sábado, junio 30, 2012

DOSSIER - LOS OLVIDADOS






Miguel Angel Bustos, el poeta del silencio

“...escribo para que me sea dado el silencio”. M. A. Bustos





 Si tomamos del diccionario, la definición de la palabra silencio, veremos que nos encontramos con varias acepciones: abstención de hablar, falta de ruido, pausa. Abstención de hablar debido a una muerte no buscada, pausa entre esa voz que muere y esa voz que vive, para siempre, en y desde la poesía. También está el silencio que el hombre busca para hallarse a sí mismo, desde los múltiples laberintos de la palabra.

Miguel Ángel Bustos quiso ser acallado por la última dictadura militar argentina, cuando lo desaparece en el año 1976, cosa que en parte, se ha conseguido. Resulta muy difícil hallar material bibliográfico sobre él, no se encuentran sus obras en las bibliotecas populares.

De todos modos, gracias a la tarea de su amigo Alberto Szpunberg, podemos volver a escuchar su voz poética en este mundo devastado por la barbarie. Szpunberg realizó una antología con poemas éditos e inéditos de este autor, 'Despedida de los ángeles', editada por Libros de Tierra Firme en Buenos Aires, en el año 1998.

 Esta antología comprende poesía inédita escrita entre los años 1959 y 1962, el libro 'Cuatro murales' que data del año 1957, 'Corazón de piel afuera' escrito en 1959, 'Fragmentos fantásticos' del año 1965, 'Visión de los hijos del mal', del año 1967 y por último 'El Himalaya o la moral de los pájaros', escrito y publicado en 1970.

De la reseña biobibliográfica realizada por su hijo Emiliano, podemos extraer que Miguel Ángel Bustos nace en Buenos Aires en 1932, siendo el primero de cuatro hermanos. Es su abuelo materno quien lo aproxima a los libros y a la poesía. En el año 1951 termina sus estudios secundarios entre los años 52 y 56 desarrolla su pasión por los idiomas. Estudia inglés, francés, portugués e italiano. También cursa la carrera de Filosofía y Letras hasta tercer año. En el año 1957, publica su primer libro 'Cuatro murales'. Entre los años 1960 y 1963 realiza un extenso viaje por el norte de Argentina y también por Brasil, Bolivia y Perú. En 1964 regresa a Buenos Aires, tiene un fugaz casamiento y luego una internación de casi un año en el Hospital Neuropsiquiátrico 'José T. Borda'. Allí conoce a otro gran poeta argentino: Jacobo Fijman.

En los años 66 y 67, el dibujo comienza a ocupar un espacio tan importante como el de la poesía, tanto que cuatro de sus libros están ilustrados por él. Conoce a Leopoldo Marechal a quien llama su maestro. Es Marechal quien prologa en 1967, 'Visión de los hijos del mal'. Ese mismo año conoce a una artista plástica, Alba, quién será su mujer. En 1970 publica su libro 'El Himalaya...' con dinero obtenido de una beca otorgada por el Fondo Nacional de las Artes. Luego se dedica a la crítica literaria, trabaja para diarios y revistas de actualidad. En el año 1972, nace Emiliano, su único hijo, quién ilustra la tapa de 'Despedida de los ángeles', con su obra 'hombre con pájaro en la cabeza'. También da clases en la Facultad de Filosofía y Letras y estudia rumano, siguiendo con su pasión por los idiomas.

 En 1976, uno de los años más oscuros de la historia argentina, un grupo paramilitar lo secuestra de su propia casa y Miguel Ángel pasa a engrosar la tristemente célebre lista de 30.000 desaparecidos. En sus poemas podemos escuchar esta voz que perdura a través del tiempo, el olvido y la muerte.



Palabra aún no usada

No he usado muchas flores palabras como encía pelvis planta rampa luminal. Sé que no necesité no comí no me calenté con ellas. Pero si llevara la palabra mierda junto a un cuerpo sangriento sola sin saber sería triste humana hasta dónde más (Poesía inédita, 1960.)


Sueño quebrado

Sueño quebrado levántate y anda Marcha de mi frente abre mi tierra. Levanta ruda muralla de niños al dólar de fuego y zarpa de balas. Vuelve joven enamorado del agua al mordido corazón rebelde, abraza y besa prieto hasta la llama pedernal de lágrimas, mi corazón clavado a pico de sangre en las vigilias desnudas de mi cuerpo.

(de Corazón de piel afuera, 1956)

Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace.
 (de Visión de los hijos del mal,1967)

Monte silencio del Verbo

 '... Ah, día de los días, patria salvaje, inocente eternidad. Cielo de quietud, bello abismo: mañana del Verbo. Fui en aquel sin tiempo, un perpetuo amanecer y pasé la celeste muralla; región de banderas y soles llevados por dioses; crucé su puente en llamas, encarnación de las niñas, dejé la mañana y entré en la Noche del Verbo'.

(de El Himalaya o la moral de los pájaros, 1970)

'Ni el crimen más alevoso ni quienes lo han bendecido con el indulto o el mísero olvido o la posmodernidad más frívola, conseguirán detenerlo'.

Alberto Szpunberg. Vaya para Miguel Ángel, este humilde homenaje.

Gabriela Bruch





Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio






 Jacobo Fijman nació en 1898 en Besarabia, Rusia —hoy Rumania— y falleció en 1970 en el hospicio, más precisamente en el Hospital Borda de Buenos Aires, donde permaneció casi 20 años.

En 1902 viajó con sus padres a la Argentina, se instaló en Buenos Aires y luego en Río Negro. En 1907 se asentó con su familia en Lobos donde cursó sus estudios primarios. En 1917 dejó su familia, se fue a Buenos Aires y se graduó como profesor de francés. Su primera internación por problemas mentales data de 1921, dándosele el alta seis meses después.

En 1942 lo recluyen por segunda y definitiva vez en el Hospicio de las Mercedes (hoy Hospital Borda) donde permaneció hasta su muerte. Durante ese período escribió numerosos poemas y dibujaba constantemente.

En su ensayo -en colaboración con María Isabel Calo, intitulado “Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”, publicado en Banda Hispánica-, la misma Gabriela Bruch nos hace conocer que:”El poeta y periodista Vicente Zito Lema fue quien estuvo con Fijman durante su última etapa y es, junto con el poeta y ensayista Juan Jacobo Bajarlía, el principal difusor de su obra la cual, de otro modo, hubiese quedado silenciada pues Fijman fue un poeta olvidado hasta por sus propios compañeros de ruta.

Perteneciente a la generación del 22, se conectó con el grupo Martín Fierro y entabló amistad con escritores y pintores de esa camada, tales como Oliverio Girondo, Pompeyo Audivert, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges, entre otros.”

Vicente Zito Lema, luego de entrevistarlo durante prácticamente un año dice: “…Lo que más nos ha impresionado en Fijman es su humor corrosivo, en el sentido estricto de humor surrealista. Su autenticidad de poeta, que trasciende hasta en los menores gestos. ¡Qué le ha determinado estas formas de vida, estos castigos sobre su persona! Y su bondad, más allá de los policías que lo castigaron; más allá de los jueces que lo privaron de su libertad; más allá de los psiquiatras que le descargaron su odio y su propia enfermedad; más allá de los que supieron de su situación y nada hicieron. La enorme bondad de Jacobo Fijman equilibrando tantas de nuestras maldades, perdonándonos”. ”En Jacobo Fijman la poesía es un llamado a la más honda intimidad, a la preservación de la inocencia a través de una música entre simbólica y celebrante. Él se separó de sus compañeros literarios de la generación del 22 evadiéndose de las metáforas y las combinaciones estróficas cerradas para intentar una poesía de imágenes.

Según Fijman, la imagen es la verdadera creación, es una invención, mientras la metáfora es una mera comparación entre las cosas. Su singularidad radica no sólo en la materia de estas imágenes, sino en la autenticidad de su camino, según él, el más alto y más desierto”, sigue diciendo Gabriela Bruch.

 Su primer texto fue Molino Rojo, (1926), y es en rigor de verdad el antecedente del surrealismo argentino. Ese mismo año viajó a París donde, supuestamente, conoció a André Breton, quien en el año 1924, había escrito el Primer Manifiesto Surrealista. En Molino Rojo la música es estructurante. Así lo comentó Fijman en una de sus conversaciones con Vicente Zito Lema: “Mi poesía es toda medida, de una manera que la acerca a lo musical. En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli… En Hecho de Estampas, de los cantos gregorianos.

Y en Estrella de la Mañana la medición sigue la del latín eclesiástico”. Él era violinista y durante mucho tiempo se ganó la vida tocando el violín por las calles de distintas ciudades. Tocaba para ganarse la comida del día. En su segundo libro Estrella de la Mañana, escrito en el año de su bautismo, ya que se convirtió al catolicismo, se advierte la prosecución del solitario camino que ha emprendido.





La extensa dedicatoria a sus compañeros martinfierristas parece ser una despedida más que un homenaje. de Estrella de la Mañana:

Poema VI

 Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre. Mi voz: Pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas. Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas. Estamos en el mundo y con los ojos en la noche. Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

 Poema VII

 Roe mi frente dura el lobo de la media noche. Una escondida estrella arrima su sosiego. Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos. Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.

Entre su primer y segundo libro Fijman colaboró con el diario Crítica. En 1927 Natalio Botana lo despidió, y viajó otra vez a Europa. En 1931 publicó Estrella de la Mañana cuyos poemas bordean el misterio del alumbramiento. El cisne se convirtió en cordero de Dios. Su canto es un canto de alabanza, no exento de dolor, soledad y muerte.

Poema XXXI

En mi gemido conté mi soledad envejecida; conté todas las noches de mis días. Mis huesos cantan el misterio del mundo. El agua perturbada de mi reposo. Me veo en mi gemido según pavores de inocencia. Paz, paz: oído de mis palabras. El ruego alcanza oído a mis palabras carne sanada; y hay espanto de luz en nuestras manos.

“Diez años después de la publicación de este libro, se produjo su internación definitiva. Es posible entrever el conflicto que la presencia de este loco de bondad —de este auténtico poeta—, provocó en los círculos literarios. Hipocresía anidada no sólo en esos círculos, sino también en toda la sociedad que arrojó en la magnitud del esplendor poético a este hombre, a este doliente poeta, a un lugar de marginalidad vergonzante.



En el hospicio siguió desarrollando su poesía, completando su expresión artística a través del dibujo, utilizando cualquier papel, servilletas y cartones.” En un hermoso y emotivo ensayo de Leonardo Iglesias, (“Vida y obra de Jacobo Fijman”) se relata con mesurado dramatismo su vida, poniendo todo el énfasis en la calidad y el aliento original de su obra poética. “A pesar de todo despliega su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel.

Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas. "He investigado el alma, también la psiquiatría. Y sé que los ciegos y los sordomudos son dementes, que los muy ricos y los que llevan uniformes son dementes y peligrosos. Y que los que visten sotanas y se llaman hijos de Cristo son los más dementes, hipócritas y demoníacos de todos." Escribe y pinta, para echar a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.”

 En 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y a Macedonio Fernández en su mítico libro, Adan Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría. Fijman no tiene amigos, ni refugios.

Quienes lo han olvidado saben que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios. Aunque es incluido en las enciclopedias y colecciones de literatura argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está.

A partir de 1968, la vida del viejo poeta quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores: "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre!"

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa.

En 1969 se edita el primer número de la revista Talismán, íntegramente dedicada a Fijman, y a mediados de año aparece en la revista Extra una serie de notas firmadas por el propio Fijman.(…) "Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios el 1 de diciembre de 1970. No dicen nada acerca de su vida dentro del hospicio. De sus huesos comidos por un montón de soledades. Que escribió y pintó infinidad de papeles y sueños. Que amó profundamente a la Virgen María. Y que un día decidió reencontrarse con los ángeles y los pájaros, con los que tanto había hablado. Tenía setenta y dos años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.


 Fuentes:

 www.jornada.unam.mx/2002/11/17/sem-iglesias.html “Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”/ Gabriela Bruch y María Isabel Calo, publicado en Banda Hispánica.






Roberto Jorge Santoro*

David A. Sorbille

 El poeta invisible


 El poeta Roberto Jorge Santoro, había nacido en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de abril de 1939. Establecido con su familia en el barrio de Chacarita, aprendió desde muy joven a defender sus convicciones en la ardua lucha del hombre que rechaza ser sometido por un sistema político y económico injusto. En los múltiples trabajos que realizó, pugnó por dejar una huella imperecedera de ética y solidaridad. Y, si bien su pasión por la poesía definió su principal actividad, la tarea de periodista y editor contó con su fervoroso talento.

En su tenaz compromiso con la realidad, Santoro procuró que su literatura no se limitara a la protesta intrascendente, sino a consagrar la idea básica de sostener que:“si la poesía no ayuda a cambiar la sociedad no sirve para nada”.

Su atento interés por lo ciudadano, lo impulsa a compartir con poetas, músicos y artistas plásticos, distintos proyectos de difusión cultural que se iniciarían con la publicación de la revista Barrilete.

Entre los convocados se destacaban: Marcos Silber, Horacio Salas, Daniel Barros, Gerardo Berensztein, Rafael Vázquez y Alberto Costa, quien en una publicación realizada en Madrid con el título “Buenos Aires desde el mundo”, señaló: “El pelado Santoro encandilaba.

Nunca había visto, ni leído a alguien que se tomara el oficio de poeta tan en serio. Trabajaba las palabras, los versos, los ritmos, el sentido, en fin, era un trabajador a conciencia, lo curioso es que su poesía siempre se leía con poco esfuerzo, ese era el testimonio de su gran trabajo”.

La obra literaria de “este verdadero buscavidas”, al decir de Roberto Baschetti, es un desafío armado de palabras frente a la literatura y el arte, templando su espíritu en la acción comunitaria y en la prédica de sus ideas estéticas y políticas en un contexto de experiencias tangibles y fecundas. Los notables poemas de Santoro integraron los siguientes títulos: “Oficio desesperado” (1962), “De tango y lo demás” (1962), “El último tranvía” (1963), “Nacimiento en la tierra” (1963), “Pedradas con mi Patria” (1964), “En pocas palabras” (1967), “Desafío” (1972), “Uno más uno humanidad” (1972), “Poesía en general” (1973), “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), “Las cosas claras” (1973) y “No negociable” (1975). En 1971, había publicado en su propia Editorial Papeles de Buenos Aires, una estupenda antología con el título “Literatura de la pelota”, que fue prohibida por la dictadura militar de 1976. Es así, como el poeta que juega con las palabras y las ideas renovadoras, también supo convertirse en el portavoz de la sensibilidad popular y la vitalidad creativa del hecho social identificado con el fútbol. El artista plástico Pedro Gaeta, que integró el Grupo Gente de Buenos Aires a principios de los ‘70 con el poeta Luis Luchi y el músico Eduardo Rovira, lo definirá como: “un militante del arte y de la vida”. Sin embargo, esa pasión que le hizo escribir: “mi patria tiene forma de poema”, encontró el abismo en su andar desnudo, como un hombre en soledad, ante el vuelo triste de la historia.

En “Canto a la esperanza”, de su libro “Cuatro canciones y un vuelo” (1973), Santoro se imaginó como un barco que navega por las plazas y se transforma en un “gorrión descalzo” seguido por la muerte “con su forma de guitarra”. Luego, “loco en el olvido de furia”, envuelve en un saludo a sus seres queridos en un remolino de justicia que clama de esperanza. No obstante, la sombra de lo indescifrable provoca que el poeta que lleva la rebeldía en su solapa y comparte el pan con sus amigos, rompa su corazón en una plaza y sea descendido a los infiernos.

El poeta Carlos Santos, se preguntaría en su poema “El Hermano Invisible” por el compañero ausente, que: “vaga entre nosotros/ con un sombrero de niebla”, e interroga la noche: “sabiendo de antemano que estaría/ hecho fantasma”. Roberto Jorge Santoro, quien pregonaba ser “un escritor surrealista, es decir, realista del sur”, había desafiado con su militancia social consecuente y sin sectarismos inútiles, no sólo al insondable misterio de las metáforas, sino al terrorismo estatal que nos convierte en piezas de un tablero sujeto al exterminio.

En resumidas cuentas, tuvo el valor de denunciar en el exterior las atrocidades de la dictadura militar de 1976, que finalmente dictaminó su secuestro del lugar de trabajo como preceptor de la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán, y permanece desaparecido desde el 1° de junio de 1977.

 Desde entonces, su memoria irrumpe en el rumor de los barrios, se convierte en bandera de los trabajadores y renace en la poesía que siempre hablará por él.






 A Roberto Santoro


En un rincón de tu barrio persiste la estampa de una queja a pesar de los años de tinieblas y el juego mortal de los bastardos pretensiosos en destruir la historia tu verdad de poeta caminante por las calles que fervoroso recorrías compartiendo libertades en las plazas los bares del recuerdo y las esquinas donde arrebataron el cansancio y tu alegría en una noche irremediable de junio cuando nada se sabía del cruel despojo de tu huella que yace en la memoria con el vigor de tu oficio capaz de escribir con sangre la grandeza de un destino solidario que conmueve nuestras almas con el valor de tus versos que aún golpean como piedras sobre la pared invisible del olvido y sus cenizas.


(De “El Fusil de Trigo”, David A. Sorbille, Inédito, 2006)

*Del libro “Semblanzas Recobradas” de David Antonio Sorbille, Ed. Aql, 2009








6 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente entrega Eduardo. ¡Felicitaciones! Alfred

Anónimo dijo...

Colega y amigo; colaboro contigo y tu maravilloso emprendimiento de letras, con un viejo artículo mío sobre el gran Miguel Ángel Bustos; por si es de tu interés publicarlo, o en todo caso, para que lo conozcas.
Recibe un fraterno abrazo desde el sur, y quiero que sepas que cada vez que tengo la fortuna de aparecer entre las páginas de tu revista, para mi es una honor, además de un placer.
Sergio Pravaz

Anónimo dijo...

muchas gracias eduardo, muy lindo trabajo. a desburrarme. besos. marta

Anónimo dijo...

Gracias, Eduardo. Excelente material.

Anónimo dijo...

Excelente nota. No conocia a Miguel Angel Bustos. Gracias por el anticipo.
Enrique

Anónimo dijo...

Gracias Alberto; sólo usted puede hacer algo así. Un abrazo. Raul