domingo, abril 28, 2013

DIÓSCUROS



DIÓSCUROS




En torno a Dióscuros de Eduardo Alberto Planas: los códigos secretos
Por Jorge Torres Roggero

Nuestros  poetas  modernistas  rendían un culto especial al cisne. Durante mucho tiempo, se creyó que era un oprobioso recurso ornamental. En realidad, amantes de los misterios y los símbolos, Rubén Darío y su cofradía andaban en pos del rastro divino en la belleza de las criaturas y, sobre todo, en la “celeste carne de mujer”. Esta evocación me asalta mientras leo Dióscuros de Eduardo Alberto Planas.
La noche en que Zeus se unió a Leda en forma de cisne, cuenta una versión de la mitología griega, ella copuló también con Tindáreo, su marido humano. Del huevo depositado en la cumbre del Taigeto nacieron dos pares de gemelos: dos machos, dos hembras. ¿Cuáles eran divinos?, ¿cuáles solamente humanos? Lo cierto es que la más poderosa energía de la fuerza gémica parece haberse manifestado en Cástor y Pólux, dióscuros por antonomasia, llamados “hijos de Zeus” y habitantes del Zodíaco.
            El destino de las mujeres fue más aciago. La belleza de Helena, su capacidad de amor, su felicidad, desató la envidia de los dioses, la crueldad de los hados. ¿Cómo no envidiar su larga y amorosa disputa con París sobre el nombre que debía llevar la hija? Su desenlace halagaría a un gaucho: lo jugaron a la taba, suerte criolla de origen griego, y ganó Helena.
            Infinitamente más crueles fueron los hados con Clitemnestra: desoyendo al aedo Demódoco saboreó el adulterio mientras Agamenón luchaba en Troya, su hija Ifigenia fue sacrificada a los dioses, asesinó a su marido y fue inmolada por su hijo Orestes.
            Pero volvamos a nuestros dióscuros varones: Cástor y Pólux. El recuerdo de sus hechos los presenta como héroes siempre dispuestos a librar las más extrañas batallas y expediciones. Con frecuencia liberan prisioneros, navegan por extraños mares con los Argonautas y participan en la cacería de Calidón, el monstruoso jabalí enviado de castigo por Artemis. Por supuesto, no fue infrecuente su protagonismo en raptos y saqueos.
            Cástor y Pólux eran, entonces, dos combatientes   con todas las contradicciones del que se mete en el remolino de la historia, como diría Marechal, hasta la verija. Como todo militante, participan de la totalidad del mundo: su identidad comprende lo sagrado y también la más oscura densidad del ser. Quizás por eso Zeus permitió que permaneciesen entre los dioses en días alternos.
            El simbolismo de los gemelos, tomado en su aspecto más general, se refiere a cierto dualismo. En efecto, uno manifiesta la porción eterna del hombre, y el otro su estado mortal. Suelen simbolizar, asimismo, principios contrapuestos: bien/mal, divino/mortal, blanco/negro, luz/tinieblas; pero también, más allá de todo maniqueísmo, manifiestan una fase profunda y necesaria en el proceso de las transformaciones cósmicas e históricas. Se trata del momento en que la pura fuerza creadora se escinde, se vuelve contradictoria y se dispersa en la multiplicidad: “con el número dos nace la pena”, amonestaba el soneto marechaliano a la divina sabiduría.
            Pero dejemos ahora los avatares de los héroes gémicos y sus mitologías. Sólo recordemos que Géminis es, por un lado la naturaleza creadora (“natura naturans”); y, por el otro, la naturaleza creada (“natura naturata”). Según los cuentos tradicionales, esta condición se manifiesta en las transformaciones,  en lo proteico. Curiosamente, en los ritos medicinales, la energía gémica representa, a la vez, al enfermo y a la enfermedad.
            Dióscuros de Eduardo Alberto Planas nos impele, desde el inicio, a transitar incesantemente dos planos básicos de realidad. En efecto, sus poemas son, desde un punto de vista, una elegía por la muerte de José Luis, el hermano gemelo; pero, a la vez, una incursión en el tenebroso secreto del poeta. Ya Rimbaud, uno de “los raros” nimbados por Rubén Darío, planteaba que el poeta es un gran enfermo y, al mismo tiempo, un vidente.
            Dióscuros nos presenta un mundo de extrañamiento en el sentido cortazariano: la separación de los gemelos ha interrumpido el fluir de las contradicciones: “Dos partes de una misma cosa / ¿espejos? / dos caras de la moneda; anverso y reverso de la medalla / dos formas del mismo sentir, del pensar, / del padecer y de la misma alegría / también.”
            De golpe se escinden cuerpos y almas, se reparten entre vida y muerte: ¿qué hay de vida en la carne doliente?, ¿qué de muerte en las vísceras en disolución?, ¿cómo son ahora las presencias, qué dicen los silencios?, ¿qué murmuran las apagadas voces de los adentros en que conviven las generaciones?: “Un dióscuro deambula / por la eternidad / en tanto el otro permanece aquí / a la espera / terrenal...”
            En estos poemas, lo cotidiano se torna misterioso y el ser doble escindido, se individualiza en la mera existencia con un rostro afirmado en su propia personalidad; y con el otro ligado a la especie: “No sé si somos una alquimia de razas celestiales, / o simplemente hemos sido / arrojados a la existencia y deambulamos en ella / tratando de justificarla.”
            Invencibles en su complementariedad, los dióscuros ponen en peligro el orden caduco. Por eso padecen persecución y llevan adelante batallas por la justicia, la libertad y la dignidad. ¿Será la imposición de una pena el reiterado deambular que traspasa el poemario?
            Conocí a estos dioscuros, ahora convertidos en alimento poético, cuando eran dos niños enigmáticos en su similitud y en ciertas repeticiones de acciones y reacciones. Por eso concluyo bajándolos del zodíaco a un banco del Colegio Peña. Todavía me pregunto: ¿cuál de los dos era el que profería una magnífica disquisición histórica mientras el otro, baja la mirada, descifraba con modestia viejas escrituras grabadas en el pupitre?
            El misterioso mundo de la poesía juega a veces entre las hojas dormidas de un cuaderno de apuntes dibujado por el aburrimiento porque, a lo mejor, la realidad “estaba en otra parte”.

Jorge Torres Roggero


Ofrenda al recuerdo de mi hermano gemelo José Luis Planas Osorio
(20/04/1955 – 20/ 12/ 2011)

“Nacer rompe el espejo de la eternidad / lo fracciona en infinitas fatalidades / vivir es la fatalidad / de no entrar de pie / en la parte del reflejo que nos toca / y añorar los  pedazos faltantes”.
Laura García del Castaño -  La vida en que sueñas

“Sí, sí, Enrique, en este largo viaje hacia la verdad que es la vida estamos rodeados de zonas desconocidas, de lo que generalmente llamamos misterio por comodidad o ignorancia, y debe ser algo muy real. Aún no plantamos la máquina de escribir en tu tumba pero estoy seguro de que un día, en el muro de la casa del barrio donde nacimos, mejor dicho, en la pared de un feo edificio sin historia que ahora se alza allí, sin el patio, sin el níspero, podrán leerse estas palabras grabadas en el bronce: En este sitio estaba situada la casa de la infancia de Enrique González Tuñón, el más porteño de los cronistas de Buenos Aires. Partió a una zona desconocida el 9 de mayo de 1943. No era un general, no era un primer ministro, pero era un artista, era un poeta, tenía la llave de la calle. ¡Salúdenlo!”
Raúl González Tuñón, Mi hermano Enrique




El genoma y los Dióscuros El genoma y los Dióscuros  

Qué importa lo que diga el genoma / si los Dióscuros  saben, indivisibles, / como el árbol: la raíz y el tronco es el mismo, / solo las ramas  son distintas,  se diversifican, /  y  parecen separadas. / La marca de nacimiento, / la política, la literatura y la música. / Fulano o mengano, Borges o Cortázar, / Beethoven o Mozart, / contradicciones aparentes. / Los juegos infantiles, / aquel reloj bajo la piedra, / la niñez alegre, compartida / conversaciones nocturnas interminables / los saltos ornamentales; / la confusión de los parientes, los amigos y la gente; la pasión por el derecho y el derecho a la pasión,  / los mismos dolores / expresados de distinta forma, / las voces escuchadas / el mismo humano corazón. / Dos partes de una misma cosa, /  ¿espejos?  /  dos caras de la moneda; anverso y reverso de la medalla / dos formas del mismo sentir, del pensar, / del padecer,  y de la misma alegría /  también.






Recuerdos Recuerdos

De la infancia guardo innumerables gestos: /el abrigo nocturno, / las manos extendidas en cruz, /noches veladas cuidando  el dolor /el regreso de mi madre –delgada, frágil-, de un ignoto lugar, / el refugio en el interior de la casa-útero, /el silencio. / Juegos compartidos, /dialecto  inventado / los viajes de mi padre.  Cuando era pequeño, /parecía que todo quedaba cerca / el cielo allí,  a un salto, / el sol al alcance de un barrilete / y la luna apenas colgada. / Soñando iba donde quería / una madera era un camión / un papel doblado, un avión. /  La misma ropa, juguetes y amigos, /  idéntico trabajo y profesión. /  A estos recuerdos me gusta conservarlos. / A otros  quisiera  borrarlos como en eterno resplandor de una mente  inmaculada.









¿Dónde estás si no estás? ¿Dónde estás si no estás?

“La sal del llanto por el que ha partido”.
Julio  Cortázar
Los Dióscuros, Salvo el crepúsculo, Alfaguara, 2004

Todo está como entonces, /  el pájaro  en  tu ventana, / la luz / al despuntar el alba, / la sagrada piedra pasional, / el busto del poeta, / la música, /el amor de quienes te amamos, /el recuerdo de los amigos / las anécdotas de duende-sabio de alpargatas. / ¿Dónde estás si no estás? /cómo es allí, / cómo de solitario, / brilla rojo el atardecer, / qué hay de inmensidad, / pudiste descubrir la verdad que anhelabas  ¿dónde tu voz?/
Tu ausencia duele / los recuerdos llegan intensos.// Me miro  en el espejo / como todos los días de / tantos años / antes estabas tú. /  El azar o el destino quisieron, / vaya a saber por qué y para qué, / que  naciéramos  cual  mitológicos Dióscuros / entrelazados por el antebrazo. / ¿Dónde estás si no estás?
Los años pasados / fueron  compartidos / las voces estuvieron / a pesar de las distancias, / y los dolores. Ahora recién, en estos tiempos, /empiezo a pensar cómo  se hace para vivir sin ti.







Pacto de amor Pacto de amor

El hueco que deja / la muerte / barriendo la vida / con un manotazo / tan parecido a la crueldad.
Soledad, Juan Stahli, Hablar lo suficiente, trabajar lo necesario


Qué sabes  /del pacto de amor / entre dos seres condenados /a ser rarezas por aquel maldito genoma que por azar / o  rebelde decisión  / se le dio  por  multiplicarse en  demasíahasta llegar a los tres mil millones / que conforman un ser humano / que son dos, que son uno,  / un mismo ADN /  iguales por fuera/ pero distintos por dentro  / o al revés. / Qué sabes de lo sucedido, / qué sabes  / sombra, lejana, fría  / de ese pacto de amor / que los nutrió siempre  / que no los deja vivir al uno sin el otroa menos que  el desapego / haya roto las cadenas/ que solo ellos conocen. /  Es el  que  lleva / a abrazar el cadáver  con la inútil esperanza  que vuelva, /que vuelva, / como lo hizo  aquel  antiguo semidiós. / Frente a todo esto / ojalá triunfe la vida y la alegría / por sobre todo pesar. / Por ahora sólo existe   este dolor,  /insondable dolor  que horada la vida.







Preguntas  Preguntas  
Tengo compulsión a mirar los espejos / y veces, aversión a los mismos; / quizás porque en ellos se ven – como dicen algunos- las puertas del infierno. /  No sé si  somos una alquimia de razas celestiales, / o simplemente hemos sido / arrojados a la existencia y deambulamos en ella/ tratando de justificarla. / Si somos uno o duales, / si el cielo y el infierno  existen,  / si son los otros / o ambos están   en esta tierra / o en nosotros mismos. / Si dios existe / ¿la culpa de todo esto / la tiene él o es del hombre? / Las eternas preguntas /que  siempre  te hacías / y  yo dejaba / para después, tratando de llevar / una vida ligera, / hoy  llegan a mí con mucha fuerza /¿quizás  porque si encuentro la respuesta  /  apaciguaré la pena?








Jardín de gente Jardín de gente     

“Alguien debió conservar, / y cuidar con amor, / este jardín de gente…* // intuyo que algo más existe / por sobre esta cotidianeidad abrumadora / por ello busco y busco, / intuyo, no tengo pruebas/  creo que algunas  /manifestaciones, colores, sonidos / luces son tan solos señales, / que lo que llamamos  dios o los dioses, existen / quizás está -o están- en nosotros mismos, / en nuestro interior, / en la chispa, la llama eterna / que nos hace vivir, / cada día como el último,  / que nos hace grandes / dentro de esta pequeñez.  / De nada vale huir / porque algún día / lo vamos a saber / para bien o para mal, /  cuando nacemos ya empezamos a morir.
* Tomado prestado de Jardín de gente, Luis Alberto Spinetta, Spinetta y los socios del desierto






Crisálida * Crisálida *
Veronika  canta, canta / y  no importa la lluvia /canta y el deseo la invade, / corre, corre  / y se le va la vida.  /  Presiente que no está sola / pero no  lo sabe aún /  hasta que la ve entre la multitud / que se refugia. / Canta  y el dolor persiste en el pecho, / un ángel cae en medio del concierto. / Desde abajo ella los mira / le arrojan flores y –finalmente- tierra  /  Crisálida.  /  En otro  lugar,   Veronique  está triste y no sabe por qué / las misteriosas marionetas  /le dejan pistas / y  el amor. / La mujer con sombrero que siempre está, / las fotografías  / le revelan la verdad: / aquella existía. / Percibe su presencia / en un canto, en una fugaz  luz /en el azul del anochecer. / Se dirige al padre / comprende que debe seguir; / por ella, por las dos / y el árbol las une eternamente.
*Basado en la película “La doble Vida de Veronica” de Krzysztof Kieslowski





Cuando Cuando

Cuando veo tu rostro / entre los miles de la gran ciudad / y escucho tu voz llamándome. /  Cuando todavía tengo el recuerdo de nuestro último encuentro, el sonido de nuestra última conversación. / Cuando no puedo olvidar lo que sentí  al tocar tu cuerpo inmóvil, confundido, mientras un viento helado llenaba todo. /  Cuando lo  único  que hay es el dolor / no de herida, no de golpe / muy adentro / como de otro lado / me pregunto: cuándo probará mi corazón el fruto de la resignación.








Como un colibrí Como un colibrí

Será el dolor que  / produce insomnio / será que debemos/ aturdirnos para no pensar. //   Por el contrario, será el silencio / el que cure la tristeza de la ausencia / o habremos de  llenarnos los oídos con las voces queridas. // Últimamente / una tibia luz ronda / como  un colibrí /ojalá  anide en el corazón / por siempre.

  




Dióscuros Dióscuros

“Escucha hermano la canción de  la alegría”
Oda a la Alegría,  Friedrich von Schiller (1759-1805).
 Citado por César León Vargas en Del epitafio a la alegría

De la tierra, elegiré el árbol que te ampare  /del aire, el sonido de tu canción favorita / del fuego, una llama que  ilumine y abrigue  / del agua,  la  frescura que calme tu sed. / Un dióscuro deambula / por la eternidad / en tanto  el otro permanece  aquí / a la espera  / terrenal / ¿es Tánatos el que merodea la estancia?/ No hay  pulsión,/ no hay olvido, sólo tristeza /  y una memoria. / Escucha hermano la canción de la alegría”, / la que pediste  siempre, / la de tus  últimas palabras /  la que nunca es igual, / la que siempre continúa,/ la que te consuela/ la que nos consuela.




Presentación de Plaqueta Dióscuros 

El viernes 19 de abril de 2013, en Garabombo, café cultural, de ésta Ciudad, se efectuó la presentación de la plaqueta-libro Dióscuros de Eduardo Alberto Planas. La misma estuvo a cargo de  la escritora y poeta Mónica Ferrero, lectura del prólogo de Jorge Torres Roggero por  Laura Bernardi, con la participación musical de Edgardo Contizanetti, hombre de blues, y de Alejandro Planas y Ariel Llanos.  Así también hubo una intervención teatral de la actriz Marola Farías, acompañado en guitarra por Guido Guidi.

Palabras de Mónica Ferrero: “Este no es el libro de un amigo, sino de dos: de Eduardo y también, de José Luis, que fue también un dióscuro amigo. No voy a abundar, achicando, lo desarrollado por Torres Roggero en explicación del título de esta obra, el título de los gemelos míticos hijos de Zeus y de Leda, dos y uno, la luz y la oscuridad, el bien y el mal,  la vocación de eternidad del hombre y su dolorosa mortalidad, dos caras de una misma moneda o mejor, dos caras de un mismo símbolo que, si queremos volver a la mitología, era, originalmente, un disco o placa, casi siempre de piedra, un pase, que permitía cruzar una frontera y para nosotros, ese pase que permite cruzar la frontera de la realidad a la irrealidad, a la ficción.

 Pero no sólo el título apela a esa dualidad en la unidad, sino que toda la obra se sostiene en ella, desde el formato, que tanto nos ha retaceado el autor para jugar con la sorpresa, pero que también muestra la foto especular  de dos gemelos desnudos, como imagen de intemperie, de vulnerabilidad. Mucho se ha escrito, hasta en nuestros textos jurídicos sobre la vulnerabilidad que crea en la persona la desnudez.

 Pero, estos gemelos presentan la particularidad de que no están enfrentados, sino que sus espaldas se tocan, con los brazos entrelazados, amarrados uno al otro, dándose fortaleza frente a lo que pueda ocurrir, frente al porvenir.

 Tienen además dos rostros cada uno, uno el real, erguido y si no sonriente, sereno, animoso, mirando hacia lo alto y otro, el que les presta la máscara, dolido, vencido, mirando al suelo con abatimiento. Esta imagen de tanta fuerza es una perfecta síntesis de la temática y la andadura de la obra poética.

 Toda la confección apoya esta metáfora del espejo. Está impresa en un papel levemente perlado que refuerza la idea de reflejo y cada título se repite en forma especular. ¿ Y por qué el espejo? El poeta mismo responde en uno de los epígrafes tomado de un verso de Laura García del Castaño: “nacer rompe el espejo de la eternidad/ lo fracciona en infinitas fatalidades”: espejo, la identidad es igual a eternidad, los fragmentos son signos de fatalidad, de mortalidad.

La imagen del espejo se repite: “Me miro en el espejo/ como todos los días de tantos años/ antes estabas tú”. Otras veces está insinuado en la repetición de  expresiones como “la misma, el mismo”, “idéntica”.

Más adelante él mismo vuelve a explicitar el significado del espejo: “tengo compulsión a mirar en los espejos/ y a veces, aversión a los mismos/ quizás porque en ellos se ven las puertas del infierno”. Mientras los gemelos estaban juntos, repetían idénticas acciones, gustos, aficiones, la vida parecía prolongarse por delante, llenando de sentido, “de pasión”, que postula Eduardo como derecho, cada uno de los actos y elecciones cotidianas: la carrera, la política, la música, la literatura. Las preguntas no tenían urgencia para este dióscuro, porque el otro se ocupaba de ellas, alega; pero, en realidad, porque la experiencia de la mortalidad, de la fugacidad de la vida no lo había rozado.

 La frase de Laura García del Castaño postula que “el nacer rompe el espejo de la eternidad”, pero el poeta siente que la peculiaridad, la “rareza” de su nacimiento, de ser unidad en la fragmentación obra de “aquel maldito genoma / que por azar o, mejor, por rebelde decisión”, reconstruye la unidad original, identificándolos a los gemelos míticos. Es la muerte temprana, inesperada, que con su gesto de intrusa invade el paraíso recuperado quien actualiza las preguntas y muestra cuán equivocado que puede andar el hombre entretenido por los goces del mundo.

 Cada uno de los poemas, construido sobre la fragmentación de la bimembración: “El genoma y los dioscuros”, “Fulano o Mengano, Borges o Cortázar/ Beethoven o Mozart/ contradicciones aparentes…” “la pasión por el derecho y el derecho a la pasión”, “dos formas del mismo sentir, del pensar”.  “A estos recuerdos me gusta conservarlos/ a otros quisiera borrarlos…”, es un diálogo elegíaco con el único interlocutor válido desde el primer día, ése que nació del mismo huevo, “entrelazado por el antebrazo”.

 Si nos fijamos están aquí, en esta pequeña plaqueta todos los  tópicos de la elegía: la presentación del muerto: “el duende-sabio de alpargatas”, preocupado por las eternas preguntas mientras el otro se dispersaba, se entretenía con los placeres del mundo, la evocación del difunto en vida, la interpelación al difunto a quien se inquiere con la angustia con que se inquiere ante el espejo: “Dónde estás si no estás? Dónde tu voz?” y finalmente, la posibilidad del reencuentro futuro con él, cuando llegue otra vez “el momento de probar con el corazón el fruto de la resignación”.

 El primer epígrafe anuncia lo que será luego evidente: la plaqueta es una “ofrenda” al hermano muerto; una elegía, un llanto por ese hermano, el gemelo mayor,  que nos precedió en el camino de la vida y también en el de la muerte y que, por eso, hoy se presume que ha conocido todas las respuestas, o quizás, la única realmente importante, la del sentido de la muerte y de la vida en su consecuencia. Como decía Unamuno: “si del todo morimos todos, para qué todo?”, ese gran dialoguista elegíaco, tratando de encontrar respuesta al dolor de vivir y al horror de morir ante la tumba de su hijo hidrocefálico Raimundo Genaro.

 Eduardo, este amigo, al que tantas veces vimos echar una moneda en la ranura de la máquina de la literatura para cantar las maravillas de la vida, del Norte argentino, de Bahía, de Cuba, se repliega sobre el sí mismo que es su gemelo para tratar de encontrar la respuesta.

Y por qué la mediación de la literatura? El otro día, leyendo a William Faulkner lo escuchamos afirmar que “la literatura es el oscuro hermano gemelo de un hombre, su vida secreta”; oscuro territorio en que se refleja, se expresa, se diferencia, se interroga y a veces, se responde.
 Ese territorio gemelar se presenta ganado por las “eternas preguntas que siempre te hacías y que yo dejaba” para después: “dónde estás si no estás? …Adónde tu voz?...Si el cielo o el infierno existen? … Si Dios existe”. Preguntas que ya no pueden postergarse, que hoy exigen una respuesta, “quizás porque si encuentro la respuesta/ apaciguaré la pena?”, se interroga, contestándose Eduardo. La pregunta que repite una y otra vez es la pregunta por el más allá de la muerte.

 Los dioscuros son hijos de los dioses y por ello avezados en la ciencia de la muerte.
 Qué inmortalidad pretende Eduardo para ambos dióscuros? la de la vida trascendente?
Al menos, la inmortalidad de la segunda y la tercera vida de que hablaba el poeta Jorge Manrique en las “Coplas a la muerte de su padre”: la trascendencia en la vida de la fama, la del reconocimiento en esta ofrenda literaria que intenta y de la publicación de la obra póstuma de su hermano que intentó y, por supuesto,  la 3ra, la de la pervivencia en la memoria de los que nos aman, “ de las voces queridas” que querría que “le llenaran los oídos” .

 Es sabido que en la literatura nos está dado recordar el pasado y también el futuro y que allí más que en ningún lado, la memoria es una reserva invicta frente a la derrota de la muerte. Por eso en los poemas: “El genoma y los dioscuros” y “Recuerdos”, recupera pequeños, mínimos recuerdos de la infancia y la juventud de los gemelos, enunciación sin desarrollo, ni explicación alguna; apenas con el sortilegio de nombrarlos vuelve a re-cordarlos, es decir, vuelve a pasarlos por el corazón: “aquel reloj bajo la piedra…los saltos ornamentales”,  “noches veladas cuidando el dolor,…dialecto inventado”.

 Es llamativa la ausencia de verbos, la categoría de la acción, del movimiento, en estos poemas. Las enumeraciones son enumeraciones de sustantivos, sin verbos: “la marca de nacimiento,/ la política, la literatura y la música/ Fulano o Mengano…/ Dos partes de una misma cosa/ espejos?”, porque la movilidad está negada. El poeta se encuentra paralizado en la intemperie, en la soledad, inmovilizado por el carecer de “destino”, de lugar al que dirigirse, desde que el “refugio que les daba la casa-útero” frente a la fatal amenaza de la muerte ha sido burlado, vencido.

 Pide entonces, reproduciendo el verso de Alexander Pope de “Eloísa a Abelardo”: y título de una película de hace pocos años, como única posibilidad de aliviar el dolor por la pérdida, la desaparición de todos los recuerdos:“en eterno resplandor de una mente inmaculada”, ¿cómo podría sufrir lo perdido quién no recuerda el pasado?

Es también costumbre de la literatura clásica que el poeta se adentre en la oscuridad del más allá guiado por un dios o un maestro, como Dante guiado por Virgilio, como Machado por su maestro Giner de los Ríos, quien va iluminando ese oscuro territorio con la luz de sus verdades. Un maestro al que en la muerte, como en la vida se le puede preguntar: “Qué es esto que tenemos en las manos dolores o esperanzas?”

 Eduardo elige adentrarse en el más allá de la mano de su hermano, como se adentró en la oscuridad de la vida, cuando fue dado a luz, enlazado por el antebrazo, y a medida que va formulando las preguntas, va comenzando a  pensar que “alguna vez va a probar el fruto de la resignación”, en una imagen que pareciera remitirnos a la bíblica de probar la manzana del árbol del conocimiento, del bien y del mal, para muchos teólogos, de la inmortalidad  La muerte no es ya una afilada pregunta lanzada al vacío, al silencio helado, de los primeros poemas donde no sabemos si “habremos de llenarnos los oídos con las voces queridas”, sino que en los últimos versos va llegando esa paz que necesita: “últimamente, una tibia luz ronda/ como un colibrí,/ que ojalá anide en el corazón por siempre”.

Al final, ya parado en el camino “tibio” y luminoso de la pervivencia, que ha conquistado para el hermano, que asegura la expresión “por siempre”, convoca al hermano a escuchar “la canción de la alegría”, “ésa que nunca es igual,” pero “que siempre continúa” y que, por eso, porque siempre continúa,   siempre pudo consolarlos”.





















   

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermano: He leído Dióscuros. Has renovado un juramento de fidelidad con José Luis... y te digo que corrés con ventaja de aquí en mas. Una parte tuya, ya invisible, te trae noticias del misterio... y te alimenta secretamente. Siento que vendrán para vos, en las distintas formas que tiene tu hondo compromiso con la Palabra , tiempos fértiles... una fuerza duplicada. En cuanto a Dióscuros propiamente, hay instantes en que la fuerza de la vivencia traspasa lo humano y toca la Poesía o es tocada por la Poesía... y eso no es poca cosa. Abrazo de gol. Jorge.

Anónimo dijo...

hermosa la presentación y hermosa la plaqueta.Fuerza compañero. Lia

Anónimo dijo...

Exquisita plaqueta y presentación. Laura

Anónimo dijo...

Hermosura de plaqueta.Sergio

Anónimo dijo...

Dióscuros. Bellísima edición y bellísimo poema/s.
En el bullicio del recinto le he dado una leída pero ya en casa lo leeré con el silencio necesario d ela poesía ya sabiendo que me espera un festín.
Gracias enormes y un abrazo
leandro calle

Anónimo dijo...

Bellísimo Dioscuros, que bello, pelado! me ha dejado asombrada de tanto sentimiento profundo y bonitura!! sinceramente te felicito, es una obra que te merece! Desde lo estético del objeto a las palabras que traslucen sensaciones preciosas!!! Se percibe que el dolor lo transformaste en luz y belleza!! gracias y felicitaciones!
Mariana Montenegro

Anónimo dijo...

Hermoso Dioscuros. amanda

Anónimo dijo...

Belleza en forma y contenido. Julia

Anónimo dijo...

Una belleza la plaqueta.Te Felicito.
Claudio

Anónimo dijo...

Una ofrenda bellísima a tu hermano. Mónica

Anónimo dijo...

Hola Amigo Eduardo querido, te cuento que Dióscoros está causando sensación!!!
una amiga muy querida, que es psicóloga, y además amante de la Mitología, ha llorado todo con tu obra.
DIJO mucho, conclusiones, retuve solo algo parecido a cuando alguien verbaliza el sentir del otro
dualidad, angustia existencial, etc. tambien destacó la excelencia del material, y el color, ya te contaré lo que dice de la Luna, la Madre, la dualidad, etc.

14:48
Cristina González
RESUMEN:yo le había prestado el mío, que está dedicado por vos, podrías llevar el miércoles as La Bandada, asi te compro tres?, uno para esta amiga, otro para su prima y "gemela"como siempre se dijeron ellas, que ha sido correctora de la Editorial Atlántida, y se jubiló en el Congreso de la Nación,creo que tambien con esa tarea. es viejita, aún buscando su identidad, como Hijos, pero por otros motivos 8se lo enviaré a Bs.As. por correo, no se si por OCA) Mi amiga psicóloga tambien es viejita,enferma, no sale de su barrio, asi que le haré estos tramites, y el tercero es para un psiquiatra muy conocido en nuestro medio, que el y su esposa son amigos de mi amiga.


Cristina González
CONCLUSION, PORFI LLEVAME TRES EJEMPLARES PARA VENDERME. BESOSSS

Anónimo dijo...

Una plaqueta exquisita y conmovedora.
Lau

Anónimo dijo...

No se puede concluir la lectura de Dióscuros, de Eduardo Alberto Planas, sin antes haber absorbido, en el mismo trayecto de ese ejercicio, los líquidos de la tristeza. Pero no de la tristeza que abre las puertas de la resignación, sino de aquella que es la única posición existencial factible, al menos para un humanizado, ante la frustración que nos acontece en presencia de las preguntas que sabemos sin respuesta. Esa tristeza que se va licuando hacia el dolor, dolor que viene de otro lado, apenas si es la mirilla difusa por donde miramos, con el ojo del poema, hacia lo inefable, en busca de las ausencias. Y las ausencias son, lo sabemos, las fases ocultas, las contracaras, lo real en su imposible aprehensión. No obstante y según ciertos designios del capricho, o de aquella ruleta que funda la lógica de la existencia, no podemos evitar (y allí caduca nuestra libertad de evadir la libertad) el reflejo filogenético de inquirir, escrutar y reclamar ante el silencio, ante el silencio absoluto.
Quienes han transitado, desde la conciencia, pero también desde las emociones que nos enraízan con el sustrato originario de la humanidad, la experiencia de las ausencias irreversibles, saben, que si bien las respuestas imposibles cohabitan con aquello que precisamente se encuentra ausente, el arte nos permite la máxima aproximación posible a ese borde donde comienzan a precipitarse las contracaras. Sospecho que ese saber se enriquece, con ciertas formas de certezas indemostrables, en aquellos que llegan a esta ordenada confusión de vivir, desde una misma gestación. Vivir la ausencia es una forma paradojal de la existencia. Para un gemelo, para un Dióscuro, esencialmente, cuando esa experiencia acontece como una pérdida no del otro, sino como una merma, una sustracción de un uno mismo, que nunca fue uno, se eleva la cuenta, a la hora de inventariar las capacidades con que nos aproximamos a las verdades, como un acrecentamiento del discurso revelador. Ante eso, ante esa potestad, quienes no somos Dióscuros, quedamos en silencio, en el silencio que antecede a lo absoluto. Y desde allí nos hacemos cómplices de fugaces secretos, secretos que le han sido arrebatados al misterio, por la mano poética del Dióscuro que aún batalla, porque ese es su designio, en este lado.
Ricardo Gutierrez