martes, noviembre 01, 2011

¡Basta ya! Boletín Literario - Octubre 2011









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Córdoba
Todos los Miércoles de 20 a 22 hs - Café Literario “Noche de Bandada” Poesía y música
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Macedonio
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¡Basta ya!



Editorial: Narrar en la era digital



Las imágenes, textos, fotos, formas, sonidos, videos, se pueden convertir en un idioma comprensible para las computadoras: de eso se trata la digitalización.
El periodista ciudadano Eduardo Lacoste planteó: “¿Puede la técnica en la era digital cambiar la esencia del cine? ¿El valor de la narración como eje temático se encuentra en declive? ¿La técnica puede suplir el campo infinito de las emociones?
Vayamos al punto. El cine fue pionero en adaptarse a la tecnología e incorporarla. Después del filme Avatar y otros importantes, a nadie le quepan dudas de la mutación profunda que ha sufrido el cine. En pleno auge de la animación computada surge el eterno dilema: el cine como arte o un mero entretenimiento.
También en la literatura se entra en controversia al momento de tocar el tema y sobre ello me explayaré. Hace años que el magnate Bill Gates viene vaticinando el fin del libro. Sin embargo se siguen editando por miles. Google está construyendo la Biblioteca digital, en donde han comprometido su participación 12 Universidades de E.E.U.U., para la digitalización de 10 millones de libros.
En una entrevista a Andrés Rivera en canal Encuentro el escritor asevera que “ningún adelanto tecnológico podrá superar al libro”. Como él muchos piensan de igual modo. ¿Y qué pasa con narrar en la era digital? Internet a través de los vínculos y enlaces permite hacer realidad el hipertexto es decir, un texto infinito, el anhelo borgiano.


En la actualidad la fotografía es digital, la pintura, el teléfono, hemos hablado del cine que ha reemplazado al celuloide por el proceso digital de reproducción, que llega a nuestros hogares con el popular DVD.

¿Cómo compatibilizar la narrativa, con la cultura de la imagen, de lo efímero, del video clip? Los jóvenes –generación del zapping y del Youtube- dicen que los libros los aburren porque no tienen acción. Y resulta hasta comprensible teniendo en cuenta la disponibilidad de tantas alternativas interesantes.

Sin embargo, Argentina– como toda Latinoamérica- es un país de contrastes: por un lado, la Feria del Libro llena de libros y de gente y por el otro, la realidad del deterioro del lenguaje, de la deserción escolar. El Paco, las enormes masas urbanas condenadas a la marginalidad, la desnutrición infantil, la corrupción y el vaciamiento político, económico y cultural de la década del noventa, de la que todavía –no sin esfuerzos- estamos saliendo

Por suerte estarán esas personas que ven el otro lado de las cosas, que observan la realidad de otra forma, que la escriben, la narran, la esculpen, la pintan, la fotografían, la filman. Bienaventurados sean los artistas. Son ellos los que abren espacios de belleza y luz en la red. Iluminan el ciberespacio con su creatividad.
La tecnología es un medio al servicio del hombre y no al revés. La imaginación -aunque no esté en el poder- es el recurso. Cortázar escribió sobre una gota de lluvia y Bauer la filmó. Todo un desafío.

Será que como decía el extinto escritor lusitano José Saramago, estamos en el puente de una nueva era, en donde en virtud de los adelantos tecnológicos, la clonación y la biogenética el hombre será distinto, y por el ende el mundo y el arte también.
Caleidoscopio de ideas, sólo para decir que coincidimos en un todo con Rivera.


e -book





De cuarenta
Jorge Luis Carranza




A veces por las noches
suele quedar prendida
la luz del pasillo.

En La Casa,
todos saben
que el último
que se acuesta debe apagarla.

Aún así,
por descuido,
queda encendida.

No es una luz cualquiera.

Es la del pasillo
en donde se funden
las vigilias del alma
de los de La Casa.

No es por nada,
pero está bueno que,
de tanto en tanto,
haya una luz allí ,
al fondo del pasillo.

Aunque sea
la de un foco de cuarenta.
De cuarenta watts.

Jorge Luis Carranza





hacker
ana paulinelli




él le era infiel
ella quiere un hacker
el seguía negando
ella busca un hacker
él dijo que no era cierto
ella contrata el hacker
él escondió todo
el hacker entrega los correos
abiertos como un volcán en erupción
ella distribuye la lava hirviente entre padres y hermanos
ella escribe un mail al amante de su marido

él llora

con ella, con la otra, con los amigos
en el trabajo
llora

ella se muestra triunfante
se ve en el brillo de los dientes

debe acostar y levantar los niños
llevarlos al colegio
le da el auto sólo por eso
no tendrá nada
nada más de esa casa
ni un alfiler
él mudo, transpira, llora

ella cada vez más oronda

ahora todos saben
él es un gusano infiel

y ella una piltrafa infrahumana
debajo de la máscara de la victoria




Poema de Marian Fernández


I
Voces alumbradas por otras voces/
brotadas/
sonidos que cuentan/
cuerpos que suenan/
escritura el movimiento.
Estar en común es existencia.
II.
La ciudad y sus dínamos se precipitan sobre el amanecer,
sonido seco las mandíbulas apretadas,
lo que hay de sobra es la certeza de no ser suficiente,
techo en el que se despluman los intentos.
La máscara aguarda todas las mañanas al lado del cepillo de dientes,
frente al monitor.
III.
Desde la otra orilla/ inútil el gesto
Me hiero para no herirme.
La fragilidad habita en el contacto
y hay tanto miedo en este maletín que mejor digamos números,
abrazos y te quieros en códigos binarios,
entonces no veré la expresión en tu cara cuando sea el tiempo de partir.

IV.
El dolor y la sonrisa resisten,
te recuerdan,
preguntan a tu despojo.
Es la rebelión de tus ancestros gritando en la sangre,
una América montaraz saltando sobre tu plexo.
Dolerse es conciencia,
triunfo de música sobre la mordaza.
V.
Voy pegando señales de colores en la distancia que nos separa,
arrimarse hasta tu ventana es un acto de amor,
rebeldía pura.
llevo en mi boca el arma y el antídoto,
pero decir no basta si no hay quien escuche.
Te reconozco,
me sé en vos como un trayecto inevitable,
mentira es la soledad,
imposible estar fuera de este barro de tiempo en el que germinamos.
VI.
Celebración es asumirse creador del mundo

Marian Fernández





Glauce Baldovin
Sergio Pravaz




PALABRA AUTENTICA

Estamos sin lugar a dudas frente a una poeta excepcional cuyo incansable trabajo logró atravesar las gruesas paredes del horror del último delirio militarista que devastó nuestro país. Poeta oculta y casi secreta, su inmensa obra comienza lentamente a ver la superficie a la espera que el tiempo ubique su verbo (como habrá de suceder) en el sitio merecido de los que supieron decir el secreto más extremo que anida en el corazón de las palabras. Para algunos en Córdoba (yo ampliaría las fronteras) Glauce Baldovín (Río Cuarto/Córdoba) representa la reivindicación de una generación poética cortada al ras, es decir la del 60, ya que cuando esta comenzó a evolucionar, la intolerancia la conminó a replegarse abandonando sus tesoros. En la línea de Juan Gelman, Miguel Angel Bustos, Alejandra Pizarnik y Olga Orozco (como emergente destello alejado del coloquialismo) Baldovín construyó su extensa memoria poética sin resignar ni desatender el vuelo y la belleza de las palabras. Fue co-directora de la revista “Vertical“ (Río Cuarto 1950/1959) e integró el consejo de redacción de “Mediterránea” (Córdoba 1951/1969) y “Hoy en la Cultura” (Buenos Aires 1959/1965). Alrededor de 28 libros componen su obra y muy pocos son los publicados si atendemos a la vastedad de la misma. En 1972 ganó el prestigioso premio “Casa de las Américas” (Cuba). La represión primero, la desaparición de su hijo luego y la aceitada y sistemática indiferencia posterior intentaron vanamente acallar desde el olvido a una gran voz de la lírica castellana. En “Yo, Seclaud” dice la maga blanca: “Nadie podrá dañarme. Y resbalarán en mí los injurios como en el cuero de las serpientes acuáticas...”; o cuando sentencia sobre el dolor en ese bellísimo poema IV de su libro “La Militancia”: “Y es alegría secarse las lágrimas con el dorso de las manos”. Tuve el honor de conocerla de manera fugaz, razón por la cual el espacio periodístico que constituye esta columna de El Faro, rinde tributo abriendo puertas y ventanas a su poesía para que su calidad insuperable sea disfrutada, diga su verdad y avente tanta confusión hoy instalada en el panorama nacional de la poesía. Obra: “Libro de Lucía” (1986). “El combatiente” (1986). “De los poetas” (1991). “Libro del amor” (1993). “Con los gatos el silencio“ (1994). “Libro de la soledad – Nuestra casa en el Tercer Mundo” (1995). “Poemas crueles” (1996). “Libro de María, libro de Isidro” (1997).

-I-
Has llegado embravecido
Sereno nebuloso diáfano
con varas de nardo
espadas lagartijas
tijeras con estrellas panes azúcar pimienta.
Con el silencio
con la palabra.
A veces caballo de cartón cereza figura de
afiche dedal arena harina.
El día.
Has llegado con el gesto preciso que esperaba.
En un momento de dicha de desgracia.
Al frente de un batallón irregular
detrás de una mariposa.
Tal como llegas a todos:
en el misterio de lo inesperado.
Sólo que antes o después
siempre alguna vez
más temprano o más tarde.






El bazar de los aromas

Nito Biassi




A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido. En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino...”. Eduardo Galeano
El cuento de Galeano había quedado como una verdad bíblica grabada en la mente de Eduardo perfumero de profesión, las palabras daban vuelta en su mente como moscas sobre un plato de azúcar. El siempre había tenido una idea y ese cuento se la reforzó, pero no sabía cómo llevarla a cabo, era una dura tarea, pero no imposible, más si la iba a llevar a cabo un perfumero de la calidad de Eduardo, el Señor de los Perfumes, creador de aromas insospechados y para toda ocasión. Si un marido quería fingir una salida de pesca, el había inventado el perfume con aroma de agua de lago, algas y peces y si la salida era a un río, el perfume olía a agua en movimiento, a Martín Pescador, a rocas y obviamente a peces. Si alguien tenía un invitado a cenar y no se había hecho tiempo para preparar la comida, debiendo recurrir a la rosticería, Don Eduardo había creado las esencias de comidas, uno abría la esencia en la cocina y listo, el ambiente se inundaba de un aroma a comida hogareña y recién hecha de acuerdo al plato que uno hubiera conseguido.
Pero la nueva línea de aromas lo tenía a maltraer, él quería atrapar en esencias el aroma a pecho materno que percibía el bebe que se amamantaba, el olor a desayuno que lo recibía al viajero que en la madrugada retornaba a su hogar; la fragancia en la piel de los cuerpos amantes en el preciso instante que estallaban en un orgasmo; el aroma a tierra y sudor que trae el labriego después de trabajar en la huerta; el perfume del beso materno dado en la frente cuando a los niños se les perdonaba una travesura; pero, era mucho el trabajo y mucho lo que faltaba por hacer, todavía no encontraba el soporte adecuado ni siquiera sabía cuál iba a ser el método de extracción, pero eso si, en su mente tenía la imagen de una gran tienda con altas estanterías de madera llenas de frasquitos pequeños con forma de gota, que contenían las esencias, y muchas, pero muchas personas buscando el olor de su recuerdo o el aroma de lo que les gustaría conocer y nunca vivieron y, en la puerta, un gran cartel de madera anunciando: el Bazar de los aromas, Perfumes de recuerdos y de no recuerdos para cada ocasión.
[1] Eduardo Galeano - El Libro de los Abrazos – La casa de las Palabras






Presentación ¡Basta ya! – Agosto – Septiembre 2011




El agua que no tenemos
Héctor Aldo Valinotti


Sucede todos los años: al principio de la primavera, los cordobeses comienzan a esperar, con paciencia, que llueva, que los vientos y la humedad propicia traigan el agua que necesitamos. Hasta antes del cambio climático algunas gotas caían en octubre, iniciando una temporada de lluvias que duraban solo hasta marzo. En nuestra latitud, estas lluvias no superan los 700 mm en todo el año, lo que hace del agua un elemento escaso, que condiciona la actividad y el crecimiento. Esto ya lo habían advertido los españoles cuando resolvieron -en 1573- afincar la nueva ciudad en la unión de dos ríos: el Suquia y el Santa María (la Cañada). No obstante, a tres años de fundada fue necesario reglamentar el uso del agua.
Una breve historia del agua en Córdoba debería incluir:

-El inconcluso proyecto de Cassaffousth.
-La construcción de los filtros de la ciudad.
-El fracasado proyecto de techar a la ciudad de Córdoba.

-La construcción de una fuente que, partiendo del Paseo Sobremonte, terminaba al frente de la Facultad de Ingeniería.

Ahora que se habla de tener un ramal ferroviario entre Salto y La Paz, y de reforzar las vías luego de Piquillín, vuelve a plantearse la relación entre Córdoba y el Rio Paraná sueño siempre presente del fundador don Jerónimo Luis.

El proyecto de Cassafousth:
Dicho proyecto comprendía no sólo la construcción del Dique San Roque sino también la irrigación y aprovechamiento de “los altos” de la ciudad. Con esto último sucedió lo que muchos años después le pasaría a Ricardo Alfonsín y su idea de trasladar la capital al sur (Carmen de Patagones- Viedma). Cuando llegó el momento de instrumentar el proyecto, se encontró con que todas las tierras estaban ya en poder de flamantes propietarios cuya expropiación haría muy gravoso instalar la nueva ciudad.
En Córdoba, “los altos del norte” se trasformaron en loteos para gente rica y nunca se llevó a cabo su sub-división (Villa Cabrera, Cerro de las Rosas, etc.). Un resto de las construcciones puede verse aún en Saldan.
En los años 60, un oficial aeronáutico presentó un proyecto reclamando la devolución al fisco de las tierras beneficiadas por el canal maestro sur y que ahora estaban en poder de los familiares de un obispo y de una familia tradicional. La idea del vice-comodoro Martín fue rechazada por “propiedad treintañal” y descansa en paz en ese gran cesto de papeles que es la administración pública provincial.


Los filtros:
Sus ruinas aún estaban en Córdoba al principio de la década de los 50. Sus ladrillos fueron utilizados para levantar la villa “Los Conejitos”.
Estos filtros eran alimentados por canales. De su limpieza se encargaban nativos que vivían en lo que se llamó “el pueblito de los indios”.



El techado de la ciudad:
En los años 30, los estudiantes del barrio Clínicas -hartos del fraude electoral- crearon el Partido Independiente Juvenil Argentino, llevando como candidato a una persona de dudosa cordura que, como todo programa de gobierno, levantó el de techar a la ciudad para recolectar agua de lluvia para afrontar los meses de sequía. Lo más interesante fue que ganó las elecciones siendo elegido diputado. No pudo asumir porque las autoridades lo declararon “insano”. Empero, el proyecto sigue en pie y todo es cuestión de que alguien lo retome.


El viejo “empedrado” de Córdoba.
Contra lo que se supone, las calles de la ciudad, antes de ser de piedra fueron construidas con cubos (tarugos) de madera, lo que traía una serie de problemas para las personas “de a pie”. Como siempre suele suceder, hay sectores interesados en mantener el status quo. En este caso, el gran beneficiado -y el lector ya lo habrá imaginado- era el proveedor de los tarugos y que, como proveedor único, se presentaba a la licitación puntualmente todos los años.
Sea como fuere, el tema del agua acompaña la historia de la ciudad. Y no hay aún una solución totalizadora para afrontar el problema de fondo, pese a que los intentos han sido diversos y variados.






Juan Larrea
Eugenia Cabral



Bilbao, España, 13 de Marzo de 1895 - Córdoba, Argentina, 9 de Julio de 1980
EN UNA CLÍNICA PRIVADA DE CALLE SANTA ROSA AL 300, rodeado por su nieto Vicente Luy Larrea y los jóvenes amigos de éste que lo acompañan, aquel 9 de Julio de 1980 fallece en Córdoba, Argentina -entre el bullicio patriotero de la junta militar gobernante y el silencio de la literatura local- el poeta español Juan Larrea. Había residido en nuestra ciudad desde agosto de 1956. Último hito de su exilio a partir del recrudecimiento de la guerra civil española. Paris, Méjico, New York, Córdoba. Sólo trae sus recuerdos de Juan Gris, Pablo Picasso y Jacques Lipchitz; de Vicente Huidobro, César Vallejo, León Felipe, Gerardo Diego y tantos otros, todos dispersos por la tempestad abatida sobre Europa. Y trae su pensamiento, su erudición literaria, su pudoroso talento poético. Llega con su hija Luciana, que fallecerá en un accidente de aviación en 1961.
Desde entonces, había dictado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba un seminario sobre “Teleología de la cultura”, funda y organiza el Instituto del Nuevo Mundo (1959-1964) y el Centro de Documentación e Investigación “César Vallejo” (1966-1974), organiza el Simposium “César Vallejo, poeta trascendental de Hispanoamérica” (1959) y las “Conferencias vallejianas” (1967), participa con Herbert Read en la Bienal de Arte Latinoamericano organizada aquí por Industrias Kaiser (1962). En la editorial universitaria publica la revista Aula Vallejo (1961-974), que dirige y donde escribe; publica sus libros César Vallejo o Hispanoamérica en la Cruz de su Razón (1958), Corona incaica (1960), Pintura actual. Herbert Read: En los confines de la pintura – Juan Larrea: Pintura y nueva cultura (1964), Intensidad del canto errante (1972).
Durante ese periodo, en Europa, Estados Unidos, Méjico, Perú, Uruguay, su prestigio va renovándose y extendiéndose, se edita su obra poética, Versión Celeste, y ensayística. Comienza a estudiarse su obra, a analizarse sus teorías, a valorarse su labor poética y editorial. La recuperación de la democracia en su España natal lo lleva a visitarla nuevamente, pero ha echado raíces aquí y en esta tierra dejará su vejez y sus cenizas. También su semilla. Por eso lo recordamos con sus propios poemas.


Evasión



Acabo de desorbitar
al cíclope solar
filo en el vellón
de una nube de algodón
a lo rebelde a lo rumoroso
a lo luminoso y ultratenebroso
los vientos contrarios sacuden las velas
de mis carabelas
¿Te quedas atrás Peer Gynt?
Las cuerdas de mi violín
se entrelazan como una cabellera
entre los dedos del viento norte
Se ha ahogado la primavera
mi belleza consorte
Finis terre la
soledad del abismo
Aún más allá
Aún tengo que huir de mí mismo


Juan Larrea





Oración en los templos. Ak ábal
Alicia Alvarez


Por dentro de los bancos
de un templo,
escucho algo.
No es la homilía del hombre,
es
el Ojo de la madera
que todavía canta.

“Cuídame de las aguas…”
Aguas mansas
en su hondura ruge el río
quiebra rocas
trastabilla.
Inmóvil
Tu amor me late por dentro
cantos rodados.
Durmientes Maderas
El paso cansino
ritma
el amor que se va. Alicia Alvarez





La victoria no da derechos
Silverio Enrique Escudero

La Guerra del Paraguay es uno de los episodios más oscuros de la historia argentina. Todo, absolutamente todo lo que se ha escrito y dicho, debe estar sujeto a revisión. Fundamentalmente porque todas sus aproximaciones están plagadas de prejuicios y crean un espacio propicio para la mendacidad y las exageraciones.
La República Argentina fue a la guerra, mal le pese a los mitristas, con el solo objeto de complacer los intereses del Imperio del Brasil, que mantenía un conflicto limítrofe por el control del río Apa y su zona de influencia, en el norte paraguayo, y en contra de la restricción impuesta por Asunción a la navegación de barcos de guerra brasileños por el río Paraguay. Y pagar las deudas contraídas por Bartolomé Mitre, en los tiempos de su exilio oriental, con el Partido Colorado de Uruguay que buscaba “vengar” la intromisión de los paraguayos, en su sempiterno conflicto con los “Blancos”, que culminó con la invasión del General Venancio Flores, en el año 1863, para derrocar al gobierno del presidente D. Bernardo Prudencio Berro.
La alianza entre la República Argentina, Brasil y Uruguay, en consecuencia, era precaria. No sería descabellado afirmar que la guerra sólo le interesaba a Buenos Aires. Ésa es la razón por la que los ministros Guillermo Rawson, Rufino de Elizalde y Eduardo Costa pretenden convencer a los gobernadores de las 14 provincias de que se defendían intereses nacionales conculcados. Sin decir palabra, pese a los reclamos de los gobiernos de Córdoba, San Luis y Mendoza, acerca de la existencia de un protocolo secreto, firmado con el Imperio del Brasil, en diciembre de 1857, por el que autorizaba –a espaldas del Congreso- el paso por la provincia de Corrientes del ejército brasileño, si el Emperador Pedro I entraba en guerra con Francisco Solano López.
La guerra –es sabido- fue un desastre desde el punto de vista militar. Pocas veces hubo tanta torpeza en los mandos. Mitre, por momentos, fue sólo un jefe nominal. Su segundo, el brasileño Luis Alves de Lima e Silva, el Duque de Caxias, llegó a descalificarlo públicamente y, en más de una ocasión, intentó destituirlo. Curupay-ti fue el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer en el frente de batalla. Nunca, al menos, en la historiografía argentina, se explicó por qué la armada imperial llega tarde al combate ni sus errores en el tiro de la artillería, que tuvieron como blanco preferido la infantería argentina.
El resultado asustó a todos. Los diputados y senadores, que habían aprobado “el paseo militar” hacia Asunción, ahora espantados, y en medio de acusaciones mutuas y de todo tenor, claman por la paz. Autorizan a Mitre a que pida una tregua o firme la paz con Paraguay, en forma independiente de los acuerdos suscriptos.
El emperador Pedro I, al enterarse de la “defección de sus aliados”, monta en cólera. Recuerda y amenaza. Recuerda que es el Jefe Supremo de la Alianza y a él le corresponde tomar la última decisión. Y amenaza con la guerra, ahora, contra la antigua Confederación Argentina. Ordena que sus ejércitos avancen sobre la frontera con la Argentina y prepara un bloqueo a Buenos Aires. Quiere vengar Ituzaingó y, de paso, recuperar la Colonia del Sacramento.
Ésas fueron las novedades que le comunicaron los mandos a Domingo Faustino Sarmiento al momento en que asume la Presidencia de la Nación. Los dilemas que se le presentan son de hierro. Todos de suma gravedad. A pesar de haber “triunfado”, la Guardia Nacional aparecía destrozada. No soportaba una derrota más. Tampoco estaba en aptitud para entrar en combate, debido al estado de rebelión interna que vivía. Batallones enteros cuestionaban a sus jefes y cientos de sus hombres desertaban. No por cobardía sino como consecuencia del desorden reinante.
¿Cómo, entonces, enfrentar una nueva guerra, por la que abogan los halcones? ¿No son esos mismos que enrolaron, en los ejércitos nacionales, a su servidumbre, compuesta por libertos, en vez de tomar ellos las armas para defender sus convicciones? ¿Qué hacer? ¿Convocar al combate a las provincias que se habían resistido a la leva forzosa ordenada por Bartolomé Mitre?
Sarmiento opta por la paz. Aun en condiciones desventajosas. Prefiere preservar la unidad territorial del Paraguay. La única manera posible era denunciar –por impropio- el pacto constitutivo de la Triple Alianza, tornando nulos los límites que pretendían establecer las potencias triunfantes. Habla con los líderes parlamentarios. Impone una visión racional de la política internacional.
El 21 de diciembre de 1869, Mariano Varela, el ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, concreta su propuesta, que fundará el moderno Derecho Internacional Americano: “La victoria no da derechos a las naciones aliadas para que declaren, entre sí, como límites suyos los que el tratado determina. Estos límites deben ser discutidos con el gobierno que exista en el Paraguay y su fijación será hecha en los tratados que se celebren, después de exhibidos, por las partes contratantes, los títulos en que cada una apoya sus derechos”.
Silverio Enrique Escudero




Una verdad sólida para toda la vida
Jorge Torres Roggero





No hace mucho, Eduardo Alberto Planas, vino a visitarme. Traía una inquietud. Lamentaba, con razón, la menguada importancia que habitualmente se otorga a la resistencia de la Juventud Peronista de Córdoba durante la última dictadura cívico-militar. Postulaba, asimismo, que tampoco eran valorados los esfuerzos de las juventudes políticas de nuestra ciudad por organizarse para la reconquista de la democracia. Estaba dispuesto a escribir ese relato y, juntos, celebramos la idea.
Es así como, protagonista y testigo, Eduardo nos ofrece este libro: Las juventudes políticas de Córdoba. Luchamos por una causa. Viene a enriquecer uno de los géneros más ricos de nuestra literatura: el testimonial. Sus orígenes se confunden con los de la Patria. Ahora bien, un testigo puede organizar un relato sin meterse en el río tumultuoso de la realidad, mirando desde la orilla; o puede ser alguien que se ha jugado el pellejo y desde el medio del remolino de la historia viene a reclamarnos que hagamos memoria, que contemplemos la complejidad de la realidad viviente, que no nos olvidemos de la juventud. Este es el caso de Eduardo.


En efecto, la energía juvenil de las generaciones suele ser fogoneada por las burocracias políticas. Las inducen al desborde; y, cuando ellas exigen lealtad a la causa por la que pusieron el pellejo, son reprimidas. Al final, los jóvenes desaparecen de escena. Algunos se convierten en tránsfugas y piezas útiles de la tecno-burocracias partidarias; otros, desencantados, se entregan a una segura medianía. Están, por último, los “vigías de la revolución” (Evita dixit), los que no desisten de los objetivos del pueblo. Ellos, generalmente, son vilipendiados y sometidos a toda clase de marginaciones. Vivos o muertos los jóvenes han sido en Latinoamérica el cuerpo viviente, torturado y desaparecido del pueblo.
Por eso la importancia de este libro: viene a yapar el deshilachado hilo de las generaciones que no pudo cortar del todo la saña de la espada genocida. Un texto destinado a soldar el hiato histórico que se pretendió establecer entre los portadores de la causa nacional, popular y democrática. Tarde o temprano, de entre el rescoldo, de desde el no-lugar de las cenizas, renace incesante el fuego de la fe popular que cantó Jauretche en un momento de restauración oligárquica: “¡o si está ardiendo la brasa/ y hay que soplar la ceniza!”.
Las nuevas generaciones hallarán en estas páginas las semillas del porvenir que paradójicamente vienen del pasado. De nuevo se han alzado las banderas. La política reivindica su lugar de conducción de los destinos de la Patria y, como dice nuestra presidenta, los jóvenes sienten otra vez el orgullo de ser militantes y argentinos. La lucha por una causa es la lucha por un sentido de la vida. Es sentir, en algún momento, que nuestro destino individual carece de significación y sustento sólido en una comunidad que no se realiza. Como decía Scalabrini Ortiz:“el hombre aislado es nadie, apenas algo más que un grano de sombra que así mismo se sostiene y que el impalpable viento de las horas desparrama. Pero la multitud tiene un cuerpo y un ademán de siglos”.



Este libro de Eduardo es testimonio fiel de que, como sujetos individuales, nuestra vida es apenas un suspiro en el seno de la eternidad histórica del pueblo. Y que, en el remolino de la historia, “florecen mil flores”, es decir, el tumulto de las contradicciones que suponen heroísmos y traiciones, avances y retrocesos, esplendores de la fama y oscuro anonimato. Es aleccionador ver desfilar en este texto a las juventudes políticas de Córdoba en los tiempos feroces de la dictadura y en la aurora de la democracia recobrada. Muchos de esos jóvenes se convirtieron luego en políticos exitosos, se acostumbraron a las roscas y los tejemanejes, olvidaron que una causa, como decía Evita, es “la razón de una vida” entregada a la lucha por la “libertad efectiva” y nunca alcanzada a pesar “del dolor y del esfuerzo de este glorioso pueblo de descamisados”.
El relato de Eduardo Planas amplifica el papel de la juventud ya que da cuenta de los esfuerzos de las juventudes de distintos partidos políticos unidas por objetivos de justicia social, de liberación de todas las opresiones que insectifican al hombre y atentan contra su dignidad. No faltan, por cierto, al decir de nuestros criollos, los “bueyes corneta”. Recomiendo prestar atención a una foto incluida entre el valioso material documental de comunicados y archivos de acciones de protesta. En ella se destaca nítida la figura juvenil de una reconocida diputada nacional de nuestros días. Hoy opera de figurita repetida en los programas de los monopolios mediáticos que difaman y mienten. Fue ministra de trabajo de un gobierno que recortó los salarios de docentes y jubilados (entre otra felonías) y convalidó la represión de los trabajadores de prensa del multimedio cómplice de las exacciones, crímenes y traiciones a la Patria de los genocidas. Eduardo, con una imperdible ironía, se limita a nombrarla con su larga carga de apellidos oligárquicos de raigambre unitaria. En su nombre porta la ignominia. Invito, asimismo, a tener en cuenta la actitud vergonzante de las cúpulas partidarias de ese momento e, incluso, como necesaria autocrítica, la ambigüedad de algunos de sus compañeros de generación.
Dejo para el final la mención de cuáles son los vínculos que me unen a Eduardo y por qué puedo dar fe de su militancia, su trabajo, su amor a la causa del pueblo sin haber pedido jamás ningún privilegio a cambio. Yo fui su profesor en el secundario. En su camada había nada más que tres peronistas. Lo supe cierto día, cuando al salir al recreo, uno de ellos se acercó y me dijo: “Profe, somos compañeros”. Fue una gran alegría. Perón decía que “el trato de compañero” es la “fórmula ritual en el contacto entre peronistas”. Los que no lo sienten así, están a un paso del “oligarquismo”. Pedía, además, que los peronistas fueran compañeros y amigos: “Nada puede desarrollar la solidaridad indispensable como la existencia de una verdadera amistad entre los peronistas”. No es casual escuchar, en estos días, cómo algunos se-dicentes peronistas y amigos, se “doctorean” y “contadorean” a destajo.


Luego el Proceso nos desbandó a todos. Expulsados de la universidad, sobreviviendo con algunas horas de cátedra, invisibilizados, aprendimos el arte de sobrevivir exiliados en la propia patria. Cierto atardecer, suena el timbre. Eran mis tres compañeros, ya jóvenes universitarios, que venían a visitarme, a tramar redes de reconocimiento y resistencia. Me traían de regalo un ejemplar de bolsillo de El modelo argentino para el proyecto nacional. Era, a simple vista, una edición clandestina sin pie de impresión, sin señales de identificación. En medio de la desolación, ya empezaban a escribir graffitis anunciando la invencible esperanza del pueblo con cierto y seguro riesgo de sus personas. Junto a Eduardo, su inseparable hermano José Luis y el otro compañero que no volví a ver, cuyo nombre no sé si estoy autorizado a mencionar.
Nos une, entonces, la cuerda vital del sentimiento que, según Scalabrini Ortiz, es un modo de conocer la realidad tanto de las personas como de la sociedad. La continuación de estos encuentros es este libro que continúa “la lucha por una causa” y es cabal cumplimiento del conocido apotegma de Perón: “El hombre puede desafiar cualquier contingencia y cualquier mudanza, cuando se halla armado de una verdad sólida para toda la vida”.

Jorge Torres Roggero
Prólogo del libro “Las Juventudes Políticas de Córdoba – Luchamos por una causa”, de Eduardo Alberto Planas, Editorial Espartaco Córdoba, 2011





Brazos abiertos
Selva Furlan


Tus ojos, por el ventanal:
redondos goterones
de lluvia cabalgando hacia adentro.
Dos círculos húmedos y profundos
sobre la tierra.
A sus orillas, como en una primavera,
veo el resurgir
de dos brazos abiertos.

Elección


El tren me lleva
por la vía elegida.
La vía del olvido,
esa calle ciega.
Ella abre los brazos,
guarda
un revuelo de vida.
Pinceladas de bemoles
y becuadros
con la música elegida.
El ayer
ha venido por su vía
y desgrana los recuerdos.














Una cosa trae la otra – Vergüenza ajena
Por Lily Chavez





Por estos días, ir a realizar compras o trámites al centro de Córdoba era enfrentarse cara a cara con el malhumor.
Manifestaciones, vendedores ambulantes en la peatonal, sin el mínimo control por parte de inspectores municipales; largas colas para la famosa tarjeta electrónica que se usará en el transporte urbano como único medio de pago, colas interminables en los bancos y en otros centros de pago, remodelaciones con cortes de calles que terminan por complicarlo todo. Entonces el viernes, que quería ir a saludar a una amiga que cumplía años, decidí bajarme en “el Cabred” e ir a Nueva Córdoba por el lado del Parque Sarmiento: aire libre me dije, gente caminando o corriendo pero distendidos, niños correteando subiendo a los juegos, mucho verde, pájaros…pero, a poco de andar me di con la sorpresa inicial. Junto al monumento a Eva Duarte, un hermoso cartel del Gobierno de la Provincia con la leyenda “Ceibos del Bicentenario”. Demasiado cartel para unos ceibos inexistentes. Ustedes dirán, se los deben haber robado, se secaron y yo les diré “Sí, puede ser” pero, alguien debería estar encargado de que no se los roben, de que no se sequen y si se los roban y si se secan, reponerlos. Parques y Paseos está para eso, para cuidar, para que el lugar que tanto queremos los cordobeses se vea bien. Pero claro, ahí no iba a terminar todo. Por el contrario, recién empezaba.
La mirada se extravió en un cañadón que siempre estuvo pero que ahora es un verdadero basural, las veredas rotas, las escalinatas, los bancos, los juegos y el peligro latente a cada paso. Hace un tiempo, una niña pequeña se cayó dentro de un zanjón que debió estar cubierto y generó un juicio a la Municipalidad, ahora, hay cientos de esos espacios donde un niño puede caerse. Me pregunto que
hay con eso de “mejor prevenir que curar “o estamos esperando que algo malo vuelva a suceder.


En esta travesía iba acompañada de Roberto, mi esposo, y él me dijo: ¿te acordás cuando traías a Matías en verano y corría agua por las canaletas laterales como pequeñas acequias? Y sí, como olvidarme, si el Parque realmente era un lugar de recreación y todas las mamás podíamos llevar a los hijos con la seguridad de que nada iba a pasarles. Tengo que reconocer sin embargo que el lado izquierdo del parque, de acuerdo a mi recorrido, goza del beneficio estético que le concede el lago artificial, donde hace unos años (no lo olvido) vi un ratón del tamaño de un gato. Pero dejando de lado “el tema menor” que es la seguridad de los ciudadanos, hay para decir que al finalizar la Avenida del Dante, nos encontramos con un Museo Caraffa remozado, un bello Museo de Ciencias Naturales, el nuevo Centro de Interpretación de la Provincia de Córdoba¿?, un monumental y costosísimo Faro del Bicentenario que todavía nadie entiende y el monumento ecuestre al general Juan Bautista Bustos, héroe de la recuperación de la ciudad de Buenos Aires en época de las Invasiones Inglesas y el primer gobernador constitucional de la Provincia de Córdoba.


Así está hoy ese parque que allá por 1899 Miguel Crisol encargara al urbanista francés Carlos Thays, proyecto que sería el primero de más de una docena que el arquitecto llevó a cabo en Argentina hasta su fallecimiento en 1934. El Parque fue inaugurado en 1911 y con su rosedal se convirtieron rápidamente en el lugar preferido para la sociedad de Córdoba. En un principio para la alta sociedad, tal es así que en 1912, el Dr. Juan Ferreyra compró los terrenos adyacentes para su mansión, terminada en 1916 y que hoy es el Museo Superior de Bellas Artes Evita o Palacio Ferreyra como la gente elige llamarlo.
Dando una repasada a la memoria íntima de Córdoba me quedo pensando en esos lejanos tiempos donde los hombres - de saco y corbata - se sacaban fotos junto a la estatua desnuda de la fuente; donde un rosedal sin rejas era el marco ideal para la fotografía de los recién casados, y cuando allá por 1929, en el natatorio municipal del parque, la postal era una pileta sólo concurrida por mujeres. Les estaba prohibido a hombres compartir la aventura de refrescarse. Un artículo de La Voz del Interior del 17 de enero de 1930 decía: “El baño mixto debe imponerse de una vez por todas” y así fue, en el verano de 1930-1931. Quería darle el gusto al Director del boletín y hablar algo de la era digital pero hay tanto contraste en lo cotidiano que no podía pasar por alto lo que les he contado. Roberto se ríe de mis dichos: “los de afuera son de palo” “el que nace barrigón es al ñudo que lo fajen”, “No hay que gastar pólvora en chimango” pero convengamos que esos decires, si bien son de otra época no pierden vigencia. Mi padre decía “me da vergüenza ajena”, vergüenza por lo que no está al alcance nuestro corregir, por las acciones de otros. Y esto es así, es lo que vine sintiendo por la inoperancia de algunos gobernantes “no quiero meter todos en la misma bolsa” “al que le quepa el sayo que se lo ponga”. Claro, no todo es culpa de los gobernantes, antes había en los ciudadanos valores y costumbres que hemos perdido. Y si Internet pesa tanto como dicen, bueno sería utilizar esa vía para concientizar y volver a inculcar normas de convivencia, de respeto, tan ausente en estos días. Y hablando de deberes, derechos y obligaciones, me voy a cumplir con un deber cívico. Es domingo 23 de octubre de 2011 y los argentinos votamos a nuestros representantes, disfruten de este acto de democracia y mientras esperan para votar, seguramente se darán conversaciones con quienes están en la cola y en carne propia verán como Una cosa trae la otra.





Cine: Melancholia de Lars von Trier


Es una película extraña pero bella. Parecen dos filmes distintos pero concatenados. En el primero existe una referencia a lo que será esencial en el segundo que pretende ser el elemento de unión de ambas: lo concerniente al fin del mundo.
Melancholia abreva del movimiento Dogma por su tratamiento de cámara al hombro, que parece evolucionar libre, por cierta sensación de improvisación actoral y de voluntad de verismo.
Tras unas imágenes iniciales a cámara lenta, de gran belleza, que casi se nos antojan surrealistas (luego sabremos que son pistas del argumento en sí), la cinta se divide en dos partes (Justine y Claire).
Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg) son dos hermanas muy bien situadas en la escala social. El marido de Claire, John (Kiefer Sutherland) “está podrido de dinero” y tiene conocimientos avanzados de astronomía. Éste ha organizado en su gran mansión una boda de alto nivel para Justine. Antológica es la secuencia inicial, en que una interminable limusina con los novios dentro tiene verdaderos problemas para girar por un camino rural hacia la mansión. Pese a la seriedad de la propuesta, la primera parte se permite mayor ironía que la segunda. Justine es una gran publicista pero pronto se intuye que se arrepiente de casarse pues desaparece una y otra vez del gran comedor donde están los invitados, y realiza muchas cosas desacertadas para quién se supone vive un día especial.



Esta primera parte recuerda otro film de un colega de Dogma, Celebración, de Thomas Vinternerg, donde otra fiesta familiar a lo grande acaba como una tragedia griega.
Justine evoluciona de la euforia inicial hacia un estado melancólico que la sume en una gran depresión ¿Tiene algo que ver ese planeta gigante que se acerca?
En la segunda parte, Claire, su hermana, la acoge en su mansión para que se recupere.
En esta parte la película se debate entre la posibilidad o no de que efectivamente el planeta choque. Pero lo importante es observar, ante el peligro, la reacción de cada una de las hermanas. Mientras a Justine le asiste una serenidad pasmosa, Claire se niega a aceptar la posible fatalidad e intenta combatirla.
La primera parte tiene sus momentos divertidos y diálogos ocurrentes, sin mencionar la presencia de grandes actores como Charlotte Rampling, John Hurt, o Stellan Skargard, Kiefer Shuterland, también con un Udo Kier verdaderamente cómico. La segunda es enigmática y rotunda.
No dejamos de destacar la belleza de las imágenes, particularmente las enigmáticas del principio y del final impactante.
Espléndidos trabajos de todos, intensidad emocional, hermosa fotografía, esta película es realmente exquisita y recomendable.
La música elegida -acorde a las escenas- es la más sublime de Wagner.



Melancholia


Trailer






El jugador
Alfredo Lemon


VITAM REGIT FORTUNA NON SAPIENTIA


Confórmate con tu destino,
el rigor de un acertijo.

La vida no es justa ni es injusta. Sólo es, neutra,
única opción para rasguñar algún momento de bonanza.

¿Hasta en la muerte de un pájaro interviene la providencia ?
¿Será el infortunio, pura casualidad ?

Interrogarse resulta inútil y torpe.
Cualquier circunstancia nos deja huérfanos y nos hace temblar.
No hay lógica en la tragedia ni lágrimas para la desventura.

Dios se manifiesta en las leyes del cosmos
y en la alquimia de los amantes.

¿Cómo pensar en un árbitro de premios y castigos,
alguien que pise una hormiga sin misericordia ?

Creo en un Dios que alimenta a las aves del cielo
y a los peces del mar.


Creo en los profetas y en los locos
porque balbucean frases absolutas.

Confórmate con tu destino,
el rigor de un acertijo.

Hechos y sucesos son páginas de un calendario
que el viento hojea apresurado.

Actos y rutinas conforman el devenir de una existencia
que oscila entre la fascinación y el horror.

¿Será mejor luchar como Edipo o Prometeo
hasta el límite de las fuerzas
o moderadamente caminar cabizbajo
sin haber intentado el honor, la bravura ?

Las moiras, las musas, las runas, las cartas:
¿alguna terapia ayuda a conocerse ?

El azar maneja nuestro tiempo como un cubilete.
Unos gramos de sertralina no cambiarán el designio de los astros.

Detrás de cada conducta está el pensar
y detrás, el deseo o la carencia.

Escribir no consuela ni nos hace más sabios.

Sólo es posible dudar.

Sólo es posible jugar para sentirse vivir.

Recompensa moral, resentimiento:
la verdad tiene siempre un as escondido.

La fragilidad es la venganza por tu audacia,
la envidia de los héroes.

Alfredo Lemon
Especial para ¡BASTA YA!




Estado 3
Alejandro Heredia


el día es demasiado dulce
para contestarle algo a la soledad

cantarás para mí?
serás lo que fuiste
desnuda
en aquella tarde con
tantos incendios?
tus pechos suben hasta mi boca
y se quedan allí
temblando
los muy redondos
cantarás para mí?
Será mañana el ayer que
deliramos?
tus pechos bajan hasta mi boca
y se quedan allí
temblando
los muy terribles

impidiendo que la soledad
se escape entre mis labios.




Danza del Dragón
Práctica moderna de antiguos movimientos taoístas. Una coreografía simple y eficaz que transforma todo el cuerpo. Las ondulaciones producen el drenaje natural de toxinas. El cuerpo se estira en todas las dimensiones y se nutre profundamente. Restaura la columna. La respiración es más profunda y calibrada intencionalmente. Facilita la digestión y la correcta asimilación de los alimentos. Afina la silueta. La piel es más tersa, limpia, suave e hidratada. Otorga luminosidad al rostro. Tan dinamizante por la intensidad, como relajante por la suavidad. Femenina y sensual, conviene también a los hombres. Abre la sensibilidad y la sensación corporal. Enseña a concentrarse y a dirigir la atención. Solo pequeños grupos –Sesiones Martes y Jueves: 10 hs y 20 hs. Calle Naciones Unidas nº 820. Bº Parque Vélez Sarsfield. Inscripciones e informes. Cel. 152165194. Urquiza 174 – Córdoba. Miércoles 19 hs / Córdoba Holística Espacio
Laura Bernardi






13 comentarios:

Anónimo dijo...

buenísimo Eduardo !!! como siempre, un honor pertenecer !!
celebración y bendiciones !!!
Alfredo

Anónimo dijo...

BELLISIMO! GRACIAS MILES!
UN BESO
Rosy Goldman

Anónimo dijo...

Felicitaciones.Muy bueno como siempre.
Raul

Anónimo dijo...

Querido poeta, mecenas, editor y combatiente de la vida!
Una vez más lo felicito, por la muy buena "publi" del prestigioso BASTA YA.


Un abrazo amigo Eduardo, espero vernos este miércoles y reservo un ejemplar, que siempre me acompaña en íntimos y especiales momentos de buena lectura.
Julio Taborda Vocos

Anónimo dijo...

Espéctacular. Los felicito .Sigan asi.
Noemi

Anónimo dijo...

Te cuento que lei tu libro, me lo, literalmente, devore. Me parecio muy interesante, sinceramente no sabia nada de todo eso, y ademas con muchos nombres conocidos entre medio. Un lujito don planas!! vamos por mas!!!! ahhh!!! me he reido mucho con la historia de andar por los techosss y ganar aliados al azar!!!jajjabueno che me estoy muriendo de sueño asi que te dejo con un abrazo enorme y un hasta prontisimooo mi amigo escritor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Mariana motenegro

Anónimo dijo...

Eduardo: El Boletín es una nave que no deja de ir y de ir y de seguir yendo. En cada puerto se le suman voces y eso es hermoso.Es un colectivo que crece. Para mí es " una de las luces que tengo prendidas en el pasillo de mi casa en la tierra".
Jorge

Anónimo dijo...

Eduardo, quiero felicitarlo por todo el trabajo que hace con el Basta ya!. El lunes escuché atentamente Luna de Pájaros, me interesó mucho lo del libro y ahora que veo el comentario de Mariana, creo que el tema abordado ayuda mucho a una generación como la nuestra, que desconoce tantas cosas. Entré a leer el boletín y me sorprende siempre. Del trabajo de Lily no digo nada ella sabe de mi admiración por su escritura y es así tal cual lo pinta al Parque Sarmiento, muy bueno los poemas, me gustó el de Alejandro Heredia creo que se llama el último. Me sorprendió lo de Juan Larrea, no lo tenía y hay notas interesantísimas como las de Escudero y Roggero? Realmente, lo felicito; la imagen de tapa es muy linda y gracias también por el aporte de los videítos, me encantaron.

Andrea Casas

Anónimo dijo...

Gracias Eduardo por la semblanza que haces en el libro de las juventudes politicas sobre mi persona. Un abrazo. Victor Bitin

Anónimo dijo...

Si uno espera tener que hacer alguna sugerencia, indicar algo que no gustó pierde el tiempo, excelente boletín, con gente muy capaz. Felicitaciones a todos y cada uno.

Irene

Anónimo dijo...

Gracias a todos.Gracias Andrea por tus conceptos. Eduardo Planas

Anónimo dijo...

En la belleza de la portada, como ocurre con los seres humanos que solamente después de conocerlos podemos saber su valor verdadero. Hay gente que es bella y no lo sabe. Adentro a medida que pasamos las hojas del boletín vamos descubriendo : poesías, decires y sentires, realidades que duelen. Esperanzas que añoramos como la de esperar el próximo Basta ya! que nos hace sentir vigentes y saciar nuestras necesidades espirituales calmando el síndrome de ansiedad contra la mediocridad.Adelante y felicitaciones a todos.Gracias Julia Valle

Leticia Ressia dijo...

Que lindo está el blog Eduardo.
beso grande y adelante!!