jueves, abril 24, 2008

Boletín Literario Nº 85 / Mayo 2008




Boletín Literario
Basta ya!
Año 3 / nº 85
Mayo 2008

Córdoba / Argentina





SUMARIO


De pesca / Jorge Luis Carranza
Celebración / Alfredo Lemon
Belleza / Ana Paulinelli
Una cosa trae la otra / Liliana Chaves
Hermano, Paco Urondo / Beatriz Urondo /
Germán Amato
Elvira / Adriana Pozzo
Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio / Eduardo Planas
Trabajo / Alejandra Oviedo
Lemon Chelo / Odisea mensual / Matías
Arese




De pesca
Jorge Luis Carranza




“… detrás del nombre hay lo que no se nombra…” Jorge L. Borges

Cuando logre decir
la palabra que me nombra
no habrá mas nada que decir.

Cuando esa palabra me diga tan naturalmente
como el espejo devuelve la imagen;
será la felicidad de la nada.

Quizás esa palabra anide fuera del tiempo.

Tal vez guarde en su vientre
tanto, tanto silencio;
que no precise ser dicha.
O su razón de ser sea su inminencia;
estar siempre ahí,
a punto de decirse.

Hasta tanto,
solo resta continuar con estos borradores;
seguir tirando la caña
en este lago sin fondo,
tan lleno de estrellas como un cielo nocturno.


Boletín Literario Basta Ya! // nº 85 // Mayo de 2008 // Córdoba
Revista Cultural
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chávez,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi, Alfredo Lemon
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Mariana Montenegro (corresponsal en Mendoza)
Colaboran en este número: Ana Paulinelli,
Dibujos de Lemon Chelo: Matías Arese
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este Boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com.
Suscripciones: email: eduardoplanas2001@hotmail.com

“La tarea de ablandar el ladrillo…”. Julio Cortázar



Celebración
Alfredo Lemon




Permítame madame,
hoy quiero hacerle el amor como los delfines.

Soberbios, juguetean,
se acurrucan,
se enciman, se mecen.

Repentinos, subrepticios,
se toman por asalto

y descienden desde el cuello
por la espalda, las nalgas y los pies.

Precisos y dúctiles hacen burbujas
mientras sus sonidos se elevan como himnos.

Ven, levantemos las copas en honor a Dionisios,
celebremos la fulmínea tensión del deseo.




Belleza
Ana Paulinelli





Y en tus ojos ese brillo raro.

Que es brillo ahora que lo miro

y trae algo que no estaba.

Fulgor de momento.

Éxtasis perentorio

que caerá

sin que nos demos cuenta.




Una cosa trae la otra
Por Liliana Chavez

Cada tanto, en mi pueblo, aquel hombre visitaba la casa, casi vecina a la mía, donde vivían sus suegros y mi maestra de primer grado, su cuñada. Siempre en verano o en receso escolar de julio.
Yo adoraba ir a esa casa por muchas razones. Porque la señorita Berta, cuando no entendía algo, me hacía ir a su casa y me esperaba con vainillas y una taza con leche tibia. Porque su padre, don Domingo, carpintero, tenía la virtud de tolerarme largo tiempo en su galpón, preguntando e insistiendo.
Con una caña larga que tenía un gancho en la punta, sacudía las ramas del nogal para que yo pudiera recoger las nueces. Incluso en ocasiones, me permitía ayudarlo a enharinar el tablón donde se colocaban los higos para pasas. Adoraba también que el patio no tuviese tapia en la parte trasera y poder esperar el paso del tren, con los dedos metidos en los agujeros del tejido; los rieles estaban a escasos metros y hacían vibrar las casas. Por último, también iba, atraída por las visitas: Gustavo, Rafael y el padre de ellos; aquel hombre que recitaba poemas.
Yo por entonces, tenía 11 o 12 años y recuerdo a mi padre diciéndome: “Cruzate, preguntale a Charras si hay noticias del pagador”. Y yo salía como una luz. No disfrutaba tanto otros mandados.
Mi amigo Alfredo Lemon, dice que un conocido suyo que a la vez debió escucharlo de otro, asegura que la experiencia es ese peine que nos regalan cuando uno se queda calvo. Y es cierto. No fue sino a través de los años que supe que mi profesor de secundaria (el mismo que me impulsó a escribir) era un reconocido historiador; tampoco supe que este Charras tan humilde, de palabra cantada, ferroviario como mi padre, era – ya por entonces – un poeta con libro publicado y todo: “Sed de canto” (1949) y que luego, en 1988 , sería “Premio Nacional Leopoldo Lugones” con su obra Ocre. Y siento pena por haber desconocido quienes eran y no haber aprovechado la solvencia de sus palabras. Tal cual me pasó luego con mi padre.
Y ahora, mientras leo a Charras esa sensación de pena se intensifica. Porque sus poemas, son bellos pero tristes.



Dice en Ocre: “Algo lejos, al norte, / donde casi se acaba la provincia / y andan aullantes vientos con melena / de sal y carbonilla /yo digo un ¡ay! En ocre por niños descalzos, por las mujeres “indias”, / por los hombres que firman con el dedo,/ por la gente con sed en las salinas. / Y por el árbol-leña, retorcido, / con su caudal de hormigas.”
Y esta sensibilidad lírica de Charras que trae el compromiso con su pueblo me lleva a pensar en la pena de muchos poetas, de muchos…Atahualpa mismo cuando dice: “La noche creció dos veces:/ En el monte y dentro mío / Y yo me fui sombra adentro / y el tiple * cayó en el río.”

(* guitarra pequeña de voces muy agudas)

Hay gente que no entiende que los poetas escriban triste, pero la verdad es que la alegría simplemente se exterioriza y eso basta. Al dolor y la pena - en cambio - hay que extraerlos como sea, no dejar que se alojen en las entrañas, que se filtren en las venas, que aten los sentidos con sus abrojos. Y no hay dudas que los poetas tratamos a través de la palabra a relajar penas propias y ajenas. Tarea cuesta arriba si las hay.
Y entonces, como una cosa trae la otra, pienso en todos los poetas que han terminado con su vida, sumergidos algunos, en una pena extrema: desde el mitológico poeta griego Orfeo, hijo de Caliope , pasando por Hartmann, Schopenhauer y Byron. Los rusos Alexandr Blok, Sergei Esenin, Vladimir Maiakovski; De Rokla, Sylvia Plath, Yukio Mishima; el colombiano José Asunción Silva, nuestro Lugones, y nuestra Alfonsina, en esa lista interminable. Y lo relaciono con esa visión del poeta, donde las pequeñas pérdidas son verdaderos abismos: amores, causas, libros... Y cuando digo esto último pienso que, - en lo personal -; me suele provocar hasta angustia la falta de un libro en mi biblioteca y es así, aunque quienes estén alejados de la literatura consideren esto una exageración.
Elena Paniatowska, amiga de Octavio Paz, autora de “Las palabras del árbol”, recordaba haber visto devastado, inconsolable al poeta cuando se quemó su biblioteca personal.
En el Nº 84 del Basta ya! hice una reseña sobre el Encuentro de América Madre en Cosquín. Allí, comentamos entre los asistentes, el caso de una poeta muy querida, Lucía Quiroga, a quien hace poco, el agua, exagerada y cruel de la última inundación, le llevó –entre otras cosas - sus escritos inéditos, sus poemas amados. No puedo terminar esta nota sino con poesía. Una, pertenece a la propia Lucía, porque sus amigos saben que es el modo de impedir que la pena haga nido en ella y la otra va dedicada a mi amigo Alejandro Drewes, que no sin razón, ama este poema de Olga Orozco.
¡Hasta la próxima!


Vacío
Fragmentos de la obra de Lucía Quiroga



Tan sólo la fragilidad del vacío
descarna – desde el silencio –
cada palabra.
Habito en él la libertad de sentir
y pensar aún más allá de mis propias
palabras.
Instancias de silencios destrozan la
médula: la contrapiel del vacío.
El reverso de la palabra.


III

Se siente al borde de la lluvia
desangelada / absorta
ausente de bautismo
ahuecada en rastrojos
no alcanza el fuego de los dioses
para un olimpo de cenizas.

Ángeles y pájaros en celo
ocultan la desnudez
de las vísceras – mis angustias –




VII

Cuando limpiemos / el miedo de
mirarnos – cara a cara –
sobre el ángel que lleva nuestra muerte
besarán las pupilas / el brote de las venas,
volverá el horizonte / a enamorar tristeza
bajo los álamos.


Esa es tu pena
Olga Orozco.




Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del
cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae con ciertas flores si las roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre ni al veneno;
Sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre,
no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio,
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura.




Elvira
Adriana Pozzo




En el Teatro Real se proyectó el documental Elvira, que narra la vida de una eximia pianista y profesora de música cordobesa, Elvira Ceballos.
Diego Piantoni - uno de los directores- explica que al comienzo, Elvira se mostró renuente con la filmación, por su bajo perfil y que eligió como eje a esta artista cordobesa, porque es emblemática.

En la sala, en la platea y en primera fila se destaca esta mujer con ángel, quien acompañada por su silla de ruedas, regala sonrisas a los espectadores.
Cuenta que su centro de vida, desde donde enseña, es el barrio de Alto Alberdi, me sorprende enterarme que somos vecinas. El toque dorado de su blusa ilumina el Real y a cada uno de los asistentes, que en realidad son sus amigos, músicos, familia y público en general. De repente, aparece Cacho Buenaventura quien la envuelve en un abrazo, se respira un ambiente de profundo afecto y respeto.
Es el momento en que Carlos Boveda -el otro director- presenta el trabajo, cuenta que conocieron a Elvira por intermedio del médico personal de la pianista.

El documental abarca la forma de vivir de Elvira Ceballos, eximia pianista, profesora de música y cantante lírica, quien pese a ser no vidente, nos regala un desborde de su talento y humor junto a un sinfín de temas musicales.
Resalta que la Legislatura de Córdoba destacó el trabajo en una resolución en la que declaró su beneplácito por la película, ya que en tiempos que prevalece el individualismo y la falta de solidaridad se rescata la historia de una persona de esta ciudad que tiende puentes hacia los otros.
Menciona que el documental será exhibido en el Festival de Cine de Mar del Plata y que tienen la invitación del Festival de Derechos Humanos de Barcelona.
Se apaga la luz y empieza la historia. Elvira la protagonista cuenta que desde pequeña en la escuela su madre la acercaba al piano para que pudiera tocar. Que luego aprende música y canto en el Conservatorio Provincial.
Con su mamá compartieron horas pasando la música de la tinta negra al braille y así muestra cuatrocientas composiciones musicales efectuadas con la máquina. Su instrumento es el piano, ejecuta obras clásicas, folklore, tango. Cuenta que la música le da paz, claridad y la eleva hacia la intensidad de la libertad, es como desprenderse hacia otra energía.

En su casa tiene alumnos –ahora 18- que vienen desde distintos lugares, de San Francisco, Villa Dolores, del sur del país y también algunos locales. Las chicas más jovencitas cuentan que con Elvira encontraron el registro de voz y además la risa y la comunicación.

Elvira ha viajado por el país, en Córdoba se presentó en un espectáculo reciente junto a Raly Barrionuevo y Cacho Buenaventura en el Teatro Libertador San Martín.
Su silla es como un pájaro en el aire, será por eso que en Ecuador ha desarrollado un proyecto que se denomina musicografía braille, formando coros, y enseñando música a niños y jóvenes con esta discapacidad visual. Una ecuatoriana dice: “Elvira nos enseña a dejar de ser ciegos para pasar a ser músicos.” Tiene en ese país un despliegue de actividad musical, con un compromiso real, donde abre un espacio para el trabajo con invidentes, el que es reconocido por el mundo del arte de Ecuador.
Se enciende la luz de la sala y nos damos cuenta que estamos al lado de una mujer con talento musical, que sueña y desafía los obstáculos con la fuerza que da el amor por lo que hace.

Es que puede ver con otros ojos desde ese lugar único que es el alma; ella es Elvira Ceballos.
Foto: Carina Moyano




“Vivir, sin
que nadie admita; abrir el fuego
hasta que el amor, rezongando arda,
como si entrara en el porvenir.”

Paco Urondo





Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio
Eduardo Planas




En el número anterior de Basta ya! en el artículo sobre Miguel Angel Bustos, el poeta olvidado de Gabriela Bruch se mencionó que tuvo contacto con Fijman, otro gran silenciado.
Jacobo Fijman nació en 1898 en Besarabia, Rusia —hoy Rumania— y falleció en 1970 en el hospicio, más precisamente en el Hospital Borda de Buenos Aires, donde permaneció casi 20 años. En 1902 viajó con sus padres a la Argentina, se instaló en Buenos Aires y luego en Río Negro. En 1907 se asentó con su familia en Lobos donde cursó sus estudios primarios. En 1917 dejó su familia, se fue a Buenos Aires y se graduó como profesor de francés.

Su primera internación por problemas mentales data de 1921, dándosele el alta seis meses después. En 1942 lo recluyen por segunda y definitiva vez en el Hospicio de las Mercedes (hoy Hospital Borda) donde permaneció hasta su muerte. Durante ese período escribió numerosos poemas y dibujaba constantemente.

En su ensayo -en colaboración con María Isabel Calo, intitulado “Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”, publicado en Banda Hispánica-, la misma Gabriela Bruch nos hace conocer que:”El poeta y periodista Vicente Zito Lema fue quien estuvo con Fijman durante su última etapa y es, junto con el poeta y ensayista Juan Jacobo Bajarlía, el principal difusor de su obra la cual, de otro modo, hubiese quedado silenciada pues Fijman fue un poeta olvidado hasta por sus propios compañeros de ruta. Perteneciente a la generación del 22, se conectó con el grupo Martín Fierro y entabló amistad con escritores y pintores de esa camada, tales como Oliverio Girondo, Pompeyo Audivert, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges, entre otros.



Vicente Zito Lema, luego de entrevistarlo durante prácticamente un año dice: “…Lo que más nos ha impresionado en Fijman es su humor corrosivo, en el sentido estricto de humor surrealista. Su autenticidad de poeta, que trasciende hasta en los menores gestos. ¡Qué le ha determinado estas formas de vida, estos castigos sobre su persona! Y su bondad, más allá de los policías que lo castigaron; más allá de los jueces que lo privaron de su libertad; más allá de los psiquiatras que le descargaron su odio y su propia enfermedad; más allá de los que supieron de su situación y nada hicieron. La enorme bondad de Jacobo Fijman equilibrando tantas de nuestras maldades, perdonándonos”.

”En Jacobo Fijman la poesía es un llamado a la más honda intimidad, a la preservación de la inocencia a través de una música entre simbólica y celebrante. Él se separó de sus compañeros literarios de la generación del 22 evadiéndose de las metáforas y las combinaciones estróficas cerradas para intentar una poesía de imágenes. Según Fijman, la imagen es la verdadera creación, es una invención, mientras la metáfora es una mera comparación entre las cosas. Su singularidad radica no sólo en la materia de estas imágenes, sino en la autenticidad de su camino, según él, el más alto y más desierto”, sigue diciendo Gabriela Bruch.

Su primer texto fue Molino Rojo, (1926), y es en rigor de verdad el antecedente del surrealismo argentino. Ese mismo año viajó a París donde, supuestamente, conoció a André Breton, quien en el año 1924, había escrito el Primer Manifiesto Surrealista.

En Molino Rojo la música es estructurante. Así lo comentó Fijman en una de sus conversaciones con Vicente Zito Lema: “Mi poesía es toda medida, de una manera que la acerca a lo musical. En Molino Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli… En Hecho de Estampas, de los cantos gregorianos. Y en Estrella de la Mañana la medición sigue la del latín eclesiástico”.
Él era violinista y durante mucho tiempo se ganó la vida tocando el violín por las calles de distintas ciudades. Tocaba para ganarse la comida del día.

En su segundo libro Estrella de la Mañana, escrito en el año de su bautismo, ya que se convirtió al catolicismo, se advierte la prosecución del solitario camino que ha emprendido.

La extensa dedicatoria a sus compañeros martinfierristas parece ser una despedida más que un homenaje.
de Estrella de la Mañana:



Poema VI

Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
Pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.
Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.
Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

Poema VII

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.
Una escondida estrella arrima su sosiego.
Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.
Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.
Entre su primer y segundo libro Fijman colaboró con el diario Crítica. En 1927 Natalio Botana lo despidió, y viajó otra vez a Europa.
En 1931 publicó Estrella de la Mañana cuyos poemas bordean el misterio del alumbramiento. El cisne se convirtió en cordero de Dios. Su canto es un canto de alabanza, no exento de dolor, soledad y muerte.

Poema XXXI

En mi gemido
conté mi soledad envejecida; conté todas las noches de mis días.
Mis huesos cantan el misterio del mundo.
El agua perturbada de mi reposo.
Me veo en mi gemido según pavores de inocencia.
Paz, paz:
oído de mis palabras.
El ruego alcanza oído a mis palabras
carne sanada;
y hay espanto de luz en nuestras manos.



“Diez años después de la publicación de este libro, se produjo su internación definitiva. Es posible entrever el conflicto que la presencia de este loco de bondad —de este auténtico poeta—, provocó en los círculos literarios. Hipocresía anidada no sólo en esos círculos, sino también en toda la sociedad que arrojó en la magnitud del esplendor poético a este hombre, a este doliente poeta, a un lugar de marginalidad vergonzante.
En el hospicio siguió desarrollando su poesía, completando su expresión artística a través del dibujo, utilizando cualquier papel, servilletas y cartones.”

En un hermoso y emotivo ensayo de Leonardo Iglesias, (“Vida y obra de Jacobo Fijman”) se relata con mesurado dramatismo su vida, poniendo todo el énfasis en la calidad y el aliento original de su obra poética.

“A pesar de todo despliega su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel. Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas. "He investigado el alma, también la psiquiatría. Y sé que los ciegos y los sordomudos son dementes, que los muy ricos y los que llevan uniformes son dementes y peligrosos. Y que los que visten sotanas y se llaman hijos de Cristo son los más dementes, hipócritas y demoníacos de todos." Escribe y pinta, para echar a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.”
En 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y a Macedonio Fernández en su mítico libro, Adan Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría. Fijman no tiene amigos, ni refugios. Quienes lo han olvidado saben que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios.

Aunque es incluido en las enciclopedias y colecciones de literatura argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está. A partir de 1968, la vida del viejo poeta quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores: "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo, sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre!"

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969 se edita el primer número de la revista Talismán, íntegramente dedicada a Fijman, y a mediados de año aparece en la revista Extra una serie de notas firmadas por el propio Fijman.(…)
"Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios del 1 de diciembre de 1970. No dicen nada acerca de su vida dentro del hospicio. De sus huesos comidos por un montón de soledades. Que escribió y pintó infinidad de papeles y sueños. Que amó profundamente a la Virgen María. Y que un día decidió reencontrarse con los ángeles y los pájaros, con los que tanto había hablado. Tenía setenta y dos años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.

Fuentes:
www.jornada.unam.mx/2002/11/17/sem-iglesias.html
“Jacobo Fijman: Un ángel en el hospicio”/ Gabriela Bruch y María Isabel Calo, publicado en Banda Hispánica
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Trabajo
Alejandra Oviedo




¡Trabajo!...sublime vocablo que me intima a pensarlo
mientras reflexiono me veo...
....me observo en el amanecer partiendo hacia la escuela rural,
miro al ama de casa abriendo las ventanas del hogar,
se cruza en mi mente la imagen del basurero, el gerente, el periodista y el carpintero...
...también el desocupado que cruza la calle detrás de la esperanza, la ilusión...
...Te sigo pensando trabajo...
Aquel de la gente humilde y sencilla
de esa gente linda que le da la cara a la vida
con dignidad, sin mezquindades y en el silencio
porque en esa modestia puede lograr el deseo de superarse,
de realizarse como persona alcanzando los sueños...
...¡Cuántos sueños!... ¿Verdad?...
y aún en los momentos difíciles, aquellos que invitan a declinar...
porque a veces el esfuerzo que demanda es más fuerte que las propias fuerzas.
En esos instantes que quieres dejar todo viéndote desfallecer...
porque resta tiempo para estar en familia, con amigos, con uno mismo.
Cuando ansías volar, disiparte de ese lazo que parece atarte...
porque de tanto en tanto te esclaviza, te devora y surge la impotencia,
aún con todos esos obstáculos, tropiezos, con simples caídas que se sienten profundas
sigue siendo buena la idea de trabajar, de perseverar...
...Para traer el pan a casa y poderlo compartir,
para comprar el repuesto que le faltaba al auto y así llevar a los niños a pasear,
para ayudarlos a mamá y papá porque no llegan a fin de mes con la jubilación ,
para hacer ese obsequio postergado como ofrenda de amor y de alegría por estar vivo.
Ruego que el trabajo no te someta y que el dinero no sea tu dueño...
Ruego por tu trabajo en libertad, en alegría, en honestidad...
Ruego que seas dueño de tu felicidad y... ¡trabajando! ...

Es el deseo en el día del trabajador de Alejandra Oviedo y su Territorio de Encuentros.
http://alejandraoviedo.com.ar/


LEMON CHELO / Odisea mensual / Matías Arese

1 comentario:

cancionesurgentes dijo...

Siempre es interesante pasar por aquí.
Lamento mi larga ausencia, pero ya me he puesto al día.
Te dejo mi correo, si es que querés enviarme un mail barbarita_cai@hotmail.com
Saludos!