sábado, febrero 26, 2011

Boletín Literario Basta ya! Febrero 2011 / nº 113 / Córdoba de Antaño





Luna
Jorge Luis Carranza



La luz de la luna
entra serena por la ventana
esta noche.

Afuera están, como siempre,
los árboles azules
y el rumor de las hojas.

La luz se desparrama en el lecho
y lo cubre todo.

Tenue y frágil,
nos recuerda la simple belleza del mundo.

Llegó como si nada,
en mitad del sueño.

Está ahí,
se ha quedado, bienhechora,
y no quiere irse.




Los caballos de Media Luna
A los 90 años de Río Tercero



“Grandes caballos azules”, de Franz Marc
Yolanda Gozálvez

Siempre vuelven los caballos de la noche. El tropel, como tambores rompiendo las tinieblas, golpeando con potestad el suelo, levantando retumbos en los muros y los escasos baldíos, triscando la hierba y los insectos. Dominando la noche, sus crines flameándole a la bruma...
Sé que pasan, me lo dice el aire, que se impregna de una rara sensación, como de vértigo.
Bajan, por el desleído sendero y en congregación, se inclinan sobre la tierra húmeda, la olfatean, lamiéndola como si la besaran, antes de dejarse caer de rodillas. Quedan en silencio y un aura de luz se va apoderando de las negras figuras, que al erguirse, se elevan como antorchas, en reclamo de una jurisdicción perdida.
Sus patas, más altas que la noche, todavía, semejando mástiles de antiguos navíos, que alguna vez, surcaron los inciertos mares. Nadie parece verlos, pero están allí, en una celebración que sólo ellos conocen y saben, como si una fuerza misteriosa y atávica, los llevara por el mismo camino, donde otrora pasaran, los remotos, los inasibles caballos de Media Luna. El más alto, el más negro, brillando, como piedra lustrosa de azabache, va al frente, dirigiendo con autoridad la ceremonia.
¿Qué carril ignoto de leyenda los trae de regreso? ¿Qué polvareda envuelve sus escarpines blancos y sus cascos?
Que supieron de montes y de zarzas, carretas, diligencias, más tarde sulkis, viajeros solitarios, que traían el aliento de la Ciudad y el único sobresalto en la tranquila aldea.
Hermanados en un círculo -¡quién pudiera ver sus cabezas!- como ostentando diferentes jerarquías. Los ojos, extraños, enormes y bellos, vaciando la oscuridad, de a tramos. Como si fuesen faros.
Yo los he visto y he visto la asamblea: Las cabezas se mueven en silencio, asienten, se inclinan, se acercan, se separan, en una conversación secreta.
Luego, con lentitud se ordenan y comienza la marcha. Las crines, enhiestas, semejando azuladas teas, en ponderación de la belleza de una raza, que no se rinde.
He visto los caballos de la noche y algunos dicen, que se alejan y se pierden por el viejo atajo que bordea el río.
Allí, se vuelven de nuevo bruma, espuma de sueños, ennegrecida noche.
Espesura de un tiempo, que ya no es nuestro.

"Caballos amarillos" / Franz Marc





Nueva Plaza Colón
Daniel Orlando Requelme

Junto a los pájaros
reloj de sol
me protejo del ruido y la ciudad.
El mismo banco.
Mástiles de Paris.
Todas las voces que bebieron mi sangre.
Amores a la salida.
Todo se reproduce de una manera inusitada.
Lejos, muy lejos del olvido.


Plaza Rivadavia

Faro ritual
dorado
álbum de sueños
como si buscara causas de exilio
barre su superficie La Plaza
empujada por gigantes de vidrio
que empujan el Sol.

Elididos
de vanas promesas
que dilataron tiempos de infancia
veo a bordo de nubes blancas
pasajeros
con sus nombres en la frente.
Antuco. Peque. Tito...





El Paseo Sobremonte


A Raúl Dorra

Resplandores
a modo de rayos tiza
caen sobre la fuente de agua
como queriendo abatir
la última tarde de otoño.

Sentado de espaldas
al Palacio de Tribunales
el estudiante imagina azares
que harán natal su Monterrey
y muy lejana la ñata en el vidrio.

Daniel Orlando Requelme

Biografía semiautorizada del Licenciado Daniel Orlando Requelme

Con el nombre Daniel Orlando atardeció por primera vez en el año cincuenta. Su abuelo recibió felicitaciones en el Bar Royal y los vecinos festejaron con vino “Chianti”.
Lo alimentaron con leche materna, luego “TODDY” y yema de huevo batida con azúcar para facilitar su crecimiento. La vivienda familiar estaba ubicada en calle Bedoya al 700, por ese entonces empedrada y de doble mano. Tránsito Intenso de ómnibus “MAN” y taxis “Merceditas” o “mechitas”.
La Bedoya era una calle difícil de cruzar. Daniel Orlando creció atemorizado; en esa misma calle del barrio Villa Independencia hoy llamado “Alta Córdoba” o “Cofico” alguna vez le robaron su monopatín. Habitó la tercera posición de una señorial casona cuyo constructor – su abuelo – elevó en altura para sortear la pequeñez del terreno. Casona con patios embaldosados en damero, marmolería de carrara, balaustradas, galerías, escaleras. La Abuela Efigenia, la soltería de la Tía Electra. Sombras.
Nace la intrepidez en él, cuando baja por la baranda de la escalera de madera como si fuera un tobogán.
Hace la primaria en dos etapas. Primero la Escuela Sarmiento en La Bajada Roque Sáenz Peña con acceso a la Villa Nuevenoventa, zona de prostitución. Por decisión materna – Maestra pero de nenas – lo transfieren a la Escuela Manuel Lucero calle del mismo nombre turno mañana . Las tardes son para andar en bicicleta con cartoncitos en los rayos de la rueda imitando el ruido de la moto “Paperino”.
Luego, el Liceo Militar General Paz, donde cosecha casi todos los amigos que hoy tiene. Al regreso de un viaje de aventuras por territorio amazónico con su amigo “Ponchi” creyéndose el “Che”, su padre le reserva una butaca en la Escuela de Derecho. Trocó el deseo de un hijo militar por hijo militante de la justicia factor que templó su carácter.
Lo demás es historia conocida: Licenciatura en Psicología. Casamiento. Hijo. Inventor del Día Nacional del Psicólogo. Más hijos.
A los cincuenta y pico quiere poetizar lo urbano. Desde las terrazas, casi tocando el cielo, volver a la cúpula de las Iglesias Corazón de María, Hermanas Mercedarias, El Mercado. A orillar el ruido del tren que estaciona en “La Belgrano”. Recorrer con la memoria la calle Jerónimo Luís de Cabrera de donde desprenden los recuerdos del Bar Royal, el cine Astral, el Bar Europa, Los Hoteles de Inmigrantes y otros tantos patios y terrazas y siestas.
Una incursión en Salud Mental de la Provincia de Córdoba como co-director le permite conocer el Hospital Colonia Vidal Abal de la ciudad de Oliva. Los pacientes escribidores lo arriman a la poesía. Su amiga Ileana instructora en el Hospital de Día de Córdoba le acerca a Paul Auster y a Susana Swarc. Su amigo “Tito” le obsequia la obra completa de Borges. Armados de coraje lo aceptan en el Taller Literario que dirige la profesora Florencia Gordillo y con más coraje que paciencia lo dejan participar en la publicación conjunta “A la manera de …” Fundación Pro-Arte Córdoba. Año 2006.

Escribe a mano limpia agazapado en bares y confiterías en cuadernos “Gloria” trastornados por múltiples correcciones en los márgenes. Su secretaria Adriana padeció las transcripciones a máquina. Ahora su hijo Nicolás dirige www.danielrequelme.com.ar, página que todos ustedes pueden visitar.

Nota: [Como cordobés no escapa a la influencia de Carlos (Colorado) Roca, Cristina Bajo, Nicotra, Daniel Salzano, Florencia Gordillo, Sabina y “Los Cocineros”.]






poema XXIII / yolana / ana paulinelli



No quería.
¿Justo a él le tenía que tocar esta suerte?
El único hijo varón, el mayor,
¿y que se fuera a estudiar para cura?
No.
No lo iba a permitir.
Compró una moto inglesa. Royal.
¿A qué muchacho de 18 años no le gustaría?
Y ahí quedó en el taller, arrumbada,
con una valija de cuero a cada lado
llenándose de polvo.

Se le fue pasando de a poco, en definitiva,
a todo el pueblo le parecía muy bueno
tener dos seminaristas y uno de ellos era su hijo.
El mayor, el único varón.

¡Qué bien gringo !

Dos años pasaron hasta que al final
iban en familia un domingo por mes
al seminario de Jesús María a visitarlo.
La que gozaba era ella.
Si que era un triunfo.
un regalo de devolución divina
a sus ruegos por tener hijos para dios.
En unas patronales viene el monseñor:
Mary no se olvide que me tiene que amasar
los tallarines, dijo.
Y a ella se le armó un nudo.
¿El monseñor en su casa? ¿Qué va a decir él?

Cedió la cabecera
y cuando se sentaron, monseñor Angelelli le dijo:
Gringo, ¡de dios no vamos a hablar!
Y les brillaron las peladas a los dos
comiendo y bebiendo, riendo y conversando,
para ella otro milagro.

Ni sospecharon en ese día de alegría,
la simulación de un choque.
Tanta muerte llena de tierra
en un camino de La Rioja.




ana paulineli
yolana
XXIII
diciembre 2010






Silencios

“Tocar con los ojos, oír con los ojos, adolecer por los ojos…Esquivar la vida, desandar la muerte con todos los ojos posibles”. Victoria Martin




Sentado en la punta de la mesa, Joaquín saca pacientemente la yerba del mate y limpia la bombilla. Después toma con la mano izquierda el paquete de yerba, ya por la mitad, y se queda con la vista fija en la puerta del comedor, que está abierta. Afuera hace un día radiante; es una tarde de primavera. Los fresnos recién están brotando y el césped comenzó a ponerse verde, después de las lluvias de la semana anterior. Joaquín mira el bulto que ha interrumpido la luz de la puerta de ingreso y con voz parsimoniosa pregunta:” ¿Máximo, sos vos?” La pava roja a medio llenar, anuncia a borbotones su inminente hervor, a Joaquín le parece que alguien se acerca a sus espaldas, y que ese alguien apaga la hornalla y llena el termo amarillo” Te hice una pregunta Máximo. ¿Cuándo llegaste?” Sigue con la mirada fija en la puerta abierta “afuera seguro que hace frío. Te acordás, Máximo, cuando salíamos de cacería, por ésta época. De qué te reís, si yo era el que más perdices traía” Joaquín toma el mate con la mano derecha y siente la amargura caliente, rasposa y los pedacitos de yerba que han logrado pasar por la bombilla. Su mirada sigue concentrada en los pájaros que picotean el césped buscando piedritas y lombrices. ”Ahí, ahí está el cuchillo filoso. ¡Sacá las perdices de la heladera, desplumalas, poné mucha agua, cortáles el cogote, las patas! Hacéme caso; agua bien caliente. Sino fuera por mí, nunca hubieras pelado ni una gallina” En el silencio de la casa, Joaquín oye, como si la puerta de la heladera se hubiera abierto y los tragos trabajosos del mate amargo resaltan en la habitación casi vacía. La primavera trae vientos de tormenta y arrastra la puerta del comedor hasta cerrarla con fuerza.
Va anocheciendo y desde afuera, la voz ronca de Joaquín se filtra por entre las hendijas de las ventanas cerradas. Así todas las tardes, hasta que se va a dormir. Convencido de que su hijo, volverá algún día. Convencido de que nunca se fue.

Victor García






La Córdoba que vivimos

Eduardo Alberto Planas




“El 14”
En nuestra infancia, no vivíamos en el radio urbano de la ciudad, sino en lo que se conocía como "El 14", actualmente Villa Rivera Indarte, dentro del ejido municipal, en el límite con Saldan. Habitamos varias viviendas en la zona- siendo la ultima cerca del ahora llamado "Paseo Rivera”. En aquella época, eran calles de tierra, arboladas, con añejos plátanos y acequias. Las viviendas eran residencias veraniegas de familias tradicionales de Córdoba, solares de una hectárea, construcciones señoriales, que luego fueron vendidas a órdenes conventuales y sindicatos. La Quinta del Gremio del Poder Judicial, (AGEP) ubicada ahora al lado del shopping Paseo Rivera, pertenecía de la familia Becerra. La Orden del Padre Claret compro una que era de los Tillard Caeiro, lindante a la ribera del Rio Suquía. Y así casi todas. Como la ubicada al frente del ex Centro de Almaceneros y Comerciantes Minoristas que era de la familia Giraudo. Casas que tenían piletas cuya agua provenía del Canal Maestro Norte o de pozos. En dicho Centro se habilitaba la pileta el Día del Almacenero que eran los 20 de Noviembre de cada año, haciéndose una gran fiesta popular, donde concurrían muchísimas personas, sobre todo de las colectividades españolas (valencianos, asturianos, gallegos, catalanes). Allí tocaba el reconocido un Cuarteto Berna. Una vez tocó un grupo que se hacía llamar “The Beatles Americanos”. Partidos políticos como el Comunista, la comunidad Paraguaya, donde tocaban el arpa y las mujeres danzaban con cantaros en su cabeza. Grandes mesas ubicadas debajo de arbolada, una enorme pileta y un predio para jugar al futbol, a las bochas y demás hacia que dicho lugar fuera elegido para esos fines.
En esa pileta se destacaban unos gemelos que hacían saltos ornamentales.

En el barrio, Don Moyano, era el único comerciante dueño de un Almacén de Ramos Generales, donde se podía adquirir todo tipo de alimento sin industrializar y al peso.
Siempre se pedía la "yapa" un compromiso tácito del almacenero para con su clientela.
La mayoría de las cuentas eran "al fiado", se anotaba en una libreta con un "lápiz tinta" que tenía una virtud. Se le mojaba la mina para que, al escribir, adquiriera un color violeta muy difícil sino imposible de borrar.

En la infancia, andábamos mucho en bicicleta, jugábamos a los vaqueros ("convoyes") en los cañaverales, al futbol en una cancha que existía al frente de nuestra casa. Una vida muy libre, no había peligro. Nuestro medio de movilidad era –como ya dijimos- la bicicleta en la que circulábamos a toda velocidad. Teníamos cronometrado exactamente los minutos para llegar a La Calera (dieciséis minutos), en tanto que para el otro lado, hacia el este, llegábamos a Pirola, otro mojón, en Arguello, a los ocho minutos y treinta y tres segundos.



La Fábrica Minetti




A veces nos alejábamos caminando, cruzábamos el Rio Suquía por un puente enorme que existía –y existe todavía- que unía el barrio con los predios del ex Centro de Almaceneros (actual country) y la Asociación Española en Villa Warcalde. Desde allí y luego de cruzar el Canal Maestro Sur, ascendíamos a las lomadas ubicadas frente a Dumesnil. Por las canteras llegábamos a la Ciudad de La Calera. Era una aventura de aquellas. Un recorrido como de diez kilómetros, en donde encontrábamos todo tipo de animales, como ser cuises, perdices, lagartos, iguanas, y una variedad de pájaros increíbles.
En aquella época, ya se notaba que la Fábrica de Cemento Hércules del Grupo Minetti causaba un severo daño al paisaje serrano, sólo que no existía conciencia ecológica y nadie pensaba en exigir estudios que midieran el "impacto ambiental". Pero con el tiempo, el daño fue tremendo e irreversible: contaminación del agua y el aire de la zona.
Hoy se pueden ver lomas literalmente cortadas por la mitad, carcomidas por la actividad cementera, donde ahora, se practica parapente.
Las canteras luego se abandonaron. Algunas se llenaron de agua, como la denominada Laguna Azul. Minetti se radicó en Mendoza y San Juan donde había cemento de mejor calidad.
Por 1950 se filmo en dicha Fabrica, Dumesnil y Calera, la película Honraras a tu Madre, con Amalia Sanchez Ariño y Armando Bo, entre otros, era en blanco y negro.
Dumesnil era un centro de producción de cal de envergadura. El Campamento Minetti, era el lugar de residencia de los trabajadores de la empresa, mayoritariamente extranjeros. Allí se contaba en la época con casas individuales para familias y salones-dormitorios para los solteros. Poseían así mismo proveeduría, sala de primeros auxilios, hasta un edificio para su propia policía. También contaba, para los descendientes de los primeros habitantes de este barrio, con una Escuela Provincial de nivel primario que lleva el nombre de Juan Minetti. Era prácticamente una comuna en sí misma.



Cine en el barrio



Aproximadamente a principios de la década del 60, cuando comenzó la televisión, un vecino adquirió un aparato y cobraba cincuenta centavos para ver la misma en el salón comedor de su vivienda.
En ese entonces había dos canales solamente el Canal 12 y luego el 10. Años después comenzó el Canal 8. Se transmitía a partir de las 17 horas hasta la medianoche.
Los primeros televisores eran a válvula. Había que colocar una antena en el techo de la casa, orientarla de tal manera que se consiguiera una mejor definición de imagen, sobre todo para el caso de Canal 8
La “función” comenzaba con los Tres Chiflados, luego venían casi todas series de vaqueros, donde existía siempre “un muchachito” que se las sabía todas: Cisco Quid, El llanero Solitario, La Ley del Revolver, Revolver a la orden, Randall el Justiciero, con Stevie McQuenn, el Hombre del Rifle.
Después venían lo programas cómicos, como Pepe Biondi y Marrone. Las mujeres, en su mayoría amas de casa, venían a ver la novela del Teleteatro Ponds, con Rodolfo Beban, Beatriz Taibo, Iris Laínez y otras actrices del momento, entre ellas una joven y hermosa Bárbara Mujica.
El vecino que les hablaba era muy estricto a la hora de cobrar la entrada al “cine”, se tratara de niños o adultos. Los niños por ahí lo que hacíamos era ir por la parte de atrás y con la complicidad de los hijos de este señor, espiábamos desde una habitación la “función” para no tener que oblar toda las veces.
Posteriormente cada uno fue adquiriendo su propio TV y el negocio del “cine” se terminó.


Chelqueros


Al frente de nuestra casa pasaba el Ferrocarril. En la época de Navidad, desarmábamos los "cuetes" y poníamos la pólvora en chapitas de Coca Cola. Luego las colocábamos en las vías, de a veinte al menos, para que al pasar los trenes explotaran y causaban un estallido ensordecedor.
Los chelqueros eran empleados del ferrocarril que limpiaban los arbustos vías. Se los llamaba así porque mataban a los chelcos, pequeñas lagartijas que anidaban entre los arbustos al lado de las vías del tren.
Ellos venían y nosotros escondidos detrás de unos carteles del Centro de Almaceneros le tirábamos con bolitas de paraísos. Ellos se hacían los enojados, y cuando aparecían en la curva del Centro de Almaceneros nos “amenazaban” levantando con sus guadañas y palas, parecían “piratas” de un navío, y nosotros asustados huíamos a refugiarnos en nuestro hogar.
El tiempo no pasa
No sé por qué, pero creo que coincidirán, que durante la infancia no “pasaba el tiempo”. Las tardes eran eternas y las noches también. Era el tiempo de "cazar luciérnagas"; había "tuquitos" a granel, después de apresarlos, nunca los matábamos, los poníamos dentro de un vaso boca abajo para que alumbraran. Luego los colocábamos en la mesa de luz o los usábamos como bio-linternas.

Otra actividad era ir al rio a pescar, Alguno tenía la suerte de atrapar un pejerrey que se escapaba de las turbinas de las usinas San Roque ubicadas rio arriba en el camino al Diquecito. Pero los devolvíamos. Pesca ecológica como se escucha decir ahora.

Lo que más nos gustaba era jugar al futbol y andar en bicicleta, apostando de llegar cada día más lejos: Saldan, Villa Allende, Unquillo, Rio Ceballos, La Calera y explorando nuevos caminos. Llegamos a dar la vuelta entera por el Camino al Pan de Azúcar y regresábamos el camino del Diquecito, que se estaba construyendo y lo hacíamos en medio de las explosiones.


Todo cambia, todo cambia…

Todo ha cambiado debido a la política de erradicación de villas de emergencia a la periferia de la capital.
Sin ánimo de discriminar el barrio se ha modificado. Aunque también se ha beneficiado con la llegada del agua corriente, cloacas y gas natural.
Recientemente se construyó el Paseo Rivera, donde estaba el Hotel Sorrento. Allí se hospedaba el “patriciado” cordobés. Ahora quedó la fachada.
Venían en tren o Cochemotor descendían en el apeadero Tristán Narvaja. El ramal era del Ferrocaril Belgrano. Ahora es el llamado Tren de las Sierras.



Algunas reflexiones

Me pregunto porque en otras ciudades y países se preserva el patrimonio histórico por su valor arquitectónico, en tanto aquí no. Así una escuela, como ejemplo el Ex Colegio de Varones Gobernador Olmos se convirtió en un shopping y ahora le tocó el Hotel Sorrento utilizado por los desarrollistas para sus emprendimientos comerciales.

Estoy seguro que el próximo iba a ser el Colegio Alejandro Carbó, pero la acción decidida de los jóvenes impidió ese nuevo “negocio”.








Lista de viaje
1ER. PREMIO CONCURSO NACIONAL API AÑO 2010 / MARTA COMELLI

“Uno ignora, de joven, que los principios
no se parecen nunca a los finales.
Uno no sabe, cuando es
joven

que no hay lugar alguno donde poder quedarse
para siempre" .
"Principio y Fin", Joan Margarit
I
Tu cara se espeja en la ventana iluminada,
detrás, la mía.
Lejos un pueblo blanco,
bajo los pies, la espuma azul de un mar quieto.
El sol magnifica todo.
¿Quiénes somos?.
¿Estos del espejismo en la ventana, la risa fácil.
Los otros, olvidados tan solo por instantes?
II
¿Quién,
el extraño que cree conocer un tiempo
ya lejano,
me llama por mi nombre
y dice de mí ante los otros,
lo que soy,
lo que era,
y dolorosamente he olvidado?
III
Impregnados de recuerdos
los dejamos someternos
en ardua batalla,
mano a mano.
IV
La noche es gris cerrada
en la ventana de la nave hoy tambaleante.
Allá lejos luces, pequeñas chispas, bichos de luz y un faro.
A nuestros pies el mar,
la espuma blanca,
el cansancio de la costa, los hoteles.
No hay calles
sin embargo, llegaremos a un puerto.
Amo estos sueños de gaviotas,
atemporales, inciertos,
buscando por el mundo lo que ya no tenemos.
Por la ventana,
boca oscura, ahora,
corren azorados los minutos, imágenes.
Se entrecruzan en mi mente ruinas,
indescifrables lejanos misterios,
el libro, que olvidado dejé sobre la cama,
y también la vida,
nuestra vida,
que pasa.
V
Navegamos un mar
plateado de niebla.
Abrazados por tormentas,
el barco,
nosotros.


VI

"...en esta retirada
de un tiempo que jamás vendrá a buscarnos".
"Estación de Francia", Joan Margarit
Entre el temor de un día y otro
en un barco atestado de infieles a lo propio,
buscando alegría en lo ajeno.
Entre los silencios y años resucitando callecitas,
farolas,
incendios en extrañas ciudades
donde el desierto quema y la piel es morena.
Entre tu muro y el mío,
aseguramos solitarias calles,
gastamos suelas,
iluminamos los ojos con la magia de lo nuevo,
y a veces,...
nos volvemos a ver,
tal como somos.



Tiempo de lectura



Mis padres compraron a un viajante del Barrio la colección completa de Las travesuras de Naricita y Perucho, del escritor brasilero Monteiro Lobato. Sus tapas duras, coloradas, con las líneas de los rostros de Naricita y Perucho todavía perduran en la mente. Devoramos a esos textos magníficamente escritos. Emilia, era una muñeca de trapo, intrigante y rezongona, pero querible como pocas, convivía con El Vizconde de la Mazorca – un marlo con galera e impertinentes – siempre atinado, serio y responsable. Naricita y Perucho, dos niños fantasiosos, aventureros, inquietos y siempre deseosos de saber más, podrían haber sido uno de nosotros. Doña Benita, la abuela, de gafas y pelo blanco que con la ayuda de la negra Anastasia – la “tía” inefable creadora de Emilia, la muñeca – hacían de la quinta del “Benteveo amarillo”, un lugar en el que todos hubiéramos querido vivir.

José Bento Monteiro Lobato nació en (Taubaté, 1882 - São Paulo, 1948) era un escritor e intelectual, conocido especialmente por sus obras destinadas al público infantil. Cursó los estudios de Derecho en la universidad de su ciudad natal, y se graduó en 1904.
Aparte de los cuentos e historias, estaba El Quijote de los niños, el que abre leído aproximadamente diez veces, así como La Historia de las Invenciones, El país de la Gramática, Geografía para los Niños y sobre todo La historia del Mundo para Niños, un verdadero compendio de historia universal. Una maravilla, así como las ilustraciones que eran prácticamente grabados.
La colección de Monteiro Lobato era una síntesis de cultural general. Hermosas eran también las fábulas y los cuentos de tía Anastasia, donde predominaba el contacto y el amor hacia la naturaleza.
Nunca vi una colección similar dedicada a los niños. De todos los ejemplares, de tantas mudanzas y demás quedó solo uno que obra en un estante de mi biblioteca: el tomo Nº Dos, que contenía los relatos: “Viaje al Cielo”, y “El Genio del Bosque”, de Editorial Americalee, Buenos Aires, Novena Edición, año 1961.
Ahora he tomado conocimiento que se han editado nuevas aventuras de Perucho y Naricita, intituladas “Travesuras de Naricita”, con prologo de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien fue una apasionada lectora de la misma. Hasta ahora solamente conocía a una sola persona que había leído ese libro.

José Luis Planas Osorio







Una cosa trae la otra Por Lily Chavez
CÓRDOBA DE ANTAÑO, CÓRDOBA DE HOY, CÓRDOBA NUESTRA.




Cuando el colectivo pasa por debajo del puente que lleva al Hombre Urbano todo el mundo ve al matrimonio que prácticamente vive en el lugar, con un bolso, un termo, una frazada, casi a la intemperie. Hay indiferencia ante esa y muchas cosas más. Cosas que el tiempo no cambia, que vienen de vieja data. Miren si no, en abril de 1852 asumía la gobernación de Córdoba, Alejo Carmen Guzmán. Ese año se prohibió mendigar en las calles de Córdoba, a menos que se acreditara pobreza o imposibilidad para el trabajo. Dos años después, el gobierno cordobés declaraba nacionales a la Universidad Mayor y el Colegio de Monserrat. Esta es y ha sido por siempre una ciudad contradictoria, en estado de rebeldía latente. Dos décadas más tarde, en 1870, un mapa dejaba traslucir la conformación efímera de dos barrios: Barrio General Paz y San Vicente, además de las primeras marcas del ferrocarril y los caminos “Bajada de Piedra” y “Chacra de la Merced”. Desde 1840 también, se venían cambiando la denominación de las calles del microcentro, cuyos nombres originales estuvieron influidos por iglesias, monumentos o actividades cotidianas. La avenida Colón se llamó antes De la caridad; la Avda Vélez Sarsfield – General Paz se denominaba Ancha de Santo Domingo. La calle Paraná, era Bajo del Río; la Deán Funes, Calle Del Cabildo; San Martín e Independencia, eran De la Catedral; Santa Rosa y Lima, calle Del Matadero. El hoy Bulevar Perón se llamaba en el 30, Wheelwright y era famoso por sus palmeras. Avda. Colón por el 20, una arteria de doble mano a la altura de San Martín, con mucho tránsito y tranvía eléctrico incluido. Una década más tarde, los autos de la época se estacionaban en la vereda del Hospital Español sin que nadie alzara su voz de protesta y en 1947, los taxistas, en lugar de cortar calles, sacaban a los chicos de la Casa Cuna a dar una vuelta.



Un lugar más tranquilo por entonces, aunque también existían los conflictos, qué hacer con la Cañada era la pregunta a principios del siglo XX. En 1926, un Concejal presenta un proyecto para abovedarla o techarla. Hoy agradecemos tenerla así, como está, dando identidad a la ciudad. En 1948 los cordobeses respiraban tranquilos con el curso del arroyo controlado y se plantaban en hileras tipas en los márgenes. En un tiempo, los automóviles pasaban por debajo del Arco de Córdoba. Luego, el crecimiento del tránsito, haría que la Ruta 9 se abriera hacia ambos lados del Arco. Hoy existe un museo que muy pocos conocen.
Nuestra Córdoba está llena de hitos, de historia conocida y desconocida. El habitante de estas tierras siempre tiene una queja a flor de piel, oposiciones que luego se olvidan, hayan sido para bien o para mal.

A fines de la década del 60, justificadamente, la gente pedía una nueva Terminal de ómnibus, era imposible ya, seguir con aquella antigua terminal comprendida entre las calles San Luis, Obispo Trejo y Vélez Sarsfield. Y sí, la tuvimos, inaugurada en 1970 con escaleras mecánicas y todo. Por fin el progreso como todos querían. Por entonces se decía que los “del interior” no estábamos acostumbrados a los adelantos técnicos. Y en parte tuvieron razón: las escaleras mecánicas de la nueva Terminal permanecieron inmovilizadas por falta de uso, mientras miles de personas, se desplazaban de una planta a otra del edificio, cargando paquetes, bolsos o niños, escalón a escalón. Pero a la vez los porteños debían tomarnos en serio. Esta Córdoba llevó adelante la revuelta social que conmocionó al país: el cordobazo; una ciudad que habilitaba el primer tramo de una peatonal con nacimiento en calle San Martín ; “la primera calle del país dedicada a los caminantes”
A esta altura, quisiera tener ante mis ojos aquel primer número de Hortensia, aparecido en agosto de 1971, leer que se decía de la Terminal, de la peatonal. O en el “Así es” también de Alberto Cognini en su clásico rincón cotidiano de la Voz del Interior o el filoso lápiz de Carlos “El negro” Ortiz que deja su impronta en sus espacios “El tema”, “Peatonales” o “Zazá”. Me viene la nostalgia como tantas veces, por ese humor fresco de entonces, con Luis Correa, “el pícaro cordobés”;” El negro e´la Juana” o Elvio Modesto Tissera. Si hasta me dan ganas de estar escribiendo la nota con una estilográfica (lapicera fuente) y un tintero al lado para cargarla y no depender como ahora, que E.P.E.C se digne en proveernos de luz eléctrica “sin cortes” , así nos funciona la computadora, el inalámbrico, la cafetera, los ventiladores, etc. etc. etc.
Córdoba íntima, sorprendente. La misma Córdoba que por momentos se pone bella y en ocasiones, nos da vergüenza ajena. De esta Córdoba me sorprendió descubrir que donde hoy es el Shopping Patio Olmos fue antes la Escuela Olmos pero antes de marzo de 1890, en ese terreno, estaba la cárcel pública cuyos reclusos pudieron ser trasladados recién cuando se construyó el penal de Barrio San Martín. Y descubrir que el edificio que está en la esquina de San Jerónimo y Buenos Aires, donde hoy se trabaja en una zona comercial, allí, justo frente a Sorocabana, tradicional café de Córdoba, en esa esquina, alguna vez funcionó la Municipalidad de la ciudad. Y que el Parque Las Heras, hoy pasando uno de sus momentos de decadencia, se llamo antes Parque Elisa, en homenaje a Elisa Funes Diaz, esposa del entonces Gobernador Miguel Juárez Celman. Me reclamo saber, investigar, si la señora tuvo los méritos suficientes.
Quisiera terminar la nota y pensar que todo sucedió en el pasado pero no, ya viene marzo, la lucha por el estado edilicio de las escuelas, por el salario de los maestros, de los empleados públicos, el proyecto del subte, las elecciones, hasta cuándo los cordobeses estaremos sin saber dónde irá a parar la basura, que pasará con la construcción del Centro Cívico, hasta cuándo seguiremos hablando de la demolición de la Casa de las Tejas. Cómo será tener la nueva Terminal, ver crecer nuestra ciudad por todos los costados, con la convicción que las cloacas están saturadas y que con toda seguridad, más de un matrimonio seguirá durmiendo bajo el puente cuando llegue el invierno.
La ciudad siempre tiene mucho que decir, este no es un final, solo una pausa, hasta que Una cosa traiga la otra.


Boulevard San Juan y calle Ancha







Breve semblanza del Barrio General Paz



A medida que la población cordobesa fue creciendo, surgió la necesidad de crear nuevos asentamientos que posibilitaran a innumerables familias alcanzar el tan ansiado progreso.
Así fue como fue surgiendo una barriada fundada por Don Augusto López: el “Pueblo Nuevo General Paz”. Según palabras de nuestro historiador Efraín U. Bischoff; “dijimos alguna vez: regresamos a General Paz, a sus quintas, sus jardines, recibiendo con sus patios embaldosados y llenos de flores a sus visitantes, con agradable visión. Éste de General Paz era un perfil distinto a otros.
Los que llegaban, la mayoría, era para construir su casona, tener su coche y disponer de tiempo para la sociabilidad. Poseía el barrio una sutileza y un sosiego diferente al de otros. El “pueblo” era distinto a los demás “pueblos” orilleros de la Córdoba central”.
De pausado pero sostenido crecimiento, en la mencionada barriada se fueron creando las más diversas instituciones.
El 4 de octubre de 1903 la Sociedad de Unione e Fratellanza tuvo la iniciativa de construir el Hospital Italiano sobre la calle Roma. Dicho nosocomio siguió funcionando a través de las décadas que conformaron el siglo XX, hasta nuestros días. Siempre al servicio de la comunidad.
En el Barrio General Paz, también se desarrolló una prestigiosa institución como lo es la Biblioteca “Vélez Sarsfield”. Este edificio trabaja por la cultura desde 1909.
No menos importantes son las instituciones que mencionaré a continuación: en primer lugar me referiré a la Escuela Normal Superior bautizada Dr. Agustín Garzón Agulla. Este establecimiento escolar fue creado por ley del 26 de septiembre de 1941 durante el gobierno del doctor Santiago H. del Castillo, e inició su actividad el 12 de abril de 1943. En sus aulas se han formado innumerables generaciones de brillantes cordobeses.
En segundo término, en el barrio General Paz podemos encontrar una entidad que defiende los derechos intelectuales de los autores de páginas musicales y letras de canciones, se trata de la delegación local de la “Sociedad Argentina de Autores y compositores”, cuyas siglas son simplemente: SADAIC.
Por su parte, la “Casa de España” desde su fundación, el 3 de agosto de 1958, es un espacio que persiste a través del tiempo. Y en la actualidad, brinda innumerables servicios.
En otro orden de cosas, no puedo dejar de notar que sus enormes ventanales, que miran hacia avenida 24 de septiembre, exhiben orgullosos unos suculentos jamones que penden del techo.
No debo olvidarme de señalar la magnífica tarea que realiza el Centro Cultural General Paz: como un verdadero imán que aglutina a su alrededor las más heterogéneas actividades artísticas.
Finalmente, una extraña perla se asoma tímidamente en la esquina conformada por la calle Félix Frías y la Avenida 24 de septiembre. Una estructura que logró soportar los cambalaches que le propuso la posmodernidad. Con un aire señorial y desafiante se ubica aquel antiguo Chalet. Algunos vecinos del barrio General Paz aseguran que en el interior de esta edificación de dos plantas ronda el fantasma de uno de sus antiguos moradores: un Coronel, el yerno de Augusto López.

Por Sebastián Ianiero
Zebastian10@hotmail.com
www.sebastianianero.blogspot.com





Almacén de ramos generales



Enhebro las huellas, como cuentas de un collar mordido por el tiempo y me detengo en el escalón intacto.
Un aroma de barnices se agita sobre la geografía de estantes abundantes de colores acrílicos y sintéticos.
Sin embargo, los rincones amparan el murmullo añejo de la almacén de ramos generales de los Mascó.
Tal vez sea el mismo mostrador, desde donde la Miselva pesaba las galletitas azucaradas, la harina suelta o el vitosan para los pollos, todo con yapa como correspondía.
El sahumerio del café recién molido pulseaba en el olfato contra los olores del forraje.
Se podía jugar a las escondidas entre los costales mientras mi padre compraba mijo para sus canarios y conversaba con el Cacho echándole la culpa de todo al gobierno.
Yo recuerdo las sonrisas, la hospitalidad del almacén, la diversidad acumulada en insólitos embalajes.
El vendedor impaciente me observa.
No he venido a comprar su mercadería.
Soy visitante de un íntimo museo hoy convertido en una moderna pinturería.
Saludo cortésmente y regreso a la calle.
El sol reproduce una sombra sobre el asfalto.
Y reconozco a esa niña que se demora, dando saltos de tejo en la vereda
de mis nostalgias.

Claudia Tejeda





El Cisne Negro / Adriana Pozzo





La película es protagonizada por Natalie Portman –nominada para el Oscar como mejor actriz-
y ella abarca cada escena en forma inconmensurable.
El ritmo original de Tchaikovski del Lago de los cisnes, versiona una historia diferente: Nina -que forma parte de una compañía de ballet en Nueva York- es elegida por el director para representar el rol principal. El desafío que le plantea es que su danza logre la síntesis del cisne blanco con su natural inocencia y del cisne negro de naturaleza devoradora.
Es la búsqueda insaciable de su lado oscuro, el negro para detener el blanco, como el símbolo del ying y del yang. Nina quiere lograr la perfección, la excelsitud en la danza.
En su vida lineal y disciplinada de danzarina de ballet ha creado un marco de estética previsible. La rivalidad con Lily –una compañera- constituye el disparador para dar inicio a la experiencia de sentir el latido de su cuerpo.
Se proyectan imágenes de salidas nocturnas, consumo de éxtasis y relaciones transgénero. En ese momento irrumpe “el miedo” que tiñe la vigilia y el sueño y, su personalidad empieza a fragmentarse como un rompecabezas que se desarma.
Los demás personajes son casi excusas para que ella pueda existir, que generan rivalidad, complacencia, obediencia y admiración.
La oscuridad debe emerger como un mandato para transformarla. Así, sus alas blancas y resplandecientes serán negras y pedestres.
Se trata de un thriller psicológico que sorprende al espectador, pues toca algo por dentro “el miedo a ser uno mismo”.





Lo nuevo de Radiohead: 'The King of Limbs'




SU NUEVO TRABAJO PODRÁ DESCARGARSE NUEVAMENTE A TRAVÉS DE SU WEB
La banda inglesa Radiohead regresa con un nuevo disco y lo hace dando de nuevo prioridad a la web. Y es que como ya ocurriera con su último trabajo, 'In Rainbows' (2007), Thom Yorke y los suyos vuelven a desafiar a la industria musical y, prescindiendo de discográficas y canales de distribución habituales, publican 'The King of Limbs' por Internet.
El álbum, el octavo de Radiohead, estará disponible para su descarga a partir del próximo sábado por 7 euros, en formato 'mp3' y por 11 en formato 'wav'. Además, al igual que hace cuatro años, el disco verá la luz físicamente el 9 de mayo, en una edición que la banda ha bautizado como 'newspaper album' y que incluye un CD, dos vinilos de 10 pulgadas y más de 600 ilustraciones.
Dentro los compradores de este formato, dos de ellos, elegidos por sorteo, recibirán el disco firmado por los miembros de Radiohead. El precio del 'newspaper album' oscilará entre los 36 y 39 euros dependiendo del tipo de descarga que se elija.
El nombre del disco (El rey de las extremidades, literalmente) proviene de un roble milenario del bosque de Wiltshire Savernake, cerca de Tottenham House, donde la banda grabó parte de 'In Rainbows'. Este nuevo álbum se venía anunciando desde el 2009, a través del bajista de la banda, Colin Greenwood, y su productor de 'Ok Computer' (1997) Nigel Godrich volverá a participar en este proyecto con Radiohead.
Algunos temas nuevos ya han sido mostrados, como 'Super Collider' en un concierto en Irlanda en el 2008. Un año después, Thom Yorke presentó una canción nueva, 'The Present Tense', en un concierto como solista.







Mi viaje

Este es mi viaje
por una Córdoba de poetas
y bohemios borrachos de pasiones.

¡Barrio San Vicente, Alberdi, Guemes
y otros tantos santuarios más!

De capelinas y elegantes largos vestidos.
Hombres de polainas y sombreros acompañando el gesto.

Calles con aroma de jazmín
por las que a veces camino
Un olor,...un color,...una canción.
Me traen a mi mente las noches de Alberdi.
Un guitarrero cantor de madrugadas,
por esas calles empedradas,
que sólo en mi mente hoy están.

¡San Vicente! La calle San Jerónimo,
la Plaza Lavalle, el viejo Mercado,
con la bulla de los carros
y los cascos de caballos preparando el despertar.

¡Mi viaje a lo profundo
de tus calles sin rumbo!
Mi viaje por las noches
buscando una canción,
donde se encuentra un bohemio,
un poeta, un escritor.

¿Qué tiene Córdoba?
¿Cuál es su magia? que no puedo despertar,
de este viaje sin tranvía, sin carrozas,
sin mujeres con capelina
y ningún "Jardín Florido",
con su clavel ya marchito,
si ya no se escucha por estas calles,
con un piropo pasar.
Este es mi viaje...¡déjenme!
Yo no quiero despertar.
Quizás el cura de la Catedral
me despierte finalmente
en el instante postrero,
cuando suenen las campanas,
mi viaje terminará.


Enrique Horacio Hernández Franco

COÓRDOBA DE ANTAÑO

TRANVIA COMIENZO DE LOS 60



COLON Y LA CAÑADA


PASEO SOBREMONTE



JARDIN FLORIDO


"LAS AFUERAS"
VELEZ SARSFIELD Y FRUCTUOSO RIVERA


CALLE ANCHA Y BOULEVARD SAN JUAN

VIDEO
CORDOBA DE ANTAÑO

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vengo desde Artesanías Literarias. Allí recomiendan varias direcciones y entre a varias. Muy buenas y he leído casi todo el boletín, me quedaron pendientes algunas cosas por falta de tiempo. Soy de Santa Fe pero amo Córdoba y leer estos artículos ha sido maravilloso. Quiero rescatar dos que me gustaron muchísimo, uno de la señora Gozálvez y Lily Chavez. Volveré a ver número anteriores, felicitaciones por este trabajo que no conocía.

Ramiro Danterre

Anónimo dijo...

Un boletín que tiene de todo un poco. Hay muchas revistas dando vueltas en la red, algunas exageran con notas de filosofía o artículos tomados de otro lado,lo que por cierto no tiene ninguna gracia. Lo interesante del Basta ya! es que cada artículo parece haber sido especialmente para la ocasión, por lo tanto, la mayoría inéditos. Es muy poco lo que no me lleguó, creo que fue un número donde la nostalgia se ganó al lector. Felicitaciones, como Ramiro, rescato Una cosa trae la otra, me gustó el poema de Carranza, lo de Eduardo Planas y tambien el de los caballos azules. Felicito el trabajo en equipo

Héctor Vavasori
Neuquén

Anónimo dijo...

Buenísimo el boletín. Me gustó todo, por ahí se nota la solvencia de algunos escritores por sobre otros pero es un trabajo que se puede apreciar y disfrutar en su totalidad. Excelentes fotos las que acompañan el material. A seguir, lo están haciendo muy bien

Fernando Anglada

Anónimo dijo...

¿Cuando me enviaron este material?
Es muy bueno. Gracias.
silvia