ANUARIO 2007




Boletín Literario
Basta ya!
Año 2 / Córdoba
Argentina

Anuario
Diciembre 2007


SUMARIO
Le digo // Jorge Carranza
Editorial // Eduardo Planas
Festejo // Mónica Mantegazza
El brillo // Ana Paulinelli
A Ingmar Bergman / Sobre el cristal del papel // Alfredo Lemon
Perplejidades // José Luis Planas Osorio
Crecimiento // Ethel Aghemo
Entrevista a Reyna Carranza // María Celina Zuliani
Donde vive la loba // Adriana Pozzo
Rayuela para principiantes // Eduardo Planas
Soy Jiménez, soy Jiménez, soy Jiménez, yo soy // Caro Riachi
Jorge Amado el más amado de los Jorge // Crim Báez
El discreto encanto de la burguesía // Pablo Carrera
Nostalgitis // Liliana Chávez
Cosas de hombres // Fernando López
Jornadas de Política y Literatura en Córdoba // Mónica Ferrero
Poema de Erica Coronel
Sobre la palabra escrita – nada de poesía // Hugo Fernando Conterno
Extasis // Liliana Chávez


Boletín Literario Basta Ya! // Anuario // Diciembre de 2007 // Córdoba

Equipo de trabajo
Director / Propietario: Eduardo Alberto Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Liliana Chávez, Mariana Montenegro,
Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Caro Riachi
Colaboradores Permanentes: Mónica Ferrero, José Luis Planas Osorio, Guillermo González, Raquel Martínez, Erica Coronel
Colaboran en este número: Ethel Aghemo, María Celina Zuliani, Alfredo Lemon, Ana Paulinelli, Mónica Mantegazza, Fernando López.
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este boletín se edita Quincenalmente
Registro de Propiedad Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11. 723
Prohibida la reproducción total y/o parcial por cualquier medio, sin cita de autor y fuente
Web-blog: www.boletinliterariobastaya.blogspot.com
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“La tarea de ablandar el ladrillo…” Julio Cortázar


No queremos otra cosa sino aportar algo de magia y belleza a lo cotidiano, a ese ladrillo cortazariano, y un grano de arena a la tarea de cambiar este estado de cosas; deconstruir algunos paradigmas que parecieran estar arraigados firmemente y aportar otra visión sobre aspectos de la actualidad, llamando a la reflexión, y al espíritu crítico, construyendo un pensamiento alternativo al que nos proponen los símbolos de esta sociedad de consumo.




Le digo
Jorge Luis Carranza




Le digo al corazón
que entienda de una vez:
dos mas dos es cuatro
y esto es así desde siempre
y así seguirá siendo.

Que él es solo un músculo
que debe latir y nada más.
Pero no hay caso.
No hay forma de que entienda.
Mueve las piezas,
borra los límites de las cosas
y todo lo revuelve.
Avanza noche adentro sin parar.
Sueña,
abraza a los perdedores
y se va detrás de causas nobles
e imposibles.

Entra y sale
del dolor y del amor
de sopetón y sin permiso.
Me pone en medio
de situaciones que me superan.

Estoy a su merced.

Esta parece ser
una batalla perdida
con alguien terco y viejo como el mundo.

Alguien tan pero tan bueno,
tan pero tan entrañable,
que pese a intentarlo
una y otra vez,
no encuentro la forma
de decirle que no.



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Editorial
Eduardo Planas




Hemos transitado un camino, que ya lleva tres años. Desde una simple hoja de poesía hasta esta revista. Una profunda convicción nos impulsa a seguir: el espacio es útil, el proyecto sirve.

Quizá con más dudas que certezas, pero de eso se trata, hemos saltado vallas para seguir adelante. En el cruce de puentes, proponiendo ideas, acompañando proyectos, sumando. A veces recordamos como construimos este laberinto de pasiones e ideales, hojeamos los números anteriores y nos invade la nostalgia.

Creemos que perfilamos un estilo, una mirada de la realidad, que se construye con un grupo de personas que aporta creatividad, que enriquece con sus propuestas e inquietudes. Ágil y diversa, impactante desde lo visual. Un aire fresco. Una brisa. No vamos a hacer un recuento de elogios ni nuestro propio panegírico, porque no corresponde. Pero esa es la devolución en un proceso dinámico de retroalimentación. Ese ir y venir de propuestas, de gente nueva que se ha acercado con sus proyectos, sus historias de vida, sus ansias de participar, todo en un ámbito que tiene su mirada, pero que sobre todo respeta la diversidad. Priorizamos esto si, los autores del lado de acá nuestros poetas, pintores, artistas, sin perjuicio de la universalidad. Porque estamos inmersos en esta realidad y nos sentimos profundamente comprometidos con ella asumiendo su pasado, su memoria, su presente y luchando por su futuro.

Ante la falta de ilusiones, el escepticismo que anida en nuestra sociedad, no sin fundamento por cierto, nosotros apostamos a esta voz colectiva, heterogénea a veces. Estamos convencidos que cada hombre es valioso. Que el yo de cada poeta, de cada escritor se puede convertir en un nosotros. Escribimos no solamente para ver nuestro nombre en letras de molde, aunque ello signifique saciar un sano egoísmo, sino que hacemos para nosotros mismos y para los otros. En la comunidad cultural estamos todos, autores y lectores.

Sostenemos –como ya dijimos en otra oportunidad- “…que cada destino particular no puede ser separado del colectivo. Los ojos que nos leen, las voces que nos alientan, nos ayudan para seguir con un empeño inigualable, que se renueva pletórico de emoción antes de cada edición. Porque esto no es nada más que una aventura compartida, un navegar en grupo, un colectivo humano que trata de avanzar, marcando una pequeña huella que otros después seguirán, una gota en el océano, un grano de arena en el desierto.”

Arrojados así a la tarea de deambular en la existencia, como cronopios perfectamente asumidos, admiradores incondicionales del cronopio mayor, herederos de su insaciable búsqueda. Gracias a todos por su aporte.

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Festejo
Mónica Mantegazza



Habrá botellas y vasos llenos…
envases para reciclar
y pasajes de ida…

Anécdotas de vuelta,
Aunque vos digas
que volver no existe…

Sabrás de París,
notre-dame La nuit
y Alejandra llorando
Mientras traduce…


Habrá fotos…
(Esas que no vimos)
De la madrugada previa
Al estado de sitio
Mientras Chiara dormía

Habrá voces
del aeropuerto…
y cinco tazas de café
para leer noticias
de las multas
Por pisar el césped
El papel sulfito
Y la luna en Vermont



...................................

Sabrás entonces
que te invito
Porque llueve

Y que hay un agujero
En el techo,
Similar al de mi camisa,
Al de mi alma…

La soledad
Es un agujero en la camisa

Por eso
Propongo el festejo,
La ceremonia…
Será en Sarajevo…




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El brillo
Ana Paulinelli




El se mira en el espejo.
Ella desde la cama lo ve mirarse.

El color de la camisa aparece un centímetro exacto en cada puño.
El pañuelo del mismo color que la corbata y las medias.
El se pasa la mano con ese gesto tan conocido por el remolino del costado.
Nada fuera de lugar.


Las miradas se encuentran en el espejo.
Es raro, mirar a través de esa superficie plateada.
La luz cobra irrealidad.
Y el brillo metálico de ese mundo penetra feroz.
¿Cuándo dejaron de hablarse?


a Ingmar Bergman



Envuelta en una niebla de plata,
el alma es una isla, lejos.

Detrás de un armario de caoba,
un niño busca a Dios con su linterna.

La muerte sangra al tiempo
como una mujer.

Alfredo Lemon


Sobre el cristal del papel



Línea a línea dibujo las huellas de mis días.
La mano que escribe apenas roza el absoluto
y el cuerpo que goza sólo rasguña el infinito.

Cada instante es un diamante.

La rosa nació para morir pero en su deseo se sostiene.

Rocío del ser, maná en los versos:
¿eres el cristal del papel
por donde resbala el poema,
pulpa del tiempo por donde resbala el amor ?

Del libro: Sobre el cristal del papel, Editorial Brujas, Córdoba, 2004

Alfredo Lemon
(Córdoba, 1960)

Abogado. Ejerció la docencia como profesor de Filosofía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.N.C.; en la Univ. Blas Pascal y en la Univ. Católica de Córdoba.
Obra poética: Eclipses, arritmias y paranoias, 1983; Cuerpo amanecido, 1988; Humanidad hecha de palabras, 1993.
Libro de Ensayos: El mono metafísico, 1991.
Obtuvo entre otros premios: Asociación de Escritores Argentinos, 1995; Sociedad Argentina de Letras, Artes y Ciencias, 1995. Ha colaborado en diarios y revistas literarias del país y del extranjero.

Perplejidades
José Luis Planas Osorio

Aquél anciano que partió en lomo de buey hacia el Norte
Y al cruzar la Gran Muralla, un guardia le pidió que escriba algo,
Y nos legó un sabio libro.
El que sabía y no hablaba y vino del oeste. El que, debajo de una higuera, sin buscar, encontró.
El que dijo: no la toquen hasta que vuelva, y no regresó jamás.
Uno que sabía de todo, y nos dejó una sonrisa inigualable.
El que pintó la Capilla, ya anciano.
Quién componía ya a los cuatro años, y un réquiem para sí mismo.
Aquél que, sordo, compuso la mayoría de su obra.
Este, que con sus grabados nos mostró el Cielo y el Infierno.
El que los describió.
Quién sintió el fervor de su ciudad en el alma, y murió lejos de ella.
El que nos dejó sus escritos en valijas, pensiones y mesas de café,
Y el que los recopiló y publicó.
La que entregó su vida por una pasión.
Aquél león herbívoro que se llevó la música en sus oídos.
Uno que ojala por lo menos nos lleve a la muerte.
Aquel que construye sin destruir,
Ama sin odiar, y sufre sin hablar.
Aquella alma antigua que encontré en mi camino.
El que un dibujo me regaló.
Quién supo irse de una sola vez.
Estos cinco, y quién el Cielo me obsequiara.
Un dióscuro que no deja de sorprenderme.
Un ser que todo lo sabe,
Y calla.
Todos ellos forman parte de las perplejidades cotidianas
Y tejen el hilo de mi vida absorta.
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Crecimiento
Ethel Aghemo



Trato de entender a la gente pero se me hace muy difícil. No sé si será porque los demás están locos o lo estoy yo. Dicen que las mayorías tienen la razón, por lo que seguramente estoy loca yo.

No puedo dejar de pensar en esa vecina que desde la puerta de su casa, con la manguera, riega el jardín y atravesando la reja de más de dos metros de altura, literalmente riega la vereda, casi con devoción, siempre manteniéndose al lado de la puerta, como si tuviese miedo de alejarse dos pasos o que alguien se acerque a asaltarla. Siempre a las 06.55 hs., verano o invierno, lo que significa que en invierno aún es de noche y hace mucho fío. Y también los días después que llueve.

La vereda es de baldosas rojas, todas parejitas, limpias, enceradas. Y veo a la vecina, delgada, teñida de rubio casi blanco, con su piel tostada para estar a la moda, todos los días con la misma rutina, aunque en las noticias digan “ahorre agua” – “hay crisis de agua” - “siete barrios de la ciudad se quedaron sin el líquido elemento”, etc. etc.
Entonces, mirando a esa vecina me asaltan grandes, terribles dudas existenciales: ¿estará esperando que crezcan vereditas, por eso riega las baldosas todos los días?

Me imagino toda una línea de vereditas de distintos tamaños, que le van creciendo como si fuese césped, vereditas en distintos tonos de rojo, según la cantidad de agua que le haya tirado y la intensidad de luz de sol que les llegue.
Sí, creo que la vecina está esperando eso, pero no debe haber averiguado cuánto tiempo de gestación tiene una vereda para que le crezcan vereditas.

A mí me da un poco de pena, verla todos los días en tarea tan titánica y me dan ganas de acercarme para decirle que mejor ahorre agua, porque es muy improbable que nazcan las vereditas que espera, por más que riegue y riegue, pero tengo miedo que me tome por loca.


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Entrevista a Reyna Carranza
Por María Celina Zuliani
celinazuliani@gmail.com


“La escritura es la razón de mi vida”




Reconocida escritora cordobesa. Adquirió trascendencia nacional gracias a su novela “Una sombra en el jardín de Rosas”. Recientemente presentó su quinto libro.



Leer a Reyna Carranza implica involucrarse de un modo particular con sus libros, debido a los temas que trata, que sin dudas calan profundo en nuestra naturaleza como seres humanos.
Sin embargo tener la posibilidad de entrevistarla, escuchar la calma y calidez de sus palabras, es encontrarse con una mujer de una sensibilidad tan especial que es verdaderamente gratificante.
Por tal motivo solo puedo invitarlos a sentarse y disfrutar la charla que compartí con la escritora.

Reyna recuerda que su relación con la escritura comienza “desde que tengo memoria, creo que empecé a escribir cuando aprendí a leer y a escribir.” También sostiene que siempre detrás de un escritor hay un gran lector, porque la literatura va recreando las mismas historias de amor, pasión y muerte a lo largo de la historia.
Por ello, expresa que “uno cuando escribe, se escribe. Es contarnos desde otros libros, cada libro es a su vez la memoria de un libro anterior y ese a su vez fue escrito en memoria de otro, recordando otros autores y otros textos, es interminable”.
Así la literata, haciendo referencia a su oficio, cuenta que desde que se despierta dedica el día a su tarea “generalmente escribo de día y en la noche leo. Además termino una novela y ya estoy con el proyecto de la próxima, porque la escritura es la razón de mi vida, me sostiene en todos los aspectos, me alienta, me hace sentir conforme”.

Sus novelas

La escritora cuenta con cinco libros publicados, “Donde vive la Loba” es el título de su última novela presentada recientemente.
Al respecto precisa que es una novela “muy cordobesa”, puesto que “los personajes, el clima; todo el relato permite que se respire la ciudad de Córdoba.”
De este modo explica que en cada uno de sus libros existe un factor movilizador, así en “Cinco Hombres”, su primera novela, habla de la búsqueda de la identidad sexual.
En la segunda “Para ahogar un loco amor”, especifica que “escribo sobre los mitos del incesto y del edipo planteados en términos de tragedia. Es una novela bastante corta pero muy, muy intensa”, enfatiza.
De la misma manera en “De guerreros y fantasmas”, su tercer libro, narra la época de la dictadura militar contada desde la óptica de una mujer.
Por último, “Una sombra en el jardín de Rosas” trata la vida de Juan Bautista, hijo primogénito de Juan Manuel de Rosas. Explica que Juan Bautista era un ilustre desconocido, es más, asegura que muchos autores lo dan por muerto y se ocupan de Manuelita.
Por ésta causa y luego de una profunda investigación, la escritora manifiesta que al descubrir los pormenores de la vida de este hombre le pareció “exactamente el personaje desde el cual podía contar la historia”.
Añade a esto, que Juan Bautista “es un hijo ignorado y apartado no sólo del poder (porque no tuvo ningún cargo público) sino también apartado del amor, del afecto de su padre”.
Si bien Reyna insinúa que muchas veces no tiene en claro exactamente que es lo que intenta transmitir a sus lectores. Luego, cuando termina sus relatos, se da cuenta que el mensaje siempre existe.
Debido a que cada novela se relaciona con una etapa de su vida, resume “en ellas esta presente mi crecimiento personal, mis tribulaciones de ese momento. Tanto como la situación político social no sólo de mi provincia y mi país, sino del mundo entero.”

Donde vive la loba
Adriana Pozzo




Es una novela guiada por la frase de Dark Moria:”Otra vez se oyen en el viento de aquella loba los gritos…”
Relata la historia de una mujer perseguida por la culpa y el miedo, que ha sido acusada de la muerte de su hermano y su padre.
En ese débil umbral que existe con la locura, Rolanda en un acto de absoluta lucidez decide inclinarse hacia el mundo de la ausencia y disociación.
La verdad escrita en cuarenta páginas quedará guardada en el subconsciente.
Deberá cruzar un puente que la lleve a la ciudad de Córdoba, para referenciarse con sus lugares y redescubrir la pertenencia.
El otro puente es su vínculo con un niño de la calle –excluído del sistema- con el que su alma se pone en sintonía. Desde ese extremo de vulnerabilidad total, nace un tercer personaje que es la posibilidad para los dos de ocupar un espacio vital.
La mujer que habita esta historia aprende a cuidar al otro y desde ese lugar puede construirse.
Según la escritora en su búsqueda surge la loba como “la parte intuitiva de la mujer, tomada como símbolo mitológico, la loba remite al instinto primario de la mujer, a su naturaleza salvaje, y uno de los rasgos es su afán por seguir adelante, por la perseverancia y la capacidad para vivir en las situaciones más adversas”.
Es decir que “visualiza a la mujer inmensa del origen, que es tan magnánima como implacable”.
La fuerza de la loba transformará a Rolanda en una mujer inquietante; que la lleva a cruzar otro puente para dar luz a su vida.


Donde vive la loba, El Emporio Ediciones, septiembre de 2007
Transcripciones: lavozdelinterioronline.com.ar






Rayuela para principiantes
Eduardo Planas



Esto no es un ensayo ni tesis ni nada que se le parezca; simplemente un acercamiento a la emblemática obra de Julio Cortázar.

¿Dos lecturas?
El libro ofrece dos posibilidades de lectura. La primera, en el orden sucesivo de los capítulos hasta el que se indica (Cáp. 56), donde terminaría el mismo, narrándose primero, las “Historias del lado de Allá”, con la saga de amor entre la Maga y Horacio, que transcurre en París; y luego las “Historias del lado de Acá”, que es cuando Horacio vuelve a Buenos Aires, buscando a la Maga, creyendo encontrarla –confundiéndola- en Talita, la esposa de su mejor amigo Traveler.

La segunda, es aquella en el que el orden de los capítulos se altera, y se debe leer como se indica, saltando de un capítulo a otro en una especie de laberinto o juego literario, como una Rayuela. Allí están los ¿prescindibles? Capítulos “De otros lados”.

En un reportaje Cortázar dijo que con ello quería ofrecer al lector todas las posibilidades que al autor se le aparecen al escribir una novela. Las distintas alternativas que se le presentan, algunas que se descartan. Convida al lector a tener una actitud activa frente a la novela. Busca su complicidad.
Descartó el primer capítulo, que era el del tablón, es decir que la novela hubiera empezado cuando Traveler y Talita van a buscar a Horacio al barco. Además le cambió el nombre. En el inicio pensó en llamarla: Mandala.
Algunos se atreven a decir que Rayuela tiene infinitas lecturas.

Antropo… ¿que?
En Rayuela, Cortázar introduce la Antropofanía, un neologismo inventado. Así como existe la Epifanía como “aparición de Cristo a los Apóstoles” (o a los Reyes dicen otros), Cortázar habla de la antropofanía, como la aparición del hombre. Pero de un hombre distinto, comprometido con sus semejantes, con su realidad, solidario, es decir un Hombre nuevo, similar a lo que hablaba el Che, aunque nunca se conocieron. De ahí su poema Che: “Yo tuve un hermano / no nos vimos nunca pero no importaba/…” En el libro Todos los fuegos el fuego, escribió un relato (Reunión) donde narra un encuentro imaginario con el icono latinoamericano.

Manual de patafísica
Hay una búsqueda constante, insaciable, por desentrañar el lugar del hombre en el mundo. Creo que es la búsqueda del propio Cortazar, cuyo alter ego, Morelli, plantea las cuestiones esenciales. La búsqueda sin fin, tiene cuatro caminos:”La Maga, la literatura, la fiaca y la meditación al cuete”. Vale decir, el amor, la escritura y la filosofía. Por supuesto, no llega a resolver el dilema. Cielo y la tierra se encuentran en un mismo plano. “Mis dioses son en este mundo”, diría en la entrevista.
La patafísica es “la ciencia de las soluciones imaginarias”, también definida como el estudio de “las leyes que regulan las excepciones” o dicho de otro modo que viene a ser lo mismo, las reglas del juego para un juego que carece de reglas.

Cortázar dice posteriormente que él escribe desde un “intersticio”. “…Mucho de lo que he escrito –dice- se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias, escribo por falencia, por descolocación, y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas…”
Rayuela tiene mucho que ver con lo lúdico -que por otra parte- está presente en casi toda la obra de Cortázar, utilizado como una forma de ablandar el ladrillo es decir, luchar contra la dureza de lo cotidiano, planteado como gris, mediocre, la rutina, el cemento, la casilla, agregando lo bello a la realidad a través del recurso de la imaginación, de la ilusión. “Esa especie de constante lúdica explica si no justifica mucho de lo que he escrito o he vivido”, diría después.
Rayuela es un juego infantil.

La sinestesia, el glíglico, y demás enseres literarios

También utiliza muchísimos recursos literarios innovadores. Destruye las formas novelísticas anteriores, se burla de los géneros, los academicismos. La sinestesia, por ejemplo, es utilizada con harta frecuencia.
Inventa un idioma: el glíglico. Hay un capítulo totalmente escrito en dicho idioma (el de las” gunfias”, Cáp. 68). El glíglico parecería ser “una mezcla de glúcidos y lípidos”, como sugirió una vez una lúcida lectora. Su origen parecería remontarse en el Cáp. 18 de su novela Los Premios, en donde un niño descubre el asombroso lenguaje en prospectos de medicamentos, en los que se habla, por ejemplo de “la descarboxilación del ácido pirúvico, metabolito común a la degradación de los glúcidos, lípidos y prótidos”. Es probable que aquí sea la primera aproximación de Cortázar a esa lengua paralela que usaría en forma intermitente a lo largo de sus obras posteriores (en Cronopios, por ejemplo) y culminaría en el capítulo ya citado. Utiliza asimismo otros recursos, como en el capítulo que debe leerse renglón de por medio. Roque Dalton, poeta salvadoreño, tiene un relato escrito de esa manera.

Del Cáp. 62, Cortázar extrae después un a nueva novela, llamado 62/Modelo para armar – un bello e incomprendido texto, tanto por la crítica como por los lectores- donde destruye por completo todas las formas literarias, jugando permanentemente con los tiempos, los espacios, y la psicología de los personajes.




Otra vez el círculo
En Rayuela, como en 62/Modelo para Armar y el Libro de Manuel, existe también un Círculo, el Círculo de la Serpiente. En aquella esta La Zona, planteado como un lugar de reunión, de encuentros, entre personas que piensan en forma similar, seres diferentes, pero que comparten algo en común: el gusto por el vodka, el jazz y los planteos existenciales. Es una pertenencia, con lo difícil de ello, atento la soledad en que vivimos.

Con relación al amor, al deseo y al rol femenino se ha escrito ya bastante, siendo lapidaria alguna crítica para con el Cronopio, por su famosa frase lector macho y lector hembra, de la que abjuró en 1984. Estela Cédola, en su ensayo Cortázar, el escritor y sus contextos (Edicial, 1994), sostiene “…que su acercamiento a la filosofía revolucionaria no modificó ni limó las asperezas de un modelo de organización social donde las relaciones de dominación y sumisión de la mujer reciben el nombre de erotismo. No pudo liberarse de la determinación ancestral de nuestra cultura patriarcal a pesar de sus esfuerzos por quebrantar las leyes de lo convencional. El mejor lugar que pudo asignarle a la mujer en su ficción es el del acólito que ayuda e ilumina al hombre, oficiante de todos los rituales e inventor de las reglas de todos los juegos…”

En una lectura diacrónica llega a la conclusión que en los textos de Cortázar la mujer está fuertemente idealizada y el autor parece debatirse permanentemente en sus escritos acerca del lugar que ella puede ocupar. La mujer mágica, fascinadora, pasa a través de la Maga y Talita en la visión de Oliveira, protagonista de Rayuela.

En su libro La vuelta al día en ochenta mundos (Siglo XXI Editores, 2002) Cortázar dice “que Rayuela es de alguna manera la filosofía de mis cuentos, una indagación sobre lo que determinó a lo largo de muchos años su materia o su impulso”. Esto en una especie de réplica a quienes cuestionan, o comparan y hasta oponen sus cuentos primigenios a sus novelas, principalmente a ésta. Luego agrega lo siguiente:” Para terminar: también a mí me gustan esos capítulos de Rayuela que los críticos han coincidido siempre en subrayar: el concierto de Berthe Trépat, la muerte de Rocamadour. Y sin embargo no creo que en ellos esté ni por asomo la justificación del libro. No puedo dejar de ver que, fatalmente, quienes elogian esos capítulos están elogiando un eslabón más dentro de la tradición novelística, dentro de un terreno familiar y ortodoxo. Me sumo a los pocos críticos que han querido ver en Rayuela la denuncia imperfecta y desesperada del establishment de las letras, a la vez espejo y pantalla del otro establishment que está haciendo de Adán, cibernética y minuciosamente, lo que delata su nombre apenas se lo lee al revés: nada”.

Podríamos escribir mucho más como de la Rayuela-O-Matic, una máquina ideada para leer a Rayuela, con gráficos, planos, diseños e instrucciones para hacerlo.

Finalmente podría decir que por sobre todas las cosas, las formas y demás cuestiones literarias y más allá de la patafísica, en Rayuela prevalece la hermosa y desgarradora historia de amor entre la Maga y Horacio.



Soy Jiménez, soy Jiménez, soy Jiménez, yo soy
Caro Riachi




Cantando así esperaba la gente que fue a ver a la Mona a la Sala del Rey.

El jueves 13 de Noviembre la Mona presentó su último disco Trilogía Tercer Acto y allá partió una pequeña comisión del Basta Ya!, a cumplir con una especie de deuda pendiente que sentíamos, por el hecho de ser de Córdoba y no haber visto nunca a uno de sus máximos exponentes.

Como toda estrella, la Mona se hizo esperar, subió al escenario tres horas y media mas tarde de la hora que prometía la entrada. Y en efecto, cuando la Mona lo hizo demostró que ese calificativo le va bien, el tipo iluminó la Sala del Rey. No sólo con un video sobre la historia del cuarteto que se reprodujo en las pantallas laterales como comienzo de su show, ni tampoco con las lentejuelas y los colores brillantes de sus trajes, sino con el canto y el baile de un artista que refleja la realidad y el sentir de la gente que lo va a ver.

Y la gente que fue a ese baile fue del todo variada. Gente que se podría encontrar en boliches de Nueva Córdoba, gente que lo sigue a todos lados, gente de los barrios marginales y gente que era la primera vez que lo iba a ver, dado que el lugar donde tocaba, La Sala del Rey, es una sala en la que no se presentan únicamente artistas de cuarteto y por lo tanto, la gente que no es habitual del ambiente cuartetero pero a la cual le gusta el cuarteto, se animó a ir.

Luego que la Mona cantara los primeros temas, que fueron coreados por casi todos/as los/as que allí estaban; y de que en cada intervalo se dedicara a dialogar con el público en forma de señas que representan, con una ocurrencia característica de la idiosincrasia cordobesa, los barrios y/o localidades que el público le dicta; la mayoría de la gente comienza a bailar. ¿Cómo imagina Ud. la representación por señas de Colonia Caroya?.....no, no, se equivoca. Una mano hace de tabla y la otra de cuchillo que corta un salame imaginario, típico de Colonia Caroya. ¿Y Colonia Lola? Una mano que simula un corte en el cuello, qué será lo característico de éste lugar, ¿no?

Siguiendo con el espectáculo, excepto un puñado de fanáticos que miran (mos) el escenario todo el tiempo, siempre acompañando el ritmo contagioso con alguna parte del cuerpo pero sin entregarse (nos) al movimiento en forma completa, el resto de la gente baila, al ritmo de la Mona y con la Mona, que arriba del escenario se mueve con una agilidad envidiable, teniendo en cuenta que el mito cordobés ronda los 60 años.

Las letras merecen un párrafo aparte. La Mona compone y no es joda. Las historias que cuenta enmarcan la realidad de muchas y muchos. El que se enamora de la mujer de su hermano, la que trata a un hombre como un muñeco de trapo (uno de sus últimos hits), el padre policía que tiene un hijo choro, el pibe al que la policía detiene por portación de rostro, la noche cordobesa y su caravana, etc.; son temáticas de esta Córdoba en la que vivimos. Y si pensamos que en nuestros tiempos la falta de identidad que nos propone la globalización hace que muchas veces nos encontremos inmersos en músicas y letras que no entendemos y con las que no nos identificamos, el hecho de que Jiménez haga bailar a la gente en su propio contexto de palabras y ritmo, como mínimo, implica una conexión con la propia realidad, de la que puede surgir un análisis y hasta una crítica.

La entrada y la salida del baile fueron tranquilas, con mucha presencia policial, dentro y fuera del lugar, pero debemos recalcar que la Sala del Rey no es el Sargento Cabral, sin que esto implique que el Sargento Cabral o el Estadio del Centro sean lugares intranquilos de por sí, sino que resulta necesario recordar que este local no es uno de los habituales de la Mona y que este show tenía características VIP, como él mismo lo dijo en el escenario. Una perlita fue la aparición del Caravanero en la puerta del la Sala del Rey. Así le llaman a una combi roja, con vidrios polarizados, que, por lo que dicen los entendidos, se para siempre en la entrada de los bailes de la Mona y cuando abre sus puertas traseras ofrece una variadísima cantidad de bebidas alcohólicas en una barra armada dentro del vehículo, que el caravanero vende y se ve que muy bien.

Soy Jiménez….y Jiménez es baile, ritmo, noche, alcohol, sentimiento, humor, trabajo. Jiménez es parte de una parte de Córdoba, muy auténtica, que se divierte a pesar de todo y de todos. Y ser Jiménez, para muchos de los que estábamos ahí, significa reconocerse en parte, porque el todo no existe; en esa mezcla de características compleja y sobre todo divertida, que encarna la Mona.



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Jorge Amado el más amado de los Jorge
Crim Báez







Cuando Sao Jorge, decidió tempestuosamente retornar a la tierra para dar batalla a los dragones modernos de este último siglo, lo único que sedujo a su llegada, era la partida de este mundo, de uno de sus Jorge.

A mediados del 2001, agosto daba bocados de debutante, como un coloso que se lleva todo por delante, la noche hizo ensueño y Amado cayó en los brazos de Morfeo.

Allí, Sao Jorge, dió la vuelta de este mundo, y retornó a una de las tierras más pobladas por espíritus de ensueño tomando el alma de su hijo.
Jorge Amado, es el más amado de los Jorge. Un diamante eterno entre tintas y papeles, con personajes seductores, mágicos, humanos, mestizos y negros puros.

En un tapiz, de historias de negros y de santos, Amado es el más negro de todos los blancos, en lenguaje, creación y devoción.

Entre el cacao, la aguardiente, las calles de la ciudad baja, el escritor, hizo presumir a sus artífices, dándole así una nueva vida, cada vez que las musas acudían a su encanto.

Fue Doña Flor, fué Vadinho. Fué Ilheus, fué Vinicius, o Dorival, quienes llamaron por su nombre al hombre testigo de tiempos, colores y cantos.
Carybé, el dibujante argentino que se radicó hace muchos años en la Bahía, Brasil se sentó a su lado, en la espera de la aparición de la Santa, que un día dejó su podio sagrado, y fue a deambular por las calles de la ciudad baja, tal cual Jorge Amado lo había presagiado.

Así con todo, Mae Menininha de Gantois, mae de santo, hacía sentir la presencia de Ogum y Oxum, listos para dar protección a este escritor de Bahía.
¡Ay Bahía!, Bahía de todos los Santos. Con sus puertos. El Farol da Barra, testigo quieto y mudo de los enamorados a escondidas.



Cuenta la leyenda que Borges, extasiado de tanta crudeza, pidió a Sao Jorge, alguna cercanía con este escritor que el mismo jamás entendió sus libros en vida. Algo había que hacer.

Al cabo de un tiempo, los Orixâs, dieron por sentado que un tal Jorge Borges, no era grato a las crudezas de una vida salvaje. Buen alcohol, mujeres bonitas. Las carnes firmes a la hora del deseo y los tambores acunando la noche.

Al poco tiempo, el otro Jorge, Amado, dió la bienvenida en medio de su sueño, y juntos los dos Jorges en segundos, recorrieron, algunas iglesias y llegaron hasta el mar. Allí donde desaparecía la noche, los escritores tomaron su camino sin regreso.
Así es como entre sueño, se sueña la partida.

Una noche, en aquella Bahía, al regresar de una muestra de candomblê, sentí que los santos, tienen esa cosa de acompañarte si tu alma es respetuosa con ellos. Pensé con alegría ese encuentro, del escritor de mi tierra, un Jorge también, cuya poesía, era lo único que amaba. Y el otro Jorge, cuyos libros yo devoraba y por causa de ellos, es que estaba allí. Pensé en que Borges se iba a humanizar, iba a tener su oportunidad de ver, la belleza de este mundo. Pensé en Amado, que me construiría una pequeña casa, con sus seres imaginarios y yo sería protagonista.

Que en la ciudad baja, habría un escritor ciego, huyendo de una japonesa desalmada, que de tan aburrida que era su vida, en otro país, había llegado a la Bahía por consejo de su amigo Carybé.



Y a su vez, Amado, amigo de Carybê, le había conocido, y pasaban buenas tertulias entre alcohol y acarajés.

Necesitando de ayuda para conocer las calles, yo en medio de este nuevo cuento de Amado, aparecía , y serviría para orientar al escritor ciego, también llamado Jorge.

Ningún dragón puede con esta historia. Así derrotado, es que Amado, Jorge Amado, parte, un 10 de agosto de 2001, acompañado por Jorge Luis Borges. Los dos, sumergidos en el mar de Itapoa, de arenas finas, son abrazados por Sao Jorge. Y allí todo acaba.

Ya no hay Jorges. Ya no hay más Doña Flor y menos habrá un cuento, en donde yo pueda encontrar mis escribidores.

Así también acaba mi sueño. Me despierto y con nostalgias… recomienzo.




Na venida // Crim Baéz



El discreto encanto de la burguesía
Pablo Carrera




Hace unos cuantos años, por el 72 del milenio pasado, Buñuel nos deleitó con la joyita que diera título a esta nota. Joyita que le procuró varios premios, entre ellos el Oscar, bastante bien dado por cierto. En la peli, dentro de las situaciones reales, se entrelazan otras imaginarias, pareciéndose la realidad mucho a esas fantasías, mezclándose en un aquelarre del que gracias a la mano maestra, se sale airoso y sin dolores de cabeza. Pensé en ella al encarar esta crítica, porque esa mezcla entre fantasías y realidad se me vino inmediatamente que conocí Goulu. Vamos a la narración: cálida la noche, daba para buscar una " terrace " (como le llaman en Francia a las mesas en la vereda, y para seguir a tono con la cinta, obviamente). Y así se hizo. Siguiendo el consejo de mi estimado jefe, llegamos a Roque Funes y Rafael Núñez de Bº Cerro de las Rosas de esta Ciudad. Sobre la primera de las arterias mencionadas, a unos veinte metros de la columna vertebral del prestigioso barrio de zona norte, se encuentra Goulu.
Los orígenes del lugar se remontan a lo que fuera un local de delicatessens y vinos. La confianza en los productos llevó a que se armara este pequeño bistró de pocas mesas, pizarra en pared con la propuesta del plato del día y las ofertas en vinos para acompañar. Carta no hay. Hay voluntad y excelente atención, que no es detalle menor. Lo único que te traen es un folletín con las opciones de vinos, todos de bodegas boutique entre las que puedo rescatar Domingo Hermanos, Las Perdices, Azul, Alto las Hormigas. También hay cervezas, espumantes y gaseosas (estas para los que anden con problemitas de cirrosis o cumpliendo promesas). El mozo que te atiende (cuando no el encargado) te informa sobre las alternativas: tablas de picada, fondue, alguna cazuela y la ocurrencia del chef. Anoche era lomo en costra de crocante de mostaza, acompañado por flan de alcauciles, tomates disecados y palmitos. Una delicia. Una sola observación: el punto de la carne, si bien fue preguntado, no fue respetado. La fondue puede ser individual, trae como hundibles tostadas, salchichas, otro embutido que no puedo precisar qué era, pollo, champignones cocidos y verduras asadas. Antes de la comida, te agasajan sí o sí con un pate ahumado de la casa y una pequeña tabla en la que las rodajas de un pepato sublime se codean con un lomo de cerdo, un jamón serrano, un fontina y algunas verduras escabechadas, a más de pistachos y nueces.
Al postre soy honesto, no llegué. Hay porque ofrecieron, pero ni siquiera se me cruzó preguntar qué había.
Sin vino, el cálculo por comensal es de aproxi $ 35.
En noche estrellada, vale la pena la mesa afuera, porque la Roque Funes es bastante tranqui, muy poco transitada a esa altura.
Conviene reservar. Vi llegar y vi partir a varios con la tarjetita con el pertinente teléfono a dichos fines (será la próxima, queselevacer).
Creo que el lugar sería el ideal para que los aristócratas de la película recalaran luego de su derrotero en busca de un lugar para cenar. Las fantasías de sabores y gustos se dan cita en Goulu. Como en pocos lugares he encontrado. No se sorprendan de ver llegar a Fernando Rey y la trouppe por la Roque Funes. Quien sabe. Todo es posible.

Goulu
Av. Rafael Núñez 4308 (entrada sobre Roque Funes)
Bº Cerro de las Rosas // Te.: 4818086
www.goulu.com.ar



Nostalgitis
Liliana Chávez




Intento ordenar un poco los papeles. Sobre mi escritorio unas cuantas películas esperan por un DVD. Les tengo que pedir a mis hijos que me presten uno, sólo tengo en casa un reproductor que al parecer ya no sirve más que para aquellas cintas que compré hace tiempo. La tecnología no camina, corre. Y yo me estoy volviendo de esas personas que añoran el pasado y sus cosas.

La imagen de mi padre y su recuerdo, irrumpe de pronto.
¡Uff...otra vez! solía pensar de niña, al escucharlo contar de cuando vivía en Córdoba, en Barrio General Paz y lo lindo que era llegar hasta el río caminando y pateando una de trapo con los amigos. Hablaba de la casa donde vivía, de sus techos altos, con ladrillos sobre alfarjías y vigas de maderas, el zaguán con estucado, las piezas y el baño alrededor del patio. En el 2002, dos años antes de morir, quiso ir a ver la casa de la calle Roma y lo acompañé. Era tal cual el la había descripto con la memoria, la CH tallada sobre una increíble puerta de madera y el 1901 en un redondel de cemento, encima del dintel. Y arrinconó todos los recuerdos, acá estaba la máquina de coser, allá un mortero, el sillón del abuelo al iniciarse el patio y la pileta de lavar no era esa.
Pasaba de un tema a otro. En cuanto me descuidé estaba hablando de la Puma primera serie. Vos que trabajaste en la Fábrica de Aviones tenés que saber la historia mejor que yo – decía – pero quien seguía contando era él. Allá, a mediados de la década del 50, se veían más motos que autos estacionadas junto a los cordones de las veredas. Tu tío, que trabajaba en Iame (Industrias Aéreas y Mecánicas del Estado) tenía un vehículo de esos y siempre dábamos una vuelta por el centro y nos deteníamos en algún lugar a tomar una Coca Cola bien fría.
Tras una pequeña pausa, acotaba: La Chinchivira, prácticamente se dejó de consumir. Aquella bebida de nombre raro que vos nunca podías pronunciar bien venía en un envase con una bolita para contener el gas.
Y traía a colación una anécdota que despertaba mi interés: cuando disponían de dinero extra pasaban por el Bahía, ubicado en 9 de Julio y Rivera Indarte, y así como los chicos de hoy hacen colas para un recital, había que esperar un buen rato para acceder a un licuado de banana con leche. Otros se acercaban sólo para observar como funcionaban esas licuadoras industriales, revolucionarias para la época o ver el picado de las barras de hielo que se hacía con un cepillo de carpintero.

Con sólo mi medio siglo de vida, (redondeo hacia abajo), me dio Nostalgitis. Que no daría ahora por escuchar esas historias de boca de mi padre.

Todo avanza tan rápido, hasta sé que el DVD del que hablo pronto será obsoleto. En estos días, cada cosa que me sucedió tenía cierta conexión con el pasado, hasta recibí un reportaje a Pino Solanas realizado por Patricia Chapitel y Oscar Castelnovo, reproducido por la Agencia de Noticias Independiente Rodolfo Walsh, que quiero transcribir al margen de cualquier interés político. En esa nota, cuando le preguntan ¿Qué recuerdos vienen de tu niñez?, el responde:
Recuerdo los juegos entre nosotros que éramos una familia numerosa, se inventaban los juegos y cada edad tiene los suyos. Viene el Olivos de los años cuarenta, un Olivos de calles con empedrado y de casas grandes, los jardines eran grandes. ¡Uh! Nos divertíamos mucho, nosotros éramos cinco pero además venían los amigos del barrio. Recuerdo ese Olivos del botellero, la leche, la verdura, el panadero, todos con carro. ¡Ah! Y el río, el olor del río, porque luego de los doce, el gran programa era ir al río. Ya a los catorce, era ir a buscar a las chicas a las salidas de los colegios, porque no había colegios mixtos. Y después ir al cine, esta el cine York, las fiestitas que se organizaban en las casas, me he divertido mucho en mi adolescencia. Era un Olivos muy apacible. Fui al Colegio Nacional San Isidro, el único nacional que había. Entonces era Olivo, La Lucila, Martinez, San Isidro hasta San Fernando, era todo una misma movida. Toda la zona norte una aldea grande, no tiene nada que ver con la que vino después, nadie tenía auto. Quizá: ¡Uy!, a aquél le “presta el coche el viejo” . Para nosotros era un Olivos de bicicleta.




Y como lluvia que no para, el jueves 8 en la Biblioteca Córdoba, volví a sentir el aire impregnado de esa cosa nostálgica, casi mágica que seguramente los de mi generación y otras cercanas entenderán. Fui a la presentación de los libros: Inventario Inconcluso, de Claudio Suarez y Del epitafio a la alegría, de César Vargas.
Excelente el material poético de ambos, transmitido al público a través de voces amigas, haciendo que la piel vibre, que se ponga de gallina, que nos den ganas de guardar silencio, escucharlos decir y querer más de aquella hermosa poesía. Ambos textos unidos por la memoria, entendida esta como nostalgia.

Claudio dice en su poema Años Felices: He visto desde niño los soles de estas calles/ Delirio y paraíso / desde siempre.// Cuerno mágico donde suena / algún paso de arena y está el siempre renovado rodar / de la esfera de marfil.// Debo acomodar entre secretos todas las voces y conseguir así una clara visión / de los tesoros.// El primer cigarrillo, /mi primera luna y el nombre / de aquella mujer que fumaba boquillas de cristal // La invitación de los trenes que partieron sin destino, / el cariñoso perfume de las estaciones / y el mundo cruzando los ruidos de la plaza.// La noche exagerada ha soltado su pelo. / Entre el humo y la memoria hay molinos de viento.

Y César, en su hermoso poema Desierto: El desierto camina / dijo cierta día mi padre,/mirando el horizonte./ Yo sentí en la boca/ un polvo fino de cristal salado/ y era el mismo sabor/ que a ese hombre le quebraba la boca.// Y fuimos hacia el sur/ con álamos y palas/ para atajar el viento,/ sus jorobas de arena caminante.// Es un animal seco y enorme,/ abarca toda la mirada./ Eso dijo mi padre /mientras plantábamos árboles./ Retrocediendo…/ Derrotados…// Pero que hermoso es ver en el desierto,/ resistiendo,/ esa larga puñalada de álamos/ que planté con mi padre.


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Cosa de hombres
Fernando López


Debo, quizás, a los hedores que involucran mi llegada, la instalación persistente de la náusea. Veo la luz de una bombilla sucia, y luego, mientras desato mi llanto, las diagonales de carne que van hacia la oscura región de donde vine. Un sabor entre salado y ácido quema mi lengua. Enceguecido por el meconio, manoteo el frío de las sábanas y alcanzo a distinguir otro llanto, tan pariente del mío que empiezo a sufrir una distancia inmensurable. Veo, también, cómo juega la luz con el perfil acuoso de esa piel.
Es la comunión con ese cuerpo estragado lo que me alerta a defenderme: percibo dos hojas de acero y un gesto demasiado oscuro, difícil de aceptar. Tomo entre mis manos el extremo del cordón y luego del chasquido del metal lo anudo, como si ella me lo hubiera indicado, imperceptiblemente. Nunca olvidaré su rostro desfigurado por el alcohol y las golpizas, por dolores que mellan desde siempre el significado de su boca entreabierta, los ojos a medio camino entre el sueño y la vigilia. No sé si le ha quedado algún diente. No sé un indicio de qué es esa ternura de pedir perdón.
Consumimos juntos el cigarro dejado por herencia, y cinco tragos del licor barato que usó para lavar mi alumbramiento. Abandonado sobre la cama descubro que estoy en un hotel de los que tiemblan cuando el tren se acerca. Descubro también, con vanidad, que no es bueno ni malo devenir adulto a partir del sufrimiento. Pasamos las horas mirando los cascarones de pintura dibujados en el cielorraso, semejantes a un mapa en el que ya está escrito el derrotero de mi vida. Después, cuando el olor a podrido de mi madre me alerta de los trabajos del tiempo, vacío sus pechos, más por amor que por hambre, y me acerco al espejo.
Prefiero callar el horror de médicos y bomberos cuando ingresan al cuarto dos días después. He caído de la silla al verme desfigurado, más allá del dolor me asusta lo que habrán de disponer sin preguntar. Sostenido en un hilo de lamentos, no imaginan que el llanto es secuela de lo visto, que en esas horas vacías maquiné para siempre mi venganza. Mi madre es un recuerdo vago y tembloroso revolcándose de espanto, mi padre es sólo esa violencia, propia de un imbécil.
Iré a buscarlo sobre los puentes de los basurales donde la gente desprecia los restos de sus fiestas, donde se enlazan las tierras del miedo y del olvido. A las ínfimas sombras que no dejan huellas, preguntaré por él sin conocer su nombre. Alguien me indicará los tugurios que visita, solo y arrogante a veces, o rodeado de putas, provisto de alcohol suficiente para toda la noche. Y algún soplón me dirá que ese rengo de sobretodo mugriento acodado a una mesa del fondo es el hombre que busco. Empujaré las puertas de vaivén y esperaré el silencio que produce el horror. Será entonces que de pie, con el saco entreabierto para exhibir mis armas, le gritaré delante de los parroquianos:
- ¡Cobarde! ¿Por qué no te quedaste a terminar la tarea?
Quizá me mire y tiemble como ante una aparición, pero no derramaré una sola lágrima. Ni por mi madre, ni por haberlo encontrado. Seguramente escupiré la bronca con algunas hebras de tabaco. Todos escaparán previendo una balacera, y yo me sentaré de este lado de la mesa a esperar su compostura. Pediré una botella del mejor licor. Y brindaremos. Porque no es cosa de hombres pelear con un desahuciado.


Jornadas de Política y Literatura en Córdoba
Mónica Ferrero



El 30 y 31 de octubre se desarrollaron en la Escuela de Ciencias de la información las Primeras Jornadas de Política y Literatura en Córdoba, que tuvieron el carácter de un debate inédito desde hace muchos años en el ámbito de la Universidad Nacional, sobre temas como: Literatura e identidad, militancia política y arte, el pasado presente: la Inmigración, el Peronismo, el Cordobazo, la Guerra de las Malvinas, la Dictadura, la lucha armada y los Derechos humanos y la versión de todos ellos en la ficción.

Pese a la concurrencia escasa en las comisiones que funcionaban en horario simultáneo, la profundidad de las numerosas propuestas - la mayoría trabajos de los alumnos de Ciencias de la Información, Letras, Filosofía, Historia y otras carreras- y la participación de escritores de reconocida trayectoria y de autores jóvenes, dio a las jornadas una significación que excede el simple encuentro de investigadores noveles y narradores.

La primera jornada planteó el problema de la Literatura de Córdoba y la identidad, en la comisión coordinada por el profesor y periodista Carlos Gazzera, que distinguió luego de los años de la última Dictadura militar, en el período de transición y consolidación de la democracia que van desde 1983 a 1989/90, una literatura destinada a conformar un discurso constructor de identidad, brutalmente acallada en toda Latinoamérica por las dictaduras hermanas, que por esto se vinculó, desde el primer momento, a la resistencia de los años de plomo. En esos tiempos, el humor construyó una identidad cordobesa, como algo autónomo de Buenos Aires y el resto del país, animándose a decir y cuestionar una realidad de violencia que desde otros géneros literarios tradicionalmente consagrados no se cuestionaba, alrededor de la revista “Hortensia” y el grupo “La Cañada”, que dio origen a la Feria del Libro, una crítica especializada de calidad y un sinnúmero de revistas, a menudo de pequeña tirada y más efímera duración. Junto al corpus del humor, abrió el fuego toda una narrativa femenina, que tuvo también una reflexión crítica sobre las características de la literatura de Género en revistas y libros de la época.

La década de los 80 planteó como unos de sus temas problemáticos: el de la historia y la militancia de los 70 y los efectos individuales y colectivos de la represión, en autores como Antonio Marimón, Fernando López, Lucio Iudicello, Tununa Mercado y muchos otros, con un tono de denuncia y un lenguaje testimonial, realista y llano, aunque apasionado y dolorido, con el que pretendía nombrar lo innombrable.

La producción de los años siguientes vio una crítica del papel del ejército, de la revolución y los revolucionarios y de la izquierda desde dentro de la izquierda, en una nueva versión que se encontraba tan lejos de la evasión, como de las verdades producidas institucionalmente por los poderes del Estado y también por los grupos sociales o políticos, como: Madres de Plaza de Mayo, Abuelas, H.I.J.O.S. En esas obras, la anécdota privada se trasladó al ámbito de lo público, en personajes a menudo paradigmáticos, como “el represor”, “el militante”, “el desaparecido”, “el traidor”, entre otros, que sirvieron para cuestionar las “verdades oficiales” de todos aquellos emisores, en un evidente compromiso político del escritor, que se asimiló, también desde el primer momento, a los desposeídos y sobre todo, a los perseguidos. No sólo en Córdoba y el país, sino en toda Latinoamérica, se advirtió en el pensamiento y en el arte de la época esta marca del intelectual y el artista con “el corazón a la izquierda”, que proponía una revisión de los procesos políticos y sociales desde la óptica de los movimientos y las reivindicaciones populares.
En algunas de ellas, la intensidad de la ficción y el compromiso ideológico recortó la historia al exclusivo período de la dictadura y el tema de los Derechos Humanos, que desconociendo el profundo entramado de las causas políticas y económicas que llevaron al Terror de Estado en estas colonias, redujo la obra de ficción a un discurso sesgado y esquemático, más próximo al panfleto que a la obra de creación y, finalmente, útil al discurso hegemónico imperial que pretendía combatir.

Los menemistas 90 dejaron en muchos autores jóvenes una visión fragmentada de la realidad, negadora de las raíces y las tradiciones de su obra, en que la historia reciente dejó de ser preocupación y la Política, depreciada como “algo sucio”, dejaba de ser un proyecto colectivo, para dejarse en manos de los “políticos”, alegándose que el único compromiso del escritor de hoy debía darse con esa entidad vaciada de contenido, ya no más producto social, sino excrecencia individual, que es “el lenguaje”.







Suave y fresca brisa
en la nublada noche
acaricia mi piel
hace danzar el fuego

El rocío
lentamente baña
el verde césped y las plantas

La luna
juega a las escondidas
con las nubes

El aire viaja por mi interior
la sangre recorre mi cuerpo
mi corazón late pausadamente

Vivo...

Erica Coronel


Sobre la palabra escrita – nada de poesía

Hugo Fernando Conterno




1. Se nos impone la lecto-escritura como un derecho, lo asumimos como tal y no somos capaces de interrogarnos por su importancia. De hecho, estamos unidos en este momento por la escritura. Pero, nos falta mucho por pensar, por ejemplo, para qué nos sirve esta tecnología.

2. De un tiempo a esta parte muchas palabras que jamás utilizo en un conversación aparecen de golpe en un texto y estoy compelido a traer ese concepto a mi mente, a que una parte de mi ser haga el simulacro de pronunciarla mientras mi boca calla. Conceptos que puntualmente evito son convocados por el texto. Se trata, al menos, de una falta de consideración y una intromisión en mi ser.

3. La educación primaria obligatoria surge en un momento preciso, grupos anarquistas estaban iniciando esa tarea, el estado no podía dejarse arrebatar una oportunidad así de adoctrinar. El sentir nacional era inculcado en los textos primarios, no el sentir local, sino uno más grande e imaginario, capaz de unificar.

4. La escritura es un adelanto tecnológico que permite transmitir mensajes de un modo completamente distinto que el oral, permite superar el contacto directo, trascender el tiempo (desde el acto de escritura en adelante), testimoniar el mensaje.

5. En el ámbito jurídico se produce una tecnología en apariencia contradictoria. Un texto puede ser interpretado aún contra lo que el emisor afirma haber querido decir. Ello genera un poder nuevo en el intérprete quien puede degenerar un mensaje alejándolo de la voluntad de quien lo emite.
Las órdenes escritas perduran aunque el emisor ya no posea poder y las circunstancias que podrían haber justificado la orden ya no se mantengan.
La codificación trajo otro tótem a nuestra repisa.

6. Las nuevas tecnologías no prescinden del lenguaje, las computadoras son programadas por su medio. Las personas son programadas de modos diversos, pero siempre por medio del lenguaje.

7. La alfabetización impide un tipo de dominación y explotación, mientas que facilita otras más funcionales a esta forma de vida en la que nos encontramos. Homo alfa-beto.

8. La cultura oral se transmite con un salto generacional. Los abuelos son los encargados de educar a los nietos mientas los padres trabajan.
La cultura escrita se transmite simultáneamente a las distintas generaciones sin necesidad de que unos hagan de transmisores para con los otros. Pero de todos modos requiere de sujetos productores de mensaje, aunque dichos emisores no tienen necesidad de estar vinculados con los receptores, como tampoco existe algún tipo de compromiso referido a que lo transmitido tenga que ser creído o sabido como cierto.

9. La palabra escrita es un acto que se recrea, una acción inicial que se vuelve sumamente provechosa para la economía. No tiene que volver a ser dicha por el emisor, pero el lector la activa cada vez que se topa con ella. Mísera y triste perdura hasta que el soporte no da para más.

10. Aquél que pueda prescindir del lenguaje escrito que me arroje el primer libro.

11. Apenas inicio este peregrinar contra la palabra escrita, cuando logre vencer... ya no existirán los testigos de mi triunfo.
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Éxtasis




Presiento – en la noche –
que tus falanges serán jauría.
Olfatearán tus yemas mi rosada pulpa.
Habrán de aparear aromas
en la piel apetecible del deseo.
Convulsiones de luz retorcerán las sombras.
Será fragante la placenta del alba.

Y yo, con el rocío resbalando todavía,
Sabré que nunca he tenido ni tendré
sabor a olvido.

© Liliana Chavez
Dibujo: Matias Arese

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Munidos de un insobornable derecho al delirio, “somos y seremos siempre compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importen ni un poquitito las fronteras del mapa o del tiempo; la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero” (Eduardo Galeano)

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