sábado, junio 21, 2008

Boletín Literario nº 88 / Junio 2008


Fotografía: Soplando besos


Boletín Literario
Basta ya!
Año 3 / nº 88
19 de Junio de 2008
Córdoba / Argentina


Manos / Jorge Luis Carranza
Estoy en un desierto / Susie Beatriz Terenzi Chichizola
Una cosa trae la otra / A mi padre
/ Liliana Chavez
Con esta boca en este mundo / Olga Orozco
Marcos Ana / Carlos Penelas
Como agua para chocolate / Pablo Carrera
Maestros y discípulos / Alfredo Lemon
Ligia Piro / Trece canciones de amor / Eduardo Planas
Lemon Chelo / “Peatonal Persa City” / Matías Arese
La Orquesta de Torcuato Vermouth / Eduardo Planas
Eros 12 / Marie Oresanz
3 / 6 / 24 / Fernando de Zarate



Boletín Literario Basta Ya! // nº 88 // 19 de Junio de 2008 // Córdoba
Revista Cultural

Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chavez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro (corresponsal en Mendoza)
Colaboran en este número: Carlos Penelas, Susana Beatriz Terenzi Chichizola, Fernando de Zarate
Dibujos de Lemon Chelo: Matías Arese

Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente

Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com.
Suscripciones: eduardoplanas2001@hotmail.com

“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar



Manos
Jorge Luis Carranza




Si por mí fuera
diría solo dos palabras.

Una poderosa, que muestre el abismo del corazón.
Y otra que suave,
vuelva a correr el velo que lo cubre.

Palabras que sean como manos.
Una, la mano izquierda.
Y otra, la mano derecha.
Solo esas. Nada más.

Estoy en un desierto



vagabunda incansable del afecto
prisionera del destino
que mal me trata en esta octava.
minusválida en este
mundo pequeño de mi entorno
buscando mi pasado,
leyendo mi futuro,
pagando un karma de amor,
en un olvidado entorno de otra octava
Susie Beatriz Terenzi Chichizola


Una cosa trae la otra
Del paisaje urbano a los besos.
Por Liliana Chavez



Mucho frío, 1grado nada más según dicen. Los que estábamos en la parada, llevábamos algo así como cuarenta minutos esperando el N5. Pasa una unidad por cada tres N4. Y uno rezonga por dentro, para uno, no tiene sentido elevar la voz, quejarse, las palabras se congelan ante tanta intemperie. Cuando finalmente uno sube, le toca ir parado, incómodo, pensando en que pronto el boleto por ese servicio costará un peso con cincuenta, un servicio que para mí tiene dos cosas pésimas: la frecuencia y el dejarnos librados como usuarios a nuestra suerte cada tanto. Y entonces que queda: ¿ir leyendo para aprovechar el viaje?, ni eso se puede. Miro por la ventanilla del colectivo, procuro que alguna imagen me sustraiga de la bronca. Podría haberme fijado en la fachadas de los edificios, en los árboles, en las cúpulas de las iglesias, en el cableado pero no, de pronto, me sorprendí observando a grupos de adolescentes dispersos que se besaban, varones con mujeres, mujeres con mujeres, varones con varones, parejas. Y pensé… después dicen que los jóvenes no saben de arte. Acaso, ¿no se define al beso como un arte en sí mismo, una expresión de sentimientos, emociones y pasiones, una combinación de gusto, tacto y olfato?
¡Cómo cambian los tiempos! Estoy hablando del mismo beso que otrora pasó por la censura, que quedó reducido al ámbito íntimo, el mismo beso que en mayo del 68 se convirtió en símbolo de rebeldía.

No se sabe en realidad como y dónde surge el primer beso de la humanidad. Dicen que desde el 2500 a.C. existen referencias de besos esculpidos en las paredes de los templos de Khajuraho, en la India.
Sabido es, que en la antigüedad, los hombres persas de un mismo nivel se besaban en la boca, de ser considerados jerárquicamente inferiores, el beso debía darse en el rostro. Hasta la segunda mitad del siglo IV a.C., los griegos sólo permitían besos en la boca entre padres e hijos, hermanos o amigos muy próximos.
Para asustar a sus hijos pequeños, las madres nativas de la Indochina francesa amenazaban darle “un beso de hombre blanco”. En el período del Renacimiento, el beso en la boca era una salutación muy común. En Rusia, una de las más altas formas de reconocimiento oficial era un beso al zar. En el siglo XV, los nobles franceses podían besar a cualquier mujer que quisiesen. Mientras en Italia, besar a una doncella en público, daba lugar a la obligación de casarse con ella inmediatamente.

El científico alemán Wolfgang Wickler, en su libro “Las leyes naturales de la pareja” señala que para comprender el significado de un beso hay que analizar las formas de la conducta humana; las costumbres de crianza de ciertas especies animales y pueblos primitivos, por ejemplo, la alimentación boca a boca: es decir, la madre mastica primero y luego de su propia boca pasa el alimento al bebé. Este hecho sería el origen del beso, incluso la estructura etimológica del verbo “besar” en distintos idiomas, indica un significado secundario de premasticación. Y no se trata de herir sensibilidades, ¿acaso puede haber algo más noble, en el origen de un gesto amoroso, que la idea de alimentar al ser amado?

El beso, es para la mayoría de los jóvenes, uno de los primeros pasos de la sexualidad, muchas veces plasmado por pintores y escultores. Aquel beso apasionado en el cuadro “La llegada de la diligencia” de Louis Leopold Boilly, el romántico beso de una pareja en el cuadro del pintor Francisco Hayez, el de Gustav Klimt o el inmortalizado por el genial Rodin en la escultura llamada precisamente “El Beso”.
Mi padre solía contar una anécdota; aseguraba, que ya casado por civil con mi madre, venían de dar una caminata por el pueblo y se besaron una cuadra antes de llegar a la casa. Mi abuelo materno los vio y cuando mi madre entró la reprendió con severidad, diciéndole que dejara los besos para después de casada por la iglesia. Y mi madre lo corroboraba y asentía con la cabeza los dichos de mi padre.
Y quien de nosotros no conoce aquella historia de que Lolita Torres, no podía ser besada para la pantalla, había una cláusula al respecto en el contrato y sólo se insinuaba el acto, siempre al terminar la película, con la palabra fin a la altura de los rostros.

Claro que en cine también hubo besos muy recordados y nada inocentes. Desde aquel de 1939, cuando Clark Gable besaba a Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó”. O el de Humphrey Bogart a Ingrid Bergman antes de separarse para siempre en la inolvidable Casablanca de 1942. Otros recordarán la fogosa escena en la playa entre Burt Lancaster y Débora Kerr en la película “De aquí a la eternidad” o a un joven y apuesto Harrison Ford (en su personaje de Han Solo) cuando deja sin palabras a la princesa Leia, protagonizada por Carrie Fisher, allá por los 80, en “El Imperio contraataca”

El romántico beso entre Kate Winslet y Leonardo Di Caprio en la proa del Titanic o besos entre mujeres, se dice que el mejor en la historia del cine, definido como lento, húmedo y morboso fue el que se dieron Sarah Michelle Geller y Selma Blair en “Crueles Intenciones” (1999) o entre hombres, en la reciente “Secreto de la montaña”.



Y qué decir de los poetas, cuánto hablaron ellos de los besos, elegí para despedirme algunos fragmentos de Gabriela Mistral, de Vicente Aleixandre y de Eduardo Chaves, un cordobés. Será hasta la próxima y como una cosa trae la otra, hoy elijo, despedirme de ustedes con un beso.

Hay besos que pronuncian por sí solos/ la sentencia de amor condenatoria, /hay besos que se dan con la mirada / hay besos que se dan con la memoria //
....Hay besos que calcinan y que hieren/ hay besos que arrebatan los sentidos /
Hay besos misteriosos que han dejado / mil sueños errantes y perdidos//…Yo te enseñé a besar: los besos fríos / son de impasible corazón de roca, / yo te enseñé a besar con besos míos / inventados por mí, para tu boca.

De “Besos” - Gabriela Mistral



No te olvides, temprana, de los besos un día. /De los besos alados que a tu boca llegaron / Un instante pusieron su plumaje encendido / sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.//… No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan, / Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta. / Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo. / Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.//


De “Los besos” - Vicente Aleixandre.



Golpea el beso contra la suave muralla de tu piel // …Un beso es como un duelo /esgrima desatada entre dos universos / un remoto consuelo de dulzura y arena / donde muere el cansancio del suspiro y la furia//… Besos como palomas con mensajes en clave / besos como señales de naufragios o cielos /siempre se resucita a la vida imperiosa / a la lastimadura del recuerdo y del tiempo. //

De “El beso” – Eduardo Chaves



A mi padre
Por Liliana Chavez

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otro.
Hugo Mujica.

Nos conducíamos por la Ruta 60 desde Colonia Caroya hacia Deán Funes, en medio de una intensa lluvia y neblina. El dolor nos tanteaba con su bastón, causando escalofríos.
Mi hermano, cada tanto, me miraba por el retrovisor con los ojos vencidos. Cerré los míos y busqué dentro de mí, imágenes que lograran serenarme. Ví la niña sentada en el umbral de la casa, esperando que su padre la sorprendiera, ya fuese por la amplia calle del Boulevard o acortando camino por el predio del ferrocarril. El hombre la levantaba en brazos y al bajarla, hacía que la pequeña mano recibiera una bolsita en papel de estraza, varias veces agujereada. Dentro, las isocas, aún atontadas, que él salvaba de morir aprisionadas en la parrilla frontal de las locomotoras. La niña las liberaba en el interior de la casa, las dejaba revolotear en el comedor y la cocina para, recién después, ahuyentarlas con una servilleta hacia el patio, donde, finalmente, volaban a sus anchas, nuevamente libres.

En la ruta, delante nuestro, el coche que rehusábamos pasar, avanzaba con lentitud. Todavía nos precedía al llegar al pueblo, de madrugada. Nosotros lo seguíamos de cerca. Costeó las vías del ferrocarril, el puente, el hospital, las viejas instalaciones de la usina hasta llegar al lugar donde se ubicaban las salas. Azahares envolvían la pérgola de entrada sin que su dulzor nos alcanzara.
Descendimos y aguardamos en la vereda que, del coche de la cooperativa, brazos anónimos tomaran las manijas y bajaran el cajón con el cuerpo.
En ese momento, buscamos resguardarnos bajo techo. La lluvia caía con más fuerza, los relámpagos zigzagueaban el cielo, imprevistamente el suelo se cubrió de granizo y dejó sus golpes sobre el roble reluciente. Ironías de la vida. Mi padre, nunca permitió que viajáramos en noches de tormenta y sin embargo, en aquella ocasión, nos hizo seguirlo setenta kilómetros bajo el agua, en silencio. Por primera vez, a mis cuarenta y ocho años, lejos ya de la niña del umbral, sentí las isocas morir en la bolsa.





Con esta boca, en este mundo...
Olga Orozco

No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.

Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.

Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.

¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.
Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?

Olga Orozco




Poeta argentina nacida Toay, La Pampa, en 1920.
Su infancia transcurrió en Bahía Blanca hasta los dieciséis años, cuando se trasladó con sus padres a Buenos Aires donde inició su carrera literaria.
Trabajó en el periodismo empleando varios seudónimos, dirigió algunas publicaciones literarias, integró la generación «Tercera Vanguardia» de marcada tendencia surrealista, y basó su producción poética en la influencia que en ella ejercieran Rimbaud, Nerval, Baudelaire, Milosz y Rilke. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y distinguida con numerosos premios.



Marcos Ana
Carlos Penelas


Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre; no le atarás el alma.

Miguel Hernández




Si salgo un día a la vida / mi casa no tendrá llaves: / siempre abierta, como el mar, / el sol y el aire. Esta estrofa es el comienzo del poema Mi casa y mi corazón de Marcos Ana. El poema estuvo años enmarcado en la puerta de mi casa. Hasta 1974, fecha en que comenzó en este desolado país el terrorismo de Estado. Sabíamos de memoria sus versos. A los dieciséis años deseaba escribir: Mi vida, / os la puedo contar en dos palabras: / Un patio. / Y un trocito de cielo/ por donde a veces pasan / una nube perdida / y algún pájaro huyendo de sus alas.

Con los años conocí, admiré y vibré la amistad de Luis Alberto Quesada, compañero de prisión de Marcos Ana. Y leí sus poemas. Juntos recorrimos la gran poesía española del siglo XX, los actos de solidaridad y recuerdo por la República, las manifestaciones en favor de la libertad. Quesada, uno de los hombres más generosos y espléndidos que he conocido. Un poeta sencillo, vital, auténtico. Junto a él una vez más Marcos Ana, las tertulias, las evocaciones, las voces de Raúl González Tuñón o Luis Franco. Los libros, los años de prisión, el infortunio y el oprobio.

Ahora tengo sobre mi escritorio sus memorias: Decidme cómo es un árbol. Lo he terminado de leer con emoción, con dolor. Pasaron cuarenta años. Llegó Marcos Ana a Buenos Aires a presentarlo, a estar con algunos de los viejos republicanos que aun viven. A contar las cosas de su vida. Historizar, siempre, quiere decir politizar.

Decidme cómo es un árbol es un libro conmovedor. La vida de un hombre que sin resentimientos ni cálculos personales nos muestra su universo, su sueño, su pasión. Un símbolo descarnado de un preso político, de un condenado a muerte, de un poeta. Un hombre sometido a las estratagemas canónicas y fraudulentas del régimen de Franco. Un régimen de demoras, injusticias y miserias. Una siniestra realidad, una historia alucinante de terror. La sordidez oficial en torno a Marcos Ana, ese chivo emisario del fascismo, de la burocracia y las beatas. Pero al mismo tiempo la ternura, el sentir de “un romántico casi enfermizo”, el despertar una y mil veces a la reflexión. “Todo en mi vida es una enseñanza. Yo conocí, como tantos compañeros, la pérdida de la libertad, sufrí la tortura, viví al borde la muerte, cometieron conmigo las más humillantes vejaciones. Podía haberme convertido en una bestia llena de odio. Pero, al contrario, mi experiencia personal me llevó a la conclusión de que nunca sería capaz de ejercer la violencia contra nadie. Precisamente porque la he sufrido.” Estremecedor.

Un testimonio, donde además siente y comprueba los crímenes del stalinismo, vejaciones de un sistema que el soñó en su adolescencia y en los terribles veintitrés años de prisión franquista como impoluto. Entiende que un socialismo dictatorial es una aberración y un escándalo inadmisible. Comprende que la razón y la experiencia enseñó a una generación que cualquier doctrina apelando al paredón para realizar su programa, para traducir sus hechos en propósitos, más que una revolución, encarna el germen de la contrarrevolución. Y eso importa poco si los dictadores son de derecha o de izquierda. Lo sugiere, lo intuye. Entiende que la libertad a la que aspira, a la que ha dado lo mejor de sí mismo, es hija y madre de la libertad.

Lo empieza a vislumbrar junto a Ilya Ehrenburg; lo comprueba el 20 de agosto de 1968 cuando las tropas del Pacto de Varsovia invaden Checoslovaquia. Ve las deformaciones profundas de la Unión Soviética, el significado del aparato del Estado, la burocracia del Partido, la mentira oficializada. La desnaturalización de un ideal, del acontecimiento mundial más trascendente del siglo XX.

Es conmovedora su relación con Isabel, su primer amor, la primera mujer con la que dormirá en su vida. Lo hace a los cuarenta y dos años, al salir de prisión. Es bellísima —disculpen el adjetivo— su sensación, su mundo, su enaltecida vivencia. Llega tarde a su juventud pero al decir de Picasso “hace falta tiempo, mucho tiempo para ser joven”.

Podemos leer sobre el final: “Sentir la libertad, pisar la hierba, mirar el azul del cielo o las estrellas, amar a una mujer, poner mi mano sobre la cabeza de un niño, estrechar a mi hijo entre mis brazos, todas esas sensaciones que para los demás son como bienes naturales, a mí me arrebataron de placer y sorpresa y me estremecía de felicidad al descubrirlas y poseerlas.”



Nos evoca un mundo mágico y solidario, un mundo donde la utopía era posible y donde el ser humano giraba en el altruismo, en la desobediencia, en la peregrinación de una bandera eterna. La solidaridad internacional, el apoyo de intelectuales, actores, pintores, cantantes, escritores —hombres de todas las tendencias, de distintos credos— que reivindican la libertad, la lucha contra el oprobio y el oscurantismo. La dignidad habla en sus páginas, en su calidez humana, en su dimensión y búsqueda. Sentimos ternura, ingenuidad, pureza. Sentimos que la vida es superior a las doctrinas. Sentimos decoro y humildad.

En un momento afirma: “…no soy un poeta cultivado, sólo un hombre que escribió versos, un poeta necesario, cuyos poemas se extendieron por el mundo y se tradujeron hasta el japonés, no por su valor literario sino porque mi voz era la voz de muchos, una voz encarcelada, un testimonio vivo que contribuyó a la defensa y la libertad de mis hermanos.” Parcialmente cierto.

Su poesía tiene un tono único, emocional. Hondura ética, entonces. Algunos alcanzan, desde lo literario, una intensidad que pocos poetas llegan a poseer. Como la poesía de Nazim Hikmet, la de José Luis Gallego o la del mismo Luis Alberto Quesada. No solamente ejemplos de vida ante el horror y el remedo grotesco de la intolerancia. La poesía de Marcos Ana es un estado de ánimo espontáneo que lo obliga a registrar sus vivencias. Su tonalidad nos recuerda por momentos la mejor poesía tradicional española, la del romancero, y también la voz de Rafael Alberti pero con un temperamento apasionado que lo circunscribe a una atmósfera opresiva.

Sus versos están cargados de sinceridad, de dolor, de esperanza. De transparencia, sin duda, de bondad pagana y libertaria.

Analizar sus recuerdos genera una realidad social y política de nuestro tiempo, esboza su prolongación hasta nuestro presente. En su palabra vibra una intención social que se expande aquí y allá; la pasión por la libertad, la lucha contra la injusticia. Sin plegarias ni defraudación. Sin desaliento, sin humillaciones. Y una melancólica sabiduría del vivir y del contemplar, virtudes que pueblan su voz con acentos profundos, humanos.

Una vez más sentimos, al leer estas páginas, que la experiencia de ser es superior a las santificaciones ideológicas, que su palabra tiene la posibilidad de recoger la fuerza emanada de los astros, la memoria de una poética que renueva y se renueva.






Como agua para chocolate
Pablo Carrera




Íbamos a caer en algún momento en esta película. Imposible no hacerlo. Pero había que esperar el lugar, ¿no? como siempre.
Finalmente, lo encontramos. Escondido, como la casa de Tita, donde perfumaba ambientes con los aromas que salían de esa cocina rústica y maravillosa. Recordar esas tomas que diríase pintó el mejicano Arau de los alimentos antes, durante y después de ser preparados, los cuchillos cortando, las ollas en el fogón, los tenedores llevándose a las bocas las delicias que Tita inventaba en esas largas horas de espera del amor... un placer
¿Donde? En barrio Jardín. Gracias a mi amiga Lulú que me pasó el dato, es que llegué a Cunde amor, en Av. Richieri 2716 (a una cuadra de las vías, apenas entramos al barrio. ¿Se ubican? de la estación de servicios, una cuadra más arriba). Una esquina que no dice mucho, y esconde un montón.
El local es simple, bien puesto, nada pretencioso, con mesas de madera y combo de sillas, está casi totalmente ocupado por una laaaaaaaarga mesa de madera, sobre la que se exhiben panes caseros, algunos budines, tortas, tartas, pasta frolas, cookies, unos bocaditos de origen oriental que se llaman creo "mamul" (mi sobrino rebautizo "mamuts"), hechos con manteca, harina ingredientes secretos y corazón de dátiles y nueves). Destaco el budín de cítricos con chocolate blanco encima y cascaritas de naranja caramelizadas. Hay un antes y un después...
En la pared del fondo, estanterías esconden viejas cajas de galletas, botellas de cuando éramos chicos (no Bidu che, para tanto no, ¡la de leche Sancor de vidrio digo!). El lugar tiene un entrepiso, donde hay mesas y livings bien armados para disfrutar ahí de lo que se expende.
El horario es de 8 de la mañana hasta las 21, si mal no recuerdo, de lunes a sábado, los domingos abren mediodía nada más. Durante la semana, hay menú ejecutivo, que va de los $ 21 a los $ 25, con plato y postre. Los sábados también se puede almorzar in situ. ¿Y que comemos? De todo un poco. Hay pastas caseras anunciadas, ensaladas, alguna que otra carne simple...
Vamos a lo ingestado: Por un lado, pastel de papa con carne. Una exquisitez. Y es uno de mis platos favoritos. Si bien viene de decorado la cosa, hecho en molde redondo y así llega al plato, no pierde la sencillez. También se probó el pollo especiado con mostaza y romero, acompañado de un taboule muy bien hecho y…ñoquis fritos. Confieso que me enloquecieron. Ñoquis fritos a los que se les pone algo de azúcar, ¡son como mini churros! una cosa ¡imperdible!!!
Las pastas tenían muy buena pinta, pero quedaron para la próxima.
También si se va por la tarde, se puede apelar a cualquiera de las tortas o tartas que se hacen caseritas ahí mismo. O porque no, a los sándwiches de pan casero, queso y jamón o salame, que vienen con una cocotte de fondue fría bastante interesante.
Los precios accesibles, tienen algunos vinos interesantes.
El postre estuvo de lo más insólito: sopa de chocolate blanco con un muffin de chocolate negro nadando en el medio. Rico, aunque algo empalagoso. No querés probar ni un tic tac en el resto del día después.
En el lugar se dan clases de cocina, e inclusive, ofrecen cocinar a domicilio (la tarjeta reza "cocineros a domicilio"), para 2 hasta 50 personas.
Por fin encontramos un lugar simple, donde se come bien y a muy buen precio. Cosas de antes, de siempre, que nos llevan a cuando éramos chicos (como la ratatouille de la película ídem, que lo lleva al crítico a la niñez. Es excelente esa imagen).
Y se ve que siguieron los consejos de Tita, para cocinar bien, hay que hacerlo con mucho amor.

Cunde amor
Cocineros a domicilio
Av. Richieri 2716
4672063



De maestros y discípulos
Alfredo Lemon



Podrían mencionarse ejemplos como los de Sócrates y Platón, Verrocchio y Leonardo, Perusino y Rafael, Schumann y Brahms, Debussy y Ravel…la relación del maestro y el discípulo es antiquísima. En las sociedades primitivas, el padre biológico es también el pedagogo encargado de acuciar y encauzar la mente, el alma o la conciencia del hijo. En las complejas sociedades desarrolladas, la tarea se encarga a un especialista. Pero el azar, siempre inescrutable, llega a producir el encuentro de almas destinadas. Casi no hay personalidad destacada en cualquier disciplina que no haya tenido un padre espiritual. Esta condición, por razones difíciles de enumerar del todo pero que hacen a aspectos psicológicos, sociales y generacionales, rara vez coincide con la del padre biológico.
Así, con frecuencia, se suele llamar “maestros” a renombradas personalidades que de alguna manera y en algún aspecto, influyeron en nuestra formación. Esta denominación es casi ineludible cuando la persona ha alcanzado cierto reconocimiento. De cualquier modo nunca está demás volver a preguntarse ¿a quién puede considerarse un maestro?
Hay una respuesta que aparece primeramente: a quien tiene discípulos. Sabemos que maestro es quien enseña, quien forma a otros, quien tiene seguidores. Sin duda se trata de alguien que puede ser admirado e incluso imitado como modelo, aunque no siempre la mera imitación o seguimiento alcanzan para ser un discípulo. El verdadero maestro no es sólo aquel que logra que algunos se le asemejen sino quien esencialmente resulta un disparador, un liberador de acciones y pensares; alguien que provoca en el otro lo mejor de su capacidad creadora. Un motivador que desencadena en el otro, un proceso hacia sí mismo que le produce encuentros reveladores que lo pueden llevar a descubrir cambios sustanciales en su temperamento.
Todos sabemos quiénes son aunque no los nombremos. Todos los identificamos como aquellos que en nuestro aprendizaje supieron (o saben) despertar una vocación, un interés especial por algún tema, abriéndonos horizontes, ejerciendo influencia en nuestro ánimo.
Son formadores de conciencia que por sus actitudes públicas, sus virtudes privadas, sus opiniones o sus doctrinas, definen valores, marcan un rumbo, una ética.
Desde un punto de vista artístico -y creo que todo maestro es ciertamente un artista según su oficio- es quien alcanza un lenguaje propio, un estilo expresivo del cual otros se nutren y quienes a su vez, con su impronta pueden encauzar hacia nuevas corrientes, otras maneras de abordar las cuestiones.
Del mismo modo, maestro es quien despierta en el discípulo las energías destinadas a superar eso mismo que él está enseñando, como quien dijera: “te enseñaré a volar pero no necesariamente debes seguir mi vuelo”.
En ese sentido y como apunta Castañeda, “la libertad de escoger un camino ofrece un sentido de dirección por medio de la expresión de las inclinaciones de cada uno”.
Además, hay ciertos maestros que sin ocupar un sitial académico, logran imprimir en los demás, un entusiasmo por tal o cual asunto; alguien que merced a su “eros pedagógico” ha inculcado una pasión, pautas que como brújulas, pueden servir de ayuda en una profesión, una carrera o lo que es más interesante, en el oscilante sendero de la existencia.
De este modo entonces, la mutua elección de maestro y discípulo es una forma sublimada de amor, en la que el elemento erótico, como en la amistad, no está ausente. Tampoco quedan fuera del cuadro la ambivalencia amor-odio latente, los celos, la competencia por el ejercicio del poder, el miedo a se desplazado, el riesgo de la imitación y, también, el ansia de liberarse de un yugo asfixiante, la ruptura o la reconciliación póstuma o tardía. Pero como en el amor, existe la alegría infinita del encuentro con el alma predestinada.
Cabe llamar maestros igualmente, a otros tantos solitarios que por su incomparable originalidad, por la convicción y solidez de su conocimiento o su talento, han sabido construir obras arquetípicas. Son quienes han podido llevar su cosmovisión a la sociedad e incidir de alguna manera sobre ella. Supieron incorporar al torrente social su ideología o su forma de ver las cosas, de un modo inédito o inesperado.
En última instancia son auténticos hacedores de realidades, auténticos “benefactores”, porque no son sólo quienes nos enseñaron conocimientos técnicos sobre alguna materia, sino aquellos que por sobre todo, nos legaron sabiduría de vida (“savoir vivre”) y una conducta, un ejemplo.
Por otro lado, maestro y discípulo pueden disentir, pero aprenden uno del otro en tanto su relación esté basada en el respeto; lo cual permite a ambos, desenvolverse correctamente en un clima armónico, tolerante y pluralista.
Incluso resulta lógico creer que en algún momento del transcurrir de los acontecimientos, el discípulo debe sucederle y servir él mismo de guía, encarnar la virtud que exaltaba. En ese caso el discípulo devendrá en maestro cuando él, por sí sólo, sea la huella, un destino.
Viene a cuento una anécdota tomada de la literatura china: “un estudiante ingresa a una escuela pero nadie le dice dónde está su maestro; él deberá encontrarlo, pero ¿cómo? La respuesta parece sencilla pero invita a la reflexión: su maestro no es necesariamente quien está impartiendo clases, sino aquella persona de la que está seguro puede aprender algo”.
En fin, estudiar es interpretar y pensar es aprender. El mejor efecto que puede tener la educación es el de imprimir en los educandos el deseo de mejorarla y superarla.







Ligia Piro: Trece canciones de amor
Eduardo Planas



El año pasado tuvimos la oportunidad de disfrutar su presentación en nuestra Ciudad. Un hermoso y exquisito show en donde hizo mención de este CD grabado con el acompañamiento de la guitarra del genial Ricardo Lew. Para nuestro deleite -y de toda la platea colmada del Cine Teatro Real- adelantó algunos temas. Ligia Piro es una de las voces más bellas del jazz en nuestro país. Impecable afinación, textura aterciopelada, color sin decaimientos, sensualidad y extensión apropiada para el repertorio elegido son algunas de las condiciones vocales que acompañan una expresividad sin igual. En este, su tercer disco compacto, titulado "Trece canciones de amor", Ligia pasea por un grupo de canciones de todas las épocas con total probidad.

La atmósfera que sobrevuela el disco es la intimidad lograda no sólo con la magnífica voz de la cantante sino también con el excelente acompañamiento de la guitarra solista de un músico con mayúsculas como es Ricardo Lew. La sensibilidad del dúo se concreta en trece tracks de gran calidad sonora con momentos memorables como "Moon River" (Mancini-Mercer) y "Over the Rainbow" (Arien-Harburg). Hay también versiones destacadas de canciones de Ellington, Wonder, Berlin, Lennon-McCartney y Porter entre otros gigantes de la música popular. Un disco i-m-p-e-r-d-i-b-l-e.

Ligia Piro nació en Buenos Aires. Se formó en el Conservatorio Nacional de Música L. Buchardo en canto, con los maestros Roberto Britos y África De Retes. En la escuela de teatro de Agustín Alezzo se formó como actriz. Trabajó en distintas obras de teatro. Avocada al jazz y a la bossa nova desde el año 1995, realizó presentaciones en todo el circuito porteño y festivales de jazz. Su carrera solista la llevó a grabar su primer CD: “LP” en el año 2003, el que presentó indistintos teatros de todo el país. En el año 2005 ganó el Premio KONEX a mejor intérprete solista de jazz y luego lanzó su segundo CD: BABY! / Sitio oficial: www.ligiapiro.com.ar


La Orquesta de Torcuato Vermouth
Eduardo Planas




El Pilsen Bar estaba ubicado sobre la actual calle peatonal 25 de Mayo. A su costado estaba el Hotel Gardens y al lado de este el Cine Odeón.

El Pilsen Bar abría sus puertas todos los días a las 11.00 hs. de la mañana y empezaba a tocar La Orquesta de Tangos de Torcuato Vermouth, integrada por tres hermanos de ese nombre y otros músicos cordobeses.
El bar se especializaba en el servicio de un aperitivo -casualmente homónimo- y un exquisito Chopp. Luego a las 18.00 hs. nuevamente abría hasta la medianoche. Este Bar funcionó durante la década del ’50 y era muy concurrido por los citadinos, dada la excelencia de los músicos que actuaban y los cantantes que se presentaban para deleite de la concurrencia. Era otra época. Otra Córdoba. Uno de sus músicos fue el destacado bandoneonista Roberto Psenda.
La Orquesta de Torcuato Vermouth supo tocar en distintas provincias
El dibujo que ilustra la nota es de propiedad del artista Oscar Grillo quién refiere en su link que no conoció al mismo, pero que escuchó un disco suyo y lo imagina así, aunque dicen los que lo conocieron que era de pelo más claro o mejor dicho de sienes plateadas. El dibujo esta publicado en el sitio: www.okgrillo.blogspot.com/2006/12/vermouth-y-noche.




eros
12

el pensar es un hecho revolucionario

la acción es la consecuencia del pensamiento

pensar y comunicar producen energía

transmitir la energía del pensamiento

encontrar en la imaginación soluciones vitales

un punto conectado a tierra genera fuerza creativa

el poder creativo comunica a todos

el ambiente condiciona a la gente

para ser libres se necesita una transformación

tenemos el poder de elegir

también el eros tiene necesidad de condiciones adecuadas
marie orensanz


(artista plástica que trabaja a partir de algunos conceptos muy interesantes. Pensar es revolucionario es una obra (además del significado) muy preciosa. Se pueden llevar una lámina con sus doce puntos de eros. Expone actualmente en el Caraffa)



Fernando de Zarate, es villamariense, docente. Editó Poemario IV en forma conjunta con otros autores. “Antología Plural”, SADE 2002. Su poesía también está incluida en el CD “Estos días, estas palabras”,2003. Es autor del poemario “Brújula y viento” 2003. “Peón, Caballo, Rey” y este material pertenece a su libro “Escrito en la Tempestad”, noviembre 2007.

3

cielo lejos.

lo que hubo
se inclina ahora
a la difícil plenitud
de estos días.

aquí me interno

es inclemente esta geografía
de imágenes rotas
¿a quién arrojaré piedras?
¿quién apaciguará mi ira?

nadie para oír
el crepitar del fuego,
ni el crujir de dientes,
y afuera,
otra vez la llamada,
ímpetu sustantivo
del tibio animal que obedece.



6

las treguas aparentes,
exactas agujas de hielo
removiendo mis entrañas.
los silencios consabidos,
y la instintiva
negación
y la piel
toda la piel,
furiosa contraluna
que embiste
a mis espaldas.


24

aún me permito
el olvido.
quien soy, es suficiente oficio
de certezas,
crónica del tedio,
vigoroso héroe desguarnecido,
que se queda hablando
solo y
vive con lo puesto,
con los moretones
del cross que no merezco.
orante de la luz,
conozco infinitas razones
para no rendirme.
nunca es esta vez,
dos veces,
y así,
sucesivamente.





Boletín Literario Basta ya! /Año 3 / nº 88 / 19 de Junio de 2008 / Córdoba / Argentina

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