jueves, julio 26, 2012

¡Basta ya! Boletín Literario Agosto - Septiembre








¡Basta ya!


Boletín Literario

Año 8 - nº 125 – Agosto - Septiembre 2012

Director: Eduardo Alberto Planas

Colaboradores permanentes: Lily Chavez, Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon, Jorge Luis Carranza, Silverio Enrique Escudero, Sergio Pravaz, Jorge Torres Roggero

Diseño y Diagramación:

Eduardo Alberto Planas

Suscripción gratuita. Registro Propiedad Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Se puede reproducir con cita de autor y fuente.






Sumario


Un encuentro casual – Eduardo Alberto Planas

Una ventisca – Jorge Luis Carranza

Las horas –Alfredo Lemon

Un secreto –Yolanda Gozálvez

Insomnio –Cristina González

La audacia y el deseo – Rosy Goldman

Hasta tus huesos de Marco Marino - Laura García del Castaño

Nivel Medio de Sergio Gaiteri - Martín Cristal

Iphigenia de Alicia Alvarez Bonaparte – Lily Chavez

Arturo Roig y el desafío de pensar América Latina – Enrique Silverio Escudero

Roberto Arlt: Demoliendo modelos - Jorge Torres Roggero

Así se baila el tango – Ana César

El Tango –Héctor Aldo Valinotti

Chachá Fernández

Cine: Violeta se fue a los cielos

Poema de Lelia Recalde Deponti

Caleidoscopio – Julio Taborda Vocos

Así – Ana Paulinelli

Antes del crepúsculo – Stella Maris García

Cinema Paradisso Cordobés – Eduardo Planas

Una cosa trae la otra – El tiempo vuela – Lily Chavez

DOSSIER – LOS OLVIDADOS

Miguel Angel Bustos – Espacio para el poeta presente – Sergio Pravaz

Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio

Roberto Jorge Santoro – David A. Sorbille









Un encuentro casual




Eduardo Alberto Planas






Hace escasos días en un encuentro casual conocí a una persona. De edad madura, profesional, muy amable y culta.

Al percatarme de su apellido- Filloy - le pregunté si no tenía algo que ver con el escritor, a lo que él asintió, manifestando ser pariente cercano. Aclaro que no me fue autorizado a dar el nombre.

Enseguida entablamos un ameno dialogo. Relato múltiples anécdotas del mismo. Su renuencia a publicar. Sus ediciones caseras de 500 ejemplares que entregaba a amigos.

Desde Buenos Aires– a donde viajaba con frecuencia-, lo llamaban para que publique. Lo invitaban a radicarse allí. En las reuniones familiares uno le decía una palabra y el contaba su origen toda la historia de la misma y –en seguida- replicaba con otra.

Filloy era dueño de una inteligencia superlativa y un profundo un amor por los palíndromos. Dos o tres nos enseñaban en el Colegio. El escribió más de cinco mil, nos dice. Murió lucido a los 105 años, señala. “Ahora están reeditando sus libros y publicando los inéditos", refiere.

Nuestro gran escritor cordobés. Ignorado por décadas, ha sido finalmente reconocido, como ha sucedido también con Glauce Baldovin (entre otros) de quien se están editando sus libros.

Op Oloop es su novela más conocida. Publicada en 1934 en una reducida edición privada. ¿Qué hubiera pasado si el libro hubiese sido distribuido entonces por una editorial comercial? Su nombre figuraría entre los primeros innovadores de la literatura latinoamericana del siglo XX. Caterva escrita en 1937, deslumbró tanto a Cortázar que su personaje Oliveira, en Rayuela, le rindió un confeso homenaje.

Fueron siete los libros que editó, todos con un título de siete letras. Dejó de publicar - pero no de escribir

- durante 32 años. Además de los dos nombrados, su primer libro fue una recopilación de impresiones de un viaje por los países del Mediterráneo, Periplo (1931). Su primer novela: ¡Estafen! (1932); luego un extenso libro de poemas, Balumba (1933); Aquende (1935) y Finesse (1939). Después de tres décadas inició su segunda etapa de ediciones de autor con una obra de teatro, Ignitus (1971). En ese mismo año publicó Yo, yo y yo. En 1972 su primer libro de cuentos, Los Ochoa, con el que inicia la saga homónima, que se completará en cuatro próximas novelas. Luego en 1973, una de sus mejores novelas, La Potra. En 1975 apareció el libro que secuestró la dictadura de Videla: Vil y vil, La gata parida, (Reeditado en el 2005). Urrumpta, el nombre indígena de Río Cuarto de 1977, es un largo ensayo histórico. Tal Cual (1980) son siete cuentos filosóficos. Karcino es un tratado de palindromía (1988). Gentuza y Mujeres son dos volúmenes de cuentos y relatos publicados en 1991. La Purga es una novela que se podría calificar de ciencia-ficción (1992). Esto fui (1994) son recuerdos de la infancia. Sexamor fue publicada por la cordobesa "Op Oloop Ediciones" en 1995, al igual que Decimo 8 A (1997). Publicó además numerosos artículos en periódicos cordobeses y en La Nación de Buenos Aires. Los llamaba subproductos y sus títulos no se ajustan a la norma de siete letras: “Teatro griego”, Novelística, esencia y forma”, “Bitácora del humor vagabundo: Balance enfático de Rio Cuarto”, “Homo Viator".

Dice Bernardo Verbitski en Noticia sobre Juan Fillloy, Op Ollop, Edit. Lozada, 2004): “Parece una redundancia decir que una literatura se compone de libros, pero es cierto que si éstos desaparecen, aquella se vuelve inexistente. Latinoamérica es un continente de valiosos libros perdidos. (…). Los libros que después de circular en pequeñas ediciones, se agotan y no se vuelven a editar, se revierten a una nada absoluta. No existen. Esto es lo que ha ocurrido también con Filloy aunque en su caso ha sido deliberado. No es fácil determinar los verdaderos motivos de esta especie de renuncia al mundo(…)”. ¿Tendría que ver su condición de magistrado? Posiblemente.

Se recuerda siempre cuando le preguntaron:”¿Aspira al éxito? Contestó: “En absoluto. Es una fatalidad. Viene de “arriba”, como el don del Espíritu Santo en Pentecostés. O como un fragmento de cornisa en el momento justo de pasar”. Le interrogaron directamente:¿Le gusta escribir?, contestó: “Claro. Por lo mismo que es un placer muy duro. Si fuera un placer blando, esa función sería mucilagosa. Me convertiría en un molusco y no podría golpear y machacarme. ¿Quién puede flagelar a una babosa? Escribir es un recio menester masoquista, sobre todo cuando no produce ganancia alguna”.

Pedro Juan Vignale al comentar una de sus novelas, ¡Estafen!, sostuvo que se trataba de un “libro nuevo, único en nuestra literatura", con el que se presentaba un escritor de una inteligencia “que juzgo la más ágil de nuestra generación”. Alfonso Reyes lo había llamado en 1934 "progenitor de una nueva literatura americana".

Campeón mundial de palindromía o frases de vaivén, o sea de esas como “dábale arroz a la zorra el abad”, que se leen de igual en sentido inverso. Muchas de ellas extensas. Un caso único en el mundo.





Eduardo Alberto Planas









Una ventisca



Jorge Luis Carranza





Esos instantes

en que la armonía

y la belleza tocan el corazón,

tal vez sean señales

de quienes nos amaron

y amamos

y ya no están. Ventisca – Cándida Rodríguez Pérez



Una ventisca de ellos,

que de tanto en tanto

abraza el alma

y la acompaña un trecho.



Indicios de una intimidad

apretada como un puño

que sigue siendo.



Quizás sea un rebusque

ante la contundente

puntualidad de la muerte.



Pero ese sentimiento

crece y crece

y no encuentro razón

para descartarlo.










Las horas




El tiempo es una casa recibida en herencia.



Habitada por fantasmas, rajada en las paredes,

todo quedó atrás, todo quedó lejos.



La infancia en un sofá, el regazo de mi madre;

todo quedó atrás, todo quedó lejos.



Sombras somnolientas,

recuerdos opacos,

objetos temblando.



Un reloj certero en la pared

y un piano abriéndose infinito.





Alfredo Lemon











Dedicado a mis Hermanos en la Palabra

Un secreto



Qué misterio encierra la palabra

cuántos miles de milenios

habría que descender

para encontrar su clave.

Camino de eternidad en retroceso

búsqueda de indicios y señales

a través de signos y figuras

que fueron gratificando en símbolos

la interrelación del hombre

en el milagro.

Sin huellas

su expresión oral de los inicios

jeroglíficos después

como interludios.

Su autor en el primero, Inhotep fue

Sacerdote del tiempo subterráneo

de Saggara

en el Ojo de Horus.

Y dueño de la inaugural escritura.

El arribo de la Palabra

abre en gigantesca sementera

el cultivo de un nuevo florecer

en nuestro Azul Planeta.



Se avizoran los signos

cuando el antes y el hoy, rezuman

debatiéndose

entre cardúmenes

y nidales de estrellas.



Yolanda Gozálvez









“Roe mi frente dura

el lobo de la medianoche”

Jacobo Fijman



Insomnio

Muerte es mi rostro

De las cuencas secas asoman diluvios

El sol se esconde detrás de violenta luna llena

y estalla en mis puños

emanando centellas,

fuego, dolor

tanto tiempo dominado.

Los caminos tapiados en cada destino

llevan locura, muerte

temor de destruir todo

Kamikaze soy

Estallo en mil pedazos

Rompo esta valla piel.

En mi cuerpo tieso

rugen tambores

Danzan zulúes

con su milenario grito guerrero

amordazado en mi garganta

apretada por mil crucifijos.

Cristina González






La audacia y el deseo



Rosy Goldman





El presente artículo pretende ofrecer un aporte desde el psicoanálisis sobre lo que podemos llamar la importancia de que sea una mujer quien comande actualmente el cambio de época en la realidad argentina de estos últimos años.

Para eso tomamos el título de esta revista como puntapié inicial a los fines de relacionarlo con lo sucedido luego de la crisis terminal de 2001: el deseo decidido encarnado en una figura política como la de Néstor Kirchner, que no vaciló en asumir el rol histórico en que la hora lo colocó y que llevó como una bandera el “basta ya” a los vacíos y mentirosos discursos y hechos que habían subsumido a la política en el peor de los destierros.

Es así como en pleno auge del discurso capitalista salvaje apareció el deseo inquebrantable de quien iniciara un capítulo nuevo en la historia política de nuestro país.

A la luz de los acontecimientos posteriores y también previos, podemos inferir que ese deseo estaba fogoneado y causado por una mujer (Cristina, su compañera), incluso a través de sus propias convicciones. Las mismas que ninguno de los dos dejaron “en la puerta de la Rosada”.

Néstor y Cristina, se convirtieron, de esta manera, en bisagra que implicó un “cambio de época”. Él produjo (aun desde su incómodo porcentaje de votos en 2003) las condiciones políticas necesarias para que se concretara un viraje en las viejas políticas neoliberales, rumbo a una osada travesía por senderos que aun hoy se transitan no sin escollos y riesgos, pero con un horizonte amplio y una coraza protectora de la debacle internacional de los mercados en el Norte y en el viejo mundo.

Repetimos: esto no se realiza sin el empuje que puede provocar y causar una mujer a un hombre, no dejándolo rumbear por inútiles devaneos cobardes.

Me permito introducir aquí un concepto psicoanalítico: las mujeres, por estructura, “no tienen nada que perder”, porque simbólicamente están privadas desde el inicio en lo real del cuerpo. Esto las hace –entre otras cosas- menos temerosas, más audaces.

Tal es así, que ante el hecho cruento que tuvo que padecer Cristina Fernández de perder a Néstor Kirchner, su compañero inseparable, al que amó casi toda una vida, no vaciló en tomar la posta y continuar el duro camino emprendido, primero con él, luego en conjunto, redoblando muchas veces la apuesta, no por el rédito político justamente, sino incluso enfrentando a sectores del poder real, corporaciones y monopolios económicos que dictaron las leyes por años, pese al gobierno de turno.

Esta convocatoria, pese al machaqueo de la prensa opositora, cautivó a mucha gente, ciudadanos, militantes, enamorados de las utopías que sumaron un 54% en las últimas elecciones y que apostaron a un proyecto de inclusión, con memoria, verdad y justicia. Continúa, “ya sin él”, con lo cual se reafirma que es su calidad de mujer lo que le permite tanta audacia y coraje (además de sus dotes intelectuales y de oratoria) para encabezar y dirigir las riendas muchas veces rebeldes del presente modelo inscripto en un proyecto nacional y popular.

Y es este mismo deseo, decidido y encarnado, inclusivo, el que le permite aunar esfuerzos, convocando a la mayoría de la población.

Su posición femenina la vemos reflejada en su exclamación contundente: “Soy fuerte, pero sola no puedo”, convocando al trabajo conjunto y militante –como seguramente lo había hecho con Néstor- mediatizando una función causante. Es desde su falta que causa.

Esto demuestra que lo que para algunos es omnipotencia, es en realidad liderazgo; quien la llama sorda a los reclamos de la gente, queda opacado ante el ensordecedor grito del pueblo por liberarse de la mentira y los eternos ajustes. En medio de un mar complejo y espeso, como es la vida política de un país, ella conduce con pasión, con las convicciones nunca abandonadas y con ese deseo implacable que la impulsa siempre a ir por más.

Rosy Goldman



Psicoanalista

rosagoldman@hotmail.com

Cordobesa de pura cepa radicada en Buenos Aires







“Hasta tus huesos”, de Marco Marino





El 24 de mayo, en la Biblioteca Córdoba, Marco Marino, poeta, arquitecto, director de la revista de Artes y Literatura "Cerveza gratis" presentó su primer poemario titulado: Hasta tus huesos, Editorial Babel.

Se escucharon palabras de César León Vargas en nombre de la Biblioteca y de Hernán Jaeggi en representación de la editorial.

La presentación estuvo a cargo de la poeta Laura García del Castaño, cuyas palabras transcribimos a continuación:



El alma, el hueso.

Un libro de poemas puede ir hacia adelante, puede desandar, puede expandirse, puede ir hacia arriba y también puede ser un descenso. De eso se trata Hasta tus huesos, pero no de un viaje, sino de una perforación, un descenso y una perforación, por necesidad de encontrar, no por el placer de huir. Incluso sin el retorno seguro del viaje, porque cavar no tiene retorno, lo que se encuentra ya no puede acomodarse de la manera en que lo vimos.

Marco cava y descubre y lo que va descubriendo lo aísla, lo clausura, lo encierra entre paredes, le construye cajas por esta natural intuición de definir, de limitar de armar milimétricamente una estructura para no desestructurarse y esto lo vuelve sumamente personal, íntimo y espontáneo

Hasta tus huesos es un libro y es un nicho compuesto de tres cajas colocadas una dentro de la otra a manera de cajas chinas. Tres cajas y el alma, que no está en ninguna de estas, sino fuera.

“caja del alma sin alma

dentro de caja de madera

dentro de caja de hormigón

Caja de caja de caja”



Primer caja- El Hormigón

La primera parte del libro, la caja amplia y visible (la superficie de las cosas pero a la vez la no concretud de las cosas) La resistencia. Soy esto pero no lo soy.

Aquí están los poemas de la tensión sexual, entre el juego y la realidad. Lo que más desea es tomar el control que tanto teme perder. Aparezco y desaparezco. Tengo palabras pero no las escribo, estoy deseando a esa mujer pero no la toco. El humo del cigarrillo y de lo prohibido es lo que más inquieta a Marco en estos versos, lo efímero, lo imperecedero, lo que no puede encerrarse, el tango, el paisaje indefinido e imaginado.

A siete pisos del mundo

Y a una carta de terminar la partida

"Dos cuerpos se juntan, no se tocan”



“a punto de tocarte

vuelvo al vaso en la mano"



Segunda caja – Hasta tus huesos (caja de madera vulnerada y permeable)

Marco toma distancia de lo anterior y se conecta por primera vez. Es el fin del hormigón, “es el fin de los vicios, costumbres, y pasiones”. Aquí los poemas laten, encuentran, tienen miedo. Están dentro de una caja de madera tridimensional donde todo sale de plano y toma volumen.

Poemas de la adultez, la caja repleta de miedo. El miedo repleto de ausencia y de memoria. La madera, lo inseguro, la caja que puede partirse o prenderse fuego, el desgarrable amor, "el instinto de nunca envejecer".

“Tomar distancia del inevitable destino

Es la idea que nos lleva a encarcelar nuestros muertos.

Etiquetarlos, de alguna manera.

Perpetuar su nombre, familia

Nacimiento y último día”

La madera es altamente vulnerable para estos poemas que comienzan a revelar, que ahora son sal sobre la herida. Es la caja de lo quebrantable, de las imprecisiones. Madera que absorbe "algunas cosas nos vuelven vulnerables ante lo efímero" "los imborrables silencios de otra vida" Aquí están los poemas de la contemplación de la muerte, y del reconocimiento de la muerte y de su rastro. El escalofrío es la palabra desvelada porque es la resistencia ante la exposición con el frío, con lo que no vive y lo que ha muerto en él. Pero aquí la muerte no es insoportable ni la vida ante esta revelación se vuelve paralizante. Se busca, se ahonda, se continúa perforando. Reflexión es el nombre de lo vivo, inquietud con la cual construye su avance.

“Acá todo está muerto

la paz es escalofriante

hasta una paloma asusta.

No sé cuántas tumbas hay detrás

y cuántas vendrán por delante.

El camino atrae

se da en silencio

calla hasta el olvido

voy casi moribundo

hasta la humedad de tu nicho”



Tercer caja (donde no está el alma sino su ausencia)

Los poemas del último vendaje, de la crisis, del vértigo. Allí está Marco después de la revelación de la muerte, replanteándose el legado, la perpetuidad, la evolución, el consumismo. ¿Por qué? ¿Qué soy a partir de la muerte que vi? ¿Qué soy a partir de la madera vulnerada? ¿Qué hago ahora que llegue a esta caja y no estaba el alma? ¿Qué es el alma? ¿Dónde está? Si vi los caprichos, la fatalidad de los días, si resistí. Si jugué, si resistí, si atravesé el hormigón y me enfrenté a lo que había en mí.

Aquí está la esencia de su poesía en estado puro. La madurez del lenguaje coincide con la madurez de su despertar. Late. No hay musicalidad ni exaltación desmedida, ni arrebato, ni sentimentalismos. De esta forma su palabra adquiere absoluta claridad. Lo único imprescindible para Marco se centra en la verdad de su descubrimiento. ¿Qué hacemos con el tiempo? ¿Qué

acumulamos? ¿Cuál es el legado? ¿Dónde está el alma? ¿Qué buscamos? ¿Qué absurdo? ¿Vamos ciegos?

Al final del capítulo, de esta caja repleta de búsqueda el poema del mismo nombre, nos da un pie en el descenso y se plantea:

“Ya nada me apasiona, como antes

he descubierto

los caprichos de la débil humanidad

los mecanismos tan sencillos del planeta

las respuestas

la forma en que todo termina

los días

buscando-encontré

y son siempre iguales”



El alma - Parálisis del sueño (despertar)

El último capítulo del libro es el alma, el despertar. Lejos ya de la dificultad y la resistencia, ya en los últimos días de este invierno, fuera de las cajas fabricadas para asegurar, está el alma, suelta, la historia del otro lado de la página. Cuando hemos recorrido, cuando hemos tocado, cuando hemos faltado, crecido, llorado, enfermado, trazado, develado, nos queda el alma y el poema, ahora sí tengo las palabras y las escribo, las rayo, las marco, me atrevo. Siento la realidad implantada hasta el fondo, la reencarnación en poesía.

Marco no construye poemas, escribe poemas, es poeta. Es a los poemas que les construye casas pequeñas, y para qué? Para que lo de adentro sea duradero, “para que la sangre no se evapore” para que la revelación quede resguardada. Allí adentro nada se escapa.

El poema es el descenso, el conocimiento y la madurez y el descenso y es también la muerte, la aniquilación de la superficie y lo sutil, la reducción de múltiples construcciones a lo esencial: el alma. El alma es el hueso. Un hueso que se sobrepone a las innumerables muertes, incluso las consentidas por el mundo y sus costumbres y vicios.

Leo a Marco y veo su oficio de construir, de cuestionarse, de resolver, veo su oficio y su compromiso de hacer suyos los hallazgos y llevarlos a su territorio, a la tumba más bella de todas: la que se construyó en la memoria de los vivos.

Laura García del Castaño







“Nivel medio”, de Sergio Gaiteri

Por Martín Cristal






En 2008, cuando Sergio Gaiteri obtuvo la primera mención en el Premio Clarín por Nivel medio, ese diario —con la sucinta frialdad que se suele destinar a las menciones— la resumió como una obra que trata sobre “la ambigüedad de las relaciones humanas”. A mí, esa frase me suena a un slogan que no va más allá de indicar otra ambigüedad: la de jurados y periodistas a la hora de tipificar una novela que ofrece mucha más tela para cortar.

A primera vista, Nivel medio podría parecer un título que deja una puerta demasiado abierta a la ironía de algún crítico haragán. Lo que ese título indica, en realidad, es el nivel educativo en el que se desempeña Claudio, el primer narrador de la novela: un joven profesor de Literatura en una escuela secundaria. El título también sugiere el nivel en que Claudio se encuentra en tanto aspirante a escritor: está justo a medio camino entre Alfio (su alumno rebelde y talentoso) y Locasio (el escritor consagrado que le despedaza un cuento a fuerza de correcciones en rojo). Medio también es el nivel socioeconómico del segundo narrador de la novela: el odontólogo Julio. Y en medio de ambos protagonistas está Cecilia: futura ex mujer de Claudio y amante de Julio. Con ese triángulo, el arranque de la novela queda servido.

Nivel medio nace de la ampliación de un cuento homónimo incluido en Certificado de convivencia, un libro que ya contenía algunos cuentos que parecían novelas condensadas (por ejemplo, “El metal más duro”). Más que ampliación debería decirse continuación: el cuento “Nivel medio” no fue inflado —en una especie de inversión de la famosa táctica borgeana— de un argumento que podía exponerse en unos pocos minutos a un libro de 220 páginas. No: lo que Sergio hizo fue continuar esa historia con otras que la suceden, y que tienen por protagonistas a los mismos personajes.

Así como, hace algunos años, Hernán Arias presentaba a Los invitados como un libro de cuentos, aunque al terminar de leerlo uno tranquilamente podía pensar que acababa de leer una novela, con Nivel medio uno puede asomarse al revés de esa misma estrategia: Sergio Gaiteri nos presenta a Nivel medio como una novela —y en definitiva eso es—, pero al terminarla uno tranquilamente podría pensar que acaba de leer un muy buen libro de cuentos. Esto es así porque la estructura de esta novela está concebida como una serie de relatos ensartados al modo de un collar de perlas, todos ellos con el estilo lacónico y austero que ya es la marca de Gaiteri. Aquí no hay —como en las novelas más comunes y corrientes— un conflicto central que se desarrolla mientras a su alrededor se organizan otras subtramas; aquí el avance de la trama se da en forma episódica, ampliando una atmósfera o un tapiz. En su propio beneficio, Gaiteri no se estira para alcanzar la novela, para repetirla o reinventarla, sino que la obliga a acercarse al cuento, o a la colección de cuentos, el terreno que él mejor conoce. Y cuando ya la tiene a su alcance, borra las huellas que marcaban el límite entre un género y el otro mediante sutiles ligaduras que funcionan como epílogo de lo sucedido o avances de lo que vendrá. La estrategia es eficaz y su espíritu, claramente contemporáneo.

Los dos narradores alternados —Claudio y Julio— van desenrollando su parentela y sus relaciones: una mancha humana que se va expandiendo a su alrededor. El título también indicaría el terreno en que se da el registro de esas experiencias humanas: la novela no apunta a las situaciones extremas de la existencia, a las grandes alegrías y tragedias de la vida, a los altibajos, sino a escarbar en las planicies intermedias de lo cotidiano: el relato toma por un camino que en otras disciplinas —como la Publicidad o la Historieta— ya se suele señalar con el rótulo de slice of life (“porción de vida”), aunque lo hace sin caer en el costumbrismo ni estereotipar nunca esa muestra en el afán de representarla con verosimilitud. Los ámbitos varían (una fiesta de quince, un cumpleaños con castillo inflable, la premiación en un concurso literario, una casa en las sierras…), pero siempre resultan familiares y reconocibles, sobre todo para el lector cordobés. Muy pocas veces Gaiteri se permite excepciones como una situación muy grave (alguien que padece cáncer) o un ámbito fuera de la provincia (alguien que viaja a Buenos Aires).

Los personajes de Nivel medio están esbozados por pequeñas acciones. Nunca nos encontramos con una descripción física de ellos. Su exterioridad consiste sólo en sus actos, los cuales nos dan la clave de su interioridad, de la procesión que llevan dentro. Todos tienen vidas ordinarias; todos tienen nombres comunes. Quien lee a Gaiteri por primera vez puede creer que estas historias son demasiado corrientes o, engañado por la sencillez del estilo, pensar que son fáciles de escribir. Cuidado: también el arroz parece fácil de hacer, pero no lo es si lo que uno busca —tal como le explica Julio a Cecilia— es “…un punto, una textura. Y una combinación”. Ya desde antes de publicar Los días del padre, su primer libro de relatos, Gaiteri había determinado muy bien qué punto quería para sus historias, cuál sería la textura de su estilo y qué combinación de situaciones reales quería contarnos. En Nivel medio sigue haciéndolo con una calidad sostenida, cuya principal desventaja es que nos va malacostumbrando a ella.

Un problema que suelen enfrentar los escritores programáticos es el no atreverse a incorporar variaciones o aspectos nuevos a su obra por miedo a traicionarse. Es el peso de lo hecho. Me pregunto cómo conseguirá Sergio que no nos acostumbremos, que no nos lo aprendamos, que no nos cansemos de leerlo. Quizás a él esto no le importe. En caso de que sí, una posibilidad —se me ocurre— es que él vaya ampliando sus registros tal como ya empezó a hacerlo en Nivel medio: además de la tristeza, la incomodidad y el desasosiego que siempre minan a los personajes de Gaiteri como un estrés subterráneo, en la novela también hay ciertas situaciones basadas en un sentido del humor que al menos yo había detectado solamente en uno de sus cuentos anteriores (titulado “Lona” y todavía inédito). Éste es un registro nuevo, cuya aparición celebro.

Ya que el acento del libro está puesto en las situaciones narradas —más que en el estilo o la estructura—, entonces no vamos a adelantar ninguna de esas situaciones en la presentación de la novela para no menoscabar el disfrute de descubrirlas durante la lectura. Tampoco vamos a hablar del final de la novela. No porque nos lo prohíba el editor, sino porque la noción misma de final como una promesa, como una zanahoria que nos hace seguir leyendo para alcanzarla, debe ser desactivada cuando nos enfrentamos a un texto que desde el principio no responde a la lógica canónica de las estructuras narrativas cerradas, sino a la ilógica y a veces absurda sucesión de eventos que componen la existencia de las personas.

Creo que, en los buenos libros, uno se da por bien servido mucho antes de llegar a la última página. Baste decir entonces que el “corte directo” de Gaiteri puede llegar en cualquier momento, y que la perplejidad puede ser una recompensa mayor que la sorpresa. A partir de hoy, tanto esa como las otras recompensas que esconde esta novela están al alcance de todos los lectores.

Foto tomada de cordoba.com.ar

(http://elpezvolador.wordpress.com/2010/04/13/nivel-medio-de-sergio-gaiteri/)

"Este artículo de Martín Cristal está bajo una Licencia Creative Commons (Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina".) Fue publicado con la expresa autorización del mismo.





Réquiem para Iphigenia

Lily Chavez



El 1º de Junio, Alicia Alvarez Bonaparte, filósofa, poeta y narradora, presentó en la Asociación de Funcionarios y Magistrados del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, su segundo libro: "Réquiem por Iphigenia”, Editorial Copiar, con la intervención dancística-teatral de Marian Fernández.

La escritora Liliana Chavez escribió el Pórtico del libro, palabras que se transcriben a continuación:

“Cuando “Iphigenia” llega a mis manos - y con sólo una mirada curiosa sobre los poemas – supe que se trataba de un libro dotado de una dolorosa sensualidad y belleza.

Siempre me ha seducido la tragedia, una de las creaciones más densas del aticismo griego a la que pocos pueden sustraerse. Imaginen lo que sucede entonces, cuando una historia, remota y legendaria, en comunicación viviente con los conflictos, con las conductas morales, con el hombre en su lucha con lo irremediable se instala en el corazón y la mente de una poeta como Alicia Alvarez, dueña de una poesía de pie, vital , visceral.

Muchas versiones giran en torno a esta tragedia pero fue “Agamenón”, la más magnificente de las obras de Esquilo la que inspiró este libro donde, como decía Cicerón, “las causas de los acontecimientos impresionan más que los acontecimientos mismos”.

Iphigenia no es diosa ni heroína, es una niña, simplemente una niña que juega, ríe, ama, la misma que su padre, Agamenón, llama “la alegría de su casa”.

Alicia logra, con la fuerza de su lenguaje, retrotraernos, repoblar este tiempo con aquel dolor, aquella desolación, transmitirnos la sensación de sentirnos extasiados ante lo trágico, ante la precariedad constante del sufrimiento, y el lector sensible, por momentos, no podrá dejar de sentir impotencia y hasta una culpa que no le compete sino desde su naturaleza humana. Alicia conduce hasta el borde del ahogo, articula y desarticula gramáticas, desmembra el pensamiento hasta encontrarle el corazón. La autora está tan maravillosamente compenetrada con Iphigenia que cada verso es un grito, un grito impregnado de paroxismo.

“No, no son mis dioses, / ni los hados de mi madre, / ni el celo de tus demiurgos, / eres tú padre / solamente tú, /el que me degüellas” y cito: “esa tu daga / que socava / a esa niña yo / la alegría de tu casa / la de la túnica – ahora en jirones / del azafrán cuando florece”.

Era necesaria la fuerza poética de la autora para abrigar la fragilidad de Iphigenia, fragilidad de la cual la niña reniega. El horror por la decisión de su padre, la lleva a la súplica, a rasguñar la tierra, vaciarse en llanto, bordear el abismo, tan bien expresado esto en el párrafo 6 de la obra de Esquilo: “ y mientras ella soltaba en el suelo los colores del azafrán, iba lanzando a cada uno de los sacrificadores el dardo de su mirada, que incitaba a la compasión…”

Y es, en palabras del propio Esquilo que me quedo pensando: “No hay un mortal de infortunio exento; nadie pasa la vida sin llevar la parte de su carga de males” , aunque – agrego- eso no despega de la impotencia que causan los absurdos.

Iphigenia, esa víctima pasiva del principio, asume finalmente su sacrificio. “Si, padre, / Ésa, yo, ésta – ante todos pero - / sola / absolutamente olvidada de tu amor, / digo, me digo / basta, basta de gritar aterrada / en la pira del sacrificio, / basta de trenzarme en el lino, y en los hilos / dorados , / de tus vestiduras. ..“

Ahora sí es una heroína, ella misma salta hacia los brazos de la muerte. Dulcemente apoya su cuello en la dura roca para que su padre le corte la cabeza. A mis espaldas, suenan los últimos acordes de Iphigenia, de Mikis Theodorakis, como si hubiesen presagiado el final. Tal vez, éste sea el momento de cerrar los ojos y ver cada una de las imágenes que la poesía nos regala.

Leer Iphigenia me significó tener que agudizar los sentidos. Su trama es de una pasión absoluta, una intensidad que va in crescendo hasta mostrar toda la virtualidad de una escenografía poética impactante. Ha sido un gran halago realizar este Pórtico y sólo me resta decir que Alicia admira a un extraordinario poeta guatemalteco y en honor a ambos, todos deberíamos leer el libro desde estas sugerentes y sabias palabras:



“con la mente que sabe, la mente del corazón”

Humberto Ak´abal”








Arturo Roig y el desafío de pensar Latinoamérica



Silverio Enrique Escudero



Arturo Andrés Roig, uno de los más vigorosos pensadores de América Latina, ha muerto. Constituía, junto a Leopoldo Zea, el uruguayo Arturo Ardao y los peruanos Francisco Miró Quesada y Augusto Salazar Bondy, el núcleo sobre el que se sostiene, cada día, el sólido edificio de la filosofía y la historia de las ideas en Latinoamérica. Ellos ocuparon por derecho propio la vanguardia. Dieron –y lo seguirán haciendo- la gran batalla. Mucho más cuando, siguiendo los dictados de pretendidas novísimas capillas intelectuales, se buscan modelos neocoloniales o la fuente de sabiduría en anquilosadas recetas que se proponen desde Europa o Estados Unidos, que consideran nuestra región “la periferia de Occidente”.

Roig nos invita a celebrar el pensamiento. Es por ello que brilla e ilumina como un faro en medio de la oscuridad. Llegamos a su vera cuando iniciamos un largo camino que llevó a encontrarnos con potentes filósofos, historiadores y ensayistas que, desde siempre, han enfrentado el proyecto panamericanista, orientado desde la Organización de Estados Americanos. Plan que busca consolidar un modelo de dependencia acorde con los intereses de la Casa Blanca.

Su “Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano”, publicada por el Fondo de Cultura Económica, en México, allá por 1981, resultó apasionante. Fue una apertura hacia otros horizontes. Es que el filósofo nos alentó a mirarnos, a reconocernos, a indagar en nuestra propia identidad de continente mestizo, descubriendo las debilidades y flaquezas propias de una sociedad en marcha. Habida cuenta de que la filosofía, mal que les pese a muchos, “se caracteriza por ser un tipo de pensamiento que se cuestiona a sí mismo (porque) Sabemos muy bien que la filosofía, más de una vez, ha sido pensada como ‘teoría de la libertad’, a tal punto que se ha hecho coincidir la historia de la libertad con la historia de la filosofía. Pero, a partir del momento en que entra en crisis la filosofía del sujeto en la que la esencia había tenido prioridad sobre la existencia, el sujeto sobre el objeto y el concepto sobre la representación, se produce necesariamente el abandono de la filosofía como teoría de la libertad y surge con fuerza algo radicalmente distinto e inclusive contrapuesto, la filosofía como liberación”.

Hugo E. Biagini –con el que compartió responsabilidades de conducción intelectual- le reconoce haber trabajado en forma incansable por el mejoramiento de la universidad. Avanzó en una severa crítica a la enseñanza magistral, que esconde en su seno el germen del autoritarismo, proponiendo la participación activa del alumno universitario.

Cuestión que lo emparenta, en forma definitiva, con los principios básicos de la Reforma Universitaria, que rechaza “los universales ideológicos empleados por una pedagogía opresora que niega la personalidad del Educando”, porque es necesario despertar la sensibilidad social del hombre para así desterrar la injusticia, el hambre, la enfermedad, el dolor y la explotación existente, para que “se constituyan, aun cuando ello suene a paradoja, en elementos educativos a favor de la constitución de un nuevo estado de conciencia (…) No se trata –agrega Biagini- de crear conciencias ‘caritativas’ sino simplemente justicieras”.

Decíamos temprano que Arturo Roig trascendió las fronteras. El exilio, más allá del dramatismo que conlleva, fue provechoso. Su breve permanencia en Caracas le alcanzó para marcar



rumbos. Participa, en el Instituto Rómulo Gallegos, de las reuniones en las que se discute qué obras conformarán el fondo editorial de la Biblioteca Ayacucho, creada por el presidente Carlos Andrés Pérez, para albergar lo mejor del pensamiento latinoamericano. México aguardaba. Leopoldo Zea y la Universidad Nacional Autónoma de México -la UNAM- lo reciben. Parece que está en casa. No sólo se dedicó a la enseñanza de la filosofía sino que se le pudo descubrir como si fuese un alumno entusiasta, todas las tardes, a lo largo de dos años, en la Biblioteca Daniel Cosío Villegas del Colegio de México, cuyo repositorio recorrió en forma sistemática. Es decir, el Maestro estudiaba. Conducta que lo aleja de aquellos que encuentran en la universidad el “refugio secular de los mediocres”.

Arturo Andrés Roig sigue viaje. Llega a Ecuador a mediados de los 70. Rápidamente asume responsabilidades. La Pontificia Universidad Católica de Ecuador le abre sus puertas. Su labor es capital en el campo de la filosofía y de la historia de las ideas en América Latina y en Ecuador. En esa universidad impulsó la creación del Centro de Estudios Latinoamericanos; rescató la revista Historia de las Ideas, de la Casa de la Cultura, y con su rector, Hernán Malo González, crea la Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano. Los ecuatorianos, de su mano, se reconciliaron con ellos mismos. Había filosofía en Ecuador.

Retorna a Mendoza, a su vieja cátedra de la Universidad Nacional de Cuyo, con el regreso de la democracia. Allí se queda a pesar de ser un incansable viajero. Lo sobrevive su obra y el recuerdo. Por eso, en esta hora difícil, de escasas palabras, de memoria y homenaje, José Martí viene en nuestra ayuda, para decirle simplemente que: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.



Silverio Enrique Escudero









Roberto Arlt: Demoliendo modelos



Jorge Torres Roggero




En 1926, Enrique Santos Discépolo escribió Qué vachaché. Lo estrenó en Montevideo y resultó un estruendoso fracaso.

El autor, recordando el comentario de un uruguayo a la salida del teatro: “este hombre no volverá a escribir un tango”, asegura que, en realidad, la letra no era mejor ni peor, era distinta, “enfocaba la vida de otro modo”. En ese mismo año, Homero Manzi escribe su primer tango: Viejo Ciego. También publican otros poetas que estuvieron cerca del tango: Nicolás Olivari, Musa de la mala pata; Raúl González Tuñón, El violín del diablo. Crece la narrativa: Ricardo Güiraldes edita Don Segundo Sombra; Horacio Quiroga, Los desterrados y Eduardo Mallea, Cuentos para una inglesa desesperada.

Es en ese prolífico año que Roberto Arlt inicia un tipo de novela que, de acuerdo a la predicación de Discepolín, “enfocaba la vida de otro modo”. De paso desenmascaraba la moralina que juega a las escondidas tras “las grandes palabras”, o anda de “disfrazao sin carnaval” con el taparrabos de la antepenúltima moda o teoría europea, norteamericana o rusa como se quejará poco después, Raúl Scalabrini Ortiz en El hombre que está solo y espera.

En el Juguete Rabioso, que Arlt había bautizado La Vida Puerca en un intento de fonetizar la maldición de nuestros abuelos italianos (la porca vita!), dejó pasar a la escritura los sonidos y la furia de la realidad que, aunque parezca mentira, no es sólo discurso, existe. Pasó así del “placer del texto”, especie de autoerotismo postmodermo, a la “terrible alegría” que para emerger debe configurarse con “requechos” de discursos mutilados, con las hilachas sueltas de textualidades en derrota. Esta operación es imposible si no se concretan incursiones previas y constantes de cirujeo por los basurales del texto canónico que, a pesar de todo , no deja de ser un telar mágico. Es un acto de sobrevivencia que consiste en rescatar las hebras o hilachas que conectan a la gran trama geocultural del sentido profundo, es decir, al geotexto que es global y particular al mismo tiempo, expresa a la nación y al mundo y está construida como poética del espacio-tiempo. Necesita, por lo tanto, emisores y destinatarios con nuevos órganos de percepción y exploradores de nuevas zonas de prospección y explotación de reservas semánticas que siempre son renovables. Toda modelización no apresurada no puede dejar de reconocer que sólo el balbuceo contiene lo nuevo, como la “pavita de agua” de Macedonio Fernández que “aprende de nuevo a silbar cada vez que la ponen al fuego”.

Ahora bien, esta convocatoria al climax geocultural de El Juguete Rabioso tiene que ver con ciertas recurrencias discursivas que suelen organizar la retórica fatalista de los relatos periodísticos. En efecto, las palabras vandalismo, vándalo, vandálico, y expresiones como acción vandálica, hechos vandálicos acaparan titulares y centran semánticamente casi todos los párrafos de las crónicas que dan cuenta sobre las fechorías desatadas por adolescentes en sus propias escuelas hasta que según el cronista se “convierten en lugares inapropiados para educar”.

Se prueba y contraprueba, además, que los destrozos y saqueos provienen “en su mayoría de menores de edad” y, con frecuencia, de alumnos o exalumnos de los mismos establecimientos. A partir de estos datos por todos conocidos, se me ocurrió desenredar la desmadejada urdimbre del texto de Arlt.

El juguete rabioso

Recordemos que el protagonista de El juguete rabioso, Silvio Astier, es un adolescente de catorce años. Según Raúl Larra (1950): “Es la adolescencia de los de abajo lo que este libro refleja”.

El primer capítulo se titula “Los Ladrones” y cuenta las aventuras de la banda organizada por Silvio y sus amigos. Son seres caídos en el desamor, la humillación, la desocupación. Se mezclan el hijo del inmigrante y el de familia venida a menos. Los jóvenes deciden crear un Club de Ladrones, porque el dinero “adquirido a fuerza de trapacerías” les parecía “más valioso y útil”, “les hablaba con expresivo lenguaje”, “les susurraba en las orejas un elogio sonriente y una picardía excitante”, era “un vino generoso que arrastraba a divinas francachelas”. En otras palabras, están hechizados por el poder mágico del dinero instituido como lengua social básica y patern organizador del sentido.

Estos jóvenes saben sobrevivir con astucia, saben cuerpear la goma de la yuta y devoran los folletines que les provee un zapatero andaluz deforme y cojo. Los folletines vendrían a ser el equivalente de las series e “informes” actuales: por un lado instauran modelos; por otro, estigmatizan al propio lector como no culto, como carente de los saberes legitimados por la sociedad. Marginados de los bienes materiales y culturales, eran chusma.

Pues bien, los jóvenes, entre otras fechorías, deciden saquear la escuela. Como Diego Corrientes, el héroe de las novelas por entrega, esperaban dar al pobre lo que le quitaban al rico y tener una mujer en todos los cortijos. Marchan ya los adolescentes a robar la escuela. Los acecha el temor, los empuja la atracción del peligro: “No hay más que saltar la verja que da a la calle y al patio”, dice uno.

¿Qué esperan robar? La biblioteca. ¿Qué libros eligen? Los tomos que puedan valer más dinero al venderlos. A lo mejor alcanza para una Browning. Junto con los libros, cargan sus frustraciones: “el profesor de geografía me tiene rabia”, “Eleonora no quiere ser más mi novia”. Por eso se otorgan desquites: uno carga con la geografía de Malte Brun; otro, con los poemas de Charles Baudelaire. ¿Cuánto roban en definitiva? Treinta bombitas eléctricas y un pesado lote de libracos. ¿Qué esperan de su robo? Unos cuantos pesos y también poesía, luz. En realidad su robo nada tiene que ver con los grandes negociados que han azotado a la nación desde los primeros gobiernos patrios tal como lo denunciaran en sus habladurías los conversadores gauchos de Bartolomé Hidalgo. Se parecen más bien a Vizcacha, otro excluido: “lo que juntan” los chicos es el esquivalente a las guascas amojosadas, la pava abollada, el poncho harapiento y las argollas que se había agenciado el buen viejo del Martín Fierro.

Cuando regresan, están a punto de ser apresados. Terror. Angustia. Y la superación del trance por la aceptación del riesgo, por la opción del peligro como afirmación existencial. Soy reo, luego existo: “hubiéramos querido despertar a los hombres para demostrar qué regocijo nos engrandece las almas cuando quebrantamos la ley y entramos sonriendo en el pecado”.

Por cierto, los adolescentes de hoy no roban, en general, libros pero sí sucedáneos culturales: equipos de audio, trebejos deportivos y en lugar de quedarse con un libro de poemas, se reservan un CD lleno de sonidos capacitados para vencer la imposibilidad de alguna esquiva Eleonora. Pero, a lo mejor, como los protagonistas de El juguete rabioso, también marchan “estremecidos de coraje sonoro”, “de sabrosa violencia”, dispuestos a “romper lo mediocre” y escuchando “las palabras tristes escondidas en el corazón del hombre”.

Desarmando escuelas

En 1926, “y en el dos mil también”, la solución parece consistir en estudiar sistemas de seguridad, disponer “la guardia permanente de las escuelas” y en comprobar que no alcanza toda la policía para lograr el objetivo. Ayer como hoy, la imaginación de los medios de comunicación no alcanza más allá.

Traemos, entonces, algunas reflexiones que no nos pertenecen, pero que pueden aportar a la dilucidación del problema.

La cuestión, dice el brasileño Luis Roberto Alves, consiste en que “descubramos que el príncipe está vestido de mendigo” (1986,130). Plantea que “las áreas periféricas urbano-industriales están proponiendo políticas de cultura”.

Parte de estas comprobaciones: 1) en esas concentraciones importa la diversidad cultural sobre todo por sus “riquezas y diferencias”; 2) una política cultural coherente debe advertir que la diferencia es una expresión de creatividad y por lo tanto cabe preguntarse con qué patrón se establecen los niveles de calidad, quién mide “los grados que separan lo ignorante de lo culto”; 3) por lo tanto la ignorancia y la cultura son reveladores de patrones impuestos.

Los grupos populares han comenzado a decodificar y usar los instrumentos tecnológicos de tal modo “que ponen en jaque el modelo y los clasificadores emergentes del mismo: “Un baile popular es diferente de un festival de Fellini, pero es igual en importancia, porque responde a los intereses de los receptores reales, así como los varios niveles de lenguaje satisfacen las necesidades de comunicación de los hablantes concretos”(130).

Un ejemplo burdo, adaptación sin desarrollo, podría ser este. Los sectores dominantes de la ciudad de Córdoba, Argentina, reproducen el modelo europeo de cultura (museos, teatros, parques) como forma de reproducir simbólicamente su pasado y legitimarse como “como protagonistas, representantes y portavoces” de la historia de todos. Entonces, los maestros llevan, por ejemplo, a los alumnos al museo: visita gratuita, obligatoria, previas advertencias y amenazas sobre comportamientos, gestos, modulaciones de voz.

Ahora bien, los fines de semana, el “pueblerío” prefiere jugar al fútbol en los espacios verdes y refrescarse bajo los árboles del Parque Sarmiento. Los chicos juegan en las escalinatas del Museo Caraffa y el Teatro Griego, se bañan en cualquier fuente o chorro de agua, montan los leones del monumento de Manuel de Falla. Un cronista de LA VOZ DEL INTERIOR (05/08/2000, p.13 A) recoge esta risueña queja de la vecina María Isabel: en algunas zonas del parque “reina la anarquía total, no se puede pasar por la vereda porque las pelotas vuelan sobre la cabeza de la gente”.

En realidad se trataría de una muestra de heterogeneidad cultural: la discrepancia entre los realizadores y los usuarios del museo y la escultura. Usar un monumento de un modo distinto al previsto no sería entonces anarquía, ni vandalismo, sino transformación simbólica, redefinición de funciones de las instalaciones de acuerdo a las propias necesidades y concepciones. En otras palabras, los lugares, cuando se pueblan, también textean.

Veamos ahora algunas conclusiones de Alves. Tienden, sin duda, a enfocar de un modo distinto el problema de los saqueos y destrozos en las escuelas. Citamos:

1) El poder público: “tiene la obligación (si quiere ejercer un gobierno democrático) de respetar las hablas sociales en sus particulares circunstancias de la vida”;

2) La ignorancia: En lugar de pretender sacar a las personas de la ignorancia, debería oírlas para conocer el saber específico de las mismas;

3) La distribución de recursos: “considerará esa igualdad (todos saben), dentro de las diferencias”;

4) El uso de los bienes públicos: las escuelas construidas para educar parecen estar dirigidas a imponer ideales culturales de “los que mandan” y a inculcar los valores patrióticos desde la perspectiva de los dueños del poder;

5) El abismo entre escuela y población: “se agranda en los sectores periféricos y por eso “ocurren depredaciones, saqueos y otras formas de violencia contra la propiedad escolar” y contra los docentes;

6) Las autoridades educacionales: deberían “descubrir que el pensamiento y la expresión de los especialistas y propietarios de la escuela están separados por un abismo de los posibles interlocutores”. Por eso espejean “la alienación, la distancia y la rebeldía”.

Por último:

“Los especialistas en educación (…) deberían descubrir cabalmente las formas especiales de saber de los receptores y vecinos de la escuela, para que esta sea de ellos no sólo en cuanto a su imagen externa, sino como realidad interior y como instrumento materializable, día a día, para el uso comunitario”

Hasta aquí, una armazón de citas mutiladas. Su objeto, ayudar a desarmar ese juguete rabioso de las escuelas saqueadas. Des-armar en doble sentido: desarticular para conocer mejor la realidad y requisar los instrumentos de cualquier violencia.

Bibliografía consultada:

ALVES, Luis Roberto, 1986: “Comunicación y cultura popular: la prosopopeyas del camino en medio del remolino” (en: FESTA, Regina et alii, Comunicación popular y alternativa, Buenos Aires, Ed. Paulinas.

ARLT, Roberto, 1950, El juguete rabioso, Buenos Aires, Ed. Futuro

FERNANDEZ, Macedonio, 1993: Museo de la novela eterna, Madrid,Coedición FCE e alii

LARRA, Raúl, 1950, Roberto Arlt, el torturado, Buenos Aires, E. Futuro

LUGONES, Leopoldo, 1921, El tamaño del espacio. Ensayo de una psicología matemática, Buenos Aires, El Ateneo







Así se baila el tango

Apreciaciones sobre los roles de género y el erotismo en el tango







Abordar cuestiones como la temática de género y la sexualidad, ya sea dentro o fuera del tango, no deja de ser una tarea por demás dificultosa y controvertida. Sin embargo, realizar un acercamiento a la temática nos permitirá abrir interrogantes y cuestionamientos que enriquecerán nuestro conocimiento de esta pasión que es el Tango.

Toda expresión social posee un discurso “oficial”, es decir, una manera de definir los hechos y las cosas que se comparte socialmente. ¿Cuál es el discurso del tango? Los autores de letras, los compositores, las milongas, las esculturas y pinturas, los escritos, los videos, las publicaciones gráficas y las digitales, las parejas de baile, los espectáculos y shows…, todo eso nos habla del mundo del tango y de una definición de cómo deben ser las cosas en este mundo.

Ese discurso nos dice cosas tales como:

• Sobre la pareja: está conformada por un hombre y una mujer, que bailan abrazados, el hombre guía y la mujer es guiada;

• Sobre la modalidad de aprendizaje: en las clases, los hombres aprenden a guiar y las mujeres aprenden a dejarse llevar;

• Sobre las letras: gran parte de las letras de tango son melancólicas, hablan de hombres con el corazón roto por una mujer que se fue o que les fue infiel; otro grupo de letras de tango hablan del amor del hombre por su madre santa; la mayoría de los compositores de tango y letristas son hombres, por lo que las letras hablan generalmente de historias que cuentan hombres;

• Sobre los iconos del tango: el bandoneón y el farol de una plaza, como imágenes características; el sombrero tanguero, pañuelo al cuello y zapatos de dos colores para los hombres; la pollera con tajo, las medias red, la boca roja y los zapatos de tacón para las mujeres;

• Sobre la música en las milongas: la mayoría de los temas que se escuchan están cantados por hombres, siendo las mujeres intérpretes una clara minoría.

Esto es más o menos así, a grandes rasgos y sin entrar en casos particulares o análisis más profundos, que no vienen al caso. Gran cantidad de autores han abordado este tema de manera sistemática, aportando desde la teoría al conocimiento que el mundo entero tiene del tango argentino.

En este artículo, la intención es solo presentar algunos ejes que pueden ayudarnos a comprender parte de las aristas de un tema que resulta inagotable, por lo complejo y por la carga valórica social que se le otorga.

Heterosexualidad y Erotismo como elementos fundamentales en el Tango: el discurso oficial

En el libro Tango y Género, Magali Saikin analiza la temática del género presente en el tango (refiriéndose tanto a música y letristas como a la danza en sí) que han permitido adjudicar determinadas características a lo masculino y lo femenino, para definir de esta manera los roles de género. La autora reconoce que, desde el paradigma heterosexual y con una fuerte impronta machista, “el discurso tanguero (…) es un discurso codificado” que plasma la relación HOMBRE-MUJER como una “oposición binaria básica (…) donde la característica principal de esta relación es que no es simétrica sino jerárquica”.

Es decir, cualquiera de nosotros puede reconocer que ciertamente existe una idea compartida socialmente sobre el hombre tanguero – la mujer tanguera, sobre la manera en que debe estar compuesta una pareja de baile y sobre cómo son los hombres y las mujeres definidos en las letras de tango. Esa idea compartida, estemos o no de acuerdo con ella, no es más que la clara prueba de la existencia hegemónica del paradigma heterosexual presente en todos los aspectos y espacios de nuestra vida social.

Seguramente a muchos de nosotros jamás se nos ha ocurrido cuestionar esta fuerte premisa de la heterosexualidad, resultando así que la pareja de bailarines compuesta por un hombre y una mujer está naturalizada al punto de resultar poco probable sino inconcebible otra combinación. Tal es así que cuando vemos dos hombres o dos mujeres bailando entre sí, entendemos que es parte de una broma del momento o una circunstancia fortuita, totalmente excepcional.

Dice Saikin: “En ningún otro sitio es el hombre más varonil (macho) y la mujer más femenina (hembra). En ninguna otra danza el erotismo está tan presente y el abrazo es tan pasional: el Tango Argentino ofrece el sitio OFICIAL por excelencia a la heterosexualidad”.

Puede pensarse, entonces, que en este discurso oficial del tango se encuentran presentes una definición de lo masculino y lo femenino con características propias que se relacionan a la construcción del género que se fue dando a través de la historia, en los espacios donde el tango se desarrolló y en todas las culturas en general.

Al respecto, Saikin hace una caracterización que permite acercarnos a estas definiciones de género, diferenciando dos etapas históricas en las letras de tango:



Tango prostibulario

Hombre: ejerce el castigo corporal por su superioridad física, es vivo, suspicaz, calculador, mentiroso, interesado y materialista.

Mujer: sufre el castigo corporal por su inferioridad física, es tonta, ingenua, desinteresada (da todo por él), idealista y es engañada y explotada.



Tango adecentado

Hombre: posee superioridad moral, es fiel, ingenuo, idealista, generoso (da todo por ella), no miente y perdona.

Mujer: posee inferioridad moral, es infiel, calculadora, mentirosa, materialista, egoísta (exige todo de él) y abandona.

La autora se refiere a estos dos momentos históricos, apuntando a la inversión de valores en uno y otro, pero siendo siempre definidos desde el discurso masculino y la expresión de los hombres sobre la mujer fantaseada. Magali Saikin no sólo aborda la discriminación provocada por este “modelo hegemónico machista y heterosexual” sino también apunta a las dificultades que han tenido las mujeres intérpretes en el tango, que han debido masculinizarse para obtener un lugar oficial dentro de la historia.

Tenemos, entonces otro punto importante para el análisis: la mujer, en el tango, se encuentra definida desde un discurso ajeno a ella misma ¿pero aceptado? Igualmente, y ya ampliando el alcance respecto a la construcción de los roles de género en la actualidad, ¿nos sentimos identificados, tanto hombres como mujeres, con las identidades creadas en las letras?

También en el desarrollo de la danza, el rol de hombres y mujeres se fue construyendo desde la supremacía masculina, planteándose la sumisión femenina como un valor indiscutible.

Al respecto, he podido acceder a varias publicaciones y artículos periodísticos donde se plantea la “desigualdad” existente en la definición de los roles en el baile. Desigualdad que se plasma en los conocimientos que deben adquirir hombres y mujeres para bailar. “Esta desigualdad radica, lisa y llanamente, en una diferencia de saberes. Mientras que el hombre-conductor es el depositario de la mayor cantidad de información, en relación a pasos y movimientos, la mujer-conducida es enseñada desde el principio a dejarse llevar, y el placer de la danza aumenta en la medida en que ella presenta menos resistencia y él mayor decisión.”, expresa Mariana Falcón.



La homosexualidad negada y excluida: el discurso oculto y lo no dicho



En su libro, Saikin realiza un recorrido analítico sobre las letras y el desarrollo histórico integral del tango, descubriendo ciertas “marcas” que el discurso homosexual intentó dejar como testimonio, siempre oculto tras los códigos heterosexuales y desde un lugar de exclusión y negación. La autora analiza letras donde la homosexualidad aparece disfrazada: “…en cuanto me puse a investigar surgieron huellas muy claras de homosexualidad en el tango…”, expresa.

Ocurre que este fenómeno no es más que una muestra de cómo se ha desarrollado la construcción de género en toda sociedad y en todos los ámbitos de la vida social, política y cultural. Y al igual que en estos ámbitos, la homosexualidad ha ido buscando y elaborando estrategias para legitimar sus espacios y su derecho a ser respetada.

Por eso podemos ver cómo en diferentes lugares, de Argentina y del mundo, fueron apareciendo las milongas gays. Recurso que a mi entender es totalmente válido, pero que continúa siendo una expresión y una clara muestra de la exclusión y la marginación a la que está condenada la comunidad gay. Yo diría que habremos logrado el ideal de respeto, tolerancia y convivencia cuando en cualquier milonga podamos ver parejas de baile conformadas por personas del mismo sexo sin que ello constituya una “rareza”, una “curiosidad” o una excepción.

Pensemos, sino, en el movimiento de lucha que se está dando en este momento a nivel legislativo para el logro de las igualdades y el derecho a la identidad.

Es decir, ¿podremos algún día comprender que el paradigma heterosexual no es más que una construcción social que alcanzó un poder tal como para determinar lo aceptado y no aceptado en cuestiones de género?



Nuevos movimientos contrahegemónicos: Cambio de roles y ruptura con el paradigma del erotismo

Nada en la sociedad permanece estático, ningún modelo sociocultural resiste las influencias de nuevas propuestas y maneras de “hacer las cosas”. El tango no es una excepción. Hace ya unos años que se vienen desarrollando lo que podríamos denominar como nuevos movimientos contrahegemónicos que poco a poco van generando espacios de expresión y de enriquecimiento de las prácticas cotidianas, tanto en el baile como en la música.

Al respecto, recomiendo la lectura del estudio que realiza María Mercedes Liska, etnomusicóloga, quien expresa: “La práctica actual del tango en la Ciudad de Buenos Aires atraviesa por un proceso de diversificación a la manera de un mosaico cultural. Por un lado, el baile se nutre de nuevas experiencias como la exploración corporal del Tango Nuevo o el intercambio de roles en el Tango Queer. Por otro, la música recibe los aportes de las nuevas orquestas típicas y otras formaciones, con una renovada impronta “rockera” y la incorporación de tecnologías digitales en el proceso creativo del tango electrónico. Estas experiencias debaten su pertenencia al género y disputan su sentido en procesos sociales que dictan una ruptura con el mandato canónico del tango, a la vez que pretenden ser resignificados según preceptos culturales vivenciados por un sector de la clase media porteña” (Liska 2008)

Esta autora analiza, entre otras cosas, las modificaciones que introducen estos movimientos en una búsqueda de nuevas maneras de construir los roles de género en el tango, haciendo referencia principalmente a la ruptura con el paradigma del erotismo como componente de la danza. Tanto el tango nuevo (con la propuesta de la separación de la pareja de baile y el mayor espacio en el abrazo) como el movimiento de Tango Queer (con la propuesta del cambio de roles y la elección libre de la pareja de baile en cuanto al género) se presentan como nuevos discursos que buscan legitimar otras búsquedas en la danza y el movimiento, permitiendo la aparición de lo antes oculto o excluido y brindando la oportunidad del logro de mayor equidad en el aprendizaje. Eso sí, se presentan con nuevas definiciones o “estilos” de tango, quedando excluidos del oficialísimo Tango Salón.



Podemos estar o no de acuerdo, podemos participar o no de estas propuestas aún en surgimiento, pero lo cierto es que nos brindan un abanico aún más amplios de posibilidades de elección a la hora de acercarnos al tango. Al ampliarse las opciones, se permite la existencia de la diversidad. Y la diversidad siempre es enriquecedora. Porque, yo creo, cuantas más opciones de elegir tengamos, más libres seremos.

Ana César



Bibliografía para leer sobre el tema:



Liska, María M. – “El cuerpo en la música. La propuesta del tango queer y su vinculación con el tango electrónico” - Boletín Onteaiken No 8 – Octubre 2009

Falcón, Mariana – “Tango Queer Buenos Aires” – en www.tangoqueer.com

Saikin, Magali – “Tango y Genero – Identidades y roles sexuales en el Tango Argentino” – Edit. Abrazos - 2004







Al maestro con cariño – Carlos Gardel por Hermenegildo Sabat





El Tango

Héctor Aldo Valinotti




Para Sábato, el tango es un pensamiento triste, que también se baila ¿Qué tipo de tristeza? Las que traen los recuerdos nostálgicos, las cosas no resueltas, aparecen los amigos, las minas, el barrio perdido, la madre.

¿En qué contexto? En la soledad, en un día de lluvia (gran promotora de recuerdo, por la noche, en compañía de unas copas.

Al principio el tango es un baile de hombres solos: las compañeras hay que pagarlas (milonguitas). Tampoco tiene letra: el primero que se canta es “mi noche triste”.

Hay algunos temas que los tangos evitan: los hijos y la esposa (aunque nombra muchas veces a la mina, la paica, la jermu, etc.).

Tampoco se menciona al trabajo o “laburo” salvo cuando se lo deja (“dejé el laburo y me metí en la huella”). También cuando se incita a trabajar a otro: “compráte la prensa, buscáte trabajo, ganáte tu pan” (tango “Buzón”).

Laburar no tiene sentido ya que “es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de las minas o está fuera de la ley” (Cambalache).

No hay un lenguaje tanguero, este puede ir desde el lunfardo-carcelario de El ciruja hasta el romanticismo del Día que me quieras.

Lo que es permanente es la frustración de lo que no fue pudiendo ser. De allí la nostalgia y el acordarse. La vida del tanguero y sus allegados no debe haber sido buena: “la viejita que lava toda la semana” y la mina “que no tiene casi nada que ponerse” (Tango “Cuando se fue”). El hilo se cortaba en esta última que, por lo general optaba por irse del bulín, después de poner al marido, de rodillas, sin moral y hecho un mendigo (Tango “Esta noche me emborracho”).

No hay alegrías en el tango.

Esta historia se repite siempre, se repite hasta el cansancio.

Y no hay alegrías aunque el protagonista se enamore. En este caso más bien entra en un cuadro confusional donde pierde hasta su propia identidad, dice: “decí por Dios que me has dao, que estoy tan cambiao, no sé mas quien soy” (Malevaje).

Todo un tema para tratar, en rueda de amigos, EN EL CAFÉ. Pero esto merecería un capítulo aparte.



Héctor Aldo Valinotti





Chachá Fernández

Su fallecimiento



En la madrugada del sábado –hora tanguera- si las hay.- enmudecieron al unísono los pianos de la ciudad, intuyendo desolados, con la intuición de la música –la intuición más rápida y profunda que existe-, la muerte de Chachá Fernández. Nacido Horacio Héctor allá en Jovita, hace apenas setenta y dos años, instaló su apodo en Córdoba para, durante largas décadas, transformarse en un ícono de la música popular en su versión más carnal y gregaria; aquella que suma amigos a la rueda donde se canta y se escucha con similar y respetuosa unción.

Para imponer ese respeto muchas veces ausente en las peñas al uso, prefirió instalar sus propios y selectivos ámbitos, en los que, antes de franquear la puerta, se verificaba por una pequeña mirilla si el recién llegado calificada para el lugar y su impronta. Primero fue “ El Refugio de Chachá!”, allá por los 60 en la calle Rioja; luego en los90, el emblemático “Tiempos Viejos”, de la calle Rio Negro. En el primero, acorde con los tiempos, sentaba sus reales el folklore; el segundo, fue un santasantorum del tango, donde acompañados – y muchas veces guiados- por el piano de Chachá, pasaban los cantores rigurosamente regimentados a razón de “dos canciones por barba” según la regla democrática que autoritariamente había impuesto, para que se dieran el gusto los que iban a cantar sin saberlo, y para que nos diéramos el gusto de escuchar a los que sí sabían (Chabela, Héctor Alvarado, Ramón Martínez,, Hugo La Valva, Marcos Marchini…). Alguna vez se permitió infringir la regla, porque quién cantaba era el Polaco Goyeneche.

Nada en la música le era ajeno pero en el tango concentraba sus mayores desvelos como músico y como exigente público. Fundador de la filial cordobesa de la Academia Nacional del Tango –su primer vicepresidente- impulsó cuanta reunión sirviera al género, inyectando en dosis iguales su agudo humor y su filoso malhumor, especialmente frente a los peores delitos de su particular código: las desafinaciones y los destiempos.

Devoto de Salgán, el piano era su herramienta insoslayable, pero no única. Guitarra en mayo, ponía el acorde justo a cada sílaba y con su voz pequeña y apagada podía afinar cada melodía al servicio de las mil y una letras que recordaba con increíble memoria.

Pero la semblanza sería mezquina, insuficiente y –por tanto-insalvablemente mentirosa si se agotara en las manos y en la garganta. Detrás y alrededor estaba su enorme corazón de amigo consecuente, fraterno y preocupado, atento y solícito, tan abarcador como el vacío que hoy nos deja, tentados de desafiar al destino con la ilusión de Cátulo:”total, al fín, nada es cierto; si estás, hermano, despierto…”.



(Publicado el día Martes 12 de junio de 2012 en el Diario Hoy Día Córdoba)



Chachá Fernández a quién tuvimos el gusto de conocer, era el padre de la fundadora, colaboradora y amiga del ¡Basta ya! Boletín Literario, María Renée Fernández Lawson.







Cine: Violeta se fue a los cielos









Violeta se fue a los cielos es una película del director Andrés Wood estrenada el 11 de agosto de 2011. Filmada en Chile, Francia y Argentina, la película narra la vida de la cantautora chilena Violeta Parra. El guion estuvo a cargo de Andrés Wood, Eliseo Altunaga, Guillermo Calderón y Rodrigo Bazaes, con la colaboración de Ángel Parra, hijo

de Violeta Parra y también músico de la llamada Nueva Canción Chilena.



El filme, que está basado en la biografía escrita por Ángel Parra, no sigue una línea cronológica directa, y se sitúa en distintos escenarios de la época de Violeta Parra. Se muestra a la niñez de Violeta en alguna parte de la provincia de Ñuble, los viajes que Violeta realizó al interior del campo chileno, en busca de canciones populares chilenas para evitar que se perdieran, un viaje a un campo minero del sur Chile con una compañía circense, donde cantaba junto a su hermana Hilda, el viaje de

Violeta a la Polonia comunista, su estadía en Francia y la exposición de sus trabajos visuales en el Museo del Louvre, su regreso a Chile y la construcción de la carpa de la Reina, y toda la película entrelazada por fragmentos de una entrevista televisada que Violeta realizó en Argentina en el año 1962.

Entrevista

Periodista: Violeta, su padre ¿Que le dejó a Ud.?

Violeta Parra:¿A mí?

P: Si, a Ud.

VP: Nada.

P: ¿Nada?

VP: Nada de nada, ni tierras, ni propiedades, porque lo perdió todo jugando a la brisca, no me dejó nada, solo una guitarra vieja.

P: ¿Una guitarra? Pero su padre era un profesor, algo más le tiene que haber dejado.

VP: Y para que, si la guitarra que me dejó estaba llena del canto de los pájaros.



Sigue la entrevista más o menos así:

P: Así que entonces Violeta Ud. acepto viajar a Polonia.

V P: Si.

P: Pero Ud. sabía que Polonia era un país comunista.  Ud. es comunista

V P: No para nada. Mire yo soy tan comunista que si me pegan un tiro me sale la sangre toda roja.

P: Bueno, a mí también si me pegan un tiro me sale la sangre roja.

VP:¡Qué bien compañero!







Escucho la voz

quebrarse en el espejo



miro las manos

que en simulación

acarician el cristal

dedos dibujando el contorno

de unos carnosos labios

me figuro que

pasas tu boca

en los senos en flor

recién abiertos.

Te la imaginas parada

frente a la ventana

entonces

pareces estirar

los brazos simulando

un abrazo de sombras

simulando un encuentro.

A veces

todo parece

tan real.

Lelia Recalde Deponti





Caleidoscopio - Julio Taborda Vocos

a Benoît Mandelbrot, padre de los fractales



Voy apareciendo …

entre rojos, ámbares,

centelleantes reflejos,

dorados pétalos

y cielos púrpura.

Mis ojos, van apareciendo.

Mis dedos y mis labios,

se enciman y agrandan.

Soy una hoja

en sigiloso vértigo,

que cae y gira

en un mar untuoso;

entre burbujas y espejismos

juego

en este laberinto suspendido.

Toboganes de luz

me derraman desde la interfaz

que trato de acariciar y me convoca

hacia la densa periferia,

donde un corazón opaco

me transforma

en un sentimiento…

cual un torso difuso e inmaterial,

concentrándose

hacia un punto sensible,

individualmente completo.



¡Aún estoy aquí!…

El tiempo no transcurre;

es una vorágine!...

un sinfín fluido

que se agita desde un faro

transparente y extendido

en el universo.

Luces me atraviesan

y se reflejan

agitándome por dentro

con cadencias de una danza,

que desgrana mis moléculas.

Fuiste

el ojo de la cerradura,

la palabra mágica,

el acertijo sirenio.

Por ti alcancé

la -cortadura irracional-

una “rosa de los vientos”

donde se entroncan

planos espaciales,

el tiempo y la luz.

Tenía en mí

la energía necesaria

cuando conjugué

la fórmula

por primera vez

-y te inventé-



Forjé con ansias

tu contorno

y te puse a caminar

a mi lado.

Trayéndote frente a mí,

alineé tus ojos con los míos,

inspiré profundo

y cálidamente

te besé.

De súbito

retorné

a través de ti

al centro de un mar añil…

Mis dedos, se agrandan,

... mis labios.

... y mis ojos.

Emerjo hacia el límite

que me contiene

detrás,

anhelando

te configures

piel suave, íntimas caricias,

respiración cercana,

ternura meciéndose

sobre mi pecho…

para asperjarme

en ti

y estar contigo.

Para rezumarme,

refundar mi ser

y en mi interior colmado

… estar contigo!







Así



te has desdibujado

de tu centro sale viento

arremolina

se te escapa todo

vuela cada parte

a manotazos recoges los jirones

queda tan poco enredado entre los dedos

vacío insoportable

ni siquiera un recuerdo

que te habite

dolor

tan pesado él

no hay nada que lo mueva

trabaja lentamente

teje lo volado

duele doblemente ahora

lejos escuchas la risa

quieres inventar cómo es sentir una caricia

nada es en vano

tendida

perdida

volverás poco a poco

a la forma

al límite preciso que una mano toca

Ana Paulinelli




Antes del crepúsculo




Sierra de Guadarrama

tu tierra tu cuna tu cuerpo

frescura del cielo

prodigio tu fronda

alboroto de pájaros

escondite del viento

casita de la infancia



Sierra de Guadarrama

tu tierra tu hueco tu alma

silencio de pájaros

cayeron tus muros

esqueleto hacia el olvido



Árbol de Guadarrama

Espera

no tales tu vida

¿Ves ese pájaro? Aún te busca.



Stella Maris García Arboreto de Guadarrama (serie: Otoño en Madrid)

Fotografía de: Federico Aprile García











Cinema Paradisso cordobés



Andrés Pozzo. 85 años. Jubilado, Más de cuarenta años en el cine, precisamente en la Compañía Cinematográfica Cordobesa. Sabe de cine tanto como de fútbol, ya que puede nombrar sin problema los jugadores de los combinados nacionales que disputaron todos los mundiales. Hincha de San Lorenzo y de Peñarol de Arguello. Natural de Oliva, criado en Cosquín, vive en Arguello.

Me contó cómo era el tema de los cines en la década del 50 y 60 en Córdoba.

En esa época, comienza añorando, en Córdoba había muchos cines. Quizás actualmente haya más, pero “era distinto”.

“Desde Colón al Centro, estaban el Gran Rex, el Opera, el Cervantes, el Novedades, el General Paz, el Grand Palace, el Real. También estaban el Odeón, el Cine Mayo, en calle 25 de mayo. Después vino el Cinerama, con el llamado Cinemascope.

Este, por ejemplo era un cine de estrenos. Luego de una semana la película pasaba al Opera, ubicado en Rivera Indarte, entre Colón y 9 de Julio, en plena peatonal, que era un cine intermedio o de pase.

El Cervantes estaba ubicado al lado del Opera y allí se programaban las películas de acción, preferentemente de vaqueros, de cowboys, (convoyes le decían en las primeras épocas).

El Grand Palace, estaba ubicado en la primera cuadra de calle San Martín, y se pasaban las películas de Olmedo y Porcel, con la característica que en su mayoría iban hombres. Actualmente hay una tienda de venta de ropa. El General Paz, ubicado en calle Rivadavia, era un cine importante, con muchas plateas, de estrenos también. Ahora hay una iglesia evangelista.

El Odeón, ubicado sobre calle 9 de julio, pasaba dibujos animados, en tanto que el Real cine-teatro, ubicado al frente de la Plaza San Martín, se dedicada exclusivamente a películas argentinas o españolas que tenían su público; filmes de Pedrito Quartucci, de Luis Sandrini. El Gran Rex, no es actualmente de la compañía, (que en Córdoba solo tiene el Cinerama, dividido en cuatro salas). En aquél entonces se hacían espectáculos; allí actuó Vinicius de Moraes, por ejemplo y también Joan Manuel Serrat, a principios de la década del 70.

El cine Novedades estaba ubicado sobre calle San Jerónimo y pasaban películas de Isabel Sarli, las que ahora serían condicionadas. El Moderno era llamado popularmente como “La piojera” y estaba ubicado en Av. Colón, en Barrio Alberdi.

Otro cine era el Gran Avenida estaba en Av. Olmos al final, en donde hay actualmente una iglesia también”.

Andrés recuerda que las películas venían en latas, de dos, tres o más rollos, de acuerdo a la duración, se pegaban y todos los cines tenían dos proyectores, y con un pedal se sincronizaba cuando terminaba un rollo y empezaba el otro. Había que ser muy canchero para que no se notara el paso de un rollo a otro. Recuerda de un proyectista que era “un genio” y nadie se daba cuenta cuando pasaba de uno a otro, sino las imágenes salían muy rápidas o movidas o se quedaban fijas.

“En cada cine había dos operadores. Además estaba el boletero, el acomodador, el vendedor de caramelos, palito bombón helados. Ahora en el Cinerama hay un solo operador para las cuatro salas, porque las películas están en un solo rollo grande y se programan de tal forma los horarios para que una sola persona pueda manejar las cuatro salas sin inconvenientes.

Antes los proyectores tenían unos carbones y por ahí se calentaban y las películas se quemaban. O a veces se despegaba y se cortaban.

En algunas oportunidades se programaba la misma película en dos o tres cines y entonces los carreros de las compañías distribuidoras y ellos mismos inclusive, los boleteros, tenían que andar con los rollos de aquí para allá por toda la peatonal para sincronizar bien los horarios, porque tenían una sola copia.

Estas alquilaban en las propias compañías, como la Metro Golden Mayer, la Warner Bross, la Universal, etc. que tenían sus locales en Córdoba, con un gerente, un programador y seis o siete empleados.

Continúa diciendo que: “cada barrio de Córdoba tenía sus cines. Recuerdo que Alta Córdoba tenía dos, Alberdi uno, Arguello tenía su cine, que no era de la Cia., además de las localidades del Interior, como Villa Allende, La Calera, Carlos Paz, Cosquín, Unquillo, Oliva. Todo eso se fue perdiendo, un poco la televisión tuvo la culpa y ahora existen estos cines norteamericanos nuevos chiquitos, pero con un sonido impresionante que están en los shopping”.

También recuerda que en calle General Paz estaba el cine Sombras, donde pasaban películas que ahora se llaman de culto, como las de Ingmar Berman, se realizaban cine-debates.

También el Centro comercial ubicado en calle Vélez Sarsfield tenía su cine; así como estaba el Cine-Teatro Comedia, y también el cine Teatro Córdoba, ubicado en calle 27 de abril. Estos funcionaban como cine-clubes, con películas no comerciales, raras.

Andrés recuerda haberlo visto a Borges entrar al cine, con su mujer, la Kodama. Solicitó permiso para ir al baño. También recuerda cuando Salzano inauguró el cine el Angel Azul, una especie de cine club o cine-debate, que se usaba mucho en esa época. Ahora dirige el Cine Club Municipal Hugo del Carril. Miles de anécdotas pasan por su mente.

“El cine en el barrio o en un pueblo, era todo, porque aparte allí se hacían actos, era el lugar de reunión de los domingos. Inclusive algunos colegios, como el Peña, ubicado en Villa Cabrera, tenía su propio cine”.

“Antes era un ritual ir al cine”, dice Andrés, “la gente se ponía traje y corbata”. Había personas habitué es decir que iban siempre, “como el abogado el Dr. Oscar Roger recientemente fallecido que en su momento era muy cinero. Y muchos otros más con los que entablé amistad”.

En estos tiempos en los cuales las grandes cadenas norteamericanas han instalado esos cines chiquititos, si bien han hecho retornar a la gente al cine, principalmente a los jóvenes, que habían dejado de concurrir, por la nueva tecnología, el sonido digital y todo eso, no es menos cierto que no es lo mismo. “La gente va al shopping y de paso al cine”, sentencia Andrés”.

“Córdoba también tuvo su Cinema Paradisso”, me dice finalmente con algo de nostalgia en su mirada.

Eduardo Alberto Planas






Una cosa trae la otra Por Lily Chavez

El tiempo vuela…



Escuchaba por televisión que le debemos La Cenicienta al francés Charles Perrault que, en 1697, contaba la historia oralmente y que luego otros autores como los Hermanos Grimm la hicieron famosa. Qué locura pensé, más de trescientos años. Y justo se me presenta este tema, en una semana en que no hice otra cosa que pensar en aquello que ilustra nuestra cotidianidad pero que es, de viejísima data. Viniendo en taxi por Avenida Sabattini tuve que pedirle al chofer que bajara por el túnel hundirnos bajo la ruta 9 para salir a calle Isasa. Ni él ni yo sabíamos la fecha de inauguración de la obra pero me enteré que fue el primer espacio subterráneo que se hizo y que el segundo es la gran playa de estacionamiento bajo la Plaza de la Intendencia. Claro que no hablo de los antiguos túneles que sabemos van por debajo de la ciudad desde la época de los jesuitas o los otros, relevados, lejos del casco céntrico, en zonas periféricas. Se dice que cuatro perpendiculares al cauce del Suquia , unidos entre sí por una quinta rama paralela a él, que se encuentran en los alrededores de Villa Rivera Indarte, en la margen izquierda del río, aguas abajo. Cada uno tiene veinte metros de largo aproximadamente y la altura de un hombre de pie. También dicen que estuvieron inundados hasta 1960 y según contó en alguna oportunidad el historiador Bravo Tedín, un grupo de espiritistas sacó el agua y picó las paredes en busca de un supuesto tesoro aparecido en el sueño de uno de ellos. No hay dudas de que Córdoba conserva desde siempre un rumor a misterio.

Se sabe de otros túneles en la zona del Chateau Carreras y Villa Belgrano, libre de agua, que pueden ser transitados, explorados y hasta fotografiados. De estos espacios se desconoce origen, función y constructores. Bischoff, historiador de Córdoba, apoyándose en un relevamiento hecho por Guillermo Bondenbender en 1929, opina que, al menos uno, arrancaba desde Cañada de Martinoli a un depósito ubicado en Alto Alberdi para un primitivo servicio de agua corriente.

Algunos datos serán acertados y otros no, pero a decir verdad, la historia de nuestras ciudades es muy apasionante, la historia de la humanidad lo es. Y todo lo que vemos, escuchamos, decimos, deriva en otros interrogantes. Sin ir más lejos, la última vez que estuve en Deán Funes pasaron por un canal de cable películas de John Wayne. Una de ellas era “La legión invencible” que trata de los últimos seis días de la vida militar del Capitan Natahn Brittles y en un momento veo que el personaje hace una cruz sobre un almanaque y la película estaba ambientada en 1876. Inmediatamente me surgieron otras preguntas. Desde cuando existían los almanaques como todos lo conocemos. Y allí supe que fue Rodrigo Camorano, cosmógrafo de Felipe II quien percibió la importancia del almanaque, como lo atestigua en su obra de Cronología y Repertorio de la razón de los tiempos escrita en 1585.

En América el almanaque más antiguo y popular es el almanaque de Bristol editado en New Jersey desde 1832 con versiones en inglés, español y portugués con cálculos astronómicos y climáticos para cada país o región donde se distribuía. Y hay tanto que aprender, tanto, que obviamente no nos alcanza la vida pero, en lo posible tenemos que generar todo el tiempo una trama que desde un lugar nos lleve a otro y a otro y así sucesivamente, como un ejercicio de memoria y aprendizaje. Y la idea del almanaque no sólo me persiguió un par de días sino que me trajo a la memoria al suizo Zingli en “El círculo de tiza de Augsburgo” y a la campesina de Turingia en Los dos hijos, todos escritos en “Historias de almanaque”, del gran Bertolt Brecht . Y hasta tanto una cosa traiga la otra, voy a dejarlos con un breve escrito de ese libro que mueve a la reflexión, porque, aunque el tiempo vuele, hay cosas que no cambian.



El funcionario indispensable



El señor K oyó unos comentarios elogiosos a propósito de un funcionario que tenía ya bastante antigüedad en su cargo y del que se decía que, por su eficacia, resultaba indispensable.

¿Qué significa eso de que es indispensable? preguntó el señor K irritado.

- Que el servicio no funcionaría sin él – explicaron quienes lo habían ensalzado.

- Cómo puede ser un buen funcionario si el servicio no funciona sin él – preguntó el señor K . Ha tenido tiempo más que suficiente para organizar el servicio de forma tal que su persona no sea indispensable. ¿En qué ocupa entonces su tiempo? Yo mismo se lo diré: ¡en hacer chantaje!



Bertolt Brecht



Niños explorando un túnel en Villa Warcalde




DOSSIER - LOS OLVIDADOS





Miguel Angel Bustos

Espacio para el poeta presente

Sergio Pravaz

Cuándo el hombre no conocía el lenguaje, éste ya existía, sólo que aún no había sido convocado; al principio fueron los elementos quienes se hicieron cargo de la tarea de abonar el terreno para que el precario ser que devendría en amo de todo lo conocido pudiese avanzar a hurtadillas por el laberinto de su propia oscuridad. El viento se manifestó, la lluvia hizo lo suyo, el trueno lo propio al igual que el mar y los ríos; el fuego y la tierra también dijeron presente. El hombre no podía vérselas con su futuro sin descifrar las imágenes que le sugerían su propio desconocimiento; no estaba preparado para el lenguaje y éste no iba a prestar su consentimiento a un novel trashumante de escasas posibilidades. Aún así, mordiendo eternamente los costados más complejos del símbolo, desgarrando de terror su pequeña humanidad ante la ausencia de respuestas, alcanzó en la puerta de salida de su primer túnel una parte de la llave que lo llevaría a destrabar su lengua y su mente acercando algo de magia a su soledad que de esa manera comenzaba a extinguirse.

Miguel Ángel Bustos sabía de todo esto; él conocía los secretos del lenguaje, sus pliegues más ocultos, su altar más lejano, sus espejos poderosos y sus anchas ventanas. Leopoldo Marechal dijo: "Bustos tiende a que su idioma poético sea un lenguaje de símbolos y exprese además el esplendor ontológico de las formas que usa, ciertas aproximaciones a la verdad que tocan en la frontera de lo metafísico; es el idioma de Baudelaire, que vio en la creación divina una foresta de símbolos que podían leerse, y es el idioma de Rimbaud, que vio en la poesía una posible trasmutación alquímica de las palabras". No es poco; todo lo contrario; una senda de titanes sólo se encuentra reservada para un futuro titán; alguien cuya destreza se encuentra marcada por un don que privilegia; por una actitud que permite extender un recorrido para que otros transiten con mayor luz y menos piedras el derrotero de la adoración por la palabra. La última dictadura militar (como un repetido y miserable mandato de ejecutar por incomprensible la belleza y la verdad) tuvo la vana pretensión de suponer que con su desaparición física (ocurrida el 30 de mayo de 1976) lograría romper el influjo que las palabras del joven hechicero habían comenzado a dar. Jamás alcanzarán el gramo necesario de conciencia como para comprender la inutilidad de tan criminal y extendida faena. Tanto dolor repartido sólo para satisfacer el encuadre teórico de un enfermo plan para aniquilar a las estrellas.

El ángel que dice

Miguel Ángel Bustos nació en Buenos Aires en 1933; desarrolló una intensa labor como periodista en el diario El Cronista Comercial y la revista Panorama; fue dueño de un lenguaje frondoso que lo emparentaba, para alguna crítica, con los dominios del surrealismo, atravesando bosques metafísicos y terrenos linderos de algún romanticismo, hecho que en sí mismo lo distinguía generacionalmente del experimento coloquial de la producción poética de la década del sesenta; algo similar a lo ocurrido con Alejandra Pizarnik y Roberto Juarroz en su decisión de emprender otra ruta marcada por una impronta de particularísimo cuño. Su edificio lírico tiene una estatura que lo ubica entre lo más notable de América Latina. Su poesía es un fenómeno de oxigenación verbal que se sustenta fuertemente por un temperamento de indagación y audacia que tiene algo de Juan L. Ortíz. Bustos logró equilibrar de manera magistral un fino montaje entre la visión que tenía de la realidad, el aspecto precolombino de la cultura, su interés por la Cábala, el sentido de la épica, su costado místico y las civilizaciones orientales, a partir de un trabajo casi manual del verbo, como un alfarero que paciente busca la forma entre la arcilla, el agua y el girar del torno, con la sensibilidad más extrema desatada entre las yemas de los dedos en tensión; ese fogonazo que permite decir, ¡he arribado! ¡hasta aquí llegué! éste es el párrafo, la palabra que viene a cerrar la vigilia. El gran Gelman dijo al respecto: "Tóquese esta poesía: su presencia es mágica y trae la felicidad".

Cabe aquí el viejo axioma que se establece sobre unas pocas obras de arte en el sentido que sólo algunas de ellas exceden largamente los juicios formales de análisis en virtud de su capacidad para penetrar en los sentidos con la facilidad que sólo está destinada a aquellos que tienen el don alojado en el bolsillo. La obra de Miguel Ángel Bustos, aunque rasgada de mordida irracional cuando comenzaba a irradiar más potente su luz, ofrece plenamente esta posibilidad de llegar, como suele decir Miguel Ángel Guereña, no para adelante porque allí sólo van las bestias; sí para arriba como los ángeles y hacia adentro como los duendes.

Obra: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), El Himalaya o la moral de los pájaros (1970).

Nueva lengua corta la nueva materia

Hablar con quien

suelta la lengua en la boca del amor.

Luz sube

porque baja la noche

tu frente se va.

Decime

tierra papeles besos

tiempo en el mar.

Cuando llegue muy adentro

a la espesura de tu luz animal

humana

dame el hablar desnudo

elemental del mar.

Soy inmortal

Creo que el poema

con dientes y alma

capaz de andar cien siglos

con una vuelta de sangre

vive.

Desnudo

brutal

oscuramente humano.

Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio



Jacobo Fijman nació en 1898 en Besarabia, Rusia —hoy Rumania— y falleció en 1970 en el hospicio, más precisamente en el Hospital Borda de Buenos Aires, donde permaneció casi 20 años. En 1902 viajó con sus padres a la Argentina, se instaló en Buenos Aires y luego en Río Negro. En 1907 se asentó con su familia en Lobos donde cursó sus estudios primarios. En 1917 dejó su familia, se fue a Buenos Aires y se graduó como profesor de francés.

Su primera internación por problemas mentales data de 1921, dándosele el alta seis meses después. En 1942 lo recluyen por segunda y definitiva vez en el Hospicio de las Mercedes (hoy Hospital Borda) donde permaneció hasta su muerte. Durante ese período escribió numerosos poemas y dibujaba constantemente.

En su ensayo -en colaboración con María Isabel Calo, intitulado “Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”, publicado en Banda Hispánica-, Gabriela Bruch nos hace conocer que:”El poeta y periodista Vicente Zito Lema fue quien estuvo con Fijman durante su última etapa y es, junto con el poeta y ensayista Juan Jacobo Bajarlía, el principal difusor de su obra la cual, de otro modo, hubiese quedado silenciada pues Fijman fue un poeta olvidado hasta por sus propios compañeros de ruta. Perteneciente a la generación del 22, se conectó con el grupo Martín Fierro y entabló amistad con escritores y pintores de esa camada, tales como Oliverio Girondo, Pompeyo Audivert, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges, entre otros.”

Vicente Zito Lema, luego de entrevistarlo durante prácticamente un año dice: “…Lo que más nos ha impresionado en Fijman es su humor corrosivo, en el sentido estricto de humor surrealista. Su autenticidad de poeta, que trasciende hasta en los menores gestos. ¡Qué le ha determinado estas formas de vida, estos castigos sobre su persona! Y su bondad, más allá de los policías que lo castigaron; más allá de los jueces que lo privaron de su libertad; más allá de los psiquiatras que le descargaron su odio y su propia enfermedad; más allá de los que supieron de su situación y nada hicieron. La enorme bondad de Jacobo Fijman equilibrando tantas de nuestras maldades, perdonándonos”.

“En Jacobo Fijman la poesía es un llamado a la más honda intimidad, a la preservación de la inocencia a través de una música entre simbólica y celebrante. Él se separó de sus compañeros literarios de la generación del 22 evadiéndose de las metáforas y las combinaciones estróficas cerradas para intentar una poesía de imágenes. Según Fijman, la imagen es la verdadera creación, es una invención, mientras la metáfora es una mera comparación entre las cosas. Su singularidad radica no sólo en la materia de estas imágenes, sino en la autenticidad de su camino, según él, el más alto y más desierto”, sigue diciendo Gabriela Bruch.

Su primer texto fue Molino Rojo, (1926), y es en rigor de verdad el antecedente del surrealismo argentino. Ese mismo año viajó a París donde, supuestamente, conoció a André Breton, quien en el año 1924, había escrito el Primer Manifiesto Surrealista.

En Molino Rojo la música es estructurante. Así lo comentó Fijman en una de sus conversaciones con Vicente Zito Lema: “Mi poesía es toda medida, de una manera que la acerca a lo musical. En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli… En Hecho de Estampas, de los cantos gregorianos. Y en Estrella de la Mañana la medición sigue la del latín eclesiástico”.

Él era violinista y durante mucho tiempo se ganó la vida tocando el violín por las calles de distintas ciudades. Tocaba para ganarse la comida del día.

En su segundo libro Estrella de la Mañana, escrito en el año de su bautismo, ya que se convirtió al catolicismo, se advierte la prosecución del solitario camino que ha emprendido.

La extensa dedicatoria a sus compañeros martinfierristas parece ser una despedida más que un homenaje.

de Estrella de la Mañana:



Poema VI



Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.

Mi voz:

Pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.

Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.



Poema VII

Roe mi frente dura

el lobo de la media noche.

Una escondida estrella arrima su sosiego.

Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.

Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.

Entre su primer y segundo libro Fijman colaboró con el diario Crítica. En 1927 Natalio Botana lo despidió, y viajó otra vez a Europa.

En 1931 publicó Estrella de la Mañana cuyos poemas bordean el misterio del alumbramiento. El cisne se convirtió en cordero de Dios. Su canto es un canto de alabanza, no exento de dolor, soledad y muerte.

Poema XXXI

En mi gemido

conté mi soledad envejecida; conté todas las noches de mis días.

Mis huesos cantan el misterio del mundo.

El agua perturbada de mi reposo.

Me veo en mi gemido según pavores de inocencia.

Paz, paz:

oído de mis palabras.

El ruego alcanza oído a mis palabras

carne sanada;

y hay espanto de luz en nuestras manos.



“Diez años después de la publicación de este libro, se produjo su internación definitiva. Es posible entrever el conflicto que la presencia de este loco de bondad —de este auténtico poeta—, provocó en los círculos literarios. Hipocresía anidada no sólo en esos círculos, sino también en toda la sociedad que arrojó en la magnitud del esplendor poético a este hombre, a este doliente poeta, a un lugar de marginalidad vergonzante.

En el hospicio siguió desarrollando su poesía, completando su expresión artística a través del dibujo, utilizando cualquier papel, servilletas y cartones.”



En un hermoso y emotivo ensayo de Leonardo Iglesias, (“Vida y obra de Jacobo Fijman”) se relata con mesurado dramatismo su vida, poniendo todo el énfasis en la calidad y el aliento original de su obra poética.



“A pesar de todo despliega su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel. Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas. "He investigado el alma, también la psiquiatría. Y sé que los ciegos y los sordomudos son dementes, que los muy ricos y los que llevan uniformes son dementes y peligrosos. Y que los que visten sotanas y se llaman hijos de Cristo son los más dementes, hipócritas y demoníacos de todos." Escribe y pinta, para echar a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.”

En 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y a Macedonio Fernández en su mítico libro, Adan Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría. Fijman no tiene amigos, ni refugios. Quienes lo han olvidado saben que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios.

Aunque es incluido en las enciclopedias y colecciones de literatura argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está. A partir de 1968, la vida del viejo poeta quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores: "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre!"

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969 se edita el primer número de la revista Talismán, íntegramente dedicada a Fijman, y a mediados de año aparece en la revista Extra una serie de notas firmadas por el propio Fijman.(…)

"Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios el 1 de diciembre de 1970. No dicen nada acerca de su vida dentro del hospicio. De sus huesos comidos por un montón de soledades. Que escribió y pintó infinidad de papeles y sueños. Que amó profundamente a la Virgen María. Y que un día decidió reencontrarse con los ángeles y los pájaros, con los que tanto había hablado. Tenía setenta y dos años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.

Fuentes:

www.jornada.unam.mx/2002/11/17/sem-iglesias.html

“Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”/ Gabriela Bruch y María Isabel Calo, publicado en Banda Hispánica.

Roberto Jorge Santoro*

David A. Sorbille

El poeta invisible

El poeta Roberto Jorge Santoro, había nacido en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de abril de 1939. Establecido con su familia en el barrio de Chacarita, aprendió desde muy joven a defender sus convicciones en la ardua lucha del hombre que rechaza ser sometido por un sistema político y económico injusto.

En los múltiples trabajos que realizó, pugnó por dejar una huella imperecedera de ética y solidaridad. Y, si bien su pasión por la poesía definió su principal actividad, la tarea de periodista y editor contó con su fervoroso talento.

En su tenaz compromiso con la realidad, Santoro procuró que su literatura no se limitara a la protesta intrascendente, sino a consagrar la idea básica de sostener que:“si la poesía no ayuda a cambiar la sociedad no sirve para nada”.

Su atento interés por lo ciudadano, lo impulsa a compartir con poetas, músicos y artistas plásticos, distintos proyectos de difusión cultural que se iniciarían con la publicación de la revista Barrilete.

Entre los convocados se destacaban: Marcos Silber, Horacio Salas, Daniel Barros, Gerardo Berensztein, Rafael Vázquez y Alberto Costa, quien en una publicación realizada en Madrid con el título “Buenos Aires desde el mundo”, señaló: “El pelado Santoro encandilaba. Nunca había visto, ni leído a alguien que se tomara el oficio de poeta tan en serio. Trabajaba las palabras, los versos, los ritmos, el sentido, en fin, era un trabajador a conciencia, lo curioso es que su poesía siempre se leía con poco esfuerzo, ese era el testimonio de su gran trabajo”.

La obra literaria de “este verdadero buscavidas”, al decir de Roberto Baschetti, es un desafío armado de palabras frente a la literatura y el arte, templando su espíritu en la acción comunitaria y en la prédica de sus ideas estéticas y políticas en un contexto de experiencias tangibles y fecundas.

Los notables poemas de Santoro integraron los siguientes títulos: “Oficio desesperado” (1962), “De tango y lo demás” (1962), “El último tranvía” (1963), “Nacimiento en la tierra” (1963), “Pedradas con mi Patria” (1964), “En pocas palabras” (1967), “Desafío” (1972), “Uno más uno humanidad” (1972), “Poesía en general” (1973), “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), “Las cosas claras” (1973) y “No negociable” (1975).

En 1971, había publicado en su propia Editorial Papeles de Buenos Aires, una estupenda antología con el título “Literatura de la pelota”, que fue prohibida por la dictadura militar de 1976.

Es así, como el poeta que juega con las palabras y las ideas renovadoras, también supo convertirse en el portavoz de la sensibilidad popular y la vitalidad creativa del hecho social identificado con el fútbol.

El artista plástico Pedro Gaeta, que integró el Grupo Gente de Buenos Aires a principios de los ‘70 con el poeta Luis Luchi y el músico Eduardo Rovira, lo definirá como: “un militante del arte y de la vida”.

Sin embargo, esa pasión que le hizo escribir: “mi patria tiene forma de poema”, encontró el abismo en su andar desnudo, como un hombre en soledad, ante el vuelo triste de la historia.

En “Canto a la esperanza”, de su libro “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), Santoro se imaginó como un barco que navega por las plazas y se transforma en un “gorrión descalzo” seguido por la muerte “con su forma de guitarra”. Luego, “loco en el olvido de furia”, envuelve en un saludo a sus seres queridos en un remolino de justicia que clama de esperanza.

No obstante, la sombra de lo indescifrable provoca que el poeta que lleva la rebeldía en su solapa y comparte el pan con sus amigos, rompa su corazón en una plaza y sea descendido a los infiernos.

El poeta Carlos Santos, se preguntaría en su poema “El Hermano Invisible” por el compañero ausente, que: “vaga entre nosotros/ con un sombrero de niebla”, e interroga la noche: “sabiendo de antemano que estaría/ hecho fantasma”.

Roberto Jorge Santoro, quien pregonaba ser “un escritor surrealista, es decir, realista del sur”, había desafiado con su militancia social consecuente y sin sectarismos inútiles, no sólo al insondable misterio de las metáforas, sino al terrorismo estatal que nos convierte en piezas de un tablero sujeto al exterminio.

En resumidas cuentas, tuvo el valor de denunciar en el exterior las atrocidades de la dictadura militar de 1976, que finalmente dictaminó su secuestro del lugar de trabajo como preceptor de la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán, y permanece desaparecido desde el 1° de junio de 1977.

Desde entonces, su memoria irrumpe en el rumor de los barrios, se convierte en bandera de los trabajadores y renace en la poesía que siempre hablará por él.





(De “El Fusil de Trigo”, David A. Sorbille, Inédito, 2006)

*Del libro “Semblanzas Recobradas” de David Antonio Sorbille, Ed. Aql, 2009






Videito



15 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Eduardo:
Me alegró la publicación de mi pequeño poema en el boletín; ese en particular tiene un valor afectivo muy grande ( ya sé que la poesía es otra cosa, pero...uno es humano) Creo que te había dicho que ese poema me surgió al mirar la foto que te envié y que generosamente, también publicaste. Esa foto la sacó mi hijo —que es un excelente fotógrafo amateur—, justamente en Guadarrama. Hace casi 3 años que él y su mujer están en Madrid, lo extraño a más no poder y bue...En su momento, cuando le mandé el poema que su foto me inspiró, me dijo que una amiga de Guadarrama que tiene una revista literaria, le preguntó si yo la autorizaba a publicarlo. Con elegancia, le dije que no porque me hacía más ilusión que apareciera en el Basta ya. Y así fue. Estoy contenta.

¡Cómo crece este Boletín! ¡Está cada vez más gordito! No lo leí todo aún; me gustó mucho el artículo acerca de Filloy. Yo leí varias obras de él, entre ellas un libro de poemas intitulado SAGESSE (Sabiduría); te lo recomiendo, ojalá lo consigas.


Stella

Anónimo dijo...

FELICITACIONES! me ha gustado mucho tu revista, me interesa la cuota de "análisis" y contenido pensante.

M

Anónimo dijo...

GRACIAS EDUARDO. UN ABRAZO
CRIS DE SAN MARCOS SIERRAS

Anónimo dijo...

YA LE ECHÉ UN VISTAZO. ESTA MUY BUENA LA REVISTA. GRACIAS, DE NUEVO, EDUARDO.
Jorge

Anónimo dijo...

Eduardo: ¡qué belleza el dibujo que acompaña a Una ventisca¡ .Abrazo. Jorge
L. Carranza

Anónimo dijo...

Que sorpresa!!! Es de muy buen nivel, fino, elegante, todo bien pensado y lleno de delicadeza y tu poemas, lleno de ternura, felicitaciones. La revista, se nota que está integrada por un grupo selecto, no es para cualquiera....todos los artículos, poemas, ilustraciones están tan bien hechos, que da gusto leerlo. Pero para sacarle el jugo a las palabras, lo voy a imprimir, entonces lo llevo en mi valija toda la semana y puedo irlo compartiendo!!!
Nuevamente, felicitaciones por el boletín.
Jorge S

Anónimo dijo...

Muy bueno .Te felicito. Marco

Anónimo dijo...

Quedo muy lind. Saludos. Jorge

Anónimo dijo...

es excelente el boletin...gracias ¡¡¡¡mariana Pineiro

Anónimo dijo...

Muchas gracias por el boletín...los dibujos, las fotografías, los textos , la poesía es brillante .agradecida.laura tessolin

Anónimo dijo...

Este boletín es de lujo, todo el material...Felicitaciones.Saludos.

Sergio del sur

Anónimo dijo...

Eduardo, muchas gracias por hacerme llegar el Basta Ya!; que pena que no estuviera en el Estudio para poder disfrutar una charla contigo.
De todos modos decime cuanto te adeudo por la edición papel y acordamos un día para que pases a cobrar y nos tomamos un cafe.
Un abrazo.
Sergio

Anónimo dijo...

Realmente hermoso el boletín. Saludos Fatima

Anónimo dijo...

Muy bueno.Muchas Gracias..Esta hermoso este ejemplar.Saludos.Silvia

Anónimo dijo...

ola Alberto. ¿Dónde tomaste la foto de la librería en la que están mis libros exhibidos?
Felicitaciones por el Basta ya! Está muuuuuuuy bueno.
Un abrazo, nos vemos en la Feria (estaré en una mesa sobre policial el 19 a las 19 en sala Diehl del Cabildo.
Fernando López