadero poeta y también a un ser humano especial, luminoso, humilde, claro, con una delicada sensibilidad, y una generosidad desbordante. Sus palabras me iban sumergiendo en un océano de emociones, como si yo hubiera estado dormida, y desde ese momento, florecieran todas las sensaciones en mi cuerpo, la alegría y la tristeza se mezclaron a tal punto, que mis ojos se llenaron de lágrimas inexplicables cuando terminó de leer. No estaba triste, sino, profundamente conmovida.       
Detrás de la mesa del bar donde él leía, un alto ventanal de cortinas rojas que da a la Avenida de Mayo (Buenos Aires) enmarcaba la escena. A través del amplio cristal se veían pasar la gente y los autos, ajenos, apurados, algunos se asomaban para ver qué pasaba en esa tarde gris, en ese bar donde nos reunimos unos cincuenta amantes de la  palabra poética e incondicionales admiradores de la Revolución Cubana.  
Así fue mi encuentro personal con el poeta cubano Roberto Fernández Retamar, en el Bar Iberia, en Buenos Aires, dentro del Festival Internacional de Poesía, en el mes de abril de 2012. Después de escuchar una intensa y enriquecedora entrevista que le hizo Víctor Redondo, con mi timidez a cuestas me acerqué y le regalé libros con poesía de  Traslasierra. Apenas cruzamos unas palabras, todos querían acercarse a él, y la marea humana me fue alejando, expulsando.  
Yo había leído un libro suyo, “Las cosas del corazón”, que me traje de Cuba en el año 2001, de la librería La Moderna Poesía, ubicada en la calle Obispo de la Habana Vieja. También lo leí en una antología de poetas latinoamericanos, donde encontré ese bello poema de los enamorados que dice  “Si un hombre y una mujer atraviesan calles que nadie ve sino ellos/calles populares que van a dar al atardecer, al aire,/con un fondo de paisaje nuevo y antiguo más parecido a una música que a un paisaje/ si un hombre y una mujer hacen salir árboles a su paso,/ y dejan encendidas las paredes/y hacen volver las caras como atraídas por un toque de trompeta/”…
Desde entonces fui profundizando en su poesía y en su vida, y fue creciendo mi admiración hacia este poeta, ensayista y promotor cultural, que estuvo desde los inicios  de Casa de las Américas, en 1959, junto a su fundadora Haydeé Santamaria; y hasta 1980, cuando murió la heroína del Moncada, en los años sucesivos, en la organización de conciertos, encuentros, exposiciones, lecturas y diversas actividades culturales que distinguen a esta institución. Desde 1965 dirige la revista Casa de las Américas, que reúne a prestigiosos intelectuales que colaboran desde toda Latinoamérica.
Desde 1986 es  presidente de Casa de las Américas, a la que muchos llaman La Casa, porque es un espacio abierto y fraterno, que busca la unión de la cultura de Latinoamérica a través del arte, donde músicos, pintores, poetas, ensayistas, novelistas, escultores y artistas de todas partes, llegan para compartir sus obras y sumarse a este colectivo cultural.  
Argentinos notables pasaron y participaron activamente en La Casa: Julio Cortázar, Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, David Viñas, Ezequiel Martínez Estrada, por mencionar algunos, otros tantos ganaron en distintos géneros el Premio Literario Casa de las Américas.  
Hace algunos meses decidimos volver a Cuba, y entonces comencé a soñar que allá podría conocer personalmente a Fernández Retamar, busqué y busqué por Internet, sin muchas esperanzas, hasta que un día encontré una dirección de mail. Después de varias semanas decidí escribirle y contarle de mi admiración y mis deseos de conocerlo.
A la semana recibí la respuesta, ese día creo, comencé a creer en los milagros, estaba ansiosa y muy feliz; el mail simplemente decía:   
De Presidencia Casa de las Américas:
Estimada poeta:
Lamento que no hayamos conversado en el Bar Iberia, la última vez que estuve en Buenos Aires. Pero podemos hacerlo cuando usted venga a La Habana entre el 8 y el 9 del próximo mes.
Le sugiero cuando llegue llamarme a mi teléfono en la Casa de las Américas. Le reciproco el saludo afectuoso.
Roberto Fernández Retamar
 Llegué a La Habana el pdo. 8 de julio, como a las cuatro y media de la tarde, el calor era agobiante y como sólo iba a estar esa tarde y al día siguiente, sabía que contaba con escaso tiempo para concertar el encuentro. Apenas entré en el cuarto del hotel, pregunté a René, el maletero, un cubano sonriente y alegre, de unos sesenta años, a qué hora dejaba la gente de trabajar porque debía hacer un llamado urgente. Todos dejan de trabajar como a las cinco de la tarde y ya casi era esa hora. Me preguntó a dónde quería llamar, le expliqué rápidamente que escribía poesía y que el llamado era a Casa de las Américas. Sin dudarlo, René sacó un celular del bolsillo y me pidió el número, marcamos y atendieron, me pasaron con la secretaria de Retamar, le expliqué que venía de Argentina y que quería conocer al poeta, y que eso debía ser al día siguiente, pues en  mi cronograma de viaje solo estaría unas horas en La Habana. Las condiciones no parecieron gustarle mucho. Me preguntó en qué hotel estaba y el número de habitación. René, que seguía allí, esperando, me iba dictando todos los datos. A los quince minutos sonó el teléfono de la habitación,  era la secretaria, para decirme que el Doctor tenía una serie de actos al día siguiente, pero que me podría recibir como a las 11 de la mañana.     
A la mañana siguiente emprendimos la caminata hacia la Casa de las Américas en el barrio El Vedado, a unas diez cuadras de donde nosotros estábamos, de paso íbamos conociendo este barrio tradicional y esplendoroso, con calles empedradas, árboles frondosos y sus flamboyanes florecidos de un naranja intenso; el aire marino que venía desde el Malecón y casas majestuosas de estilo francés o art decó. 
Por fin llegamos a La Casa, a orillas del mar Caribe, en la intersección de las calles 3ra y G. La Casa está sobre un ancho boulevard, la Avenida de los Presidentes y el Malecón, la avenida que bordea el mar que bordea La Habana. Es una esbelta torre, de un gris que no coincide con su interior, y tiene un gran mapa del continente americano en su frente, su puerta de entrada mira hacia el océano y siempre está abierta.
Después de presentarme en la recepción, una breve espera y me hicieron subir al primer piso, había salas de exposiciones de arte por todas partes, afiches de eventos, un gran mural del Che Guevara, pinturas, libros, grabados; hacia donde uno mirara se encontraba el arte. Una cubana joven me saludó y golpeó una puerta blanca, entonces él abrió, se sonrió y nos hizo pasar a su despacho. Es alto y delgado, a sus 84 años, que cumplió el 9 de junio pasado, aún conserva gran vitalidad y una lucidez intelectual increíble. Yo lo abracé y sentí una emoción indescriptible, nos invitó a sentarnos en unas hermosas sillas de madera, esterilladas. Inmediatamente me entregó de regalo y bienvenida la última edición de Casa de las Américas, que hojeé con placer, es voluminosa y contiene ensayos, fotos y poesías. Conversamos. Enseguida estábamos recordando al Che Guevara (tiene una hermosa foto del Che recostado en un balcón, al lado de su escritorio);  y vinieron los nombres de Haroldo Conti,  Julio Cortázar, Eduardo Galeano. Le llevé de regalo la obra poética completa de Francisco “Paco” Urondo, sabía que habían sido amigos entrañables, el libro voluminoso, de edición argentina llegó a sus manos, que lo acariciaron mientras lo observaba detenidamente, pronto se levantó a mostrarnos una foto, donde se los veía riendo, los dos muy jóvenes.
Después nos mostró una foto del Che, posando, en un helado paisaje de Irlanda, nos dijo que esa foto está inédita, la guarda con el cuidado de una reliquia y tiene para él un valor especial.
Le explicamos de qué parte de la Argentina veníamos. Después, le fui entregando los libros que había llevado de regalo, el último número de revista “Asueto, hojas de poesía”, la antología “Poemas de la Sierra Grande” (poetas de Traslasierra), selección de Andrés Utello, “De una palabra a otra” de Alejandro Nicotra, el boletín Tomá de Acá, con poemas de Laura López Morales y Alexis Comamala, “El origen, la alianza y la ruptura del PRT”, de Ricardo Di Mario, “La Patria Fusilada” de Paco Urondo, que generosamente donó la Editorial Tierra del Sur, y un par de ejemplares de mi libro de poemas “Presagios”.
Llevé la antología con sus poemas “Una salva al porvenir”, que se editó en Argentina, y le pedí que me la firmara. Lo hizo levemente, sacando una hermosa pluma de su bolsillo izquierdo, por supuesto.  Hablamos de Cuba hoy, que se está abriendo al capitalismo, y ahora tiene cuentapropistas y servicios tercerizados, y dijo coincidir con esta apertura que lleva a cabo Raúl Castro.
A mí me parecía increíble estar viviendo ese momento, estar compartiendo y representando a mi país en Cuba, en Casa de las Américas, estar junto a mi querido y admirado poeta Roberto Fernández Retamar, y agradezco a la vida y especialmente a mi compañero Roberto “Tito” García por haberme insistido y creer en mí y a Sol García, mi hija del corazón, que iluminó todo nuestro viaje e hizo magistralmente la tarea de reportera gráfica, para plasmar ese momento. Después nos despedimos, una foto, un beso y un abrazo.
Ya en la planta baja, no pude dejar de entrar a la Librería “Rayuela”, adentro me encontré con un cubano de 82 años, de apellido Navarro, con quien estuvimos conversando más de cuarenta minutos de poetas y música. Me confesó que él también escribía poesía y me recomendó algunos poetas cubanos que me anotó en un papelito. Con su hospitalidad y simpatía, y habiendo conseguido varios cd de la colección de Voces de Nuestra América (Gonzalo Rojas, Alejo Carpentier, Gabriela Mistral…). Concluí mi visita.
Cuando salí de la Casa, sentí que ahora ya era parte de ella. y comprendí cabalmente, porque la hospitalidad de los cubanos me lo hicieron sentir, que La Casa (como dice su lema) era ahora también mi casa.

Gabriela Bayarri

Ese vecino del barrio…

                                                        
A Mario Jofré Gutiérrez, poeta y vecino del barrio



Ese vecino del barrio
era perseguido por el olvido,

ese señor era sutil
y sencillo,

era valiente y sereno,

ese señor,
padre de barbas vegetales,

era la sangre del vino
y era el pan de los amigos,

ese doctor de la ley
era anarquista
como las flores,

ese lector era lector de mujeres
y conversaba en francés con los decadentes
auténticos,

ese lector traducía sonetos
y componía tercetos de amor,

ese abuelo era un Algarrobo Abuelo,

ese abuelo era una Catedral de Pájaros,

era la Semilla en el patio,

era la Vida Verde
y era el Espíritu Santo,

anticlerical
y sacerdotal,

orgiástico y melancólico,
saturnino

y femenino
- femelino-,

ese vecino
era la Musa
encarnada,

era la sombra por las mañanas
en La Punta del Cerro de los Venados,

ese poeta era la madrugada
cuando despunta
su misterio

de amores y desamores,
de destinos cruzados, argentinos…

¿El miedo no le temía,
el amor no lo invadía?

Su música es el Verbo.
Gabriel Marco





A veces, como las avispas,
hacemos nidos
con fibra de recuerdos
masticados.

Otras, nos defendemos
simulando ser hojas mustias
como un insecto de Java.

Aún sintiéndonos hormigas
en pleno desierto,

construimos nidos paraguas
hacia el cielo que no tenemos.
                                 
Cristina González





El umbral
A Gustavo Parada Aguirre,  poeta chileno

Al poeta la distancia le ha quebrado la voz. Justo cuando estaba de pie y miraba desde allí su tierra de luces y desaparecidos.
Demasiado extranjero, conoce el país de la soledad y está expuesto a los dientes de una Córdoba que lastima, que llora cuando el cielo se parece al fondo de los ceniceros.
El poeta advirtió cómo se le escapaba la firmeza, cómo las palabras salían desesperadas del papel en busca de identidad. Y lloró el olor de Santiago, las madrugadas y la esperanza un poco viva, un poco muerta que devuelve el mar.
Quién sabe si en verdad los poemas, para cerrarse, no deben quedar a la mitad, como vencidos pero alertas. Quizá el final de un texto no llegue con el punto definitivo, sino cuando algo irrumpe en la garganta. Y uno debe dejarlo así, al poema y a la pena, desnudos en la oscuridad anárquica porque se ha cortado la luz.
Entonces el hombre, acodado a la barra del bar, está también asomado en el umbral de los vacíos, en el umbral de algún amor remoto o en brazos de su madre cuando ella aún ignoraba que el muchacho saldría poeta. Que iba a ponerse de pie por los que no pudieron para nombrarlos ante una bandada silenciosa.
Dice que no puede seguir la lectura. Que algo dentro suyo ha erosionado su voz. No sabe él, nadie lo comprende todavía, que a los poemas a veces hay que dejarlos, no forzarlos, porque al final siempre son los otros, los extraños que nos rodean, quienes lo completan.
Una noche de estas empuñará su libro. Verá la quietud cómplice de las palabras y detrás de ellas, el mar a punto de decir algo.
Y verá su tierra, Chile, ya no tan lejos. Y terminará el poema.

José Santiago


Los frutos del cuerpo / Abdellatif Laabi



Me das la mano
lo que en verdad es darla
Y tú sabes hasta dónde
irá la mía
Primero acometerá
a nuca satinada
Descenderá para alejarse
entre montes y valles
Después se dirigirá
hacia la perla flotante
vivaque de tus delicias
 *
Cuando tomo
la iniciativa
no hago más que obedecer
Entonces, díctame
Tu sabes que soy
un buen escriba

*
¿Cansarme yo
rezongar de la tarea divina?
Soy un forzado
que pide más

Nunca me he inclinado
delante de ningún poder
Delante de ti

oh soberana mía
 *
Sin abluciones
hago mi plegaria
completamente desnudo
Y me parece
que al cielo le agrada
 *
No importa la edad
en el amor
todos somos
debutantes
 *
La cama de los amantes
gira
alrededor del sol
a plena noche


Abdellatif Laabi (Fez1942) es un poetatraductor y activista marroquí, exiliado en Francia desde 1985.
Profesor de francés y activista miembro del movimiento opositor Ila l-Amam, fundó junto con otros poetas marroquíes la revista literario-artística Souffles en 1966, y aunque la pretensión primera era trabajar sobre la literatura, cristalizó buena parte de las aspiraciones de muchos creadores marroquíes (dramaturgos, cineastas, pintores, etc), convirtiéndose en catalizador de sus obras. La publicación fue prohibida en 1972, pero a lo largo de su corta vida, se abrió a las culturas de otros países del Magreb y del Tercer Mundo.
Abdellatif Laabi fue encarcelado, torturado y condenado a diez años de prisión por "delitos de opinión" (por sus creencias políticas y sus escritos) y cumplió prisión de 1972 hasta 1980. Luego se le obligó a exiliarse en Francia. Laabi ha vivido en París desde 1985, y desde 1988 es miembro de la Académie Mallarmé. Laabi ha sido un defensor de otros escritores perseguidos por su trabajo.
Recibió en 1979 el Premio Internacional de Poesía, concedido por la Asociación de las Artes de Rotterdam; en 2009 el premio Goncourt de poesía, y el Grand Prix de la francophonie de l Academie francaise en 2011.


 Los Frutos del cuerpo, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2012
Traducido por Leandro Calle




Sobre el búho y las lechuzas
El habitar y poblar el templo de Palas Atenea le dio a la lechuza fama de astuta, de sabia, y hasta de vidente.
Venus misma se transformaba en búho.
La primera moneda que existió fue la lechuza griega, imagen que se conserva en los céntimos del Euro.
Entre nosotros sirvió mucho tiempo como blanco a los cazadores frustros. Hasta que una investigación demostró que la lechuza mantenía estable la población del ratón maicero, vector de nuestro “mal de los rastrojos” o fiebre hemorrágica argentina.
Entre los escandinavos, era una lechuza la que cortaba el hilo de la vida, hilo que las otras dos parcas fabricaban y tejían.
En nuestro campo pasa como ave de mal agüero y la gente se persigna al oír su canto. Sobre todo si te trata de un “lechuzón”, habitante de la noche, silencioso, considerado como agente del mismo diablo.
Actualmente se la visualiza como un ave benéfica y protectora.
Mitos y Leyendas
Muchas son las supersticiones que han rodeado a lo largo de la historia a las rapaces nocturnas, quedando reflejadas en mitos y en leyendas que han llegado hasta la actualidad. ¿El motivo? Probablemente se deba a sus hábitos nocturnos y a sus peculiares cantos. El Búho Real (Bubo buho) y la Lechuza Común (Tyto alba) son las dos especies que se han visto afectadas en mayor medida por estas historias. Ambas han tenido siempre diferentes interpretaciones dependiendo de la zona geográfica y de la cultura. Los mitos relacionados con el búho suelen ser duales, es decir que independientemente del origen de la leyenda, se le asocia con dos conceptos normalmente opuestos. Así, en algunas tribus de indígenas de Norteamérica, se decía que el búho brindaba al ser humano protección y ayuda en la oscuridad, mientras que en otras era considerado mensajero de la muerte. De la misma manera, los Mayas le consideraban mensajero del inframundo y a su vez simbolizaba la fertilidad.
Desde la antigüedad clásica han sido asociados con el conocimiento y la cultura, quizás debido a su penetrante mirada. Asimismo, en la mitología griega también se les vinculaba con Tropos, siniestra deidad que cortaba el hilo del destino. También han sido considerados como símbolo de timidez debido a su vuelo sigiloso y hábitos nocturnos. La lechuza ha sido relacionada igualmente con diversos significados.
En el antiguo Egipto representaba la noche, el frío y la muerte, o también la videncia. En el simbolismo cristiano ha tenido también diferentes interpretaciones. Sus hábitos nocturnos han sido tomados como temor a la luz, y por tanto se le ha considerado emisaria o agente del diablo. En algunas representaciones pictóricas de ermitaños aparecía una lechuza, como símbolo de soledad. Es el ave que ha tenido mayor influencia en el folklore popular debido a su estridente canto, siendo la causante de numerosas historias fantasmagóricas.
También hay que hacer una mención especial al mochuelo (Athene noctua), introducido a veces en la leyenda de la diosa Atenea, donde aparece como su animal sagrado (aunque existe un debate abierto sobre si era un mochuelo o una lechuza realmente) simbolizando el brillo penetrante de la mirada de la diosa y su sabiduría. Fue por tanto, símbolo de la ciudad de Atenas, y aparece representado en monedas antiguas y modernas (los actuales euros griegos). Aunque en algunos casos al mochuelo también se le consideró como un signo siniestro o fúnebre, en algunas tribus alemanas y escandinavas aparece en sus leyendas populares como un espíritu libre del bosque.
Un mínimo conocimiento de estas aves, demuestra que nada tienen que ver con los significados que se les vienen atribuyendo desde la antigüedad. Afortunadamente, ya no se les ve como animales temibles o malignos, sino como especies sensibles con problemas de conservación graves, que requieren de nuestro respeto y concienciación.


Héctor Aldo Valinotti


EL REVÉS  de Jorge  Ledesma



El Revés (el escritor en su sombra) es la nueva novela de Jorge Ledesma. Nacida en el paisaje de Córdoba, esta historia es un gran desafío para el autor ya que él mismo se ve involucrado, poniéndose en la piel del personaje.
Es una ficción en la que encontramos a un escritor viviendo el dolor, la angustia y la búsqueda permanente de su identidad. Demostrando constantemente la necesidad de defender sus convicciones y despojarse de todo. El ser humano se encuentra siempre en la búsqueda de su destino. Búsqueda en la que se encuentra envuelto Ismael, llevándolo al límite. La literatura es un arma potente, pero que debe utilizarse con sumo cuidado. Puede llegar a cambiar muchas cosas, incluso a él mismo.
Aparece una mujer que será su fuente de inspiración. Sacará de él toda su mejor parte hasta que quede vacio y expuesto al cambio.
El lector se verá envuelto en una historia de misterio, acompañando al personaje principal en perseguir respuestas sobre todas las situaciones en las que se ve involucrado. En una parte dice el protagonista principal: “…La importancia  que significa poder haber descubierto que escribir es más que tener una actitud egocéntrica. Es poder convivir con distintos sectores postergados de la sociedad, ser el instrumento que a ellos les falta para ser tenidos en cuenta y generar un nexo de comunicación y diálogo para ser considerados”.
El libro fue  editado por Tinta Libre Ediciones de Córdoba y  fue presentado en la Feria del Libro de Córdoba Septiembre 2014.  Es el segundo libro de Jorge Ledesma, ya que el primero  “Detrás de mi…Esos idiomas perfectos”, fue editado en el año 2013.Jorge Ledesma nació en Comodoro Rivadavia, Chubut. Luego vivió su infancia y adolescencia en el norte argentino. Finalmente se radicó en Córdoba en 1983, donde vive en la actualidad. Es fundador de una Biblioteca Popular en el año 1999.Participo en el concurso Internacional de poesía y Cuento auspiciado por la SADE, logrando ser finalista con dos poemas Los Miedos y Fríos eternos. Pertenece al grupo literario La Bandada, constituido por poetas y narradores de Córdoba.




Poemas de Liliana Quinteros

¡Sale la visita!
Salen las reas, las cómplices, las hijas de perra, las imbéciles, proclama la dictadura policial.
Salen las heridas abiertas…
Salen a poblar el mundo.
*
Cae el objeto nombrado vaso
 V A S O
La o se revienta contra el piso, lo vulnera, la s se hace trizas contra l a o y la a contra la s…. Pero la v permanece suspendida entre el estar y no estar…
Gotas de licor en su hueco tibio, rojo carmesí de boca de mujer.
La v no cede.
Presiente otro destino.
*
Silla. Vacía. No porque él está muerto. Vibra con su intensidad, se revientan sus alas contra el metal, se deshace, viaja desde la cima al canto.
No está muerto.
Lo han lapidado.
                        Y la silla aguarda.
*
La palabra que se desprende del sueño terrenal, la palabra que salvará al mundo: Desobediencia.
Otra  palabra: Profundidad: perro rojo olfateando furias.
*
La ría. No el río. La ría. La o la petrifica y el agua se estanca, carente de movimiento. La ría, femenina. Curvatura y transparencia. Lo masculino está inmóvil.
Debe aun atravesar el viento.
Epilogada por qué, por quién, por dónde?
No. Jamás epilogada.
Trasvasada. Pequeño ser que va destejiendo, decodificando, y eso, ahora en este instante, huele a peligro, a doctores proclamando insanias. Pero sigo destejiendo hasta llegar al último punto. El camino es al revés. Y el revés me llevó a la morada del fin del mundo.
Para ver, un día, como caen los muros, para presenciar ese final.
El verdadero epitafio.
*

Liliana Quinteros



En el camino




Te empecinas en 
dejar un rastro, 
una huella,  
que señale tus pasos 
por aquí. 
O una marca, 
algo que te identifique. 

Para que sepan que has estado en el camino. 

“Si no estarás 
condenado al olvido”, dices.

Peor que la muerte  
el olvido presupone
el no ser. 
Y a pesar de todo
no serán muchos  

los que te recordarán.

Eduardo Alberto Planas







PERSISTENCIA RETINIANA
Los almanaques
avanzan en torrentes
sobre un tiempo escarlata y sin tino
en tanto mis señales perseveran
en la memoria ociosa del espejo.
Allí están todas. Las mujeres que fui
y aquellas que ya no soy
Ésas. Las innombrables.
Las que se eluden en toda biografía
las ilegibles en todas las lenguas
las del alma en cabestrillo
las del alba tan oscura
como la próxima noche,
las que son liquen pegajoso
en las paredes del inconsciente.
Las negadas entre todas las negadas.
Las que decidí no ser
y hoy se aprietan en las estanterías
de mi historia
con persistencia retiniana
en la memoria ociosa del espejo.

Noemí Correa Olivé

Noemí Ma. Correa Olivé nace en Rosario, actualmente vive en Corral de Bustos (Córdoba). Profesora en Historia y Educación Democrática, con postítulos en Investigación y en Gestión Educativa, publica artículos periodísticos, investigaciones, dicta cursos sobre Ciencias Sociales, ofrece disertaciones en distintas instituciones y en programas de televisión. Interviene en encuentros literarios y es integrante del Coro Estable de Corral de Bustos. En 2005 publica junto a otras tres autoras el libro de poesía “Cuatro Mujeres”. Sus escritos, en verso y en prosa, obtienen reconocimientos y son publicados en numerosas antologías. En 2009 publica su libro “Luna Escondida en Laberinto” y en 2013 “Mujer con Impronta de Arco Iris” en virtud de haber obtenido sendos premios en Poesía.





Con el calor
florecen las camas en el patio

blancas
desiguales

una constelación secreta
bajo mil novecientas estrellas

contarlas
es ir entrando en la ofrenda blanda
de los grillos de lejos

en la luz diminuta
del espiral encendido

en la casa del fondo
sola
extraña
con los ojos abiertos


Laura López Morales
De su libro “También afuera es todo esto” / llanto de mudo / Julio de  2014
lauralopez1976@hotmail.com




7 Cajas: De Paraguay para el mundo


* * * * * EXCELENTE
    
Es sumamente positivo recorrer caminos poco transitados y desconocidos para encontrarnos con sorpresas como la que ofrece la película “7 Cajas”. Hay que reconocer que el cine latinoamericano goza de buena salud ya que la excelente recepción que tiene en distintos festivales internacionales así lo acredita. Pero hay algo que es cierto: poco conocemos sobre la producción de séptimo arte en Paraguay. Y que justamente sea esta república vecina la que nos proporcione esta joya cinematográfica es algo para celebrar. Creo que tiene todos los ingredientes necesarios y cuidadosamente medidos para crear una fórmula perfecta. No por nada es la cinta más exitosa de ese país en términos comerciales.
      La trama nos sumerge en un mundo particular. Trazando un paralelismo un tanto arbitrario, me hizo recordar a aquellos espacios en los que unos niños indios padecían sus idas y venidas en una Bombay que Danny Boyle retrató en “Slumdog Millionaire” (2008) y en las favelas de Río de Janeiro que transportaban a una dura realidad social que “Ciudad de Dios” (2002) de Fernando Meirelles supo desnudar.
      En “7 Cajas”, el entramado de callejuelas que conforman el laberíntico mercado de Asunción es el lugar donde conviven clientes, comerciantes honestos, traficantes, delincuentes, trabajadores incansables y policías corruptos.
       Es allí donde un adolescente, Víctor (Celso Franco), se gana la vida con su carro, transportando mercadería de los clientes a cambio de un puñado de monedas. Víctor anhela cambiar su vida y la televisión lo bombardea con imágenes de una felicidad perfecta e inalcanzable para él. Simbólicamente, ese cambio operaría si logra adquirir un carísimo celular con cámara filmadora incorporada. Cuando otro carrero le arrebata un cliente, la suerte parece ponerse de su lado. Un carnicero le ofrece la mitad de un billete de cien dólares a cambio de llevar a un lugar determinado siete cajones de madera. Las instrucciones les serían dadas mediante un teléfono celular que le proporciona. La otra mitad del billete se le entregaría una vez finalizada la tarea. Víctor acepta el ofrecimiento y se convierte en el custodio de siete cajas, cuyo contenido desconoce. Liz (Lali González), amiga de Víctor, lo acompañará en esta tarea que, lentamente, se convertirá en trágica y peligrosa. Las siete cajas desatarán la aparición de personajes siniestros y ambiciosos que persiguen intereses mucho más profundos que los de Víctor.

      

Esta película constituye un thriller que contiene una trama consistente, coherente y sin fisuras, que avanza sobre un sólido camino que la conduce hacia un final que resulta impredecible. A pesar de ese paralelismo con otras cintas al que hice referencia, le imprime un sello propio. Persecuciones a través de laberintos de pasillos, balaceras inesperadas con muertes violentas, ambiciosas conspiraciones, necesidades económicas apremiantes y amores inocentes, son referencias que demuestran la complejidad narrativa de una atractiva historia que cuenta con un punto fuerte: sus diálogos están hablados casi en su totalidad en guaraní. Un gran acierto porque si el objetivo es introducir de lleno al espectador en la cotidianeidad de la sociedad paraguaya, está más que logrado. Como recurso, el uso de este idioma tiene cierta efectividad que es confirmada gracias a un elenco de actores poco conocidos que dan vida a cada personaje con un talento indiscutible.

      Desde el punto de vista estético, hay que reconocer que es impecable. Un trabajo fotográfico de excelencia que realza cada cuadro que la magistral edición reagrupa para darle unidad a la cinta. Ese trabajo mancomunado, sin lugar a dudas, subraya la dinámica, la destreza y la adrenalina en la que esta trama nos sumerge desde los primeros momentos. Una más que elaborada e interesante composición musical y diseño de sonido terminan coronándola. Por último, es de destacar el trabajo de dirección a cargo de la dupla formada por Juan Carlos Menaglia y Tana Schembori (el primero de ellos también responsable del guión).
      Contada mediante un ritmo vertiginoso que mantiene al vilo al espectador, esta película brilla y no debe pasar inadvertida. Creo que Hollywood tiene mucho que aprender de esta cinta. No suelo recomendar muchas películas para que vean, pero “7 Cajas” no sólo es digna de recomendar sino que también garantiza 105 minutos de cine elevado a su mejor potencia.
    Leonardo Arce




Relatos Salvajes: Una relectura actual de Thomas Hobbes

* * * * MUY BUENA

     
"Todos podemos perder el control”. Con este slogan, Damián Szifrón, famoso director responsable de llevar a la pantalla chica a “Los Simuladores” (2002/2003) y a la pantalla grande “Tiempo de Valientes” (2005), nos propone un viaje a través de la venganza, la obsesión, los impulsos, el enojo, la miseria y la locura. Constituye un viaje sin retorno y de fatales consecuencias tan similares a las que puede producir pequeñas e insignificantes piedras que descienden de una montaña causando una furiosa avalancha.
      En “Relatos Salvajes” no se encontrará una trama uniforme; sencillamente se trata de seis narraciones breves e independientes entre sí pero con un denominador común: la violencia, que pone a sus protagonistas en situaciones extremas. “Todas las acciones tienen consecuencias”, “Todo llega”,”No empieces una pelea que no estás dispuesto a terminar”, “La paciencia tiene un límite”, “¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar?, “Hasta que la muerte nos separe” son otros slogans que marcan la orientación de la trama de cada una de esas historias. Un viaje aéreo que presenta sospechosas coincidencias; la dueña de un bar que debe atender a un cliente que le arruinó la vida, un desmedido paseo por las rutas, la lucha contra la burocracia de un “tipo normal”, la inescrupulosa clase acomodada y una boda con un inesperado desenlace: acá les presento lo que esta película nos ofrece. Sin develar los jugosos detalles de cada relato, les puedo afirma que desnuda una faceta de la naturaleza del ser humano: aquella que subraya la violencia y el odio de las personas.
      En este sentido, no pude evitar recordar el pensamiento del filósofo inglés Thomas Hobbes, quien sostenía la tesis de un estado de la naturaleza humana signada por la desconfianza, la competición desmedida, el peligro de la guerra configurada por la noción del “todos contra todos”, la búsqueda de la satisfacción de las deseos individuales, la auto conservación y el gobierno de las pasiones. Esta visión es la que el guión parece desplegar. Es como si el pensamiento hobbesiano hubiera dirigido la mente de Szifrón al momento de formular los guiones.
      Pero afirmar que “Relatos Salvajes” es un fiel reflejo de la sociedad actual es una mirada más bien limitada y arbitraria de nuestra realidad. La cinta aspira a remarcar esa tensión dialéctica entre dos sectores: los privilegiados, con poder suficiente para usar y abusar a los fines de cambiar y manipular sus realidades, con esos aires de grandeza que les imprime la idea de que son titulares de derechos pero no de obligaciones, con una mirada negativa del Estado y con vidas sumidas en la abundancia; y al resto, con necesidades insatisfechas que aspiran a ser cubiertas a cualquier costo, con resentimientos que se van gestando y tomando cuerpo, con deseos de atribuir la calidad de enemigo al “otro” que es distinto a ellos y haciendo gala del oportunismo. No opino que esto sea cierto, pero no hay que olvidarse de que estamos analizando un trabajo de ficción y, por lo tanto, se le permiten ciertas licencias a la hora de interpretar la realidad.
      Más allá de estas referencias a la pertenencia social de los protagonistas, hay que destacar que cada historia tiene un interesante potencial. Con justas dosis de drama y comedia, la cinta entretiene: juega con situaciones disparatadas, es audaz, por momentos impredecible y ofrece un espacio para reírse con las desgracias ajenas. La propuesta de Szifrón, encabezada por poderosísimas actuaciones de Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Oscar Martínez, Rita Cortese y Érica Rivas, entre otros, garantiza eso y mucho más. Un dato a tener en cuenta: el último relato (Hasta que la muerte nos separe) es magistral, desde todos los ángulos que puedan verse.
      El aclamado director español Pedro Almodóvar y su productora firma la producción de esta película a través de “El Deseo” y el multipremiado músico argentino Gustavo Santaolalla sella su banda sonora. Un trabajo más que correcto, con una melodía de cabecera que le imprime todo ese aire de “western urbano y moderno”. También se encontrará un trabajo de fotografía y de sonido muy efectivos que, sumado a todo lo anterior, completan la configuración de una propuesta artística magnífica y de una heterogeneidad tal que logra darle una concepción distinta a cada relato.
      Sin lugar a dudas que la crudeza de las historias, las formidables actuaciones, la impecable dirección y los más que correctos apartados técnicos, sin dejar de lado la excelente respuesta que el público argentino le sigue dando a esta propuesta, harán de “Relatos Salvajes” una cinta de un éxito sin precedentes (celebro que una producción nacional tenga esa recepción). Que esta película será la representante de nuestro país para los Oscar 2015 en la categoría de “Mejor Película de Habla no Inglesa”, no tengo ninguna duda. Por las razones que ya di. Hollywood verá con ojos condescendientes una cinta en donde los nombres oscarizados de Pedro, Gustavo y Ricardo serán, en términos generales, su mejor carta de presentación.
Leonardo Arce    




Una cosa trae la otra – Flores y malezas

                  Lily Chavez




En primavera se me llenan los ojos de flores. Y recuerdo la variedad de colores en las orquídeas, margaritas orientales y  lirios pintados por Georgia O´Keeffe o  las bellas amapolas de Shirley Novak. Se me llenan los ojos de flores y tal vez por eso permito que Odilon Redon sea el varón que coloque las flores en artísticos jarrones de porcelana. Ingreso de este modo a Una cosa trae la otra porque realmente celebro la belleza de una estación como la primavera. Aunque el mundo sigue girando y nos entregue buenas y malas, nos toque con su espiral de humo y con su espuela de plata. Mientras nosotros, los mortales, transcurrimos.
Miraba televisión y me puse muy contenta al saber que el Ministerio de Educación,   ha editado a Juan Gelman para llevar a las escuelas. Y que hace poco llegaron también a las aulas, fascículos de Cortázar como Axolotl, Historias de cronopios y de famas, Casa Tomada, Graffiti y Un tal Lucas y pensaba que tal vez falte una parte fundamental o no: que los docentes se preocupen en que el material llegue a los alumnos y procuren que se interesen por una obra tan magnífica. Ojalá todos se den cuenta que las herramientas son para usarlas.
Y mientras seguía frente a la tele escuchando cosas agradables, llegó, para cumplir esto de “una de cal y otra de arena”, una mala noticia.
Se murió Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz, se murió “China Zorrilla” actriz, comediante, directora, filántropa. 92 envidiables años, la grande dame del teatro rioplatense: de madre argentina (emparentada con José Gervasio Artigas y Estanislao del Campo); de  padre escultor y  abuelo poeta. Vivió su infancia en Paris, donde su padre (discípulo de Antoine Bourdelle) eligió trabajar después de ganar el concurso sobre el Monumento al gaucho. Quienes son memoriosos recuerdan sus actuaciones en Madre coraje y sus hijos (Bertolt Brencht); Los gigantes de la montaña (Pirandello); La Gaviota (Chéjov), Tartufo (Moliére), La Celestina (de Rojas) , Las de Barranco (Laferrére); Macbeth y sueño de una noche de verano (Shakespeare) , El alcalde de Zalamea (Calderón de la Barca)  su Filomena Marturano , El diario de Ana Frank entre tantísimas obras. Y traspasó la actuación: fundó en 1961 el Teatro de la Ciudad de Montevideo junto a Larreta y Enrique Guarnero; produjo, tradujo, adaptó y dirigió obras de teatro de Puccini, Verdi, Priestley. No todos saben que se desempeñó como corresponsal del diario madrileño El país cubriendo eventos internacionales y que fue en Uruguay animadora de televisión (Hogar Club y De padre a hija) recordándose las entrevistas televisadas con su padre, con quien discutían la actualidad y el pasado uruguayo. Desde 1971 participó en más de 50 películas y quien podría olvidar Esperando la carroza; Pubis Angelical, La mafia, La tregua, Contar hasta diez, Los gauchos judíos, Conversaciones con mamá entre otras. Tradujo y escribió las canciones para varias comedias musicales, entre ellas Sugar y La mujer del año, con Susana Giménez y Ricardo Darín. Recibió numerosos premios muy importantes pero, siento que lo que dejó son los valores, el respeto, el humor, la admiración de aquellos con quienes compartió escenarios y giras. Digo ahora, hasta que nuevamente esta columna nos convoque, que nada más lindo como ser bien recordado, para qué  la vida si no dejamos algo de primavera en el jardín que regamos.







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