jueves, febrero 26, 2009

Boletín Literario Basta ya / nº 98 / Febrero 2009


Boletín Literario
Basta ya!
Año 4 / nº 98
Febrero de 2009


Córdoba / Argentina


Sumario
Pileta libre / Jorge Carranza
Una cosa trae la otra / La memoria y la nostalgia encajadas entre serpentinas / Liliana Chavez
Carnaval / Daniel Quintana
La Sin Bombo / Eduardo Planas
Uruguay late al compás de la música, la murga y el carnaval / Adriana Pozzo
Carnaval toda la vida (tres reseñas y ninguna flor)
El Carnaval de Venecia / Ulrich
¿Para Niños? / Carnaval en el Zoo / Fabían Sevilla
París je t´aime / Pablo Carrera
Carnavalía / Tribalistas: Marisa Monte /Arnaldo Antunes / Carlinhos Brown



Boletín Literario Basta Ya! / Año 4 / nº 98 / Febrero 2009
Revista Cultural

Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chavez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Carlos Penelas, Mariana Montenegro,
Diseño y Diagramación: Eduardo Alberto Planas
Dibujos: Matías Arese: “De Carnaval”
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita en forma virtual Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com
Suscripción gratuita: eduardoplanas2001@hotmail.com


Pileta libre
Jorge Luis Carranza



La natación tiene su encanto.
Un largo crawl:
El ojo derecho en la brazada
puede ver un trozo de cielo,
un árbol,
personas que pasan al borde
de la pileta.

Al hundirse de nuevo el rostro en el agua
hay un mundo de burbujas
y de silencio.

Un largo pecho:
los dos brazos hacia delante
surcan el agua
sin ruido.
Solo se escucha
la respiración.


Un largo crawl.
Un largo pecho.
Un largo crawl.
Un largo pecho.

Conviene no apurarse
ni pensar cuanto falta
hasta el otro borde,
sino bracear y bracear
a un mismo ritmo.

Tiene su encanto la natación.

A esta altura,
la prefiero así.
Sin un profesor
que diga qué hacer
ni cuanto.

Pileta libre.
Porque cada día
trae su afán.




Una cosa trae la otra
La memoria y la nostalgia encajadas entre serpentinas.

por Liliana Chavez



No había ni siquiera cesado el ruido de los petardos, cuando los chicos del barrio empezaron con las bombitas de agua. Se los ve entrando en jardines ajenos en busca de un grifo. Son todos varones y se tiran entre ellos o contra las paredes, las chicas de hoy en día los frenan en seco. En algunas casas esta semana he visto jugar carnaval, arrojar a varios a pileta de lona , mojar con la manguera, tratar de hacer puntería con una bombucha grande. Y pensaba., qué diferentes eran los festejos en otro tiempo. Cierro los ojos y me veo de la mano de mi madre camino hacia la plaza. Recuerdo con una sonrisa mis disfraces habituales, el de gitana, el de hippie y aquel de hormiguita viajera que tanto me gustaba. Vuelve nítida la imagen de mi hermano , el tercero, vestido de enanito, un traje de tafeta amarilla, bonete y zapatos con la punta hacia arriba, al mayor, en los corsos de Jesús María, disfrazado de llanero o ya más grande, alto y flaquísimo, siendo camillero una noche y a la siguiente el accidentado. Las bombitas estaban destinadas para los mayores, los chicos debíamos conformarnos con el pomo. Mi padre contaba que ese tosco botellón de plástico que para mí resultaba tan inofensivo, estuvo prohibido por mucho tiempo y los muchachos lo llevaban a los corsos de contrabando o con la complicidad de los vigilantes, era entretenido arrojar agua a los ojos de las damas o competir a ver quien acertaba los escotes. Hasta el Instituto Nacional de Ciegos se opuso a su uso y cuando se creía que finalmente sería pieza de museo, el famoso pomo fue reivindicado - allá en el 45 – autorizado a batallar contra serpentinas y papel picado.

En los barrios de la capital como en el interior, toda la familia participaba del carnaval. Era a baldazo limpio y no había lugar para el enojo, en mi infancia recuerdo hasta haber visto a mis tíos jugar con barro y colocar un chorro de pintura en los baldes con agua. A los primos mayores introducir en las bombitas, las “bulucas” como llamaban al fruto de los paraísos, lo que hacía que el bombazo doliera más.

En el centro de la ciudad de Córdoba, los carnavales tenían su zona liberada para la diversión en la calle San Martín y la Rivadavia. Se gastaba mucho dinero en decoración y montaje de carrozas y los disfrazados llevaban varas de nardo y las ofrecían a chicas o chicos que les gustaban. Pero, allá por 1932, la “República de San Vicente, se rebeló; rechazaba la prohibición de realizar corsos fuera del centro. Y por más que el interventor Ricardo Belisle enviara a la Policía, fue imposible contener el desborde popular. Ni el corte de luz ordenado opacó la fiesta. Todos los vecinos – unidos – aportaron faroles a gas o querosén y los autos, sus luces al paso de carrozas y mascaritas. El palco estaba situado en San Jerónimo al 2700. Los sanvicentinos son quienes, hasta el día de hoy, mantienen en alto una costumbre que hizo gala generación tras generación. Y esto es importante, importantísimo, aunque no lo valoremos en la dimensión que tiene ni terminemos de darnos cuenta que estas no son simples festividades, sino que hacen a nuestra identidad., a nuestra cultura. Sería maravilloso que todos pudiésemos participar de los carnavales norteños, - para dar sólo un ejemplo, - donde el habitante vallisto o de los altos, acompañado por la copla sola y ruidosa, infaltable, se comunica con sus parientes y amigos, olvidándose de penas y pesares. La copla, “el harina”, “la albahaca”, las máscaras y las siempre presentes bebidas alcohólicas hacen revivir cada año, la liturgia mundana del carnaval. Los gauchos adornan sus cabalgaduras, saltan las trincheras, enancan a sus chinas y hacen alardes caballísticos, a veces seguidos de rodadas y pechazos varoniles. Los collas, con sus diablos y sus negros y las cajas, compañeras sempiternas de las coplas, comenzarán los cantos, con sus picardías y sus recuerdos , conquistarán a las chinitas y halagarán a las suegras. En un Encuentro de Escritores, un querido amigo, Sixto Vázquez Zuleta, hablaba precisamente de la mujeres collas y de su gracia para la copla picaresca y decía que nada tenían de esa tristeza con que se las pintaba. Todas las familias participan y ensayan versos nuevos:


Dis que el carnaval viene
rio de Huaco, campo de amor;
con la cajita templada,
risa en la cara, mato el dolor.


La copla es siempre compañera de la chaya (jugar con agua, harina y albahaca) , que sirve para amigar compadres desavenidos y viejos problemas familiares, la que convoca, la que acuna a changos desvelados y ayuda a los amanecidos a encontrar el rumbo a casa. La copla se funde en la música de guitarra, bombos, violines, se bailan zambas y chacareras, imitan cumbias y se recuerdan taquiraris, especie musical, similar al carnavalito. La gente llega desde los Altos del Tolar a pie y a caballo, nada para divertirse los seis días que dura la fiesta. Y un día de estos me pondré a practicar coplas, sólo para darle el gusto a dos amigos muy queridos, al chaqueño Pedro Soto y al colombiano Flóbert Zapata para quienes va dedicada esta última copla que quedará danzando en el aire hasta que nuevamente Una cosa traiga la otra

Dis que el carnaval ha muerto,
ya lo llevan a enterrar,
echelén poquita tierra,
que se vuelva a levantar.



La Sin Bombo



Famosa era la murga La Sin Bombo, que en el Corso de San Vicente de 1927 puso todo el ritmo y eran famosos por sus bromas.
Se cuenta que tenían un gato que al maullar hacía de “violín” de la murga.
Inconvenientes tuvieron con la autoridad, que les secuestró el gato. Al irlo a buscar, el Comisario les dijo: “Vamos sáquenlo al gato”. “No, sáquelo Usted”, le contestaron.

Eduardo Planas


Carnaval



Juro solemnemente / que aún recuerdo / el carnaval./ La mañana del sábado / despertaba claridades inéditas / el sol intemperante del verano / desparramaba calor rojizo / en los paraísos./ Bien temprano, / yo salía a la calle / armado hasta los dientes: / un pomo gigante / con tapa cabeza de payaso, / una docena de bombitas / nadando en una olla / para evitar que se revienten / y un lápiz de labios de mi madre, / escondido en el bolsillo, / como último recurso.
Al mediodía / había agotado las bombitas, / lanzadas por la espalda / y a traición / a las chicas que hacían los mandados. / El pomo contaba ya varias recargas / y el rouge continuaba clandestino.
Pero el carnaval, / el verdadero, / comenzaba a la hora de la siesta / cuando quedaban liberados / los diablos y los ángeles, / cuando la cuadra derogaba la tristeza / y se abolían privilegios / para que todos fuéramos iguales, / igual que ante la muerte. / Entonces, mi cuadra / era una fiesta.
Los chicos, inavenibles, / como decía la vecina mal llevada, / tirábamos bombitas / desde arriba de los techos / mientras abajo / chisporroteaban los fuegos / de las risas / en los rostros enardecidos / de calor y de alegría. / Los hombres, / como faunos insolentes / con tarros, baldes / y hasta alguna vieja cacerola / distraída de su oficio terrenal / perseguían a las mujeres, / que empapadas y felices, / buscaban refugio temporario / en el zaguán generoso / de cualquier casa.
Después, cuando la tarde promediaba / comenzaba la otra guerra, / el combate encarnizado / del barro y la pintura, / reservado a los más devotos / militantes del dios Momo. / Don Hugo revolcaba a la Felisa / en un charco / y mi hermano le pintaba la cara / a la Malena. / Yo dejaba entonces mi atalaya / y con el lápiz de labios / de mi madre / le dibujaba una sonrisa / a las mellizas.
Más tarde, / cuando sol huía / hacia el Barrio de La Esquina / la cuadra se iba despoblando / y en el aire preñado ya de grillos, / el eco de las risas de la tarde / continuaba repicando / como melancólica campana, / mientras una temprana mascarita / desandaba la calle arenosa y larga / camino al corso o a algún baile.
Del libro “Ejercicios de la memoria”
Ed. La Posta de Ischilín

Daniel Quintana, nacido en Deán Funes. Tiene 54 años, Funcionario Judicial, periodista gráfico. Fundador del periódico estudiantil El Vigía, Viento Norte y de Revista La posta. Director de Ediciones La Posta de Ischilín. Libros; “Elogio de la Patria” (1996), “Versos cotidianos” (1998). Obtuvo premios e intervino en diversas antologías.


Uruguay late al compás de la música, la murga y el carnaval

Antes y después de Punta del Este, el URUGUAY late.



La República Oriental del Uruguay está formada por 19 departamentos, en los que se descubre la cultura del “paisito”.
En la Paloma, tuvo lugar el 2º Festival de música reggae donde convergieron grupos locales, de Tacuarembó y de Montevideo para rendir homenaje a Bob Marley, el músico jamaiquino miembro del movimiento Rastafari que fue un profeta de la paz mundial.
El tema emblemático –aunque no es de su autoría- No woman, no cry recorre el tiempo, cuando dice “no llores mujer, oh muy buenos amigos hemos perdido en el camino, en este futuro prometedor no puedes olvidar tu pasado, así que seca tus lágrimas. Pequeña no dejes caer más lágrimas, así que no llores mujer.”
Esta inspiración se muestra en el grupo musical Abuela Coca que se caracteriza porque fusiona rock, reggae y ritmos afro-latinos.

Mientras los seguidores encienden velas en botellas de plástico y hacen sentadas para mostrar sus artesanías, sin intención de venderlas, la música vibra con fuerza en el escenario. El himno de “Coca” es Santa Soledad, donde existe una danza casi ritual cuando dice “Si ves a tu alrededor reconoces donde estás, este mundo se enfermó y es por tanta impunidad, venga alguien al rescate que el galante planeta errante está desorbitado. Hoy pensamos que ya es suficiente el ritmo del barrio los marcó, somos socios en este presente, en este presente vos y yo.”
Así el grupo mezcla el candombe y el público en su mayoría uruguayos no dejan de agacharse y saltar en una danza colectiva. “Busca, busca tu destino crea crea tu camino el que espera ya no desespera desespera el que no sabe esperar, peor ahora es el turno del bueno, es el malo…el que las va a pagar.”
Mientras tanto en el Conrad la revista Gente hace su fiesta color rosa y Pampita festeja el cumpleaños con mucho glamour acompañada de las modelos de Pancho Dotto.
En el Club Social de la Pedrera otra pequeña villa de la costa uruguaya se lleva a cabo el Festival internacional de cortometrajes.

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Anticipando el carnaval montevideano se presenta en La Paloma la murga Agarráte Catalina quienes están haciendo una gira departamental para rescatar el carnaval de cada región del país, y todas las noches se escuchan los tambores con ritmo afro anunciando las llamadas.

Catalina se caracteriza porque cada tema es una puesta, y así le cantan a Dios, a la globalización, al endiosado Mc Donald, a la educación y a la revolución. Antes de irse la Cata baja del escenario a bailar con la gente, porque dicen que el carnaval es el pueblo.
Adriana Pozzo


Carnaval toda la vida
(tres reseñas y ninguna flor)

Hugo Fernando Conterno



Que propuesta más rara la de Planas, en lugar de invitarme a un corso
o regalarme un viaje a las playas de la piba de Ipanema, invitan a
escribir ... es lo que hay, que no es poco, gracias amigo.
Mis recuerdos son más literarios y musiqueiros que otra cosa, se me
explica todo lo de esta invitación aceptada por otro lado caramba,
pero no por ello menos reales, dulces o sensuales. Vamos al relato.

El "Sueño de los héroes" es tal vez la novela más porteña que leí hastahoy, y tal vez describe un Buenos Aires que nunca existió y un
carnaval que soñó Adolfo Bioy Casares, con un héroe estúpido que
prefiere el acero y el bronce al amor, o, con otros ojos, al destino
antes que los milagros. Todo es cuestión de fe y de lo que crea.
Regalé el libro y mi memoria no está para reseñas, puedo contarles que
Palermo dejó de ser Palermo, que los bosques tienen otro perfume y que
un duelo tiene gusto a tontera cuando del otro lado está la muerte,
una vez muerto la decisión puede ser otra y hasta repetimos la
historia, pero claro, con el recreo de un año eterno de cuidados y
besos, de mimos regalados por una bella y jugosa bruja. Gustó, vayan
busquen el libro, donde lo consigan créanse que son un Rey Momo.
Pero no se queden con eso, del otro lado del Río escribieron una Milonga
para nuestro personaje, ese tal Gauna, es deliciosa la voz de Jaime
Ross, es una belleza la poesía y la música, esa canción resume, mejora
y amplia el libro. Podrán decir, de algún modo estuve ahí, no es poco
lo puedo asegurar.

Lo último, Los Fabulosos Cadillacs, en la voz de Vicentico, cantan
algo sin igual: "carnaval toda la vida junto a vos, sino hay galope se
nos para el corazón ... ". Sea el galope que uno decida, del modo que se
quiera y pueda, que sea un carnaval. La pregunta, qué es "carnaval":
la fiesta pagana por excelencia, el abandono de los roles por un
momento, las mujeres bellas danzando, las bumbuchas de agua, el pomo,
la espuma loca, el peligro de un parque. Estimo que carnaval es nada
más que un poco de vida comprendida entre unas fechas que ya no
significan mucho, lo bueno es que tenemos un significante hermoso para
llenarlo de significado.

EL CARNAVAL DE VENECIA



El Véneto y especialmente Venecia son conocidas por sus particulares Fiestas Locales. Tales como lo son Matrimonios con el Mar, Festivales del Vino y conmemoraciones de la derrota de la peste o Regattas Históricas son algunas de las fiestas a las que se puede asistir.
No olvidemos el Carnaval famoso en todo el mundo por sus máscaras, La Mostra de Cine y la Biennal de Arte y Arquitectura.
Y para cerrar la Ópera en La Fenice o recitales en iglesias.


La fiesta más popular y conocida a nivel mundial, es el Carnaval cuya tradición se remonta, posiblemente, al siglo XI cuando Venecia comenzaba a dominar marítimamente importantes porciones del mar Mediterráneo.

Oficialmente se declaró existente como festividad suprema durante el siglo XIII. Sin embargo dicen que sus comienzos provienen a partir de la tradición del siglo XVII, en donde la nobleza se disfrazaba para salir a mezclarse con el pueblo. Desde entonces las máscaras son el elemento más importante del carnaval.
No obstante, es sólo hasta el siglo XVIII cuando el Carnaval de Venecia alcanza su punto máximo.
Se acercaban aristócratas de toda Europia y viajeros en busca de placer y diversión. Con la decadencia de Venecia como poder militar y mercante, el carnaval palideció hasta casi desaparecer.
En el año 1797 Napoleón Bonaparte prohibió los festejos de carnaval, que fueron restablecidos recién en 1979 de forma oficial.
Luego se recuperó algo de su festividad hacia finales del siglo XX, cuando la ciudad se vió abrumada por la invasión de miles de turistas, aunque las grandes épocas de diversión desenfrenada quedaron atrás.
El Carnaval de Venecia se caracteriza porque sus participantes usan elaboradas máscaras para cubrir sus rostros. Venecia ha tenido un desenvolvimiento magno en el arte. Es una de las ciudades con grandes bellezas arquitectónicas.
Las Máscaras de Venecia tomaron importancia con el paso de los años por su colorido y esplendor que caracterizan este gran carnaval que se celebra todos los años, a partir del mes de febrero.



El carnaval de Venecia tiene una duración de 10 días. Durante las noches, se realizan bailes en salones y las comparsas conocidas como "compagnie della calza" realizan desfiles por la ciudad. Entre las comparsas más conocidas se encuentran "Los Antiguo"s y "Los Ardientes".
Además han sido encontradas una cantidad de mascaras por toda Europa, esto hace que tengan una significativa importancia histórica.
La vestimenta del Carnaval y trajes que se utilizan son característicos de principios de los años 1700 y abundan las "maschera nobile", que es una careta blanca con ropaje de seda negra y sombrero de tres puntas. Después de 1979 se han ido sumando otros colores a los trajes, aunque las máscaras siguen siendo en su mayoría blancas, plateadas y doradas.
Ulrich






¿PARA NIÑOS?
Fabián Sevilla
Carnaval en el ZooIlustración: Steel Vázquez



Los días en el zoológico eran lentos y aburridos. Cuando los chicos lo visitaban encontraban bestias bostezando, holgazaneando y con un humor de humanos.
Se acercaba Carnaval y al león, autodeclarado Rey de los Animales, se le ocurrió hacer algo para levantar el ánimo del bicherío.
—¡Un baile de disfraces! —propuso con una garra al aire. Llamó a los monos, que solían escapar de su jaula y vagar por el lugar sin que nadie les dijera nada—. Inviten a todos a la fiesta —ordenó—. La condición: venir disfrazado de otro animal. Habrá premios para el más original, el más divertido y ¡elegiremos Reina y Rey del Carnaval del Zoo!
A los monos les encantó. Y alborotados se fueron a dispersar la invitación
por jaulas y recintos. A medida que el bestiaje se fue enterando, confirmó su presencia y dejó de lado bostezos, holgazanería y mal humor. En cambio, se ocuparon de crear y confeccionar el mejor disfraz de animal que puede usar un animal.

Llegó el día del baile. No faltaba ninguno, aunque ninguno era a simple vista quien parecía. Había que tener ojo de lince para descubrir cuál era cuál.
El camello se guardó las jorobas vaya uno a saber dónde, se pintó de verde y pasó como un cocodrilo perfecto. El rinoceronte estaba encantado bajo la piel del zorrino, pero se había vaciado diez frasquitos de colonia para no quedarse sin pareja de baile. Veintidós monos tití, uno encima del otro, pintados de amarillo y con dos barquillos en la cabeza del último eran una jirafa divina.
El papagayo, disfrazado de puma, puso un disco y con la música se armó el bailongo. Bajo una lluvia de maní y lechuga, la primera pareja en salir a la pista fue la de la boa constrictora disfrazada de gorila y el canguro enfundado en un traje de ardilla. Se bailó milonga, roca y chotis.
Hubo situaciones raras. El ratón, disfrazado de tigre, perseguía al tigre disfrazado de gacela.
—¿Ahora sabés lo que se siente? —le decía el roedor, muerto de risa mientras gruñía y mostraba sus colmillos de mentirita.
El koala salió de su eterna siesta y convenció a todos de que era una nerviosa lagartija y el pingüino, camuflado como un lobo feroz, iba de un lado a otro gritando: “¿Alguien vio a Caperucita?”.
En determinado momento, el león, bajo las plumas de un búho y en dos patas desde la rama de un árbol, anunció los premios. Hubo nerviosismo
y emoción. El más original resultó un oso polar. Le había pedido prestado el secreto al camaleón para cambiar de colores según la ocasión y ahora era blanco, al segundo rojo, al instante verde y luego, azul, violeta, amarillo. ¡Parecía un arbolito de Navidad!
—¡Aquí hay acomodo! —comentó entre dientes la cebra. Estaba fula porque había sido la menos creativa: se pintó las rayas blancas de negro y se conformó con ser un caballo azabache.
El más divertido fue el hipopótamo. Ninguno entendió cómo hizo para pasar por colibrí, abrir las alas y sobrevolar la pista de baile. ¡Increíble!
- -
Fabián Sevilla - Carnaval en el Zoo
Se anunció la Reina: la elefanta, que se había ido de bambi. El Rey fue el jabalí, que finalmente se sentía bello dentro de su atuendo de pavo real.
Entonces, el león lanzó la propuesta:
—¿Y si nos quedamos así?
Ninguno se negó. Habían hallado el modo de hacer entretenida la vida en el Zoo. Y así volvieron a sus jaulas. Pero no funcionó. A los chicos no les gustó ver a la serpiente coral bajo la pelambre del cebú o a la pantera comiendo maní como el chimpancé. Y a decir verdad, el ñandú no rugía tan bien como el león.
Pronto, todos los visitantes dejaron de ir. El lugar fue más aburrido que nunca.
—¡Cada cual a lo suyo! —ordenó el Rey de los Animales—. No hay mejor que ser uno mismo.
Y, sin contradecirlo, gustoso el animalerío obedeció. Eso sí, no sólo pensando en cómo hacer que sus días fueran divertidos y productivos, sino también... ¡en el disfraz que usarían el Carnaval del año siguiente!




CARNAVAL
Lo mejor del carnaval
es que te pones tu rostro
y nadie lo va a notar.

MARIO BENEDETTI.

El hombre del disfraz vivió su fiesta a plenitud hasta cuando la máscara se diluyó por el trajín y su propia cara no hizo más juego con su vistoso vestido.


Luis Ignacio Murcia Molina
Escritor y docente colombiano
de Antología de Minicuento

"La Tarde está como para contar cuentos"




Paris je t'aime



Buenas!! volvemos a encontrarnos, después de larga ausencia!
Coméntoles que estas vacaciones me fui a tomar fresco al viejo continente. Después de mucho tiempo, mis pasos (o mejor dicho un avión ) me llevaron a esos parajes.
Voy a hacer una reseña de algunos lugarcitos que conocí, por si se les ocurre perderse por aquellos lares y les da hambre.
Empecemos

La peli del título, pequeña joyita de varios directores que hicieron cortos referidos a historias, principalmente de amor, en los 18 arrondisements o barrios parisinos, da la idea de por donde arranco, no?

En la Ciudad Luz estuve en tres lugares que rescato, cada uno alucinante a su manera
El primero, el café del Museo del Muelle de Branly (Musee du Quai du Branly). Ubicado en el Nº 37 del Quai du Branly (no se quemaron la cabeza al ponerle el nombre), para que se den una ideita, al costado de la torre Eiffel. En si el museo está barbaro. Lo inauguró Chirac hace pocos años, contiene colecciones que antes estaban en el Museo del Hombre, y muestra piezas de arte de diferentes culturas que poblaran Africa, America, Asia y Oceanía. Como dato, de nuestra tierra hay, como no podía ser de otra manera, unas boleadoras.
El café en cuestión (hay un restó tambien) queda a un costado, sobre una terraza que en verano permite armar campamento ahi (yo fui en pleno invierno, o sea, no daba para andar terraceando).
Tiene variedad de sandwichs, degustaciones, y platos gourmets de menú como para hacer un alto en el camino.
Yo me quedé con una sopita de zanahoria, coriandro y lupines, que venía acompañada por unos pancitos tipo ciabattas acebollados calientes que estaba para no dejar absolutamente nada. Otra buena opción, la ensalada de verdes con quesos varios de pura cepa francesa para degustar.
La carta de vinos esta interesante. Si uno entendiera más seria una gloria. Pero como es el país donde se toma vino desde la cuna, es como raro pifiarle.
Los precios, bien gracias. Pasean por varios números de dos cifras, pero no prohibitivos.

Vamos a la segunda alternativa
Kong.
Ubicado en los dos últimos pisos de un edificio de La Samaritaine (tienda histórica como las Lafayette o Le Printemps), tiene una cúpula de vidrio que decora el local con vistas de la ciudad impagables.
Para los memoriosos, en la última temporada de Sex in the city, Carry Bradsahw se junta a comer allí con la ex de su novio pintor ruso. Detalle anecdótico, pero detalle al fin,
La decó estuvo a cargo de Philippe Stark, es simple, algo kistch pero no recargada.
La comida, bien gracias. El lugar, bastante carito por cierto, tiene un menú con precios medio elevadones. Pero como la cosa es conocer el lugar, y hasta un simple cafe o un trago se puede tomar, sea.
Y si no, al mediodía tienen la dignidad de tener unas opciones económicas (????) como para salir del paso (hasta hora y media después que te empieza a picar el bagre de nuevo.
Ya que se estaba allí y había música, se bailó. Pedí un club sandwich, que era un "croque", o "tostado" de los nuestros, con unos verdes y ave al medio. Vaya uno a saber que ave, calculo que pollo nomás. Venía eso sí, con unas primorosas papas rústicas. Como hacerlas primorosas? trayéndolas en un recipiente que parecía un lapicero, con todas las papas de pie. Mi amigo Jorge, quien fue el que alentó la idea de entrar, se pidió una ensalada interesante. Todo ello acompañado por un vinito (una copa) y un agua sin gas.
Carísimo.
La ensalada de frutas sale 11 euros (algo asi como $ 5). Así que calculen. Gastamos promedio veintipico de euros cada uno (sigan sacando cuentas)
Pero bue, los gustos se dan en vida.



Para ir terminando, paseando por Saint Germain des Pres, justito al frente, está un imperdible parisino: el bar Les deux Magots. Histórico, lugar de encuentros de los existencialistas, en sus mesas se han sentado Simone de Beauvoir, Saint Exupery, Borges, Sartre, Hemingway. O sea. Sintiéndome representante del Basta ya! no podia no dejar mi impronta en el lugar!
Se puede comer (tiene restaurant, de la cual recomiendo el maigret de canard, que viene a ser una parte del pato, exquisita), se puede desayunar (café y baguettes crujientes) o merendar. Yo llegué para esta última. Chocolate con patisserie. Patisserie es pasteleria. Llegué a la conclusión de que acá no conocemos lo que son los pasteles, después de estar en este lugar. Lo que comí era una bombita de chocolate con frambuesas. Totalmente liviano, siendo que era un explosivo de los que detonan de mirarlos nomás. Nunca en mi vida había probado algo tan exquisito como eso.
Aparte, el marketing es simple: una niña pasa con la fuente llena de pasteles, y ofrece. Uno ve eso, que parece foto de un rincón de la fábrica de Willy Wonka y NO puede decir que no. Aunque sea para probar!!

Un párrafo aparte merecen mis queridísimos puestos callejeros de crêpes (panqueques rellenos, en forma de pañuelito). Son espectaculares. Todos y cada uno. Desde los salados a los dulces, accesibles a todos los bolsillos y degustables a toda hora y en todo lugar. Si se quiere reventar, el de nutella con banana es el ideal.
Paso las dires web de los dos últimos lugares, por si quieren explorar un poco más. Sobre todo, el del último reseñado.
Y les dejo unas fotitos como para ilustrar el momento!
A votre santé y hasta la próxima!

http://www.kong.fr/
http://www.lesdeuxmagots.fr /

Pablo Carrera

Carnavália



Vem pra minha ala
Que hoje a nossa escola
Vai desfilar
Vem fazer história
Que hojeé dia de glória
nesse lugar
Vem comemorar
Escandalizar ninguém
Vem me namorar
Vou te namorar também

Vamos pra avenida
Desfilar a vida
Carnavalizar
A Portela tem Mocidade
Imperatriz No Império tem
Uma Vila tão feliz
Beija-Flor vem ver
Aporta-bandeira
Na Mangueira tem morena da Tradição

Sinto a batucada se aproximar
Estou ensaiado para te tocar
Repique tocou
O surdo escutou
E o meu corasamborim
(Samborim)
Cuíca gemeu
Será que era eu
Quando ela passou por mim

Lá lá lá lá lá

lá lá lá lá lá

Me diga, aonde?

(Tribalistas)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Liliana por haberme llegar el boletín, recién termino de leerlo. Me encantó tu reseña, el poema de Quintana, lo de Conterno, Adriana Pozzo. Las imágenes, y los limoncitos me encantaron. Qué imagenes las máscaras y trajes de Venecia. Me agrada que el boletín tenga un eje temático casi siempre.

Santiago Vargas

Anónimo dijo...

El carnaval ha llegado a casa via este Boletín y se quedara por mucho tiempo. Buena esa idea que los mismos sean temáticos. Muy alegre este boletín ¿Cual sera el tema de marzo?. Saludos a todos.
Jorge

Anónimo dijo...

Muy bueno este número y los anteriores, nos tienen acostumbrados a calidad chicos, felicitaciones. Y qué? no tenemos Lemon Chelo en este número, me parece que hubiese sido lindo ver el carnaval en dibujitos.

Federico Zarate

Anónimo dijo...

Fantástico el último número chicos. Pablo muy bueno lo tuyo, lo de Hugo, lo de Liliana, los poemas, material de excelente calidad, a seguir así...

Carlos Zulfo

Anónimo dijo...

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