Poetas de la Memoria


Diego Dayer. La Memoria (2006). Óleo s/tela - 90 x 90 cm

Poetas de la Memoria

Francisco "Paco" Urondo

Carlos Penelas

Aldo Novelli

Rolando Revagliatti

Ethel Aghemo


Boletín Literario
Basta ya!
2010




Francisco Paco Urondo / La palabra justa


COMO BOLA SIN MANIJA


puedo ir para un lado
puedo ir para otro lado
encontrar estuarios pálidos cisnes quietos
buques mansos que como a las nubes
me llevan de un lado para otro lado
puedo dar con lugares apacibles
o sombras excitantes
la primera piel de una mujer
el aroma de una mujer el sonido de una fiesta
puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente
y sentir en las sábanas el olor del sol
puedo llegar a tener suerte en el juego y en la vida
puedo cambiar de vida y de nombre
puedo peinarme de otra manera
y vestir como nunca lo hice
puedo sorprender
ser irascible o piadoso
comprensivo con las mujeres
o despiadado con sus increíbles sentimientos
puedo como antaño volver a enamorarme
puedo padecer por un vago recuerdo
o tirar todo por la borda
o no soportar la memoria
-hoy te he recordado vagamente-
puedo reír y cantar
divertir a la gente
y esperar a que todos estén completamente locos
y ya no parezca tan divertido
puedo envejecer y enmudecer para siempre
y decir palabras sin mayor fundamento
puedo gozar de placeres fáciles y complicados
-eras alta antes de conocerte
y hoy no he recordado tu nombre
y pienso que otro día podré humillarlo-
puedo tener rasgos bondadosos
arranques de conmovedora caridad
puedo echarme a perder
o tener más hijos como si ofreciera
el más estupendo y bonito de los mundos posibles
puedo ambicionar una amplia fortuna
hasta puedo trabajar o pensar en el as de oro
o seducir a una adolescente frágil-como-un-pétalo-de-agosto

puedo hacer viajes exóticos morder la espesura de un follaje
jugar mi vida por unos diamantes impuros
o por lánguidos ojos saturados de sabiduría
puedo emborracharme aquí o en el extranjero
y caer exhausto en la turgencia de un muslo
o en el filo de una dudosa alcantarilla
puedo investigar o escribir luminosos párrafos
que abrirían por sí el futuro
puedo ser un intelectual responsable o desaprensivo
firmar o no firmar traicionar o jugar a la lealtad
puedo ser adorado
puedo ser odiado
tener amantes
distintas en su belleza singulares en sus caprichos
o no tener a nadie
y no guardar un solo recuerdo
puedo rechazar la ternura
o mendigarla como hace unas horas
puedo vivir alternativas viejas o recientes
fáciles y peligrosas
puedo elegir mi destino
aunque no sepa darle forma adecuada
ni por dónde empezar
puedo imaginar el tiempo que desconozco
luchar por esa o por otra dulce aspiración
puedo olvidar
-hoy no he podido recordar tu nombre-
de la memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno

Nombres (1956- 1959)




MENSAJE CIFRADO

"Sólo te pido que dejemos este parque, que abandonemos
sus municiones, sus reproches para irnos por ahí, como
cascaritas
divertidas de pálidos carnavales, hielo y materia del olvido.
Porque
entre tirones y sufrimientos, la cosa se ha puesto
tan fácil, tan fácil, que nadie
puede resolver sus entusiasmos, ordenar sus festejos."

Francisco “Paco” Urondo

“La obra poética de Francisco Urondo –plenamente inscripta en el tiempo que le tocó vivir, con sus turbulencias y sus arduos caminos- abarca más de veinte años y deja una marca indeleble en la poesía en lengua castellana. Para Urondo era fundamental hallar la palabra justa, en tanto justeza y justicia, y el intento equivalía a encontrar un sentido que justificara la vida. Equivale a distinguir algo que en varios poemas menciona: lo que vale la pena.”
Susana Cella, Francisco Urondo ,
Obra poética, Adriana Hidalgo Editora




Identidad y compromiso



¿Qué piensa de aquellos que fueron arrojados en una cuneta? ¿O de esos otros enterrados sin notificar ni a la familia ni a nadie? ¿Qué piensa de las fosas comunes, del ocultamiento, de los desaparecidos? Con la mano en el corazón, ¿De qué lado está? ¿Son progresistas ciertos caballeros o intelectuales que desean evitar asperezas? Días pasados lo conversé con mi querido amigo y cantautor Laureano López Lois. Hablamos del juez Garzón, de los medios, de posiciones deshonestas en muchos señoritos que la “van de progre”. Nosotros seguimos hablando de “terrorismo de Estado”. Ustedes, no sé. Aquí, más de una vez -hace de esto treinta años- he gritado en las manifestaciones: “Aparición con vida y castigo a los culpables.”

El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo, me confesó un mediodía Saint-Exupéry. Nadie elige a sus maestros ni a sus ancestros. Descubre que los tiene, una noche en el alba de su vida descubre que los tiene. Y que ejercen una fuerza indiscutible. Decisiva. Porque los ancestros no influyen en uno: nos constituyen. Como los maestros. Uno se da en el acto de amar, independientemente de la posteridad amorosa. De igual manera ocurre con el compromiso, con la honda creatividad en un poema, con la ofrenda de nuestras raíces. Al hombre que ignora quién es, sus semejantes pueden brindarle consuelo. Pero el que sabe quién es, se afirma y difunde su ser. A pesar de las vacilaciones y las incertidumbres.

Un poeta no adquiere su condición de tal sólo por un libro o por una línea. Su obra moviliza impresiones, nostalgias, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimos, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano.

Como siempre, han salido oportunistas a hablar de sus raíces. Y hasta del compromiso social. Han llegado a decir, y nadie respondió, recordando la Guerra Civil Española, que Madrid era “el campo de batalla perforado por los bombardeos, asediado por las razzias y las venganzas de uno y otro bando”. Discúlpenme, compañeros, hay cosas que indignan, que causan malestar. Me irritan. Mi irritan hasta golpear el puño contra la pared. Uno sigue siendo antifascista, antiautoritario. Sobre ciertas cosas no se discuten, sobre ciertos principios no se negocia. Uno tiene una identidad que incorpora a su conciencia. Si no se sabe, si no se conoce, si sólo se tratan los temas con superficialidad, si no se vivió de verdad el desarraigo, la persecución, los desaparecidos por el terror franquista (unido a las posiciones más retrógradas del clero y toda la derecha española) lo único que daremos es una visión edulcorada, una mirada supuestamente académica. Eso pasa en España o en cualquier lugar del mundo. En Argentina o en Chile, en China o en Irak.

Nuestra identidad se completa con Galicia. Y con España, naturalmente. Y luego con Italia, con Irlanda, con Escocia, con Uruguay… Uno es un ciudadano del mundo, aunque resulte antiguo y hasta infantil definirse de este modo. Pero es una realidad: soy la sombra de mi padre, la cara invisible de mis abuelos, aquello reprimido u olvidado por los que se quedaron, por los que quisieron olvidar o distorsionar las cosas. Por eso mi presencia molesta: soy lo reprimido que vuelve, soy el regreso de don Manuel, el regreso de María Manuela, el regreso de don Pedro, el regreso de don Tomás. Las voces del silencio, la mirada que cuestiona, el oído atento a las murmuraciones. En mi están ellos, y están para contar, para hablar de otras historias, de otros desaparecidos, de otros fusilados, de otros exilios. No los únicos, pero estos también recuerdan traumas y cicatrices. Alcanzan -querido lector- las comodidades del progreso, el consumo del presente. Lo siento. Soy el hijo externado, el hijo exterior. Deben mirarme, soy de la misma sangre pero nací en el exilio. No es una condición sencilla la mía. Porque ahora ustedes deben preguntarse: ¿Quiénes somos, realmente? Y éste, ¿quién es? Y una más ¿Ante quién y para qué soy? Y ustedes ¿Cómo viven sin mí?

No tengan miedo, quiero decirles que sólo soy un poeta, un hombre que divaga como un adolescente sin saber en realidad de aquello que hablan -con el ceño fruncido- los hombres importantes. Soy, si se quiere, un anarquista aristocrático. Tengo hábitos austeros, carezco de deudas, me arreglo con lo indispensable. No sé manejar, por lo tanto no tengo automóvil. No pido herencias, no reclamo nada. Afortunadamente soy casi un desconocido. Además, mis padres me enseñaron a ser tenaz, a ser solidario, a ejercer la libertad. Y que el dinero es secundario, sólo los afectos y la conducta importan. No me tengan en cuenta, mi palabra no vale. Para eso están los funcionarios, los embajadores, los obispos, los financistas, los generales. Y los moralistas.

Carlos Penelas / Buenos Aires, marzo de 2010


Al que quiera oir...

Por el Día de la Memoria






diminuto

soy un ser diminuto
pequeñísimo como un insecto apenas visible
en el fárrago desesperado del mundo
pero respiro, río y sufro
aunque muchos me ignoren
estoy aquí, frente a vos, frente a la multitud
y digo mi humilde palabra
al que quiera oir
mi palabra precaria y revolucionaria
al que no quiera oir
digo mi palabra
y la grito a los 4 vientos
y a los 7 mares
con ella hago un canto común
y les canto las cuarenta a los déspotas.-


Un abrazo impetuoso.
aldo luis novelli
desde los bordes del desierto.-
http://www.otros-fluidos-virtuales.blogspot.com
http://www.la-sed-infinita.blogspot.com
La poesía es un oasis luminoso en medio del desierto. El poema es la sed.



MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA






Rumbo a la plaza (Inédito)
Rolando Revagliatti


-¿Qué quieren matar con tantos crímenes, mami?-
preguntó el niño, mientras caminaban
Y la mami, sin detener la marcha, lo miró a su hijito

-¿Qué quieren, con tantos crímenes
los hombres, matar, mami?-
insistió
Y la mujer intuyó que aunque adorable
el monstruito sospechaba respuestas

-Hay algo que matando no logran
sin embargo, matar, ¿no, mami?-

La madre se detuvo
y sonrió
y lo besó
y lo besó

y lo acalló.





TORTURA



Cuando las sombras hombresombras
se adueñan de mi cerebro
lo fagocitan
lo estrangulan sin asco

el corazón se aquieta
puño mutilado seco por la sangre

genitales masacrados

Está ahí: mudo espantado

Espera un milagro no inventado
un hálito que extermine la violencia
y la paz que da la muerte.






Ethel Aghemo






PREGUNTAS

Cómo será limpiar
el fondo del alma.

Adónde se esconderán
Los sueños que nunca se hicieron realidad
Las alas de mariposas que están ahí
asentadas en la boca del estómago
para aletear y que tragues amargo
aleteo constante
dolor casi sin
nombre...

cómo
sobrevivir
sin que nos maten
y a nuestros
sueños



ETHEL AGHEMO

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