¡Basta ya! Boletín Literario - Octubre - Noviembre 2013




Director: Eduardo Alberto Planas
Colaboradores permanentes: Lily Chavez,  Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Silverio Enrique Escudero, Jorge Torres Roggero
Suscripción gratuita.  Registro Propiedad  Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Se puede reproducir con cita de autor y fuente.  Contacto: eduardoplanas2001@hotmail.com Blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com
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Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 –Duarte Quiroz  n° 1702, Córdoba.
Dibujos de tapa, contratapa, págs. 9, 17, 26, 40 y retiro de contratapa: Marcelo Quiroga - Cruz del Eje



Contenidos
Luchadores de Sumo – Jorge Luis Carranza
La niña – Jorge Ledesma
Libre – Ethel Cobo
En la esquina dorada del cuarto – Mariana Robles
Inés – Cecilia Inés de Lucio
Julio Cortázar – Sergio Pravaz
Sueño de mujer sin rostro – Eduardo A. Planas
Regalo – Nocturno – Selva Furlan
Para bajarse del ropero: modos de leer, modos de escribir – Jorge Torres Roggero
Gotas de rocío – Graciela López
Chile, la crónica de un complot atroz – Silverio Enrique Escudero
Sobre las pequeñas cosas – Aldo Valinotti
L. A.S. – Alvaro Monteodoro
Todo sobre los trenes – Walter Ricardo Quinteros
Las  alas de la Violeta – Sergio Pravaz
Teófilo Celindo Mercado – Roberto Vallejo
Punto extremo – Alfredo Lemon
Relatos ferroviarios – Aldo Valinotti
90 años de llevar la palabra al papel – Miguel Julio Rodríguez Villafañe
Una cosa trae la obra – Haciendo memoria – Lily Chavez
El niño triste – José Luis Jiménez Calderón
Amando a Joyce
La montañita de arena – Gerardo Pérez Taschetta
Tabú: Un filme esencialmente fantasmático – Luciano Monteagudo
Dossier: Las desperdigadas minucias – Laura López Morales





Los luchadores de Sumo

“Desdramatice señor Carranza”,
me dijo una vez un psicólogo
luego de oírme un largo rato.
Se sacó los lentes,
los apoyó suavemente
sobre el escritorio y agregó
“No lo pase todo por el corazón”.
Sucede que el buzón de entrada 
de mensajes del celular
hace unos días está vacío.
Nadie ha intentando
contactarse conmigo.
Se trata, por ahora,
de una nada transitoria.
La imperiosa necesidad
de querer y ser queridos,
parece ser la fuerza
que mantiene unida a la manada.
Por eso hoy
en este pasillo desierto,
no me siento ni bien ni mal
y hago una respiración profunda
para  que los luchadores de Sumo
que habitan  mi cabeza
no se empiecen a pelear.

Jorge Luis Carranza







La niña

La veo… vive casi enfrente. Es prolija y pulcra; riega las plantas y se ve segura de sí misma. Camina apurada, para todo tiene respuestas y parece culta y de mundo. Es pequeña y casi anticuada.
Su madre, siempre sentada, vigila uno a uno sus movimientos, como sabiendo que no puede desprenderse de ese cordón de inseguridades…Ella enfrente al espejo, solo se mira…solo se mira.
La dama reniega con su lacio pelo…
Reniega desde niña y lo castiga con una prensa.
Se mira las manos, se toca el cuerpo…
La falta de caricias, lo dejaron suelto

La dama está sola, muy sola
aunque sueña despertar algún día,
en los maduros brazos de quien la rescate
de ser esta débil niña, que ya pasó los 40

La dama piensa en volar
pero sus menudos pies solo caminan 
del trabajo a su hogar
y desde su ventana solo se conforma con  soñar

La niña se desilusiona siempre y con su vestido negro
solo se entristece de desengaños
de los  que le mienten,
de hombres que solo charlan y que no la quieren

Todo es un castigo…
Mientras su cuerpo le duele… Como en un anuncio
reservado para el que pasa enfrente
para aquel rostro sonriente que no la abraza y parece feliz

la niña por ahí llora
llora de bronca,
llora de miedo
pero más llora por los años que se fueron.


Jorge Ledesma




Libre

Y… me tomó en sus brazos,
me llevó a la playa,
quise rebelarme,
negarme a sus besos,
pues yo era casada.

Pero era ahora, cuando yo sabía,
que en su pecho recio,
el amor latía muy fuerte, por mí.
El no me compraba,
y yo me sentía libre para amarlo:
nadie me obligaba.
El también quería que fuera su dama.
Fue un sueño imposible,
él era un noble y yo una gitana.
Después el adiós.
Volví a ser esclava,
Retorné a mi dueño, que compró mi cuerpo,
pero aquella noche, tendida en la playa,
amé y fui amada,
pues,
el que era mi dueño, no compró mi alma.


Ethel Cobo




En la esquina dorada del cuarto
donde aún duerme mi madre,
hay un ropero brillante
pintado con laca perlada
que refleja al revés el espacio,
lo que extraviado se dispersa
en la región de los rayos.
La luna,  atravesando los vidrios,
las mantas, las lámparas encendidas
y otros objetos del reino de los sueños.
El retrato oval desde su lugar antiguo,
en el fondo de la cama
del respaldo matrimonial,
con la imagen de mis abuelos ya muertos.


Mariana Robles
El árbol de los reflejos
Mención Premio Literario Provincia de Córdoba 2012
Ediciones Letras y Bibliotecas Córdoba.





Inés





Tenía cuatro años y un día de berrinche
me dijiste que si seguía llorando
se me iban a  acabar las lágrimas.
Y yo las empecé a guardar
para momentos importantes.
Las doblé con suavidad de agua
en los manteles a cuadros que bordaste.
Las reservé para heridas y nubes,
hice presión para que no salieran.
Fue un dulce engaño, abuela
sabías que el dolor
que no lloraste
hacía un surco
de Ezcaray a Argentina.
y por dentro, despacio, iba el grito.
Sabías que las lágrimas cuando se callan
se nos vuelven escombros
nos despiertan  de bronca
y apenas podemos respirarlas.

Lloremos lo que sea, abuela
lo que sea
así la lluvia no nos duele.

  



Cecilia Inés de Lucio
De la plaqueta Ultrafinas y las tramontinas del dolor
Junio 2013 - Córdoba



julio cortázar

su voz es más que aquel trueno
en donde la realidad se disuelve



la biblioteca pedagógica fue su trompeta
hasta que la cuchilla de bartok lo arrasó

lo esperaron epopeyas
que agrietaron el viejo mapa de las colonias

dijo como para que la acción
no se sintiera abandonada suponiendo
un capricho de la vanguardia

ahí donde clavó su puñal empalabrado
hasta cubrir la espalda de la patria
sin cambiar de idioma

supo dialogar con ángeles y diablos

mordió los tobillos del verbo
hasta desnudar la ecuación del cronopio

asaltó las puertas del mundo
y contuvo algunos heridos

su pluma tiene el espesor de una muralla
que fatiga a los que aún lo niegan

murió lejos
aún cuando vino a despedirse
y lo siguieron negando

él se ríe de tales acontecimientos

vive entre palabras que brillan
como la puta gloria de las estatuas

                                                                                    Sergio Pravaz




Sueño de mujer sin rostro        

Ante mí, siempre una mujer, / es hermosa. / La conozco y lo sé / pero aun esforzándome / no logro percibir su rostro,  / sólo su cuerpo. // Misteriosa mujer del sueño recurrente, / quizás seas la sombra / de aquella que me espera / al final de los tiempos.

Eduardo Alberto Planas








Regalo

Te deslizas con múltiples zarcillos.
Ardorosa tu vida vegetal no tiene obstáculo.
Las empedernidas guías practican silencioso viaje.
Se adueñan de toda superficie.
Y en contrapunto con los hombres, 
se complace en grande flores amarillas.
Extendidas sobre la tierra, con los brazos abiertos
y las palmas al cielo, se aman en profusión vegetal.
Silenciosa conjunción de nutrientes azorados.
Las grandes flores marchitan sus corolas amarillas.
Y en escasez de tiempo conjurado, una presencia sutil
con tersas pelusitas verdes entre las hojas.

¡Llegaron al mundo los calabacines!

Con trajes protectores resguardan
la anaranjada pulpa. Bohemios orgullosos
pendiendo de un zarcillo ensimismado.


Selva Furlan


                                                                         
Nocturno

La noche pinta el lago
con apuro de tiempo irrefrenable.
Sapos, grillos y tucuras improvisan un terceto.
La superficie líquida comienza a bajar los párpados.
Tersura del paisaje adormecido. 
Un vuelo diminuto se incrusta sobre el agua.
Castiga la superficie con un círculo impalpable.
Manchas oscuras del monte
desaparecen al horizonte.
Fresca brisa rumorea entre las ramas
ensalza el paisaje.
La noche es pura estrella.
Mis manos mariposas festivas
magnifican tambores indígenas.
Aspiro el paisaje dormido.
Cierro los ojos.
Soy parte del misterio infinito de la tierra.                                                             
Selva Furlan





Para bajarse del ropero: modos de leer, modos de escribir

  


(Las siguientes consideraciones giran en torno las “Jornadas de literatura (creación y conocimiento) desde la cultura popular” que organizan desde hace 20 años las cátedras de Literatura Argentina I y II e Historia del Pensamiento Latinoamericano de la Escuela de Letras, Facultad de Filosofía y Humanidades, U.N.C. También intentan ser un homenaje a Julio Cortázar.)
                        “¡Qué risa, todos lloraban!”
Cortázar

Estoy releyendo el capítulo “Verano en las colinas” de La Vuelta al día en ochenta mundos, tomo I. Es el momento en que Teodoro W. Adorno salta aviesamente sobre las rodillas de Cortázar. No sin algunos arañazos, comienza a jugar con el escritor e interrumpe el  recuerdo de ciertas coincidencias argentinas que se han infiltrado en plena creación de un episodio novelesco. La digresión versa sobre la carencia de naturalidad y humor de los argentinos  cuando se disponen a escribir sus memorias. Publican textos que son tímidos productos de la autocensura. En general, piensa, son “memorias vicarias”. Bajo la sonriente vigilancia de los críticos, no se deschavan, se esconden, “constituyen domicilio legal en sus novelas”.
Teodoro W. Adorno ha interferido en la escritura de Cortázar y también en mi lectura. Por las hendijas de invisibles huellas comienzan a reescribirse en mi cuerpo ciertas memorias sobre las “I Jornadas de literatura (creación y conocimiento) desde la cultura popular”.
Cuando se realizaron esas primeras jornadas, dedicadas a memorar a Eduardo Gutiérrez y las proyecciones de su obra en la cultura popular, nos habíamos propuesto “producir con lo que tenemos y desde lo que somos”. Reunimos a profesores, a estu­diantes, a maestros, a simples lectores y nos pusimos a discutir las treinta y siete ponencias presentadas.

En las segundas jornadas, nos dedicamos a averiguar sobre los maestros rurales escritores y le rendimos homenaje a Polo Godoy Rojo. El puntano llegó asegurando que él no era nadie para hablar en una universidad y concluyó vertiendo su sabidu­ría a un auditorio silencioso y famélico de verdades encarnadas. Se presentaron cua­renta ponencias y la discusión fue fructífera en tanto se creó un ámbito donde todos decían y todos escuchaban, donde se borraba la separación docente-alumno porque todos participaban en una búsqueda, todos se animaban a tantear fuera de los méto­dos, es decir, de los caminos ya trajinados por otros. Se trataba, según la enseñanza del maestro L. J. Prieto[1], de experimentar alguna vez que el saber no se constituye con citas por bien organizadas que estén, ni con la bibliografía de moda por más actualizada que luzca. Es jugarse en el intento de pensar desde los textos, de enredarse y desenredarse sin cesar en la urdimbre simultá­nea e indivisible de la lengua; de atar y desatar los nudos de la tra­ma hilachenta y viva con que la escritura se construye y des-constru­ye a la vez, enhe­brada en
la lanzadera de lo contingen­te: ¿cómo capturar la imagen  móvil de la reali­dad, del remolino incesante del acto creador?
Las terceras jornadas  del encuentro docente estudiantil ocurrieron  los días 28 y 29 de septiembre de 1995 y estuvieron dedicadas a tres recordaciones insólitas: (a) los 150 años de la aparición de Facundo, (b) los cincuenta años del 17 de octubre y (c) los veinticinco años de la muerte de Leopoldo Marechal. Queríamos retozar (como diría Sarmiento) en lo informe, en lo revulsivo; saltar alegremente de la civilización a la barbarie, de la alpargata al libro, de lo sublime a lo ridículo como un simple modo de ser.
¿Cómo no mezclar a ese Sarmiento que escribía con carbón en los baños de Zonda su consigna civilizatoria con aquellos cabecitas negras que, tam­bién con carbón, escribían esperanzas de redención en tapias “rosadas”, que efundían “luz íntima”, en las que un día Borges encontró la ternura y conjeturó la eternidad?[2]
Ya Sarmiento nos incitaba a arrojar el andador académico cuando en El Mercurio[3] del 3 de junio de l842 nos proponía cierto modo de vivir en la historia por la manera de escri­bir:
 “Adquirid ideas de donde quiera que vengan, nutrid vuestro espíritu con las      manifestaciones  de los grandes luminares de la época; y cuando sintáis que vuestro pensamiento a su vez  se despier­ta, echad  miradas observadoras sobre vues­tra patria,­ sobre el pueblo, las costumbres, las instituciones, las necesida­des actua­les, y ense­guida escri­bid con  amor, con cora­zón, lo que os alcance, lo que os antoje, que eso será bueno en el fondo­,  aunque la forma sea inco­rrec­ta; será apa­sionado aunque a veces sea inexac­to; agrada­rá al lector­ , aun­que rabie Garci­laso; no se parecerá a lo de nadie; pero bueno o malo será vuestro, nadie os lo dispu­ta­rá. En­tonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, ha­brá bellezas. La crítica  vendrá a su tiempo y los defectos desapa­rece­rán”

La cuestión es descubrir que el libro que cotidiana­mente sacralizamos lleva implícita una contra-escritura invi­sible que hace  que su escritura sea existencialmente “con corazón”, o por lo contrario, una mera reificación del discurso. En la cosa escrita se fijó tradicionalmente la uniformización del sentido. Nuestra tarea consiste en dejar que hable el único sujeto cultural auténtico, el pueblo, que en lo profundo, habla (gestiona) desde un logos no escrito, desde sus raíces. El 17 de octubre fue así inscripto en la conciencia de los argentinos venideros como “un grito de corazón”. Desde entonces, se lo puede denostar, pero no se puede estar sin él, como, según S. Taborda, sucede con Sarmiento. Del solo estar y del solo hablar surgirán, en consecuencia, las preguntas que formulamos a quienes  modelizan lo que el habla no puede concretar, es decir, los escritores. Animarnos a caminar con el pueblo, co­do con codo, puede ser una buena práctica creadora y un buen método de investigación que se inicia de una manera absurda: desapren­diendo.
Hasta dónde nos hemos animado, en total libertad de tonos y tonadas, es lo que se intenta mostrar en nuestras jornadas. Por supues­to, se nos ocurre que lo mejor no está en los textos presentados, sino en el discurrir de las comisiones, en el libre transmitir de los plenarios.



Y aquí retorno a La vuelta al día en ochenta mundos. Podría hablar con Cortázar del extrañamiento del que escribe (curiosa coincidencia con los formalistas rusos), de la escritura por dislocación, de la excentricidad, de la falta de humor de los escritores argentinos, de cierta genealogía del humor en nuestra literatura. Pero solo me detendré a recordar por qué el gato negro, que ahora jugaba en sus rodillas, se llamaba Teodoro W. Adorno. Si bien no dejaba de ser un homenaje indirecto al pensador alemán, era  más bien el resultado de ciertas prolijas glosas de tres personajes de una novela que estaba escribiendo. En el pasaje, que al fin suprimió, tres argentinos residentes en París, “nada serios ni importantes, discutían el problema  de los suplementos dominicales de los diarios porteños”.
Resulta que en el material literario que les mandaban desde el Río de la Plata publicaban algunos sociólogos que abundaban en citas del célebre Adorno, “cuyo vistoso apellido parecían querer aprovechar literalmente cosa de que sus ensayos les quedaran padre”. Casi todos los artículos aparecían constelados de citas de Adorno, también de Wittgenstein. ¿Cómo bautizar al gato negro? ¿Tractatus o Teodoro? Parece ser que el gato, que arañó las rodillas de Cortázar, se sintió menos deprimido de llamarse Teodoro.
Ahora bien, según uno de los personajes, veinte años atrás habría tenido que llamarse Rainer María, más tarde Albert o Williams y, posteriormente, Saint-John Perse o Dylan. De tal modo, agitando viejos periódicos, el personaje estaba en condiciones de probar que los sociólogos colaboradores de esas columnas “debían ser en fondo el mismo sociólogo, y que lo único que iban cambiando a lo largo de los años eran las citas, es decir que lo importante era estar a la moda en esa materia y evitar-so-pena-de-descrédito toda mención de autores ya usados en el decenio anterior” (p.23). No importaban entonces las firmas al pie de los artículos ya que lo único interesante era descubrir cada tantos centímetros la cita de Adorno. Aunque ya empezaban a vislumbrar que pronto le tocaría el turno a Lévi-Strauss.
Cortázar, en realidad, está tomando con humor la advertencia que nos hiciera L.J.Prieto. Sucede que ciertos académicos no pueden escribir ni una reseña sin la consabida referencia a lo que solemnemente se denomina la “crítica actual”. Existen así las viudas de ciertas corrientes o autores ultimísimos a los que se cita venga o no venga al caso y, sin los cuales, un trabajo crítico carece de valor académico. Se suelen olvidar que muchos de  los más actuales teóricos de los centros hegemónicos del poder mental  lo único y lo mejor que hacen es reactualizar (volver a poner en acto) algún pensador clásico de su propia tradición literaria o de la ya redundante lógica  de la cultura dominante. Esos mentores, por otra parte, sumidos hoy por hoy en una apremiante desorientación, es poco lo que nos pueden aportar, salvo algunos retazos de decadencia. Ha llegado la hora de hacernos cargo, de tomar nuestra realidad, nuestros dichos y nuestros hechos como objeto de estudio. Tantear el estado latente de la realidad. Sin miedo, sin considerar que  para ingresar a un texto hay que ponerse traje y corbata. Es que también a los críticos, en el momento de sentarnos a escribir, nos pasa lo que Cortázar atribuía a nuestros escritores:
“¿Por qué diablos hay entre nuestra vida y nuestra literatura una especie de “muro de la vergüenza”? En el momento de ponerse a trabajar en un cuento o en una novela­, el escri­tor típico se calza el cuello duro y se sube a lo más alto del ropero. A cuántos conocí que si hubieran escrito como pensaban, inventaban o hablaban en las mesas de café o en las charlas después de un concier­to o en un match de box,  ha­brían conseguido esa admiración  cuya ausen­cia  siguen atri­buyendo  a las razones deploradas con lágri­mas y folletos por las  sociedades de escritores.” (p.56)[4]
Y cierro con el insólito epígrafe. Cortázar se los cuenta y Uds. saquen sus conclusiones: “Entre las frases que más amé premonitoriamente en la infancia, figura la de un condiscípulo: “¡Qué risa, todos lloraban!”. Se refiere a que los argentinos nos sentimos obligados a “escribir en serio”, “a ser serios”, a sentarnos  “ante la máquina de escribir con los zapatos lustrados y una sepulcral noción de la gravedad-del-instante”.
Tengan en cuenta esto los que hablan de un “país serio”, de estudios serios, y quienes se sientan a escuchar una lectura de poemas o una ponencia con una seriedad “entendida como valor previo a toda literatura”. Esa presuposición  puede resultar, según Cortázar, “infinitamente cómica”. Como la seriedad de los velorios. Es mejor, piensa, mirar o escribir “por falencia, por descolocación”, porque la realidad es “flexible y porosa”: “escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto,  piedras preciosas”. Dicho de un modo más directo, Cortázar propone que tanto el escritor como el lector vivan, escriban y lean amenazados “por esa lateralidad, por ese paralaje verdadero, por ese estar siempre un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente en un día más de vida sin conflictos” (p.35).
Jorge Torres Roggero
Profesor Emérito, U.N.C.
Bibliografía y notas:
[1] PRIETO, Luis Jorge, 1993, “Más allá del amor por las palabras”. Entrevista de Beatriz Molinari: En La Voz del Interior, 4D, 15/04/1993.
[2] Cfr. Sarmiento, Domingo Faustino, 1962, Facundo, Buenos Aires, Editorial Sur. Sarmiento pintó con carbón  en una sala de los baños de Zonda: “On ne tue point les idées”. Atribuye erróneamente la frase a Fortoul y la traduce criollamente: “A los hombres se les degüella; a las ideas no”; Cfr. Et. , Borges, Jorge Luis, l953, Historia de la eternidad, Buenos Aires, Emecé: “Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna, sino efundir luz íntima. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado”, p. 39. Sabido es que los primeros peronistas, de muy precarios recursos, escribían sus consignas en las paredes con car­bón y tiza. Entre sus famosos estribillos había uno que de­cía:”Con tiza y con carbón/lo queremos a Perón”.



[3] Sarmiento,D.F., 1909, Obras Completas, Tomo I, Artículos Críticos y Literarios, Belin Hnos., París.
[4] Cortázar, Julio, 2009, La vuelta al día en ochenta mun­dos, Tomo I, Buenos Aires, Editorial S.XXI.








Gotas de rocío


En el fondo  de mi casa hay tres árboles frutales: un kinotero, un membrillero y una pera.
Él o ella llegó después en tarrito de cinco litros de puré de tomate perita. Por sus hojas nos dimos cuenta que se podía tratar de un cítrico. Era la única señal. Ni una flor, ni un fruto.
Por esta razón lo pusimos en el recipiente junto al kinotero, para que se sienta en familia.
Paso el tiempo, la planta, el supuesto cítrico no crecía.
Mi hija Tania, de cinco años, llevaba el control. Todos los días se paraba a su lado. Le pusimos un tutor ¡Y el palo seco crecía!
Un día la niña vino desesperada del fondo llorando. ¡Nuestra planta se moría!
Tenía ya solamente cuatro hojas y todas amarillas y marrones. Lo revisé y encontré entre sus follaje amarillento, unas orugas así de grandes, que estaban haciéndose una fiesta cítrica.
Me asegure que esas hambrientas nunca más hicieran daño. Al otro día –ya un poco superado el trance- la planté en la tierra junto al tutor que seguía creciendo.
Tania terminó la escuela primaria y el día que cumplió  quince años, de repente dio un estirón y a partir de ese momento el árbol no dejó de crecer estirado, como un álamo cítrico, cubierto de hojas pero sin dar ni una señal. Ni una flor, ni un fruto.
Pero un día justo en primavera, Alejandra, mi nieta que seguía la misma tradición de su madre, me llamó desesperada desde el fondo. Asustada, llena de recuerdos, me sequé como pude a las apuradas las manos en el delantal y salí corriendo de la cocina.
¡Mira! me dijo.
Al principio no veía nada. Agudicé la vista y allá en nuestro árbol brillaba algo pequeño.
La niña dijo: Mira le cayó una estrella ¡Brilla!
No, no, no es una estrella ¡Es una flor!
Su primera flor. Después otra y otra. Alcancé a contar tres.
Unos días después esa estrella, esa flor se fue cerrando hasta convertirse en un punto siempre verde y cada día más grande, pero siempre verde.
No sabíamos si era un kinoto, limón, mandarina jugosa, naranja pera ¡Cítrico seguro!
Esa punta se fue estirando en uno de sus extremos todavía sin develarnos su secreto.
Fue Tania quién para Navidad  gritó: !Es un limonero!
Y esa noche brindamos a la copa del amarillo y verde limón.
Yo soy como este árbol. Nunca supe quien soy en realidad.
Si un kinotero, un limón o jugosa naranja. Pero hoy estoy llena de azahares que florecieron todos juntos en una madrugada de invierno bendecidas por una lluvia de estrellas vagabundas.
Bichi bichi, en el valle de estrellas vagabundas.


Graciela López






Chile, la crónica de un complot atroz


Este miércoles tiene una resonancia especial para quienes –como el cronista- vivieron con intensidad los años de la Guerra Fría. Mezclábamos, entonces como ahora, la pasión por la Historia y el barro de la política, que es la argamasa donde se forjan los grandes líderes y las estatuas de los héroes. Se cumplen hoy, y ésta es la razón de nuestro trabajo, 40 años del bombardeo del palacio presidencial de La Moneda y de la muerte del presidente chileno Salvador Allende, una de las figuras capitales de la historia latinoamericana.

En los 60 -pese a los esfuerzos libertarios de muchos países- las decisiones de importancia se tomaban en las metrópolis. Washington y Moscú dominaban las casillas centrales del tablero. El resto tenía el destino de los peones: obedecer y sacrificarse en beneficio del plan maestro. América Latina no escapó a esa regla. Estados Unidos ejerce su dominio con mano de hierro. Sus decisiones eran inapelables. La CIA y los marines se encargaban de los díscolos y ahogar en sangre los intentos independentistas que podían asimilarse a la experiencia cubana. Para ello refuerza su servicio exterior y su instituto de enseñanza de inglés actúa, como otras entidades civiles, como cobertura para el accionar de sus espías. Desde allí monitorean la actividad de los partidos políticos y sindicatos, tratando de seducir a sus dirigentes, con viajes especiales y becas.
Apenas asume John F. Kennedy, decide meter mano en la situación interna de Chile. Le preocupa, aseguran sus voceros, la democracia chilena que se encuentra en peligro ante la creciente popularidad de Allende. Para contrarrestarla, crea, bajo su dependencia, un comité especial que integran altos funcionarios del Departamento de Estado, delegados presidenciales y la CIA. Siete millones de dólares costó imponer –en las elecciones de 1964- como presidente al demócrata cristiano Eduardo Frei. Otra suma similar gastaron en las elecciones legislativas para que gobernara con un Congreso adicto. ¿Lo sabía la Democracia Cristiana?
El presidente saliente –Jorge Alessandri- fue el cómplice necesario. En forma intempestiva ordena a su partido abandonar la lucha. Julio Durán Neumann, el candidato de la derecha, que había puesto su cuero en la campaña, fue sorprendido en su buena fe. Procura, con un grupo de amigos, resistir. Es convocado por el embajador yanqui. Le facilitan los medios para que se radique en Richmond, Virginia, donde ocupa puestos jerárquicos en dos multinacionales y en el gobierno estadual.
La operación costó veinte millones de dólares, una suma increíble, por cierto. Washington no sólo invirtió en Frei. Las elecciones fueron apenas un pretexto. Montaron una formidable campaña de propaganda anticomunista. “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales”, afirmaron los responsables ante una comisión senatorial. Los partidos políticos y organizaciones sociales amigas sirvieron para sembrar terror. Aseguraban que si ganaba Allende, los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarles a sus hijos y nietos. Los pastores evangélicos aportaron lo suyo a la confusión. Enloquecidos, ebrios de fanatismo, convencieron a sus fieles de que “el comunismo internacional es demoníaco” y sus seguidores violan y matan a recién nacidos para beber su sangre.
Frente a las elecciones de 1970, Richard Nixon dio carta blanca a su central de inteligencia. Sus biógrafos comentan el trato despectivo que tenía para con los chilenos. Les creía inútiles y descerebrados. Visión que comparte Henry Kissinger, consejero para la Seguridad Nacional que expresó, el 27 de junio de 1970, una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, que no veía “por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” ¿La autodeterminación de los pueblos debe estar subordinada a los antojos de la Casa Blanca?¿Ésa es la concepción democrática de los que se enorgullecen de ser gendarmes internacionales?
Allende, el 4 de septiembre de 1970, gana las elecciones. Nixon enloquece; destroza la Sala Oval. Ordena que se debe planificar y monitorear un complot. Fracasaron el 24 de octubre en su intento de comprar la conciencia de los congresistas. Se ahorran tres millones de dólares. El Compañero Presidente fue confirmado en su cargo. Los mapuches se levantaron contra el nuevo gobierno. ¿Quién estaba detrás proporcionándoles armamentos de última generación? ¿Los mismos que se reúnen en Malargüe con los líderes de los indígenas y les prometen apoyo para separarse de Chile y crear la República Mapuche?
Una unidad especial de la CIA infecciona las fuerzas armadas. Tropieza con la lealtad a toda prueba del general René Schneider que les ordena abandonar su despacho en forma inmediata. Intentan secuestrarlo. Fracasan pero el Comandante en Jefe del Ejército queda herido de gravedad para morir poco después. Augusto Pinochet fue Judas y recibió sus treinta monedas. La historia ya lo juzgó como un vil carnicero. Siempre escupirán su tumba en señal de desprecio.
La voz de Salvador Allende resuena anunciando la nueva aurora. “Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.
 Silverio Enrique Escudero





Sobre las pequeñas cosas
Del mismo modo que en la profundidad de las noches de verano, las luciérnagas aparecen y desaparecen sobre el campo, el recuerdo de las pequeñas cosas transcurre sin emociones ni improntas. Ellos se acumularán en la memoria oculta y sólo algunas veces se harán conscientes. Pero están allí y sin duda marcan nuestro proceder e influyen a nuestros pensamientos.

Cosas pequeñas que recordamos siempre:
El lucero (Venus) que aparece antes que el sol.
La puesta del sol.
El ruido de la lluvia sobre el tejado de zinc caliente.
La niña de la cual nos enamoramos a los 11 años.
El sueño que soñamos una vez.
El libro que nos marcó.
El pueblo al cual no retornamos nunca.
Todos los amigos y amigas que quedaron atrás, incluso aquellos que optaron por irse, a pura voluntad.
El perfume de las flores, como los claveles y las rosas.
Las pequeñas estrellas que como las Pléyades no alumbran pero siempre están.

Aldo Valinotti



L.A.S.
Garúa en estado de coma
El vestigio de tu hojarasca crepitando,
Se muere el pájaro en su jaula
Y nace todo tu elemento.
El dulzor de aquel durazno invisible
Sangra toda religión,
Y se pierden las bengalas de tu amor, allí,
Lejísimo, tal vez en el barro,
Tal vez en París, indómita, herida,
Por los ojos de un kamikaze.
El aire de cromo aleja mi locomotora
A dieciocho minutos del sol,
Pero tus armonías transmutan toda era de uranio.
El néctar de cada luz
Disemina el lucero sin fin para los arboles,
Y adentro tuyo ves como la hiedra
Resbala al sol.
Un viento celeste arrasa mi mapa de tu amor
Donde no se lee,
Y recorriendo tu estante
Me encuentro perdido en ti.
A las palabras se las lleva el viento, dicen,
Pero tus melodías llenan el verso y la prosa
De una exquisita eternidad.
Alvaro Monteodoro
Alvaro Monteodoro compra discos. Sí, compra discos originales de música, de esos que ya nadie sabe que existen. Nació un día en algún lugar. Escribe, hace música, lava los platos de mala gana. Sabe hacer tartas de verdura y preparar jugo tang de modo tal que no esté ni muy puro ni muy aguado. Tiene programado un viaje a Júpiter para 2013, con probabilidad de Saturno y un fugaz paso por Neptuno. Es habitué del kiosco de Beto.





Todo sobre los trenes

Por Walter Ricardo Quinteros

Cuando entré a preguntar si había un tren que llevara las cenizas de mi padre a su última morada, los sospechosos de siempre se mostraron sorprendidos.
Con ruidosa parafernalia politiquera, ensayaban torpes respuestas.
Algunos canallas me tiraron pistas falsas, tal es así, que quisieron hacerme creer que aquellos trenes que engrandecieron mi Patria, desaparecieron como si fuesen enormes dinosaurios de hierro.
Lo hicieron de un día para otro y sin aviso previo, se fueron de las vías sin dar explicaciones, me argumentaban sin culpas.
Pero algún día, abrirán los portones de los depósitos, harán sacar la tierra, el óxido acumulado y serán expuestos en museos ó plazas de los pueblos, como  medios de transportes de otras épocas.
Lo afirmaban con una sonrisa irónica, ceremoniosa y gentil, bien estudiada para la ocasión y hasta me palmearon la espalda señalándome la salida, mientras sus dedos y lenguas se manchaban con el color del dinero que contaban afanosamente, obtenido por la siniestra venta de los "improductivos Ferrocarriles" a una oscura empresa multinacional.
Creo tener algunas certezas cuando mi padre fue limpiando su escritorio por última vez.
Cuando fue apagando las luces de su oficina.
Cuando dio las dos vueltas de llave en la cerradura.
Y finalmente, cuando cerró el candado de uso obligatorio.
Creo, que tenía la vista nublada y un nudo en la garganta.
Apuesto lo que quieran, a que ése día, el primero de su jubilación, no volvió a su casa en taxi, ni en ómnibus.
Para mí, aquel ferroviario ilustrado, puso las manos en los bolsillos, las cerró con fuerzas y se volvió caminando por las vías, haciendo un inventario de los durmientes deteriorados, de los tramos de rieles a renovar y quizás por ahí, frente a una cruz de San Andrés que señala el Pare, Mire, Escuche, Cuidado con los Trenes, se aflojó la corbata.
Mi padre era eso.
Un ferroviario de los de antes.
Una enciclopedia ilustrada tras cuarenta años de servicio, dividida en varios tomos y titulada "Todo Sobre Los Trenes"

Cuando empecé a tener un poco de razón en mi pequeño mundo, aprendí que él era el Capataz de Vía y Obras.
Que tenía una cuadrilla de Peones a su cargo, una "zorra" a tracción humana, primero y una con motor después.
Pero que antes de eso, él había empezado como uno de esos Peones.
En una oportunidad, descubrí traviesamente, sus mamelucos con tufo a fuell oil, guardados por ahí y con estopa en los bolsillos, para que no se olvide de sus orígenes.
Pero lo recuerdo con saco, corbata y gorra.
Siempre con sus puños cerrados y el pequeño diccionario habitando el bolsillo trasero del pantalón. Supe, mientras crecía, que además fue Revisor, Jefe de Revisores, Que trabajó en Tráfico, que fue Supervisor y finalmente Instructor.
Hasta ése día en que entregó las llaves, bajó por las escaleras, cruzó el andén y empezó a caminar por las vías desiertas.
Tengo plena certeza, que lo hizo con un nudo en la garganta, los ojos llorosos y los puños cerrados.
Apuesto lo que quieran a que, en algún bolsillo del sobretodo, llevaba el pequeño diccionario de hojas viejas, gastadas y sucias, como libreta de almacén y los distintivos clavados en la solapa.
Uno de "La Fraternidad".
Otro, que lo distinguía como "Personal Superior de los Ferrocarriles Argentinos".
Seguramente, ése dolor en el pecho, que debe haber sentido y que no le avisó a nadie, fue el comienzo de una fisura en su corazón.

Alguien me contó algo sobre mi padre, creo que me dijo que cuando entraba al aula a dar instrucción sobre mantenimiento de máquinas y vagones varios, en el pizarrón y con claramente legible, escribía la frase ·"Yo también fui uno de ustedes"
Después repartía los manuales, resúmenes y apuntes que se encargaba de corregir en su casa, por la noche, mientras escuchaba sus discos de música clásica.
No sabía yo, de aquella obsesión que tenía, de marcar con una "X" con tiza de color amarillo, los vagones que él consideraba que debían ser revisados.
De la asistencia diaria del personal.
De los atrasos de las formaciones, tanto de pasajeros como de carga.
Los pedidos del almacén de repuestos.
Los inventarios del pañol.
Los pedidos de provisiones.
La señalética.
Los cursos a dictar.
Y a esta no la sabía nadie. Era motivo de abandono de hogar, si faltaba un plato de sopa en la mesa de un ferroviario.

Ahora entiendo porqué a mi padre no le gustaban las despedidas.
Una tarde de un día domingo, él viajaba a Buenos Aires y yo lo acompañé hasta la estación, él subió al furgón de cola, cuando el tren ya estaba en marcha.
Lo hizo de un salto.
Abrió la puerta trasera y dejó su valija.
Se asomó nuevamente.
Y levantó las manos para saludarme.
Yo corría por el andén, hasta el final de la plataforma, moqueando.

Al final, cansado, me quedé mirándolo hasta que el tren se hizo chiquitito así.
Como si juntásemos los dedos índice y pulgar, chiquitito así.
La tristeza me invadió tanto, que terminé cerrando las manos con fuerza y después me las guardé en los bolsillos.
Volví a casa silbando bajito y como quién va pateando tarritos.

Creo, con absoluta certeza, que al creador indomable de "Todo Sobre Los Trenes" le debo muchas cosas.
Si me prestan varias manos, no me alcanzarían los dedos para enumerarlas.
Pero voy a nombrar las que considero son más importantes.
A mi viejo le debo: un abrazo, un beso, un fuerte apretón de manos, un te quiero, un gol.
Si, un gol.
En el lugar donde guardo mis insobornables fantasmitas del recuerdo, hay dos fotos en blanco y negro del equipo de fútbol llamado "Estrella Roja" donde yo jugaba.
Una foto, parados de izquierda a derecha, el técnico y seis pibes como yo, abajo en cuclillas, cinco pibes como yo, que soy el último a la derecha y con las manos sobre la pelota.
Otra foto, de izquierda a derecha, el técnico de brazos cruzados, yo al medio con la pelota bajo el brazo y mi viejo con la copa del campeonato obtenido, casi sobre mi cabeza.
Aquel día le ganamos al "Once corazones" y en una oportunidad quité la pelota en la mitad de la cancha, cargué mi almita de adrenalina y empecé a correr hasta el arco contrario, cuando salió a marcarme el arquero, saqué mi mejor puntapié, la pelota de cuero se elevó.
Por encima del arquero, por encima del travesaño, por encima del alambrado, por encima de la tapia y se fue afuera.
Mi padre se comía la gorra.
-¡Eh! Doña, Doñita, ¡eh señora! ¿Me alcanza la pelota?


Walter Ricardo Quinteros




Las alas
de la Violeta
 por Sergio Pravaz.

Ella buscó por arriba y por abajo, y a lo ancho también aunque su país es flaquito por los lados; le metió los dientes hasta el fondo y siguió buscando; le brillaban los ojos cuando se poseía en esa tarea que no la dejaba quieta ni tranquila; le sobraba empeño y por eso seguía buscando esa canción antigua que había que desempolvar; era una buscadora incansable; se entrenaba repartiendo pedazos de su cuerpo por cada lugar que pasaba y al final del día, cuando se arrimaba a un fuego y hacía el recuento, solitos le venían, panzones le llegaban, casi paridos de futuro.
Unos decires, unas palabras ocultas, una vibración, unos ritmos, sonidos que le caían cuando caminaba descalza sobre la lluvia, todo lo juntaba, encontraba y armaba, hacía una pila de todo eso y le daba con una piedra para romper, y a hacer de nuevo. Olía y saboreaba cada parte, volvía a romper y de nuevo a la tarea.
Era capaz de levantar una catedral cuando susurraba concentraba y buscaba con su lengua los últimos resquicios.
Violeta Parra creaba sin prejuicios, por eso inventó músicas, textos, tapices, cerámicas, bordados, pinturas, y no se olvidó de contar la historia porque también supo de la importancia del relato firme cuando le comenzaba a amanecer desde adentro.
De chica le crecieron alas, se le veían anaranjadas cuando el frío le picaba los pies descalzos; le fueron útiles para sus desplazamientos porque aunque no lo supiera del todo bien, desde el principio encontraba para seguir buscando y así aprendió a pensar, a comer, a amar y a entregar todo eso que pujaba por salir; matices que le salían por las costillas, perspectivas de su vientre, por los hombros le aparecía la experimentación, y por el centro de sus alas el temperamento.
Fue la primera artista latinoamericana que expuso sus trabajos en el Louvre de París y ella como si nada, una conciencia firme como los durmientes de ese tren de carga que tomaba para recorrer pueblos y ciudades y al final siempre pasaba lo mismo, levantaba vuelo y seguía por las suyas.
Siempre andaba con su piedra para romper y paf a la tradición; gritaba y cantaba a la vez y también miraba de frente a los ojos de la cordillera, y luego de un rato, como dos hembras que se medían con gravedad se dejaba narrar pero también la narraba, porque al final las dos se reconocieron, tenían el mismo espejo, fueron omniscientes; ambas se necesitaron para ser poderosas en favor de algo noble y duradero.
La Violeta tenía el corazón del tamaño de una montaña; por eso su pasión era igual de grande; se desmedía cuando miraba lejos y soñaba; le pesaban  muchas cosas y se dolía hasta volverse gris como la niebla espesa que todo lo desaparece, y aún así tuvo el don de la generosidad como para abrir una carpa y meter allí adentro todo un universo completo que respiraba agitado porque estaba naciendo, había luces fosforescentes, bullicio, andamios, comidas, humo de colores, arte, vida y todo lo gregario que tenemos como especie cuando nos reunimos para alumbrar, y para celebrar porque esa es la palabra; se celebra lo que está naciendo, aunque no se comprenda del todo, aunque el afuera mire extrañado y murmure reptando por el pasto, que ya era azul por el batallón de décimas que saltaban del caldero para que las lleve el viento.  
          Y hablando de décimas, cuando se puso los guantes y entrenó como un peso welter al borde del campeonato ya era la campeona mundial de las décimas, esa hermosa combinación de diez versos octosílabos que riman como tienen que rimar, sin golpes y calzando justito para decir y hacer que le entre a la gente por el lado bueno y se le quede ahí adentro.
          Hoy su obra está regada como la buena siembra, en todos lados está y salta para que alguien, cualquiera, en Chile, Suiza, Argentina o Dinamarca la tome y se frote el pecho para respirar mejor; de ese modo se enciende el cable que nos conecta a la tierra y podemos disfrutar el brillo y la sofisticación de una mujer que le metió flor de paliza a la costumbre para hacer un arte mayor cuya envergadura, bien pueden seguir estudiando los estudiadores del arte, porque la Violeta Parra es como Pessoa, tiene un baúl lleno hasta la manija de cosas sorprendentes.
Entre tanta maravilla hay una carta de letra apurada que dice lo siguiente: “Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y tañe la corneta. La canción es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta. Odia las matemáticas y ama los remolinos”.
         A ver señores estudiadores del arte, ¿quién se le anima?    

Sergio Pravaz

 


Teófilo Celindo Mercado

Hemos tomado de este historiador riojano, nacido en Famatina, reconocido como el telegrafista más famoso de su Provincia, de su libro “El Alma de la Rioja” premiado en 1942, tres partes del mismo:

La Espera

(Relación)

Anoche te he esperado
Debajo del gallinero,
Y por culpa que no saliste
Me ensució el gallo el sombrero.

Esta noche volveré a ir
Y no me vayas a engañar,
No sea que por culpa tuya
El gallo me vuelva a ensuciar.

La “China” que Yo espero
es negra de raza pura,
tiene los talones rajados
igual que breva madura.

Voy a pitar un cigarro
Con mi bolsa rupachico
Pa´ que no me ensucie el gallo
Ni me pique ningún bicho.



Autor Anónimo. Versión recogida en el Norte del Departamento Famatina, La Rioja. 1937

Una declaración original

Cuentan en Los Llanos que en un pueblo del sur de La Rioja había un joven llamado José Figueroa. Y como todo joven, un día se enamoró de una buena llanista, pero, con tal mala pata, que los padres de ella resultaron sumamente celosos.
Además se querían de ojito, a la distancia únicamente. No eran posibles entrevistas.
Pero como a Figueroa, que era perspicaz y oportunista, no le faltaban recursos en la vida para satisfacer sus deseos y aspiraciones, pronto encontró una forma, muy singular por cierto, de declarar su amor a la paisanita.
Una noche en un baile, refieren los llanistos, mientras zapateaba una zamba, le iba escribiendo en el suelo con la punta del calzado una amorosa carta de declaración, que ella iba leyendo.
Luego salió Ella…formando pareja de bailarines con un amigo. Y para demostrar que lo aceptaba y lo quería, durante el zapateo hacía sonar, onomatopéyicamente, con los tacones de los zapatos, el nombre de El:
José Figueroa, José Figueroa, José Figueroa…


La Zamba Tira Cocherito

Otra zamba riojana de coplas típicas y bien criollas, que tuvo bien ganada popularidad en la Ciudad Capital (La Rioja) y en los centros poblados más importantes de la campaña, fue la “Tira Cocherito”.
Hasta hace unos veinte años atrás (1920), era dable oírla obligadamente en todos los bailes y fiestas regionales. Muy particularmente en las ciudades de La Roja y Chilecito, gozó del prestigio de la Moda.
El origen incierto de esta zamba, con sus típicas y originales coplas contables, no he podido precisarlo. Pero es seguro como me lo significó un viejo riojano, que tuvo su origen  en la popularidad y prestigio de que gozaron los tradicionales y tan en boga coches de plaza, tirados por caballos, que fue el mejor lujo de nuestros ascendientes del pasado inmediato.
Otra versión riojana, dice que los primeros copleros de esta zamba, fueron precisamente los mismos cocheros, que en sus momentos de parada o bien en sus constantes y febriles recorridos por la ciudad, al son del trote de los caballos por el viejo empedrado callejero, improvisaban y cantaban coplas, que a la vez que hacían de solaz y pasatiempo, hacían también las veces de propaganda para sus vehículos respectivos y la bondad de los mismos.
La verdad es que las coplas típicas y decidoras pronto se hicieron célebres y populares en toda la Provincia de La Rioja.
Algunas coplas populares de esta zamba, de autores anónimos, que he recogido en pueblos riojanos, son las siguientes:
Pare y diga cochero
Por cuanto me va a llevar,
Desde la Plaza Vieja
Hasta el Boulevard

Tira, tira cochero,
Por cuanto me va a llevar,
a pasear con mi Negra
por el Boulevard.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle Caseros
Frente al chanchero
Quiero Farrear.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle Belgrano
A comprar duraznos
Quiero Farrear.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
Desde la Plaza Nueva
Hasta el Carrizal
Quiero Farrear.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle Embudo
Frente al cotudo
Quiero Farrear.

Pare y diga cochero,
Cuanto me va a cobrar,
Por un paseo en coche
Por el Boulevard
Quiero Farrear.

Tira, tira cochero,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle Florida
Con mi querida
Quiero Farrear.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle Varela
Frente a tu Agüela
Quiero Farrear.

Tira cocheritó,
Por cuanto me va a llevar,
A la calle La Plata
Frente a tu Tata
Quiero Farrear.

Nota: A esta zamba la conocimos como El Cocherito interpretada por Los Chalchaleros allá por los años 50.
Gracias Don Teófilo Celindo Mercado, quizás te recuperamos del olvido, y nos sirvió para recordar las simples creaciones populares riojanas.
Todo es nuestro, a lo ancho de nuestra geografía, en lo profundo de nuestros tiempos, en lo bello de nuestros sentimientos.
Nuestros deberes y obligaciones.
Todo es nuestro.
Roberto Vallejo





PUNTO EXTREMO

¿Qué tenemos que aprender?

¿Cuál es la brújula que nos conduce a la esencia de nuestro ser?

Hijos pródigos vagabundos
felinos pecadores
soberbios acongojados

¿dónde el sendero que nos regresa al hogar?

ALFREDO LEMON

  








Relatos ferroviarios

Aldo Valinotti
“Y el farol balanceando en la barrera,
los misterios de Adiós
que siembra el tren

         Abro la puerta del  horno y  una nube de chispas salta hacia mí. Adentro, corazón rojo de quebracho, guayacán y algarrobo, el fuego envía  sus lenguas hacia la caldera, adelante. Y da paso, hecho blando colchón de brasas, a  los troncos que voy arrojando, uno tras otro.
         Uno que entró. Otro más, al fondo. Este, con un toque sobre el borde, para que salga, justo así al costado. Carajo, uno que no quiere entrar. Picafuego. Una patada. Ya está. 
Presión once kilos y aumentando. Nivel del agua bueno, puede aguantar. Por el "detroit" una gota de aceite que pasa regularmente,  irá a unirse con el vapor. Con el agua que tiene el tender podemos llegar a Calchaquí.
         Desde su asiento, Ambrosig, ve como me enjugo el sudor con la manga de la camisa. Hace un guiño y sigue mirando al campo, adaptando todo su cuerpo al caminar de la "Americana", una ALCO modelo 1918. Tiene sus oídos puestos en los ruidos de la "Americana", en el soplar del vapor, al golpeteo  de las bielas, a todo lo que desprende ese conjunto de hierros recalentados que conforman la locomotora.
         La "Americana" era lo más nuevo que había en el Chaco. Cuando llegaron, en l920, le engancharon a una máquina 60 vagones cargados  solo para ver cuánto "tiraban". Pero  un enganche se rompió, el tren se corto y nunca pudo saberse  la potencia verdadera de la "ALCO", la sigla de la American Locomotive Company, que vino  a superar a las "Décimas" un modelo Belga de 1912. Muy detrás quedaban las "octavas" y las "quintas", suizas de rodado  alto, útiles para trenes de auxilio
         Pistón derecho, pistón izquierdo. Adelante el "miriñaque" sigue el ritmo y apunta en el mismo sentido, "Da pasos". Se equivocan los que piensan que las locomotoras van, rectas, siguiendo las vías. No, como todo ferroviario sabe, las locomotoras, “caminan". Solo que sus pasos son de hierro, donde la fuerza de una biela compensa  a la otra. Y ese es el ruido (chuf-chuf) que usted oye desde lejos.
         Pero usted nunca verá "caminar" a las locomotoras a vapor. Porque las bielas, los cilindros, las válvulas, todo en movimiento se lo impiden. ¿Usted piensa que la "Americana" tira todo este tren porque sus ruedas giran? Ambrosig y yo sabemos que lo hace a grandes pasos, que camina.
         No siempre, claro, pero a veces hay problemas. El material tiene más de 40 años, las reparaciones, por fuerza, son malas. Pero la gente hace lo que puede,  se arregla. Está, por ejemplo, el caso del suizo aquel que, en medio del monte,  tirando de un  tren forestal quedó parado con los bujes de la motriz izquierda, fundidos.
         El suizo estaba solo  pero se arremangó, saco la biela maestra  y clausuró  el cilindro. Siguió andando y llegó a su destino  con solo la fuerza del lado derecho. Igual que si uno solo tiene un pie sano y del otro lado sólo una muleta inútil. Guapo el suizo y malas las estopadas que le habían  puesto. A veces, la gente del galpón sobre todo si es sábado o domingo, hace las cosas mal.
         Ambrosig hace sonar el silbato. Un toque largo, dos cortos.  Ruido de guardaganados. Al frente, la  señal está baja. Entre los paraísos se alcanza a distinguir el techo de tejas rojas de la estación de "Gobernador Crespo". Lo miro sacar el cuerpo y agacharse para recoger al aro con la "vía libre" que le alcanza el Jefe.
Desenvuelve y me grita: "Vía Libre hasta Calchaquí. Allí crucé con el seis-veinte".
         Presión: Trece kilos. El agua: Solo dos dedos detrás del vidrio del nivel. Es momento de hacer andar al inyector y dar más. En el horno, algún palito   por cualquier cosa. También algunas paladas de carbón para que no quedemos cortos.
Allá afuera, el sol se está poniendo detrás de una avenida de eucaliptos. Mientras me agacho hacia la tapa del horno, miro de reojo hacia el fuego rojo del astro, a través  de un pasar de cortaderas y postes de telégrafo.
Tengo sed  y me tomo casi la mitad del agua que llevo en una bolsa mojada, colgando fuera del tender.
Cae la tarde y la carbonilla que  tira la chimenea, comienza a brillar con lucecitas rojas, despacio, sobre el camino que corre junto a las vías. En el campo, los paisanos arrean las lecheras hacia los corrales  y nos saludan con el brazo en alto. En la punta de ese brazo está siempre el rebenque. Ambrosig les devuelve el gesto  con un pitazo corto y bajito ("Para que no chille el guarda. Ese vago que, con toda seguridad  viene tomando mate con alguno que trae "degollado" (1) en el furgón")
         Y piensa en voz alta: "Esta noche, cuando llegue al Depósito, me baño, me lavo bien la cabeza, me calzo el traje y me voy a ver las chicas de la calle San Martin."
         Los faroles a kerosén de la Estación de Ramayón pasan como fantasmas amarillos y quedan atrás los candiles de los boliches del pueblo (caballos atados, volantas),  con sus molinetes Wincharger sobre los techos, en busca de luz eléctrica o de energía para escuchar la radio.
Es el último relumbrón  sobre un horizonte totalmente negro,
         "Llegar a foguista tiene su importancia. No al pedo trabajé cuatro años de pasaleña. Luego viene el examen. Pero el verdaderamente bravo es el curso y el examen para llegar a maquinista". El comentario de Ambrosig me trae a la memoria al  maquinista Humberto Massoni, que solo con una carbonilla y dibujando sobre el "tender" me enseñó, una siesta, la demostración del Teorema de Pitágoras.
 Ese que dice que, en un triángulo rectángulo, la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Esto ocurrió en el cuarenta y tres y sesenta años después  tomo nota de cuánto hemos perdido en el campo educativo  y cuál es la distancia real entre los obreros actuales y los que supimos tener entonces
         Abro el horno y seguro que -si viene medio dormido- el croto (2) que viaja en el techo, como veinte vagones más atrás, cree que sale el sol.
Lo crea o no seguro que se está quemando toda la ropa con las brasitas que salen despedidas por la chimenea.  No entiendo a estos linyeras, En algunas épocas del año pasan hacia el Sud, en otras suben nuevamente hacia el norte. La papa de Necochea y  el algodón del Chaco, pueden tener que ver en estos traslados.
Eso sí: siempre se los ve igual: Mugrientos, con hambre atrasada, con el "Mono" al hombro. El maquinista Ruiz decía de ellos que eran gente sin tierra, victimas del latifundio.
         ¡LARGATE! Más que un grito, el de Ambrosig  fue un desgarrarse. Abajo y  adelante  la "Americana" caminaba  sobre una masa viscosa de huesos, carne y cuero. ¡LARGATE! Es un grito que escucho todavía  perforando el ruido tremendo de la máquina  cayendo hacia un lado -su lado- con las motrices fuera de las vías  y montadas sobre el cuerpo triturado  de una vaca. De una vaca que se había echado a rumiar sobre los rieles y cuyo  dueño  jamás apareció como suele suceder.
En este ambiente blanco  y sin blombagina del hospital donde he despertado ahora sé que  nunca pudimos llegar a Calchaquí. Y que, tampoco nunca podré llegar a ser maquinista.
Junto a la cama una muleta nueva me espera y me recuerda, no sé bien porque, la biela fundida que  el suizo saco de su máquina, para llegar  a  destino con un solo pistón


(1) Pasajero furtivo que  el guarda lleva en el vagón de cola, o furgón, y al  cual "cobra"  un pasaje que ingresa a su propio peculio.
(2) Como "croto" fue conocido el obrero rural temporario que el Ministro de Agricultura, del mismo apellido "benefició" con la gratuidad del traslado ferroviario siempre que viajara sobre los techos de los vagones.



Aldo Valinotti






90 años de llevar la palabra al papel
Diario “La Idea” de Cruz del Eje
por Miguel Julio Rodríguez Villafañe



Cruz del Eje, en 1890, obtuvo la jerarquía de municipio. Esta ciudad del noroeste cordobés, para ese entonces tenía un impulso nuevo, dado el tendido del ferrocarril y el establecimiento de los talleres ferroviarios.
En el año 1908, Nicolás Pedernera, inauguró su imprenta. Ella fue madre de muchas palabras en papel para esa localidad y zona de influencia. En esa época, Cruz del Eje fue testigo de diversos emprendimientos periodísticos. En 1910, “La Piqueta”, “La Cumbre” y “El Pueblo”, de Bautista Mansilla.
Luego, en el año 1914, mi abuelo periodista Julio M. Rodríguez, que venía de integrar la primera redacción de “La Voz del Interior”, fundó el semanario noticioso “El Argentino del Norte”.
También nació, en 1917, la “Hoja del Pueblo”. Después Carmelo Ruiz fundó “La Verdad”.
Además, dio a luz “Renovación”, como órgano de difusión del sindicato ferroviario.
Asimismo, en 1921, por poco tiempo, el radicalismo del departamento sacó “El Heraldo”.
Pero todos estos emprendimiento no pudieron tener continuidad en el tiempo, al deseo de expresarse en la palabra impresa.
Nicolás Pedernera, en cambio continuó con los emprendimientos gráficos. De su pasión salieron propuestas periodísticas como “Tribuna”, “Tribuna de Cruz del Eje”, el periódico quincenal “Germen”, la revista “Lugareña” y finalmente, el  9 de julio de 1923, nació el periódico semanal “La Idea”.
Han pasado 90 años y “La Idea” sigue estando firme.
Fue escuela de periodismo. Allí, Efraín Bischoff hizo sus primeros pasos periodísticos e históricos. En dicho periódico, a los 17 años de edad, en el artículo publicado el 9 de julio de 1929, supo decir, respecto del emprendimiento de “La Idea” que, “en un pueblo cuyas actividades eran en su mayor parte absorbidas por el trabajo corporal pesado y rudo, y en el cual las actividades intelectuales eran limitadas, la imprenta resultaba en la vida común un detalle por demás secundario con muy pocas probabilidades de éxito y de perspectivas tan dudosas que la obstinación en mantenerla constituía un verdadero riesgo financiero”.
El diario supo sobrevivir, aún con problemas económicos graves, por amor a la libertad de expresión y en él, en sus páginas, el pueblo de Cruz del Eje logró hacer trascender sus pensamientos.
El emprendimiento, en su coherencia, también tuvo que enfrentar sinsabores. En 1933, el diario había publicado una nota sin firma, que molestó al gobierno de turno. La persona que había hecho el artículo había solicitado que se lo mantenga en reserva. Lo que el director del diario Nicolás Pedernera garantizó y haciendo honor a las mejores tradiciones periodísticas, mantuvo en secreto el nombre del autor de la nota. Razón por la cual, el día 1 de enero de 1934, “La Idea” es clausurado por 83 días y encarcelado su Director, por 31 días. La clausura del periódico fue levantada a pedido de los vecinos de Cruz del Eje.
En 1947, se hizo cargo del medio gráfico Temístocles Pedernera, uno de los hijos de Nicolás y por 57 años lo llevó adelante. Falleció en el año 2004, a los 94 años. Desde entonces dos pilares lo sostienen básicamente. Por un lado, el abogado Dreifo Omar Álvarez, que le da su impronta periodística y que se ocupa, en gran medida, de todo, incluso hasta de repartir el diario. Y, Ubelino Castro Cuello, que tiene el oficio, casi en extinción, de conformar los tipos de plomo móviles. Éste, con particular velocidad, coloca al revés -de derecha a izquierda- y de abajo para arriba, las letras, una por una, para conformar las páginas que luego se imprimirán. Es uno de los pocos medios que, a la fecha, usan esta forma de impresión y que ha sido la que tuvo siempre “La Idea”. También existió y existe un importante grupo de amigos, colaboradores, anunciantes y suscriptores que ayudaron y ayudan a darle vida y continuidad.
El diario, que aparece ahora cada quince días, ha sido declarado por la Cámara de Diputados de la Nación de interés nacional. Además tiene diversos reconocimientos municipales y provinciales. Sin embargo, la realidad muestra que hay un gran deterioro en el local del diario, que se llueve, hay humedad, no tiene seguridad y carece de un lugar adecuado para trabajar y guardar el valioso archivo histórico de la publicación. Ahora, la responsabilidad que pueda seguir siendo una antorcha, como su emblema y que continúe iluminando, es de todos. El periódico es parte de la historia de Córdoba. Se debe hacer todo lo posible para que su voz no se acalle y se preserve el acervo histórico de su archivo.
Festejemos los 90 años de la palabra viva en el papel de “La Idea”.
(Publicado en el Diario Hoy Día Córdoba, el Jueves 11 de Julio de 2013)
Nota: Lamentablemente su Director Dreifo Omar Álvarez, el “Tutti”, falleció hace dos meses. Más que nunca tienen vigencia estas  palabras.







Una cosa trae la otra                                               por Lily Chavez


Haciendo memoria.
Hace largo tiempo que “me doy manija” sobre la edad, el transcurrir, los recuerdos, la memoria, el deterioro físico. Días pasados hablando con un médico que tiene un interesante proyecto para la Tercera edad, acentuaba la idea de que es imprescindible para la calidad de vida de quienes se jubilan no quedarse paralizados ante el hecho y saber que es, en esta etapa, donde la vida se completa. Hace poco murió Duilio Marzio a los 89 años y a mí me quedó  durante días el recuerdo de sus ojos claros, de ese porte tal señorial que tenía y pensé en la tristeza que le hubiese dado a mi madre saber de su muerte, ella que lo admiraba tanto y que sabía las películas que había realizado y quién, su pareja protagónica. Y lo sé, porque ella lo comentaba a veces, hablaba de la Merello, de Sandrini, de Enrique Muiño, de Amelia Bence, y de tantos actores que la maravillaban. Los tiempos de hoy dan pocas posibilidades para que la persona mayor pueda explayarse, decir, expresarse, contar  y esa falta de comunicación es lo que me aterra, ese abuso de silencio. Siempre he sido una defensora de la narración oral, de lo que puede transmitirse de boca en boca, de generación en generación, lo que le da sabor a nuestra cultura y es sostén de nuestras raíces. La última semana de setiembre estuve en el VIII Encuentro Internacional de Escritores en San Juan y allí  - entre gente de distintas provincias – salió a la luz esto de lo que venimos hablando. El historiador tucumano Rodolfo Vargas Aignasse hablaba de leyendas, de historias contadas por abuelos, recordaba películas, cines que ya no están y muchos de nosotros, sabíamos de lo que hablaba, por eso quizás estábamos compenetrados y emocionados. Este sentir es el que no se puede perder, la palabra en su forma íntegra, la palabra con valor, que ya viene impregnada con la nostalgia, con su cuota de melancolía, con su peso de vida. Y es tal la fuerza de la memoria para poder SER que pese a los años que pasaron no puedo olvidar lo que me dijo mi padre  un tiempo antes de morir…”el día que yo empiece a olvidarme de las cosas de no saber de aquello que fui, todo habrá terminado para mí”  y eso fue un taladro dando golpes en mi cabeza, en definitiva qué somos sin memoria. Entonces propongo hacer de la memoria un culto y como dice mi amigo el doctor, no quedarnos paralizados, creyendo que todo se termina al llegar a los 60. En este número Walter Ricardo Quinteros, nacido en Deán Funes como yo, habla de trenes y seguramente ambos y otros muchos que están leyendo esto, tenemos en la  cabeza y el corazón  vías que se cruzan, ventanillas por donde mirar el paisaje,  boleterías que nos marcan un destino.  Y quizás – por mera coincidencia - también participa Teófilo Celindo Mercado, un historiador riojano que fue “el telegrafista más famoso de su provincia”. Telegrafista ni más ni menos. Los jóvenes de hoy podrán poner la palabra en  google y seguramente encontrarán que un telégrafo es un dispositivo que utiliza señales eléctricas para la transmisión de mensajes de texto codificado mediante líneas alámbricas o radiales. Muy diferente eso, a tener un telegrafista de carne y hueso que nos hable de cómo era la comunicación por entonces, las circunstancias, el uso.
Como les dije vengo del VIII Encuentro de San Juan y allí presentó su libro María Silvia Paschetta, nacida en Rio Negro que actualmente reside en Soto, Pcia. De Córdoba. Y la menciono porque en ese libro ella habla de trenes y ciudadelas, de la memoria en nosotros  y quiero terminar de ese modo…recordando.
Ella dice: “El corazón chatarra/ la bisagra oxidada/ la abolladura torpe / escondida en el pecho / y esta falta de ganas de seguir traqueteando/ (como los trenes que se detuvieron) . Borroneados los rumbos / entre los arenales / la falta de destino / los pequeños derrumbes / el yuyal desbocado  (como las vías después del abandono) . Por detrás de la bruma / pudiera ser que exista / todavía un sentido. / La ternura no alcanza / El rumbo se disloca / El motor es un ciego / corazón abollado.”
Y hasta que Una cosa nuevamente traiga otra y las señales abran las vías a un nuevo paisaje, los dejo con una poesía de mi autoría, hoy, con ganas de que me toque la nostalgia.
Estos días mi padre /como buen ferroviario, /camina las vías de mis recuerdos /se pone /(para que yo lo vea) / muy cerca de la bomba de agua. /Mi padre, siempre regresa /para subirme a sus hombros /hacerme tocar la campana /de la estación /y bajarme /lentamente /en el presente // para que yo siga adelante.
Lily Chavez





El niño triste


Un niño alegre, otro triste
uno que sueña contento,
otro pena y su lamento
lágrimas suaves reviste.
Ese niño está escondido
en el fondo de la gente
nunca se lo ve de frente
tanto, tanto lo han herido...

Están dentro esos dos niños
del alma de un dueño mismo
y platican sin cinismo
porque son tan solo niños

Mi niño alegre es enorme
y el otro tan pequeñito
puede hablar sólo bajito
quedándose disconforme

De que alguien pise la luna
de este enorme cielo hermoso,
el niño alegre orgulloso
la admira como ninguna

El niño triste en su escueta
sombras de negros matices
mira hacia arriba y se dice:
-¿qué le queda ya al poeta?-

No es hazaña que la ciencia
haya tocado un planeta,
si su mano no respeta
lo que dice la conciencia.

Mi niño triste ha tocado
la luna más de mil veces,
cuando al cielo dice preces
y después de haber llorado.

Y también él ha viajado
a galaxias infinitas
con el pensar que palpita
él más que nadie ha volado.

Ha visto mi niño cosas
que nadie las puede ver;
no es tan fácil comprender
la tristeza de la rosa.
José Luis Jiménez Calderón
Estudiante de  5to año de Ingeniería Asesinado por las Tres A el 8/09/75. Tenía 24 años.





Amando a Joyce


Esta es la historia de Joyce Hatto  y de Barrie, su marido William Barrington-Coupe.
Joyce era una joven pianista británica muy profesional y prometedora. A partir del 1950 realizó un gran número de conciertos tanto con orquestas como solista,  en Londres y en toda Gran Bretaña y Europa,
En 1956 se casó con Williams Barrington-Coupe, productor discográfico. El la vio tocar en un concierto y quedó maravillado de su belleza y de su arte. Se enamoraron inmediatamente.
Fue profesora de piano, tanto en forma particular como en las escuelas, incluyendo Crofton Grange y en el internado de niñas en Hertfordshire. También efectuó algunas grabaciones por varias empresas como Saga Registros , en Inglaterra, Alemania (Hamburgo) y París.
A finales de 1960 y principios de 1970 se hicieron conciertos de "alumnos” de Joyce Hatto que complementaron sus ingresos con el trabajo para el Coro Filarmónico de Londres.  Trabajó  con  grandes directores como Sir Thomas Beecham y Victor de Sabata
En 1973 Joyce efectuó el estreno mundial de dos obras  de Frederick Chopin en el  Queen Elizabeth Hall de Londres. Sin embargo, en 1976 dejó de actuar en público. Más tarde se informó que padecía cáncer  y estaba luchando contra esa enfermedad terminal.
En los últimos años de su vida aparecieron más de 100 grabaciones suyas. El repertorio incluía la mayoría de las composiciones de Chopin, junto con obras  de compositores no muy conocidos,  como las de Leopoldo Godowsky.
A partir de 2003, las grabaciones atribuidas a Joyce comenzaron a recibir elogios de participantes en diversos  grupos, listas de correo y foros web.
Se la describió como “la más grande pianista  británica que casi nadie ha oído hablar”. Hasta  Tom Deacon, un ex productor de discos para el sello Philips   alabó sus grabaciones.
En mayo de 2005, el musicólogo Marc-André Roberge informó que el CD de Godowsky, del sello discográfico de El Artista de Concierto, de propiedad del marido de Hatto, contenía una  interpretación de un acorde que era  idéntica a una  grabada por el pianista Carlo Grante, editado en 1993. Sin embargo, esta coincidencia no impulsó una investigación más exhaustiva. Algo se empezaba a sospechar.
A principios de 2006, se expresaron dudas acerca de diversos aspectos de su producción discográfica. Se  manifestaron quejas por intermedio de páginas web y cartas de lectores a las revistas especializadas.
Es que parecía difícil de creer que una pianista que no había actuado en público desde hace décadas y que estaba luchando contra el cáncer, produjera  en su vejez un gran número de grabaciones, todas de altísima calidad.
También resultó difícil confirmar detalles de las grabaciones realizadas con orquestas. Incluso se puso en duda  existencia del director de la misma y del ingeniero de grabación que aparecían en los créditos de los discos.
Los escépticos fueron contrarrestados por el crítico Jeremy Nicholas , que, en la edición de julio de 2006 de la Revista Gramophone, desafió a que fundamenten sus acusaciones. El desafío de Nicolás no fue aceptado, y en diciembre, Radio Nueva Zelanda transmitió, con toda inocencia,  sus conciertos, con una crítica muy elogiosa.
Este programa incluyó extractos de una entrevista telefónica con Joyce Hatto, llevada a cabo el 6 de abril de 2006, en la que ella aseveraba que era la única pianista de todos los CDs.
Las opiniones favorables y la publicidad generaron ventas sustanciales para los CD del Sello  Concerts Artists de propiedad de su marido. Se vendieron 3051  CDs entre 2005 y 2006, y 5500 a partir de 2007 hasta febrero de 2009. Hatto murió el 29 de junio de 2006 en CambridgeInglaterra .
En febrero de 2007 se anunció en una serie de artículos en la Revista especializada Gramophone y en el sitio web de la misma, que luego de pericias efectuadas por expertos,  se llego a la conclusión que los CDs atribuidos  a Joyce contenían grabaciones de otros artistas. En algunos casos estaban digitalmente manipuladas, estiradas o encogidas, para volverlas a igualar y reequilibrarlas después. Eran grabaciones de otros artistas que estaban ensambladas con las de Hatto. En otras directamente pertenecían a otros artistas, generalmente desconocidos. 
Así Brian Ventura, analista financiero de Mount Vernon de Nueva York , puso la grabación del CD intitulado:”Liszt 's Transcendental Etudes” atribuido a Hatto, en la base de datos de su computadora, y la misma  identificó el disco  como una grabación realizada  por László Simon.
En cada una de las grabaciones de concierto publicados en los últimos años de Hatto, el director  era un tal " René Köhler. Su marido Barrington-Coupe proporcionó una detallada biografía de" Köhler. La información dada no resistió  una investigación cuidadosa.
Los directores cuyo trabajo está representado en las grabaciones atribuidos a Hatto- Köhler  en verdad correspondían a  Esa-Pekka Salonen , André Previn y Bernard Haitink.
Con respecto a las orquestas, el marido afirmaba que se trataba de la Filarmónica-Sinfónica Nacional y Varsovia Philharmonia. Luego de las pericias se demostró que correspondían  a grabaciones de la Filarmónica de Viena  y la Royal Philharmonic.
En algunas se trataba de fragmentos de dichas grabaciones ensambladas con las originales de Joyce. Otros Cd contenían dos o tres temas  interpretados de Joyce Hatto y los restantes eran  copias de otros artistas.
Su marido, Barrington-Coupe, negó inicialmente las acusaciones.

Posteriormente admitió el fraude en una carta a Robert von Bahr, gerente  de la discográfica sueca BIS, sello que había editado inicialmente algunas de las grabaciones plagiadas por Concerts Artists. Bahr compartió el contenido de la carta con  la Revista El Gramófono  que informó de la confesión en su página web el 26 de febrero de 2007.  
Su marido negó que Hatto tuviera conocimiento del engaño, ya que ella no escuchaba las grabaciones finales creyendo que en todas estaban su propio trabajo. Dijo que actuó “por amor y hizo poco  dinero con ello”. Que comenzó “pegando” partes de grabaciones de otros pianistas en grabaciones realizadas por Hatto “con el fin de encubrir sus exclamaciones de dolor”. 
El descubrimiento de pistas en las que se ha  plagiado al pianista Sergio Fiorentino planteó más preguntas.  Barrington-Coupe no proporcionó ninguna información hasta ahora para ayudar a identificar las fuentes  de las grabaciones editadas a nombre de Hatto.
La Industria Fonográfica Británica (BPI) anunció que realizará una investigación exhaustiva. Si las acusaciones resultan ser  ciertas, sería "uno de los casos más extraordinarios de  piratería que la industria discográfica haya visto". 
 Robert von Bahr del sello BIS dijo que "había muchas evidencias" para demandar a Barrington-Coupe por daños y perjuicios, pero “no estaba dispuesto a hacerlo, todavía”. Que se trataba de  "un desesperado intento de construir un santuario a una esposa moribunda”.
Su esposo, señaló luego que él "había dejado de preocuparse" sobre las posibles consecuencias legales”, y ha añadido que "no consideraba que  había hecho daño alguno”. Inclusive dijo que con ello “había promocionado a autores poco conocidos”.
Tanto la justicia como la policía local dijeron que no iban a tomar ninguna acción a menos que se presente una denuncia por el titular de los derechos de autor de una de las grabaciones originales. 
En el año 2007 la BBC de Londres realizó un filme llamado “Loving a Miss  Joyce”, donde se deja traslucir que Joyce Hatto no  sabía lo que había realizado su marido con sus grabaciones, toda vez que ella no tenía por costumbre escuchar los discos una vez grabados.
La duda está planteada y el debate prosigue.





La montañita de arena
Cuando salí de casa, la vi: una montañita compacta,
 silenciosa, austera como toda montañita de arena. Parecía
hacer caso omiso de los pájaros, y hasta del eucaliptus.
Llegué a la esquina, miré hacia un costado y ahí estaba: era
 la misma montañita de arena, igual de compacta, silenciosa
 y austera. Seguí caminando, impregnándose del aire y lo
cantos de la costanera. En el almacén, no pasó de moderada
mi sorpresa cuando  vi a Miguel subir la misma montañita
de arena; apenas hollada, volvía a cerrarse, celosa de su
silencio atesorado. Lo vi subir y bajar con un paquete de
yerba sin llegar a parecerse a la montañita, pero trayéndola
en el silencio austero, compacto, de su zapato.


Gerardo Pérez Taschetta
La montañita de arena, Textos de Cartón, Agosto 2012





Tabú: Un filme esencialmente fantasmático


Como en Aquel querido mes de agosto, su film inmediatamente anterior, estrenado en la Argentina después de haber ganado el premio a la mejor película en el Bafici 2009, lo primero que impresiona de Tabú es su libertad. El nuevo film del gran director portugués Miguel Gomes está filmado íntegramente en blanco y negro, casi no tiene diálogos y su título remite de manera inequívoca al célebre clásico de 1931 del alemán Friedrich Wilhelm Murnau. Pero nada más lejos de la intención del director portugués que un mero homenaje o una reconstrucción del estilo del cine mudo. En todo caso, en un film esencialmente fantasmático como es este nuevo Tabú, el espíritu del film de Murnau –su espectro, se diría– está aquí de forma muy poderosa.
El tema, claro, es el mismo: el amor prohibido, exaltado por una naturaleza exuberante, pero condenado por el destino. Sin embargo, el orden y el contexto son completamente otros, nuevos, distintos. Después de un prólogo extraño y misterioso, rodado en África, que funciona a la manera de la obertura en una ópera, insinuando las líneas que luego desarrollará la película, la primera parte del Tabú comienza en Lisboa hoy en día.
En esa ciudad triste como sus fados, la cincuentona Pilar (Teresa Madruga, una de las actrices más reconocidas del cine portugués) vive sola y dedica su tiempo a ayudar a los demás, particularmente a una vecina octogenaria,. A veces, Pilar tiene que ir a rescatar a Aurora al Casino de Estoril, cuando ésta se queda sin plata o sin su medicación. Este primer segmento se titula “Paraíso perdido”, porque en su remite al tramo principal del film, un “Paraíso” que surgirá de recuerdos que ni siquiera son de Aurora, sino del hombre al que esa anciana alguna vez amó y que será el encargado de narrar esa pasión maldita.
Rodado en esa textura del recuerdo que aporta la vieja película en 35mm (hoy en vías de extinción), el corazón del film es una larga, emotiva evocación, que prescinde de diálogos pero no de palabras. Hay tanta belleza y melancolía en la voz en off de ese hombre como en las imágenes de Gomes y su fotógrafo Rui Poças, que registran la vida alegre y despreocupada de un grupo de lisboetas de la alta sociedad al  pie de un imaginario monte Tabú, en plena decadencia del colonialismo portugués en África.
Que ese amor sincero pero condenado entre Aurora –una mujer por entonces no sólo casada sino también embarazada– y un seductor  bon vivant moldeado a imagen y semejanza de Errol Flynn esté narrado con verdad y esplendor no le impide a Gomes la posibilidad de matizar la tragedia con delicadas ráfagas de humor, que refieren a un mundo pretérito. Es que Tabú es una película sobre todo lo que se extingue: una anciana que muere, una sociedad en declinación y una época que sólo existe en la memoria de aquellos que la vivieron. Y es por eso que la película de Miguel Gomes se conecta, de manera subliminal, con un cine extinto, como es el gran cine clásico.
Nada más vivo, sin embargo, que su bella Tabú. Y la necesaria comparación con El artista –la sobrevalorada película francesa de Michel Hazanavicious, ganadora del Oscar 2012– no hace sino confirmarlo, porque la relación de ambas con el cine mudo no podría ser más antagónica. Mientras El artista exhuma la retórica del cine silente como si el sonoro nunca hubiera existido, en un gesto tan mimético como reaccionario, Tabú por el contrario asume esa distancia, se hace cargo de esos 85 años que han transcurrido desde la aparición del sonido y que modificaron de raíz la manera de hacer y concebir el cine. En Tabú no hay homenaje alguno, no es un monumento muerto o cristalizado en el tiempo. En todo caso, a la manera del espíritu lusitano, el film de Gomes destila saudade, hay un dolor por la pérdida, por lo que ha sido y ya no es ni podrá ser.
No parece casual que su film invierta el orden de los capítulos de la obra maestra de Murnau: el Tabú de Gomes deja en claro que hoy un paraíso no se puede pensar sino desde su pérdida. Y en ese recorrido inverso, como si pulsara el botón rewind de la memoria colectiva, no deja de provocar la reflexión sobre el colonialismo, sobre la construcción y decadencia del imaginario occidental.
Luciano Monteagudo





DOSSIER: Las desperdigadas minucias / Laura López Morales


Mi madre
Toda ella se fue del guadal un día

de la escasez dice

para que yo
con idéntica escasez
viva entre los  árboles

******
A  estas costas
llegan los domingos
y lo que se queda en la arena
para siempre

yo no he sabido volver
de antiguos nombres

pequeños ojos de agua
que la luna vuelve blancos

******

Asomarse al pozo
no tenía otro sentido
que el de hacer rebumbar
las voces y las risas

de aquella negrura
volvía un eco
más hondo que el agua.

******


Anotan los días del agua
y los días del trueno
pero no ven los caballos
en las laderas del sur

cuando la noche entra en los corrales
de nada sirve contar las faltas

las desperdigadas minucias

todo está aquí
junto al caliente asedio del miedo.

******

Se vive sembrando vidrios

pequeños trozos en punta
que crecen hasta cercarnos

no dan tregua

los resquicios del espanto
suelen volverse agudos
implacables

levantar la mano a tiempo
puede a veces
merecer la lluvia.



*****

De toda esta verdad
tan verde
tan de nadie
escarbo la tierra con gusanos

el odio
que también es una piedra

la fiera que espera
en el envés de las hojas
a dar una estocada
para este día
o pera el próximo

así como se escarba

la piel cambia
los dientes roen
las uñas laceran

el pozo se ahonda
es preciso enterrar en él
una verdad
o un pájaro.

******

A este cuerpo
también llega la lluvia.



Laura López Morales

 Marzo 2013








Comentarios

Anónimo dijo…
Muchas gracias!
Te felicito.
Me gustarìa tenerlo en papel, es mas bonito, off course.
Besos
Rosy
Anónimo dijo…
muy bueno. como siempre.Saludos
Raul
Anónimo dijo…
Este boletín tiene una estética admirable. hermoso. Saludos
jorge
Anónimo dijo…
Compre el Basta ya en Cafe del Alba...Quisiera colaborar.Saludos
Juan
Anónimo dijo…
Muc has gracias por publicar mis dibujos.Marcelo
Anónimo dijo…
Un poema mio en el Basta ya! que honor...Alvaro
Anónimo dijo…
gracias a vos por el aporte cultural, a todos ustedes.el grupo literario de Boletín Literario Basta Ya ,no he visto algo tan hermoso,tan simple y con tanta riqueza en sus lecturas en la city.Es una cajita d e papel.Con notas y sorpresas. CRIMBAEZ
Anónimo dijo…
MUY BUENA POESÍA. UNA BELLEZA LAS FOTOS. LAS NOTAS, EN GENERAL MUY BUENAS. LOS DIBUJOS DE MARCELO SON BELLISIMOS. MODERNOS.
marcela
Anónimo dijo…
Voy navegando mar adentro entre las fotos de exquisito erotismo y pinturas que hacen volar la imaginación realizadas por el talentoso Marcelo Quiroga en este número del Bata ya.
Cortázar un escritor con mayúsculas. Siempre me gusto su estilo imaginativo, transgresor y libre, capaz d expresarse sin tapujos.
Que profundidad de concepto sobre “Sueño de mujer sin rostro”.
Las pequeñas cosas son siempre las más grandes y preciadas en la vida.
Alvaro Monteodoro: Otro tripulante. Ojala nunca dejes de soñar. Para expresar y comentar todas las notas de los demás compañeros del basta ya tendría que seguir un itinerario mucho más largo. Es por eso que, como no me permito que ningún integrante naufrague, miro a lo mejor y observo al capitán de la embarcación, que parece pequeña pero es muy grande y amigable. Le manifiesto el regocijo de compartir, sentir, vivenciar y seguir luchando por salvar y salvarnos un naufragio no claudicando jamás ante la ignorancia y la mediocridad.
Para finalizar me quedo con el concepto de Cortázar: “que la literatura debería servirnos para vivir mejor cada momento, de nuestros días y debe ser espontánea. No perfecta, aunque no haya rima ni previas técnicas prefijadas” Finalmente agrego el escribir es volcar en una hoja blanca sentimientos.
Felicitaciones a todos.
Este viaje compartido será inolvidable para mi
Julia Valle.
Anónimo dijo…
No es más ni menos que lo que merece tu encomienda, colega!!!! Un maravillosos esfuerzo que corre las alambradas culturales hasta hacerlas desaparecer, permitiendo que las ideas, el pensamiento y el arte en todas sus expresiones, circule y oxigene.

Grande el Basta ya!!!!!!!!
Sergio

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