domingo, julio 06, 2008

Boletín Literario Basta ya! / nº 89 / Julio 2008



Fotografía: Cartel del Libro callejero // www.pueblonuevocba.com.ar

Boletín Literario
Basta ya!
Año 3 / nº 89 / Julio 2008 // Córdoba / Argentina

A ras del suelo / Jorge Carranza // Escritor / Aldo Novelli // Esta es su casa, abuelo / Stella Marís García // El amor no es amado / Alfredo Lemon // Una cosa trae la otra / Liliana Chavez // En busca del libro perdido / Eduardo Planas // Vigo, un artista del pueblo / Carlos Penelas // La Celestina o los indicios del Renacimiento / Eduardo Chaves // El Bodegón de Arguello / Pablo Carrera // Homenaje a Charly / Yamaní // Lemon Chelo / Todo Vuelve



A ras del suelo

Jorge Luis Carranza



“… es que lo alto no está en lo alto…” (Hugo Mujica)


El alma asida con uñas y dientes
a una puesta de sol,
al pájaro que canta,
al silencio de las madrugadas
(nada del otro mundo).

Zurcida al mantel
y a la colcha.

Andando,
para no tropezar
y no marearse,
bien a ras de suelo
para que no se le apague
la lucecita que lleva.








Escritor
Aldo Novelli



El tipo iba caminando
pensando en ella/
en la pulsera plateada bailando en su tobillo/
cruzó la calle
pensando en ella/
en el mohín de su rostro cuando jugaba con él.

Un camión con un semi de 38 metros de largo
que venía a 140 Kmts por hora
por el medio de la cinta asfáltica/
lo pasó por arriba
como si fuera una bolsa
de jugosas naranjas.

El tipo se levantó
y sin sacudirse la tierra
ni enjuagarse la sangre
que manaba de sus ojos/
siguió caminando
pensando en ella.

En esa mujer desconocida.

Fragmentaria protagonista
de sus peores desvelos.-



Esta es su casa, abuelo
Stella Maris García



Hoy hace dos años que me trajeron aquí. No importa saber de quién de los tres fue la idea, todos estuvieron de acuerdo. Es verdad que problemas no faltaron, que el tiempo empezó a hacer de las suyas. Primero, fue la enfermedad de ella, larga y sin retorno. Después, agotadas mis esperanzas y energías, vino la adaptación a otra realidad.

“Papá, esta casa es muy grande, pagás un disparate de impuestos. Vendé y pasás una temporada con cada uno de nosotros. Ponés la plata en el banco y vivís tranquilo.”

No me gustaba la idea; temía perder mi lugar, mis cosas, olvidarme del aroma de mi jardín, deshacerme del tallercito de repujado. Sin embargo, los chicos no se equivocaban del todo. La situación económica se ponía cada vez más difícil y, aunque ellos no tenían problemas de ese tipo, me dejé convencer. Vendí la casa – que alguna vez fue de todos – les hice un lindo regalo a mis nietos, algo que les quedara de recuerdo, para ser fiel a la manía de los viejos: un juego de ajedrez de marfil para Pablo, el mayor y para Inés, la coqueta de la familia, un anillo de oro con brillantitos.

Marta me pidió unos pesos. “Papá, yo tengo lugar para edificar, te hacemos un departamentito, así cuando vengas a quedarte no vas a sentir que perdiste tu independencia.”
Entre los tres arreglaron todo y dispusieron de mí. A decir verdad, no luché por mi lugar. Quizá porque sabía que los chicos no se volverían atrás una vez que habían tomado una decisión, o tal vez, porque el miedo a la soledad me asustaba.
Marta no llegó a edificar. “Sabés, papá, la inflación es terrible, el precio de los materiales, una locura, pero a no hacerse mala sangre, viejo, el cuarto de los chicos es amplio, ponemos una cama para vos, y listo.”
Yo pensaba en mis artesanías, en mi jardín, pero era evidente que los chicos no tenían mala voluntad, sólo que las cosas no se daban como las habían proyectado.
Al principio se peleaban por tenerme con ellos. Cada cual quería que fuese primero a su casa y eso me daba seguridad, ganas de vencer la tristeza.
Marta era la que más insistía. “Dale, papá, veníte a casa. No te imaginás cuánto te vas a entretener con los chicos. Podés acompañarlos al colegio, llevarlos a la plaza, a inglés, a natación…”
Yo seguía pensando en mis cosas. Quería conservar algo, unas leznas, algunos trozos de cuero, con eso me conformaba. Pero Marta tenía siempre nuevos argumentos: “pa, dejáte de pavadas, con todo lo que hay que andar atrás de los chicos y vos dale con tus cachivaches. Vas a ver que no te va a quedar tiempo para nada.”

Y así fue; creo que nunca se dieron cuenta, pero entre los tres me tejieron un tiempo ajeno, un tiempo de vacío y desprendimientos al que no podía o no quería adaptarme. Con todo, trataba de simplificar las cosas. Más por ellos que por mí, me guardaba nostalgias e incertidumbres.
Pasó el tiempo y siguieron las peleas, pero entonces se disputaban a la casa de cuál de ellos no podía ir. No los critico, sus razones tenían. Iban por el camino, a prisa, no podían detenerse. Además, mis nietos estaban grandes – estrenaban su independencia y no querían intrusos -. Por otra parte, mis nueras tenían muchas preocupaciones y yo, mis primeros achaques.

Me acuerdo que fue para el cumpleaños de Marta. Hicieron un asado en el club; tanto me agasajaron que el homenajeado parecía yo.
Después del café, Horacio soltó la pregunta:
- Decíme papá ¿no querés estar en un lugar permanente, sin andar pensando en las mudanzas que tenés que hacer cada tanto?
- No, hijo, estoy bien así. A la noche tengo compañía, ceno en familia ¿qué
más puedo pretender?
- Pero no, papá – esta vez argumentaba Enrique – el día se te hace largo,
estamos la mayor parte del tiempo afuera, vos necesitás estar con gente de tu edad, que tenga tus mismos problemas e inquietudes…
- Pa, tenés que volver a tus artesanías – recordaba Marta – incluso hasta podés enseñar a gente de tu edad.
- Papá, encontramos el lugar ideal, costó, pero lo encontramos – corearon mis tres hijos -. Es caro, pero vos te lo merecés, viejo. El lugar es lindísimo, una casona como las que te gustan a vos, con parque, jardín, hasta con taller de manualidades.
No llegué a darles mis pobres argumentos. Quise decirles muchas cosas, pero el cansancio – el que hasta ese momento había disimulado – me hizo callar.
Tan atareados estaban en preparar mi mudanza que no se dieron cuenta de que lloré.

Hoy hace dos años que me trajeron aquí. Y no sé por qué se me ha dado por recordar el primer día de clases de Horacio, los quince años de Marta, la graduación de Enrique y la risa y los ojos de ella.
Entonces me recibieron con un afectuoso “ésta es su casa, abuelo”; sin embargo, quiero aferrar una mano – si es por un instante – pero mi gesto se diluye en un espacio desconocido.
Publicado en: PARA TODOS Vol.II
Serie: cuentos y más cuentos
Ediciones Tu Llave, Buenos Aires, setiembre de 1988
Adaptado por Ismael Hase
para el espacio “Tinta Argentina” emitido por Canal 7 el 3 de junio de 2008



El amor no es amado


Alfredo Lemon


Quien ama a una mujer, las ama a todas.
Pero aquella a quien amas es la más ajena, la distante.

¿Un amor compartido nunca se olvida?
¿Los amores imposibles perderán la memoria?

Hay amantes que se encuentran unas horas
y acaso son felices.

Hay amantes que no se encuentran nunca
pero son felices en la espera.

También el monje que está solo en su celda
siente a veces que Dios no escucha su plegaria.

El deseo tiene el sabor de las uvas del infierno.
Hasta en el amor más puro hay siempre un sufrimiento,
el amor más sublime también morirá.

Lo efímero angustia, lo duradero cansa.
La felicidad es sórdida, amenaza.

Demasiadas ausencias:

lejos de quien creíamos estar enamorados,
lejos de quien hubiésemos querido amar.












Una cosa trae la otra

Liliana Chavez

De este caos al remanso.



No sólo yo tengo esta animosidad y el ceño fruncido – pensé en estos días. Alrededor, todos los rostros reflejan lo mismo: desaliento, bronca, impotencia, esas ganas de gritar basta, y añorar la paz. Esa paz que no se valora hasta que no se pierde, siempre es así.

Es una mañana complicada, lo han sido todas las jornadas este último tiempo. Transito por las calles de mi ciudad y no puedo creer tanto caos, basura dispersa, bocinazos innecesarios, vendedores ambulantes en los espacios destinados al peatón. “Todos tenemos derecho a trabajar” dice alguien al ser interrogado por el cronista de un noticiero.

Sí, me digo, es cierto, pero respetando pautas, hay derechos del otro que no deben avasallarse. Una chica – se nota que cursante de la facultad – acaba de tirar un vaso de cartón, en la vereda, como si nada. Antes, eran contados con los dedos de la mano quienes arrojaban basura en la vía pública, los que eran testigos se indignaban, hasta les decían algo y se escuchaba: “para que pasen vergüenza”.
Estoy de acuerdo con que los tiempos cambian, que hay que adaptarse, ya nada es como antes y creo, que ese es precisamente el punto. Atrás quedaron el respeto y los valores. No tengo tanta edad como para que me envuelva de esta forma la nostalgia, sin embargo, siempre estoy tratando de recuperar aquello que en otra época, hacía feliz desde la simpleza. Será por eso que casi todos los fines de semana me doy una vuelta por el Paseo de las Artes, me encantan las antigüedades, quedarme frente a la mesa de libros viejos, encontrarme con ejemplares de Billiken, algún “Upa”, aquel libro de 1º grado que muchos recordarán, “Cara y Caretas”, discos de pasta de la RCA Víctor, calentadores Primus, las antiguas planchas Perpetua o volcán de la década del 30, observar desde cajas de galletas, a porcelanas finas, frascos de medicamentos, candados, llaves enormes, sombreros, guantes de encajes, fotos, alhajeros, y lo que uno pueda imaginar para deleitar esas otras épocas que, al menos a mí, me saben a remanso.

Y es ya de regreso, caminando las angostas veredas de calle Belgrano que encuentro esos carteles que siempre me detengo a leer y que a tanta otra gente le pasan desapercibidos. Se que son de una hermosa iniciativa municipal, un proyecto que denominaron Libro callejero y que, seguramente, tuvo el entusiasmo desde el anonimato de mucha gente.



Fue entonces que pensé que debía darse a conocer más y regresé otro día al casco céntrico de la ciudad, esperando recabar información y poder transmitírselas a ustedes, lectores.

Tengo que contarles, por esta costumbre mía de no callarme nada, que quedé boquiabierta. En el Obispo Mercadillo no tenían esa información. De allí me mandaron a Cultura en el primer piso del Cabildo. Y allí fui. Nueve y media de la mañana y caras que me preguntaban sin palabras, que andaba buscando a esa hora en que todos allí reunidos, seis o siete, charlaban, fumaban un cigarro o tomaban ¿café? ¿Mate? No importa. Lo que importa es que sólo una de ellas terminó por entender lo que buscaba. Y de allí me mandaron al Paseo de Las Artes. Sí, antes que pregunten, les contesto que sí, les dije que me parecía que ellos debían saber informar y con bronca, debo decirlo, pasé por Turismo en la planta baja, la oficina que da a la Plaza. Allí sabían lo que buscaba pero seguía siendo Cultura quien podía informarme. Rescato acá la excelente atención del personal del Obispo Mercadillo y de Turismo y me fui, caminando hacia calle Belgrano, con el deseo de no hacer el viaje inútilmente. Por suerte, todos los que me atendieron allí fueron cordiales y se interesaron en enviarme con la persona idónea en el tema, después de hablar con él, mi día cambiaba para bien. José Degani, al que llaman Pepe, era un libro abierto, su palabra me acercaba conocimiento, precisión, por momentos su parsimonia para hablar lejos de incomodar era un deleite, el modo más sabroso de degustar la historia.
Y quizá pronto, lo convenza de irnos contando maravillosas anécdotas de Pueblo Nuevo y del Abrojal. Prometió hablarlo con el Dr. Carlos Ighina, involucrado también en esto de recuperar lo afectivo, los trazos singulares de nuestra Córdoba querida. Al Libro callejero lo constituyen 63 carteles azules, numerados, con el propósito de mantener viva la memoria entre los vecinos y transmitir a los visitantes recuerdos vivenciales de los antiguos pobladores de lo que ahora es, Barrio Guemes y Observatorio.

En esta primera entrega, les regalo lo que algunos de estos carteles dicen y ojalá les de ganas de ir un fin de semana por allá y elevar la vista hacia ellos ustedes mismos. Sería interesante que hicieran una especie de búsqueda del tesoro con sus hijos.

4. Pje Revol y La Cañada. Antiguas casas de inquilinato.
En las manzanas circunscriptas por la calle Laprida, Belgrano, Achával Rodríguez y la costa de la Cañada, fueron construidas por iniciativa del intendente Luis Revol, entre 1889 y 1890 , ochenta y cuatro casas de inquilinato para obreros, de línea italianizantes, habitadas hasta bien avanzado el siglo XX.

5. Achával Rodríguez y La Cañada. Plaza y Mercado de las carretas
En 1862 se determina aquí la ubicación de la Plaza de Pueblo Nuevo. Desde 1865 fue mercado de carretas, punto de parada, carga y descarga de carretas y arrias de mulas.

22. Leche al pie de la vaca - Calle Belgrano.
Por esta calle, como también por las de Arturo M. Bas y Corro bajaban los lecheros con sus vacas y terneros. Los niños llenaban sus vasos por cinco centavos. Los lecheros más recordados son el italiano Don Rosario y Don Coyser.

7. Pastos comunes y puesto de Alfaro. Sobre La Cañada, entre Montevideo y Boulevard San Juan.
En 1576 – el Cabildo dispone que los terrenos ubicados al sur del actual Boulevard San Juan fueran destinados al uso colectivo de los vecinos, situación que duraría 300 años. El puesto de Alfaro fue demarcado en estos mismos lugares en 1843, bajo la gobernación de Manuel López. Se trataba de un amanazamiento de ocho cuadras de frente y doce de fondo. En sus límites, en casa de Ciriaco Allende, funcionó una escuela y según el Padre Gruñón, estuvieron aquí internados prisioneros ingles de la Invasión de 1807.

Y para terminar, aprovecho este dato como modo de homenaje a Charles Romuald Gardés, verdadero nombre de un grande, cuya voz hace pocos días ha sido designada Patrimonio de la Humanidad.

21. Boliche del Calicanto – Cercanías del resto del Calicanto.
Era el centro de reunión para grandes guitarreros. Se dice que aquí cantó Carlos Gardel acompañado por el bandoneón del viejo Ciriaco Ortiz.


Fotografía: pueblonuevocba.com.ar/blog/?p=66







En busca del libro perdido

Eduardo Planas

Las grandes editoriales ante la publicación de un libro posible best-seller saturan el mercado durante 30 -a más tardar 60 días- y luego rematan los saldos. Al tiempo visitando esas mesas se encuentran ejemplares valiosos a precios módicos. Entre ellos encontré dos: el primero se trata de “Los Lugones. Una tragedia argentina” de Marta Merkin de Ed. Sudamericana, 2004. A propósito de celebrarse en junio pasado el mes del escritor no venía mal adquirirlo.



La saga de la familia Lugones supone uno de esos dramas que, para el sentido común, están hechos a medida de una novela. Leopoldo Lugones, el poeta exquisito que alentó la primera dictadura militar argentina; su hijo homónimo, comisario y célebre torturador, y Pirí, la tercera generación, periodista y militante revolucionaria víctima del terrorismo de Estado. El interrogante surge:¿qué puede aportar la ficción en una historia que no necesita ningún agregado, ninguna invención, para hacerla atractiva o para interesar a los lectores?

En esta novela, la acción transcurre entre 1968 y 1979, y aborda esa historia familiar a partir de Pirí Lugones. La interpretación de la historia que se propone, no nos convence del todo: Leopoldo Lugones, a través del célebre texto que anunció "la hora de la espada" en el aniversario de Ayacucho, (1924), fue inspirador no ya de José Uriburu sino de todos los dictadores que le siguieron. El poeta podría ser considerado una especie de autor intelectual del crimen de su nieta: enfrentada a la represión, poco antes de su secuestro, Pirí comprende que "la espada que su abuelo había levantado con arrogancia hacía más de cincuenta años era la misma espada de la que ella estaba huyendo". La ex periodista y ocasional escritora habría sido ejecutada un 17 de febrero, el mismo día, se dice, en que su abuelo se suicidó. Históricamente no existió esa coincidencia un tanto macabra -Leopoldo Lugones murió el 18 de febrero de 1938-, pero se prescindió de ello para imponerse en la ficción.



El otro texto es “Neruda por Skármeta”, también editado en el año 2004, Ed. Planeta. Este libro es un privilegiado viaje de ida y vuelta al corazón de la vida y la obra de un hombre excepcional, un poeta de dimensión ilimitada, de la mano de un testigo entrañable. Ricas en anécdotas, afecto y sentido del humor, estas páginas quieren rendir personal homenaje al Premio Nobel de Literatura en el centenario de su nacimiento.


Antonio Skármeta ha realizado, además, una imprescindible selección de poemas de Neruda con los que explica la relación entre la vida y la obra del célebre poeta, tomando como punto de partida algunos de sus libros, algunos de sus amores, algunas de sus casas, algunos de sus mares y, sobre todo, algunas de sus sombras y de sus luces.

Este libro es una puerta abierta para conocer al poeta universal que regaló sus poemas para que las parejas se amaran; al político comprometido que en sus últimos días no pudo ver la esperanza en Chile y al hombre que pocos tuvieron ocasión de descubrir tras el mito. Una obra que sólo se podía escribir desde la admiración y el cariño.




Vigo, un artista del pueblo
Carlos Penelas




Es uno de esos artistas en donde arte y militancia se conjugan. El grabado acompañó los proyectos sociales de principios del siglo XX. Alberto Giudice escribió acerca de Vigo: “Ya a comienzos de la segunda década del siglo pasado, mientras participaba de las luchas anarquistas y socialistas, hizo de su gubia un instrumento batallador.”
Formó parte del grupo de pintores, escultores y grabadores, que se reunían en la escuela de Barracas. Allí estaban, entre otros, José Arato, Adolfo Belloc, Guillermo Facio Hebequer,Agustín Riganelli. Este grupo -se conocieron en 1910- se lo recordará como Los Artistas del Pueblo. Posteriormente, junto a músicos, escritores y otros plásticos, se congregan en el Grupo de Boedo.

Abraham Regino Vigo (1893-1957) es uno de los más destacados artistas políticos argentinos del siglo XX. Su obra estuvo profundamente articulada con su tiempo; sus grabados circularon permanentemente en tapas de revistas y libros.
El Museo de Bellas Artes de la Boca “Benito Quinquela Martín” ha publicado un importante trabajo en su serie Cuadernos del Tornillo sobre la vida y la obra de Abraham Vigo. El trabajo de investigación, depurado y preciso, corresponde al profesor Diego Ruiz.

Nos enteramos que Vigo nace en Montevideo en 1893. Su padre era pintor, decorador, y en 1905 comenzará a trabajar como aprendiz de éste. En 1910 comenzó a concurrir a los cursos nocturnos de un pintor italiano, Pollezzi, que se encontraba en Callao entre Riobamba y Ayacucho. Dos años después ingresa a la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. En 1918, junto a Arato, Bellocq, Facio y Riganelli, inauguran el “Primer Salón Nacional de Artistas Independientes sin jurados y sin premios.” Luego vendrán los días de Los Pensadores, Editorial Claridad, el Grupo de Boedo y el Teatro libre. Los nombres de Antonio Zamora, Delmira Agustini, Juan Pedro Calou, Alberto Ghiraldo, Alvaro Yunque, Gustavo Riccio, Elías Castelnuevo, Raúl González Tuñón… En 1927 se crea el Teatro libre con Leónidas Barletta, Octavio Palazzolo, entre otros. Vigo diseña y ejecuta los decorados y mobiliario. Su tarea escenográfica continuará después en el Teatro del Pueblo y en el Teatro Proletario.

En este ambiente su obra crece, se multiplica. Hay que recordar los movimientos sociales en todo el mundo, las guerras mundiales, la Revolución Rusa, el fascismo, el advenimiento del peronismo, la Guerra Civil Española. Escribirá acerca del compromiso y la militancia política: “En los años de mi aprendizaje artístico está comprendida mi militancia ideológica, creí en mi clase y en mi pueblo. De ahí que toas mis obras tuvieran orientación popular como las de mis compañeros de grupo. De ahí que se nos dieran en llamar Los Artistas del Pueblo”. Y un poco más, todavía. “Cada exposición debe ser un mitín en la pared. Que el espectador se dé cuenta de ello por el contenido crítico o militante de la obra, todo ello con jerarquía artística”.

En la obra de éste artista expresivo, que hace de la experiencia propia lo plural y compartido, se impone la hondura de una personalísima concepción del mundo. Se sostiene por su coherencia total, por su modo mágico de sostenerse sin artificio técnico visible. Deja constancia de la realidad y de nuestra permanencia temporal.
Pocos artistas con el vigor y la calidad de Vigo. Dice en su Autobiografía: “…desde entonces tuvimos que levantar nuestra barricada para defendernos y atacar la nadería del “arte por el arte” y los formalismos de moda. Desde las páginas de revistas que entonces formaban parte los escritores de Boedo también nosotros unidos por fraternos ideales de reivindicaciones tronábamos contra Florida por una plástica con contenido humano”.

El trabajo del profesor Diego Ruiz descifra calidez y conocimiento de los diferentes matices de la vida de Vigo, un claro entusiasmo y equilibrio donde transmite la hondura, la humildad en la obra del artista. Hace muchos años, el maestro Rubén Rey escribió: “La sociedad que mata a un poeta se suicida, la que desconoce al artista que le corresponde inicia el proceso de un destino miserable.”
Buenos Aires, junio de 2008



La Celestina o los indicios del Renacimiento

Por Eduardo Chaves




Publicada por primera vez en el año 1499 y con el nombre de Comedia de Calixto y Melibea, este texto que marca un cambio notable en la literatura es obra del Bachiller Fernando de Rojas, natural de Puebla de Montalbán, Toledo. Si bien en esa oportunidad se conocieron 16 capítulos o actos de la obra y en apariencia, anónimos, luego, en 1501, se publicó una nueva versión con varios agregados hasta alcanzar a 21 actos y en la misma se podía leer en forma de acróstico el nombre de su autor.
En el comienzo de un nuevo siglo, esta obra literaria se puede considerar como el nacimiento de la novela castellana a pesar de que su estructura se presenta en forma de actos y con un lenguaje absolutamente dialogado lo que la aproxima al estilo del teatro.
La dramaturgia es muy clara, sobre todo ante la novedad de incluir dentro de los capítulos o actos las acotaciones propias de la obra de teatro, sin embargo, la extensión de sus parlamentos hace que sea prácticamente imposible de representar. Es probable que su autor haya tenido la idea de que su obra podía ser leída en voz alta ya que en aquellos tiempos de finales del medioevo no era común que la gente del pueblo supiera leer, por lo tanto, las acotaciones al margen hacían más comprensible la acción de sus personajes a raíz de que constantemente cambian de lugares o dialogan mientras se trasladan de un sitio a otro. Estudiosos de la obra descubren en ella hasta la original estructura de la cinematografía, en la que se manejan con mayor facilidad los cambios de espacios o escenas en movimiento y la representación dinámica de sus personajes.
Calixto y Melibea son los protagonistas de la obra, jóvenes enamorados que se arriesgan a todo en su afán de realizar sus ilusiones. El trágico final es un modelo para las obras de otros escritores en los siglos venideros.
Se ha dado en llamar Tragedia o Tragicomedia, conserva un fondo de narrativa a pesar de sus parlamentos claramente teatrales y, sobre todo, la psicología de sus personajes da lugar a una nueva forma de literatura en la que el realismo adquiere trascendencia sobre lo mitológico o mágico, elementos primordiales de la Edad Media.
El lenguaje utilizado en todos los personajes es de carácter realista, sus dichos tienen el estilo de pensamiento filosófico que luego se afirmará en el Sancho Panza de Cervantes, sus opiniones contienen una gran sabiduría y un conocimiento concreto de lo esencial de la vida, permiten el sentido de refranes que será una parte importantísima de la cultura popular y en toda la obra se puede encontrar la expresión que indica las bases de dicha manera de pensar. La gente del pueblo ha comenzado a caminar una ruta donde se valora y comprende que sus derechos existen tal como los tienen sus señores.
El argumento de la obra es un ejemplo de lo que más adelante serán los enamorados de las grandes obras literarias, pero lo más importante es el sentido y la importancia que los personajes secundarios adquieren en el transcurso de la obra y que revelan el cambio social que se abría paso en la sociedad de la época. Los sirvientes, totalmente distintos a los siervos de los señores feudales, son personajes con iniciativa, intenciones precisas, pensamientos que los alejan de la condición esclavizante que imperó durante siglos sobre la clase baja. En ellos se vislumbra una necesidad de supervivencia y de superación, aún a costa de la vida de sus amos, sus actos están cargados de objetivos claros, desde obtener dinero o beneficios a cambio de sus servicios, hasta traicionar o engañar a quienes en algún momento fueron sus cómplices.
La Celestina, el personaje mejor caracterizado de la obra, al punto de que con el correr del tiempo la Tragicomedia de Calixto y Melibea se la conoce con el nombre de La Celestina y no con el original de su primera versión, es quizás una de las mayores composiciones realizadas en la literatura española. Su psicología alcanza una elevada combinación de sabiduría y malignidad, el manejo de sus intrigas que alcanzan sobre todo a su conocimiento del alma femenina, logra momentos de incomparable tensión dramática y de un elevado tono narrativo. Podría decirse que es el emblema de un estilo de mujeres que asumirán los riesgos de sus ideas enfrentándose a toda una serie de frenos sociales y morales en un mundo donde las pautas son esencialmente masculinas y la condición de ser mujer está obligada a la sumisión y a la total aceptación de la voluntad de los hombres. La fuerza de su caracterización ha llevado incluso a utilizar dentro de nuestro lenguaje común el nombre del personaje “Celestina” como una palabra calificadora con la que se identifica a la mujer que intriga y obra como intermediaria entre las inquietudes y los intereses de dos enamorados.
Calixto y Melibea, jóvenes apasionados que se adelantan a los varios Romeos y Julietas de la literatura y quienes en principio protagonizan el drama, quedan casi en segundo plano frente a estos personajes secundarios, toscos y sin cultura, feroces y necesitados que invaden la obra con sus conceptos y sus ideales y dejan en claro que defenderán sus proyectos a costa de cualquier precio. Estas conductas relacionadas directamente a una idea precisa sobre los derechos del hombre y el valor de la individualidad adelantan los cambios socioculturales que en los comienzos del 1500 se debatían sobre las costumbres medievales y las primeras luces del Renacimiento. La Edad Media, plena de oscuridad y esclavitud feudal, comienza a resquebrajarse ante personajes del pueblo que inician una nueva mirada sobre sus destinos y se consideran dignos de obtener otro lugar y otra dignidad de vida, aunque lograrlos los aproxime a cometer actos cercanos a la delincuencia y a la traición.
Fragmentos de algunos parlamentos del personaje “La Celestina”:
- No hay lugar tan alto que un burro cargado con oro no lo suba.-
- Ninguno es tan viejo que no pueda vivir otro año ni tan joven que no pudiese morir hoy.-
- La mitad está hecha cuando tienen buen principio las cosas.-
- No da paso seguro quien corre por el muro y cualquiera va más sano si corre por el llano.-
- El amor es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte.-


Cuadro: La Celestina de Picasso




El Bodegón de Arguello


Pablo Carrera



La verdad que lo pensé un rato para ver con qué peli relacionar este local de la zona norte de la Docta.
Y después de pasar por varios títulos, me acordé de Robert Altman. ¿Que tendrá que ver? bue, vamos al tema. Allá por 1994 se largó con "Prêt a porter", peli que tenía todo para dar como resultado un buen producto: buen director, excelentes actores -Sofía Loren, Marcello Mastroianni, Laureen Bacall, Linda Hunt, Danny Aiello, Tim Robbins, Julia Roberts, Ute Lemper, Kim Bassinger, Rossi de Palma, Jean Rocheford, Rupert Everett, Sally Kellerman, entre otros-, música de primera, escenografía impecable (ni más ni menos que Paris toda), un tema interesante... pero le faltó algo. Algunos dirán argumento, otros un hilo más concreto (aunque lo de este hombre eran esas pelis multitudinarias con decenas de historias, recordemos "Gosford Park" o porque no, la histórica "Mash"), otros "algo". No sabremos decir bien qué, pero algo.
Me pasó lo mismo con el Bodegón de Argüello.



Montado en casa vieja que ocupa una corta cuadra del verde sector de la Ciudad, el local está excelentemente puesto. Al ingresar, uno se ubica en un viejo almacén, con mostrador y atrás estantería con botellones y cositas viejas que acompañan. Un pizarrón anuncia las sugerencias del día. Cortinado de por medio, pasamos al salón propiamente dicho. Grande, luminoso, espacioso, bien decorado (menos es más y bien por la aceptación del concepto). Techo alto de zinc, con tuberías de aire acondicionado que atraviesan el aire y van y vienen, jarrones con altas margaritas o hierbas y manteles blancos. Buena elección.
La atención es excelente. No hacen esperar e informan adecuadamente sobre lo que hay en la carta. La espera es con pancitos caseros calientes y una crema de roquefort bastante digna.
Como entradas rescato los fiambres y quesos que, aunque no probé, ví que eran bastante fluidos en las comandas y tentadores al ojo.
Vamos a los platos: Hay opciones de pescados, carnes, aves y pastas.
Elegí los ravioles fritos de espinaca con salsa de crema y nueces. Un placer. Acomodados en una fila y acompañados por una larga tostada de pan de ajo (muuuuy suave), al llevarlos a la boca la espinaca se desparrama de forma envolvente (está muy bien logrado ese relleno. Parece un souffle). También se testearon los arrolladitos de blanco de ave, que debo reconocer, son sublimes: vienen con jamón cocido, panceta y roquefort, acompañados de papas noissette y un salteado de verduras, con una crema muy sutil que no tapa ningún sabor. Hay también ofertas de racks de cordero al romero y oporto y medallones de lomo que tentaban.
La pifiada fue en uno de los platos del día: los malfattis. Estaban como secos, daban la impresión de estar comiendo albóndigas de cous cous (si existen, eran lo más parecido que se me ocurre). Les faltaba ricota o algo que los hiciera mas aireados. La salsa de albahaca sí estaba rica.
Destaco que cuando el mozo preguntó el porque del abandono a los malfattis en su casi totalidad, al hacerle el comentario, vino acompañado del encargado o dueño que se interesó en la opinión de los comensales. Y agradeció. Buen gesto.
Los postres están interesantes: se probó la marquisse de chocolate (medio escueta) que venia con una gran bocha de helado y unas peras en compota cortadas como papines que quedaban de lo más simpáticas, el volcán de chocolate, que no me terminó de convencer (debo reconocer que soy exigente porque es mi postre favorito. Ya lo describí, ¿se acuerdan? ese brownie o biscochuelito con forma de flan, de chocolate, que cuando le metes la cuchara al abrirlo, se derrite porque el corazón es crema pura caliente), y la mousselinne crema de limón con almíbar de naranjas y cascaritas caramelizadas, ese sí, ¡sin desperdicio! Había una alternativa que proponía como un festival de postres, obviamente que para dos, donde testeabas un poco de todos.
No sé si queda clara la comparación con la peli: el lugar esta bueno, la comida en líneas generales, también, la atención es excelente. Pero vuelvo a lo que me pasó con la película: es como que le falta algo. Tiene todo para ser algo espectacular, y no llega.
No dejo de recomendarlo. Es de esos lugares donde podes ir a comer bien, no es caro, aproxi $ 40 por comensal, es de fácil acceso, se puede estacionar cómodo al frente. Es lindo... pero...
Quizás me pasó que esperaba algo diferente. Algo más telúrico, en atención a la temática del nombre del local.
Vayan así me ayudan a descubrir que es ese "algo" que le falta.




El Bodegón de Argüello
Ricardo Rojas 7320 esq. Francisco Vidal
Argüello
03543 441328





Homenaje a Charly




Nunca dejes de abrirte, no dejes de reírte, no te cubras de soledad y si el miedo te derrumba si tu luna no alumbra si tu cuerpo no da más no te dejes desanimar basta ya de llorar para un poco tu mente y ven acá.
Estás harto de ver los diarios estás harto de los horarios estás harto de estar en tu lugar, ya no escuchas el canto de los mares ya no sueñas con lindos lugares para descansar una eternidad.
No te dejes desanimar no te dejes matar quedan tantas mañanas por andar.

No te dejes desanimar
Charly García
En la Máquina de Hacer Pájaros

Yamaní

LEMON CHELO





Boletín Literario Basta Ya! // nº 89 // Julio de 2008 // Córdoba
Revista Cultural
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chavez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro
Colaboran en este número: Carlos Penelas, Aldo Novelli, Stella Maris García, Yamaní
Dibujos de Lemon Chelo: Matías Arese

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“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar

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