miércoles, marzo 17, 2010

Boletín Literario nº 101 / Febrero / Marzo 2010






Boletín Literario
Basta ya!
Año 5 / nº 101
Febrero / Marzo 2010



Respiración
Jorge Luis Carranza





Amo unas pocas cosas.
Y ellas me aman.
Lo sé.

Caben en la mano.
(Ellas me dicen
que no las nombre;
que así está bien)


Podría decirse
con justa razón
que el mundo que describo
es pequeño,
infinitesimal,
estrecho.

Pero el corazón
hace pie en él
y anda sin esfuerzo
como por una carretera inmensa.

Son un puñado
esparcidas entre el cielo
y el suelo.
No más.

Son mi respiración.
Soy su respiración






GUARDIA 6




Caminó todo el día entre la gente hasta que cayó la noche.
Llegó hasta la última casita de un descampado que da al Sur y golpeó las manos.
Salió una anciana que al verlo lo invitó a pasar.
Le calentó una sopa y le acercó un vaso de vino.
Cuando quiso irse, ella le dijo que había una cama disponible y que podía quedarse hasta el otro día.
Hacía mucho tiempo que dormía a la intemperie; en las plazas, tapado con diarios.
Durmió de un tirón.
Al despertarse por la mañana un suave rayo de sol le daba en la cara y escuchó el canto de unos pájaros.
Pudo ver a la mujer tras la ventana tendiendo una ropa en la soga.
Se dio vuelta en la cama; se tapó con la colcha y él que se permitía una lágrima solo cuando estaba feliz, se largó a llorar largamente, como un chico.

RONZERTA COANCA










Una cosa trae la otra


Cosas de nuestras tierra para quienes tienen razón.


Por Liliana Chavez

Esperaba a una amiga, sentada en el banco de una plaza céntrica. Venía caminando un muchacho mal entrazado cargado con bolsa de dormir, mochila y otras cosas. Parecés un ekeko le dijo en tono burlón, alguien que pasaba; reconocí la palabra, era común su uso en mi pueblo durante mi infancia; aunque el tiempo ha ido deformando su significado. La cultura aymará del altiplano boliviano denomina así a uno de los dioses menores de su mitología pero se trata de un pequeño muñeco “bien vestido” que lleva objetos de valor como billetes, ollas de plata, collares de oro y morrales de hoja de coca, símbolos representativos de la opulencia, la satisfacción económica, física y moral.

Mientras aguardaba, me puse a escribir y de vez en cuando, levantaba la vista, alertada por pasos de chicos corriendo o por las conversaciones que cubrían el sublime piar de los pájaros. Tarde propicia para los adolescentes, pensé y me quedo mirándolos, dicen que en Córdoba hay chicos agraciados y mujeres muy bellas y es cierto. La mayoría son altos, de tez blanca, ojos claros pero también - como en otras provincias - los hay más bajos, de piel, cabellos y ojos oscuros. Pensaba en la mezcla de razas que caracteriza a nuestro país; muchos opinan que es la razón por la que no logramos tener una identidad propia. Nos cuesta manifestar amor por la tierra, no sabemos de qué hablan quienes continuamente tratan de rescatar los valores, las tradiciones, los derechos de los pueblos originarios.

Pedro, un amigo que vive en San Francisco Solano, Pcia. de Buenos Aires pero que es nacido en Chaco, cada dos por tres, hace comentarios al respecto que me dejan pensando. Y él realiza su lucha desde donde puede: escribe a su tierra, a sus ríos, lo expresa en sus canciones, lo hace, elevando una palabra de reproche cuando se siente invadido por todo lo que viene de afuera: ciertas modas, la música, ese afán que tenemos de tomar como ejemplo a héroes de ficción, la mayoría de las veces proveniente de EE.UU. o Inglaterra, nada más ni nada menos. Y casi de inmediato, me vino a la mente, el rostro de Marta Guzmán, una poeta que hemos tenido ya en nuestras páginas; una voz sensual, visceral que tapiza su decir con un manto inalterable de raíces ancestrales. Su poesía transmite una belleza inusitada, su palabra toda es como una oración de la tierra. Y Marta también procura conjugar la poesía con instrumentos autóctonos, algún día le pediré que nos cuente sobre el sonido encajonado del “palo de lluvia”. Historias fascinantes que, después de escucharlas, nos dejan con una paz interior profunda.

Se conocen más leyendas de origen mapuche, tobas, tehuelches, quechuas que de otras tribus, por eso en esta oportunidad me inclinaré hacia una leyenda ona que empieza diciendo que los bosques eran profundamente verdes, el sol y la luna deambulaban sobre la tierra y las mujeres gobernaban. Se dice que todo cambió cuando las cabezas de los gigantes Cwonyipe y Chashkilchesh asomaron por encima de los árboles.

En la era de los hoowin, las mujeres dominaban a los hombres, que eran quienes cazaban, proveían de lo necesario, estaban obligados a atender a los niños, cargar y hacer la vivienda desmontable, recoger agua, preparar el fuego y la comida. Esto respondía a la alianza que ellas tenían con los dioses, origen del poder. Cuando las mujeres organizaban la reunión para iniciar a las jóvenes, los hombres desde lejos observaban a los dioses salir de los bosques y renovar la alianza para que los hombres mantuvieran su sumisión. Las mujeres practicaban la brujería y les transmitían a las jóvenes mujeres la facultad de causar la muerte por dolencia, lo que provocaba temor en los hombres. En una ocasión Kren (sol) pasó cerca de la gran cabaña y descubrió que eran las mismas mujeres quienes se disfrazaban de dioses; entonces unidos, armados y decididos, los hombres acabaron con todas las brujas.

Una joven muy astuta logró escapar de la furia masculina y saltó una elevada cascada, la Oklohl Warren, y se transformó en un pato: pequeño, rápido y brillante. Otra, grande y enérgica, fue hacia la playa y escondió a sus hijas bajo su manto. Seguras, llegaron al mar donde se convirtieron en patos tarri alahksh. Sólo se salvó Kre (luna), la más sabia de las mujeres y la más poderosa de las xohon uhante (chamán de alto rango) pero no escapó al martirio de su pareja el sol. Kren la arrojó sin piedad a las brasas provocándole quemaduras en la cara y aunque pudo huir hacia la montaña Aklek-Go-Oiyin y brincar desde su cima, continuó su vida eternamente acechada por el sol.

Hay tanta gente que tiene los mismos ideales, que lucha por las mismas cosas y sin embargo, sucede que cuesta encontrarse con ese otro para sumar fuerzas, y entonces, el camino se hace en subida, ríspido, lento.

Por eso, desde Una cosa trae la otra, me propondré de ahora en más, acercar esas voces, que uno sepa del otro, que empiece a formarse la cadena que libere. Prometo para la próxima, esa leyenda sobre el “palo de lluvia” y un trabajo exquisito de alguien que otras veces hemos tenido en estas páginas. Máximo Simpson, escribió en “Elegías americanas”, un excelente trabajo sobre Lautaro, Tupac Amaru y Cuauhtémoc. Les traeré al primero de ellos. Hasta la próxima y mientras escribo, siento caer la lluvia….y por la ventana que da al patio sube el aroma a tierra mojada.



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Pasión en el camino
por Alfredo Lemon
Especial para el Basta Ya

Hoy es domingo. En apariencia, los seres de estas latitudes están descansando, cultivando un jardín como quería Voltaire o simplemente disfrutan de un sosiego reparador. Otros, cada vez más cerca de la miseria, ven pasar las horas de su hastío. Sólo unos pocos, hoy domingo, desafían las leyes de la física que tanto han preocupado a Newton, Einstein o Hawking.
Hace muchos años que intento ver el rostro del Absoluto. Hoy es domingo, ¿acaso también Èl descansa? Pienso que si traspaso el límite de los trescientos kilómetros por hora podré ver su forma, su perfil desconocido. Aunque en verdad me contradigo. Nunca lo he confesado antes: una vez lo he visto: en las curvas, en los trompos, en los derrapes. La imagen no es clara. Parece tener una túnica celeste, rostro amable, barba de anciano. Ha sido también en esos momentos cuando estirando mi mano me pareció rozarlo pero perdía el contacto y el velocímetro descendía a doscientos ochenta, doscientos cincuenta...
He ido a contra-reloj. Sólo una vez, por única vez, en el circuito de Ímola, logré que me tomara la mano y la muñeca. Fue una cuestión de segundos. Fue una cuestión sublime, de eternidad.
Cuando reaccioné, ví que desde el aire llegaban helicópteros, desde los costados corrían ambulancias, gente desesperada y gritando, médicos haciéndole traqueotomías a mi cuerpo que yacía en el asfalto, los dueños de la escudería sacando cuentas por las pérdidas, sacerdotes orando por mi alma, el público en silencio enmudecido y sorprendido, homenaje y pena... Todos como actores de una tragedia cumpliendo sus roles puntualmente.
Creo que a lo mejor en estos años tensé demasiado el arco del destino, haciéndole frente a la naturaleza retando a la muerte en bólidos de fuego.
No sé si me habré reído de los dioses, no sé si tuve coraje, no sé si me arrepiento en conciencia. Quizás, la única tristeza que ahora me invade es cuando recuerdo a mi pueblo, allá en el sur de Sudamérica.
Presiento que muchos corazones habrán dejado de palpitar en sintonía con el mío, un día como hoy, domingo, cada vez que me sentaba al volante, apretaba el acelerador y me lanzaba al vacío.
Toda búsqueda vale la pena. Todos nosotros, cada cual a su manera, trata de entender la lógica del mundo.
Los que se entregan a sus sueños, los románticos, los amantes, los vulnerables, los misericordiosos, los intrépidos, tendrán un lugar privilegiado aquí junto a mí.
Al fin, es la pasión por vivir lo que nos otorga un leve sentido a la existencia.
Al fin, es la pasión por vivir lo que no tiene fin!

(Esta carta fue encontrada en el bolsillo de un paciente internado en una Clínica Psiquiátrica que se hacía llamar Ayrton Senna y vociferaba que había muerto el 1º de mayo de 1994 en un autódromo de Italia).


LA ALMOHADA DE JADE


La verdad y la belleza se desnudan.

Mi boca besa tus tibias mejillas.

Late en tu vientre un poema.

Los cuerpos bendicen la lujuria.


ALFREDO LEMON
Khajuraho, 20/01/10




LHASA



En los primeros días de enero del cte. año, bordeando la medianoche, una chica de 37 años y mucha magia sucumbió ante un cáncer de mama que la derribó después de dos años de pelea. Lhasa de Sela nació en el estado de Nueva York, de madre fotógrafa estadounidense y padre profesor mexicano. Pasó su infancia arriba de un colectivo, yendo y viniendo por rutas diversas, convertidas en imaginarios que iban a impregnarse en el abanico de posibilidades creativas de aquella nena que no tanto tiempo después –empezó a los 13– estaría maravillando a su público reducido y fiel en bares de San Francisco y luego de Canadá. No por nada sus canciones magnéticas hacen del movimiento, el camino –también los ríos– y el fin de las fronteras un patrón poético y sonoro.
Su nombre se escuchó con fuerza hace más de 10 años cuando editó La llorona, un disco íntegramente cantado en castellano (cuando su idioma para pensar y sentir era el inglés) con sonidos que pululan entre el folk balcánico, el mexicanismo y el klezmer. El conjunto de canciones gira, de manera más y menos sutil, en torno de penas, despechos y de lloronas, como esa mujer mitológica en busca de los hijos que le fueron arrebatados que hipnotiza con su voz hechicera. El disco es un cúmulo de ambientes místicos, nada cotidianos, más bien salidos de un cuento de hadas para niños de galaxias vecinas, y fue un éxito que llevó a Lhasa a países que todavía no conocía.
La biografía de Lhasa de Sela habla de mudanzas varias: además del nomadismo con la familia grande, años después se unió a la compañía circense de sus hermanas, cantó de muy joven en bares canadienses, pasó años en Marsella componiendo su segundo disco, The Living Road, y luego terminó de asentarse en Montreal, donde se había mudado por primera vez muchos años antes y donde murió la semana pasada.

Su segundo disco, The Living Road, está compuesto en tres idiomas, sus tres opciones verbales: el castellano, el inglés y el francés. La voz grave, dramática y a su modo juguetona aparece todavía más concentrada, recorriendo géneros que van desde la chançon francesa –por momentos recuerda al despojo de Bárbara, hasta la saeta, la serenata, y algo de una liturgia poco convencional. También editado en Argentina como La llorona (por Random Records), este mapa íntimo vuelve a hermanar el viaje –sugerido por los cambios de lengua y los géneros– con un trip flotante. En toda su obra sobrevuela un apego estético evidente por lo triste, una nostalgia constitutiva, tal vez rastreable en esa cantidad de despedidas que tuvo que afrontar desde pequeña, mudándose de un lado a otro del mundo. Su afición por el sollozo se conjuga con tanta maestría con la melodía dulce que sus canciones se convierten en perlas inclasificables, terrenos acuosos, a veces traslúcidos, a veces pantanosos. En vivo, por lo que se puede ver en algunos de los registros de recitales a lo largo de los años que aparecen en su página, el ceño fruncido aparece tantas veces como las sonrisas frescas, graciosas y vitales.

Este año editó su tercer disco, Lhasa, en donde emergen, acaso con más presencia que en los anteriores, el blues y el jazz, envolviendo de un color diferente a composiciones de sensibilidad escalofriante, entonadas en inglés con una voz brillante.
El legado de sus hermosas canciones está entre nosotros y la cita descontextualizada de palabras de la artista acaso sirva, un poquito, para sopesar el sentimiento de tristeza que empaña en estos días: “Cuando algo es bello es bello para siempre”.
Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5435-2010-01-14.html
Revista Macedonio Belarte Febrero de 2010

Video: http://www.youtube.com/watch?v=bw6_Ea8GHYQ







La teta asustada



La protagonista de esta película peruana lucha por perder el miedo. La cultura popular de ese país es el marco. Esta producción compite con la argentina El secreto de sus ojos.


Adriana Pozzo

La coproducción hispano-peruana dirigida por Claudia Llosa ha sido nominada para
el Oscar en la categoría mejor película extranjera.
La mujer canta en quechua a su hija “…quizás algún día tu sepas comprender lo que lloré esa noche, gritaba con mi dolor, luché diciendo que no…no les dio pena que mi hija los viera desde dentro y ya no veo mis recuerdos”. La hija -interpretada por Magalí Solier – le contesta a su madre cantando y se da cuenta que ya no vive.
Durante el terrorismo, entre 1980 y 1992, los pueblos andinos sufrieron la represión militar, el departamento más castigado fue Ayacucho y muchas mujeres fueron violadas por las fuerzas militares. En quechua no se usa el verbo “violar”. La madre de Fausta fue violada y su marido muerto. Existe la creencia que la madre pasa a través de la leche materna este sufrimiento a su hija y el alma es olvidada debajo de la tierra.
La película por momentos se transforma en una fotografía, que se pone en movimiento por la transformación de Fausta. Esta mujer morena y hermosa siente un profundo miedo y entonces introduce en su vagina una papa, porque piensa que de esta manera evitará ser victimizada.
Su único deseo es enterrar a su madre, va al pueblo y ve variados ataúdes: de cedro, para los fanáticos, para los deportistas. Y uno con la pintura del mar del pacífico que alivia y lava las penas.
"….hay que cantar cosas bonitas para esconder nuestro miedo, cantemos cosas bonitas para que se vaya nuestra heridita…"
Fausta consigue trabajo en casa de una concertista, Aída, quien toma sus canciones a cambio de unas perlas que le permitirán enterrar a la madre. "…dicen en mi pueblo que los músicos hacen un trato con una sirena, para afinar sus instrumentos. Y la sirena cuenta un puñado de quinoa y se lleva al hombre debajo del mar…” Pero ese pacto no se cumplió y allí la protagonista se desvanece.
Curada de su mal, le regalan una papa florecida, como símbolo de esperanza.
La película tiene como marco la cultura popular de las comunidades campesinas asentadas en la periferia de Lima, donde se destacan los casamientos y la cumbia.
Fausta recuperada forma parte de ese paisaje.





LA MARTINA CHAPANAY

Eduardo Planas



Martina Chapanay
fue una mujer que actuó en las guerras civiles argentinas del siglo XIX. Era hija de un cacique huarpe y nació en la provincia de San Juan en 1800, aunque se discute si en las Lagunas de Guanacache o en el Valle de Zonda. Murió en 1887. El nombre "Chapanay", proviene del idioma huarpe milcayac: Chapac nay que significa "zona de pantanos".
Entre otras hazañas, se distinguió por haber vengado la muerte del caudillo riojano Ángel “El Chacho” Peñaloza. Es centro de devoción popular porque compartía el fruto de sus robos con los más humildes. Era una mujer de contextura pequeña, pero fuerte y ágil. De bellos rasgos, su cabello era negro lacio y de tez morena. Al elegir la vida de montonera comenzó a utilizar la vestimenta de los gauchos (chiripá, poncho, vincha, botas de potro) tal como se representaba en las estampas y tallados de madera.
La tumba de Martina Chapanay continúa reuniendo a cientos de devotos en el pueblo sanjuanino de Mogna. Su padre fue Ambrosio Chapanay, un cacique huarpe que se refugió en el actual Departamento Lavalle (Mendoza), quien murió sin otra descendencia aparte de Martina. Su madre fue Mercedes González, ella era blanca y oriunda de la ciudad de San Juan.
La zona es ahora un desierto, pero en el siglo XIX las aguas del río Mendoza y del Desaguadero creaban las llamadas Lagunas de Guanacache. La construcción de una represa cerca de la ciudad de Mendoza provocó la sequía de las lagunas. Hoy los huarpes obtienen el agua de pozos muy profundos ya que los superficiales están contaminados con agua salada. La supervivencia de éstos se basa principalmente en la cría de cabras, la utilización de los frutos del algarrobo, un árbol típico de la zona y la venta de artesanías en el Mercado Artesanal, que se encuentra al lado de la oficina de turismo de la ciudad capital.
La madre, llamada Teodora, crió a la hija con dedicación, tal es así que la casa de Martina se transformó en escuela para los niños del lugar. Cuando era adolescente, Martina se destacaba por sus actitudes de jinete y cuchillera, su habilidad para hacer galopar caballos en los arenales, pialar terneros, cazar animales y nadar con gran destreza. Cuando murió su madre, su padre la entregó a Clara Sánchez, de la ciudad de San Juan, que la educó con rigor. En respuesta, Martina logró escapar, encerrando a toda la familia en la casa.
A partir de ese momento, Martina vivió con los huarpes y se transformó en ladrona y asaltante de caminos, repartiendo lo que robaba entre los más pobres.
Luego convivió con Cruz Cuero, jefe de una banda de la región. Se dijo que incluso atacaron la Iglesia de la virgen de Loreto en de Santiago del Estero. Esta relación con Cruz terminó en una tragedia, ya que Martina se enamoró de un joven extranjero que secuestraron; Cruz golpeó a Martina y mató al joven de un balazo, pero Martina mató a Cruz con una lanza y quedó como jefa.
Sucesivamente, Martina se unió con el caudillo Facundo Quiroga. Martina continuó luego luchando al lado de caudillo Chacho Peñaloza, hasta que le ofrecieron el indulto y un cargo de sargento mayor en la policía de San Juan. En ese cuerpo militar se encontraba el comandante Pablo Irrazábal, el asesino de Peñaloza. Martina lo retó a duelo, pero éste no tuvo lugar porque el oficial se descompuso por el miedo y pidió la baja.
Se cuenta que un antiguo oficial sanmartiniano, el cura Elacio Bustillos, cubrió la tumba de Martina con una laja blanca, sin ninguna inscripción, ya que “todos saben quién esta allí”.
El cantante León Gieco, con la colaboración del historiador y ensayista Hugo Chumbita, publicó en el 2001 el CD “Bandidos rurales”, que contiene un tema del mismo nombre y donde menciona a Martina Chapanay.
El poeta y cantor mendocino Hilario Cuadros del conjunto Los Trovadores de Cuyo escribió una cueca llamada La Martina Chapanay.
Por su lado la escritora Mabel Pagano publicó “Martina Chapanay, montonera del Zonda.” (Año 2000, Ediciones del Boulevard).
Fuentes:
-Programa radial “Luna de pájaros” conducido por Liliana Chavez, FM activa 105.9. Lunes 21 a 22 hs. Córdoba.-www.diariodecuyo.com.ar-www.diariolibre.info-www.esnips.com
Foto: www.taringa net, Faro Cultural. Blogspot.com


Boletín Literario Basta Ya! / Año 5 / nº 101 / Febrero / Marzo 2010
Revista Cultural
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chavez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Carlos Penelas.
Diseño y Diagramación: Eduardo Alberto Planas
Dibujos: “Recargado” / Matías Arese
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita en forma virtual Quincenalmente. Registro de Propiedad Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Se puede reproducir con cita de autor y fuente.
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com

4 comentarios:

Analía dijo...

Querido Eduardo:
Celebro el regreso del Boletín Basta ya.
Te mando mi cariño y mis mejores deseos para vos y tu gente, que tus días sean bendecidos.
Saluditos a todos los colaboradores del Boletín.
Analía

Anónimo dijo...

Quiero agradecerle a Lily Chavez por haberme indicado esta página. Me pareció todo de una calidad increíble, las notas, la poesía y en verdad, ojalá existieran más trabajos como este. Me encantó Una cosa trae la otra y Guardia 6, genial, me emocionó mucho. Saludo al staff de la revista y sigan haciendo esta tarea.

Vicky Elizondo.

Anónimo dijo...

Gracias Vicky por llegarte a la página . En lo personal me hace sumamente feliz, formar parte de este boletín, anhelado y conformado con pasión por Eduardo Planas y por quienes de alguna manera elevamos la montaña con nuestro granito de arena.
Lily Chavez

Nerina Thomas dijo...

Gracias Lily por tanta riqueza, cultura que hace uno pueda apreciar y atesorar.
Destacable revista que compartiré con la audiencia, semana a semana.
Felicitaciones y nuevamente gracias!!