martes, abril 22, 2008

Boletín Literario Basta ya! / nº 84 / Abril 2008


Miguel Angel Bustos, el poeta olvidado

Boletín Literario
Basta ya!
Año 3 / nº 84
21 de Abril de 2008 /
Córdoba / Argentina

TIEMPO / MEMORIA



Podría
Jorge Luis Carranza




Podría decirse por ejemplo
que hoy de tan llena,
duele la luna.

Que su linterna enorme
se adueñó del cielo.

Que se ha repartido
en las olitas del río
y pintó un callejón de luz
entre las casas.

Podría decirse también
que como una cascada
se desparramó serena sobre la sierra.

Podría decirse eso
y mucho más
sobre la ancha y vasta belleza
del mundo y del cielo.

Pero solo cuenta
esta sencilla emoción
a que la que hoy
se le cayeron unas palabras.


Una cosa trae la otra
Por Liliana Chavez

De tiempo y relojes



Abandoné por un momento el libro sobre la falda. Quedé mirando el reloj colgado en la pared blanca de la sala de espera. Viene a mi mente Montaigne. No existe el presente- decía - Lo que llamamos presente no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado. Tal vez sea así. La vida se escabulle en ese girar de punteros, manecilla de horas errantes.

De pronto me encuentro pensando en el tío Meraldo, hace poco cumplió los ochenta, ve poco, describe una nube blanca encintando los objetos. Se ha vuelto nostálgico, una y otra vez enseña las herramientas hechas por sus propias manos, habla de los hermanos, se lamenta por no tener ningún recuerdo de su padre. El viejo – cuenta - tenía un reloj de bolsillo, nada menos que un Longines, un gran prix Paris 1900, en plata, de tres tapas, con numeración romana y cuadrante de porcelana, sus iniciales grabadas. ¿Dónde habrá ido a parar? –se pregunta. Lo escucho, no digo nada en ese momento pero el comentario me lleva a buscar en una caja, arriba, en el placard. No estaba equivocada, había varios relojes de bolsillos pero todos desarmados; ninguno recuperable, según el relojero. Entonces le pedí que armara uno, quería llevarle en su cumpleaños ese reloj de su padre tan deseado. Fue necesario buscar fornituras similares y tratar que, al menos la tapa superior, fuese como él la recordaba. Quedó fantástico, aunque la rueda de escape no fuera la que correspondía y tampoco la corona. Poco importaba si funcionaba.

El tío agradeció el primero de los regalos. Viejo, –dijo la tía Graciela- son pañuelos, y el sonrío. Sabía que yo lo charlaba por usar cualquier trapo para limpiarse la nariz. Luego me senté a su lado y le entregué el envoltorio de terciopelo. Extrajo el objeto y el longines brilló en su mano opaca. Las yemas de sus dedos recorrieron el contorno, siguió el curso de las iniciales grabadas en la tapa, hizo lo mismo una y otra vez. Finalmente, después de minutos que parecieron eternos, con cinco palabras descongeló el aire: el reloj … de mi padre.
Intuí que pese al esfuerzo, supo que aquel reloj no era el grabado en su memoria. Pero igual tomó mi mano y lloró.



El libro cae de mi falda, boca abajo, abierto en la página 29. Hace volar mis pensamientos como pájaros. Es increíble como todo se concatena, una cosa trae la otra. Ni siquiera sé porqué llevé a Cortázar para leer. Y sin embargo, allí estaba el genio con su Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj. “Piensa en esto: -dice Cortázar- cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y paseará contigo. Te regalan – no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Y no puedo dejar de leer la página siguiente: Las instrucciones para dar cuerda al reloj.

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa


Y me quedo pensando, en esa necesidad imperiosa del hombre, por medirlo todo. Imagino los babilonios, los egipcios, los chinos y los hindúes y su reloj de agua. Imagino aquel otro de flujo, la arena que cae de un compartimiento superior a uno inferior a través de un estrecho cuello hasta que completado el proceso, debe invertirse y recomenzar. Imagino los antiguos obeliscos egipcios, pilares cuyas sombras se desplazaban a medida que transcurría el día y marcaba las horas entre el amanecer y la caída del sol. Comento – para quienes no sepan – que nuestra ciudad cuenta con cuatro relojes de sol, piezas de uso cotidiano en el período colonial, y que tienen su origen en la urbe romana hacia el año 293 a.c. Uno se encuentra en el patio de la Iglesia Catedral, otro en el Museo de San Alberto, el tercero en el Museo Marqués de Sobremonte y el cuarto en el Oratorio del Obispo Mercadillo, realizado en piedra sapo, material que se caracteriza por su porosidad de color verde, extraído de las serranías cordobesas. Este valioso componente del patrimonio cultural, después de años de desidia, volvió a funcionar y su restauración se debe a Francisco Ríos, un escultor trasandino, egresado de la Universidad Finisterrae de Santiago de Chile.

Cuando pasen por Rosario de Santa Fe 39, tómense unos minutos para descubrirlo, total, a decir de Virgilio: Fugit irreparable tempus / “el tiempo huye para no volver”.


Dossier: Miguel Ángel Bustos / El poeta y el silencio
Gabriela Bruch





'...escribo para que me sea dado el Silencio'.
M. A. Bustos

Si tomamos del diccionario, la definición de la palabra silencio, veremos que nos encontramos con varias acepciones: abstención de hablar, falta de ruido, pausa.
Abstención de hablar debido a una muerte no buscada, pausa entre esa voz que muere y esa voz que vive, para siempre, en y desde la poesía.

También está el silencio que el hombre busca para hallarse a sí mismo, desde los múltiples laberintos de la palabra.
Miguel Ángel Bustos quiso ser acallado por la última dictadura militar argentina, cuando lo desaparece en el año 1976, cosa que en parte, se ha conseguido. Resulta muy difícil hallar material bibliográfico sobre él, no se encuentran sus obras en las bibliotecas populares.

De todos modos, gracias a la tarea de su amigo Alberto Szpunberg, podemos volver a escuchar su voz poética en este mundo devastado por la barbarie.
Szpunberg realizó una antología con poemas éditos e inéditos de este autor, 'Despedida de los ángeles', editada por Libros de Tierra Firme en Buenos Aires, en el año 1998. Esta antología comprende poesía inédita escrita entre los años 1959 y 1962, el libro 'Cuatro murales' que data del año 1957, 'Corazón de piel afuera' escrito en 1959, 'Fragmentos fantásticos' del año 1965, 'Visión de los hijos del mal', del año 1967 y por último 'El Himalaya o la moral de los pájaros', escrito y publicado en 1970.

De la reseña biobibliográfica realizada por su hijo Emiliano, podemos extraer que Miguel Ángel Bustos nace en Buenos Aires en 1932, siendo el primero de cuatro hermanos. Es su abuelo materno quien lo aproxima a los libros y a la poesía.

En el año 1951 termina sus estudios secundarios entre los años 52 y 56 desarrolla su pasión por los idiomas. Estudia inglés, francés, portugués e italiano. También cursa la carrera de Filosofía y Letras hasta tercer año.
En el año 1957, publica su primer libro 'Cuatro murales'.
Entre los años 1960 y 1963 realiza un extenso viaje por el norte de Argentina y también por Brasil, Bolivia y Perú.
En 1964 regresa a Buenos Aires, tiene un fugaz casamiento y luego una internación de casi un año en el Hospital Neuropsiquiátrico 'José T. Borda'. Allí conoce a otro gran poeta argentino: Jacobo Fijman.
En los años 66 y 67, el dibujo comienza a ocupar un espacio tan importante como el de la poesía, tanto que cuatro de sus libros están ilustrados por él.
Conoce a Leopoldo Marechal a quien llama su maestro. Es Marechal quien prologa en 1967, 'Visión de los hijos del mal'. Ese mismo año conoce a una artista plástica, Alba, quién será su mujer.
En 1970 publica su libro 'El Himalaya...' con dinero obtenido de una beca otorgada por el Fondo Nacional de las Artes. Luego se dedica a la crítica literaria, trabaja para diarios y revistas de actualidad.
En el año 1972, nace Emiliano, su único hijo, quién ilustra la tapa de 'Despedida de los ángeles', con su obra 'hombre con pájaro en la cabeza'.
También da clases en la Facultad de Filosofía y Letras y estudia rumano, siguiendo con su pasión por los idiomas.
En 1976, uno de los años más oscuros de la historia argentina, un grupo paramilitar lo secuestra de su propia casa y Miguel Ángel pasa a engrosar la tristemente célebre lista de 30.000 desaparecidos.

En sus poemas podemos escuchar esta voz que perdura a través del tiempo, el olvido y la muerte.




Palabra aún no usada

No he usado
muchas flores
palabras
como encía pelvis
planta rampa luminal.

que no necesité
no comí
no me calenté con ellas.
Pero
si llevara
la palabra mierda
junto a un cuerpo sangriento
sola
sin saber
sería triste
humana
hasta dónde más
(Poesía inédita, 1960.)

Sueño quebrado

Sueño quebrado
levántate y anda
Marcha de mi frente
abre mi tierra.
Levanta
ruda muralla de niños
al dólar de fuego y zarpa de balas.
Vuelve
joven enamorado del agua
al mordido corazón rebelde,
abraza y besa prieto hasta la llama
pedernal de lágrimas,
mi corazón
clavado a pico de sangre
en las vigilias desnudas de mi cuerpo.
(de Corazón de piel afuera, 1956)
Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace.
(de Visión de los hijos del mal,1967)

Monte silencio del Verbo
'... Ah, día de los días, patria salvaje, inocente eternidad. Cielo de quietud, bello abismo: mañana del Verbo. Fui en aquel sin tiempo, un perpetuo amanecer y pasé la celeste muralla; región de banderas y soles llevados por dioses; crucé su puente en llamas, encarnación de las niñas, dejé la mañana y entré en la Noche del Verbo'.
(de El Himalaya o la moral de los pájaros, 1970)

'Ni el crimen más alevoso ni quienes lo han bendecido con el indulto o el mísero olvido o la posmodernidad más frívola, conseguirán detenerlo'. Alberto Szpunberg.

Vaya para Miguel Ángel, este humilde homenaje.
Gabriela Bruch




Canción del niño y el caracol
Miguel Angel Bustos



Sol
por aquí
baja,
caracol
caracol de mi corazón.

Vuelve
sube
manito
por el aire,
dedito
suave
a mi frente,
caracol
caracol de mi corazón.


Perdura(rá) su palabra. El Verbo

“Volveré a escribir estas cosas dentro
de un millón de años, en un planeta lejano
de otro cielo. Sentado en mi
pobre cuerpo.”



El cielo puede esperar
Pablo Carrera



No me refiero a Attaque 77, sino a la peli, obviamente. Existen dos versiones. Una prehistórica en blanco y negro y una mas modernosa, del 77 (y dale con el número, habría que jugarlo), con Warren Beatty y Julie Christie. Un deportista muere antes de tiempo y regresa a este mundo en el cuerpo de un millonario asesinado, como para hacer lo que le quedaba pendiente. En ese interín se enamora de la chica de la película, debiendo lidiar con su esposa y el amante de ésta, los asesinos del millonario, que no entienden qué salió mal.
Bue, el título debe ser la frase que muchos de los contertulios del local a reseñar pronuncian cuando llegan al Restaurant Mediterráneo. ¿Que dónde queda eso? ¡en Alta Córdoba pues! al frente de la estación de trenes (seguimos hablando de difuntos)
Es el restaurant del Hotel Yolanda. Aaaaaaaaaaaaaahhhh dirán varios. Y si, no voy a negarlo, para mi siempre fue "vamos a comer al Yolanda". Hacía mucho que no iba y fui. La edad promedio de los comensales ronda los taintantísimos años. Juro mano en Biblia que había dos mesas con menores de 40. El resto, para la posteridad.
Si podemos sobrellevar una comida en la sucursal del San Camilo, vamos por la reseña. Vale la pena.
El salón ocupa la planta baja del hotel, mucha madera por todos lados, en una ambientación que tiene un dejo inglesa. Cuadros de Cerrito en las paredes, alacenas con vidrios repartidos y espejos.
La atención buena, nada del otro mundo, vamos a la carta.
Arrancan con las sugerencias del cheff, que van desde brochettes hasta cabrito en determinados días. Hay entradas, carnes, pollos, pescados y pastas, acomodados por rubros.
Recomiendo las rabas, como para arranque (están como plato pero pueden ser un entrante tranquilamente, como para compartir).
Las pastas son exquisitas. Las salsas como hechas en casa (la bolognesa, imperdible)
La lista de pescados es interesante, con lenguados, truchas y salmones que vienen bien presentados y están excelentemente preparados.
En materia aves, el pollo al champignon es un lujo: viene acompañado con unas papas a la española que algún contacto con el ajo tuvieron. También está interesante, aunque un poco fuerte, la versión cacharel del plumífero: viene cortado en dados, con un mostito de aceitunas de los dos colores, panceta y ajo, todo salteado en aceite de oliva (no sé porqué el nombre de la marca de ropa, pero así figura).
Los postres son los tradicionales, el flan rico, la ensalada de frutas natural.
La carta de vinos es escueta y acomodada: lo más caro un Terrazas que anda por los $ 70 si mal no recuerdo.
Se puede estacionar fácilmente, la música no aturde y la estadía transcurre plácidamente.
La verdad es medio geriátrico. Pero se come bien.
Cuando salís, ver los restos de la emblemática estación tapiados y abandonados, deprimen un poco. Del Castelar el recuerdo, igual que del Astral que sólo conserva la fachada con el nombre. Habría que resucitar un poco esa zona. Darle otra oportunidad, como al personaje de Beatty en la película, ¿no?

Restaurant Mediterráneo
Hotel Yolanda
Jerónimo L. de Cabrera 285
Alta Córdoba
TE 4712873
www.hotelyolanda.com.ar



LEMON CHELO





Boletín Literario Basta Ya! // nº 84 // 21 de Abril de 2008 // Córdoba
Revista Cultural
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chávez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, Alfredo Lemon, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro (corresponsal en Mendoza)
Colaboran en este número: Gabriela Bruch, Miguel Vera, Ethel Aghemo
Dibujos de Lemon Chelo : Matías Arese
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com.
Suscripciones: email: eduardoplanas2001@hotmail.com

“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar



“Existe un bar en La Habana, Cuba, al final de un callejón sin salida que posee un espejo en una esquina del recinto en donde dicen que si te observas pierdes la memoria.
Muchos han forzado la leyenda creyéndose más, olvidando hasta el grado de ebriedad. Sin embargo, cuentan, que un hombre, sin nada que perder, ingresó con ímpetu dejando la puerta abierta de par en par, esquivó la barra y sin más se detuvo frente al espejo. El bar hizo silencio a tal espectáculo. El hombre dió vuelta, miró sin mirar y se marchó. Al salir alcanzaron a ver que cubría su cabeza con una boina.
Desde ese entonces, cuentan, que el espejo le dice a todo aquél que se atreva a mirarse su propósito en la vida.
Muchos afirman que el espejo fue incapaz de borrar tanta seguridad.
Al día de hoy, varios, viajan a La Habana en busca del espejo; otros, en cambio siguen al hombre.”


Martín Acosta

Primicia del Basta ya!

Les presentamos la tapa del nuevo CD de Alejandro Filio “Pionero de guerra”. El trovador mexicano vendrá a Argentina y lo presentará en Rosario y Buenos Aires en Junio del corriente año. Según fuentes fidedignas, serán de la partida también el cantautor cubano Silvio Rodríguez y los españoles Luis Eduardo Aute e Ismael Serrano.
Mayor Información: www.alejandrofiliodiarioderuta.blogspot.com








DE SOLES Y DE LUNAS
Ethel Aghemo




Hay un mundo al revés, como dice la canción que les cantaba de niños.
Y ustedes lo saben y van a buscarlo.
Tratamos de darles soles de todos los colores y estrellas cercanas y dibujos raros. No pudimos bajarles la fortuna, tampoco bolsillos llenos ni camino fácil. Incontables tardes de tortas y mates, libros de poemas y comidas con discusiones interminables sobre la última guerra que nos duele a todos, pasando por el penal no le cobraron a talleres y terminando en quién tiene que lavar los platos.
Los ladrillos vistos, los cuadros colgados torcidos, el “no vengan tarde” que nunca obedecían y la felicidad de abrir todas las mañanas las puertas y verlos durmiendo como cuando tenían meses de vida.
Las fotos acumuladas año tras año, la música que nos gusta y que se va con ustedes…
De golpe quiero poder abrazarlos interminablemente, fundirlos de nuevo en mi cuerpo y darles mi corazón y mi aliento. No se van solos. Siempre estamos con ustedes.

Hay un mundo al revés y les pertenece.

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