jueves, diciembre 05, 2013

¡Basta ya! Boletín Literario - Diciembre 2013



Director: Eduardo Alberto Planas / Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Silverio Enrique Escudero, Jorge Torres Roggero. Suscripción gratuita.  Registro Propiedad  Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Se puede reproducir con cita de autor y fuente.  Contacto: eduardoplanas2001@hotmail.com Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com. Tel: 0351- 4886974 – 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 –Duarte Quiroz  n° 1702, Córdoba. Dibujos: retiro de tapa, págs. 21, 26: Marcelo Quiroga - Cruz del Eje / Marcelo Quiroga – Facebook

Contenidos
Suelo sagrado – Jorge Luis Carranza //  Humo Sapiens - Alfredo Lemon // Mi padre no sabía sangrar – Laura García del Castaño // La bailarina de tango –  María Juana Molina // Hormigas – Alfredo Lemon // Basta ya - Zoraida González Arrili // Cine erótico: Shame – U.K. // Los comienzos de la democracia recuperada – Silverio Enrique Escudero  // Tócala de nuevo, Sam – Sergio Pravaz // Relatividad - Gesta – Vanesa Salazar // La voz herrumbrosa – Eugenia Cabral // Fríos aires – Paula Giglio // Ráfaga – José A. Ibarrechea // Cuentos de Azar – María Juana Molina // Te fuiste – José Luis Planas Osorio // DOSSIER: Los ecopoemas de Aldo Parfeniuk – Jorge Torres Roggero // Querido Roberto ya estamos de regreso – Leticia Ressia  // Soñar, soñar – Sergio Pravaz // Menú spinettiano – Eduardo Alberto Planas // Carta a Celina – Aldo Valinotti // Cine documental: Searching for  Sugar Man // Una cosa trae la otra – Lily Chavez // Rock de Córdoba: FUNCIRCUS // El ojo del arco iris – Mely Almada // Sin pena en la palabra – Osvaldo Guevara // ENTREVISTA: Susana Cabuchi – Eduardo Alberto Planas // Poética – Hernán Jaeggi // La esperanza – Glauce Baldovín



Suelo sagrado

Los dos temprano en la mañana
parados en la vereda, frente a frente.
Ella por entrar a clase.
El con el casco amarillo
de la constructora en  que trabaja.
El ciclomotor a un costado.
Se ve que se quieren bien.
Es un amor de abajo.
Un amor que la rema,
que vive con lo justo.
Paso a su lado casi en puntas de pie.
Como si pisara suelo sagrado
en un instante sagrado.
Podrían decirse muchas cosas,
pero no estarían a su altura.
Mejor dejarlos ahí.
Con el casco amarillo,
la mochilita con útiles
y ese ciclomotor
con el que cruzaron la ciudad.
En el que ella
le rodeó la cintura bien fuerte
para no caerse.


Jorge Luis Carranza








Humo  sapiens

“…de ordinario fumo cuando me siento cerca de mí,
o si sufro la aproximación de algún otro,
para velar una misma nada”
Stéphane Mallarmé


1
Mientras arde el tabaco en la cazoleta, (1)
los pensamientos comienzan su deriva.
La aspiración aviva el encendido
y la combustión adensa el peso del mundo.
Un aire voluptuoso confunde las respuestas
y envuelve de cansancio cualquier pregunta;
al exhalar, las espirales ascienden
y las dudas se abren como precipicios;
la intuición se hace más aguda,
las urgencias se esfuman lentamente.

2
Apenas puedo decir estrofas tan frágiles
como los minutos que tengo ante mí.
Vuelven los recuerdos
entre las bocanadas que aspiro
y el tabaco que se va quemando.
Somos hijos del humo:
humus, huellas, huesos,
también la tierra alguna vez será ceniza.

3
Como el tabaco al consumirse, (2)
la vida es breve:
danza gris, bruma azul,
el placer se satisface y cada ilusión se desvanece;
todo esplendor es vulnerable,
las volutas se vuelven polvo tras el fuego.

4
Penumbra somnolienta, presente.
El humo es el alma distanciada del mundo.
El alma es el humo distanciado del ser.
Leve revelación;
la nostalgia atardece en el living
y el olvido se esconde en una botella de vodka.
Perder la poesía sería perderme:
todo.

5
La realidad es una brasa que agoniza,
pliegue moroso, borroso, evanescente.
Soplos que fluyen y después se esfuman,
pálidos soplos, furtivos,
soplos que avivan y apagan promesas pendientes,
deseos incumplidos.

6
El humo seduce con su hipnosis
porque es reflejo –y metáfora- de
nuestra despedida.
7
Fumar, filosofar:
una niebla enmascara el desorden de las cosas
pero escribir no calma las fatigas del ánimo.

8
Razón poética, último límite.
Con la pipa en la palma de su mano
solo queda el hombre en su umbral de humo,
el fumador frente al misterio de su propia imagen.

9
Vagamente vuelve a entrar en la humareda
intentando concluir su divagación:
páginas apagándose
en el fuego sombrío del silencio,
en los residuos plomizos de la soledad.



ALFREDO LEMON

(1) Este verso puede leerse también: “Con el cigarrillo sostenido por su mano”.
(2) Este verso puede ser leído también así: “Mientras arde el cigarrillo entre los dedos”







Mi padre no sabía sangrar
Mi padre no sabía sangrar, pero aprendió a fumar como un jinete de la muerte. Encendía su cigarrillo y se sentaba en un rincón de la casa. Había humo en su mañana. La rabia y la ceguera le crecían por la siesta.
Cuando se fue, no pude llorar. 
Todavía en medio de la noche veo la colilla encendida, no alcanza a iluminar nada, pero prende  fuego a todos los rostros de mi infancia.
Acerco mi frente y arde la proximidad de mi padre.
El aprendió a justificar su ausencia con la muerte y yo aprendí a jugar que me desangro. Pero no es cierto. Lo único cierto es que fumo en la oscuridad de aquel rincón. Llevo a mi padre al pulmón y me siento como él, en el borde de la rabia y la ceguera.
Soy una mujer distante. Soy la herida hermética que mi padre no aprendió a sangrar. Y él es también mi radical y más cerrada herida. Por eso cada noche nos sentamos en silencio, con más fuego que espanto, nos sentamos a extinguir lo que no pudo apagarse con la muerte. Me esfuerzo por sangrar pero sólo cae ceniza.
Laura García del Castaño








La bailarina de tango


Una música cercana            un tango
un taconeo                   en plena calle
y tu figura                    en el trajín nocturno
de la ciudad.

Tu vestido             ajustado
maquillaje azul      
                             en el párpado
y bajo el farol        
                             el insomnio.

 La música          se pierde
yo me alejo        y tú bailas

un sombrero recoge     
                                  los aplausos.
  
                                     María Juana Molina




Malu Zurita hace tango teatro, ella es actriz, audaz y original al momento de ganarse la vida. Es parte del paisaje de la peatonal cordobesa, ella está todos los lunes, miércoles y viernes de 19:30 a 21:30 frente a la Compañía de Jesús en Caseros esquina Trejo.
Malu se define como Milonguera y callejera y dice:
"Mientas las puertas se me cierran / la calle me espera abierta.
¿Y dónde mejor que respirar aires tangueros no? / Seguí de largo papusa; mírame el tajo chabón, tomate un feca pebete que acá feliz no te espero,/ sin embargo si te veo / me reencuentro con mi tango / mis manís y mi espanto.
Y bailo...bailo / pa´sacarle chispas al cemento / y ojalá me entre un viento. / Y hacete el gil si te sale / indiferente seguí, / cargá tus bolsas bien chetas y huí ! / Que el tango es esta vivencia que me deja boquiabierta, / que me refriega las broncas y me hace agachar la cabeza / El tango es mío muchacho y puedo bailarlo a solas.../ Si te necesito de a ratos...ya sé / ahí estarás canchereando / y te busco en la milonga.
 Malu tiene su página para que visiten www.milonguerayatorranta.blogspot.com






HORMIGAS





Desfilan, corren oscuras,

marchan sobre muros, ladrillos,

musgos, armarios, tejas.



Me cuesta matarlas

pero su invasión ha cercado mi piedad.



Me cuesta matarlas

respeto el hombro humilde cargando el alimento,

hambre del páramo.


ALFREDO LEMON
 
 





Basta ya

Basta ya, basta de gestos
Gestos con triste pasado.
El dolor es un vacío.
La pureza es un fracaso.

¡A llorar vamos hermanos!

El hombre hace las cosas.
Las cosas rompen en caos.
Pesares nos han cubierto, 
Neblinas nos han encerrado. 

¡A llorar vamos hermanos!

Con la sangre de los ruegos,
Con la fuerza de los brazos, 
Los días que se nos quitan, 
Las noches que se nos tronchan.

¡A llorar vamos hermanos!

Mucha palabra en el viento,
Mucha bestia sin su pasto,
Mucho hombre sin su hombría, 
mucho cobarde sin amo,
mucha tierra sin su siembra
La pureza es un fracaso. 

¡A llorar vamos hermanos! ///Zoraida González Arrili  (Del libro Poesía por Mariano Ferreyra)




Cine erótico: Shame



Shame no es una película del montón, no sólo por el contenido, sino también por la forma. Es decir, la manera en la que se cuenta la historia; la atención cuidadosa a cada detalle y cada rasgo del filme como un todo.

La película tiene la máxima clasificación de censura en Estados Unidos.

El presidente de Fox Searchlight (compañía distribuidora) Steve Gilula, indicó que la película no será recortada ni alterada, que la clasificación de la censura la consideran un honor.

Fassbender y McQueen ya habían trabajado juntos en Hunger (2008) y el director tenía claro quién iba a ser su protagonista. Esto es clave porque el actor germano-irlandés hace una interpretación magnífica, en un rol extremadamente difícil. Los desnudos si se quiere son la parte fácil de la actuación, lo complicado fue mostrar la debacle humana de un individuo consumido por su adicción, alguien que no puede expresar sus sentimientos y ve como su vida se derrumba producto del machismo que lo ha llevado a ser quien es.

La película no es moralista, nos muestra una realidad (más común de lo que nos imaginamos), la sordidez que envuelve al adicto, la película tiene una aproximación fenomenológica del asunto y no es peyorativa. No se queda en su personaje protagonista, sino que revela una sociedad enferma en su sexualidad, llena de complejos y salidas rápidas, de mentiras y dolor.

Cada personaje está meticulosamente planeado y tiene el espacio justo en pantalla para mostrar el cuadro completo.

Pocas películas han mostrado este tipo de adicción de una manera tan real. En la conducta adictiva, la persona pierde el control de sus acciones, es incapaz de reprimir sus deseos y hay una escalada de abuso para evitar confrontarse a sí mismo, es decir, es un medio para huir de la realidad.
Tenemos un personaje que no escatima recursos para conseguir prostitutas, pero que estas no son suficientes y entonces acude a la tecnología (que además brinda un distanciamiento): videos, chats, etc. al servicio de su adicción. La compulsión es tan grave que invade todos los espacios de su vida: casa, trabajo, amistades, centros nocturnos, etc.

Steve McQueen muestra este mundo con una elegancia impactante, lo cual -si se quiere- hace el filme más chocante. Las secuencias en las que se deja de oír las voces o gemidos de los protagonistas y en su lugar se escucha una banda sonora pasiva, no hace más que aturdir aunque suene contradictorio. Y lo que pasa es que  da cuenta de que no es una ficción, es un manifiesto sobre las relaciones interpersonales e intersexuales en la actualidad.

También hay una forma elegante de mostrar los desnudos  lo que la aleja de considerarla pornográfica. No lo es de modo alguno. Eso sí, hay escenas fuertes.

La música es estupenda. Especialmente aquella en la que Sissy, la hermana del protagonista, canta New York, New York a ritmo de jazz. Una escena que es un poco larga, pero que define como es cada personaje (cada hermano); ella canta/llora por su vida, expresa a más no poder su insatisfacción existencial y su angustia; él llora/finge sus sentimientos, los oculta, no se permite revelarlos y utiliza el sexo como una ostentación de su poder/control cuando en realidad es todo una triste fachada de su impotencia.

Si la música es sublime, la fotografía no se queda atrás. El filme regala unos cuadros impresionantes, como aquel en la que el protagonista está sentado en la cama mirando el ocaso a través de la ventana, mirando el sol ponerse como si se tratase de su alma que se oculta en la oscuridad de sus pensamientos. Magnífico.

El manejo de cámaras es muy inteligente, las tomas no son planos tradicionales, en muchas ocasiones hay cierta angulación de la cámara que permite entender que la vida no es plana ni va en línea recta, siempre se la puede ver desde distintos ángulos.

El director regala una de las mejores escenas, un tributo al cine como arte, cuando muestra una conversación entre los hermanos y la cámara los enfoca de espaldas. Es un preludio de lo que tratará la película y la manera en la que se nos va a contar la historia. Vamos a ser voyeuristas y nos vamos a sentir cómplices de la historia.



U.K.






Los comienzos de la democracia recuperada
Silverio Enrique Escudero

Hace exactamente 30 años los argentinos recuperamos definitivamente la democracia. Ese instante, el más importante de la historia reciente, se vivió como un hecho fundacional. Y, ciertamente, lo fue. No sólo porque se dejaba atrás una larga noche sino porque se desenterraban las urnas para llenarlas de votos, pese a las amenazas y presiones de las bayonetas que pretendían erigirse, una vez más -tras la ley de autoamnistía-, en tutores de todos los habitantes de la Nación.

Los primeros años fueron duros. Había que andar a tientas en medio de la oscuridad. La reconstrucción del Estado requería esfuerzos supremos y mucho ingenio. Nada había quedado en pie. Se necesitaba levantar la mirada sobre el horizonte y construir nuevas utopías. Así lo entendió, antes que nadie, Raúl Ricardo Alfonsín, al incorporar el Preámbulo a sus discursos de campaña, enfervorizando a sus seguidores. Le servía para afianzar las esperanzas y como marco de referencia al debate más rico que protagonizamos los argentinos, en la segunda mitad del siglo XX.
La ilusión era inmensa. Radicales, peronistas, intransigentes, socialistas y demás partidos políticos estaban convencidos de que se marchaba hacia la consolidación de una idea fuerza –la Libertad- y una forma de gobierno: La Democracia. Creíamos, en un principio, que, con las movilizaciones populares, todo renacería como por arte de magia. Había demasiadas cosas en juego. Quienes convivieron con la dictadura no estaban dispuestos a perder privilegios. Ambicionaban condicionar el proceso democrático. Tomaron como una afrenta el juicio a las juntas de comandantes que llevaba adelante, a instancias del Presidente de la Nación, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de Buenos Aires, con la férrea oposición del peronismo que, a instancias de sus caudillos provinciales, antes, se habían negado a integrar la Conadep. El radicalismo, mal le pese, tampoco fue demasiado solidario. Los ejemplos huelgan.
A pesar del tiempo transcurrido, la sociedad argentina está signada por la fragmentación. No es un hecho nuevo. Quizás, al cabo de estos 30 años hemos acerado algunas aristas. No hemos podido superar la peor herencia que nos han dejado los años de plomo. Huye del trabajo en conjunto; simula estar transitando por senderos de progreso institucional y dinamita a sus representaciones. Aspira a desconocer los fallos de la Justicia; cree que ese necesario contrapoder no debe existir. Seguimos sin aprender. Los mismos que fueron ciegos frente a las violaciones de los derechos humanos reclaman mano dura y justifican el gatillo fácil.
Alguien escribió alguna vez que no hubo aprendizaje del fracaso. Negamos lo evidente, evitamos enfrentar el espejo. Ése es el núcleo fundamental del dilema de los argentinos de este tiempo. Retrocedemos hacia la búsqueda de soluciones individuales, esperando, con ansiedad, la aparición de un caudillo que nos diga que se ocupará de solucionar nuestros propios intríngulis. Lo necesitamos para, más tarde, transformarlo en nuestro chivo expiatorio.
El culto al individualismo conlleva el ejerció autoritario del poder. En estos 30 años hemos sido incapaces de cultivar el sano ejercicio del disenso. Se lo ha maquillado de distintas maneras. Mi vecino, mi amigo carece de razón en sus planteos. No le reconozco, pese a su talento, capacidad de pensar. El paso siguiente es la adulación cortesana. En el líder, en el caudillo reside la razón última.
La armonía en el disenso que se supo cultivar en la campaña electoral de 1983 y en los primeros años de la democracia, está embargada. Con sumo dolor podemos advertir de que desapareció hasta en los cuerpos deliberativos del Estado, afectando la calidad de su producción legislativa.
Vivíamos, en 1983, el tiempo de la niñez. Alfonsín trató, intentó cumplir todos nuestros sueños. Los de una sociedad que, pese a la tragedia, se había negado a madurar. Le transfirió al líder radical todas las responsabilidades sin hacer nada por aliviar la carga. En cada rincón del país surgían los descontentos. Aupados, muchas veces, por aquellos que mantenían en sus provincias estructuras feudales.
Como ocurrió cuando nació el Plan Nacional de Alfabetización: catorce provincias se negaron a participar y lanzaron, improvisadamente, un plan paralelo que fracasó estrepitosamente. Es que esos pseudoalfabetizadores no fueron en busca de los analfabetos. Limitaron su accionar a la colocación de una coqueta cartelería que nadie entendía, mientras los burócratas se preguntaban por qué las aulas continuaban vacías.
El Congreso Pedagógico fue otro de los grandes hitos. Los partidos políticos participantes nunca se enteraron, con precisión, qué se debatía. No hubo unidad en la acción. Muchas provincias gobernadas por el radicalismo se sumaron a la oposición en una muestra de incomprensión que nunca explicaron. Y la maravillosa idea de diseñar la nueva escuela con miras al siglo XXI, capotó. ¿La sociedad argentina había entendido el mensaje? ¿El miedo a lo desconocido fue la causa de tamaño obrar?
La democracia es un ideal, una meta, un albur que debemos alcanzar entre todos. Por ello es muy difícil de realizarla en plenitud. En ella las Constituciones cumplen un rol preponderante. Establecen un orden de relaciones entre las instituciones y los hombres, con el deseo de que por esas rutas se arribe al puerto más cercano al ideal. ¿Estamos cumpliendo esas premisas?
 Silverio Enrique Escudero






Tócala de nuevo, Sam

 Por Sergio Pravaz


Un día subí en Rawson a una rueda gigante que se instaló en el baldío que hay al lado de la estación de servicio camino a Playa Unión. Hace tanto tiempo de esto que ni la estación existía.
La compañía de atracciones era de la provincia de Buenos y estaba  desvencijada la pobrecita; aun así se notaba que eran unos genuinos combatientes contra el aburrimiento. Llegaron un martes, armaron miércoles, jueves, viernes, y ya para esa misma noche estuvo todo listo; ah pero esa vuelta al mundo era hermosa y grande como el aro de la rueda de un gigante.
Mi mamá estaba de visita y fuimos juntos a dar la vuelta al mundo. Ella tenía unos ojazos tan verdes que no había esmeralda en todo Colombia que le pudiera empatar.
A veces, cuando me miraba fijo yo pensaba que me reclamaba -hijo, porqué tan lejos- y yo, con una carrera de ratones en mi estómago trataba de hacer pasar las letras entre mis dientes para decirle que no, que no era lejos, que todo depende de dónde esté parado uno, que a mí me gusta mucho, que no era una huida, que mi lugar era acá, cómo explicarle a una madre que uno se iba para ser el mismo, distinto pero mejor, y todo eso que de un amasijo ingobernable se intenta poner en palabras, frases parejitas, en hilera y vaya uno a saber qué es lo que sale.
Sólo las madres saben, cuando te clavan esa mirada de pitonisa veterana, para dónde vas y para dónde no sabés que vas, pero vas, o cuando mentís; de repente me largó dos flechazos -que lástima que se murió tu padre para que viera lo lindo que estás en este lugar- y a mí se me puso el pecho transparente y no hubo nadie en 100 kilómetros a la redonda al que la sangre le circulara más rápido.   
Dimos una, dos, tres, cuatro vueltas al mundo de Rawson en la rueda del Parque de Diversiones de Ramallo y en el punto más alto, ese donde con el humo del cigarrillo armás una aureola y enganchás de a tres estrellas juntas, justo ahí, a la derecha, podías ver el mar, y a la izquierda, toda la meseta para vos solito, hasta el barrio San Ramón podías ver, hasta Dolavon podías ver cuando se cortó la luz y nos quedamos suspendidos en la punta del cielo; los árboles se veían así de chiquitos.
Todo podíamos ver desde allí; los sueños, los miedos, las confesiones esas que cuando te agarran meten las uñas en la garganta y te hacen temblar, el nuevo paisaje que ya me había entrado por la nariz y teñía mi corazón de un color fosforescente y lo hacía saltar a doscientas revoluciones por minuto, las amarguras y también el esmalte de las palabras que salían de a montones y se quedaban flotando como lucecitas alrededor de nosotros dos, allá arriba, solitos, mirando la noche; yo le mostraba lo hermosa que se veía la luna recién salida del mar.
Tal vez fue un paro de Luz y Fuerza (era la época del maestro Gueinasso) o una boleadora arrojada por algún chico en sus prácticas por reconocer los bordes de la realidad, pero lo cierto es que nos quedamos con mi vieja alrededor de una hora y media colgados del techo del mundo, y los ojos le brillaban con una ternura así de ancha escuchando mi relato de viaje que no hacían falta más faroles que los suyos para sentir la tibieza de dos galletas y una taza de café con leche a la hora en que aparecía El Capitán Piluso por la tele.
Yo no sé si habrá sido Hugo Alberto Gueinasso el responsable del corte de energía en sus memorables e imaginativas acciones en su lucha por defender los derechos de sus representados, pero siempre le voy a estar agradecido por ese momento; él me obsequió sin siquiera imaginarlo una escena que ni el mejor director de cine hubiese podido rodar, para mí, enterita, plano a plano, y para un recién llegado lleno de temor y de pasión, con unas ganas de masticar palabras nuevas, de escribirlas, un perfecto ignorante de ese futuro de poesías y crónicas, como esta que escribo, y la verdad es que nunca le había escrito una crónica a mi madre, que quiso ser concertista de piano pero la vida le cambió el trayecto en el momento en que mi viejo resopló como un buey alrededor de ella y puso la oreja sobre un tronco y le comenzó a contar todo lo que había allí adentro.
Por todo esto para mi Gueinasso es como Humphrey Bogart; chiquito de cuerpo, pelo corto, sobre todo con las solapas levantadas, puchito entre los labios, sombrero fino con el ala hacia delante, ojos negros, decididos, generosos. Todavía lo estoy viendo cuando dijo: “tócala de nuevo, Sam”, apagó la luz y los ojos de mi vieja se hicieron cenizas de color verde.
Sergio Pravaz



Relatividad
Me visto de mujer
desde hace tiempo
mucho más crecido que
la mujer que llevo dentro.

Gesta
Soy una mujer que escribe
en la arena sentada.
Me impregna las caderas,
me irrumpe la juntura
el celo y el recelo,
mi letra incubada en la sal.

Vanesa Salazar 

La  voz  herrumbrosa

Sobre la tierra del patio,
 mañanas como países condensados en racimos:
 pequeñas naciones verdes y floridas,
 minúsculas pampas de tréboles
y –en la habitación trasera-
el jardín zoológico de mis gatos,
jilgueros nerviosos y perros adoptivos.
Todo el mundo de la infancia converge
hasta que la sed nos doblega la espalda
 y el sueño (boxeador experto) nos cubre la boca
con una toalla deshilachada,
que apaga un tanto la sed de estar solos.

Tantas veces has creído
que no volverías a ver la luz del día,
que no remontarías la punta de tu dedo
 fuera del borde de la ventana
y, ahora, como si nadie te mirase,
 encuentras –demorados en el patio-
la brevedad de la tarde,
el cansancio y la huella de salitre que ha calado las paredes.
Sin embargo, no es coherente,
¡si estás muy lejos del mar,
de los salitrales, de toda salina!
¿De qué manera el salobral
 podría carcomer los revoques de tu casa,
 las punteras de tus zapatos?

Mas, aunque dudes, ahí estás,
comprobando la improbable huella,
 el salivazo despiadado
de una sal que no escogiste.


Eugenia Cabral
Mención del jurado DIRECCIÓN MUNICIPAL DE CULTURA
Las Flores, provincia de Buenos Aires.
"CONCURSO NACIONAL DE CUENTO Y POESÍA ADOLFO BIOY CASARES 2010"


Fríos aires / Paula Giglio


El secreto tenía forma de Riachuelo, de ciudad atormentada, de venas avenidas, amor ochavas, cielo torcido por el cemento, anteojos; cuerpos con smog en el pelo y respiración agitada, porque el subte, el reloj, la reunión, el abrigo y los paraguas, la casa de Barracas para los dos solos y la pizza de queso crema en la bañadera sucia.
La terminal de Retiro está como mordida por los costados. La basura convive con las valijas y el apuro de sacar monedas. Caminaba yo, esa tarde congelada, a ritmo de metrónomo: el gran mecanismo urbano resulta perceptible si te frenás y pegás el oído al mundo. Nevaba y me compraste un helado. Sabés de mis pequeños fríos en cucurucho, de mis pantuflas ordenadas, una al lado de la otra y en el mismo sentido. Sabés de mi café, porque el bar porque la ventana porque el afuera, y nosotros como en el cine mirando las bufandas del otro lado del vidrio, acurrucados en una mesa, frotándonos las manos con azúcar para calentarnos. Pero lo que pasa en invierno, pasa en un sueño. Nos gustaba rodar con tanta ropa puesta, o escribir nuestros nombres sobre el vapor en la ventanilla del 152. Vos, igual, creías en la primavera con sus pétalos de hierro. Te molestaba que el hielo se derritiera demasiado pronto.
Un día salí a pasear sola y terminé comiendo pizza en La Continental. Vos habías entrado en tu circuito mágico. Acababas de enchufar la guitarra, y el baterista te hablaba en marihuana porque los demás componían canciones sobre una chica que venía del campo y que podía predecir la lluvia escuchando el canto de los pájaros. Yo te creía en medio del ensayo, pero no. La puerta de la ciudad, abierta, y vos encerrado en tu cubículo, hurgándome extasiado el bolso. Encontraste un lápiz labial y saliste a hacer grafitis por los callejones más podridos: un poco de belleza en esta mole Buenos Aires. Te costaba saltar el mundo. Te sentías miniatura al lado mío, aunque eso fue hasta que bailamos los primeros pasos. Me abrazabas bien y tenías ritmo. El tango era tu otra vida con vos enorme acuchillando un malandrín.
Una tarde nos mudamos a La Boca. Barracas se cierra al final de un pasillo, puerta de lata. Siempre llueve, aunque no llueva en Buenos Aires. Caminamos, las maletas. Hormigas viajeras en la selva, pero el cuerpo todo el tiempo. Dejamos la almohada y el café sin leche de nuestras mañanas pobres. A no tener miedo de darse la mano. Lo común acá es perderse, tomarse cualquier bondi, aunque todos van para el mismo lado y se chocan siempre contra algún balcón de piedra. La gente, también dura, también gris, riega las veredas con suspiros.
La calle Pinzón nos recibe en su décimo piso. Muchos libros, y un olor a sahumerio mezclado con tráfico con cigarrillo, que se atropella en la ventana. Todo tan cálido y amontonado, olor a café, pero café en serio. Tu vieja planea ir al casino a ganarse unos papeles como anoche. Hay sol, pero es helado. Vos te fumás la neblina en el balcón. Mi piel es tu pulóver, una piel verde, o a veces es tu abrazo, pecoso y melancólico. A dormir.
San Telmo: hoy es un día del pasado. Las mujeres pasan gritando sus cigarrillos. Latita y porcelana vieja. Alhajero, herrumbre, piedras, muñecas, unas botitas de cuero que me las compré porque casi que te las regalan. Vos te morís de felicidad si te despierto con botitas y sonrisa rosa. Mi voz te seduce y aparecés con la guitarra al hombro, cantar juntos es más cotidiano que limpiar el piso. El que lee corcheas sos vos, pero yo te las bailo. ¿Qué más podés hacer contra eso, además de guardarme en tu bolsillo y cuidar que no me caiga? Encontraste un cielo joven, despejado, quieto, y te refugiaste. Yo encontré una tierra húmeda y ahumada, pícara, enorme, y quise perderme un poco. Pero nos damos cuenta. Reconocemos nuestras falencias en medio del museo callejero. Sabemos que otro día así, no soportamos. Hacemos de la experiencia piezas únicas. Mañana, yo te voy a buscar en las latitas y vos me vas a pensar en el andén (me dijiste que viajar en subte es inversamente proporcional a un beso mío). Te prometí en grande y muchas cosas. La rutina no alcanza, no se dobla por ahí esta vez, hay que seguir derecho. Mucha gente va detrás juntando las monedas. Nosotros, en cambio, las perdemos, dejamos que se caigan, rompemos los bolsillos a propósito para andar siempre livianos. Y cómo nos encanta ir juntos al supermercado, elegir repasadores nuevos, volver y cerrar la puerta con mucha llave, ponernos un blues; nos es tan fácil construir… Amamos el techo porque ya somos un afuera, ¡qué me importa que no haya patio! No nos ata ni la gravedad. Nuestra libertad llega hasta la punta del obelisco, sin caernos.
No cualquiera, decís, vive lo que nosotros vivimos. Es extraño ser de vos tan pronto, aunque ya sé: es un viejo truco que te enseñaron las adultas cuando eras chico. No te fuiste a la guerra porque ya sos una guerra. Me querés a fuego lento pero todo el tiempo. Me tiraste una cuerda a unos cuántos kilómetros y trepé a tu barco de papel de diario.
El viernes vendimos revistas en el kiosco de la universidad. Hay que ganarse el pan, o el sándwich de milanesa que nos dejó tu viejo por hacerle la gamba. Señor, señora, ¿cuánto cuesta? ¿Señora tuya? ¿Y por qué no poblar este vientre y que el ombligo explote de tanta raíz? Vos no te animás a saltar, decís. Y otra vez esa mirada. Nos pasamos la pelota todo el tiempo. Nadie tiene que estar sosteniéndola cuando se apague la música. Ya te voy a empujar yo, la próxima vez, y vas a ver que los charcos son de lluvia y que te pueden retener como un pantano. Te vas a ver desde una luz ahogándote, pero el ahogado no te va a poder mirar. Sabemos que el papel absorbe el agua tan de prisa. Sabemos que vos te quedaste contando manchas en la latita y yo, fumando en el andén. Nos estamos hundiendo pero seguimos bebiendo café en el bar. A morir de éxtasis, de instantes, a embriagarse con velas y perfumes. Nos enredemos los pies debajo de la mesa, nos cosamos, pecho con pecho, como en el tango que te enseñé a bailar ayer. Corramos por el barquito de diario y por la sangre y las agujas. Nos traguemos todo el sur y también el puerto, y a la isla Maciel con sus piratas y prostitutas (que la bruma se nos chorree por la boca). Decimos eterno porque total no vamos a saltar. La orilla es nuestra verdadera muerte. Mejor, cantemos bajo el agua o bajo la mesa, y que mañana nadie sepa qué garganta nos tragó.
Veo el Río de la Plata desde el aeropuerto. Pensar que en una hora, vos vas a haber vuelto a tu casa en colectivo, y yo, a la mía, en avión. A veces, cierta hora de la tarde puede ser un puñal.

Paula Giglio nació en octubre de 1988, en Córdoba. Recibió el 2° Premio en Narrativa, Concurso Nacional Línea Abierta Editores (2003, Córdoba Capital), el 3° Premio en Cuento Breve, Concurso Nacional Luz y Fuerza (2010, Capital Federal) y Mención Especial en el VII Certamen Internacional de Poesía “Juan Zorrilla de San Martín”, Club de Leones (2011, Montevideo). Fue seleccionada en la Antología de Poesía y Narrativa, Línea Abierta Editores (2003 y 2004), y en la revista anual de Filosofía “Lektón” de la UNC (2009). Participó del evento “Imagen, Poesía y Música” en la Galería de Arte del Paseo del Buen Pastor, en el área de Poesía (2012). Publicó “Ella, Naturaleza” en Babel Ediciones, Córdoba (2012). Fue seleccionada para formar parte de la Antología de Poesías titulada “Latidos de la Vida - Editorial Libróptica (2013) y obtuvo mención en el III Concurso Nacional de Poesía Pablo Neruda (2013)





Ráfaga
Tu madre me dijo que la primera vez que desapareciste, fue en una tarde de otoño.
Que ella estaba calentando el agua en la pava para tomar unos mates y que
a vos te miraba a través de la ventana. 
Me decía que veía cómo jugabas con  la soga para saltar, debajo del fuerte sol de la siesta. 
Cuando de repente llegó una fuerte ráfaga de viento, que te levantó
envuelta en una blanca nube que pasaba, y te alejó de ella para siempre.
Por eso, ella guarda tus zapatillas en la mesita de luz. 
En la secundaria me dijeron que también te recuerdan.
Ellos dicen que una tarde, mientras arriabas la bandera, 
llegó una fuerte ráfaga de viento que te envolvió en ella, 
y que te elevó hacia al cielo, 
ante el griterío ensordecedor de tus compañeros asombrados. 
Compungidos, me afirmaron que nunca más tuvieron noticias tuyas.

Por eso, la Directora, guarda tus guillerminas en la Dirección.
Algunos recuerdan tu paso por la Facultad de Arquitectura.
Dicen, haciendo un gran esfuerzo en recordar con sincera certeza, 
que vos estabas dibujando en tu tablero. 
Cuando de repente por los amplios ventanales, que dan a la avenida,
entró una fuerte ráfaga de viento que te arrojó hacia fuera,
envuelta en una de las cortinas.

Por eso, el Decano entregó tus mocasines a la Policía.

Anda dando vueltas por aquí, un señor que dice ser tu marido legal, 
para ello, me muestra la libreta de casamiento que le fuera
otorgada por el Registro Civil de la Seccional Novena.
Fue una mañana, me dice, y que por la noche se iban a casar en la Parroquia Santa Inés. 
Cuando de repente, y ante los ojos de todos los invitados, 
llegó una fuerte ráfaga de viento que te elevó envuelta en tu blanco vestido de novia, 
y con un ramillete de violetas en las manos.

Por eso, el cura Ramón, guarda tus zapatos en la sacristía.

La prensa se hizo eco de tus desapariciones y brindó una amplia cobertura del caso.
La policía aún mantiene un hermético silencio.
La Iglesia estudiaba los acontecimientos en sus archivos.
La oposición elevó un pedido de informes al oficialismo, para que se le brinde a la opinión pública, explicaciones sobre lo ocurrido,
llamándole a tus desapariciones causa de interés Nacional. 
Las presiones sobre las instituciones se fueron haciendo insoportables
y hasta se registraron algunas renuncias a ciertos cargos.

Nosotros, los que te queremos, los que te conocimos, cada vez que hay un fuerte viento, miramos hacia el cielo con la secreta
esperanza de volverte a ver. 
Envuelta esta vez en vaya a saber qué cosa.
Pero aspiramos a volverte a ver.
Yo te recuerdo cariño. 
Te recuerdo cuando una vez, de madrugada, 
abriste la ventana del dormitorio de mi casa del barrio Rosedal, 
y envuelta en una de mis sábanas, 
te fuiste con la fuerte ráfaga que soplaba desde el sur. 
Sin que te importe nada,
Sin decirme adiós.

Por eso, tus sandalias, están guardadas en mi placard.


José A. Ibarrechea



Cuentos de Azar
I

 Carlos llevaba la estadística de los números de la quiniela.  A través de un programa  de la computadora apostaba vía Internet en
todas las loterías del país. Tenía la seguridad que tarde o temprano se haría rico. Llevaba tres años estudiando los números más
salidores, buscando todas las alternativas.
 Ayer descontaron de su cuenta inicial de ochenta mil pesos, el último centavo.

II

Los sueños del jugador de quiniela tienen su correspondencia en los números. Por eso, desde que falleció su padre, cada vez que
sueña con él, Enrique juega a la edad que él tenía cuando murió.  Si sueña con otro muerto juega al 47 y si el muerto habla al 48.
Sus ganancias con las apuestas sumaban un importante capital que le permitió comprar el auto. Ahora se había propuesto como
meta una casa. Un día me lo crucé y le pregunté cómo seguía el proyecto de la casa.   Mal -me contestó- ya no sueño.

III


 Miguel  descubrió que lo números que jugaba su mamá a la quiniela empezaron a salir después que ella murió. Entonces empezó a
jugarlos y siempre salían. En cuanto su hermano se enteró lo imitó. Luego se le contó a su primo y su primo  a la novia y la novia al
consuegro de una vecina.  Todos jugaban.   Ahora, cuando Miguel llega a la Quiniela, la fila de apostadores que juegan sus mismos
números alcanza más de una cuadra.


                                                                                            María Juana Molina










Te fuiste


Te fuiste de una sola vez,
dejando el dolor para después.
No hay consuelo, te dices
y partiste, sin mirar atrás.
Nadie
puede recriminarte nada.
Buena manera dijo alguno
de dejar para el después las
cosas que nos molestan.
Los días de soledad.
Nunca
volverás a ver si quedó algo.
Es así, murmuraron
los sabihondos en piel ajena,
los consejeros de la desdicha
No somos más que eso.
Dolor.
Si supieras cuanto te necesito.


Cruz del Eje, Enero de 2004


José Luis Planas Osorio

Poema publicado en el Libro
“Entre el amor y el naufragio”, Editorial Dunken,
Buenos Aires, Abril de 2005





DOSSIER: Los ecopoemas de Aldo Parfeniuk / Jorge Torres Roggero

  1- Genealogías  
    Desde 1996, una de mis relecturas preferidas consistió en disfrutar Un cielo, unas montañas, poemario  de Aldo Parfeniuk cuya tapa porta un luminoso collage de Silvia Coggiola. Me toca ahora peregrinar  Por donde sube el cerro al cielo, un libro que incluye e integra libros anteriores enhebrando una poética que se construye y reconstruye constantemente en torno a una raigalidad marcada por cierta persistente axialidad ascendente. La selección y el postfacio corrieron por cuenta de Cristina  Dalmagro. El subtítulo nos anticipa un contrato de lectura: ecopoemas. El postfacio por otra parte, no induce ni condiciona la praxis lectural. Simplemente nos propone, tras la experiencia lectora, incluir el poemario en una serie marcada por una perspectiva teórica emergente de los estudios culturales: la ecocrítica. Esa es la valiosa propuesta de “La poesía de Aldo Parfeniuk: esa otra escritura del paisaje”.
Mi propósito es transitar el paisaje por la escritura de Parfeniuk, no en su carácter de ecosistema natural sino como un ecosistema cultural fundado en un cuestionamiento de “lo escrito” en los libros en tanto totalidad cerrada y como una impugnación del mundo “tal cual es”. El poeta se entrega a la lengua, no como discurso del pensamiento, sino como una estructura fundamental del inconsciente y contrafuerte simbólico de la conciencia. Es como volver a los amaneceres de la cultura cuando aún en el hombre no se habían escindido las palabras y  las cosas. Parfeniuk se autocuestiona cuando desconfía de la “poesía impresa y encuadernada”. Preferiría “los papelitos arrugados manchados/ con frases semi-frases  palabras/ sueltas…” porque la cumbre del Champaquí no se oye “en la sintaxis de enmarañadas letras”, “no en la escritura de papeles”,  ni “entre enmarañados textos,/ de las fábricas de bibliografía  actualizada”, sino en la “escritura del paisaje”. Esa es la novedad perceptiva del  poema “Audición desde la cumbre del Champaquí”, organizado mediante una construcción adversativa anafórica  (en idioma rockero un yeite): no/sino.  Habla desde un humanismo profundo que, a la vez que denuncia la alienación cosificante, propone una percepción situada del universo a través de cierta capacidad auditiva de matriz pitagórica. Aquí donde estamos, todo es paisaje, es decir, cultural y la “presencia humana” se hace visible “aunque sin hombre alguno a la vista”. Esta percepción “expone” fragmentos de un discurso perdido: el verbum dimissum de los alquimistas. Se trata de un entendimiento que es sentimiento: vocesinteriores/anteriores. Es entrar en el ritmo invisible  de una totalidad abierta e integradora, en un tiempo distinto al de “las ciudades del nivel de mar” pero que se puede palpitar “a dos mil ochocientos metros/ de altura/ sobre el nivel del otoño naciente”. El “nivel del otoño” lleva las palabras a otro plano de comunicación.
La lengua poética transmite a las palabras la materia de las cosas, libera al objeto del automatismo perceptivo, para que llegue al máximo de fuerza y singularización, para que el Champaquí y sus voces no sólo sean percibidos como parte del espacio sino en su continuidad, en su devenir “heraclitáneo”, en el “pentagrama pitagórico” en que se confunden la voz de la montaña, el rostro imaginado de la felicidad, “soplando las pocas palabras/ capaces de levantar el vuelo/ sobre tanta letra escrita”. El poema ofrenda una estructura básica a una civilización que, perdiendo las palabras, corre el riesgo de perder también las cosas. Intentar trabajar sobre la realidad con signos no escindidos inclina a pensar que el lector se enfrenta, más que con  signos lingüísticos, con signos geoculturales.
2.- Una poética geocultural
El poema no es un lugar aunque algunos recurran a él con absoluta buena fe para encontrar lo que la teoría enuncia. A veces sucede que la genealogía de una poética no se genera allí donde la hemos ido a buscar. A lo mejor el verdadero paralaje espacio-cultural esté más cerca de lo que pensamos. Está en casa. Sabemos que oikos significa casa. Sus derivados  pueden ser, entre otros, ecología (estudio de la casa) y economía (administración de la misma y buen gobierno de sus enseres). Lamentablemente el segundo derivado de la misma raíz ha puesto en peligro el objeto de estudio del primero.  Más, nadie discute hoy el alevoso ecocidio de nuestra casa terrenal. Por eso nuestro estar en el mundo provoca inquietud, angustia, sensación de fragilidad, nos sentimos granos densificados de sombra pensante. Si la  tierra es nuestro cobijo ancestral, estar en ella es estar en la casa, en el estar natural de lo íntimo. ¿Entrar en la intimidad del poema es entrar en el refugio primigenio? Estar en la casa no tiene que ver con lo pensado sino con lo  vivido. En ese marco existencial concreto están “los de antes”, la heredad, el hábitat. El espacio geocultural está cargado de significados y el gran-tiempo mítico los recarga de sentidos. Es el espíritu, el aire, el viento que recorre los poemas de Parfeniuk. Y la primera casa que defiende del miedo de estar siendo es ese hueco en la montaña con forma de corazón que nos refugia y defiende: el vientre materno. Y también  el caserío disperso en la cuenca del San Antonio, a la orilla del Lago, que nos conecta con el macrouniverso a través del amparo materno, la comunidad, la naturaleza vivida como plaza, como espacio común.
Por eso si se intenta trazar una genealogía de la poética desplegada  en Por donde sube el cerro al cielo debemos recurrir a un poema excluido de la selección: es  el extraño “Salimonia”, una elegía por la muerte de la madre. En efecto, la madre es la cueva, la casa, el corazón, el hueco en la montaña; enarbola la axialidad ascendente de la poética de Parfeniuk. Una conciencia poética para la que no existen cosas sin más sino el aspecto dual y contradictorio de las mismas. El fas y el nefas de los antiguos presente en el estar, en la precariedad y el miedo. No un inventario de las cosas sino un juego dialéctico del devenir del hombre en el mundo. La axialidad tiene un suelo, una semilla, una raíz, un árbol, un fruto, una montaña, un cielo. Y también una axialidad descendente: una lluvia siempre vestida de melancolía. Por eso la madre ucraniana defiende “sus semillas contra guerras, hambrunas/ y las cambiantes maneras de decir no/ de la muerte”. Haber vencido hambrunas históricas que constituyen genocidios y a la vez ecocidios, es un triunfo de la vida. Por eso el poeta celebra su raíz, el “pan de los pobres” que amasó la ternura materna. La fuente de agua limpia que intimará toda la poesía de Parfeniuk brota de las manos de la madre: “El agua más limpia que supe alguna vez,/ corriendo entre sus dedos hacia mi sed”. Es la mama huaco (la madre vasija) que ofrenda y entrega el agua generatriz, dadora de fertilidad y vida: símbolo de la dación suprema. En un tiempo sin estaciones el poeta sube a la madre montaña a buscar “la caricia de sus manos” y sólo encuentra el aire. Por fin, juega (ludus puerorum), se abandona, “por el celeste apacible/ del demasiado cielo de sus ojos”. La intimidad del seno materno contiene en su microcosmos la subida  del cerro al cielo, el macrocosmo: en sus ojos ya estaba “cazando cielos”. Quizás el “rostro materno” de Dios que evocó Leonardo Boff.
Por eso, la necesidad de un ars dicendi, permite la inclusión de dos poemas que nos permiten la contemplación (la entrada al templo) de la genealogía poética de Parfeniuk. Me refiero a “Certidumbre” y  “Verbena silvestre”. En el primero susurra la cultura popular en la  glosolalia infantil (infans, que no habla). Sólo quienes nos hemos criado en pueblos en que el monte entra con su inminencia en la vida cotidiana podemos saborear en la intimidad de un poema el gusto agreste del piquillín y la uvita del campo. Se trata del “niño silvestre”, el que “negocia/ con iguanas y abejas/ un poco de miel/ en la siesta”. Son animales y frutos con predominio emocional, cargados de dichos y leyendas. Guardado en el estar de la “casa”, custodiado por sus recuerdos, sus creencias, el poeta es un gestor de su propio hábitat. Es la palabra de  la infancia del hombre y del mundo. De la edad de piedra individual. El poema, palabra de grande, nace de esa certidumbre, es un poco de miel de la siesta. De “miel en miel” anda cercando al “ángel del poema”, peregrina  “cazando cielos”. Es el “cántaro secreto” “donde liba su miel la luz del día”. La certidumbre del poema es arraigo. Es luz.
En “Verbena silvestre” retorna a la precariedad, a lo silvestre como origen. En este caso se trata de la flor silvestre que florece en las “altas cumbres”, en la desolada “pampa”. Es retórica situada, devenir del paisaje cordobés universalizado. La flor florece porque sí, derrota invierno, sequía, viento y el ominoso peso de los cielos sin límites. Destella todo su esplendor aunque nadie la  vea, “sexo abierto a la vida”. Su destino es ser-siempre en un “entre” como el “niño silvestre”,  “entre tanto debajo y tanto encima”. La amada verbena de nuestra infancia, intensa, obstinada, sujeta a todas las pruebas y a las más escasas posibilidades, es el poema. Arribamos a una poética que se despliega sin palabras todavía   (infans): absurdidad del poema que se da porque sí, como la vida.



3.- La inminencia
Rescatada la palabra en el juego del “niño silvestre” y en el sólo estar de la “verbena silvestre”, el poeta deja hablar las estructuras profundas del insconciente que es la fuente del lenguaje todavía no escindido en significante y significado. Hacer decir a las palabras “lo que la vida necesita oir”, “el lenguaje de las cosas perdidas para siempre” en la oscuridad de lo indeterminado. Usarlas para bajar la estrella. Viajero cósmico e ensimismado,  vuelve y no vuelve a “buscar qué nido entre los dorados pajonales./ Antes de que el asustado pájaro de la noche/ levante vuelo en todos los caminos”. Es la ancestral angustia del atajacaminos que levanta vuelo de golpe en los senderos nocturnos del monte.
Percibir con todos los sentidos: “no hay otra cosa igual/ que el olor, color, temperatura/ del aire de tu Villa de casas bajas” amenazada por las leyes del mercado. Caserío de las intimidades cobijado en las sierras madres: ¿Dónde/ algo como estas madres, las sierras,/ cubriéndote noche y día/ las espaldas?”. Los cerros del oeste hornean “su sol de cada tarde”. Allí está Carlos Paz. El niño “de gorra y hondera” sigue los pasos “con el paisaje en los ojos” para que el hacedor de palabras pueda escuchar la tonada del viento sur, pueda encontrar bajo el nogal del patio lo perdido y siempre vuelto a encontrar, lo que “cotiza más alto/ que todas las monedas del mundo.”  La axialidad descendente de la lluvia trae los dones de arriba: el arco iris que puede pintar el cuerpo para la danza ritual: “Aureolados/ por el resplandor de la vida/ silvestre y jugosa.” Cazador de ajenos frutos dorados, buscador de fabulosos tesoros, el poeta emprende la reconquista del espacio-tiempo infantil, de la imaginación como edad de piedra del hombre y del mundo. Peregrino de la ciudad real, deambula entre amontonados “pasajeros errantes”, que sólo caminan “por  razones estrictamente terapéuticas”,  compran sal sin sal y azúcar sin azúcar y son obligados “a tener un río sin río”.
Pero, ¿quién puede privar al poema de un maravilloso “tren de nubes”, del “cristal de luz/ agua escondida/ bajo las montañas”?, ¿por qué no entregarse al río luz, al “fulgor de los peces” y “el canto de los pájaros”? El paisaje es geocultura, lugar del mero estar, arraigo de las generaciones. Por eso Nelly Coggiola puede decir en el poema: “Vengo a ti, río, /fragante de hijos florecidos. / Cargada de amigos/ como frutos de un árbol/ de sombra dulce y generosa.” La prosopopeya, figura típica de la cultura popular, humaniza el contorno del hombre. El paisaje tiene memoria, el río un corazón profundo, la luz se ensimisma: “El cielo. / Muriéndose. / Con uno adentro”.
En Provincia verde y espinosa el tiempo acosa al poeta. “Apenas/ un manotear/ la luz/ carne y carne/ cielo cazado y cayéndose/ contra el último cerco de montañas/ del oeste.” Un joven ciruelo desafía, inocente, al frío” con un “suave sauzal/ sombreando mi nostalgia”. El fluir de las estaciones deja al poeta a la intemperie. Entre la angustia y la revelación, lo sagrado asoma. Se presenta como un pensamiento difuso “llamando a las profanas misas del paisaje/ con exiliados pájaros y resucitadas plantas.”
En “Silenciosos caballos” se produce un enigmático, casi iniciático camino de aquel inicial “niño con hondera”. Es un poema intenso y extraño. Los caballos llegan a la tranquera  del alma “y se quedan quietos/  mirando  hacia adentro. / Pidiendo”. ¿Pasan los caballos al alma? ¿Galopan por un “gran tiempo”?: “Distancias. / Días de antes”. Es una “triste manera” de mirar cómo atardece: ¿andan sueltos los caballos o el pensamiento? ¿En qué adentros? Andar buscándose “perdido y sin medida”, dejándose, escuchar la canción de unos pájaros “revolcándose/ en la última luz del día,/ y sobre mis ojos”. Es mundo de fábulas, un adentro y un afuera donde se puede “tocar, despacio/ lo que el sueño ha mordido/ para inventar sus fábulas”. Los caballos miran, ¿quién llega a esa mirada, quién anda por esa mirada? ¿qué miran? ¿Su mirada anda por mi alma o mi alma por la mirada de los caballos? Misterioso fluir del verano por un escenario de lluvias y caballos. El misterio, lo otro, irrumpe, invisible en la escritura. Algo que está por pasar y no pasa, una hierofanía muda, donde lo absolutamente otro se queda todavía callado pero deja resplandores indecisos: “Cómo esconde la última luz del día/ en su secreto manantial de inminencia./ Cómo me lleva de la mano/ y cómo me abandona: justo al borde/ de las revelaciones”.
4.- Canto y profecía
            Como se puede advertir, he venido de atrás para adelante. Enfrentado a los últimos textos advierto dos movimientos fundamentales. Una primera parte  nos arroja al remolino de una armonización de universos. El poeta anda, “hombre sin ciudad/ y sin tumulto,/  entrándose al paisaje/ dentro tuyo”. Es decir, entrar en uno mismo, es entrar en el paisaje. Predomina, como sensación individual, una situación crepuscular: “última luz del día”, un oximorónico “andar la tarde”. En las “verdecidas costas del lago”, el poeta disuelve su individualidad aterida en la cuenca del San Antonio pero sobre todo en la cuenca semántica que abarca e incluye los estratos más profundos del universo, el inconsciente de la especie, “el que hace que yo escuche/ cada vez más cerca su voz, que ya nadie/ escucha”. Es el espondeo universal de la respiración del universo, del ritmo del corazón del mundo: “Es su corazón que mueve/ mi corazón de campo: repleta copa/ de hermosura”.
El hombre, ya especie, canta: “Un hombre canta en la montaña/ a mil setecientos metros/ sobre el nivel del mar/ y del resto de la tierra/ recalentada y humeando bajo sus pies”. Canta para nadie “rodeado de montañas y pedazos de cielo”. Canta en la oscuridad. No la “vana letra escrita”, solo la música, solo el soplo: “soplando las pocas palabras/ capaces de levantar vuelo” . Pero el canto es coral. En la “alta piedra” rompe “en coro/ sus ranas y sus grillos”. El paisaje habla, “lo ahija”. El hombre canta en el “camino sin nadie”, en soledad, pero siendo parte de un todo abierto y tumultuoso. La piedra es su sostén y el fundamento de su canto: “Si lo oyeras/ conversarle su música/ tan oscuro y tan alto/ a la piedra…”. En la alta piedra, “rompe en coro”. El hombre tiempo, historia, “por donde sube el cerro al cielo”, acepta ser carne dócil  del universo como totalidad orgánica en que cualquier ajuste o desajuste modifica su equilibrio interno. Alojado en el omniuniverso que los escolásticos llamaban “Domus amplísima” (Casa Grande), nombre de un misterioso rincón serrano de ahí cerca no más.
La tierra, como Madre, cobija a sus hijos, pero también los devora y los castiga por sí misma o por sus intermediarios a los que violan los distintos códigos. Como dice la vieja copla tucumana: “La tierra nos alimenta/ asimismo nos dispone/ ella nos cría y nos come”. Por eso el registro poético pasará de pronto del canto a la proferición profética. El poeta, “a orillas del tumulto de la sorda ciudad”, reconoce de golpe, cae, en el hondo simbolismo del tejido. Es fundamental la aparición de la tejedora, humilde trabajadora, artesana, “repitiendo el antiguo oficio de las viejas mujeres de la tierra/ de las incansables arañas del planeta”. Ella le revela el awaska, el tejido de Pacha, el tejedor que nos teje en el gran telar de la vida. En dos dimensiones nos teje: urdimbre y trama que se formalizan en el tiempo y en el espacio. Somos históricos. No tenemos lugar fuera de ese juego y contrajuego.
La teladora de “Araña del planeta” ha sido arrinconada en estrechas veredas, en cuartos de estudiante, en las escalinatas de las Facultades, en las ferias de las villas de turismo, en los escaparates de los mercados de pulgas. Nacida en el “tiempo del más duro mutismo/ en la edad de piedra verbal”, en un paisaje estéril con el corazón resignado “ a su lenta muerte térmica”. Solo el misterioso tejido puede realizar el paciente regreso “a lo crudo”, al pensamiento salvaje, a las “bárbaras liturgias”, al “pelaje felino de la lujuria”, a los “extraños talismanes de la suerte”. Difícil, inútil vuelta: “agotada la verdad de las palabras/ reeditas la primitiva raza de cronistas silenciosos/ de lo ingenuo”. En sus reprofundos, lleva “escrita en la frente la cláusula de la inocencia/  y en los ojos/ a todo fuego/ la invencible ley del puro amor”. Esa lectura apasionada en los adentros de la tierra, en la trama secreta del misterioso tejido de la historia, lo lleva a  prorrumpir en la ira profética. El profeta es el que dice antes, el que lee en los profundos de la realidad lo que está por suceder. Entonces grita: “Paren, locos de mierda. /Tarambanas mercaderes de la muerte”.
En “Faro del fin del Mundo” la cuenca semántica incluye su condición de “frágil semilla de hombre” junto a la lenga, el calafate y la araucaria, junto a los cormoranes y los zorros. Pero también  celebra los frutos de la imaginación del hombre, “los personajes legendarios de Julio Verne”, los sueños incumplidos de Saint John Perse. ¿Era ese el lugar para  dejar la “la lámpara de arcilla” del poema? ¿Sembró allí Rimbaud la piedra filosofal, la palabra perdida? Descubrir de golpe que así debió ser “el escenario del primer día del mundo”  pero que no estará a salvo de la “Gran Nube Química”. El viejo faro de la Isla de los Estados deberá seguir encendido “para que el hombre no siga tropezando/  torpemente/ con el hombre”.
Del escenario del primer día del hombre amenazado transita el lector a la “Desesperación de los hielos”. Se pasa al reino de la cantidad. Todo se admira o se toca “por algo menos de cien dólares cash”. La “memoria de los siglos” aprisionada en los “pixeles de las digitales”. El “calor humano ozonizado/ de unos pocos que por dinero/ están incendiando el planeta y nos asfixian sin remedio”. “Ya van a ver”, clama el profeta, “cuando se les ponga negro/ tanto ala o linzul”, cuando tengan que comprar “agua usada”, cuando se envasen “los cielos derretidos”, se enlate “el viento”, se remate el futuro. “Ya van a ver”, clama la voz profética y humana, bien humana, cuando la tierra se vengue y a sus hijos “le nazcan espinas y raíces/ buscadoras de agua y luz”, cuando el agua “no alcance ni para el mate”, ni para una “agónica ofrendita/ a la Difunta Correa”. ¿Morirán los antiguos ritos? ¿Lo sagrado será arrasado en los corazones “cuando no haya agua ni para/ lágrimas y lloren sangre/ y ni cubitos ya/ consigan/ para sus whiskies on the Rocks”? “Ya van a ver” salmodia el profeta, paren “locos/ locos de mierda” porque los pueblos harán tronar el escarmiento, porque no dejan de crecer las “raíces buscadoras de agua y luz”, porque en le edad de piedra de la palabra  el silencio de la teladora, en el telar universal de Pacha, trama la vida.
Poemario múltiple este de Aldo Parfeniuk. Libro geocultural, vocero de las contradicciones, resonador del canto y la esperanza pero también anunciador del derrumbe del mundo de la llamada “civilización”, del anarco-capitalismo que para existir necesita destruir los paisajes y las gentes todavía refugiadas en los contrafuertes simbólicos de los adentros, a los habitantes del estar siendo para el fruto.

Querido Roberto ya estamos de regreso

Ahí vamos Roberto
una línea de barro sobre el horizonte
ahí vamos, chiquitos
vengo de escarbar en las reliquias de los muertos
cartas del 30, libros de Perón, estampitas
perfumes del pasado
acá vamos de puta madre
oliendo el pis del baño y el café hervido
escuchamos Sigur Ros porque sabemos que es la música de la melancolía.
A los costados puro campo, vos sabés Roberto, como yo
que el suelo argentino tiene dueños
pienso en Argen y tina, me río, me acuerdo de cuando en la escuela los compañeros me cargaban por vivir, según ellos, atrás de la
vía. Era de
Pelle mientras otros de Grini.
Encuentro el remedio; burguesía para todos.
Pienso en las tías Ressia, todos esos recuerdos que guardaban, se los llevaron?
"Querida hija, que la virgen te cuide, tu mamá Aida-Trenque Lauquen 1958" ¿En esos territorios de la memoria algo me pertenece?
Es la una de la madrugada, cruzo territorio de Pincén. Ahí vamos Roberto, puedo sentir como dijo mi amiga Elena el frufrú de la soja, campo adentro las luces de las cosechadoras dan sus fantasmas a la noche. Quisiera ver algo más mío como los platos voladores que el abuelo Martiniano Cuello veía en el INTA o esa luz que me siguió una vez volviendo de los mandados.
Roberto, nunca te dije, pero quiero que me abduzcan, para pasear nomás, creo que después de mirar al cielo durante tantos años me lo merezco. Qué hermoso acto del yo es decir ¡Me lo merezco! ¡Qué fe en la justicia de uno, que ceguera de amor propio!
Paramos sobre el camino en América, hay un cartel de Oscar Ustari, el arquerito que en boca no agarró ni la sombra de la pelota, y de Fredy Gatica, bicampeón de doma categoría bastos y encimera. Movida por el fuerte espíritu del yo, no puedo dejar de pensar en un cartel propio en mi pueblo natal que diga leticia ressia, abducida (se lo merecía).
La noche está clara y la luz del colectivo alumbra las banquinas. Recién una liebre mostro los ojos, sus fuegos abiertos, lejanos como las balas en rifle del gordo Mata como el puma atado que mi viejo me llevaba a acariciar o las carreras ganadas del Tehuelche, el galgo del tío Héctor. El tío que solo en su pieza de hospital espera el fogonazo de la liebre en los ojos, un poco más para vivir, se lo merece.
¿Qué es vivir? un deseo violento por lo maravilloso, el viento en la cara cuando sacás la cabeza por la ventana de un auto que va a 180, el guascazo de la gloria cuando se gana una carrera en bicicleta, el primer velorio donde te reís del muerto.
Estoy volviendo Roberto, no sé de dónde, porque en estos tramos uno no sabe de qué punta del hilo nos están tirando, cruzo la pampa y pido que si hay desierto que no se note, una vez vi los espectrales blancos de Villegas; cien caballos me corrían al costado del colectivo, la obsesión de un tipo muerto, el fantasma de esa obsesión me perseguía. Durante 5 kilómetros el humo de los potros me fue borrando la huella como quien quiere borrar la estela en el viento que deja un globo.
Tengo 34 años, cruzo el llano desde los 18. Nunca lo paso de ojos abiertos, no todo Roberto, es imposible sostener el espanto del horizonte  tanto tiempo.

Leticia  Ressia

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Soñar, soñar
           
              Hizo cine, hizo música e hizo peronismo; todo con su particular modo de ejercer el arte popular. En el cine comenzó como sparring y terminó siendo campeón mundial de peso completo; desde el avant garde más sofisticado al relato popular construyó un puñado de milagros insustituibles. Con la música fueron las canciones, un objeto de fuerte liturgia que se rezó por toda Latinoamérica, tres tonos sencillos para pequeñas crónicas que le entraron a la gente hasta dejarlas transparentes y listas para el amor o la melancolía. Y con el peronismo, lo ejerció a mansalva en las calles y en el arte, y a pesar de su didactismo y desmesura, lo suyo sigue siendo una rara pieza de orfebrería.
A Leonardo Favio le pegaban de chico en la espalda todos los lunes, miércoles y viernes con una varilla de mimbre para que aprenda la tabla del dos, y martes, jueves y sábado lo manguereaban de madrugada con agua fría para que no insistiera con esa obstinación de querer soñar, soñar y soñar. De modo que los días domingos era inevitable en él esa porfía de ponerse en cuclillas y saltar, saltar tan alto como le fuera posible hasta sobrepasar el muro del correccional, porque lo que quería en realidad era ver el mundo; sí, saltaba y miraba, saltaba y olía hasta que lograba alcanzar la calle para abrazarse en cada esquina con la vida.
A este futuro crack del arte le cabe ese dicho popular que dice que cuánto más golpes recibe el acero más se templa su espíritu. Así fue como aprendió a volar desde muy temprano; cuando pedía limosna en Retiro ya soñaba sus primeros guiones cinematográficos, planos, encuadres, y se le escapaban por sus rodillas huesudas las futuras canciones, o imaginaba que imaginaba lo que imaginaba, que para el caso es lo mismo, ¿no?
Cuando abría la puerta de un taxi sonreía, estiraba la mano, guardaba la moneda y en un sólo golpe de ojo lo registraba todo, el interior del auto, la cara del tachero, la de la pasajera, el techo, el asiento, el reloj, la estampita, la canción de la radio, el rosario de plástico, la palanca al piso, el vestuario y ya se le saltaban las imágenes, lo alborotaban, lo suspendían por encima del semáforo y cuando reaccionaba ya estaba al otro lado de la avenida.
Él no sabía pero sabía que un día iba a saber qué hacer con todo eso que le mordía las costillas y las conminaba a cantar con esa voz de metal que le envolvía el espinazo y se lo ponía fosforescente. 


Favio supo y conoció el verdadero valor de Rachmaninoff  y de Eisenstein pero fiel a su instinto de perro verde, lo suyo fueron los contenidos populares; allí desembarcó y clavó su estaca para izar su propia bandera; y la hizo flamear durante cincuenta años, con sol, con lluvia, con truenos, sequías, tiros, tragedias, exilio y con todo lo que acontence en un país como el nuestro.
         Dos de sus películas, “Crónica de un niño solo” y “El romance del Aniceto y la Francisca”, están consideradas por la crítica especializada entre las mejores de la historia del cine argentino; pero más allá de los muchos y muy legítimos laureles que obtuvo aquí y en el extranjero, él se tiró sobre la muchedumbre, mensuró a cada uno, chasqueó los dedos para iluminarles la cara, los besó en la boca y los anotó en su libretita de bolsillo para hacerles una canción o una película. Ese fue su afán; le robó el fuego a los dioses y nos lo regaló a nosotros. Yo todavía me acuerdo cuando vi “Nazareno Cruz y el lobo” en 1975, y a esa edad, esas impresiones son de las que quedan para siempre, se avance lo que se avance y se piense luego lo que se piense.
            Así era Favio, actor, guionista, director de cine, compositor, cantante, productor y un perfecto clavadista que no dudó en arrojarse a las aguas turbulentas y riesgosas de lo popular para que su aprendizaje fuese completo. Lo hizo para incluirnos a todos más allá del resultado, y ese solo gesto, ese solo intento lo ennoblece más que la perfección de algunas de sus mejores producciones.
           Fue una especie de prodigio sin sombra que no siempre pudo hacer lo que ha deseado, pero sí tuvo en claro lo que quiso hacer con su arte. Él encarnó como nadie aquella hermosa sentencia de Pessoa que dice: “Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañe o rechina, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía”.

 Sergio Pravaz




Menú  spinettiano

Iniciado del alba,
Amenábar se  levantó y se puso a leer
los libros de la  buena memoria.
Cristálida, con su fina ropa blanca
vino hacia él como alma de diamante.

Pasaron por el jardín de gente
dispuestos a subir a la montaña,
donde se dispusieron a almorzar
De entrada  el pidió
canciones que lleguen hasta el sol.

Ella solicitó un ave seca con jugo de lúcuma
por eso de la sed verdadera
Luego  pescado rabioso.

De postre varias opciones:
La luz de la manzana,
Durazno sangrando,
Almendra


Eduardo Alberto Planas





Carta a Celina / AldoValinotti

Para que la leas cuando pueda comprenderla y pensar sobre estas cosas
Desde que viste por primera vez un cielo estrellado sabes que estamos en un universo. Las estrellas son soles que se ven chiquitos porque están muy lejos, tan lejos están que algunas de ellas pueden estar apagadas pero su luz nos llega todavía. Este universo es muy, pero muy, muy grande y está en expansión como un globo cuando se le inyecta más gas, tiene espacios vacios, polvo estelar, nebulosas, cúmulos, estrellas y galaxias.
¿De qué está hecho el universo? Sobre todo de hidrogeno (el combustible de las estrellas) y de “materia oscura y fría” (¿neutrinos?). Elementos más pesados como el calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre, el carbono de nuestras proteínas se formaron, luego, en el seno caliente de estrellas que explotaron y se convirtieron en supernovas.
¿Qué es nuestra tierra en este universo? Apenas un grano de arena azul verdoso que gira alrededor de una estrella media en los suburbios de una galaxia en espiral. Gira alrededor de un sol medio, posiblemente de tercera generación que, además, sustenta la vida.
¿Qué es la vida? Es la capacidad de copiarse y auto reproducirse que tienen algunas sustancias muy complejas (como el DNA y el RNA) y que están presentes en todos los seres vivos, como los animales, los microbios y las plantas. Algunos piensan que estas sustancias llegaron a la tierra en aerolitos y en cometas. Otros creen que son producto de la evolución a partir de elementos más simples durante millones de años. Cada varios centenares de reproducciones una copia de DNA y de RNA  se realiza con un fallo. Si este fallo es positivo y favorece al individuo y lo transforma en un sujeto mejor y más apto para la supervivencia se crea una especie diferente.
En nuestro camino como seres humanos pasamos por ser simio, luego como homo habilis, y más luego como homo sapiens u hombre moderno, capaz de crear tecnología. Estamos entrando al siglo XXI pero sabemos que no sabemos algunas posibles evoluciones futuras, entre ellas: El desarrollo de energías renovables y limpias. El control  de sustancias  que cambian el clima. Los problemas derivados del envejecimiento de la población y las migraciones.  El uso subrepticio que puede hacerse de la ingeniería genética.
Cuando leas esto algunos de estos interrogantes tendrán respuesta.
Otra pregunta sin respuesta es ¿sólo hay un universo? ¿O vivimos en un multiuniverso? Ya me lo contarás Y yo te escucharé. Donde esté.
Una discusión vigente se ha resuelto en estos días a través del Premio Nobel 2011, que se destinó a tres astrónomos norteamericanos, quienes descubrieron que el universo está acelerando su velocidad de expansión. El futuro, pues, nos depara un universo cada vez más disperso y posiblemente más frío. Pero para eso –que atemperara el calentamiento global-  todavía falta muchísimo tiempo y no tienes que preocuparte. GAIA (La Tierra), partícula cósmica viva, perdurará.
Tu abuelo Aldo

Cine documental: Searching for Sugar Man


A finales de los años 60, un misterioso músico fue descubierto en un bar de Detroit por dos productores que quedaron prendados de su voz nasal, sus melodías  y  sobre todo sus letras  que reflejaban una dura realidad.
Grabaron dos discos (Cold Fact y Coming From Reality) que ellos creían que situarían al artista como uno de los más grandes de su generación, como Bod Dylan, por ejemplo. Sin embargo, el éxito nunca llegó. Sólo vendieron seis discos.
El cantante desapareció en la oscuridad en medio de rumores sobre su suicidio sobre el escenario. Mientras la figura del artista se perdía en el olvido, uno de sus vinilos llegó a la Sudáfrica del apartheid, multiplicándose por todo el país en grabaciones piratas, y durante las dos siguientes décadas Rodríguez se fue convirtiendo en un fenómeno, en un icono de la libertad y el "anti-establishment".
Mucho tiempo después, dos fans sudafricanos se empeñaron en averiguar qué pasó realmente con su héroe. Su investigación los condujo a una historia aún más extraordinaria sobre el mito del artista conocido como "Rodríguez". Esta es una película sobre la esperanza, la inspiración y el poder de la música.
La película ganó este año el Oscar  al mejor documental.





Una cosa trae la otra                                 por  Lily Chavez



Hace poco tiempo hice un viaje a La Carlota con mi esposo. Viajaba en el colectivo  una mujer con sus hijos pequeños y  todo el viaje se la notó intranquila, preguntando cada tanto cuánto faltaba para llegar. Comentábamos con mi esposo que es natural que eso pase cuando viajas a un lugar por primera vez.  Y recordábamos que antiguamente, el pasajero se quedaba con un boleto donde se indicaba el destino,  las ciudades principales  y  las estaciones  intermedias. Entonces, quien tenía dudas  verificaba cuánto faltaba controlando en el papel cuál estación era la próxima. Y por si alguien no estaba atento, el chofer se aseguraba de ir anunciando la próxima estación. Qué atrás quedaron algunas cosas, hoy  ya no existen esos choferes ni esos antiguos boletos de colectivos, de trenes o urbanos  que se consiguen sólo en Mercado Libre: así como  se los digo. Tres boletos capicúas a $ 45; pica boletos a 300, monedero de colectivo en 12 cuotas de $ 52, expendedora de micros a $ 530; carnet de ferrocarril a 300, boleteras antiguas, lotes de boletos a 90 y así…
Ya en La Carlota vivimos un fin de semana lluvioso, un festejo del Día de la Tradición bajo el agua, sorprendidos, admirados por el amor de la gente por las tradiciones. Desde pequeños sienten el amor a la tierra, a las costumbres y en el desfile, con toda una carga de emoción vimos pasar a caballo padres con sus hijos de meses o pocos años, carretas con toda una familia vestida a la usanza patria, tropillas hermosas acompañando la labor de los tropilleros,  jardineras, potrillos, una maravilla. Nosotros, los de la ciudad, nos quedamos pensando en la cantidad de gente que aún persiste en las tradiciones, en esos niños que heredarán seguramente el gusto por el campo y  los trabajos rurales. Padres e hijos en la transmisión de pasiones. Eso me llevó a pensar en otros padres e hijos que en la vida siguen la misma profesión. Pasa  en el mundo de la literatura, de la música y los deportes. Aquí algunos ejemplos:   Sean Lennon y su medio hermano John Charles Julian Lennon, hijos de John; Lisa Marie Presley heredando la fuerza de Elvis; Frank Sinatra y su hija Nancy;  George Harrison y su hijo Dhanni; James Mc Cartney  hijo de Paul, el ex Beatle. Damian “Jr Gong” Marley, el hijo más joven de Bob (en el 2005, Damian llamó la atención del mundo con

un disco tremendo de reggae-hip-hop llamado Welcome to Jamrock) ; Jakob Dylan hijo Bob Dylan con el look de su madre y el talento de su padre; Norah Jones hija de Ravi Shaknar, conocido como el “Padrino” de la música neohippie; Julio Iglesias y Enrique Miguel Iglesias Preyler; Diego Caccia Torres, hijo de Lolita Torres; Alejandro Dumas (P) y Alejandro Dumas (H); Mario Vargas Llosa y Ernesto Vargas Maldonado; Camilo José Cela (padre e hijo); Julían Marías y Javier Marías; Susan Sontag y David Rieff; Carl Sagan y Nick Sagan y así…muchos más. En algunos casos toda una familia se dedica a la misma pasión. En estos días se ha presentado en Carlos Paz el Monster Truck Show y uno de los invitados a participar fue Marquito Di Palma y él precisamente viene de familia de automovilistas. Hijo del popular Luis Rubén Di Palma (fallecido en el 2000) y hermano de José Luis, Patricio y de la ex copiloto Andrea Di Palma. También tiene una media hermana, menor que él,  llamada Valentina Di Palma ex copiloto de Supercart. Marquito al igual que  su padre, es apodado El loco y no es para menos, ya que de ambos han sido  partícipes de tremendas locuras. Se cuenta que Luis pasó con su pequeño avión por debajo del puente de hormigón del balneario de Arrecifes, anécdota que Marcos cuenta orgulloso cada vez que puede.
Me quedé pensando en  la familia de actores: Pepito Cibrian, hijo de José Cibrian y Ana María Campoy (a propósito: ¿sabían que Pepito es nacido en La Habana, Cuba?);  Irma Roy y Carolina Papaleo; Kirk y Michel Douglas, Angelina Jolie Jon Voight, Ricardo  y el “Chino” Darín… Uh,  termino aquí, antes que me surjan más nombres y me caiga del boletín.
Será hasta la próxima cuando una cosa traiga la otra. Y me voy, aprovechándome de una frase de Porky que hizo historia.    E-e-e-e-eso es todo amigos."



Lily Chavez

Rock de Córdoba: FUNCIRCUS




La banda se forma a mediados del 2011 en la ciudad de Córdoba.
Sus integrantes provienen de diversas agrupaciones locales, donde formaron una vasta y reconocida trayectoria, uniéndose en este proyecto en común llamado FUNCIRCUS.

Con influencias provenientes del blues, el rockabilly y el rock 'n roll americano, la banda busca un sonido definido y potente, producto de la fusión de estos estilos con riff rockeros dándole contundencia y personalidad.

En sencillas palabras FUNCIRCUS se autodefine musicalmente como un grupo de ¡ROCK!

Conceptualmente, la banda adopta como eje temático el Circo de los Horrores, poniendo a Dimitri como el gran anfitrión de cada presentación conjugando distintas disciplinas artísticas mediante una puesta impactante con recursos multimedia.

Actualmente el grupo se encuentra presentando su primer material discográfico, grabado en Córdoba en el año 2012, titulado de manera homónima.

Integrantes:
Franco Di Martino: Voz y Armónicas
Max Braun: Guitarras
Peter Ristorto: Bajo
Rodolfo Sierz: Bateria
MANAGEMENT: DANIEL FRASSONI Cel. 351 664 0430 management@funcircus.com.ar info@funcircus.com.ar




El ojo del arco iris

Pájaro  sin vuelo.
Camino en círculos
                                 de dolor 
con sentimiento    de vacío
                                en la memoria.
Transito entre albergues 
                                de espectros
cruzo el puente sacramental
y con la voz sin armadura
desentraño  el silencio.

Del otro lado
                       en el ojo del arco iris
el ángel entrega sus alas.
Emigraré 
                 hasta encontrar 
                           un refugio de luz.
Emigraré 
                para volver 
                          sin rostro de lluvia.
                                                                      
   Mely Almada 


Sin  pena  en  la  palabra
Aunque me curve el desaliento
como un alud de piedras negras
no se lo cuento a mis palabras.
Escribir triste
es seguir derramando un vino amargo
sobre el mantel del mundo
ya mortalmente percudido.
 Pero tal vez
ciertas almas piadosas que me leen
vengan a investigar mis lagrimales
y acaben demostrándome que mis palabras
no sobrevuelan tan livianamente
las aguas del naufragio
como quiero creer.
Osvaldo Guevara


ENTREVISTA: Susana Cabuchi
por Eduardo Alberto Planas

¿Cuándo empezó a escribir?
Entreví el deseo de escribir poesía a temprana edad, cambiando letras de canciones populares para obtener rimas que se adaptaran a mis gustos. Iniciada la etapa escolar comencé a anotar no sólo asuntos propios sino lo que pasaba a mí alrededor, lo que escuchaba, lo imaginado.
***
¿Cómo definiría a su poesía?
Tal vez como un intento de resistir la soledad, de elaborar pasajes de encuentro, de indagar la fragilidad humana y la eternidad de la esperanza.
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¿Qué autores influyeron en su poética?
Los clásicos de la narrativa y de la poesía que frecuenté desde niña en la biblioteca familiar. Alfredo Martínez Howard a través de sus libros y de la sugerencia de lecturas que serían decisivas. Francisco Colombo, director de "El Taller del Escritor" que reunía a jóvenes poetas e iniciaba  en Córdoba el trabajo grupal con el propósito de editar, organizar concursos literarios, lecturas públicas, muestras de poemas ilustrados. Gracias a esa experiencia y al trabajo de escritura, crítica, autocrítica y especialmente lecturas que compartíamos, comenzó  a insinuarse una voz parecida a la mía.
***
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Borges repetía una cita que no recuerdo con precisión: uno de los efectos de la poesía es darnos la impresión, no de descubrir algo nuevo sino de recordar algo olvidado.
Si mi poética lograra acercarme a ese espacio de unión, a eso que preexiste y nos define, seguramente me sentiría dichosa.
***
¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?
Seleccionar sólo un poema es tan difícil, creo, como reescribirlo. Pero atiendo su solicitud y elijo "Carta a mis Abuelos". Escrito en la adolescencia ese texto nace de mi primer contacto con la muerte -sus muertes-, la memoria, el origen. Hablo de los abuelos paternos que tenían, por vivir a escasas cuadras, mayor relación conmigo y que me ofrecían diariamente alimento, valores, costumbres, afecto. Se impuso en el poema la enumeración de datos, ausencias y presencias así como una decisión: prometerles uvas, un racimo de frescas, dulces y necesarias uvas para responder con vida a la vida, como ellos hubieran querido.
***
¿Ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
No. Salvo las variaciones exigidas por el tiempo - considere que inicié mi actividad pública a los 15 años- mantuve siempre fidelidad hacia un lenguaje poético que debo haber definido mucho antes.
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¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la Palabra?
Le recordaría unas líneas de  Rilke que siempre me conmovieron: Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida.
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¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial, en particular en nuestra Provincia y ciudad de Córdoba?
Alentada por notables voluntades, nuestra industria editorial es sorprendente. En la ciudad y en distintas localidades de la provincia se destacan variadas propuestas, calidad de entregas, eficaz difusión y distribución. Estas condiciones atraen a escritores locales, nacionales y del exterior cada vez más interesados en lo que está gestándose aquí.
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¿Hay  políticas públicas de reconocimiento y apoyo a los autores cordobeses, principalmente a los jóvenes?
Si pienso en las dificultades que se enfrentaban en mi juventud, encuentro espacios de valoración entonces inimaginables. Pero las nuevas voces son numerosas, el quehacer editorial incesante y el apoyo no alcanza a resolver expectativas y necesidades.
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Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc. ¿Cuáles recomendaría?
Mis recomendaciones serían extensas ya que reconozco incontables autores que deberían leerse. Para responder a su demanda propongo los libros de poemas de Alejandro Nicotra, los cuentos de Juan Carlos Onetti, las novelas de Carson McCullers y la ensayística de Borges.
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¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc.?
Estas formas han probado ya que vinculan nuevos lectores a obras que no hubieran reconocido de otro modo y aunque carecen de la cercanía del papel, de la complicidad de anotaciones y llamadas, suman a la hora de aproximar  poemas, poetas, poesía.
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¿Qué opina de la interrelación de la literatura, y en especial de la poesía, con otras artes, como el teatro, el cine, la pintura, etc.?
La poesía estuvo relacionada desde siempre con el teatro, la música, la danza, el canto. La poesía griega estaba destinada a la representación: un auditorio frente al que una persona o coro, con acompañamiento musical, cantaba versos. Su entrecruzamiento con el cine, la pintura, y otras disciplinas artísticas ha producido siempre resultados luminosos y renovadores. La poesía construye caminos de intensidad, condensación y rupturas favorables a la vida y al arte.
***
En el año  1994 fue invitada a realizar un relevamiento de actividades culturales en Paraguay ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cómo fue la experiencia?
En 1993, después de 40 años de gobiernos militares, retornó la democracia a Paraguay. Numerosos paraguayos volvían a la patria deseosos de intercambiar experiencias con quienes habían sobrevivido a la asfixia del "orden" y del miedo. Antes del golpe del 76 en nuestro país, yo había realizado estudios informales de teatro con la gran María Escudero y quienes conformaban el L.T.L. (Libre Teatro Libre). A través de ellos conocí a Agustín Núñez, actor y director paraguayo de Teatro y Cine, que también difundió la Creación Colectiva por América. Parte del gobierno Municipal, claramente opositor al gobierno Nacional, y figura principal del I.M.A. (Instituto Municipal de Arte de Asunción)  Núñez me ofreció trabajar en "La Red", proyecto interesantísimo que consistía en recorrer el interior ofreciendo Talleres de Escritura Creativa a docentes y niños y reunir a la vez datos del hacer cultural de todas las ciudades del país. A dicha actividad se sumaron talleres para los diversos  cursos del I.M.A. de modo que trabajé parte de 1993 y todo1994. Por problemas familiares tuve que regresar a la Argentina en 1995, pero viví la felicidad de saber que aquello para lo que me había preparado además de extraordinario, era útil. Lo comprobé en los pueblos y en los barrios a los que incluso asistí con traductores ya que los asistentes hablaban guaraní. Lo confirmé aquí porque desde entonces comparto aquel descubrimiento.





Susana Cabuchi nació en Jesús María (Córdoba) en 1948. Ha publicado: “El Corazón de las Manzanas” (E. y G. López Editores, Córdoba, 1978), “Patio Solo” (Alción Editora, Córdoba, 1986), “Álbum Familiar” (Alción Editora, Córdoba, 2000), “El Dulce País y otros poemas” (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Buenos Aires, 2004), “Detrás de las máscaras” (Colección Fénix, Ediciones  del Copista, Córdoba, 2008).
Publicadas en el exterior sus obras han sido traducidas al italiano (“Poetesse Argentine”, Plural Poesía, Acquaviva Picena, 1994), al árabe (“At-Qataffa”, antología personal, Damasco, Siria, 1991),  al francés (Entresilences”, Editions L’ Inventaire, París, 2004; “Poésie Récente d’Argentine – une anthologie possible”,Reflet de Lettres / Abra Pampa Éditions, París, Francia, 2013.) y  al portugués (“Poemário”. Antología Bilingüe presentada en la I Bienal Internacional de Poesía de Brasilia, Edición Biblioteca Nacional de Brasil, 2008, y “Poetas de Córdoba para el Mercosur”, antología individual, Córdoba Cultura, Córdoba, Argentina, 2004).
Textos de su autoría han sido incluidos en numerosas antologías (“200 años de Poesía Argentina”, Editorial Alfaguara, Bs. As., 2010; “Antología de la Poesía Argentina 1970 – 2008”, ediciones Lom, Santiago de Chile, 2008; entre otras) ensayos y estudios críticos de poesía hispanoamericana y de literatura escrita por mujeres. Obtuvo por su escritura distinciones nacionales e internacionales. Desde 1963 hasta 1967 realizó su formación junto al reconocido escritor Alfredo Martínez Howard. En 1965 ingresó a “El Taller del Escritor” conformado por sobresalientes nombres de la poesía argentina, que tuvo una marcada influencia en la actividad literaria de esa década. En 1983 fundó el Instituto Municipal de Educación Integral (I.M.E.I.) de Jesús María (Córdoba) en el que se desempeñó como Directora del Departamento de Letras, Teatro e Historia  hasta 1993.
En 1994, contratada por el gobierno municipal de Asunción (Paraguay) realizó un relevamiento de actividades literarias en diversas localidades de ese país y a través de “La Red”, cursos y talleres en diversos barrios y centros culturales de la ciudad capital.
Dictó cursos, seminarios y talleres de escritura y de lectura para docentes, niños, jóvenes y adultos en diversas provincias de la Argentina y en países limítrofes.
Organizó Ferias del Libro, Semanas de Cultura, Concursos Literarios, coordinó debates y actividades de difusión de la Literatura Argentina. Actuó como Miembro de Jurado en numerosos concursos literarios de Poesía y Narrativa, entre ellos del “Premio Consagración Letras”, Córdoba, 2003. 
Fue representante oficial de Argentina en la I Bienal Internacional de Poesía de Brasilia, del 3 - 7 septiembre de 2008  y en 16° Festival Internacional de Poesía de La Habana, Cuba.
Ha participado como panelista y conferencista en Congresos, Encuentros, y Jornadas en su país y en el extranjero. Actualmente colabora en diarios y revistas especializadas, coordina Talleres de Escrituras y brinda asesoramiento en instituciones públicas y privadas sobre temas de su especialidad.

Poética

Mira esa espuma,
espuma que no se detiene
nunca,
que el mar deposita
al pie
de tu mirada
en la arena
de tu sombra.
Esa aparición blanca
con tanta vida por detrás
que apenas puedes imaginar.                               
Y pienso
que así debe ser el poema,
espuma.

Hernán Jaeggi





La esperanza

Creo en la esperanza de los pueblos.
En la gran naranja jugosa del mañana,

mas no en la esperanza individual
cruel
prostituida
emponzoñada
sabedora de todos los disfraces: tórtola mensajera del amor
gallo de veleta que gira según las brisas arbotantes

un no me olvides brotando en la nuca una mano en espigas y mares

La esperanza es tan solo una araña sabia en las más oscuras cárcavas
mejor fortificadas
y en el veneno elaborado controlada con tal maestría
que sin matar perpetra la gran agonía:
inventa el milagro de la muerte y la resurrección cada vez con más dolor
con menos fuerzas
en un delirio que avanza en línea recta y se transforma en espiral
sin dirección.
Enloquecida.
Glauce Baldovín



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Eduardo. Un honor pertenecer al staff del Basta ya! Jorge

Anónimo dijo...

Este "Boletín Literario" ya se ha ganado un lugar en las letras cordobesas. Saludos Hernán Jaeggi

Anónimo dijo...

Felicitaciones. Me encanto. Gracias gracias. Vanesa

Anónimo dijo...

Hermoso. Por favor enviame un numero como siempre.amanda

Anónimo dijo...

Querido Eduardo: acabo de dar lectura al Basta ya!... Valioso e interesantísimo! Muchas gracias!!!
Un abrazo!!!
Rafael

Anónimo dijo...

Hermoso el boletín. Me encanto el poema de Glauce Baldovín a quien tuve el gusto de conocer me emociono.Saludos.Ivette

Anónimo dijo...

Muy bueno el boletín. Leyendo y disfrutando. Crim