lunes, abril 07, 2008

Boletín Literario nº 83 / Abril 2008



Fotografía:"A volar..."

Los hindúes / Jorge Luis Carranza
Que lástima país / Guido Guidi
Una cosa trae la otra / Liliana Chavez
Mapa del corazón / Alfredo Lemon
Pide al tiempo que vuelva / Pablo Carrera
Un otro lado del deseo / John Berger
La novela de Malvinas / Arde aún sobre los años
HUmOr / Lemon Chelo / El amor a nuestros hijos
Borges / Maximiliano César Casalino



Los hindúes
Jorge Luis Carranza



Dicen los hindúes
que somos un sueño
de quien a su vez
es soñado por alguien.

Dicen los hindúes
que remontando la cadena de sueños
se arriba hasta aquel
que sueña incesantemente
fuera del tiempo.

Dicen que además
hay sueños que vienen anudados
desde siempre.

Sueños de sueños
que a su vez,
prohijan sueños.

Dicen los hindúes
que estas palabras
navegan dentro de un sueño;
que cada letra,
cada sílaba,
son sueño a su vez.

No importa.
A mí me hacen bien
y me sostienen.

Digan lo que digan
tan bella y sabiamente
los hindúes.


Boletín Literario Basta Ya! // nº 83 // Abril de 2008 // Córdoba
Revista Cultural
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chávez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, Alfredo Lemon, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro (corresponsal en Mendoza)
Colaboran en este número: Guido Guidi, Ana Paulinelli, Maximiliano César Casalino
Dibujos de: Matías Arese
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com.
Suscripciones: email: eduardoplanas2001@hotmail.com
“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar



Que lástima país...




que lástima tantos bosques perdidos, tanto monte moribundo
que lástima tantos ríos subterráneos sangrando
que lástima país tus mariposas ausentes para siempre
asfixiadas con los agrotóxicos del cáncer

y que horror
que obsceno horror el hambre de millones de tus hijos
mientras unos pocos exprimen hasta el agotamiento nuestra tierra
para tomarse el jugo en copas de oro

Que lástima país de tantas buenas intenciones
tus treinta mil hijos todavía pidiendo justicia
y la ceguera de tus acomodados intelectuales

Que lástima país de green-peace
tan parecida a la paz de los cementerios modernos
Que lástima el éxodo campesino hacia la última frontera de la miseria
antes de la muerte

Aquí están los ejemplos
del lacayo del obispo disfrazado de paladín de la justicia
del candidato de la corrupción con su cuenta gordita en Suiza
pidiendo 'justicia'
de los charlatanes del progresismo
defendiendo el lucro incesante y el feudalismo anacrónico
aquí están todos
porque no se toca a la sociedad rural
(si, la misma que aplaudió entusiasta los golpes de estado)
porque no se toca el poder de ideas monocultivadas del imperio



que lástima país
tanta miseria en el alma de los miserables enriquecidos a costa de tus
heridas
enriquecidos con tierra robada a los pobladores originarios
inflados de patriótico orgullo de hacer flamear la muerte en la tapa de los
diarios

cómo necesitamos ahora de otros colores en tu tierra
porque este verde es desierto
cómo necesitamos la colorida paz de los pájaros que emigraron
porque la soja mató los árboles
cómo necesitamos país
de aquellas 30 mil mariposas
para defender ahora sin demora el futuro
el mejor alimento
de los que tienen alma



Guido Guidi
de Arte y Parte
guido_guidi@arnet.com.ar








Una cosa trae la otra II Parte
Por Liliana Chavez



Y vuelvo a la filatelia. Les había prometido una segunda parte porque los datos resultan más que interesantes e instructivos. Las estampillas llevan impresas efigies de reyes, presidentes, hablan de la flora, la fauna, el paisaje geográfico del mundo. Nos ilustran con cuadros de pintores reconocidos, músicos, personajes de todas las épocas. Nos muestran las viviendas de cada país, los trajes típicos de su gente y hasta encontré, para dar un ejemplo de diversidad, una de Canadá que instruye sobre los procedimientos usados por indígenas para extender y secar las pieles.

Me sorprendí al saber que fue la provincia de Corrientes, la primera en imprimir y usar su estampilla de correos, un 21 de agosto de 1856. Estaba impresa en negro sobre papel llamado “de barrilete” gris azulado. En 1855 la provincia de Buenos Aires intentó la reforma postal y la implementación del sello. Pero recién se llevó a cabo en 1856, fue conocido como “gauchito” y representaba el correo a caballo, por entonces ni siquiera se pensaba en la revolución que este hecho significaría en el futuro para la administración de correos. En 1858 se emitió y circuló el conocido “barquito” y en 1860 el nuevo sello ostentaba un perfil femenino con el “gorro frigio”, denominada “cabecita”. El 24 de febrero de 1858 la Confederación Argentina emitía su estampilla con el escudo de armas nacionales, sustituida luego de Pavón por otra de impresión muy semejante, el “escudito”. El 1º de enero de 1863, con firma de Mitre y Rawson, un decreto señala, como emblema del timbre postal, la efigie de Bernardino Rivadavia.
Entre 1858 y 1958 hubo 415 emisiones.
Entre las más famosas colecciones de estampillas se destacan las pertenecientes a Felipe la Renotieri von Ferrari, que reunió los sellos más valiosos del mundo; Arturo Hinds, llamado “el Ferrari de América”; Jorge V de Inglaterra; el rey Fuad de Egipto y su hijo Faruk y Porfirio Diaz, el gobernante mexicano que no se conformó con la simple posesión, sino que hacía firmar los sellos por los presidentes de las repúblicas emisoras. Ese hecho por sí solo, habla del temperamento de Díaz.

Hablar de estampillas nos lleva, de manera ineludible hacia la carta, instrumento de comunicación que se recibía con ansiedad, con alegría, aunque en algunos casos pudiera ser portadora de malas noticias. Con solo ver la letra en el sobre podíamos adivinar de dónde y de quién provenía.
Yo no tenía más de catorce años y ya, con avidez, marcaba en las revistas que leía mi madre, el Correo de Amigos, donde personas de diferentes lugares buscaban intercambiar correspondencia, estampillas, postales. Un hobby que conservé durante años y que ahora, al hablar de esto, pienso que aquello fue determinante en mi inclinación por las letras.
Soy además, una convencida de que la vida no deja nunca de tejer su trama, aunque nosotros la creamos deshilachada, rota, perdida. Estos días estuve en un sanatorio del interior por un problema familiar y allí, me enteré, por casualidad, que estaba internado y grave, el cartero de mi pueblo. El único que conocí. El que pasaba en bicicleta, el que sabía las direcciones de memoria y quien vivía y dejaba de vivir en cada casa. El que me gritaba en medio de la calle, “Liliana, dejé seis cartas en tu casa” y solía preguntarme casi con descaro – ¿Qué pasa, no te escribe más la misionera?
Pude, pero no quise, preguntar por su estado de salud, preferí recordarlo repartiendo cartas con aquel bolsón azul.



En el Nº. 69 de Basta ya! hablé –con sumo agrado - de Cartas de Amor . Por eso, en esta ocasión, elegí pedirle a dos encantadores y maduros señores, narradores ellos, que opinaran brevemente sobre lo que significaba en otros tiempos recibir una carta manuscrita.
“Tus esquelas, escritas a mano y con ese color de tinta tan particular, son para mí como revivir una atmósfera inolvidable que el paso del tiempo procura disipar, oscurecer, borrar. Tus cartas me reintegran al terruño, menguan la soledad y la lejanía, devuelven sensaciones perdidas, dolorosamente extraviadas en estos años de exilio. Impresiones que restañan las heridas, a pesar de la nostalgia que no cesa y clava como un ariete en la memoria, en el tiempo pasado, en las calles y rincones donde retozó mi infancia y transcurrió el resto de mi vida… Donde dejé amigos, lugares, evocaciones.
Tus palabras son un milagro a pluma y papel. Y esas estampillas… pequeñas postales de mi ayer.”
Texto de Andrés Aldao desde Israel.




Elisa me escribía dos veces por semana, yo le contestaba tres. Era tanto lo que había que decir.
Esperaba al cartero en la puerta de la calle. Pasaba a las nueve de la mañana, a veces se atrasaba. Era chistoso, para vos nada – decía – y seguía; a los pocos metros se daba vuelta y me mostraba el sobre. Yo pegaba un salto, el alma me volvía al cuerpo.
Me iba con la carta al altillo, era lectura de intimidad. Un sobre blanco, común, tres estampillas, con un sello que decía “Expreso”. Llegaban más rápido y no se perdían. A decir verdad, en esa época no se perdía ninguna carta.
Primero me embelesaba ver mi nombre escrito con esa letra menuda, acostada hacia la derecha, segura, sin claudicaciones. Después la acercaba a la nariz; el aroma del perfume de su piel impregnaba el sobre hasta el éxtasis.
Lo abría con un cuchillo, el ángulo lo recortaba con una tijera, para Pelusa, que coleccionaba estampillas.
Con los dedos temblosos sacaba las hojas, una, dos, tres, era tanto lo que había que decir.”
Texto de Nyls Volmaro desde Berrotarán.

Y para finalizar, un poema de María Teresa Andruetto de su libro Kodak.

Carta




En la feria, cuando elegía alcauciles
(estaban algo oscuros), un muchacho
que no tenía más de trece años (lo vi
correr, por La Cañada, hacia El Pocito),
me arrancó la cartera (quedaron
las tiras colgando).

¿Tenía dinero, señora?

Nadie preguntó por tu carta
(yo la llevaba conmigo,
tu última carta,
doblada en cuatro).

Era sólo un papel y ese muchacho
lo habrá tirado al agua.


Mapa del corazón
Alfredo Lemon



Un hombre besa a una mujer
después de haber llorado.

Se apagaron los ojos de los sabios
y no pude preguntarles
si acaso alguna pauta, algún secreto
daría sentido a la existencia.

Abrí los libros y cerré la vida.
Cerré los libros y abrí la vida.

Quedé tan desamparado como el mundo.

Cada vez más lejos de la verdad.
Cada vez más lejos de un refugio.



LINK RECOMENDADO




Voy a dejarles esta inquietud para que visiten, se empapen con semejante colección y talento.
La web en cuestión lleva esta dirección:
http://www.apoloybaco.com
Y es una redención al buen gusto, dedicación y pasión de su hacedor.
Contiene los mejores discos, reseñas, glosario por época, biografías , y buenas fotos.
Sobre todo está hecha con mucho amor.
Visítenla, no se van a arrepentir.
Contenido en español.

Crim Báez // www.negrodiamante.vox.com





Pide al tiempo que vuelva
Pablo Carrera

¿Se acuerdan de la peli? Se cansaron de darla por cable. La obra se llamaba en realidad "Somewhere in time", era de un tal Jeannot Swarc y se trataba de un tipo (Christopher Reeves, paz descanse el difunto Superman) al que se le aparecía una vieja que le decía "Volvé". Este, curioso como era, averiguó y llegó a que la veterana, de pendex era la diosa de la Jane Seymour (qué habrá sido de la chica esta?? después de la Dra. Queen como que no se la volvió a ver), y él se vestía con un traje de época, se metía a un cuarto y pegaba un viaje sin fármacos a lo Graña que lo hacía aparecer por el 1900. Me enteré por ahí que la peli fue un fracaso a nivel críticas (y si, no daba ni para el festival de Tulumba), pero en la tele se convitió en film de culto (debe ser de tanta repetición) y hasta se generó un club de fans que se junta todos los años en el hotel donde se hizo. Da para todo esto. Lo mejor que tenía era la musica, una rapsodia de Rachmaninoff sobre un tema de Paganini que hacía emocionar al más duro.
Bue, el domingo hice la gran Reeves, no me tome nada y apunté proa al fondo de la Núñez, recalando en Pirola. Ahí seguro que se largaron un "¡Pirola!" los que tienen más de 30. Y si, porque no iba desde chiquito. Era, junto al Rancho Grande, Bettini y La puerta del Sol, uno de LOS restaurantes de Córdoba. No había muchos ahora que me doy cuenta, no?
Yo la verdad, no me acordaba del local en sí. Lo que sí noto es que se ha expandido en un aquelarre arquitectónico que recuerda también la casa de los Trueba descripta por Isabel Allende en "La casa de los espíritus". Han ido agrandando a medida que los comensales aumentaban, quedando la galería creo como una reliquia del pasado. Grande el local.
Se dan abasto para alimentar el centenar de bocas presentes (y afuera había gente a montones esperando) y para atender bien
La deco la suprimimos. No hay directamente. Demasiado con las ampliaciones.
Las mesas vienen protegidas por un plástico sobre el mantel a cuadritos que permite mantenerlo durante más de un turno. Total se cambia el blanco que ponen encima.
La carta es clásica a rabiar. Nada de nombres exóticos ni platos rimbombantes. Es lo que hay y pida que no lo vamos a defraudar (oops, se me escapo, fue sin querer)
Lo mejor? Las pastas, sin lugar a dudas.
Para esperar, desde el quesito roquefort con manteca para huntar hasta lengua a la vinagreta o matambre, pasando por las tablas de fiambres y quesos.
Hay carnes, pescados y pollos, a las clásicas usansas: champignon, vino blanco, horno, maryland, etc., etc., etc. Yo me fui para el lado de lo complicado y me jugué por un pollito al vino grisset, que venía a ser una demi glasse con arvejas y papas noisette. Rica la salsita, muy bien hecho el pollo.
Los postres más clásicos aún, flan (tenía un dejo a hierbas, no se porqué), tiramisú, helados y varias cosas en almíbar.
La carta de vinos justa, nada que sorprenda, los precios, muy acomodados.
Para volver sin miedo y sin muchas expectativas. Es el lugar tradicional, clásico, donde sabés que vas a comer bien y nada más que eso, sin gastar mucha plata y si, a aturdirte un poco con el griterío de niños y la charla de los demás comensales (detalle pasado por alto al expandir el inmueble)
Faltaba de fondo la musiquita de Rachmaninoff, pero con tanto ruido, quien podría apreciarla???
Restaurant Pirola // Av. Rafael Núñez 6433 // Argüello TE.: 03543 420221



Un otro lado del deseo
John Berger



' ...Cuando es recíproco, el deseo es una trama urdida por dos, y enfrenta o desafía todas las otras tramas que determinan el mundo. Es una conspiración de a dos.
El propósito es ofrecerle al otro un respiro que aplace el dolor del mundo. No la felicidad (¡!), pero sí un respiro que alivie al cuerpo del riesgo enorme de sufrir dolor.
En todo deseo hay compasión y hay apetito; ambos, no importa su proporción relativa, se entretejen. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera seres sin heridas en este mundo vivirían sin deseos.
Entonces, esta conspiración intenta crear, juntos, un lugar, un locus, de exención, necesariamente momentáneo, que nos libre de las lastimaduras sin sosiego de la cual la carne es heredera'.

Colaboración de Ana Paulinelli


La novela de Malvinas / Arde aún sobre los años

a href="http://3.bp.blogspot.com/_LFlWe-HNSIo/R_q4Tmow4-I/AAAAAAAAAzg/e4y1EZAnq1E/s1600-h/arde.jpg">


En el mes de mayo de 2007 Ediciones Recovecos reeditó la novela del escritor cordobés Fernando López Arde aún sobre los años. La misma cuenta con sendos prólogos de Francisco Romero: “Malvinas, ese agujero negro de nuestra memoria” y “Sujeto / Experiencia / Relato / Violencia” de Carlos Gazzera.
Ensayos sobre el conflicto hay más de cien, pero pocas novelas. Los Pichiciegos de Roberto Fogwill, Las islas de Carlos Gamerro, y la de López son las únicas que recuerdo.
El libro de López, que pareciera haber sido “ninguneado por las grandes editoriales,” –según dichos de autor- es uno de los más interesantes. No solo por la época en que fue escrito, sino también por la particularidad de su narrativa. En primer lugar Arde aún sobre los años, es este tipo de novelas en donde el proceso narrativo se centra en la formación de una conciencia subjetiva por parte del protagonista. Esta formación de la conciencia subjetiva se basa en la experiencia. La lectura de la novela de Fernando López se vuelve permeable a interpretaciones políticas y culturales muy significativas. Porque – como dice Gazzera en su prólogo: ”Como novela de iniciación metaforiza el pasaje de reconocimiento (o de anagnórisis) del personaje a toda una comunidad.” Ese proceso se sustenta en el reconocimiento de que la sociedad está atravesada por la violencia. Es esa violencia que puede sentirse por todos lados, en calle, en el trato con los adultos, en los rollos de película que no vuelven. Incluso, la violencia psíquica que el Moro- el protagonista- va desgranando en las cartas a sus amigos, hasta la desfiguración de su identidad.

Arde aún sobre los años dice cosas que están fuera de cierta legibilidad de la literatura argentina sobre el tema. Demuestra que en nuestro país las últimas generaciones han vivido y viven con el estigma de la derrota. La violencia política sobre la que se ha construido una nación. Esa que se mimetiza con los adolescentes de San Tito que querían filmar una película de guerra.

La derrota de Malvinas que se escenifica en la novela evita la morbosidad, el golpe bajo, lo explícito que requieren las lógicas televisivas de nuestro presente. Arde aún sobre los años fue casi siempre ilegible para los argentinos. Lo fue para los de aquella época y por eso se trajo un Premio Casa de las Américas en 1985. ¿Por qué asombrarnos entonces?.¿No fueron, por cierto, los alemanes los primeros en traducirla? ¿Qué pudieron leer los alemanes en esa historia? ¿Algo que los remontaba a su propia experiencia? No debe, entonces, sorprendernos que ese hiato, esa fisura del sujeto que tan bien ha sido detectada por López pueda leerse como tanta literatura que tenía como premisa seguir escribiendo después del Holocausto argentino. La memoria no debe conformarse en un “nunca más”. Debe decirse con certeza que “no habrá un más allá” como el del horror de nuestra dictadura. Nuestra dictadura debe volverse esa instancia apelativa por la cual no sea nuestro pobre individualismo de argentinos el que se horrorice. La dictadura argentina de 1976/1983 debe conmover a toda la subjetividad humana. Sin ese proyecto, nada ni nadie nunca nos garantizará “no volver al 76”.

Arde aún sobre los años es la continuidad de lo que no nos animamos a ver ni a leer en nuestro presente. Luego de veintidós años de su primera y única edición en Argentina sigue siendo la primera novela argentina que supo reconocer en Malvinas la continuidad del genocidio.




HUmOr // Lemon Chelo / El amor a nuestros hijos





Borges
Maximiliano César Casalino




Te escribieron en la noche seiscientas
treinta y dos de Scherezade,
donde se describe un sueño.
Allí se dice que escribes,
que habrá en tu sueño un lector
que soñando te despierte.

No hay comentarios.: