jueves, julio 24, 2014

Boletín Literario ¡Basta ya! - Julio - Agosto - Septiembre 2014

¡Basta ya!
Boletín Literario
Julio - Agosto - Septiembre 2014
Año 9 – n° 135
Córdoba
 Argentina
Anita y sus mariposas
Elisa Setien
Córdoba






HAMACA








Estoy en cama(la enfermera
se llama Erminda)


Por la ventana que da al patio,


mi hermana pasa a bordo de una hamaca.


Pasan también las moras, el verano,


las chicharras. Ha de ser octubre,


como esta tarde, o tal vez noviembre,


y el calor agobia, porque mi padre


que llega del trabajo, se ha soltado,


cosa extraña, la corbata. Yo estoy


en cama. Y Ana que pasa alegre,


viva, a bordo de la hamaca.


Habrá sido de vidrio el aire,


como esta tarde.


María Teresa Andruetto



Director: Eduardo Alberto Planas - Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Silverio Enrique Escudero, Jorge Torres Roggero, Leonardo Arce.
Suscripción gratuita.  Registro Propiedad  Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723.
Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com. Tel: 0351- 4886974 – 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 –Duarte Quiroz  n° 1702, Córdoba.




CONTENIDOS
Hamaca – María Teresa Andruetto / La caja del camión – Jorge Luis Carranza / Tsunami de libros: Laura García del Castaño, Alexis Comamala y Leticia Ressia / De un suceso – Ángela Acero / Espectros – Virgilio A. Zurlo / Inundación – Karina López / Prefacio / Largo – Gustavo Parada Aguirre / De una vez / Negación – Guillermina Delupi / Elogio de Francisco – Leandro Calle / El tipo tenía el sol de su lado – Sergio Pravaz / Mirándome – Selva Furlan / Los enemigos de Don Gervasio - Silverio Enrique Escudero /  Miedos – Maru Crespo / La magia en los pies – Sergio Pravaz / Fútbol, tango y filosofía -  Alfredo Lemon / Una cosa trae la otra – Lily Chavez / Un sincero agradecimiento – Julio Rudman / Poema de Eduardo Alberto Planas / “El marginal me llaman”: resistencias y estrategias discursivas en torno a la representación de la marginalidad en las literaturas cordobesas (Segunda Parte) – Mariana  Celeste Valle / La foto de Mary – Miguel Boer / Ella: El amor en los tiempos virtuales  – Leonardo Arce / En la casa: Una  historia entre cuatro paredes – Leonardo Arce / MÚSICA: Operina Tascabile /  Poemas de Liliana Quinteros



La caja del camión




La caja del camión que está pasando
 va llena de obreros.

Ya me cargaron con la pelada;
ya le chiflaron
y le gritaron ¡mamaza!
a la morocha que va
moviendo todo su ser
por la vereda de enfrente.

Ahí van, viendo la vida
por ese ratito nomás, desde arriba.
Tienen derecho a reírse;
a esa breve felicidad,
 una felicidad que tiene
la piel  cuarteada.

¿Cómo no quererlos?
Si van yendo al muere
amuchados en la caja de un camión
que los dejará ,
en el centro del aparato digestivo
de un monstruo
que  se  traga gente como si nada.  

                       



Jorge Luis Carranza





Tsunami de libros: Laura García del Castaño, Alexis Comamala y Leticia Ressia


El jueves 19 de mayo pasado se presentó en La Casona Municipal de esta Ciudad, dos nuevos libros de sendos poetas cordobeses: de Laura García del Castaño, El animal no domesticado y  de Alexis Comamala,  La noticia es el diluvio, ambos publicados por Pan Comido Ediciones. El evento se realizó  en un marco austero pero cálido.  Estos  libros forman parte de la colección Música del lugar. Juan Stahil, integrante de la Editorial, explico en primer lugar que la colección “busca tonadas en la experiencia de la poesía presente. Funda su primera intención en una necesidad de hacer libros para dar poesía. Hacerlo exige un esfuerzo, una conciencia y una creencia, en lo que damos para ser compartido. Como pan”.


- El animal no domesticado




La escritora Liliana Lukin nos dice sobre el libro:”Laura García del Castaño, en El animal no domesticado, ensaya la disección de una idea que confronta dos universos: vivos que escriben sobre los muertos, y sobre la ceguera. Explora una palabra sobre lo que se ve y lo que no se ve, en un mundo pequeño, familiar, mientras hace una antropología, una taxidermia de las emociones: lo siniestro a la luz de un foco central, aséptico. Pero esa naturalización del cadáver elimina la metáfora de la muerte, sólo hay muerte, calibrada, fraccionada, clasificada: un lenguaje para el desguace del prejuicio sobre temas que testimonian la estupidez de la vida.

Escribe: “Todo ha sido desandar / y no ser domesticada”, y como en el teatro de la crueldad, cito: “Soy una mujer distante. Soy la herida hermética que mi padre no aprendió a sangrar”.
Es la escritura del animal que hurga en el cuerpo del lenguaje como en un muerto preparado en la funeraria, para ofrecer los secretos de dónde oler, oír, morder. Una ficción literaria para formas extremas de la experiencia”.
Para muestra basta un poema:



Adentro están velando a un hombre
es el tío del chico que afuera
cuenta figuritas
coloca varias de pie contra una puerta
con una carta derriba otro hombre
Repasa el maso
elige del medio el dragón de hielo
prueba otra vez
Así ha sido toda la tarde
Así es adentro
El auto en el que fueron a ver la nieve
Un hombre cenando en casa con sus costillas rotas
y otro volteado aquí
entre las figuritas que un dios desprevenido
vuelve a contar.


- La noticia es el diluvio




En cuanto al texto de Alexis Comamala,  Leandro Calle en su artículo publicado en HDC, dice: “35 poemas que Comamala hilvana con el telón de fondo del diluvio. En este caso, me atrevería a decir que es un diluvio original y hasta personal. La mirada sobre el diluvio que es propio y ajeno al mismo tiempo. El libro comienza con un poema por demás sugerente: “espera la tierra la lluvia / sin saber que el diluvio / la dejará baldía”. No sabría yo decir si hay aquí un pequeño homenaje a Eliot, pero ciertamente creo que es una buena manera de empezar un libro de poemas. Todo está allí. Como si en esos primeros tres versos del poeta Comamala, se concentraran potencialmente todas las virtudes que el lector irá degustando en el libro. La
espera, la sed y la destrucción hasta la vaciedad. Porque los diluvios si bien destruyen, anuncian una nueva generación, un nuevo rebrotar de la vida.
Común a todas las culturas, desde Gilgamesh y Noé, el diluvio se lee como castigo, pero también ese aniquilamiento es predecesor de un nuevo modo de vida. Tan común a todas las culturas, el diluvio, viene a ser una imagen mitológica que, en su función etiológica, pretende explicar el presente, las causas de la destrucción. Ir hacia atrás pero para entender el hoy de las cosas. Los mitos guaraníes también hablaban del diluvio. Por eso digo que no es tan necesario irnos hacia las regiones mesopotámicas o bíblicas. En el “Ayvu Rapyta”, el libro sagrado de los cantos guaraníes que recopiló León Cadogán, está el capítulo VI, en el que aparece el diluvio desde la primera línea: “Los habitantes de la primera tierra / ya han alcanzado todos el estado de indestructibilidad”.

¿Habremos nosotros alcanzado el estado de indestructibilidad? ¿O, por el contrario, nos hallamos en camino hacia una destrucción planetaria, como lo atestiguan algunos ambientalistas o películas de culto, como “Melancolía”, de Lars Von Trier? “El universo acabó / solo quedan cenizas / y es hora de que llueva / que lo ilimitado se apague”.
¿Quedaremos baldíos, como la tierra de inicio que dice Alexis Comamala? No se trata de hablar, “no sé de lo que hablo”, para Alexis Comamala, se trata de mirar: “escribir es mirar y estar muerto por horas”.
Creo que asistimos también a un diluvio interior. Un diluvio que nos crece desde dentro. Un diluvio que hace crecer el miedo. El acabarse de las cosas, el acabarse del mundo personal, la muerte. La muerte gradual de las cosas: “entonces nos va entrando esa noche / donde todo es ajeno”. Creo que es allí, en la intemperie de la noche diluvial, donde el poeta puede encontrase a sí mismo.
El diluvio, como noticia, nos devuelve la desnudez propia, nos enfrenta con nuestra propia cara. La tierra baldía, el páramo nos devuelve a nuestro propio sustento. No hay dónde sostenerse. Es necesario sostener la sed: “necesito esta noche como anzuelo / salgo a la intemperie a buscarme / estoy atado al último árbol en pie / la noticia es el diluvio / de cuajo el tronco divaga / la nave es diminuta / frágil / tenue / leve / mis huesos”. Vale la pena entrar en la poesía de Alexis Comamala.
Sin artificialidades, sin énfasis innecesarios, “La noticia es el diluvio”, posee un lenguaje claro, humilde y bello como la noche anunciadora de las aguas que caen”.






- El hielo de la guerra

Por su lado, El Viernes 4 de Julio a las 20 hs. Caballo negro editora presento en el Museo de Bellas Artes Dr. Genaro Pérez (Av. General Paz 33)  nuevo libro de poesía: “El hielo de la guerra” de Leticia Ressia. La presentación estuvo a cargo de José Di Marco y lecturas a cargo de Camila Sosa Villada y Leticia Ressia. Música en vivo: Brutnature (rock criollo).
José Di Marco escribe en la contratapa del libro: “Este libro plantea una posibilidad que se articula como una disyuntiva perturbadora. Ese dilema lo recorre y justifica esta pregunta: ¿es posible corregir los errores de la infancia? Destinados a tentar los poderes reparadores de la escritura, los poemas de El hielo de la guerra multiplican las reverberaciones de aquel interrogante sin responderlo. Si el futuro es un posible deseado pero incierto, el pasado es una insistencia indestructible, recuerdos nítidos que irrumpen en el texto poético, lo copan y lo convierten en un presente extraño y amenazador: tembladeral donde rigen el desajuste, la falta, el desencanto y la furia”.
“Leticia Ressia escribe, sin beneplácitos, los matices de la rabia como si la poesía no pudiera ser otra cosa que una contienda incesante. Con un lenguaje descarnado y lúcido, rehúye los estereotipos de la poesía de género. El yo no es reposo o gracia, sino inquietud, desasosiego y cólera contenida; una encrucijada en la que la identidad se tensiona y vacila”.
Así escribe:



Fui pura y hermosa
entonces no había humo ni odio
ni descontrolado amor
sólo esta cosa futura
parecida a la desgracia
un antojo con la forma de España
atrás de la rodilla, la mancha familiar
como una flecha hacia adelante
carne deforme
impiedad de alguien superior.

Camino la vereda del shopping
paso el puente
el trayecto al trabajo sabe
que un día fui  un ser iluminado
que la mancha materna
arrastra mi pierna izquierda
que esto que queda de puro
sirve al dinero que gano.














DE UN SUCESO

Ahora, en el silencioso nido de la memoria
quedan nombres como hojas astilladas,
mueren otros, nacen varios
y un hastío en el camino
se detiene para beber revoluciones
Las que escribieron soñadores incansables,
las que sembraron niños
con sonrisas en las manos

La libertad sigue inconforme,
incompleta, indispuesta
como el cielo cuando habla de lluvia,
como el campo cuando tiene sed,
la esclavitud es del espíritu que no canta,
del cuerpo cuando no baila
de la risa cuando no responde

Hemos sido varios,
los que apuntamos al sol
con una flecha de calma,
los que imaginamos nuestra vida
como una historia de cine,
los que hemos hecho del amor una novela
hemos sido pocos los que entendemos
el acorde que hace vibrar el alma

Ahora, en el ruidoso entorno de marzo,
quedamos mudos ante la desazón del devenir,
sobre el que escribimos pero no entendemos
pero en el que danzamos
con perfecta sincronía
nuestra cotidiana humanidad
Ahora, en este miércoles elíptico,
salgo a rodar oraciones,
a confabular con ausencias
sobre lo que realmente importa

La revolución vendrá después,
lo mejor de todo
es que no nos daremos cuenta,
porque en ese momento
no se llamara "Revolución"


Ángela  Acero
Manecillas en estado alterado
Garcín Ediciones, 2013
























Espectros



Pasó 
otro invierno
sereno
con su pelaje
espeso.
Su mirada 
ausente
era un renglón
vacío, infinito
y yermo.

Pude sentir
su desolación,
la incertidumbre
agazapada
en la blancura hueca:
como saber
bajos sus lunas frías
que los inviernos
cuentan.

Avanzamos
en el silencio
inclemente
de la nieve espesa,
el hocico atento
explorando estrellas.

Descendemos cumbres,
renunciamos sueños,
y en el sendero angosto
que va por dentro
somos dos mendigos:
nadie sabe
quien es el lobo,
y Dios ríe con ellos.


Virgilio A. Zurlo
Poemas del Cazador, 2014



















Inundación


Hace millones de años
llego en los tiempos del desorden
en aquel tiempo                               
donde el ojo ciego se fijaba a la ventana
un río
que al principio fue
una gran mancha sobre la tierra

Desde  los techos de nuestras casas
vimos el agua
la vimos venir nocturna
cubierta por el arrugado tul del   alumbrado
                                                                   público:
una novia hundida en sueños de paciencia y
                                                            esperanza
                               
que escupía hacia nosotros
todo lo que había arrancado de su lugar
mientras los sonidos de su boca
perturbaron la calma de los perros
que ladraron hasta que la creciente se los
                                                          tragó

Las cosas se hundían y volvían a salir a flote
la fuerza del agua nos hipnotizó
y la espera en los techos
se hizo cada vez más callada
Uno de nosotros suspiró
se podían escuchar
el griterío de los pájaros
y las instrucciones de un hombre de familia

Todos los días luchamos contra el horror

El agua negra
dejó ver los ataúdes flotando
y chocándose entre sí
el agua trepaba por la iglesia del cementerio
Mi hermana lloró
imaginamos a papá rescatando
                                                 electrodomésticos
yo miraba la lucecita de las linternas.

Después vimos una perra acostada
sobre bolsas de arena
 Mamá se había sentado con las piernas
                                                                colgando
y miraba fijo al vacío
la creciente nos atornillo a los techos
igual que el aburrimiento.

Todos los días
luchamos contra el horror.





Karina A. López
 Inundación,  2014






PREFACIO 

No leer

No lea, lector, estas líneas
verdades jamás desentrañan
solo son nubes de colores
que entran gritando por la boca.

No lea, lector, solo juegue
viva, salte de letra en letra
no espere encontrar algo, solo
un antialeph sin decir nada
suspiro seco descifrado
silencio de quien sabe todo.

*
LARGO

me gritaste
y el amor se me hizo eterno.

Gustavo Parada Aguirre
Poeta chileno







De una vez




La dejó de una vez, como se deja el cigarrillo,
sin claroscuros,
sin permitidos,
sin de a ratitos.

La dejó de una vez, como se deja la bebida,
sin especulaciones,
sin medias tintas,
sin digresiones.

La dejó de una vez, como se deja lo placentero,
sin dubitaciones,
sin excusas,
sin vacilaciones.

La dejó de un tirón, como se arranca una curita,
sin preámbulos,
sin miramientos,
sin indecisiones.

La dejó de una vez y para siempre,
porque es la única manera de dejar.


Guillermina Delupi


Negación


Me niego
a no poder volver sobre ciertas sensaciones
(las primeras veces, los primeros pasos, las primeras decepciones).

Me rehúso
a ignorar el convite
a asomarme a algunas emociones
(los primeros besos, las primeras lluvias, los primeros amores).

Me rebelo
ante el mandato divino
de los nunca más y los adioses para siempre
(los primeros sueños, las primeras satisfacciones, los primeros dolores).

Rechazo de cuajo abandonarme a la imprudencia del olvido.
Me rebelo ante la muerte, mientras aún tenga la vida.




Guillermina Delupi





Elogio de Francisco



Por Leandro Calle 


En la década del ’50 Francisco escribía: “puedo dar con lugares apacibles / o sombras excitantes / la primera piel de una mujer / el aroma de una mujer el sonido de una fiesta / puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente / y sentir en las sábanas el olor del sol”. ¡Qué bello poema el de Francisco! Esta palabra dicha y escrita hace ya más de 50 años, parece que fue escrita ayer, hace unos meses o incluso hoy cuando Francisco está en la gloria. Algunos que lo conocieron bien, dicen que era mujeriego, como si eso importara. Cada tanto releo algo suyo y vuelve a sorprenderme. Últimamente estoy leyendo material de Francisco que escribía en los diarios. Textos periodísticos de hace ya bastante tiempo atrás. Van de 1952 a 1972. Si, 20 años de producción periodística que hoy comienza a conocerse. ¿Recién hoy? Si señores, recién hoy. Hubo que esperar algún tiempo, demasiado, para que Francisco estuviera donde tiene que estar. Hoy poco a poco, en Argentina le empezamos a sumar a aquel puñado de poemas, la obra periodística, los cuentos, la obra dramática y hasta una novela. ¡Una novela! ¡Quién lo hubiera dicho! Pero claro, ahora podemos hablar de Francisco. Hace unos años pocos hablaban de Francisco o decían lo que siempre se dice. Ahora que comienza a publicarse casi todo o todo, uno puede medir la magnitud, la solidez y el peso de su pensamiento. Ya en la década del noventa agradecimos la publicación de “Poemas de batalla” que prologara Juan Gelman y recuerdo haber encontrado en esa misma década un ejemplar de  aquel texto testimonial “La patria fusilada” publicado en 1973. Después, la noche más oscura de la argentina se llevó muchos libros y se le perdió el rastro hasta ahora.
¡Ahhh!, ¿usted pensaba que hablaba del Papa argentino? No, no, para nada. Estoy hablando de Francisco “Paco” Urondo. Urondo sí. Ya sé lo que va a decir: “¿El montonero que se tomó la píldora en un enfrentamiento en Mendoza?” El mismo. Pero cabría agregar que el hecho de haber muerto en un enfrentamiento fue como una coherencia de vida, de su breve vida. Porque fíjese usted. Murió a los 46 años de edad. Joven, muy joven. Y en no más de veinte años escribió una obra más que interesante a la que hoy podemos asistir. La editorial Adriana Hidalgo ha comenzado por desempolvar la obra de Urondo y nos encontramos con un libro de crónicas periodísticas de 600 páginas. La temática es variada. Desde una entrevista a Julio Cortázar hasta un breve análisis del grupo martinfierrista, crónicas de cine, actualidades literarias y una magistral entrevista a Tito Lusiardo, el bailarín y actor compañero y amigo de Carlos Gardel. La agudeza de la mirada de Urondo, Paco o Francisco como guste llamarlo es sumamente original. En tiempo donde Internet no existía se nota a las claras, la lectura y la información que maneja. Por ejemplo en el artículo “¿Qué es camp?”, publicado en “El Diario” de Mendoza en 1970, maneja lo último de lo último como la cita larga que hace de Susan Sontag tomada de “Notas sobre lo camp” que la autora norteamericana publicara en 1964 en el país del Norte. Pero, más allá de las crónicas periodísticas, ya salió la novela “Los pasos previos” (400 páginas), la “Obra poética” (480 páginas)  y “Todos los cuentos” (258 páginas). En breve parece que sale el “Teatro completo” que ya está anunciado.
La pregunta se impone. ¿Qué fue lo que pasó para que un autor tan prolífico haya quedado sepultado hasta estos últimos años? Seguramente hay muchos factores. El primero de ellos es evidente que tiene que ver con la dictadura militar que más allá de ser un duro golpe a los derechos humanos y a la vida institucional del país, fue también un duro golpe a la cultura y a la educación. Por estos días sigue circulando por las redes sociales y puede verse por YouTube el espantoso video de la quema de libros en Córdoba. Basta poner: “Quema de libros en el Comando del III Cuerpo de Ejército, 29 de abril de 1976”, y ahí se va a encontrar con la ardiente pasión cultural de los militares argentinos. Pero también es cierto que en el caso de Urondo, su muerte condensó de tal manera la vida que las generaciones posteriores a él, solamente supimos que era poeta y que había escrito “La patria fusilada”. Allí, Paco Urondo había entrevistado en la cárcel de Devoto a los sobrevivientes de la masacre de Trelew: Antonia Berger, Alberto Camps y Ricardo Haidar. Tuvo una primera tirada de 10.000 ejemplares y en el mismo mes de edición tiró otros 10.000. La masacre de Trelew fue para muchos como el prólogo de la dictadura que estaba por venir, de allí la importancia del libro de Urondo. Ahora podemos acceder a un rico y variado material “urondiano” en el que captamos la agudeza de su pensamiento, la originalidad de su mirada y la astucia de sus reflexiones y lecturas.
Como Santoro, como Conti, como Miguel Ángel Bustos y Walsh, “Paco” Urondo y de seguro muchísimos más, no sólo dieron testimonio con su vida, lo dieron antes con una escritura impecable, comprometida con la palabra. Las luminosas palabras de Juan Gelman en el prólogo de “Poemas de Batalla” así lo muestran: “Cuando en este tiempo de la despasión se recuerdan las polémicas de los años sesenta –unos pretendían hacer la Revolución en su escritura; otros, abandonar su escritura en aras de la Revolución-, se percibe en toda su magnitud lo que Paco, Rodolfo, Haroldo nos mostraron: la profunda unidad de vida y obra que un escritor y sus textos pueden alcanzar”.
Leandro Calle

(Artículo publicado en forma especial para Hoy Día Córdoba, el 16 de Mayo de 2014)




El tipo tenía el sol de su lado





Historias Mínimas.
Por Sergio Pravaz



Tuvo un rostro con cuyos ángulos el sol se sentía cómodo porque jugaba a tirarle rayos. Se perfilaban en un lado y en el otro con el único objeto de sacar nuevos colores. Ensayaba el sol con ese rostro único; los pómulos, el mentón, la punta de la nariz, la base de la frente; ahí, por los extremos de la cejas el sol tiraba y tiraba, y hacía un festival con los colores que inventaba.

Tanto insistió con ese rostro que se le fueron metiendo para adentro hasta instalarse todos juntos en el centro del corazón; entre las costillas andaban, pegaban en los pulmones, iluminaban su garganta poderosa y le salían por los ojos como llamaradas negras y calientes.


Esa forja estaba siempre a punto de hervor. Lo que pasa es que el tipo tenía el sol de su lado; se le notaba en su caminar fino de equilibrista; era capaz de atravesar todo el escenario sin siquiera mover un solo músculo, la platea decía ohhhhhh y él ni siquiera había comenzado a marchar.

Esa era su maestría, nos engañaba como a chicos, sabía cómo hacerlo porque Alfredo Alcón ya había aprendido todo antes de comenzar. Sabía todos los trucos, los fáciles, los más o menos, los difíciles y para los irreales, bueno, para esos tenía más puntería que Clint Eastwood en su mejor época de cowboy.
Todas las mañanas hacía seiscientos jueguitos con los poemas de Federico García Lorca, pierna derecha, pierna izquierda, rodilla, hombros, brazos; tenía dominio absoluto. Por la tarde hacía pesas con los clásicos, los transpiraba hasta dejarlos acomodados a todos juntos, les miraba la cara de a uno y los besaba en los ojos para guardar el recuerdo de cada palabra, esas que luego soltaría como un estruendo. Por las noches se untaba el cuerpo con una jalea que le preparaban sus amigos los bibliotecarios; son gente que sabe de ungüentos y fragancias; las raspan de los libros viejos, esos que duran mucho tiempo, y entran y salen de las bibliotecas por pura necesidad del pueblo, y siguen durando. Ya de madrugada, afinaba sus cuerdas vocales, las limpiaba de pelusas, las humedecía con té de hierba luisa y las dejaba en reposo frente a una lámpara de sal.

Cuando Alfredo Félix Alcón Riesco se paraba en un escenario, lo hacía justo en el medio. Y en cuanto abría la boca le salían esas luces que tenía adentro desde chiquito culpa del sol, y en el teatro, hasta las moscas se quedaban suspendidas en el aire conteniendo la respiración. Era capaz de estar ahí, solito su alma, con un pantalón negro, una camisa blanca, y sin que un nervio se le corra de lugar para que el tiempo anduviera más despacio.

Cuando el mundo lo reclamaba, se tiró de panza sobre el mapa y dio cátedra de actuación en Milán y en Madrid; el teatro, el cine y la televisión habían enloquecido con su talento, pero él siempre quiso regresar. Lo dijo claramente en un reportaje: “Si hubiera vivido en Londres habría hecho todos los grandes personajes del teatro universal. Pero vivo aquí y la Argentina me dio todo lo que pudo, no me dio más porque no tiene, y es por eso que no podría irme a vivir a otro lado”.

Fue un Remo Erdosain inigualable cuando filmó la novela de Roberto Arlt “Los siete locos” bajo las órdenes de Leopoldo Torre Nilsson en 1973. También fue aclamado allende los mares cuando protagonizó “Un guapo del 900”, “Martín Fierro”, “La maffia” y “Boquitas pintadas” con el mismo director. Asimismo, fue coprotagonista de la película más taquillera de toda la historia del cine argentino “Nazareno Cruz y el lobo” de Leonardo Favio (tres millones y medio de espectadores).

Las mieles del triunfo, que le llegaron a baldes sobre todo en teatro pero también en cine, no lograron torcerlo de su camino de sencillez. Nunca se convirtió en un botón insoportable, como suele sucederle a alguna gente del arte. Él se mezclaba, hablaba con todo el mundo, aborrecía la solemnidad y compartía el vermuth y la picada con quién quisiera sentarse a su mesa, y tanto hacía los clásicos más cogotudos como las comedias más livianas. Sabía calzarse el frac y también las ojotas; hasta en eso fue un maestro.

Supo aprovechar otro de sus recursos inigualables; puso su voz ecuménica para diversas películas, tanto de ficción como documentales.

A comienzos de los ochenta estuvo en Rawson con una obra de Lorca. Al Cine Teatro le temblaron las rodillas, nuevito como estaba en aquellos años, pero igual le puso el pecho a la estrella.

Le tocó a un Luis Molina muy joven recibirlo y acompañarlo durante tres días. Hay que escuchar esas anécdotas sobre este hombre modesto, inmenso, querible, que nació en Liniers y al que le dijeron que era un príncipe de la actuación, aunque él siempre se sintiera uno más del grupo y jamás creyera en semejante canto de sirenas.

Así daba sus clases magistrales este hombre. 

Sergio Pravaz


 Mirándome 




Estoy frente al espejo
medio ajado el rostro, tan valiente la entraña.
Las cremas sobre la cómoda.
Mis manos, competidoras con el tiempo
dirán si los afeites son buenos
si arrastran las manchas del camino
o borran las líneas inconclusas.
Quiero a mis manos.
Me acompañan con dulzura
en los masajes instantáneos
de mejorar partidas.
Sentada frente al espejo, la miro
la miro a ella con el tapado de invierno
sobre los hombros.
¿Sos vos o la otra que saltan vallados
y cabalga una flor junto a la tarde?
Cabalgo siempre, enrostrando el viento
"desfaciendo entuertos"
masajeando las rodillas dobladoras
en el destino mudo de la sangre.
Me miro en el espejo
me detallo por si acaso
todas las vidas que he sido.
Tiemblo, se me arruga el rostro.
Los afeites tan suaves que resguardo
no cambian los instantes contenidos.
Me miro, sonrío.
observo el abrigo invernal sobre los hombros.
He decidido guardar todas las cremas.


Selva Furlan


Los enemigos de Don Gervasio

La Historia, parafraseando a nuestro querido José Enrique Rodó -a quien le debemos las primeras reflexiones sobre América Latina-, no es un ánfora vacía en la cual pueda colarse “indistintamente cualquier sustancia”. Pese a ello podemos advertir, casi a diario, cómo inescrupulosos pretenden traficar sus contenidos con malsanos propósitos. No estamos negando el derecho a cada generación de reescribirla de acuerdo con sus convicciones, sino que levantamos la voz en contra de aquellos que, con la complicidad de muchos, falsifican los hechos y son mendaces en sus relatos.
Esta advertencia resulta esencial para nuestra tarea dedicada a recordar la enorme figura de Don José Gervasio de Artigas, ese criollo de ley y sin precio que supo pararse como un bastión libertario frente a los españoles primero, al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y a la prepotencia hegemónica de Buenos Aires, después.
Manuel de Sarratea, miembro del Primer Triunvirato, por envidia o incapacidad manifiesta juró que destruiría a Artigas. La tragedia se desencadena cuando el petimetre llega a Montevideo para hacerse cargo de las tropas que sitiaban Montevideo. Sus órdenes y contraórdenes, absurdas y alocadas, mostraban sus intereses subalternos. Alejarse fue la única salida que encontraron los orientales para sobrevivir. Llegaba Sarratea -mal le pese a cientos de historiadores, quienes omiten o cuentan una fábula sobre estos episodios- para cumplir, más allá de los ejercicios militares, el acuerdo secreto que los triunviros habían suscripto con el virrey de Montevideo Francisco Javier de Elío, por el que se entregaba a los españoles la Banda Oriental, la mitad de Entre Ríos y parte de Corrientes. Plan que fracasó por los cambios políticos que ocurrieron dentro de la ciudad amurallada, razón por la cual se buscó transformar a Artigas en el chivo expiatorio, declarándole traidor a la Patria y ordenando que se le capturara donde se le encontrare.
Los padecimientos de don José Gervasio no terminaron. El director supremo Gervasio Antonio de Posadas –un verdadero títere en manos de su sobrino Carlos de Alvear- cargó una vez más en contra de Artigas. El instrumento elegido fue Sarratea quien, como embajador en Londres, no sólo pretendió instaurar una monarquía en el Rio de la Plata sino que prohijó otro acuerdo con los portugueses para que éstos invadieran la Banda Oriental y acabaran con Artigas.
Usó las mismas artes que en 1812, cuando coimeó al general Fructuoso Rivera para que procurara “convidar para un día determinado a los caciques (charrúas), principalmente con sus mujeres, cuantos más se puedan, para una función que se celebre en Paysandú ofreciéndoles yerba, tabaco y aguardiente, a fin de atraerlos (…). Entre la embriaguez y los festejos, teniendo ya prevenida una tropa apostada, se echará usted sobre todos ellos y sus mujeres, acabando a los que se resistan”, para asegurar la destrucción del caudillo oriental.
Sería muy interesante analizar la influencia del oro porteño -tras la Batalla de Cepeda del 1 de febrero de 1820- en la resolución militar y política del conflicto que había enfrentado al gobierno de Buenos Aires con la triunfante Unión de los Pueblos Libres.
Las negociaciones de la rendición llevaron a que los contendientes suscribieran el Tratado del Pilar, por el cual acordaron trabajar por la unidad nacional y establecer el sistema federal de gobierno, que tantos desvelos le causó a José Gervasio de Artigas. Se comprometían, además, a convocar, en el plazo de 60 días, a una reunión de representantes de las tres provincias -Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires- en el Convento de San Lorenzo, para convenir la reunión de un congreso que permitiese reorganizar el gobierno central; declaraba el fin de la guerra y el retiro de las tropas de Santa Fe y Entre Ríos a sus respectivas provincias; Buenos Aires se comprometía a ayudar a las otras provincias en caso de ser atacadas por los luso-brasileños; los ríos Uruguay y Paraná se declaraban navegables para las provincias amigas; concedía una amplia amnistía a los desterrados o perseguidos políticos; determinaba el enjuiciamiento de los responsables de la administración anterior “por la repetición de crímenes con que se comprometía la libertad de la Nación” y disponía la comunicación del tratado a José de Artigas “para que, siendo de su agrado, entable desde luego las relaciones que puedan convenir a los intereses de la Provincia de su mando, cuya incorporación a las demás federadas se miraría como un dichoso acontecimiento”.
Artigas interpretó el pacto como una traición. Sus compañeros de ruta Francisco Ramírez y Estanislao López habían caído en una trampa. Como premio a la felonía se los invito como huéspedes de honor a la ciudad portuaria. La sociedad porteña los recibió fría y distante. Algunos cronistas de época relatan que se les tomó como objeto de mofa. El daño estaba causado. Don José Gervasio comienza a retirarse de la escena política.
Los enemigos de Artigas, a pesar del paso del tiempo, continúan embozados. Están listos para, de una manera u otra, intentar dañar su figura. Les duele que no lo hayan podido comprar; tampoco que haya cedido un ápice en sus convicciones. La historiografía porteña le sigue considerando un bandido, como lo hizo Posadas en 1814, cuando ofreció 6.000 pesos a quien lo entregara vivo o muerto.
Esta vez la inquina se manifestó de manera diferente. En la República Argentina no hubo recordación oficial alguna al cumplirse el 250º aniversario de su nacimiento -19 de junio de 1764-. Antes, una importante tribuna dio como cierta la existencia de un testamento falso de falsedad absoluta. Los expertos aseguran que el responsable de su existencia fue el general Fructuoso Rivera, para apoderarse de los bienes del difunto. Ambos hechos, junto a otros -como la desaparición del retoño del Árbol de Artigas -un ibiripitá-, que estaba señalizado en la Plaza San Martín de la Ciudad de Córdoba antes de su remodelación, demuestran que la memoria del gaucho, del criollo sin precio, duele y mucho.
 Silverio Enrique Escudero




Miedos


A veces huyo
del miedo que palpita
en mis entrañas

De su hambre constante
su insaciable sed
de todo lo que quiere

Miedo de lo que ambiciona
y pretende lograr

Este se detiene
y comienza otra vez
su palpitar incesante


Maru Crespo                  




La magia en los pies

Historias Mínimas
Por Sergio Pravaz






El seleccionado de fútbol de la Argentina, además de ser la síntesis perfecta de todas nuestras desmesuras, es también y no provisionalmente, la sinopsis de nuestras más caras frustraciones.
Somos nosotros quienes le ponemos el ropaje de un perfecto Prometeo y su endemoniada condena para que cada vez que se presenta, sobre todo si es en un campeonato mundial de fútbol, suba la cuesta con su piedra descomunal sobre la espalda y diez centímetros antes de llegar a la cima se desmorone para comenzar todo de nuevo; y en tantas ocasiones el árbitro ni siquiera ha dado el pitazo inicial para que comience el partido.
Es muy difícil que nos conforme; si no es la filosofía, es la geometría, el bigote del técnico, el espesor del pasto, la panza de los periodistas, los planetas que se resisten, el jugador ese que tiene las medias caídas y mira fulero o directamente la sinarquía internacional, ese concepto con el que Perón corría a sus adversarios por derecha y por izquierda a comienzos de los setenta.
Lo cierto es que nada nos satisface; de los cinco o seis mejores jugadores de la historia del fútbol mundial, tres son argentinos, pero ¡queremos cuatro! Fuimos los mejores del mundo dos veces y dos veces los casi mejores; bueno, ¡es poco! Salimos campeones en dictadura y también en democracia, bueno, queremos más de ese último porque así ¡consolidaremos nuestro sistema republicano! Le ganamos la guerra a los ingleses con los dos goles de Maradona, uno con la mano y el otro tan sensacional que lo estudian hasta los economistas y los matemáticos para elucubrar no sé qué tipo de teorías.
Todos somos directores técnicos y poseemos un oráculo personal a la hora del armado del equipo y el sistema de juego, más la elección de jugadores, y nos descoyuntamos la cadera si la estrategia elegida no coincide con la nuestra, esa que llevamos “in pectore”.
Desde el Papa Francisco hasta el último clase cuatro de la Administración Pública, somos capaces de hacer tronar rayos y centellas como para que se asusten los mismos dioses si el asunto no es como nosotros lo deseamos.
Somos como el coyote que persigue eternamente al correcaminos por todos los cañadones posibles inventando mundos absurdos por no hacer lo más simple, es decir, disfrutar la belleza del juego dejando nuestra incredulidad natural atada en el fondo del patio. 
Pregunta al electorado futbolero: ¿alguna vez estuvimos enamorados de nuestra selección? O mejor dicho ¿es posible ese romance? ¿se da en algún país? ¿O simplemente somos como la pareja de esa canción de Joaquín Sabina que se llama “Ruidos”, en donde la convivencia es sencillamente fatal?
Si nos equivocamos al votar a nuestras autoridades, vamos a la cancha y descargamos una artillería más pesada que la de “Boogie, el aceitoso”. Si la represión es feroz, vamos a la cancha. Si nos disparan como a patos en la kermes, vamos a la cancha. Si recuperamos la democracia, vamos a la cancha. Si el plan económico no funciona, vamos a la cancha. Si ganamos un Oscar o un Nobel, vamos a la cancha. Si se privatiza el erario público, vamos a la cancha. Si el tipo huye por los techos y se sube al helicóptero, vamos a la cancha. Si asumen cinco presidentes en siete días, vamos a la cancha. Si un argentino llega al techo del mundo y se pone la pilcha de Papa, vamos a la cancha.
En realidad, si lo observamos mejor, el fútbol es como una bendición laica; a todos nos iguala, nos empareja, nos deja desnuditos, como recién nacidos, sin diferencias (como en el más caro sueño de la izquierda aunque el negocio lo maneje la derecha) para gritar, aborrecer y echar culebras por la boca sin ningún tipo de reparos; y también para disfrutar, porque el placer está incluido, más allá de que siempre nos arrojemos a los brazos de la sufridera sin dientes que nos espera para arroparnos.

Somos como esos poetas místicos españoles del siglo XVI que se debatieron entre la agonía y el éxtasis para suplir una carencia fundamental y aun así escribieron maravillas.

Ah, pero sí somos bien capaces de poner a la parrilla junto a la tapa de asado a todo el equipo completo si las cosas no salen como lo dicta nuestro trauma futbolero.
Al fin y al cabo, ese sempiterno Prometeo que es nuestra selección nacional que tan dura encomienda tiene, lo es porque se animó a meterse en el armario de los capos del cielo y les robó el fuego sagrado para que nosotros, los mortales de a pie, veamos de tanto en vez algo que valga la pena, una ilusión, una fantasía, algo de belleza, más allá de nuestros delirios colectivos, broncas y macanas.

Será nomás que así es la pasión, atropellada y sin ojos, con una soga tan larga que alcanza para atarnos a todos juntos y así nos dejemos llevar, unos ríen, otros lloran, otros se mueren de un infarto, o comparten la cerveza, convidan el fiambre o hacen comercio del feo mientras algunos se encomiendan a la virgen de Guadalupe, y aquel que me afanó la bici o la novia se abraza conmigo cuando el gol nos llama porque así es la magia que se desata desde los pies y trepa que te sube como un fuego, nos pinta la cara de celeste y blanco, y nos olvidamos por un rato que la vida está afuera esperando, a veces muy brava, a veces no tanto.

Sí, será así nomás. Una pasión descontrolada y medio perra que nos permite largar una energía única, como para encender todas las luces de una ciudad y creer que el que tengo al lado es mi hermano, aunque no lo sea. 




Fútbol, tango y filosofía

                        Por Alfredo Lemon



Por más de un mes, el hombre común, el individuo hipotéticamente promedio de distintas latitudes del mundo, en su cabeza sólo vibró, mayormente, en una misma onda de frecuencia: el gol. Palpitó fútbol, transpiró fútbol, sufrió fútbol, consumió fútbol, se lamentó por el fútbol, lloró fútbol, festejó por el fútbol, se hartó del fútbol. Se trata sin dudas de una pasión difícil de explicar desde la teoría universitaria, que además de sentirse como emoción en el centro del corazón y casi como un tango melancólico, permite ser pensado no sin alguna prevención: una cosa es reflexionar desde afuera (verlo frente a una pantalla) y otra es hacerlo desde dentro (jugándolo). Se puede entonces filosofar sobre este fenómeno global, sumamente real, alimento de sueños, fantasías colectivas, que merece ser estudiado como espectáculo, como apoteosis, como lenguaje y comunicación; más allá del negocio gigantesco que significa o la utilización política que lamentablemente se ha hecho muchas veces con este deporte.

Cueros y deseos
Convengamos que la relación entre el fútbol y los intelectuales siempre ha sido compleja: llena de odios o indiferencias pero también de respeto y de admiración. Jorge Luis Borges, sin ir más lejos, primero preguntaba con ironía: “¿qué es el fútbol?” y seguidamente advertía: “la idea que alguien gane y que otro pierda me parece desagradable, hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible, se hace de un triunfo o una derrota algo de vida o muerte; se trata de un juego brutal, feo estéticamente, innoble y agresivo”. 
Desde otra óptica, dos existencialistas de la talla de Albert Camus  y  Martin Heidegger fueron considerados amantes paradigmáticos de este juego. El primero, autor de La peste y el Mito de Sísifo, fue arquero del equipo de la Universidad de Argel y llegó a sostener: “después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo que aprendí en el equipo no puedo olvidarlo”. Por su parte, el segundo, autor de Ser y tiempo, jugó en su juventud de puntero izquierdo y confesó su excitación frente a las trasmisiones televisadas de la Copa de Europa y su admiración por la delicadeza con que Franz Beckenbauer trataba al balón. 
Hace unos años, en Buenos Aires, escuché decir a Umberto Eco que las imágenes televisivas del campeonato, nos convierte en seres pasivos, meros mirones de lo que los otros hacen. La paradoja fue que él mismo, hizo lo imposible para desligarse del auditorio donde se encontraba, para ver el partido que disputaban en esa instancia Italia con Noruega.
Desde la sociología, Juan José Sebreli en su libro La era del fútbol dice que a través del mundo del fútbol, desde el poderoso dirigente hasta el hincha anónimo, pasando por el ídolo, puede analizarse el proceder del grupo social en su totalidad y comprobar a través de esa micro-sociedad, las tendencias latentes o manipulaciones de la macro-sociedad. El fútbol no es solamente fútbol. Del mismo modo que lo fue el Olimpo en la Grecia de Pericles, el Circo en el Imperio Romano o el Hipódromo en el Imperio Bizantino, el estadio es un espejo de la sociedad actual. “La identificación apasionada con el propio grupo y la hostilidad hacia los que no pertenecen, son rasgos de la personalidad autoritaria que comparten por igual la ideología y el deporte”. En apretada síntesis, encara al fútbol no como mera diversión sino como algo serio que ha venido a reemplazar y a llenar el vacío existencial que dejaron las grandes religiones y ciertos sistemas políticos, incluido el socialismo. Plantea además que durante el Mundial, la ciudad adquiere una atmósfera particular, calles semivacías, enormes pantallas ubicadas en esquinas estratégicas, bares y negocios con televisores encendidos, taxis con radios escuchando los partidos, escuelas que dejar de trasmitir educación, empleados que descuidan sus trabajos y principalmente, la imposibilidad de permanecer ajeno al fenómeno de esta omnipresencia deportiva



Tango y amor por el fulbo

Juego, luego soy: el estilo de jugar es un modo de ser, que revela el perfil propio de cada comunidad y afirma su derecho a la diferencia.
Dime cómo juegas y te diré quién eres. Hace ya muchos años que se juega el fútbol de diversas maneras, distintas expresiones de la personalidad de cada pueblo, y el rescate de esa diversidad aparece hoy, más necesario que nunca. Nunca el mundo ha sido tan desigual en las oportunidades que ofrece y tan igualador en las costumbres que impone. En este mundo ansioso, contradictorio, descreído y solo, quien no muere de hambre, muere de aburrimiento.
Desde este entendimiento cobran fuerza las ideas de Jorge Valdano, ex-delantero del seleccionado argentino campeón mundial de 1986 que además cursó estudios de filosofía en Europa, al afirmar que: “se juega como se vive, somos como jugamos y el fútbol es el juego que elegimos. Niños descalzos en cualquier arrabal de la América nuestra, niños con zapatillas prósperas en un parque de la España rica; donde salta un balón se implica el alma de un hombre en proyecto”.
Fiesta y batalla; aplauso y conflicto. Los que miran se involucran, juegan por delegación, no de un modo virtual sino vivenciando los sucesos de la cancha en carne propia, en el recinto más íntimo de su ánimo. Estos impactos, estas fuerzas son más emocionales que cerebrales, más proclives al fervor que al raciocinio; tal vez porque lo adulto y lo civilizado tienen siempre que ver con lo venidero y el fútbol nos da la ocasión de manotear cierta dosis de placer presente o rasguñar un poco del retazo de la infancia.

+Esta es quizás, no sólo en nuestra patria, una de las pasiones más compartidas por el pueblo; en donde muchos adoradores de la pelota (o de los libros) aunque nunca hayamos sabido jugarla bien, integramos la tele-platea cuando interviene nuestra selección. Porque en los instantes del partido, sentimos esa pertenencia común y esos veintidós jugadores, durante noventa minutos, el césped de la cancha y la tribuna, son capaces de desplazar al universo. Porque durante ese breve espacio de tiempo sin tiempo brincamos también detrás de una pelota y pateándola aunque más no sea con la mirada atenta, le demostramos amor y podemos ser felices.
Ante esa llama encendida en el alma de tantos hombres, cabe preguntarse: ¿es posible tamaña equivocación, estamos tan errados todos, en todas partes del orbe, los japoneses, africanos, europeos? ¿somos todos engañados ? ¿esta ilusión generalizada nos envuelve a todos, en todas partes del mundo en un mismo momento ¿ es este mes, un humo de opio sobre nuestras conciencias?
Jugar es existir, existir es ser
Siento afinidad con el planteo poético de Galeano que en  El fútbol a sol  y a sombra, enuncia audazmente la metáfora del gol como el orgasmo del fútbol. Y también cuando confiesa que a medida que van pasando los años, como un mendigo suplica: “una buena jugada por el amor de Dios...” y que cuando eso ocurre, agradece el milagro sin importarle cuál es el club o el país que se lo ofrece. El escritor uruguayo observa que la historia oficial tiene un descuido asombroso al ignorar el fútbol. Es cierto, ni los textos de historia contemporánea ni los diccionarios de teoría de la comunicación lo mencionan, en países donde ha sido y sigue siendo un signo de identidad colectiva
A quien sepa sondear en lo profundo de las vicisitudes de la vida, el fútbol le develará verdades del entramado social y psicológico del hombre; aristas de luz que sólo las grandes intuiciones pueden percibir.
Y ahora cierro esta página como quien tira la pelota afuera. Le pongo un punto final con esa melancolía que podemos sentir después de bailar un tango, hacer el amor, al concluir un libro o terminar un partido.


Alfredo Lemon


Una cosa trae la otra                                                Por Lily Chavez

De mundiales, arqueros y otras cuestiones


¡Cruce una azul y blanca sobre el texto por favor señor Director! Cruce una azul y blanca que los argentinos estamos teñidos de emoción.  El recuerdo de mi padre, un amante del fútbol, me atravesó muchas veces estos días. Lo imaginé nervioso, sentado en el sillón del living, fumando,  moviendo su hombro izquierdo, acomodándose en su incomodidad. Mi padre decía  de corrido el nombre de los jugadores de las selecciones y tal vez por eso, algunos de ellos quedaron muy marcados en mí. Anoche, 9 de julio de este 2014, después de finalizado el partido Holanda-Argentina,  en  la esquina de Vélez Sarsfield y Bv. San Juan una nueva generación de jóvenes gritaba el nombre de Sergio Romero, el arquero que atajó dos penales al equipo de Holanda. Ellos no olvidarán el nombre del  “chiquito” Romero, y generaciones anteriores recordaremos otros arqueros tan firmes, tan seguros y tan grandes como hoy sentimos a  Romero. Por  la historia de los porteros mundialistas pasaron Ángel Bossio, Juan Botasso, Héctor Freschi, el gran Amadeo Carrizo que, a decir de mi padre, revolucionó el puesto;  nadie hasta entonces – decía – había abandonado el área chica para intervenir de otro modo en el partido. Él anticipaba las jugadas, ni se le cruzaba por la cabeza esperar mansamente  a los delanteros rivales, fue realmente un arquero-jugador. “El gráfico” lo calificó como “Un maestro sin época” y medios europeos lo definieron el mejor guardameta del siglo XCX en Latinoamérica. Y siguieron otros como Julio Elías Musimessi (vean la terminación de este apellido), Antonio Roma, Rogelio Antonio Domínguez, Hugo Gatti, Miguel Ángel Santoro, Ubaldo Fillol, Héctor Baley, Ricardo La Volpe, Nery Pumpido,  Luis Islas, Sergio Goicochea, Fabían Cancelarich, Ángel Comizzo, Norberto Scoponi, Carlos Roa, Germán Bustos, Pablo Caballero, Roberto Bonano, Roberto Abbondanzieri, Leo Franco, Oscar Ustari y  Mariano Andujar entre otros.
Claro que los festejos actuales distan de los vividos en el 78 o en el 86. En el 78, durante el Campeonato Mundial de Fútbol disputado en nuestro país, la mayoría de los ciudadanos vio los partidos en blanco y negro. Algunas empresas alquilaron salas de cine y equipos receptores de televisión PAL B junto con proyectores de televisión y vendieron entradas para ver los partidos en pleno centro, dentro de un cine y en colores. La fecha oficial para el inicio de las transmisiones color fue el 1º de mayo de 1980. En 1981 ya todas las transmisiones en la ciudad de Buenos Aires eran en colores, y el resto del país fue actualizándose  lentamente. Ahora, al instante, sabemos y vemos todo, las redes sociales como Twitter, Facebook, Badoo, Tagged recaban y reproducen todas las miradas, todas las expresiones, las euforias, las emociones y la televisión digital de alta definición cada vez ocupa un lugar más amplio en nuestro living.
El fútbol es el deporte más popular sin dudas. Las encuestas dicen que los diez países más futboleros del mundo son: Brasil, Inglaterra, Italia, Argentina, Alemania, España, México, Uruguay, Portugal y Francia. Pero estoy convencida, que cada vez son más  los se involucran en esta  pasión: pensemos en la garra puesta en este Mundial por países como Argelia, Ghana, Nigeria y Costa Rica entre otros. Dicen que las mujeres no debemos hablar de fútbol pero creo que hasta esa cuestión está cambiando. Las mujeres van introduciéndose de a poco en el campo deportivo, ejemplos de ello son Viviana Vila y Ángela Lerena; Gabriela Pazmiño Yépez (Ecuador) o Anne Doyle por dar algunos nombres.
Así también – aunque son los menos – están quienes  no se interesan por el fútbol  y expresan que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”  o que quieren irse  “a cualquier parte donde no se hable de fútbol mientras dure un campeonato del mundo”.  Estas frases encomilladas, que podrían ser de cualquiera de nosotros,  pertenecen a un escritor sumamente admirado como  Jorge Luis Borges, y puede que efectivamente  lo sintiera de ese modo o simplemente  formara parte de su humor y  su tradicional ironía. Dicen que una revista de actualidad reunió a Borges con el Director Técnico César Luis Menotti para una entrevista y que Borges comentaría más tarde: “Qué raro, ¿no? Un hombre inteligente y se empeña en hablar de fútbol todo el tiempo”.
Y aunque estoy más que entusiasmada, finalizo  esta columna  de  Una cosa trae la otra con la letra de una canción que la creatividad argentina convirtió en hit y furor. Adaptaron para los estadios: “Bad Moon Rising” del grupo Creedence Clearwater Revival. El tema hace mención al triunfo 1-0 de Argentina ante Brasil, en octavos del Mundial Italia 1990, con gol de Caniggia tras una enorme jugada individual de Maradona.
Te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar...   / Que el Diego te gambeteó, que Cani te vacunó, que estás llorando desde Italia hasta hoy. / A Messi lo vas a ver, la Copa nos va a traer, Maradona es más grande que Pelé".
A la música, plenamente incorporada en cada corazón argentino, la ponen ustedes para tararear mientras leen esto.
¡Vamos, vamos Argentina!



Un sincero agradecimiento

El museo estaba cerrado. Ella y tres turistas vieron frustrado su proyecto de ingresar. A esa misma hora, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, las selecciones de fútbol de Argentina y Alemania disputaban la final de la Copa Mundial de ese deporte. Quiero imaginar que la insistencia de la señora por recorrer la institución (privada, aclaró ella ante el periodista que la entrevistó. Joaquín Morales Solá, o sea, estaba en casa) coincidía con el instante exacto en el que el arquero alemán Manuel Neuer cometía intento de asesinato en el área grande contra Gonzalo Higuaín, nuestro delantero. Pero es sólo mi maléfica imaginación y no la puedo domesticar. Felizmente.
Estaba enojada la señora. Dijo que, curiosa y dispuesta a confirmar que este país es raro, hizo varias llamadas telefónicas a diversos museos y comprobó que sí, la Argentina es un país raro. En ningún caso le respondieron. Por supuesto, agregó que esto en Europa no sucede. Los museos están abiertos caiga granizo, Merkel se intoxique con chucrut o Rajoy haga un curso de retórica y lo apruebe. Menos los lunes, obvio. A propósito, la directora del Museo Histórico Nacional, Araceli Bellotta, confirmó que la institución estuvo abierta al público y que, además, hubo una pantalla para que quienes allí trabajan y ocasionales visitantes puedan solazarse con el compromiso de dignidad que dieron los chicos de Sabella.
Pero no quedó ahí la protesta de la señora. Gracias al "Frankfurter Zeitung" supo que el "Empire State Building" lució los colores de la bandera alemana como homenaje al flamante campeón mundial. Pudo haber sido el celeste y blanco, señaló, pero los medios nacionales retacearon la información, dijo. Le faltó aclarar que el retaceo incluyó a las distintas ventanillas de cobro del Grupo para el cual trabaja la decepcionada intelectual.
Beatriz Sarlo, de ella se trata, me hizo acordar a Eduardo Galeano. No, no estoy loco. Al menos no por esto. El uruguayo protesta cada vez que le dicen intelectual. Para él los intelectuales son seres humanos que tienen disociados el cerebro y el corazón. Y él ha dado, y sigue dando, muestras de un magnífico equilibrio entre ambos. Lo expresa cada vez que puede y lo ratificó en aquella inolvidable cena en casa, hace un par de años.
De ahí mi agradecimiento a la Sarlo porque es un ejemplo vivo de intelectual. Con el cerebro en el "Frankfurter Zeitung" y su patriótico corazón en el "Empire State Building".

Julio Rudman



Ella me despierta,
todos los días,
con  una suave caricia en mi rostro,
endereza mis días,
proclama el frio en invierno
y el calor en verano.
Es lo primero que tengo ante mis ojos,
cada mañana, de todos los días.
Ella
la luz de la ventana.


Eduardo Alberto Planas






“Seis para una indiferencia” – Charly Medina – Unquillo – Córdoba

“El marginal me llaman”: resistencias y estrategias discursivas en torno a la representación de la marginalidad en las literaturas cordobesas (Segunda Parte)
Artículo publicado en "El pueblo en la trama". Compiladores: Pablo Heredia y Domingo Ighina. Editorial Babel. 2013. Cba.

Caso 2: Resistencias en torno a una literatura marginal
Hemos seleccionado una recopilación de letras de cuarteto de Carlos Jiménez (La Mona) que testimonian historias sobre la marginalidad, a partir de la cual podemos observar el registro de una resistencia a la dominación por parte de los grupos subalternos que se presentan en las historias narradas en las canciones. En primer lugar, nos abocaremos a la descripción de este fenómeno a nivel discursivo, y luego reflexionaremos -en base a algunas líneas generales- sobre cuál es el lugar que el cuarteto con respecto a la literatura argentina.
Si bien las canciones que constituyen nuestro objeto de análisis han sido elaboradas por sujetos letrados, los cuales no podríamos juzgar como “marginales” o “subalternos” , son sin embargo consumidas por un público humilde que se identifica con sus letras, lo que nos permite incorporar a nuestro análisis el fenómeno de la “mediación” por el cual las formas de comportamiento frente a la industria cultural son maneras también de localizar estrategias y conformación de identidades del público receptor organizado en torno a ellas.
En “El marginal”, el “yo lírico” –a la vez identificable con la figura del cantante - afirma su subalternidad, lo cual ya implica una resistencia en el mismo acto de la nominación. Por otro lado, se percibe una queja hacia el sistema social que excluye y, a la vez, se aprovecha de la marginación que crea haciendo uso del cuerpo del marginado, tema que renueva la problemática abordada por la gauchesca en obras como Martín Fierro –donde el gaucho va a pelear a las fronteras sin una retribución económica y social alguna- o en Juan Moreira –donde el gaucho es usado por los dueños del poder de turno en su calidad de “puntero político”- .
Metafóricamente esta canción nos permite además pensar en la relación de la construcción del canon frente al “otro”. Para Zubieta, el uso de la figura del “otro” desde el poder es homologable a la configuración de la “cultura popular” que nace antes como interrogante que como certeza, y amerita, por tal razón, indagar sobre quién se pregunta sobre ella. Peter Burke señala que en la Europa de fines del siglo XVIII, lo popular aparece como objeto de interés para la cultura letrada que ubica en esa alteridad, paradójicamente, el soporte de la identidad de los Estados Nacionales modernos. De igual modo, podemos observar una estrategia similar en el nacionalismo de elite de Lugones, quien consagra al gaucho como héroe y esencia de la patria, cuando este no es más que una entelequia, convertido ya en peón de la Argentina agroexportadora. (ZUBIETA, 1999: 17) La crítica hacia el “uso” y “abuso” del segregado también se extiende al periodo histórico del surgimiento del tema -1995- y al gobierno de Carlos Menem (1989-1999), quien paradójicamente no supo responder a los problemas del mismo sector que fue decisivo en su posicionamiento político.
En el tema “No te preocupes” se ejerce la resistencia denotando la discriminación existente en la sociedad con respecto al “pobre”. Para Osvaldo T. Hepp este género musical asimilado por las clases sociales más pobres refunda la vieja polémica “civilización o barbarie” instaurada por Sarmiento, donde el rock inglés podría ubicarse dentro de la primera categoría y cuarteto ocuparía su lugar en el último término como estilo musical identificado con los grupos más desposeídos de la sociedad. Esta canción plantea, además, la mirada de un otro “superior” sobre un sujeto subalterno, caracterizado como “negro”. Para Fanon no se trataba del problema de la raza sino de perspectiva crítica de un sujeto exterior que segregaba: “el negro ya no plantea el problema del negro sino de serlo para el blanco”. (FANON, 1970: 147) Nos referimos, entonces, al desprecio que la clase alta, o incluso media, enarbola sobre una clase oprimida, donde “negro” significa además una categoría “ a priori” que criminaliza la pobreza identificando al “otro” como “peligroso”. Para La Mona, el cuarteto implica una verdadera rebelión porque lo erige como un representante de “los más humildes”, el que pudo posicionarse en el centro de la escena para representar a dicho sector social a fuerza de “trabajar como un buey”, lo cual transforma también su canto en un himno al trabajo y la superación personal. Fanon decía al respecto que “la noción subjetiva, existencial, étnica de negritud “pasa” como dice Hegel a la de –objetiva, positiva, exacta- de proletariado. Para Cesaire, el blanco simboliza el capital, el negro el trabajo.” (FANON, 1970: 172) De esta manera, en esta canción se invierte positivamente el ángulo despectivo del término “negro” con el que buena parte de la sociedad cordobesa denota al pobre como “vago” o “delincuente”, y se lo lleva a la categoría universal del proletario, del cual La Mona es representante. Gran parte de los temas están orientados a la construcción biográfica del cantante como “ídolo popular” que se debe a su público. Uno de ellos es “Muchacho de barrio”, donde este sujeto subalterno demuestra, con énfasis, que su ascenso de clase no le cambió la esencia forjada en un lugar humilde. Los ídolos marginales subvierten las expectativas y las limitaciones vinculadas a su carencia inicial y por eso constituyen un reservorio sagrado para el pueblo que los aclama. Por otro lado, y al igual que en el tango, uno de los espacios más significativos del cuarteto es el barrio vinculado a las clases subalternas -al igual que la esquina o “la calle”-que asumen una vital importancia con respecto al conjunto de “habitus” que genera sujetos desplazados, por su misma condición de origen, de los centros de enseñanza oficiales, permitiéndoles legitimar el cúmulo de los saberes populares aprehendidos a la par de la experiencia vivida en constante proximidad con los peligros del “afuera. Por tal motivo, la “escuela de la calle” que menciona La Mona subvierte el orden social hegemónico que articula el saber con los centros académicos y deposita su valor en la experiencia vivida por el marginal, que es una especie de “baqueano” de la ciudad y se abre paso en un ambiente adverso en el cual el burgués difícilmente sabría cómo conducirse para subsistir.
La resistencia de los grupos subalternos a la dominación capitalista también se percibe en la representación del delincuente. En “Abran la Reja” un preso trata de demostrar su inocencia haciendo una crítica al sistema que lo condena por ser pobre, y deposita su fe en una salvación divina. Como bien apunta Dominé, el sistema judicial contiene por excelencia la figura del “otro”, ya que la confesión sigue siendo el modo primordial de capturar su voz y por eso, prácticas como la denuncia, la querella, el informe, la encuesta, el interrogatorio y la delación, constituyen, a través del tiempo, el documento testigo de la existencia y la memoria del sujeto subalterno. (DOMINÉ, 1999: 206) A través de la confesión el marginal encuentra el resquicio propicio que le brinda el poder hegemónico para alzar su voz y reclamar por justicia y equidad: “cantar” es confesar en el idioma carcelario, y a través de la música que lo identifica, el excluido puede hacerse oír. Este relato enfrenta la estigmatización de la pobreza que, en el pensamiento liberal concibe al individuo como responsable y dueño exclusivo de su destino y, de esta manera, transforma a la pobreza en inmoral, pues “no tener” confirmaría las escasas virtudes éticas del carenciado: no tener útiles escolares ni libros es signo de que el alumno no es aplicado; no tener trabajo, de vagancia; no tener espacio, conduce a la promiscuidad, etc. (GUBER, 2006: 154) Lo mismo se problematiza en la gauchesca, subraya Ludmer, ya que el género visibiliza el "problema" que, para los ciudadanos, constituye la delincuencia campesina o la “ilegalidad popular”, donde el gaucho no propietario y sin trabajo hace la ecuación en el discurso hegemónico “desposeídos= delincuentes”. (LUDMER, 1988: 117).
En “Dos por Uno” se justifica el robo a causa de la privación económica del pobre, lo que constituye una suerte de victimización del delincuente que localiza en el hurto leve (sin que se expliciten daños a terceros) la figura del “ladrón noble” que roba para los más humildes (él y su propia familia, en este caso) compensando, de ese modo, la desigualdad social generada en el marco de un esquema capitalista que lo excluye de su modelo económico . Podemos insertar estos relatos dentro de la categoría de las “ficciones de la exclusión” propuestas por Ludmer, que comparten fundamentalmente tres rasgos diferenciados de otras series o géneros narrativos: la construcción de subjetividades está puesta del lado del delincuente y no la de la víctima o del investigador; el nivel del registro verbal es medio, y no alto ni popular y existe una representación del Estado como ilegítimo. (LUDMER, 1992: s/d) Sobre el último punto hay que aclarar que en este caso la “ilegitimidad” del Estado y su cuestionamiento radica en la ausencia de la función que le corresponde para garantizar la equidad social, crítica que permanece implícita en la narración.
En cuanto a la noción de género, el ejercicio de la prostitución representado en las canciones podría marcar una resistencia frente a una sociedad machista, ya que las mujeres de la clase popular se reafirman en una posición dominante, a través del goce y el dominio libre de su propio cuerpo, eligiendo entre sus amantes al mejor postor, como se exhibe en “Amor al Contado”.
Por último, el cuarteto caracteriza la fiesta como un ritual de “bendición” para el pobre, tal como podemos ver en “Así, así”. Para Bajtin la fiesta representa para la clase popular un acto de rebeldía instintivo frente a la dominación. Bajo el régimen feudal existente en la Edad Media, ejemplifica, la relación de la fiesta no oficial con los objetivos superiores de la existencia humana, la resurrección y la renovación, solo podía alcanzar su plenitud y su pureza en el carnaval y en otros eventos populares, donde el pueblo “temporalmente penetraba en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, de la igualdad y de la abundancia”. (BAJTIN, 1974: 215) En cuanto al lugar del cuarteto, con respecto a la literatura cordobesa, subrayamos su ausencia en las antologías regionales y en los compendios de la narrativa cordobesa. Por eso las letras de cuarteto constituyen, a nuestro entender, una “literatura marginal” , ya que se la excluye del canon , pero además porque reúne una condición peculiar dentro de la literatura, ya que está destinada (aunque no exclusivamente) a ese “otro”, llámese “pobre, no ilustrado, desposeído o marginal” que puede verse identificado a través de las letras de este cantante héroe “marginado” (La Mona) que convoca a sus adeptos (cual Martín Fierro) a escuchar sus propios dolores y los de otros infortunados como él. Se trata de relatos de excluidos en donde la “otredad” ya no está localizada en el humilde sino en el burgués, y hasta en el mismo sistema social que oprime y vulnera. Allí nace la dimensión ética de nuestra propuesta de investigación centrada en las posibilidades de resistencia a la dominación que exhiben estas letras, pero además, en la posibilidad misma de teorizar sobre esta literatura singular.

Conclusiones
“Escribir la pobreza es un imposible” (ROSA, 1997: 114). El “escritor de la pobreza” representaría metafóricamente la mirada absorta de un mendigo sobre un escaparate que no encuentra, entre la multiplicidad de recursos literarios que se le ofrecen: una manera de describir tanta carencia a su alrededor. En nuestro análisis, en cambio, analizamos cuáles son las “posibilidades” de representación de los relatos de la marginalidad visibles en las retóricas discursivas y las estéticas particulares de las “literaturas” en Córdoba.
Los discursos literarios que representan la marginalidad operan con estrategias discursivas específicas relacionadas con los espacios legitimantes en los que se inscriben, en donde podemos discernir el caso de las “literaturas marginales” (como el cuarteto) destinadas a un público marginal, con el de las “literaturas sobre la marginalidad”, destinadas a un público de clase media o burgués.
En síntesis, por su orientación, podemos clasificar estas estrategias discursivas en: a) las que buscan la aprobación de la figura del agente social en tanto “legítimo” portavoz de la historia del marginal; b) las que buscan involucrar al receptor, en la cual destacamos el concepto de proyección en la “literatura sobre la marginalidad” de Córdoba; y c) las que buscan la supervivencia de los discursos a través de su consumo, en la cual cabe destacar la función de la industria en el caso de la música popular cordobesa.

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ZUBIETA, Ana María (1999). Letrados iletrados: representaciones de lo popular en la literatura. Editorial Universitaria de Buenos Aires SEM.

Por Mariana Celeste Valle




La foto de Mary




Esta es posiblemente la más difundida y tal vez la más hermosa  foto de María Haydée Rabuñal, Mary, la Flaquita. Se la saqué yo en el Parque Sarmiento, en Córdoba, creo que en el año 1969 cuando  todavía estábamos de novios  ya que nos casamos en Febrero del  70.
            Tal vez porque es en blanco y negro – con la ausencia y presencia de todos los colores – y en ese lugar increíblemente bello, es que se pueden captar tanto los matices como la luminosidad del sol resplandeciendo en el verde de las hojas  y en la sonrisa – inolvidable – de Mary, plena de alegría y - porque no decirlo - de amor y felicidad.
            Con su pícara y seductora mirada orientada al infinito del cielo, con las manos en los bolsillos de atrás del vaquero, en una pose típica de ella cuando sentía que el mundo le pertenecía, la foto expresa no solo el momento que vivíamos personalmente, sino la situación en las que nos tocaba vivir un amor tan singular y apasionado.
            Nos conocíamos desde no hacía mucho en la facultad de Medicina  donde ambos estudiábamos  al calor de la lucha del movimiento estudiantil o mejor dicho obrero-estudiantil de aquel entonces. En el trajinar de las reuniones, los actos relámpago en las calles, las asambleas  en la explanada del comedor universitario, con el olor a humo y libertad que nos impregnó por siempre en el Cordobazo, las tomas del barrio Clínicas, las comisiones de los prácticos en los hospitales, el cine Sombras, la Piojera,  los recitales de Radio Universidad, los grupos de estudio de formación, las idas a los amoblados, las lasagnas de Romagnolo, las pizzas de La Salta, las busecas del Claudia, las idas a las puertas de las fábricas, los besos eternos en la Plaza Colón, los paseos por la Cañada, los mates en las pensiones, los Beatles y Serrat, las guitarreadas, los poemas, el trabajo en los dispensarios, el dolor por nuestros pacientes, los llantos por las muertes de la represión, la esperanza que nos había dejado encendida el Che, el regocijo de saber que la historia se podía cambiar con nuestros guardapolvos y con la militancia revolucionaria.
            Ingenuos y apasionados, nuestros corazones latían al unísono y nuestros cuerpos esbeltos y jóvenes vibraban al son de un erotismo que se alimentaba de nuestras caricias, pero también de nuestros sueños, y cada expresión de amor  era también de júbilo por el orgullo de habernos encontrado y estar juntos en ese momento, en ese lugar, en esa historia. Cada instante era un descubrimiento, cada vivencia un aprendizaje, la vida parecía limitada e infinita a la vez,  porque  los  días se alargaban a nuestro antojo y al aire que insuflaba nuestros pulmones expandía nuestras mentes hasta fundirse con el universo.
            Después vinieron otras alegrías y otras tristezas, momentos de esplendor y de tinieblas, penas que todavía penan, regocijos que siempre perduraran.
            Pero esta foto, ya medio ajada por el paso del tiempo, plasma no sólo nuestro ardoroso romance sino que es testimonio y memoria de quienes como Mary, la querida Flaqui, se brindaron por entero - no sólo de palabra - por ideas, convicciones y compromiso, a la única gran tarea que para nosotros justificaba y aún justifica la existencia humana: hacer todo por el semejante sin perder nunca la ternura, que es el único modo digno de hacernos a nosotros mismos.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Septiembre 2013






Ella: El amor en los tiempos virtuales
*  *  *  *  MUY BUENA


Era de las redes sociales, de la virtualidad sin límites, de la tecnología que embriaga, de una vida alienada y desprovista de sentido, de una existencia humana anónima, del reinado de la soledad y de la carencia afectiva. En este ambiente, la genialidad y la creatividad de Spike Jonze encuentran su fuente de inspiración para eclosionar. El resultado es una historia que le proporcionó un Oscar al Mejor Guión Original y un Globo de Oro al Mejor Guión este año.
Spike Jonze, responsable de interesantes cintas como “¿Quieres ser John Malkovich?” (1999), “El Ladrón de Orquídeas” (2002) y “Donde habitan los monstruos” (2009), produce, dirige, escribe y musicaliza “Ella”. Tan bella como extraña pero singularmente interesante, la cinta envuelve una crítica hacia la sociedad actual y la dependencia de la tecnología, en clave artística y con sensibles criterios cinematográficos.
La película nos presenta a la ciudad de Los Ángeles en un futuro no muy lejano. Theodore (Joaquín Phoenix) es un redactor de profundas y conmovedoras cartas personales para una empresa que ofrece dicho servicio. Mientras atraviesa su divorcio con la mujer que aún ama, sus días transcurren en la soledad y la tristeza que le producen los recuerdos de su feliz pasado. Para darle un orden a su vida, adquiere un avanzado sistema operativo, personalizado para cada usuario. Tras instalarlo, Theodore escucha por primera vez la voz de “Samantha” (Scarlett Johansson), la voz femenina de ese sistema operativo. Samantha demuestra ser inteligente y divertida y, con el transcurso del tiempo, resulta ser una compañía para Theodore, tornando una amistad en una relación de amor.
Cuando la tecnología parece neutralizar todo sentimiento humano, la cinta ofrece un amplio abanico de ellos. La vida de Theodore está signada por la tristeza, la melancolía, la soledad, la rutina y el anhelo. Para acentuar ese estado de ánimo, Jonze propone la utilización de un entorno particular: una gran ciudad tecnológica, personas que van y vienen sin mirar a su alrededor, un espacioso departamento mediante tomas amplias. Espacios tan vastos hunden a nuestro protagonista entre la vida que tiene y la vida que tuvo. De manera sutil, Theodore va recordando la felicidad que compartió con su esposa, evidenciando sus deseos de recuperar aquello que él mismo contribuyó a perder. Han sido en vano los intentos de reconstruir su vida amorosa que el vació de su corazón de apodera de su vida. Lo real parece no tener cabida.
Pero la llegada de Samantha lo transforma  todo. Es un  renacer. La  soledad parece disiparse. Theodore no puede evitar encontrar en ella la posibilidad de una vida esperanzadora. Junto a Samantha, Theodore piensa, siente, reflexiona, ama, disfruta y trasciende. La virtualidad reina.




Pero la tensión realidad-virtual es inevitable. Allí en donde ingresa, de manera subrepticia, la crítica hacia una sociedad sumida en la tecnología, que no ve más allá de los dispositivos y redes sociales. ¿Hasta qué punto la tecnología gobierna nuestras vidas? ¿Podemos ver al otro sin una red social que nos conecte? ¿Qué nos depara el futuro? ¿Una sociedad despersonalizada? ¿Una masa inconmensurable de adictos tecnológicos? ¿Hay lugar para el amor real en esos tiempos futuros? Esto y mucho más nos viene a proponer Jonze.
Loable trabajo de Joaquín Phoenix, quien nos regala una actuación enternecedora y profunda. Nada hubiese sido posible sin el talento de este fabuloso actor, rebosando sentimientos hasta en la más mínima mirada. Es notable también el trabajo de la versátil Scarlett Johansson quien, con su bella voz, logra darle cierta corporeidad a Samantha. Con un lujoso reparto que se completa con Amy Adams, Rooney Mara y Olivia Wilde, estamos frente a una historia intimista y, por momentos, melancólica, que es llevada con la maestría de alguien que tiene muy bien en claro el objetivo que se plantea. Cumple un rol central la música, reflejando en cada nota los sentimientos de nuestro protagonista.
Nominada a cinco premios Oscar, que incluyó la categoría de Mejor Película (Spike Jonze triplemente nominado al galardonar sus roles de productor, guionista y compositor de la canción central), “Ella” es una fábula que orienta su mirada hacia el futuro para analizar nuestro presente y el modo en que se lo vive o se lo podría vivir.

Leonardo Arce





En la casa: Una historia entre cuatro paredes



El director Francios Ozon nos presenta una historia basada en la obra de teatro denominada “El chico de la última fila”. Ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2012, esta película francesa nuclea una serie de elementos que se ensamblan de manera magistral para ofrecernos una historia atrapante desde el primer momento.
Germain (Fabrice Luchini) es un profesor de literatura. Signado por la frustración que le generó su fracaso como escritor y por una vida aburrida y rutinaria, pasa sus días entre las correcciones de los trabajos de sus alumnos y la queja por el escaso nivel intelectual que poseen. Pero, entre esos trabajos, descubre en uno de los estudiantes, quien demuestra un potencial talento para ver la realidad y volcarla en una trama. Claude (Ernst Umhauer), un chico que se sienta al final de la fila, siente fascinación por la familia Rapha y su casa. Empeñado a entrar en esa elegante casa, lo logra haciéndose amigo del hijo del matrimonio. Y a partir de ahí, le contará a su profesor, a través de periódicas entregas, la vida de aquella familia y su casa.
Es muy interesante la relación establecida entre profesor-estudiante. Germain guía la construcción del relato y le proporciona a Claude los recursos necesarios para que implante tensiones en el seno de la familia a los fines de generen conflictos que avancen y alimenten la novela. Por su parte, Claude se fascina por la vida de clase media burguesa de los Rapha, una vida que critica por simple y aburrida pero que anhela con fervor, ya que proviene de una familia desintegrada. Mezclando realidad y fantasía, en sus relatos va formulando intereses personales que permanecen siempre latentes, pero ocultos. Eso llega a un punto tal que el profesor logra fascinación por la vida de los Rapha, compartiéndola con su esposa Jeanne (Kristin Scott Thomas); vuelve a encontrar una motivación para su vida, proyectando sobre el joven la imagen de un talentoso escritor a la que él aspiró. Pero ese ejercicio literario termina convirtiéndose en un juego peligroso cuando Claude va buscando un final para su historia. Peligroso para ambos.



En cuanto a los aspectos técnicos, no hay lugar a dudas que la intención del director es acentuar el voyeurismo de Claude mediante el diseño de producción, la fotografía y la música(estilo muy teatral). La mirada atenta del adolescente se difumina de modo tal que la vida de los Rapha transcurre naturalmente y  no del modo en que el joven ve que sucede. Dos versiones completamente diferentes: una realidad “real” (valga la redundancia) y otra realidad “interpretada”; una realidad “genuina” y una realidad “manipulada”. Esa relación dialéctica es lo que mantiene en vilo al espectador. Ese clima cinematográfico es difícil de adquirir y el director francés debe quedarse plenamente satisfecho en ese sentido. Pero eso no debe ir en detrimento del excelente elenco, que despliega todo su talento al recrear cada personaje. Intrigante, atrapante, delirante por momentos y aguda, la cinta explota ese deseo innato de muchos de saber qué es lo que pasa entre las cuatro paredes de un hogar determinado, de una familia determinada, de un sujeto determinado. Configura esa clásica mirada a través de la mirilla de la puerta que muchos reprochan pero  a la vez, adoran. La película explicita esa mirada socialmente condenada, la desarrolla y la desnuda sin tapujos. Como dice Claude al final de la cinta, “siempre hay una manera de entrar en una casa”. Y esta película es una de esas maneras. 

Leonarco Arce





MÚSICA: Operina Tascabile






El ciclo L´ Operina Tascabile, organizado por el Istituto Italiano Di Cultura, bajo la dirección musical del Maestro Gerardo Casalino, textos y presentaciones de Guillermo González, inicio la temporada 2014 presentando  el espectáculo Gioia e Follia, con fragmentos de La Sonnambula e I Puritani de Vicenzo Bellini, Dinorah de Giacomo Meyerbeer y  Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti. El mismo  se realizó el día Miércoles 18 de junio de 2014, en el Aula Magna del a Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba y contó con gran éxito a nivel del público. Los intérpretes fueron Alibé Guastini (soprano de coloratura) y Armando Hiskin (tenor).
“El término coloratura, – dice el texto del programa a cargo de Guillermo González-, hace referencia a las elaboradas ornamentaciones de una melodía. Los cantantes que son capaces de hacer estas filigranas con el canto son los llamados “ligeros” acerca de cuyas voces, podemos decir que, no “pesan”. Diremos que tienen más agilidad, aunque esto suene más gimnasia. Son voces que, en general, se pueden elevar más que otras”. La soprano Alibé Guastini tiene una voz de esas características.
“Una coloratura es, entonces, una sucesión de notas de importancia secundaria que el compositor sitúa entre otras dos principales, que son las que dan la melodía. La voz de coloratura es aquella que tiene la capacidad de ejecutar sucesiones de notas rápidas dentro de su registro vocal, en un estilo ornamentado o con embellecimientos elaborados, incluidos pasajes rápidos de escalas y trinos ( y otros ornamentos) , ya sea escritos o improvisados.
En la ópera de Rossini, Donizetti y Bellini, la coloratura es llevada al extremo en amplitud, rapidez y agilidad. La coloratura rossiniana e siempre una expresión de un estado de ánimo. Ese desarrollo fue tachado de superficial por compositores como Richard Wagner en Alemania.
En el significado musicológico moderno el término se aplica para hacer alusión a música florida, tanto vocal como instrumental, perteneciente a cualquier periodo de la historia de la música”.





Poemas de Liliana Quinteros
En la madriguera amor. En los secretos que la noche encierra. De pelos estoy hecha, de hocico breve, de boca a tres pasos de la víctima. En la madriguera, curándome las heridas, el territorio húmedo donde un día calmaste tu  sed y tu cansancio.
*
¿Adónde vas? Me pregunto el Salvaje.
Busco la primera piedra.
¿A dónde vas? Me pregunto el Búho, mi arquetipo.
Busco el reflejo, lo inmanente.
¿Adónde vas? Me pregunto tu boca
Ya no voy
Hago un alto en mi camino.
*
Borges es la cabeza. Arlt los pies. Arlt mete los pies en el barro. Y el barro habla.
*
No sé porque, hoy, al abrir la puerta y encontrarme, siento en la espalda el frío del puñal. Pero es él.
Es su pico de oro.
Es el colibrí.
Amor, déjame sangrar sobre los pliegos de la luna mi terrible dolor de espadas, mi rencor de amapolas desterradas.
*
En la mesa tengo varias revistas de lectura, cuadernos, una bandera del color de la patria,  un fragmento de espejo , apuntes y varios libros.
Sobre uno de ellos hay cuatro esculturas en jabón, una hoja seca de naranjo con un alacrán disecado sobre ella, y también un collar de caracolas.
Hay dos lapiceras.
Y un silencio enorme.
*
Al cae, irremediable curvatura, sobre el techo de cinc donde se pudre una paloma
Sera mina la ternura y la sentencia
¡Shh! ¿Quién está ahí?  ¿Oculto? ¿De espaldas?  ¿De pie?  ¿De cabeza?  ¿De boca? a punto de gritar te amo
Salgo del escondite
Era yo, mi sombra y mi suicidio
Era
Soy la rosa roja atravesando el temporal
*

Liliana Quinteros 




El indio Yarú
obediente y silencioso
se movía como fantasma
y desaparecía de a ratos.

Fue hijo del sol
tocando las nubes
el indio no pensaba.

En su chamizo
ocultaba las huacas
y las alimentaba 
con chicha y harina.

A veces entonaba 
un canto fúnebre
como una cinta
que ondulaba
hacia alguna montaña.

Fue hijo del sol
tocando las nubes
el indio no pensaba.

La enfermedad del canto
convulsionó las montañas
y regresaron las huacas
y se metieron en su alma.

Texto y pintura Laura Contigiani
Córdoba







1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermoso !!! no hay otras palabras que puedan definir este número "compacto" del Basta Ya, sin fisuras, estructurado en base a temáticas, poéticas y críticas abiertas a receptar todo punto de vista artístico que está sucediendo en Córdoba y sus alrededores, sumando colaboradores, abriendo y extendiendo lazos de literatura y formas de mirar el mundo y la belleza. Bendiciones !!! y gracias a su director por tanta tarea sostenida a través de tantos años!!!
Alfredo