martes, mayo 08, 2007

Boletín Literario nº 67



Boletín Literario
Basta ya!
Año 2 // nº 67
Lunes, 7 de Mayo de 2007

El dibujo en el vidrio // Jorge Luis Carranza
Guadalupe // Liliana Teresa Chávez
La vida milagrosa // Alejandro Schmidt
Música exquisita
Sol tibio de otoño // Julia Valle
Tú sola y el árbol // Eduardo Planas
Primero de Mayo
Los cuentos de Fontanarrosa
Permiso para hablar // Fernando Rahe
Pavana del hoy para una infanta difunta que amo y lloro // Olga Orozco
Paul Auster
Todos quieren salir // José Luis Planas Osorio

Jorge Luis Carranza
El dibujo en el vidrio





Le digo al niño que soy,
que está todo bien.
Que los amaneceres no registran moros en la costa.
Aunque el arquero del corazón
hace rato perdió el invicto,
y en la fila de soldados hay algunos
que no pueden levantarse;
el primer dibujo que hicimos
en el vidrio empañado, aún puede verse.
Le digo que el mar de dudas y de soles cotidianos
sigue conviviendo ahí dentro, sin problemas.
Que la promesa que nos hicimos
tiene una salud de hierro
y es terca como una mula.
Por eso camino con él hasta el balcón
que se asoma a este tiempo bárbaro
y descarnado,
para iniciar juntos
el trecho que nos queda

Boletín Literario Basta Ya! // nº 67 // Córdoba // Mayo 2007

Staff:Director: Eduardo Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Mariana Montenegro, Pascual Rousse, Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera. Caro Riachi (corresponsal en Oñati)
Colaboradores Permanentes: Raquel Martínez, José Luis Planas Osorio, Guillermo González
Colaboran en este número: Fernando Rahe, Liliana Teresa Chávez
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este boletín se edita Quincenalmente y circula bajo Licencia Copyleft. Puede difundirse siempre que se mencione el autor y la fuente.
Web-blog: boletínliterariobastaya.blogspot.com
Suscripciones: email:
eduardoplanas2001@hotmail.com
La tarea de ablandar el ladrillo…” Julio Cortázar


Liliana Teresa Chávez
Guadalupe

La columna desciende la cuesta como un largo y pesado gusano, convertido, por momentos, en acordeón de murmullos. Guadalupe y Batuke juegan entretenidos al costado del camino. Ambos tienen nueve años y la piel blanca. El perro, una mancha parda en el ojo derecho y su dueña, un lunar sobre el párpado izquierdo. Al levantar sus cabezas, el amontonamiento de voces ya está sobre ellos. Desde el suelo, observan los pies que transitan interminables. Guadalupe supone que es una procesión de pobres; la mayoría de los feligreses van descalzos tras la virgen que llevan en andas. Entre unos zuecos descoloridos, divisa en la montonera los zapatos acharolados de su tío Rafael y, muy cerca, los pies huesudos y deformes de su padre, que llevan adherido a sus talones, restos de frutos maduros. Cansado, debió acortar camino por el sendero de moras.
La muchedumbre es seguida por perros, gansos, gallinas y cabras a los que, en voz alta, la imaginación de Guadalupe agrega cascarudos y lagartijas, con la intención de asustar a Batuke, que le teme a los bichos pequeños.
La niña detecta nuevamente a su padre en un claro de piernas. Los ladridos insistentes del perro la ayudan abrirse paso entre la gente. A regañadientes, el hombre la toma de la mano y, al llegar a la casa, pasa el resto del día tirado en la cama. Guadalupe comprende que otra vez dependerá de ella el sustento.
Le desagrada que su tío Rafael la bese, pero sabe que es la única forma de conseguir comida para ella y su padre, quien ha insistido que sea afectuosa con el pariente. En ocasiones se vio tentada en huir como su madre y dejar que su progenitor se arreglara solo. La niña no olvida las veces que la golpeó con la fusta y la hizo dormir a la intemperie en épocas de helada.
Su padre permanece postrado en la cama. Los mejunjes que su tío Rafael le prepara sólo empeoran su salud y un día, simplemente amanece sin vida, como dormido.
Batuke que, en apariencia, ha bebido también el brebaje del enfermo, quedó tendido en el suelo, vientre arriba, las patas tiesas. Guadalupe no encuentra consuelo, el animal no reacciona a sus palabras. Ella solloza, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas y, en cuanto alguien habla de enterrar al perro, impide a los gritos que se acerquen.
A la semana, su tío Rafael la lleva a su casa. Ha cambiado su cama chica por una más amplia. No permite visitas entrometidas ni que lo interroguen sobre su sobrina. La alimenta, la viste y suele bañarla más de una vez al día, aunque ella se resista. No quiero que te griten sucia, argumenta el hombre, mientras le desliza la esponja por el cuerpo hasta detenerse en su pubis, más tiempo del necesario.
A Guadalupe los días le van endureciendo los gestos. Sólo insinúa una sonrisa cuando persigue al colibrí entre las flores del patio. Vive turbada. Dormida o despierta siente la saliva pegajosa que va dejando en su piel los besos de su tío. Se llena de sarpullidos cuando las manos ásperas la acarician. Lamenta no tener a Batuke; se habrían ido juntos por algún camino.
Sentada en el umbral de la casa, Guadalupe, libre por un momento de la presencia de su pariente, queda con la mirada perdida en el campo vecino. Una nube gris y espesa va cubriendo el sembradío. El aire, irrespirable, vence el perfume dulzón de las retamas. Una oleada repentina de calor la invade. Observa unos campesinos correr con sus hijos en brazos y a otros, perseguir el ganado que, espantado por el fuego, se dispersa sin rumbo.
La niña se refriega los ojos. Le parece ver a Batuke huyendo de la humareda, con sus patas cortas y el pelo oscurecido por el humo. Se levanta como movida por un resorte, atraviesa la verja, cruza la cuneta, la acequia, el alambrado y en instantes, está en el campo vecino, en medio del incendio.
Los que la vieron, aseguraron que danzaba entre las llamaradas, extrañamente feliz, con el pequeño perro negro de don Saverio, recogido entre sus brazos.


Alejandro Schmidt
La vida milagrosa

Cada poema

cada poema como una casita
empujada por el alba
y la lluvia

cada poema como un hombrecito
que sale de su casa
al día inmerecido

cada poema como un cielo
dando piedras a los labios

cada palabra al fin

cada deseo.

Para quién

Una de las chicas que atiende el bar
le dijo a su compañera

se extraña el agua caliente
es como la luz
cuando no está

y todavía hay gente
estudiando
preocupada
qué escribir
y cómo

y para quién.

La vida milagrosa // Ed. Recovecos // 2005


Alejandro Schmidt nació en Villa María, Córdoba, Argentina en 1955. Hace tiempo publicamos Dormida, muerte o hechizada, (1993). A modo de folletos, plaquetas y libros ha publicado 28 textos de poesía. Dirigió la revista de divulgación literaria El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol ( 1987 -1991). Desde 1992 dirige radamanto, editorial de poesía. Fragmentos de su obran han sido traducidos al inglés, alemán e italiano. Dos de sus libros fueron transcriptos al sistema Braille

Música exquisita
Rachelle Ferrell // Something ’else
Ivan Lins // Jobiniando
Tom Jobim Canta Vinicius
Keith Jarret // The koln concerts
Rosa Passos y Ron Carter
Bill Evans y Toots Thielemans



Julia Valle
Sol tibio de otoño

Sol tibio de otoño
que acaricia mi piel.
Protege la intimidad
de mis sentimientos.
Olvido,
caminando, caminando,
la malicia del hombre,
al acecho de lo
que no le pertenece,
hiriendo, matando, mutilando.
Sol tibio de otoño
que acaricia mi piel
hoy te siento,
mañana no se.

Eduardo Planas
Tú sola y el árbol

Estás tú sola y el árbol
para abrigarte,
curarte,
para encontrar,
y descubrir
tu inmensidad

Primero de Mayo // Día Internacional de los Trabajadores
Un obrero me ve, me llama artista y noblemente me suma su estatura”
Silvio Rodríguez // Llover sobre mojado

Los Cuentos de Fontanarrosa filmados




Canal 7 en la programación de los jueves a la noche le ha dado un lugar a los Cuentos filmados de nuestro querido Roberto Fontanarrosa, el talentoso rosarino creador de Inodoro Pereyra y Boogie, el Aceitoso.

El primero de ellos, se trata de una mujer que acaba de enviudar y es convocada por una vecina espiritista para invocar el alma de su marido, ya que en oportunidad de estar trabajando con el espíritu de Ceferino Namuncurá irrumpe y pide hablar con su cónyuge superstite. Al descender el mismo al mundo de los mortales continúa discutiendo y exigiendo cosas tal como cuando estaba vivo; se crea una escena desopilante entre los dos planos, la voz arriba del difunto y la esposa, hija y el hermano abajo contradiciendo con vehemencia al fantasma. Lo cotidiano no se vuelve mágico.
En el otro, un cincuentón que envidia a su amigo de igual edad, porque se ha separado y está saliendo –según él- con una chica mucho más joven, libre y despojada. Después lo tiene que consolar porque cuando va a visitarla, se entera que no estaba, que se había ido de viaje con amigos, sin avisarle nada. Que simplemente se trataba de la ilusión de un veterano de volar en un parapente con una mina joven.
En las escenas parecen verse los globitos de texto en los pensamientos da cada uno.
Genial Fontanarrosa. Loable iniciativa de la televisión pública.

Fernando Rahe
Permiso para hablar



A menos de una semana de cumplirse un mes de la muerte de Carlos Fuentealba, el músico y compositor Rahe creó la canción “Permiso para hablar”, en su memoria.

Con la frase “las balas no matan palabras, pero la sangre se va” como estribillo, la balada homenajea al maestro de 40 años, fallecido en medio de un enfrentamiento entre docentes y la Policía en Neuquén al recibir el disparo de una granada de gas en la cabeza.

El autor del homenaje es Fernando “Rahe” Israilevich, un músico y escritor cordobés, cuyas letras se caracterizan por “narrar historias y reflexionar sobre los sentimientos de las personas”, según él mismo se describe desde su página web: www.rahe.com, donde –además- podés bajar el audio del tema.

Nuestro músico amigo (que tocara en una de las Juntadas), editó un disco en el 2003, “Paracaídas”, y publicó dos libros: “Leopoldo y otras historias” – que comentamos en Boletín anterior- y “Los valores no son verso”.

Esta es la letra completa de esta hermosa canción:
Permiso para hablar

El alba no dio su presagio
La fuente se quebraría al fin
Otra lección lejos del pizarrón
Un miércoles cuatro de abril
Los protagonistas de esta historia
Son más de los que has de contar
En un lugar donde no se puede hablar
Las víctimas somos todos en verdad

Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Pero la sangre se va
El viento resuena en estallidos
Y lleva el mensaje fatal
Silencio después, perdimos otra vez
Nada justifica este final
Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Pero la sangre se va
Voces que predican lo que es justo
Razones que se hacen escuchar
No saben callar, no deben callar
En honor de aquellos que no están
Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Las balas no matan palabras
Pero la sangre se va

Olga Orozco
Pavana del hoy para una infanta difunta que amo y lloro



A Alejandra Pizarnik

Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:esa perversa tentación,ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.Flor cruel, flor vampira, más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos, como lazos en manos del estrangulador.¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se desgarro el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,o te adrementa el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio
te envuelve por dos veces en
sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.


Paul Auster






Nació el 3 de febrero de 1947 en Newark, New Jersey. Parte de su obra está ambientada en la ciudad de Nueva York
. En su juventud tradujo poesía francesa, y fue también poeta antes de orientarse hacia la novela. Sus padres habían nacido ya en los Estados Unidos, aunque eran originarios de Europa central.
Su contacto con los libros es bastante prematuro, gracias a la biblioteca de un tío suyo, traductor. Empieza a escribir a los 12 años, antes incluso de descubrir el béisbol que tanto aparece en sus novelas. Entre 1965 y 1967, estudia en la Universidad de Columbia literatura francesa, italiana e inglesa. Empieza a traducir a autores franceses como Dupin y Du Bouchet y viaja a París. Volverá en 1967 para evitar ir a la Guerra de Vietnam, tratará de trabajar en el cine, aunque suspenderá el examen de ingreso al IDHEC. Escribe guiones para películas mudas que nunca se rodarán, pero que descubriremos más tarde en El libro de las ilusiones.
Durante los diez años siguientes, el trabajo será duro. Escribe artículos para revistas, empieza las primeras versiones del Viaje de Ana Blume y de El palacio de la luna, trabaja en un petrolero, vuelve a Francia en donde vivirá unos tres años (1971-74) gracias a sus traducciones de Mallarmé, Sartre o Simenon), escribe poesías y obras de teatro en un acto.
En 1979 justo después de divorciarse y de tratar sin éxito de publicar una novela policíaca bajo el pseudónimo de Paul Benjamin (Bala falsa), la muerte de su padre le proporciona una pequeña herencia que le saca de apuros y le inspira para escribir La invención de la soledad. Se publica su libro en prosa Espacios blancos... Conoce a la novelista Siri Hustvedt, con la que se casará en 1981. Se publica en 1982 El arte del hambre.
Se empieza a reconocer a Paul Auster entre los escritores mayores. Entre 1986 (en que se publica Ciudad de vidrio) y 1994 (Mr Vertigo), publica novelas como El palacio de la luna y Leviatán. Vuelve al cine, y adapta junto al director Wayne Wang su relato corto El cuento de Navidad de Augie Wren,(comentado en Boletín nº 34, 2006). Smoke y Brooklyn Boogie se estrenan en 1995. El mismo Auster dirigirá Lulu on the bridge (1997), mal recibido por la crítica.
Vuelve a la novela con Tombuctú (1999), El libro de las ilusiones (2002), La noche del oráculo (2004) y Brooklyn Follies (2005).
Su último libro Viajes por el Escriptorium, Ed. Anagrama, es altamente recomendable.








José Luis Planas Osorio
Todos quieren salir



A fines de enero de este año -con más de 40 grados de calor a la sombra- yo salía de un negocio ubicado en el centro de la ciudad de Cruz del Eje cuando se detuvo un vehículo flamante que parecía extranjero ya que la patente decía "Santiago". Su conductor me mira y pregunta: "¿Cómo hago para salir de acá?". Le devuelvo la pregunta: "¿Para dónde quiere ir?". Me responde apresurado que quiere ir “para las Sierras...”. Entonces, le indico que debe doblar a la izquierda y seguir hasta los semáforos de la Ruta 38 y allí tomar hacia la izquierda otra vez para Capilla del Monte, La Falda, etc.
"Muchas Gracias", dice y aprieta raudamente el acelerador .
Subo a mi auto y me dirijo a una estación de servicio a cargar combustible. Allí encuentro otro automóvil con patente blanca, en la que leí Asunción, era un coche tipo Cross-Van, cargado con bártulos, cañas de pescar, etc.. Otra vez, el conductor me mira y pregunta: "¿Cómo hago para salir de acá?".
Le repregunto adónde quiere ir, y responde: “Para las Sierras, a Cosquín. Me parece que me quedo en Cosquín...”.
"Buena idea", digo yo y le indico el recorrido para salir de nuestra ciudad rumbo a las deseadas y ansiadas sierras de Córdoba.
Me dirijo al Banco de la Provincia de Córdoba, allí hay largas y penosas colas para pagar impuestos y para percibir haberes. Los pobres jubilados suelen hacer colas de tres o cuatro horas soportando el calorazononón que hace, pues empiezan a pagar a las tres de la tarde, cuando ni las iguanas coloradas salen a la calle, y no hay ni un árbol para que les haga de sombrilla siquiera, Cuando iba caminando para el banco, un conductor de un vehículo patente nacional, color rojo me pregunta:
- ¿Cómo hago para salir de acá...?
- ¿Para dónde quiere ir?.
- Para Jesús María.
Le indico que debe seguir derecho por calle Alvear hasta la salida a Deán Funes y que la ruta Provincial N °16 lo lleva a Jesús María.
Pasado el mediodía, regreso a casa con un sabor amargo en mi boca, pensando que tres personas me habían preguntado ¿cómo hago para salir de acá? en menos de diez minutos.
Todos querían irse rápido, no pasar ni un minuto más en este pueblo. No advirtieron sus atractivos, como el Dique, por ejemplo. Será que no conocen lo que hay en Cruz del Eje ya que no hay publicidad, ni campañas turísticas competitivas, ni tampoco infratructura: hoteles y restaurantes preparados para alojar el turismo, la industria sin humo.
Divagaba sobre estos temas, sin que se me fuera el trago amargo, mientras cruzaba las vías que están al costado de la Nueva Cárcel Modelo rumbo a mi Barrio Residencial América II, tan pegadito a la misma, que el propio Gobernador de Córdoba dijo que nos había construído la "Cárcel en el living”, prometiéndonos cloacas, asfalto, gas natural, transporte urbano, alumbrado perimetral “Luz de Día”, y otras tantas cosas para los que se quedaran y los que quisieran irse del barrio. Promesas que se las llevó el viento y la tierra, hasta ahora , no se ha visto nada concretado.
Al pasar las vías de lo que otrora fuera el corazón de Cruz del Eje, el Ferrocarril “Central Norte Argentino” luego bautizado ”General Belgrano” de los famosos “Talleres Nuevos” construidos en 1954 y nunca inaugurados por esas cosas de la política criolla, veo a un joven que venía caminando medio mareado, mirando para todos lados, como “turco en la neblina”.
Me hace señas para que me detenga un minuto. Y ahí nomás, arroja sobre la ventanilla de mi fatigado y cuasi-recalentado coche la frase lapidaria: “¿Cómo hago para salir de acá?".
Me tomé el rostro con las manos, me tomé un respiro y le dije: “Sos la cuarta persona en menos de 20 minutos que me pregunta lo mismo ¿tantos turistas hay en Cruz del Eje que quieren salir?".
Con rostro asombrado me dijo: “¡Qué turista!, me acaban de largar de la cárcel y soy de Río Tercero, no tengo pasaje y quiero salir lo más rápido posible de acá”.
Le indico el camino, que tome por la izquierda en la despensa de la esquina de la Cárcel, por la Avenida de tierra Juan XXIII, debía cruzar el Río y allí tomar a la derecha por calle Sarmiento hasta los semáforos de la ruta Nacional 38. "Allí, hacé dedo para la izquierda, hacia Córdoba". Le deseé que le vaya bién y tenga suerte, que alguien lo lleve y que no se deshidrate en el camino.
Cuando llegó a mi casa mi hija más chica -que había salido a caminar con una amiga- me dice que un joven pasó corriendo por la Juan XXIII, y les preguntó ...
"Si, sí. Ya sé -me anticipé-, te preguntó cómo hacía para salir de acá".

Publicado en
www.sosperiodista.com el 03/05/07

No hay comentarios.: