miércoles, junio 04, 2008

Boletín Literario nº 87 / Junio 2008



Boletín Literario
Basta ya!

Año 3 / nº 87
2 de Junio de 2008
Córdoba / Argentina


SUMARIO

Islas / Jorge Carranza
Glauce Baldovin / Livia Hidalgo
Una cosa trae la otra / Liliana Chaves
RR La cosecha amarga / Eduardo Planas
Epilepsia y anarquismo / Carlos Penelas
Amigo / Raquel Cuello
Lemon Chelo / “Pac Bus ” / Matías Arese
No es suficiente / Ana Paulinelli



Boletín Literario Basta Ya! // nº 87 // Junio de 2008 // Córdoba
Revista Cultural

Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chaves,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro (corresponsal en Mendoza)
Colaboran en este número: Raquel Cuello, Livia Hidalgo, Carlos Penelas
Dibujos de Lemon Chelo : Matías Arese
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com.
Suscripciones: email: eduardoplanas2001@hotmail.com

“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar



Islas
Jorge Luis Carranza

Entrada la noche,
el silencio es un continente,
tiene peso específico; puede tocarse.

De madrugada, de a poco,
los pájaros se van introduciendo en él,
lo aflojan y comienza a fracturarse.

Luego crece como una ola
el tropel, el rumor de la avenida lejana
que lleva y trae al mundo.

Ese rumor trepa
hasta tragárselo por completo.


A partir de allí, a lo largo del día
habrá que buscar islas de silencio,
pequeños reparos.

Como sea,
como salga, hasta que vuelva la noche.



Fotografía: San Marcos Sierras / Córdoba / José Luis Planas Osorio






Un arte
en fuga de muerte.

Queda el lenguaje:
la traza de espuma que él puede alcanzar
sobre la arena del desierto

Livia Hidalgo
de Isadora, jardín de invierno



Livia Hidalgo – autora de esta reseña - conoció a Glauce, la frecuentó, la admiró y en todo momento trata de que su obra sea conocida. Coincidimos con Livia que no se ha hecho justicia con Glauce, a quien define como “La Poeta Latinoamericana”, basta simplemente con saber que a casi dieciocho años de su muerte, la obra de esta relevante poeta sigue en gran parte inédita. Gracias poeta, por este invalorable aporte.
La Editorial



Glauce Baldovin nace en Río Cuarto el 26 de noviembre de 1928 y fallece en Córdoba capital, el 23 de agosto de 1995, donde se habían instalado sus padres, de origen italiano y de filiación anarquista. Cursa estudios en el Colegio Alejandro Carbó, recibiendo el título de Maestra Normal. En su adolescencia se afilia al Partido Comunista. Allí se relaciona con el médico riocuartense que luego sería su marido. En esa ciudad nacen sus dos hijos: Claudio y Sergio. También es el lugar donde conoce a la chacarera Lucía Bertello, en quien se inspirará para escribir “El libro de Lucía” (1967) que aparece editado por el sello Alción en el año 1987 junto con otros dos poemarios: “El combatiente” (1975) y “El fuego” (1977). Todos bajo el título general de “Poemas”.

Su hermano Alcides Baldovín, edita la Revista “Mediterránea”, Glauce, integra el Consejo de Redacción entre 1952 y 1961. A ese hermano le dedica el libro “Yo Seclaud” en 1980, publicado por Argos en 1999.

Luego de su separación marital, se traslada a Buenos Aires. Del vínculo amoroso con un escritor surge “El Libro de Isidro” 1979, publicado por Argos en 1997. Ingresa a la Cooperativa Saavedra perteneciente al Partido Comunista e integra el staff de la publicación: “Hoy en la Cultura”. Se vincula, entre otros, con jóvenes plásticos de entonces, como Seguí y Alonso.

Viaja a Chile, conoce a Violeta y Nicanor Parra, Pablo Neruda, Pablo de Roka, etc. Integra la fracción critica del comunismo que termina con la expulsión, de esos miembros, en el año 1968. Ella regresa a Córdoba y se emplea como secretaria administrativa en el Hospital Privado. En el año 1972, escribe su libro de poemas “La militancia” (inédito). De 1975 data “De la violencia, el Terror y el Despojo”, referido a la época de López Rega, mentor de las tres AAA (editado bajo el título general de “Poemas Crueles”, ya que Glauce agregó el poemario “El ángel aherrojado” en 1979.

En 1975, su hijo Sergio es incorporado al servicio militar obligatorio. Al año siguiente, ya instalada la Dictadura Militar, es secuestrado – bajo bandera – y asesinado. Esta situación origina el libro “De los poetas”,editado por Argos en 1991 que es, “un vibrante y dolorido testimonio, un canto ante el horror”. A esta época también corresponde el libro “La promesa postergada”, inédito.

Glauce no deja de clamar por la justicia y la memoria.
La tragedia la conduce, en forma paulatina e irreversible, al alcoholismo y a su internación durante ocho años en el Hospital Berman. De esta experiencia surge el libro “El rostro en la mano” 1990 – Inédito; “El Libro de María” 1983, dedicado a una internada. Antes, había escrito “Y sin embargo el sol”, “Clamor por la intimidad” y “Confesión”, los tres de 1982 e inéditos.
En este nosocomio escribe también: “El libro de la soledad”, 1983, editado por Argos en 1989; “La fotografía” 1984, inédito; “Del amor” 1986, editado por Argos en 1993; “La Paloma” 1987, inédito; “Huésped en el Laberinto” y “Lluvias” ambos de 1988 e inéditos.

Ya fuera del Berman, escribe “Tercer Milenio” y “Vientos”, ambos en 1991- Inéditos. “El asco”, 1992, Inédito – Una selección de estos poemas aparecen en Página 12 – Los poetas de Acá I – Córdoba, 1994; “Los gatos y el silencio” 1993, editado por Argos en 1994 y “Nuestra Casa en el Tercer Mundo” 1994 – editado por Argos en 1995.

Poco antes de su muerte, intentaba reescribir una novela – varias veces anunciada – que no pudo concretar. Su último libro se titula: “Ella, la otra” 1995, Inédito.


El miedo

Lo llamé alacrán.
Inocente arácnido que no sabe del veneno ni
la mordedura
No fue culpable de la opresión en el pecho
falsos aquellos tentáculos de acero.
Vive.
Anda por la vida con la libertad que la naturaleza
le concede.
¡oh, pequeño alacrán!
Ven, pósate en mi mano
avanza por el brazo hasta la nuca
rodéame el cuello
baja hasta el pecho
la cintura
los muslos.
Seremos amigos.
No eres el miedo.
Jamás me clavarás en el corazón tu púa.

El miedo puede con nosotros
alacrán
porque hay quienes lo alimentan para someternos
lo elevan
lo disfrazan
lo esparcen
lo venden.
Como densa nube lo hacen sobrevolar la Tierra.
lo inyectan en los huevos, los tomates, la leche,
la lechuga
en las líneas, los colores, los sonidos, las letras.
Hacen té con el miedo
licores
sopas
propagandas
series televisivas.
Lo deslizan en los pañales, los manteles, las sábanas
el velo de la novia
el pañuelo para enjugar la lágrima de la emoción
la de la herida
el luto la mortaja.

Con él construyeron chozas casas
escuelas hospitales.
la cárcel
el manicomio
el laberinto.




Fotografía : www.conestebocaenestemundo.blogspot.com



Una cosa trae la otra
Por Liliana Chaves




Caminaba por el centro de la ciudad y observé varias casas de comercio con carteles indicando la compra de cabello. Dicen que se paga muy bien si el mismo está en condiciones, sano, bien cuidado. Debe ser propio de las épocas de crisis o de la moda, vaya uno a saber –pensé- y recordé mis años de la infancia, de trenza larga y bien cuidada, cabello que mi madre cepillaba con empeño hasta que tuviese una cantidad considerable de centímetros. Su venta no resultaba traumática en aquella época, tal vez porque éramos varias las que un día aparecíamos en la escuela con el pelo corto, a la altura de la nuca. Casi era preferible tenerlo recortado, los piojos eran una invasión corriente y había que tenerlo recogido sí o sí.
Cuántas mujeres de mi edad mientras lean este artículo recordarán lo terrible de atar el pelo, con aquella “cola de caballo” que nos hacían bien alta, con doble vuelta de elástico alrededor antes de colocar una bonita cinta de raso. Después del colegio, el mayor de los placeres, residía en liberarse del elástico, pasar la yema de los dedos largo rato por esa zona del cuero cabelludo, aunque supiésemos de antemano, que el suplicio se repetiría el día siguiente.

De paso, y como una cosa trae la otra, está bueno comentarles que el cabello tuvo diversas significaciones a través del tiempo, incluso en lo social. Durante el siglo XVII, en Inglaterra, la ola de severidad que caracterizó al gobierno de Cromwell obligó a los hombres a la moda del pelo cortísimo y a las mujeres a ocultarlo bajo una cofia blanca.
En la segunda guerra mundial, las mujeres que tenían relaciones con el enemigo eran rapadas como represalia y omitiré algún otro caso que no quiero mencionar por doloroso.

En la antigua Grecia se exigía, para casarse, que los cónyuges se raparan la cabeza en honor del dios Hipólito, a quien niños y niñas ofrecían, por medio de este acto, su virginidad. También en la tribu africana de los Wafiomi se impedía que las muchachas se cortasen el pelo en el período que va desde la pubertad al casamiento. La virginidad estaba representada por el pelo, que debía mantenerse hasta que aquella se perdiera.

Otra cosa era el pelo en el resto del cuerpo. En la antigüedad, los pueblos de Egipto, Grecia y Roma, impusieron la costumbre de que las mujeres se depilaran el cuerpo íntegro, con la intención de valorizar la calidad de la piel y aumentar las formas femeninas. Como contrapartida, en la Francia del Siglo XVI, las mujeres de la corte usaban ungüentos especiales para hacer crecer más el vello pubiano que, incluso, era adornado con cintas. Durante la Edad Media, la depilación se realizaba con “piedra china”, novedad que los Cruzados trajeron de oriente para sus mujeres.

El concepto estético de mujer lampiña se ha extendido hasta nuestros días. Por el contrario, en los hombres, se asocia el pelo del cuerpo con la virilidad. Justamente, a dicha asociación, se debe el temor masculino a la calvicie. Las investigaciones han determinado a través del tiempo que, la calvicie, simplemente es causada por una sobre-producción de andrógeno, la hormona masculina. Podría sugerir a los calvos que no quieran serlo que intenten con frotar la parte carente de cabellos con raíces de malva como lo hacían en el siglo XVI o masajeen el cuero cabelludo con perejil para evitar su caída como en el Siglo XVIII. Pero sería ridículo en esta época donde proliferan toda clase de productos y tratamientos.

Muy distinta a los tiempos de Augusto cuando la calvicie era considerada una deformidad. Crease o no, César aparecía en público con una corona de hojas para ocultar su ausencia de pelo. Para los habitantes de la antigua Galia, los cabellos largos eran símbolo elegancia y libertad. Por eso, Julio César, después de someterlos, se los cortaba en señal de servidumbre.
Los musulmanes se afeitaban la cabeza dejando sólo un mechón en el medio del cráneo para que Gabriel, el ángel encargado de llevarlos al cielo, tuviera de donde asirlos.

En el 1620, Luis XIII quedó calvo y, en Francia, se generalizó el uso de pelucas y postizos de cabello natural, de crin o estopa. Pelucas rubias para las mujeres, negras o blancas para los hombres. En tiempos de Luis XIV, uno de los cargos más honorables era el de inspector de pelucas.
Todavía, entre algunos, existe la creencia de que el pelo significa fuerza. Hombres notables como Carlomagno, Enrique VIII de Inglaterra y el monje ruso Rasputín, se hicieron famosos por sus proezas sexuales, su fuerza y sus profusas cabelleras. Pero por otra parte, la excesiva pilosidad se asociaba a menudo con perversidad, como en el caso de Barba Azul. Y para finalizar, extraigo sólo una frase del texto de Galeano que debajo se publica completo: “Si el pelo fuera importante estaría dentro de la cabeza, y no fuera”.
Hasta la próxima y tengan cuidado con aquellos que pierden el pelo pero no las mañas y con quienes no tienen un pelo de zonzo.




Yo, mutilado capilar

Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad.
Hace unos veinte años, el espejo delató los primeros claros bajo la melena encubridora. Hoy me provoca estremecimientos de horror el luminoso reflejo de mi calva en vidrieras y ventanas y ventanillas.
Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número.
Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso:
-Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera.
También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí.
Eduardo Galeano
El Libro de los Abrazos RBA Editores - Ed. Planeta – 1995




RR la cosecha amarga
Eduardo Alberto Planas




(Documental)

Una historia de amor por la tierra, una historia de lucha, una historia de dignidad que tira para adelante…

“En los últimos 15 años la intensificación de los agro negocios en la Argentina ha llevado a un proceso de expansión agrícola impulsado por el monocultivo de la soja, que ha dado lugar a un modelo agropecuario basado en la exportación y la producción intensiva, de altos insumos y concentrado en pocas manos. El modelo genera muchos ingresos en divisas, gran parte queda en manos de los terratenientes y empresarios del agro, y un porcentaje queda en el Gobierno, a través de las retenciones a las exportaciones. Las elites del agro lo promocionan como un modelo muy desarrollado y eficiente, sin embargo la otra cara de este modelo es una gran contaminación del medio ambiente, destrucción de enormes superficies de bosques ( ¡en Argentina se talan 40 canchas de fútbol por hora!), alta degradación de los suelos, alta dependencia externa por los insumos y una gran deuda social, ya que la producción de alimentos para los argentinos queda relegada y se prioriza la exportación, logrando una escasa distribución de los ingresos. Así, el boom sojero es fuente de nuevas y grandes riquezas para algunos y causa de pobreza y desarraigo para muchos: ha expulsado más de 200.000 agricultores, trabajadores rurales y sus familias, provocando un importante desplazamiento de población rural hacia los suburbios de pobreza de las grandes urbes. En este contexto, los sectores más capitalizados están avanzando sobre la propiedad campesina, sin que medie un proceso jurídico-político de defensa de la tierra; la falta de acción por parte del Estado y de funcionarios públicos que desconocen los derechos a la tenencia de la tierra de quienes las habitan y trabajan desde hace décadas ha puesto en una situación crítica la tenencia de las tierras por parte de los campesinos quienes viven bajo amenaza constante de ser desalojados por empresas o personas que, en muchos casos, esgrimen títulos de dudosa procedencia.

La única forma de hacer frente ante estos atropellos es la organización. Conozca la historia de una de estas organizaciones, la del Movimiento Campesino de Córdoba, una historia de amor por la tierra, una historia de lucha, una historia de dignidad que tira para adelante.”. Así reza la contratapa de la película
RR la cosecha amarga, documental producido por Ojo de pez y Kino Werken, dirigido por Martín Gruttadauría, cámara y fotografía: Fernando Caetano, Música: Diego Barrale, película en formato documental recientemente estrenada en Córdoba, disponible también en DVD.

Adquiere una gran importancia en estos momentos en que se nos presenta una falsa dicotomía “campo-gobierno”, ya que cuando se habla del primero se hace referencia a un solo sector geográfico, vale decir, la Pampa húmeda argentina, olvidando las otras regiones como el norte mismo de nuestra Provincia o Santiago del Estero, o lo que ocurre en Salta y Formosa. Y en cuanto a lo segundo se olvida del papel del mismo en estos últimos años a favor de la extensión de la sojización, la escasa distribución del ingreso. Por otro lado, los cuestionamientos actuales de los sectores agropecuarios ligadas a la exportación de la soga transgénica apuntan a un solo rubro: las retenciones, impugnando así el papel del Estado en la economía y su necesario rol como regulador de la actividad y la redistribución de la riqueza.

El documental es sumamente valioso para la comprensión del verdadero campo argentino y sus problemas. El campo profundo ignorado, ocultado, silenciado por los grandes medios de comunicación social. Las imágenes de los rostros de los niños que han vivido todo esto, junto a sus familias son impecables e implacables en el retrato de sus vivencias: no caben neutralidades.



Epilepsia y anarquismo
Carlos Penelas




Mi padre fue epiléptico. Según sus recuerdos, y los míos, a los cinco o seis años sufrió su primer ataque, en la aldea de su pueblo, Espenuca. Fue a raíz de un susto. Un hombre, demente o borracho, amenazó con matarlo. Mi padre nació el 7 de mayo de 1898. Se llamaba Manuel. Se hizo solo, todo lo logró solo. Tenacidad de hierro, trabajo, lectura. Y una envidiable capacidad intelectual. Me llamo Carlos Tomás Penelas Abad. Nací en estas tierras el 5 de julio de 1946. Me anotó el 9 para no hacer el servicio militar. No se casó por iglesia. Mi madre se llamaba María Manuela Abad y nació en Orense, el 31 de julio de 1899. Mi abuela materna era Adelaida Perdiz y la paterna Manuela Pérez. Mi abuelo paterno se llamaba Pedro y el materno, Tomás. De allí mi segundo nombre.

Morbus sacer, la enfermedad sagrada, el gran mal. El saber epiteptológico era menor en la Edad Media cristiana que en la época de Hipócrates. La enfermedad de los mil nombres: “innombrable calamidad”, “enfermedad lunar”, “azote de Christo”. Se los recluyó en cárceles, en manicomios, en leproserías. La enfermedad perseguida por la Biblia , por las religiones, por el poder de curanderos y médicos, por la ignorancia, por la sociología de la imbecilidad. En el medioevo se los solía quemar. Se sospechaba que Satanás se había introducido en el cuerpo. Una crisis de epilepsia era, para los ciudadanos de la antigua Roma, un mal augurio. La voz popular denominaba la enfermedad como mal comicial o comicialismo. Aun hoy la epilepsia esta marcada por el estigma de la historia. Se la oculta, se la intenta definir con otros nombres, es una enfermedad vergonzante. Crisis espontáneas y reiteradas. Mi padre tenía crisis generalizada tónico-clónica. Se le priva de oxigeno al cerebro; la mente en blanco. Por esa razón me hablaba de Sócrates, Petrarca, Julio César, Fedor Dostoievski, William Shakespeare, Napoleón Bonaparte, entre otros.

A los catorce años conoció a hombres que lo salvaron de la iniquidad, de la humillación, de la pobreza espiritual. Socialistas y anarquistas le hicieron ver la vida en otra dimensión. Le hablaron de solidaridad, de injusticia social, de hipocresía. Comenzó a leer a Arthur Shopenahuer, al príncipe Pierre Kropotkine, a Friedrich Nietzsche, a Émile Zola. Descubrió a Cervantes y a Pérez Galdós. A Calderón, a Beethoven, a Goya. Y sobre todo, la verdadera historia de Galicia: Manuel Curros Enríquez, Manuel Murguía, Eduardo Pondal, Alfonso R. Castelao… La dignidad, la libertad individualista, el decoro, lo acompañaron toda su vida. Una conducta, una mirada, una utopía íntima.

Las autoridades prohíben casi todo no tanto en nombre de la salud pública como de la moral social. Los actos de un hombre embriagado o de una prostituta y su cliente ponen en duda las reglas que quebrantan. Sus actos son un disturbio, no una crítica. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue herejías, no los crímenes del sistema. Se repite así actitudes de otros siglos: la lepra y la demencia también fueron vistas como encarnaciones del mal. No falta el temor supersticioso y ambivalente. Como el leproso de la Edad Media , el alucinado es víctima de un mal sagrado, sus palabras o gestos son revelaciones de otro mundo. Los persecutores de las enfermedades no son menos crédulos que los enfermos. Dickens nos ha dejado descripciones terribles de lo que fue la vida de la clase obrera en las grandes ciudades. Y cine del neorrealismo italiano o las novelas de Blasco Ibáñez. La sociedad de nuestros días ha terminado de vaciar de todo contenido a los ritos tradicionales y no ha logrado crear otros. El mundo eleva como valor supremo la eficacia. Y la tecnología, no la ciencia. Por un lado vemos el cristianismo evangélico, por otro sus deformaciones eclesiásticas e históricas. Lo mismo sucede con las ideologías redentoras, con el pensamiento de los teóricos del siglo XIX. Hoy, el delirio desplegó sus alas.

Era un hombre ejemplar, en el buen sentido de la palabra. Mi madre lo acompañó siempre, lo protegió. De niño me hizo ver el desvanecimiento de la ilusión de la divinidad y el descubrimiento de la realidad del hombre. Me hizo desconfiar de las instituciones bancarias y de las otras. El hombre es sus instintos, nuestra moral una codificación de la agresión y de la humillación. Hay un vidrio deformante que no nos deja ver al hombre tal cual es. (De niño me leía a Ramón de Campoamor y a Emilio Salgari.) Se genera en todo momento la ilusión de la finalidad, lo revolucionario o el cambio en libertad. Como señaló Octavio Paz en un artículo publicado en la década del 60: “¿Quién juzga sobre la legitimidad del terror: las víctimas o los teólogos del poder?” Desde siempre se niega a distinguir entre medios y fines; unos y otros corresponden a situaciones históricas determinadas. Los medios son fines y éstos aquellos. La solución siempre es dudosa cuando proviene del socialismo burocrático o estatal. De la “economía mixta” mejor no hablemos. Hay un diálogo de máscaras, un doble monólogo del ofensor y del ofendido.

Desde las lecturas de Pierre-Joseph Proudhon y los clásicos del Siglo de Oro Español formó una familia, nos ofrendó una biblioteca y una conducta. Nos hizo entender el profundo significado del estudio, de la ética, del compromiso. Una manera de contemplar, una coherencia interior, una conciencia de la soledad. No una negación de la vida sino una exaltación de sus virtudes. La pasión y la negación del mundo abyecto que nos rodea. Nos enseñó, además, que tradición no es continuidad sino ruptura. Espontaneidad y reflexión. Y algo más, lo que en español llamamos temple: arrojo, dureza, flexibilidad, ternura. Revelar lo que somos para el otro, por el otro. La moral de la responsabilidad personal en una sociedad corrupta.




Amigo
Raquel Cuello (Uruguay)

Amigo que no te importe,
cuantas veces te quedaste sin amigos,
de cuantos sin irse partieron.
Que no te importe
la evolución de los tiempos,
ni los manifiestos.
Especular es fácil.
perdurar perdonando es ingrato,
pero te salva.
Que no te importe si se rieron
de tus sueños,
de tus versos,
sabrás que son válidos.
Muchos embriones,
no llegaran a las suelas de tus zapatos,
pero habrá otros que serán gigantes,
que tal vez tú no veras,
si no levantas tu vista,
para zarandear de sus bolsillos
como un niño.
Agasaja el momento,
en que una mano,
te alcanza una copa de vino,
en que una piel incorpora,
te desgasta tu traje transitorio.
Que no te importe,
del hombre su proeza insana-
Impórtate tú,
raza nueva - vieja
deshilacha los designios mediáticos
sin hacerte daño.
que el gigante es un picaflor
que se baña con tu riego
es acomodarse en una pieza inundada de libros
con una mujer que te escribe estos versos tibios.




LEMON CHELO / “PAC BUS” / Matías Arese




No es suficiente
Ana Paulinelli

Tienen un lugar preciso en donde permanecen
un lugar dentro de otro lugar dentro de otro lugar
otros han sido esparcidos por el aire,
por la tierra
pero no es suficiente.

vienen a nosotros
se meten en nuestras conversaciones
aparecen en nuestros sueños
ni hablar de ese perfume
o una música
que los trae vía directa
y así vamos
jugando con las malas pasadas
de las ausencias
a veces nos negamos
a veces nos rebelamos
no queremos
pero
aparecen

¿Cuándo terminan de morirse los muertos?

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