sábado, marzo 19, 2011

DOSSIER - ALFREDO LEMON -2008/2011





Mapa del corazón
Alfredo Lemon



Un hombre besa a una mujer
después de haber llorado.

Se apagaron los ojos de los sabios
y no pude preguntarles
si acaso alguna pauta, algún secreto
daría sentido a la existencia.

Abrí los libros y cerré la vida.
Cerré los libros y abrí la vida.

Quedé tan desamparado como el mundo.

Cada vez más lejos de la verdad.
Cada vez más lejos de un refugio.







De maestros y discípulos


Alfredo Lemon

Podrían mencionarse ejemplos como los de Sócrates y Platón, Verrocchio y Leonardo, Perusino y Rafael, Schumann y Brahms, Debussy y Ravel…la relación del maestro y el discípulo es antiquísima. En las sociedades primitivas, el padre biológico es también el pedagogo encargado de acuciar y encauzar la mente, el alma o la conciencia del hijo. En las complejas sociedades desarrolladas, la tarea se encarga a un especialista. Pero el azar, siempre inescrutable, llega a producir el encuentro de almas destinadas. Casi no hay personalidad destacada en cualquier disciplina que no haya tenido un padre espiritual. Esta condición, por razones difíciles de enumerar del todo pero que hacen a aspectos psicológicos, sociales y generacionales, rara vez coincide con la del padre biológico.
Así, con frecuencia, se suele llamar “maestros” a renombradas personalidades que de alguna manera y en algún aspecto, influyeron en nuestra formación. Esta denominación es casi ineludible cuando la persona ha alcanzado cierto reconocimiento. De cualquier modo nunca está demás volver a preguntarse ¿a quién puede considerarse un maestro?
Hay una respuesta que aparece primeramente: a quien tiene discípulos. Sabemos que maestro es quien enseña, quien forma a otros, quien tiene seguidores. Sin duda se trata de alguien que puede ser admirado e incluso imitado como modelo, aunque no siempre la mera imitación o seguimiento alcanzan para ser un discípulo. El verdadero maestro no es sólo aquel que logra que algunos se le asemejen sino quien esencialmente resulta un disparador, un liberador de acciones y pensares; alguien que provoca en el otro lo mejor de su capacidad creadora. Un motivador que desencadena en el otro, un proceso hacia sí mismo que le produce encuentros reveladores que lo pueden llevar a descubrir cambios sustanciales en su temperamento.
Todos sabemos quiénes son aunque no los nombremos. Todos los identificamos como aquellos que en nuestro aprendizaje supieron (o saben) despertar una vocación, un interés especial por algún tema, abriéndonos horizontes, ejerciendo influencia en nuestro ánimo.
Son formadores de conciencia que por sus actitudes públicas, sus virtudes privadas, sus opiniones o sus doctrinas, definen valores, marcan un rumbo, una ética.
Desde un punto de vista artístico -y creo que todo maestro es ciertamente un artista según su oficio- es quien alcanza un lenguaje propio, un estilo expresivo del cual otros se nutren y quienes a su vez, con su impronta pueden encauzar hacia nuevas corrientes, otras maneras de abordar las cuestiones.
Del mismo modo, maestro es quien despierta en el discípulo las energías destinadas a superar eso mismo que él está enseñando, como quien dijera: “te enseñaré a volar pero no necesariamente debes seguir mi vuelo”.
En ese sentido y como apunta Castañeda, “la libertad de escoger un camino ofrece un sentido de dirección por medio de la expresión de las inclinaciones de cada uno”.
Además, hay ciertos maestros que sin ocupar un sitial académico, logran imprimir en los demás, un entusiasmo por tal o cual asunto; alguien que merced a su “eros pedagógico” ha inculcado una pasión, pautas que como brújulas, pueden servir de ayuda en una profesión, una carrera o lo que es más interesante, en el oscilante sendero de la existencia.
De este modo entonces, la mutua elección de maestro y discípulo es una forma sublimada de amor, en la que el elemento erótico, como en la amistad, no está ausente. Tampoco quedan fuera del cuadro la ambivalencia amor-odio latente, los celos, la competencia por el ejercicio del poder, el miedo a se desplazado, el riesgo de la imitación y, también, el ansia de liberarse de un yugo asfixiante, la ruptura o la reconciliación póstuma o tardía. Pero como en el amor, existe la alegría infinita del encuentro con el alma predestinada.
Cabe llamar maestros igualmente, a otros tantos solitarios que por su incomparable originalidad, por la convicción y solidez de su conocimiento o su talento, han sabido construir obras arquetípicas. Son quienes han podido llevar su cosmovisión a la sociedad e incidir de alguna manera sobre ella. Supieron incorporar al torrente social su ideología o su forma de ver las cosas, de un modo inédito o inesperado.
En última instancia son auténticos hacedores de realidades, auténticos “benefactores”, porque no son sólo quienes nos enseñaron conocimientos técnicos sobre alguna materia, sino aquellos que por sobre todo, nos legaron sabiduría de vida (“savoir vivre”) y una conducta, un ejemplo.
Por otro lado, maestro y discípulo pueden disentir, pero aprenden uno del otro en tanto su relación esté basada en el respeto; lo cual permite a ambos, desenvolverse correctamente en un clima armónico, tolerante y pluralista.
Incluso resulta lógico creer que en algún momento del transcurrir de los acontecimientos, el discípulo debe sucederle y servir él mismo de guía, encarnar la virtud que exaltaba. En ese caso el discípulo devendrá en maestro cuando él, por sí sólo, sea la huella, un destino.
Viene a cuento una anécdota tomada de la literatura china: “un estudiante ingresa a una escuela pero nadie le dice dónde está su maestro; él deberá encontrarlo, pero ¿cómo? La respuesta parece sencilla pero invita a la reflexión: su maestro no es necesariamente quien está impartiendo clases, sino aquella persona de la que está seguro puede aprender algo”.
En fin, estudiar es interpretar y pensar es aprender. El mejor efecto que puede tener la educación es el de imprimir en los educandos el deseo de mejorarla y superarla.






EL NADADOR

Los músculos en equilibrio y el pulso justo
antes de zambullirse en la piscina o en el río
al pie de la montaña.

El hombre
-pez ciego y sin destreza-
flameando, flotando,
en la intención fluctuante del deseo.

Y la palabra, el pensamiento,
retumbando en la página, el espíritu
como un águila, firme.

Plena atención, tensión precisa:
la mano entregándose al ritmo del lenguaje;
y el nadador al flujo, la ondulación del agua.

ALFREDO LEMON Dibujo / Watermask






13*
Alfredo Lemon
*a José Vicente Muscará

Este es el número de la suerte incierta.

Por qué no pensar una cifra que simbolice
la vida cotidiana que apenas somos
y aquella parte que no alcanzó ?

Este es el número de la suerte incierta.

La paloma entró en la casa
y lo juzgamos como un buen augurio.
Vimos al murciélago cruzar la noche
y nos creímos condenados al insomnio.

Percibimos el mundo por el ojo de una cerradura.

La superstición nos hace débiles
y sólo la renuncia nos vuelve omnipotentes.

Este es el número de la suerte incierta.

Siempre es tarde para hacer un balance
y demasiado pronto para inventariar.

El juego del destino es pulcro y necesario.
Vivir es apostar por un deseo pertinaz.






Zona de caza


Cuerpo afilándose:

mitad mujer, mitad, centauro.

Hay dos en cada uno.
ALFREDO LEMON


20/02/08
Alfredo Lemon



Antes de la medianoche del miércoles de aquél año bisiesto,
la luna estuvo coronada por Saturno y Regulus.

Durante cincuenta minutos, en una zona de penumbras,
el planeta del anillo tiñó de rojo la luz del sol,
a la derecha, hacia abajo.

Muy cerca, a la izquierda,
apareció la estrella de la constelación de Leo
con su aureola amarillo azulada.

Sólo pude recurrir a ti, poesía,
como un acto de devoción,
un anhelo de pureza.
Fotografía: Ricardo Cortés (publicada en www.sosperiodista.com)
Ajedrez
Alfredo Lemon


Arduo,
escueto,
esquivo.

Sin poder encontrar un sentido,
fui haciendo zapping con los días:

religión, gimnasia, lecturas,
runas, marihuana, tarot.

¿Qué significa mi vida,
este mundo para mi ?

Todo es un purgatorio,
terapia y sangre, tinta y sudor.

Sólo tengo el lenguaje, la escritura:
veinticuatro sonidos, treinta signos;

y la inspiración agazapada
esperando el final de este poema.








Ahora
Alfredo Lemon


Un whisky demorado en la lánguida tarde de mayo.

Junto al fuego, el invierno está hecho de cenizas.

¿Crees que envejece el alma ?

¿Qué sientes cuando se nubla la fe ?

El futuro es el disfraz de tu destino.







El go-en
Alfredo Lemon

Después de la guerra, los japoneses se dieron cuenta que todo dinero era importante. A esta moneda de cinco yens, llamada “go-en”, empezaron entonces a atesorarla diciendo popularmente, “cuando llegue un “go-en” a tus manos, no lo dejes pasar”. Así, fueron sosteniendo la idea que quien tenía un “go-en” nunca tendría hambre y siempre estaría resguardado de problemas económicos.
Se puede ver un círculo abierto en el centro de la moneda. Espiritualmente, se dice que por allí, penetra la luz de Oriente, el ojo del sol, la divinidad.
Por eso, se ven unas rayas horizontales que semejan el mar a la distancia, con el sol naciente en el medio.
Igualmente, hay unas cañas de arroz inclinadas, agachadas, que aportan la creencia de que aquellos hombres que han sido “iluminados” por la luz de la sabiduría, son humildes.
También interpretan que los frutos resultan en definitiva, el símbolo de la vida, que nace, crece y después se vuelve hacia a la tierra.
Con todo esto, la moneda puede ser considerada también un amuleto que suele colgarse desde el cuello hasta cerca del corazón.
Yo creo en la leyenda de esta moneda. Estiman de buen augurio recibirlo en obsequio. Todo sendero que sirva para un mejor conocimiento del hombre interior pasa por un trabajo que pone en obra, la rica complejidad de nuestro ser. Hoy por hoy, los mejores intelectos dudan de la claridad de la razón.








El amor no es amado

Alfredo Lemon


Quien ama a una mujer, las ama a todas.
Pero aquella a quien amas es la más ajena, la distante.

¿Un amor compartido nunca se olvida?
¿Los amores imposibles perderán la memoria?

Hay amantes que se encuentran unas horas
y acaso son felices.

Hay amantes que no se encuentran nunca
pero son felices en la espera.

También el monje que está solo en su celda
siente a veces que Dios no escucha su plegaria.

El deseo tiene el sabor de las uvas del infierno.
Hasta en el amor más puro hay siempre un sufrimiento,
el amor más sublime también morirá.

Lo efímero angustia, lo duradero cansa.
La felicidad es sórdida, amenaza.

Demasiadas ausencias:

lejos de quien creíamos estar enamorados,
lejos de quien hubiésemos querido amar.










DANZAS

Alfredo Lemon


El pétalo y el cisne se codician:
néctar de nácar,
imán de amor.

Soy un visitante de cristal sobre tus dunas.

El ibis desciende al encuentro del reptil,
ancla y anzuelo se enlazan.

La muerte y la pasión se confunden
en una respiración profunda y tensa.

La prueba es vendarse los ojos
y dejar que el magnetismo gravite.

Tatuaje del pez,
genuflexión de la garza.
Fotografía: Inés del Papa-Julio César Audisio / 2008 Grupo Dionisio Ramos






SOPHIA
Alfredo Lemon


Una silueta se insinúa detrás del anaquel.

Su luz es más brillante que el oro
y pocos pueden contemplarla sin perder los ojos.

Vigila el jardín del conocimiento,
allí donde apenas somos capaces de desatar
las sandalias de Sócrates.

La busco y la he buscado:
desde mis primeras intuiciones en la infancia,
a través de las distintas edades de mis días
y en el revés de cada página.

Aún pregunto si a ella pertenecen mis palabras;
si suyas son las dudas que escribo en el papel
y ahora intento exorcizar en estos versos.
Confesión en tiempo de lluvia
Alfredo Lemon

La lluvia moja las ventanas de la casa.
El tiempo agrava la soledad del suplicante.
¿Quién enhebra las notas de un violín melancólico
en la noche más fría del invierno ?
La lluvia humedece los contornos del alma.
La tierra entristece de sombras la luna.
¿No sería mejor
recordar de una vez para siempre?
Cartas que nunca llegaron,
paraguas de pie en un rincón,
sombreros ensimismados,
tazas con borra de café,

un baúl lleno de arrepentimientos
y despojos.

Siguen las gotas salpicando los postigos.
Me llueven lágrimas por dentro
y el amor no ha llegado todavía.







Pasión en el camino
por Alfredo Lemon
Especial para el Basta Ya!
Hoy es domingo. En apariencia, los seres de estas latitudes están descansando, cultivando un jardín como quería Voltaire o simplemente disfrutan de un sosiego reparador. Otros, cada vez más cerca de la miseria, ven pasar las horas de su hastío. Sólo unos pocos, hoy domingo, desafían las leyes de la física que tanto han preocupado a Newton, Einstein o Hawking.
Hace muchos años que intento ver el rostro del Absoluto. Hoy es domingo, ¿acaso también Èl descansa? Pienso que si traspaso el límite de los trescientos kilómetros por hora podré ver su forma, su perfil desconocido. Aunque en verdad me contradigo. Nunca lo he confesado antes: una vez lo he visto: en las curvas, en los trompos, en los derrapes. La imagen no es clara. Parece tener una túnica celeste, rostro amable, barba de anciano. Ha sido también en esos momentos cuando estirando mi mano me pareció rozarlo pero perdía el contacto y el velocímetro descendía a doscientos ochenta, doscientos cincuenta...
He ido a contra-reloj. Sólo una vez, por única vez, en el circuito de Ímola, logré que me tomara la mano y la muñeca. Fue una cuestión de segundos. Fue una cuestión sublime, de eternidad.
Cuando reaccioné, ví que desde el aire llegaban helicópteros, desde los costados corrían ambulancias, gente desesperada y gritando, médicos haciéndole traqueotomías a mi cuerpo que yacía en el asfalto, los dueños de la escudería sacando cuentas por las pérdidas, sacerdotes orando por mi alma, el público en silencio enmudecido y sorprendido, homenaje y pena... Todos como actores de una tragedia cumpliendo sus roles puntualmente.
Creo que a lo mejor en estos años tensé demasiado el arco del destino, haciéndole frente a la naturaleza retando a la muerte en bólidos de fuego.
No sé si me habré reído de los dioses, no sé si tuve coraje, no sé si me arrepiento en conciencia. Quizás, la única tristeza que ahora me invade es cuando recuerdo a mi pueblo, allá en el sur de Sudamérica.
Presiento que muchos corazones habrán dejado de palpitar en sintonía con el mío, un día como hoy, domingo, cada vez que me sentaba al volante, apretaba el acelerador y me lanzaba al vacío.
Toda búsqueda vale la pena. Todos nosotros, cada cual a su manera, trata de entender la lógica del mundo.
Los que se entregan a sus sueños, los románticos, los amantes, los vulnerables, los misericordiosos, los intrépidos, tendrán un lugar privilegiado aquí junto a mí.
Al fin, es la pasión por vivir lo que nos otorga un leve sentido a la existencia.
Al fin, es la pasión por vivir lo que no tiene fin!

(Esta carta fue encontrada en el bolsillo de un paciente internado en una Clínica Psiquiátrica que se hacía llamar Ayrton Senna y vociferaba que había muerto el 1º de mayo de 1994 en un autódromo de Italia).






LA ALMOHADA DE JADE


La verdad y la belleza se desnudan.

Mi boca besa tus tibias mejillas.

Late en tu vientre un poema.

Los cuerpos bendicen la lujuria.

ALFREDO LEMON
Khajuraho, 20/01/10










un poema
de
alfredo lemon

" La vida, proxeneta de la muerte ..."
Julio Cortázar

Pájaro herido, poema,
solo, en mi conciencia.

Oh, ángeles, ahora puedo ver
cómo mis negras nubes desaparecen
y un carruaje lleno de fantasmas se lleva mis congojas.

Detrás de las colinas hay ríos trasparentes,
aguas que lavan las piedras y el cansancio de los pies;
aromas sutiles, labios dulces, adolescentes,
relámpagos, húmedos huracanes hundiéndose
mientras los cuerpos celebran sus orgasmos.

Siente el beso de las víboras
y el veneno para conjurar la muerte.

Siente el goce en estado puro:
el semen del jazmín en un jardín infinito.

Dios es una orgía, un paroxismo.

Comienza a peregrinar.

Hazte cargo de tus huellas, tu heroísmo,
tus farsas, fantasías,
tus miedos, tus proezas,
tus premios, tus suicidios,
tus más secretos talismanes,
ese verdor que no perecerá.

Sube, baja, concéntrate y relájate.
Tienes el don de respirar.
Abre tu pecho y sopla,
gime, mastúrbate, bate vate.

Reconcíliate con la araña y con la estrella.
Advierte la importancia de entender. Resucita.
Vuelve a sentir las venas por tu sangre
recorriendo la geografía de tus días ...

Deja que la lluvia borre toda herrumbre.
Bebe la leche de las leonas y el vino de los reyes.

Si te angustia la cercanía del fin, puedes alejarlo:
celebra mientras te excite y te asuste
el fondo negro de una página en blanco.

Fácil resulta relacionar medicación con meditación,
oir la música del laúd y el crujir del ataúd,
mezclar marihuana y fluoxetina.

Y entonces, un río es todos los ríos
y siempre nos bañamos en el mismo
aunque todo fluya como un frágil silogismo.

Lamento por el árbol si es apenas sensitivo
y por la piedra dura que acaso no puede percibir.

Breves recuerdos son siempre un largo adiós.

Cada mañana la mañana está aún por hacerse.

Toda escritura es siempre una promesa.

Ninguna historia termina jamás.








PISCIS
a Rodolfo Godino

Vagabundos, oscilan
entre el instinto y la culpa,

la desazón y la osadía.

Frágiles,
entregan sus cuerpos
al devenir del agua.

Balanceándose, zozobran,
cautivos, nadan a la deriva.
Enceguecidos,
acaban por ahogarse
en sus propias lágrimas.

ALFREDO LEMON








ABRIL

Dios escribe nuestros nombres con la pulcritud de una palabra:
otoño…

Los poemas enmudecen
y el cansancio agiganta las distancias.

Las cosas nos van deshabitando,
el tiempo se vacía y apenas recomienza.

Los fantasmas asoman
y los grises opacan los colores de la luz.

(Sólo es cierta tu presencia ausente,
melancolía).

Tensión adentro, la emoción se aflige.

Las hojas se angustian por su inevitable caída.

Abril acentúa la fragilidad.

El alma -el cuerpo-
espera
en penumbras.

La carne -el espíritu-
vigila
con devoción.

La verdad, muy luego,
será revelada.



ALFREDO LEMON
especial para el Boletín "Basta Ya"










Horóscopo
Alfredo Lemon

Todos los días levantamos vuelo
desde el vientre de un avión.

Nos aferramos al asiento
Y aguardamos con ansiedad
algún sostén de esperanza.

El latir del corazón se agigante
hasta la furia de olvidar
la propia vida.

El espíritu es un bonzo, un puñal, un harakiri.

La fuga del tiempo (tanto viento) nubla los ojos
y el deseo tiene el vértigo de un tobogán del Himalaya.

El alma es un abismo tan distante como Plutón.

Lujo lúgubre, el sol es veloz
y siempre son pocos los minutos de la fiesta.

Para cuando consigues dormir (toda una hazaña)
la almohada oculta una nueva pesadilla.

La mañana traerá otra adivinanza,
otra trampa, otro riesgo.

El hambre por la verdad
será lo único que te despierte.

(1999) -Escrito con motivo del accidente aéreo de Lapa, donde murieron cientos de cordobeses.







Ofrenda poética en Nueva Dehli
Alfredo LemonCuando agoniza un hombre
agoniza Occidente.

El ruido del mundo ensordeció la música de la mística,
la pulpa del silencio.

Cada lágrima enseña una verdad.
Cada deseo demanda demasiado.

No eres tu cuerpo
-frágil y débil ante el fin-
sino un soplo que sólo se rinde a los pies del Todo,
inmortal.

En el centro ético de todo problema práctico
hay un reclamo constante:
ninguna causa esencialmente justa puede considerarse perdida.

La paz?

Cómo proclamarla
cuando el odio se ha enquistado en los tronos de la tierra.

La rectitud?

Cómo predicarla
cuando los líderes sólo defienden sus riquezas?

Tú, escritor, darías la vida por la palabra?
Te esforzarás por el poema?

© ALFREDO LEMON


Argentino, Abogado, Profesor de Filosofía, nació en 1960 bajo el signo de Piscis, mención escritores del mundo por la paz, Jaén, España, 2010.







GUADALUPE, 23
Alfredo Lemon

Cuento la historia como la recuerdo aunque a lo mejor no sucedió así.
La verdad que este es un relato ficcional, el yo lírico debe estar totalmente alejado de proceso de creación, pero no estoy seguro, estamos en Latinoamérica y aquí el realismo mágico funciona y por lo demás, nunca quisiera emular a Nabokov. Bueno, ¡ahí vamos!...
Unas pocas pecas esparcidas sobre un rostro grácil, dueña de una piel suave y de un olor y un sudor que jamás olvidaría. Pelirroja natural, ondulante. Nuca de garza. Hombros descubiertos. Es un sábado por la mañana y nos encontramos sentados en mesas diferentes en el desayunador del Hotel “Los Pinos” de Río Ceballos.
En la mano sostiene una taza de té con sabor a manzanas. Ahora cuando bebe, los labios se entreabren porque el líquido está caliente y cristalino.
Usa una falda larga, negra, que la cubre más allá de sus rodillas. Habla con voz tenue, insinuante como la transparencia de su blusa blanca que no oculta sus senos maduros, pequeños, redondos, firmes. Vuelve a llevar la taza a su boca y muestra sus dientes diáfanos, impecables. Sonríe, me sonríe, intuyo que es educada y conciente de su belleza seduce sutilmente. Es una fruta fresca al paladar y una tentación demasiado evidente, fácil de aceptar. El ingrediente que más impulso produce este tipo de vínculo para un hombre adulto, es la adolescencia de quien será su pareja, la diferencia de edad y la fantasía que aparece primero, en creer que el más joven aportará espontaneidad, capacidad de largo aliento y que él, el más maduro, hará lo propio con su experiencia, capacidad abierta a mostrarse plenamente íntegro, pleno, vital. Pero esto es sólo una aproximación a una estética erótica muy relativa. Pero no sólo eso. La imaginación es más importante que el saber y la desnudez de una mujer, cual reflejo de un diamante de Dios, es el mármol carnal donde Rodin puede modelar lo mejor del arte. Cuando teníamos menos años creíamos que sólo la armonía escondía el perfil de una mujer interesante, mientras que cuando vamos avanzando advertimos que la mujer que nos atrae es un conjunto de imperfecciones, que toda belleza notable tiene algo de desproporción y como apunta Baudelaire… “¿qué importa que vengas del cielo o del infierno, belleza, monstruo enorme, ingenuo y atrevido, si tu mirar, tu pie, tu faz, me abren la puerta de un infinito que busco y nunca he conocido?”.
La mujer adulta habita el mismo universo que el hombre; la muchacha en cambio, se mueve en una porción impenetrable y la disparidad restablece una distancia y una atracción que son los polos indispensables para el imán de un deseo latente.
Lo que más me cautiva es su ser floreciente y saludable, sus ganas de beberse el cielo si es necesario. Aunque tenga lo suyo, parece que aun las lecciones que le ha dado la vida son para ella demasiado confusas como para haber aprendido suficiente. Por un instante no tiene pasado, conserva algo de púber, esa línea sutil que puja por convertirse en una identidad es el ingrediente que le pone más sabor al asunto que si se piensa, dura poco, muy poco, tanto biológicamente como psicológicamente, pero cuyo transcurrir es magnífico y bendecido.
Los pliegues del ser de esta mujer apenas permiten intuirlo aunque uno quede atrapado por un fuerte sentido de intriga, tanto oculto como develado.
Comencé a besarla en las mejillas y seguí por sus labios, sacudió mi ímpetu. Por esos días, el verano estalló en todo su esplendor. Después, como una música de fondo, recordé una vieja canción francesa: “placer de amor, no dura más que un momento; dolor de amor, dura toda la vida”.
Yo dormía pero mi corazón velaba. Me restablecí. En el fondo, pensé, todo erotismo implica una resignificación en contra del tiempo y del espacio y los lugares, un paréntesis de rebelión por nuestra finitud, del individuo en contra de la comunidad. La edad es lo de menos y el amor sucede, simple, fugar, en la misma frecuencia, con la suma intensidad de las altas pasiones, las bajas acciones, y perdura para siempre como el fuego. Escalofrío, en toda víspera es posible: llévame, entre las dulces sustancias y perfumes que aun se sienten y no mueren en el ayer de otros encuentros pasados. Tú fundas horas y utopías y me das ánimo para seguir, confiar, fortalecerme. Me llueve todo y hasta lo que no sabes de ti. Me rodeas de distracciones, mordeduras, lamidas que debo recibir como un huérfano de una fiesta prohibida pero que me deja ser transgresor y entrar por puertas múltiples. Pareces huir pero vuelves del vuelo: todo temblor, apuro, despojo, entrega, mío, tuya, instante limpio, profundísimo de ti, he aquí mi pecho, has desbaratado otra vez la muerte…
Ahora los miedos no son tantos porque pesan igual que la esperanza. Inauguran expectativas. Es fascinante observar cuánto el destino nos dirige mientras nosotros, meros instrumentos sin darnos cuenta, tambaleamos, con la tensa seguridad de los acróbatas en danza, ignorando el siguiente salto pero condenados a darlo.
De seguro, buscarla encendería de nuevo la pasión.
Agudo, preciso, justo, maravilloso, ¿breve?
¿Un adiós placentero como la levedad de una hoja que muere al llegar el otoño? “Esto también pasará…”. Esto también tuvo que pasar. Todos pasamos al fin como sombras, como nubes, como naves…
Lo más bello que podemos experimentar, mientras se pueda y sin dañarnos ni dañar a otros, es el insondable misterio que existe cuando dos seres se entregan. Feliz el amor cuando no hay ni poseedor ni poseído sino dos que pactando acuerdan.
Recostado en tu vientre, después, recordé la advertencia del cardiólogo: al hacer el amor es cuando más se exigen las arterias, pero esa sangre es la más intensa, la que purifica el ser y da potencia al espíritu. ¿No es esta una paradoja digna de Zenón el eléata?
Sentí de nuevo el sueño, la locura y furia de estar vivo, los grietas del gran músculo blando doliente todavía, la cama del caminante, la flor de loto invertida, la almohada de jade, el centro supremo.
Sin embargo, ella me había llamado y hechizado y en mí sólo estaba seguirle.








"Be tender with me, baby"

Lengua plena, lírica abierta:
conoces mi pecado y mi virtud,
mi temor y mi soberbia.

Gozar tu belleza es mi único propósito.


ALFREDO LEMON
especial para el BASTA YA!







ESPERANDO A GODOT

a Pedro José Frías, Olsen Ghirardi, Daniel Pablo Carrera...

En la hora del crepúsculo, todos buscamos lo mismo:

recuerdos, sueños, pensamientos,
fuegos, juegos, secretos;

perdurar en pequeñas obras, obras gigantes,
obras nuevas, ser hombres obras,
ustedes.

Yo, peregrino en el sendero de la devoción y el verbo,
yo, peregrino del Ganges como los budistas en Benarés,
yo, peregrino en el rebaño del Pastor de Galilea;

yo, ambiguo entre expedientes y poemas
vengo a violentar vuestra intimidad
con muchísimo respeto.

¡Tanto han enseñado!

Pero estimados hermanos, compañeros mayores,
salváronse de hechos y sucesos que tal vez ni con Wells hubieran imaginado...

el erotismo como mercancía,
la traición de los intelectuales,
el uso excesivo de la televisión,
la absurda erudición de las universidades,
la irrespetuosa repetición de memoria,
cortar pegar, cortar pegar.

¡Tan han servido!

Humildes y certeros, altos en sus días plenos,
con sabiduría eludieron la fabulosa envidia que hace naufragar a los mezquinos.
¡Tan han dejado!

Queden tranquilos amigos,
queden tranquilos queridos,
vosotros somos nosotros en el día de mañana.

Reciban nuestra disculpa: heredarán mugre y productos light.
Reciban nuestra vergüenza: heredarán violencia y ateísmo.

Ni joven ni sobresaliente, yo, ya,
quisiera hacer de este saludo mi homenaje.

He aquí mi abrazo.
He aquí mi recuerdo escrito
para después.


ALFREDO LEMON









El derecho a la verdad: fundamento constitucional y aspectos procesales
Alfredo Lemon*
“Toda verdad que se calla se vuelve venenosa”. Friedrich Nietzsche



Ontológicamente, la verdad es la conformidad de las cosas con la noción que de ellas forma la mente, con lo que sucede o sucedió, la calidad de veraz, juicio o proposición que no se puede negar con la razón; la existencia real de un suceso y la adecuación o no de los hechos tal como históricamente ocurrieron.
Desde estas premisas y a partir de una lectura necesariamente armónica de la Constitución Nacional, puede vislumbrarse que se trata de un derecho humano, natural, convertido en positivo de manera implícita, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 33, en concordancia con los artículos 1, 14, 16, 19, 20, 22, 31, 36, 43 y 75, inciso 22.
Así, una interpretación actualizada del mencionado artículo 33, obliga a desempolvar arcaicos dogmas para dar elástica cabida a las exigencias del entorno témporo-espacial que nos rodea. Y es aquí, donde estimo, los operadores jurídicos -abogados y jueces- cobran un protagonismo relevante en la hora actual del país.
En efecto, el derecho a la verdad, tácitamente incluido en varias disposiciones del ordenamiento jurídico, nació en el siglo pasado como emergente y con el transcurso del tiempo, se fue consolidando en la doctrina y en la jurisprudencia a partir de la necesidad, principalmente, de conocer el destino de las personas desaparecidas durante la última dictadura militar.


Fundamentos
Como es sabido, hay derechos individuales (o colectivos) que existen sin necesidad de un reconocimiento expreso porque son derechos cuyo espectro no es rígido ni limitado sino que se encuentran en continuo margen de apertura, porque surgen de la citada cláusula abierta, porque son derechos de conocimiento progresivo... sólo que hace falta primordialmente, que el decir judicial los declare vivos en su expectativa y potencia, en los casos concretos sometidos a decisión. Ello guarda relación, con las garantías previstas en el artículo 43, en las que entre otras, se encuentra la posibilidad de conocer los datos que de toda persona (viva o fallecida) figuren en cualquier registro o bancos informáticos, públicos o privados.
Cuenta también el derecho a la dignidad, ya que es el fundamento de todo derecho humano, magnificencia espiritual, condición tan importante como el nombre, el honor, la propia imagen o la identidad característica psicosomática que permiten individualizar a cada ser (único e irrepetible) dentro de la sociedad.
No puede soslayarse tampoco, el enunciado del artículo 75 inciso 22, que incorpora a la fuerza normativa de la Constitución Nacional, tratados y declaraciones internacionales de igual jerarquía.


Procedimientos
Todas las previsiones de los distintos códigos procesales vigentes resultan aptos para canalizar cualquier planteo que se suscite, reclamando, en los ámbitos judiciales, el derecho a la verdad. Bajo los principios del debido proceso, toda vía resulta idónea para exigirlo. Ya sea un amparo, un hábeas corpus, un hábeas data, una acción meramente declarativa, un proceso ordinario civil, una querella, y desde luego, todo litigio penal, dado que el mismo siempre se encarrila impostergablemente a encontrar la verdad de cómo sucedieron los acontecimientos investigados.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha mencionado el derecho a la verdad en por lo menos tres oportunidades. En el leading case “Urteaga” (1998) y más recientemente, en las causas “Hagelin” (2003) y “Simón” (2005) donde se lo aludió como un derecho de toda la comunidad y como paso previo a la reconstrucción moral del tejido social y de los mecanismos institucionales del Estado. Además se lo utilizó como argumento de peso para declarar la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final en el Congreso; para sostener la constitucionalidad de esta declaración y para limitar las atribuciones del Presidente respecto al indulto cuando se trata de violaciones graves a los resguardos de la Convención Americana de derechos humanos (in re: “Mazzeo”, 2007).


Conclusiones

El derecho a la verdad integra el bloque de constitucionalidad federal, que desde la cúspide jurídica, infiltra al derecho infraconstitucional.
Observado desde el punto de vista del derecho internacional, el derecho a la verdad se presenta (entre otras) en situaciones de violaciones de otros derechos como el de la vida, la libertad, la integridad física o moral de las personas, la libre creencia o culto, decente sepultura, decoroso descanso final.
Ante toda lesión a este derecho constitucional a la verdad personal e individual (que puede extenderse también a sus familiares o a otros terceros con legítimo interés); un Estado democrático, una república, están obligados a efectivizar y resguardar, ya investigando, ya procesando o castigando a quienes resulten responsables de tales violaciones, delitos. Y a revelar a las víctimas y a la sociedad en su conjunto, todo lo que pueda establecerse sobre los hechos y circunstancias de tales perjuicios, de tales heridas.









Donde duerme un secreto transparente
(Una aproximación a la poética de Alejandro Nicotra)
por ALFREDO LEMON



“Estas son mis noticias de agosto/ fragmentarias: /las de quien sobre el fuego y las noches ve una flor y, /simplemente, /la nombra”

Poeta esencial, Alejandro Nicotra es sin duda una de las voces más precisas de la literatura de Córdoba y el país. Despojado de toda grandilocuencia, pareciera que el poema es, para este autor, un diáfano diamante que es necesario pulir con el oficio de artesano, de un orfebre. Así como Baruj Spinoza labraba con aplicada devoción los cristales de sus lentes, este escritor de aguda pluma, tensa cada palabra, cada estrofa de su obra, hasta lograr la más pura eficacia: “¿Eres, /cuerpo de ópalo, el espíritu /del sol que ha caído en la piedra ?/ ¿El rayo de una rosa en el leño ?./ Norte o sur, no hay distancia, si te busca la muerte.”

Como bien se ha señalado, se trata una poesía extremada, un impulso ascendente como si el mundo percibido por los sentidos y captado con vigilante conciencia fuera llevado a un borde, fuera puesto ante lo último: “A orillas del silencio y las palabras, /entre los gritos altos de la ciudad, /mi vida se confirma y se deshace /en un cuerpo de humo.”
Versos que son paisajes de una sobriedad superlativa, sitios propicios para que las palabras conjuren la perfecta dicción de una estética concentrada en sí misma que puja por justificarse. Lugares, escenarios naturales arrebatados por una fuerza sensitiva de quien es capaz de expresar, transparentándola, su vida interior, turgente de ritmos anímicos. “Fruto del hielo, estas distancias./ ¿Nadie lo prueba ?. /Pero yo muerdo en su carne sin nombre / perdiéndome -y hallándote, /disueltos en el solo sabor.”
Hay zonas de nadie para rimar el pulso de los días; hay silencios desnudos para los vértigos exactos de las horas. Despertares, mañanas, montes, arboledas, patios, galerías. Si bien cada secuencia nace de una determinada situación histórica individual, supera su intimidad abriéndose al todo, dejando su huella inmediata: “Astros, corona santa/ hecha toda de dispersión enorme-/ pues huir y otro huir se equilibran, /sobre tu cabeza resplandece intacta /al fondo de la noche”.

La exploración del lenguaje hacia variadas direcciones despliega un abanico de motivos abiertos a las revelaciones, un juego de claroscuros observado el ojo sabio, ya sea en la inapelable afirmación como en la duda. O en la convicción de que el presente movedizo, irrepetible, puede volver, transfigurado, en una escala circular: “Cuando cae la escarcha de los techos, /ella vuelve, fuego rosa, a sus árboles; /y grita un primer pájaro... /¿Invierno o primavera ? / Hora fénix, que la muerte resigna /aún a su amante, el fiel del alba”.


El plenilunio del verbo
Tonos de sed y cansancio, ansia y desamparo, tiniebla y hechizo. La página es el lugar de una fiesta donde el oficiante agita las voces de la vida y de la muerte, del cielo y su tormenta: “¿Ya son los árboles invernales ?./ La pregunta regresa, /con más razón ahora. /Como de otros labios, /la escucha el hombre;/ sin sonido, parecida a algún pájaro/ lejos, sobre las cumbres./ Son invernales./ Los árboles en el alba, /tras el reflejo de una oblicua luna/ que aún se despide...”.
Si hay una hermenéutica que, como refiere Susan Sontag, necesita una erótica del arte, la entrega de Nicotra la pone en evidencia. El lector llega a aprehender el texto hasta gozarlo, tomar las palabras como frutas frescas agradables al paladar, sentir la ebullición de la garganta al pronunciarlas como un magma verbal, los labios presintiendo la inminencia del sonido y las pupilas que las leen -diría Roland Barthes- con el “plaisir du texte”.

“En la ávida noche de las ciudades /acechamos a la hembra de mirada feroz: /la que vaga entre las ruinas de un tiempo/ que ella y nosotros compartimos /como un sueño o una creencia errónea. /Ahora con odio y con amor nos buscamos, /ella y nosotros, /más allá de la nostalgia y el deseo, /urgidos por un ansia, /última, /de selvas o cenizas”.
La luna y la mujer, los párpados de piedra y el susurro de la nieve sobre las altas montañas, la mutación y el devenir de los diferentes ciclos, son alegorías recurrentes. Incluso ciertos discursos nos elevan a la cima del alma, a donde el hombre asciende no sin “temor y temblor”; porque si toda ausencia es angustia, ciertas presencias de tan transparentes, duelen. “Sube desde el ubicuo centro /que en las plantas se nombra como raíz u hoja y como cerebro o corazón en el hombre. /Sube a estallar en la flor, en el abrazo, en la palabra: /su intensidad es su sentido”.
El amanecer y el ocaso, el fulgor y la duermevela también se repiten. Aparecen entonces, presencias intangibles, entresoñadas, espectros que esbozan su perfil desde el papel y exigen ser idioma, expresión candente. “Sobre el alcohol y los poemas no escritos /-dices- cayó uno y los otros caerán también, si no han caído aún /con los ojos quemados por la soledad, /todos seremos destruidos /y no sé si algún verso/ valdrá, como pensábamos, estas muertes”.

Coherente consigo mismo y con una labor que no ha variado en su temática fundamental, los objetos cotidianos resurgen en el lenguaje que el poeta celebra desde el íntimo ámbito de su biblioteca en su casa de Villa Dolores o desde cualquier bar frente a una plaza, cuando deja divagar su yo delante de una taza de café alrededor de la cual gira el eje del mundo: “Cae una cortina o un párpado, /y la vidriera, con su trozo de plaza /-niños, verdor, metales-, /es de súbito, noche. (Hay /por un instante, un resplandor /final, violáceo: el del jacarandá.). /Afuera, la mañana. Los otros.”

Son ecos de un reflejo lumínico, composiciones de rotundo esplendor. Entre la insoportable fugacidad del ser y el arraigado deseo del escriba por nombrar el instante para siempre, sucede la inspiración. Resulta evidente, sin embargo, el debido proceso de depuración que en el hacer sobreviene. Utilizando metáforas delicadamente equilibradas, tanto la emoción como el intelecto alumbran los crepúsculos, los cuerpos de la vigilia. Cada línea resulta un sortilegio, una totalidad, un cosmos encendido para la boca que desea decir el nombre certero de las cosas, el sentir del misterio: “Tensa la noche su arco, norte a sur, /apuntando el alba. /(El alba, / ¿quién me grita en su carne /el llamado mordiente del cielo?). /Pon mis dedos en tu cuerda de sombra; /mi mano, noche, ávida de luz”.

Musa y amante

Llega un punto en que las revelaciones son obsesiones, aventuras y riesgos del sentimiento, heridas, sal en los labios obstinados en cantar, cicatriz en la llaga existencial. Intuyo que es ahí donde la presencia de la mujer (qué mejor manera de imaginar la poesía) armoniza el universo circundante y con su puñal y su furia es capaz de redimir al hombre de su historia triste. “Mujer, seno de marzo: /con el grito de un pájaro se abisma el tiempo; /y no el agua, /mi muerte es quien sonríe /en la hierba, a tu pie”.

Un timbre de contenido erotismo hace vibrar las cuerdas del cantante en relámpagos intensos, breves certezas hurtadas a la luz. En otros versos antológicos, desde el más nítido horizonte del amor, murmura: “Apenas unas dunas /que sobrevuela un pájaro /y un caballo contempla desde su blando límite. /Alrededor, el cielo. Las distancias. /Un sol sin sol, un viento oculto,/ mueven su cálida respiración, apenas. /Uno sueña las fuentes./ Despertarlas con crines y con furias. /Cavar con cascos hasta el grito./ Sólo es posible enredarse las alas en espinas /y morir”.

Como en una oscilación que se debate entre la espera y su martirio o entre el génesis y el apocalipsis del momento, los destellos surcan la penumbra del penitente y sólo el presagio de la luna en un cielo de nostalgia puede aplacar tanta angustia, tanta desazón por dejar de permanecer. “Ya un parpadeo de brasa que muere, /es el palpitar de la noche./ Y lo que fue aparición /-espectro o veste de una luna- /no más que huída, pie de escarcha./ Otro será el azoro que prepara esta hora.. /Ahí, cuando en las cimas quiera saltar, sobre el valle de invierno, /tu luz montés: ojos y garra”.

Todo se renueva y el conocimiento de las cosas próximas (las montañas, los leños del hogar, la nieve -precisamente lo más frío y más blanco-, el transcurrir del presente y las distancias, la cena sola, las grietas y los círculos...) conforman motivos de búsquedas de exploración metafísica, y los fantasmas y los súcubos danzan su lógica de enigmas hasta desvanecerse en espejismos: “Al pie de la antena de hierro /que escucha sin tregua a la ciudad,/ habla, muere en un cuarto blanco /y negro./ Alguien: /mi espectro./ Destino mío sin cumplir, /él lo padece ahí, /ahora. /Muere sobre los poemas no escritos. /Torpe la lengua entre los dientes de piedra, /lo que ya nunca habré de oír, /eso dice.”

La percepción del profeta cifra la fragilidad que conformamos; es entonces cuando atisbamos con William Shakespeare, que somos apenas un soplo en el viento del tiempo, cenizas del olvido. Es cuando nuestro autor sensibiliza la razón y escribe: “El sur /abre en el alba su cumbre traslúcida; /y todo en torno, es hoja /a la deriva...”. Y también cuando alude: “Como un sabor, la incierta cualidad de la luz:/ su dejo a una promesa y un desierto sin tregua, /sobre la huella blanca /que ha tendido la noche...”.

Alguna vez el poeta reconoció que escribe “en trance” intentando convocar (o acaso ahuyentar) las visiones que le acechan. Emergen ahora, después de un arduo peregrinar por los senderos del espíritu, escenas como las que siguen, apenas pinceladas sugestivas al tipo de un dibujo oriental: “ ¡Vértigo de rota luz!. /Un pájaro grita /en la grieta el adiós: /como si el cielo fuera a huir.../Y sola, cada nube se cierra /sobre sí misma”.

Como ha intentado sugerir este muestreo, Alejandro Nicotra renueva en cada lectura, la lucidez poética del sabio, capaz de conjugar la equilibrada sinfonía del cosmos con el latido más íntimo de un corazón iluminado; el cuño personal de un estilo que perdurará siempre y que se torna ineludible.









MARIO VARGAS LLOSA: EL PLACER DE LA LITERATURA
por ALFREDO LEMON




Talentoso escritor, considerado uno de los más grandes novelistas contemporáneos de habla hispana; tuve oportunidad de entrevistarlo cuando estuvo en Córdoba invitado por la Universidad Empresarial Siglo XXI. Básicamente calificado como un narrador “realista” se convierte también en “regionalista”, al ser capaz de describir la circunstancia de su aldea (Perú) y al mismo tiempo, la de todo un continente (Latinoamérica). Sus obras reflejan problemáticas de tipo histórico, racial, sexual, moral y político. Entre sus títulos figuran: “La ciudad y los perros” (1963), “Conversación en la Catedral” (1969), “Pantaleón y las visitadoras”, “Tía Julia y el escribidor” (1977), “La guerra del fin del mundo” (1981), “El hablador” (1987), “El pez en el agua” (1993)” y “Los Cuadernos de Don Rigoberto” (1997), entre otros más recientes. En diálogo, se obtuvieron los siguientes conceptos.
¿Hablemos del escritor y sus demonios... Cómo vencer el temblor de la hoja en blanco?
Siempre tengo la sensación de dificultad para escribir. No sé si a todos los escritores les pasa lo mismo pero sí sé que a muchos les ocurre. Pero esto no es algo que vivo de un modo traumático o que no pueda superarse. Aunque me cueste trabajo es lo que más gusta en el mundo; es una actividad maravillosa y estimulante que permite poder vivir otras vidas distintas de la vida real. Además, yo escribo con una disciplina: por las mañanas en mi casa y por las tardes en las bibliotecas, porque allí encuentro el ámbito perfecto para hacerlo, rodeado de los libros que necesito. Primero uso la lapicera y después traslado todo para corregir más fácilmente en la computadora. Respecto al acto de escribir, creo que se escribe con toda la personalidad, por eso la mejor radiografía de un escritor está indudablemente en su obra de creación. La literatura también, aparte de ser expresión, mitiga la infelicidad humana; escribir es una forma de resolver problemas personales; al expresarlos se los libera.
¿Ciertos críticos señalan una marcada influencia “sartreana” en sus primeras obras; está de acuerdo?
Empecé a leer a Jean Paul Sartre cuando todavía estaba en el colegio, quizás lo leí sin entenderlo del todo, pero fascinado. Uno de los textos que más me marcó fue “la infancia de un jefe”, un cuento que a su vez influyó en mis primeros cuentos. Mi forma de entender la literatura en aquella época era como la de él: yo pensaba que la literatura tenía que estar profundamente inmersa en su tiempo, influida por los acontecimientos de la realidad para poder mostrar mejor, la experiencia personal. Creía que a través de las palabras usadas en la ficción o en la imaginación, uno podría insertarse en la historia, uno podría cambiar direcciones y rumbos, introducir nuevos horizontes. Pero hoy después de revisar esas opiniones, creo que la literatura es una forma de reacción o de insubordinación contra lo existente, puede ser testimonio o factor de cambio. La novela ha sido siempre para mí, además de una creación artística, un desafío intelectual y una manera de explorar o de tratar de entender un aspecto o determinada función de la sociedad.
¿Habiendo ganado tantos reconocimientos internacionales, le preocupa el premio Nobel?
Trato de no pensar demasiado, pero sin duda me agradaría obtenerlo. Si llega, magnífico. Pero tengo la impresión que tenía Borges al respecto: que en nuestra biografía va a aparecer siempre la cláusula “candidato al Premio Nobel”.
¿Qué le quedó como síntesis de su experiencia política?
Yo siempre pensé regresar a la literatura pero luego de mi derrota electoral, no tuve otra salida. Lo dije durante la campaña: si ganaba me iba a dedicar en cuerpo y alma a esa tarea; y si perdía volvía a mi escritorio, porque mi vocación es la literatura. De todos modos, esa experiencia me ha enriquecido mucho. Tuvo sus lados dolorosos pero por ejemplo, me hizo conocer mi país como nunca antes lo pude ver. Hay una distancia siempre entre la idea que uno se hace de la realidad política y la práctica política. Si se quiere progreso real no hay que entenderlo sólo en términos económicos sino sobre todo, culturales y éticos. Hay ahora demasiada distancia entre uno y otro, y el político, para ser eficaz, debe ser consciente de ello.
¿Son frágiles todavía las democracias en el continente?
Seguro que sí. Fíjese que antes había una tradición en casi todo Latinoamérica que en las Constituciones se respetaba como tradición, la imposibilidad de las reelecciones. Ahora casi todos han tomado la moda de postularse para la reelección. Una Constitución no pude modificarse a capricho de los gobernantes, ni los “fabuladores constitucionalistas” justificar absolutamente todo lo que quiera el poder.
¿Entonces hay que seguir educando a los jóvenes en las virtudes democráticas?
Seguro. Cambiar la Constitución para poder ser reelegido establece un mal precedente para la democracia. Es importante que el intelectual sea la personificación del derecho de crítica, el vocero de una permanente disidencia frente a los poderes, no sólo frente al poder político. Todos los poderes, todo poder, siempre entraña un peligro, en todo poder hay siempre una vocación irresistible de permanecer, a crecer. En todo caso entonces, hay siempre que paliar los abusos, las arbitrariedades. Es importante que el intelectual tenga sensibilidad para demostrar, denunciar, ejercer de manera responsable, ese derecho de crítica sin el cual no hay ni habrá sociedades abiertas. Debe -por último- estimular la preocupación por los problemas sociales, por los problemas culturales, la educación cívica; porque según haya o no esa participación, la democracia será una realidad o una fantasía, como ocurre con algunas sociedades que son sólo caricaturas de democracia.






a Federico Fellini



Hay una fiesta de disfraces en el mundo.

Mamíferos edípicos pactan el amor entre el incesto y la sombra.

En prostíbulos y sacristías conviven ángeles y verdugos.

La conciencia erige su aquelarre
y la época impone sus fetiches:
carnaval de Dios.


ALFREDO LEMON
Roma, 1995, Roma 2005
a Federico Fellini

Il y a une fète déguissée dans le monde.

Des mamifères oedipiques pactissent l'amour parmi l'inceste et l'ombre.

Dans les burdels et les sacristies convivent des ânges et des bourreaux.

La conscience érige son aquelarre
et l'èpoque impose ses fétiches:

carnival de Dieu.

Alfredo Lemon / Roma, 1995, Roma 2005
a Federico Fellini

Cioé una festa di maschere nel mondo.

Gli mammiferi edipici pactono l'amore entre l'incesto é l'ombra.

Nelle prostibuli e le sacristie convivono gli angeli et gli boiacci.

La coscenza levanta il suo aquelarre
é l'época imporre i suoi fetichi:
carnivale di Dio.

Alfredo Lemon
Roma 1995, Roma 2005
Traducciones al italiano y al francés de Laura Bernardi









Rozar la belleza
por ALFREDO LEMON



Se puede empezar a reflexionar acerca de lo bello, recordando los versos con que comienza el poema “Endimión” de Keats: “A thing of beauty is a joy forever”. Pero, ¿cómo traducir sin traicionar el auténtico significado de lo escrito por el poeta inglés y la música que nos trasmite? “Lo bello es una dicha para siempre”. “La belleza es un regocijo para siempre”. “Una cosa bella es un goce eterno”. ”Un objeto de belleza es un goce eternamente”. “Algo bello es una alegría para siempre”.
La frase trasciende el mero decir porque no sólo define a la belleza con belleza sino que además, las palabras resplandecen al conjuro de quien al pronunciarlas las piensa, como fogonazos que hechizan de eternidad la definición y redimen al corazón del divagante en su finitud. “A thing of beuty is a joy forever”. El artista susurra con religiosidad: quien rozó o gozó la belleza, aunque más no fuese por un instante, la recuerda para siempre; no podrá olvidarla.

La belleza es la propiedad de los seres y de las cosas que por sus perfecciones objetivas o subjetivas, las hace querer amarlas, infundiéndonos deleite espiritual. Impresiona a los sentidos, al intelecto y a la sensibilidad; ya como sentimiento, aspiración, deseo o posesión.

Platón la concibió como lo perfectamente manifiesto en proporción y medida; lo acabado en sí y lo que inspira amor. Quizás siguiendo a Sócrates tenía la idea objetiva de belleza, donde la hermosura de la figura humana por ejemplo, debía expresar por fuerza, la belleza del espíritu. “La belleza es la expresión del amor”, decía.

Plotino en cambio sostenía que la belleza es inmaterial, es lo inteligible y no sensible que se identifica con el ser puro, con el bien supremo; siendo el resplandor que este bien vierte en las cosas materiales y visibles, lo que las hace bellas.

Para Aristóteles, lo bello es lo preferible por sí mismo, digno de elogio o lo que siendo bueno, resulta placentero.

Tomás de Aquino, Dante y Boecio coinciden en que la belleza particular de cada cosa deriva de Dios -la belleza absoluta- que es inasequible a toda inteligencia humana.
Agustín de Hipona la redujo a la unidad o a la relación exacta de las partes de un todo entre sí y a la relación exacta de cada parte considerada como un todo.
Para Burke, la belleza es un instinto social y para Hutchenson, una realidad perceptible mediante un sentido especial que no exige razonamiento o explicación.
Diderot también la identificó con la proporción y Voltaire la juzgó relativa al depender del sentir de cada persona.

Kant, por el contrario, refirió que la belleza es aquello que place universalmente, sin concepto: finalidad sin fin; agregando que poseemos un principio trascendental, indeterminado e indeterminable, en virtud del cual, juzgamos si algo es bello o no lo es.

Hegel estimó que la belleza es la perfecta adecuación de lo externo a lo interno (forma y contenido); armoniosa integración dentro de un ámbito de pertenencia; consonancia de lo ideal con lo real, del espíritu con la forma, la aparición de lo infinito en lo finito.

Igualmente y en relación a otros valores morales como la virtud y la bondad; lo bello ha sido considerado como uno de los principios espirituales superiores: lo bello es esplendor del bien; la belleza es un modo de ser de la verdad.
¿Algo es bello porque gusta o gusta porque es bello?
Algunos piensan que la belleza no está en las cosas sino en el espíritu que las contempla. La identifican con la idea que ciertos objetos provocan en nuestra alma (sentido interno).

Mientras que para Kant la belleza consistía en la perfección de los objetos, independiente de toda apreciación subjetiva; para Hume la belleza no es calidad de las cosas, sino que está en el espíritu que las contempla.
No se puede dar razón de por qué el alma busca la belleza, pero sabemos que frente a lo bello, el hombre siempre es Narciso asomándose a la fuente.
¿Los objetos son bellos porque causan en nosotros cierta complacencia o la causan a propósito de ser bellos, independientes de nuestra consideración?

Miguel Ángel advirtió este problema de la objetividad o la subjetividad de lo bello, manifestando: “Dime, oh Dios, si mis ojos realmente/ la fiel verdad de la belleza miran; / o si es que la belleza está en mi mente/ y mis ojos la ven doquier que giran”.
Perspicazmente, Durero afirmó que la belleza escapa a cualquier definición: “no sé qué pueda ser la belleza aunque se encuentre en muchas cosas”.
Pareciera que no hay belleza en ningún ser u objeto que no tenga relación con la mente que lo percibe; aunque sin que medie un sujeto, los objetos carecen de referencia.

Ahora bien, ¿La belleza es cosa de la razón o de la sensibilidad? De ambas cosas. Como ocurre con los grandes temas de la existencia, la belleza es un misterio que no descifran ni la psicología ni la retórica.
Sin precisiones conceptuales, Mokichi Okada instruye que lo bello es aquello cuya contemplación o aprehensión deleita y emociona.
Hay belleza en un rostro, un cuerpo, una música, un crepúsculo, una rosa, una nostalgia, un paisaje, una obra de arte. Hay belleza en un comportamiento, en una actitud; en el conocimiento.

¿Quién sería capaz de cerrar la enumeración de cuanto puede cautivar nuestros sentidos e inquietar nuestro ánimo?

La armonía parece ser un elemento importante. Pero como bien señaló Oscar Wilde, “los que trabajamos en el arte no podemos aceptar teoría alguna a cambio de la belleza misma; y así, lejos de pretender aislarla en una fórmula dirigida a la inteligencia, procuramos materializarla en una forma que otorgue alegría al alma por medio de los sentidos. Queremos en definitiva, crear belleza, no definirla”.
A más del placer que convoca, el signo característico más seguro para reconocerla está, no en su esencia, de por sí resbaladiza; sino en el efecto que en nosotros produce. Este efecto puede ser admiración desinteresada, amor, anhelo, ansia de posesión; bienaventuranza.

El inmortal apetito de belleza es lo que a veces hace considerar cosas terrenas como con cierta correspondencia divina.
Lo bello es el recuerdo de un paraíso perdido; la levísima eternidad de un soplo; un deleite para siempre.





a Laura García del Castaño



Mujer breve casi una niña.
Niña intensa casi inocencia.
Mujer misterio siempre distancia.

Poeta enorme casi tristeza.
Sólo riqueza y en lo más hondo
apenas palabra, todo silencio,
abundante, indiferente.




ALFREDO LEMON
Especial para el Boletín BASTA YA (inédito)





San Marcos

Si tu inspiración descendiese hasta mi página,
podría escribir el verso que me justifique.

Cúbreme bajo tu manto.

Dame tu mano en la cornisa
donde danza la locura.

Tómame del brazo.

Acompáñame en el camino de la hormiga,
en su ascenso hacia lo alto de la piedra.

Llévame al hostal del sol y de la luna,
allí donde atardece y se despierta el mundo.

Llévame al fuego y al silencio,
allí donde la mirada de los amantes
se vuelve agua de tanta claridad.

Déjame la mujer que ha de sanarme,
el sabor de la miel en sus pezones,
la cereza y la aceituna,
la orquídea y el puñal;
el gozo de saberme un peregrino,
la causa de mi todo y de mi nada.
ALFREDO LEMON
de "Sobre el cristal del papel", Ed. Brujas, 2004.





Santa Magdalena
Alfredo Lemon

Durante años peregriné buscando una respuesta.
Ahora, en los templos de la India
encuentro cobijo a todas mis cavilaciones:
vinimos a purificarnos los pies los unos a los otros.
De qué valen los honores, las calumnias,
los insomnios, las traiciones,
los reinos, crucifixiones...
Vinimos a purificarnos los pies.
Siente cómo late tu pezón al acercarse a mi boca.
Déjame secar mis lágrimas por los días que no tuvimos.
Déjame secar tus lágrimas por lo que no serás.
Déjame ordenar mis versos para salmodiar tu nombre.
Vinimos a purificarnos los pies los unos a los otros.
Vinimos a perdonarnos, hacer el amor, resucitarnos.








Homenaje a ERNESTO SABATO, 99 años:
"La cercanía del túnel y los fantasmas"
por Alfredo Lemon



Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911.Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Fue investigador en el Laboratorio Curie y abandono definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse a la literatura.
Son sus libros de ensayos: "Uno y el universo" (1946), "Hombres y engranajes" (1951), "Heterodoxia" (1953), "El escritor y sus fantasmas" (1963), "Apologías y rechazos" (1979). Entre sus novelas figuran: "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961), "Abaddón el exterminador" (1974), "La resistencia", entre otros. En 1983 presidió la Comisión Nacional de Desaparecidos cuyas conclusiones fueron publicadas en el libro "Nunca más" conocido mundialmente como el Informe Sábato de la Conadep. Desde hace más de diez años se dedica a la pintura, habiendo expuesto sus obras en importantes centros culturales internacionales.

Escritura y compromiso

El camino de la ficción es el túnel por el que el novelista se adentra persiguiendo, entre claroscuros de sombra e intemperie, las respuestas a las indagaciones que le obsesionan como fantasmas. Pero su pesquisa se detiene en las márgenes de la literatura; interpela
al hombre, al ciudadano, al contemporáneo, respecto al sentido de sus actos. El siguiente artículo rescata estos conceptos a la luz de los escritos narrativos y declaraciones políticas del hacedor de "Sobre héroes y tumbas". Rebelde y contradictorio testigo de una época en crisis, Sábato se figura -imagina- a la realidad para poder describirla y al hacerlo, comprenderla. La escritura tiene por objeto, de este modo, contestar desde una óptica propia, las pesquisas eternas del hombre y de connotar los desencuentros y desequilibrios psíquicos y sociales del
ser pensante. Pero paradójicamente la búsqueda de la verdad o del conocimiento de lo externo no termina configurando algo acabado de fácil entendimiento, sino que, por el contrario, genera una nueva pregunta en el sujeto que la hace, ya que no alcanza a responderse
nunca de una manera absoluta, precisamente por su ínsita condición limitada: "Uno se embarca hacia tierras lejanas o busca saber de los hombres, o indaga la naturaleza o busca a Dios; después advierte que el fantasma que se perseguía era uno mismo".

Posibilidad del arte y la novela



Desde cualquier arista parece, entonces, llegarse a la conclusión de que toda comprensión de lo circundante ha de medirse en términos relativos, aún partiendo del intento de obtener logros sólidos; porque la vida misma (último o primer objeto de análisis) desborda los esquemas rígidos y no se conduce por parámetros razonables sino por lo insensato: "En esta vida única y limitada que tenemos, en cada instante nos vemos obligados a elegir un solo camino entre
infinitos que se nos presentan. Elegir esa posibilidad es abandonar las otras o nada. Optamos por una posibilidad que ni siquiera sabemos hasta dónde nos ha de llevar; porque nuestra visión del futuro es precaria y sentimos del mismo desasosiego que el navegante que debe pasar entre escollos peligrosísimos en medio de la niebla o la oscuridad. Apenas si sabemos con certeza que más allá está la muerte, lo que precisamente hace más angustiosa nuestra elección; es algo irreversible. La elección así inventada por el demonio para atormentarnos, algo que presumimos como segura frustración, el camino de la desilusión o el fracaso. Y, para mayor escarnio, por causa de nuestra propia voluntad".

Atormentado casi hasta un éxtasis místico que sólo la creación aplaca o disfruta, sus cavilaciones hunden raíces en zonas profundas del yo y cuanto más profundas menos numerosas. El hombre individual es al mismo tiempo el hombre de todos los siglos de la humanidad, pretendiendo develar los enigmas que el vivir plantea: ¿quiénes somos? ¿Existe Dios? ¿Somos un alma eterna o simplemente un conglomerado de moléculas de sal y tierra? Estos son los problemas que de verdad cuentan y frente a ellos todo lo demás, como dice Camus, es en el fondo un juego de niños: la ley de gravitación, la máquina de vapor, los satélites, Kant, los ilustrados. Ante estas cosas así anotadas, véase la reacción de Sábato: "¡Al diablo con el razonamiento puro y la universalidad de sus leyes! ¿Acaso el que razona es un filósofo "abstracto" o un "yo mismo" transitorio, inmediato y mísero? ¿Qué me importa que la Razón Pura trame sus laberintos etéreos, si se olvida de los sentimientos de un pobre ser que pensando sabe que ha de morir y que de esa muerte carnal e inevitable no lo podrán salvar ni las teorías ni la erudición?" Frente al desamparo vivencial, el arte y la literatura conforman caminos paralelos, otras maneras de conocimiento capaces de recuperar lo subjetivo, lo emocional, lo pasional. Puntualmente, la novela es un timón potencial para recuperar al hombre la integridad de un tiempo remoto, cuando la poesía y la magia constituían una única manifestación de espíritu en busca de la sabiduría del destino y del cosmos; algo que en alguna medida han ofrecido Sófocles, Shakespeare, Dante. No es el pensamiento lógico el que nos descubre la realidad esencial de un pueblo, sino el mito y la ficción; porque, como decía Hordelin, "el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa". Desde ese punto de vista, el acto de la creación por la novela surge como una formulación cuasi teológica en recuperación por lo romántico nocturno. Dada la dificultad de la epistemología o las matemáticas para aprehender el mundo, se recurre a ella: "Mirá lo que sucedió con el mito. Los tipos de la Enciclopedia se rieron; puro macaneo, pura mistificación. Y, de paso, ahí tenés la raíz de la confusión actual: desmitificación es lo mismo que desmitificación. Los hombres de ciencia se morían de risa. Vos no has conocido a esa gente como yo, que he trabajado al lado de premios Nobel, en grandes centros de investigación. Para el pensamiento ilustrado el hombre progresa a medida que se alejaba de estado mito-poético. Pasó lo que tenía que pasar: expulsado por el pensamiento el mito se refugió en el arte, que así resultó una profanación del mito; pero al mismo tiempo una reivindicación. Lo que prueba dos cosas: primero, que es imbatible, que es una necesidad profunda del hombre. Segundo, que el arte nos salvará de la alienación total, de esa segregación brutal del pensamiento mágico y del pensamiento lógico, porque el hombre es todo a la vez. Por eso la novela, que tiene un pie en cada lado, es quizá la actividad que mejor puede expresar al ser total. Escribimos novelas porque tenemos un alma, porque por nuestra inevitable encarnación somos duales e imperfectos. Un dios no escribiría novelas". Como en un rompecabezas psicoanalítico, los sentires son extraídos a la superficie consciente por criaturas que suben desde nuestros antros subterráneos, de la infancia y sus meandros de miedo, generando obras artísticas que materializan cierta inmortalidad, asegurada por leyendas, por hombres de una misma raza, por crepúsculos y amaneceres semejantes, por ojos y rostros que retornan ancestralmente. Sobre el particular, el hacedor enseña: "La prosa es lo diurno, la poesía es la noche. Se alimenta de monstruos y símbolos, es el lenguaje de las tinieblas y los abismos. No hay gran novela en la última instancia que no sea poesía". Igualmente con tono lírico profesional refiere: "Vuelvo al alma que viaja durante el sueño y puede ver cosas del futuro, cosas que despierta no advierte, cuando está liberada del cuerpo que es lo que al hombre encadena a la prisión del espacio y del tiempo. Lo que todos logramos en el insomnio con las pesadillas, los poetas lo alcanzan mediante el gozo y la imaginación. Los poetas son duendes que conservan los ojos de un mago".

El hombre roto




Lo transitorio y trascendente del hombre y la denuncia de una sociedad enajenada son otras problemáticas que se repiten. Cualquier persona que se haya puesto a meditar sobre los puntos mencionados ha experimentado la desesperación de sentirse aislado y ajeno. Sábato dice: "Estamos en la noche del mundo, solitarios y tristes, en medio de una civilización que hemos construido y que ahora corre el riesgo de derrumbarse. El siglo XIX, siglo de optimismo, de una ciencia arrogante, del Progreso de las Ideas, nos ha llevado al siglo XX, siglo de carnicerías mecanizadas, del asesinato en masa de judíos, del fin del liberalismo. Hemos aprendido trágicamente que la ciencia no es buena en sí misma, que no garantiza nada, que lo que falta son ideas y valores éticos, que somos grandes técnicos e infantes éticos". El pensador advierte agudamente que el desarrollo técnico no trajo solución a los dramas espirituales del hombre moderno, sino que agravó los que ya tenía y desencadenó la tremenda crisis social que desde años nos confunde y aprisiona. El individuo de la calle, el hombre común, fue quedándose cada vez más solo en medio de ciudades cada vez más amontonadas como resumideros y no tan bien organizadas como hormigueros: "... no hay que equivocarse. La solución de los problemas materiales no basta, pues se puede levantar, de ese modo, una nación de esclavos bien alimentados como en esos países del socialismo totalitario. No debemos aceptar ningún plan que no ponga al hombre de carne y hueso como fin, como meta de cualquier sistema. Ese hombre situado que, por igual, ha enviado a los campos de concentración el totalitarismo de izquierda y el de derecha. No encuentro diferencias entre ambos ya que los dos parten de la base de que el fin justifica los medios y sacrifican ese hombre carnal a los fines del Estado. Ambos lo han desacralizado y por eso cometieron con él los más horrendos crímenes. No hay torturas buenas y torturas malas. Todas son abominables y ninguna persona decente puede admitirlas ni en nombre de los fines más nobles. Sobre todo si los fines son nobles ¿Cómo se puede torturar con el fin de instaurar
una sociedad más justa? ¿Cómo se puede torturar en nombre de Cristo? Debemos luchar contra ese mal de cada día que es el desprecio por la criatura humana y que alcanzó sus más satánicos hitos en los exterminios nazis y soviéticos. A veces parece que estas experiencias espantosas no nos hubieran servido de nada".

La duda de Dios



Resulta interesante extraer de su Informe sobre ciegos la explicación que sobre la maldad da el personaje Fernando Vidal: "Desde chico me preocupo el problema del mal... y del sentido general de la existencia. La idea de que estuviéramos gobernados por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiera tomar en serio. Así fui elaborando una serie de teorías y las siguientes posibilidades... 1) Dios no existe. 2) Dios existe y es un canalla. 3) Dios existe, pero a veces duerme; sus pesadillas son nuestra existencia. 4) Dios existe pero tiene accesos de locura; esos accesos son nuestra existencia. 5) Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces está ausente, ¿en otros mundos?, ¿en otras cosas? 6) Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre. 7) Dios fue derrotado antes de la historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es doblemente desprestigiado, puesto que se le atribuye este universo calamitoso". Recordando este pasaje, a propósito de una breve visita suya por esta ciudad con motivo de unas jornadas sobre creatividad y psicoanálisis, tuve oportunidad de interrogarle
sobre el tema, a lo cual respondió: "¿Si creo en Dios? Grandes genios de la filosofía han creído y creen en Dios. Místicos y visionarios tuvieron la experiencia directa de su presencia. Poetas
supremos lo han intuido para que un pobre hombre como yo tenga la arrogancia de negar su existencia. Debo advertir que eso no quiere decir que esté seguro. No, de ninguna manera. Innumerables veces lo pongo en duda; de ahí la expresión de mi aflicción por el absoluto.
Mis tres novelas, de algún modo han intentado contestar a esa cuestión".

Acento filosófico



Hace unos años escuché decir a Abel Posse, diplomático en París, "aunque la moral no sea un valor literario, no se puede hablar de Ernesto Sábato sin rendir homenaje a su empeño cívico ejemplar". Y estimo que es así, porque su coraje se ha mostrado siempre incisivo en defensa de los más débiles y de los que reclaman justicia y libertad. Frente a estos hechos, su personalidad se yergue como la de un fiscal insobornable, enseñando con elevado sentido humanista: "Cuando mueren niños inocentes bajo las bombas de guerra, cuando algún hombre es torturado en alguna región del planeta, cuando el hambre y la desesperación parecen anunciar el apocalipsis de esta civilización, es comprensible que muchos jóvenes clamen por la revolución; pero no se equivoquen. Deben cuidarse asimismo de repudiar el testimonio de los artistas desgarrados porque ellos constituyen también el más terrible muestreo del drama de nuestro tiempo. Porque también ellos luchan por la dignidad y la salvación de la persona humana". Como se observa, si bien un concepto trágico parece dominar la literatura del maestro creador, un optimismo subyacente fundando en la fe de un "nuevo instinto humano transformado" es la filigrana que dibuja la lectura atenta de algunos fragmentos de su obra. Su esperanza se cifra en la libertad. Por eso la metafísica no ha de entenderse como un ejercicio teórico en sus libros. Lo que él mismo denomina "acento filosófico" para dar a entender la orientación de sus posiciones, es precisamente lo contrario: una revitalización cultural de las motivaciones éticas que operan su sensibilidad, en oposición a la vanidad que reduce el arte a la estética, la redundancia, el vedetismo, sólo lucimiento o servilismo ideológico. "...No preguntar cómo es posible que se luche cuando el mundo parece no tener sentido y cuando la muerte parece ser el fin total de la vida; sino al revés, sospechar que el mundo debe tener un sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la sinrazón seguimos actuando y moviéndonos, construyendo puentes y obras de arte, organizando tareas para las generaciones posteriores a nuestra desaparición, meramente viviendo".

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