lunes, mayo 21, 2007

Boletín Literario Basta ya! // nº 68 // Mayo 2007





Un poco // Jorge Luis Carranza
Brota ausencia / No fue en Alcatraz / No pasa nada // Graciela Wencelblat
El francés // Liliana Chávez
Al caer la noche (2) o Pascualette en frecuencia modulada // Adriana Pozzo
César aconseja a los gobernantes // Hugo Conterno
Cortázar y el cine // Eduardo Planas
El cordobazo // Adriana Pozzo
Música clásica // La exquisita Hilary Hahn
Para saber adónde se va hay que saber de dónde se viene // Atahualpa Yupanqui


Un poco
Jorge Luis Carranza

Hace falta un poco de suelo,
otro poco de cielo
y un amor.

El suelo no yerra
en su simpleza
y el cielo
no cesa en su anhelo.

Dicen que el amor,
el de aquí y ahora,
tiene suelo y tiene cielo
y es algo más que suelo y cielo.

Con él es suficiente para ser.



Graciela Wencelblat

Brota ausencia

ya no busca entre las dunas





la luz de esa mirada





el día perdió el azul y la distancia





las orlas que sostenían





los frutos de la palabra





cavaron huecos de sombras





quieta hundiéndose





siente caricias de arena





una noche de gritos





la ausencia que





brota de tanto desierto.








No fue en Alcatráz

No fue en Alcatraz
pero en algún lugar
me detuvieron.

Tal vez por caminar en falsa escuadra
o robar la esquina de los vientos.

Las gaviotas volaban tristeza.

No pasa nada

Entre libros diarios café
siento que estoy en el bosque
con hambre de animal que fugó
de su jaula
no escribo poemas
hay un huracán de gaviotas
dentro del pecho
huída de luz y sonido
no pasa nada.

Sólo que perdí el cuaderno de secretos
el árbol de fotos la sonrisa de la orquídea
un llanto verdadero.


Desde Graciela // Inédito
grawen@fibertel.com.ar


El francés
Liliana Chávez

Sueño que las piedras balbucean
su amor por Calamuchita”


El caserío, que ocupaba no más de dos hectáreas, no tenía un nombre. Sus habitantes sólo sabían que el agua que corría a metros de sus casas pertenecía al Arroyo del Potrerillo. Un cartel lo indicaba en el punto donde el cauce desviaba hacia la derecha. Cuando alguna urgencia obligaba a dar una referencia mayor, se mencionaba a Santa Filomena, aunque pocos supieran donde quedaba.
Alejo Ontivero, precursor del caserío, había edificado en piedra algunos nichos para su familia. Ahora el cementerio albergaba doce cuerpos, todos con parientes en el paraje.
Los lugareños subsistían gracias a sus huertas, la cría de animales de granja y dependiendo de la destreza de cada uno para la caza.
El boliche de Aguedo Guzmán era el único entretenimiento. Tenía un juego de sapo con caja de madera que cada año amozaba con nuevos ribetes, para que no perdiera interés entre los parroquianos. Allí se reunían los hombres y también las mujeres que, una vez finalizados los quehaceres, aparecían con sus agujas de punto y se sentaban cerca de donde jugaban los hombres. Las conversaciones se repetían una y otra vez. No había receta que no hubiese pasado de mano en mano y como no se concretaban uniones, tampoco nacimientos de los que hablar. No había secretos mal guardados, niños de los que ocuparse ni cuatreros que anduvieran por la zona.
El día que se quemaron las válvulas de la radio, las mujeres cambiaron los novelones de Oscar Casco por una cadena de oración que cada tarde realizaban junto a la gruta de la Virgen de la Inmaculada. Doña Catalina había heredado la imagen de un descendiente de Gregorio de Iriarte, antiguo dueño de la estancia San Lorenzo del Sauce. Mal no estaría, Virgencita, que te acordaras de nosotros, terminaba diciendo quien llevaba la voz cantante.
Una tarde, asolados por el calor, la tertulia se llevó a cabo bajo el aguaribay, Desde allí podía verse el brillante follaje de los molles contrastando con el rojizo de los manzanos de campo. Se preparaban al menos tres mates para acortar la vuelta. Maruca atrapaba con su delantal las isocas amontonadas al borde del arroyo. En un momento, todas las miradas se volvieron hacia el camino de tierra que conducía a Santa Mónica. Por un sendero lateral, angosto y pedregoso, venía un hombre a pie, fatigado, cargando una valija y una caja rectangular de gran tamaño.
Cayó frente a ellos sin pronunciar palabra. Tenía raspones en brazos y piernas y según doña Cata, una fiebre como no había visto en su vida. Colocaron un catre en la trastienda del boliche, los hombres lo desvistieron y no faltó la comedida que alcanzó un te de ruda e hinojo para reanimarlo y un preparado de árnica para las heridas.
La caja que traía se había abierto con la caída, dejando a la vista pinceles y frascos de colores. Roldán sacó la ropa de la valija y la colocó en las gancheras que alguna vez se usaron para las presas en época de caza.
Durante varios días el desconocido sólo abrió los ojos para tomar un poco de caldo a cucharadas. Nadie supo en qué momento se puso de pie. Apareció tras el cortinado, vestido correctamente y con el cabello peinado hacia atrás. Se tomaba de la barbilla con extrañeza; Valentín lo había rasurado el día anterior.
Cuando lo escucharon hablar, quedaron con la boca abierta. Su voz era tan seductora como la de un locutor radial y sonaba con inusual fineza, aunque sus dichos resultaran incomprensibles. Es francés, aseveró don Aquilino que había andado viajando cuando estuvo en la marina. Todos se miraron. Roldán tomó la iniciativa y le ofreció una silla. El hombre comenzó a contar algo. Por la angustia de su rostro, pareció muy oportuno el llanto de doña Hermelinda. Las demás mujeres la siguieron, presintiendo que efectivamente se trataba de una historia triste. Pobre, pobre-repetían.
Los paisanos en cambio no se dejaron seducir tan fácilmente. Pensaban que tal vez estuviesen frente a un fabulador. Pero a los pocos días se dejaron impresionar por la habilidad con que pintaba zainos y alazanes. A los corazones femeninos cualquier pretexto les servía para acercarse y dejarse retratar por el visitante. Maruca posó para él, dejándole ver sus pantorrillas y haciendo caer el bretel de su vestido.
. El artista, con sólo una seña o una mirada, conseguía atraer a todas las mujeres. Estaban pendientes de él. No faltaba quien le preparara la comida y pusiera su ropa en condiciones.
En la tranquilidad de la sierra, entre el aroma refrescante de la menta y el andar del arroyo, los habitantes del caserío sin nombre descubrieron que el francés era un arrogante. Efraín Camacho, con dotes de vidente, aseguró que el pintor menoscababa a los pobladores de esa parte de Calamuchita por resultarles personas de escasa cultura. Sin dudas ya estará pensando en irse. Maruca, había comentado llorando como una Magdalena, que lo había visto acomodando la ropa en su valija y luego esconderla bajo unos trastos.
Se organizó todo a espaldas del involucrado. Se citaron a la medianoche en la cuesta de los piquillines. La primera en presentarse fue doña Aurora. La curandera preparaba un brebaje que dejaba atontado y sin voluntad a quien lo consumía. Lo habían probado varias veces con el hijo de Ismael Alsina que asiduamente se retorcía en el suelo por efecto de una rara enfermedad; el chiquillo quedaba manso como una oveja.
Diez días demoró Jacinto en traer al cura desde Santa Rosa de Calamuchita. Los detuvo la crecida del Río Santa Rosa, que desbordó hasta sus afluentes de poco caudal. Jacinto, que era la primera vez que había salido del pueblo, contaba maravillado cómo cruzaron en plena creciente por un puente de hierro del año mil novecientos catorce. Créanme que es enorme ese lugar. Hay un montón de casas a cada lado del puente, decía con grandes ademanes, buscando que el sacerdote confirmara sus dichos.
Dopado como estaba, René Paul Chénier, así se llamaba el francés según su documento, se casó con una Maruca que no podía disimular su alegría. El pintor supo entonces quienes eran los que mandaban. Una infusión de doña Aurora de vez en cuando, mantenía al hombre obediente ante los pedidos que se le hacían.
Cada lugareño empezó a frecuentar al artista en la trastienda del boliche, no menos de una o dos horas, tres veces a la semana.





Los arrieros que pasaron ese invierno, llevando ganado desde la Estancia El Potrerillo hasta Arroyo Seco y Santa Clara, debieron ser los culpables de la avalancha de vecinos. Lo cierto es que Aguedo Guzmán debió comprar más sillas por la afluencia de gente que venía a su boliche desde otros poblados. Hasta se animó a colgar de la pared el cuadro de Dalmacio, convencido que le daba cierto prestigio. Por si alguno carecía de memoria, él mismo se encargaba de recordarles que a principio de mil novecientos hubo un intento en la legislatura provincial para cambiar el nombre de la región de Calamuchita por el de Vélez Sarsfield. Aunque aquello no había prosperado en su momento, él estaba orgulloso del amigo de su padre.
A doña Aurora no le alcanzaba el tiempo para envasar las hierbas que le pedían; las otras mujeres preparaban arropes y quesillos que se vendían como el pan caliente. A ese ritmo, el caserío estaba necesitando un nombre. Don Aquilino, sin consultar y sólo porque le pareció atractivo, sacó a relucir un cartel trabajado en madera que había encontrado, hacía ya un tiempo, a la orilla del río. Hasta don Alsina hizo buenos negocios con unos terrenos de poco valor que poseía cerca de Carahuasi.
El juego de sapo fue quedando olvidado entre sillas y mesas que don Aguedo descartaba.
Los visitantes se iban admirados, comentando con envidia, cómo podía ser que en ese paraje sin nombre, todos pintaran con maestría y hablaran en francés.






1º Mención Historias y Leyendas de Calamuchita // 2004




Boletín Literario Basta Ya! // nº 68 // Córdoba // Mayo 2007
Staff:
Director: Eduardo Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Mariana Montenegro, Pascual Rousse, Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera. Caro Riachi (corresponsal en Oñati)
Colaboradores Permanentes: Raquel Martínez, José Luis Planas Osorio, Guillermo González
Colaboran en este número: Graciela Wencelblat, Liliana Chávez, Erica Coronel
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este boletín se edita Quincenalmente y circula bajo Licencia Copyleft. Puede difundirse siempre que se mencione el autor y la fuente.
Web-blog: boletínliterariobastaya.blogspot.com
Suscripciones: email:
eduardoplanas2001@hotmail.com
“La tarea de ablandar el ladrillo…”
Julio Cortázar

Al caer la noche (2) o Pascualette en frecuencia modulada
Adriana Pozzo


Una vez más los locutores de este programa de radio FM LIBRE Leandro y Francisco invitaron a un integrante del Basta Ya!. En esta oportunidad ocupó ese espacio Pascual. Las dos horas fueron acompañadas de una selección de música popular exquisita. Nuestro Basta Ya! estuvo representado por un hombre que hace magia, al mejor estilo del circo moderno, esto es : es padre, esposo, tiene cinco hijos, un perro y una gata, además hace música de la nueva trova rosarina, es médico forense y docente de la Facultad de Medicina de pre y pos grado.
Nuestro compañero de redacción contó los avances de nuestra revista y recitó los mejores poemas de su creación con emoción la que desbordó en Mi cóndor de nubes, donde late el amor profundo hacia una mujer con vuelo sostenido; es en ese instante que explica que empezó a escribir porque sintió la provocación y la inspiración para hacerlo, con la fuerza visceral y pasión que refleja cada acto de su vida.
El medio se transformó por la calidez de la entrevista y en forma distendida fluyeron las ideas. Por ahí se escuchó la voz de Doña Jovita que parece que tiene problemas con su sobrino Jeremías, quien no le presta un meguita de su cpu para guardar las canciones en sus documentos, ella pide nada más que un meguita, sino anda perdiendo los papeles.
En esta audición hay que ser de fierro, pues los locutores llevan al entrevistado por caminitos diversos, las elecciones en Francia, el presupuesto para la educación, el fútbol siempre el fútbol.
El programa terminó con una reflexión de nuestro amigo sobre las pasteras y las características del río Uruguay, pues…el Uruguay no es un río es un cielo azul que viaja…
Al caer la noche brillaron tres estrellas.:Leandro, Francisco y Pascual. Acuérdese el Martes a las veintidós horas sintonice la FM 92.5, una radio que tiene como fundante al padre Horacio Saravia. En cualquier momento las mujeres del Boletín también vamos, para completar con nuestra mirada esta creación colectiva que quiere capturar la belleza entre el cielo y la tierra.


César aconseja a los gobernantes
hugO fernandO cOnternO

Hace como diez años compré un libro ya viejo, “Brutos consejos para gobernantes” de César Bruto, lamentablemente los procesadores de texto no permiten recrear la tipografía y la gracia no es que yo se los cuente, sino que lo busquen. Al libro, no a César Bruto ni a Oski, el ilustrador. No se pierdan la dedicatoria ni la carta abierta a Cortázar, Pero si todo es imposible les cuento, tomen Rayuela y antes del primer capítulo lean, luego vayan al capítulo 147, vuelvan a leer, cierren el libro e imaginen algo. Me imagino que todos los lectores tienen un ejemplar de Rayuela, es lo menos que espero de ustedes.
Lo compre de puro barato y por lo tapa, fue una excelente compra. Ahora intentaré recrearles algo de lo que me despierta el libro, pero de otro modo o del mismo, ese es un problema que no me encargaré en dilucidar. Pero de ahora en más, están solos (ya son grandes y saben leer).


Primer acto.
La mayoría de los superhéroes viven atormentados, sus vidas son un calvario y los poderes extraordinarios son más una carga fruto de un infortunio que una ventaja para hacer panzadas al sol. O no se imagina usted con esa mirada, o siendo invisible, corriendo a la velocidad de la luz, volando, trepando por las paredes sin estar en una crisis nerviosa, etc., etc.


Segundo acto.
...Ya sé que yo no soy nadies para dar consejos a nadies, pero si a mí me dejaran haser un diario oficialista, yo siempre pondría grandes notas con tremendas fotografías de las catástrofes que pasan en el estrangero...
El muy Bruto se explica, con un catastrófico ejemplo.
...Algo paresido a esto susede cuando usté se mete en un biógrafo a mirar una sinta junto con su señora: si en la película aparese una estrella bárbaramente sinpática, joven y llena de sobresalientes encantos físicos..., al salir del sinE usté está hecho una piltrafa y se siente deprimido y acomplejado por el bagayo que lo acompaña; pero si la principal protagonista de la sinta es una artista vieja, frané y descangallada ¡usté sale satisfecho y chocho de la vida porque, comparada con la otra, su señora todavía puede prestar servicios!...


Tercer acto.
Porqué será que los superhéroes sufren, porqué los superpoderes son un asco, porqué en las películas los ricos sufren, los jóvenes se aburren, los viejos sonríen y son sabios (y me apunta mi tía solterona), se casan, las peores cosas suceden en otro lugar y en el barrio reabren el cine, porqué el final es feliz y si es infeliz tiene moraleja. La explicación es brutal: las compañías cinematográficas leyeron a César.


Cuarto acto.
Si la estrella es bárbaramente simpática, joven y llena de sobresalientes atributos, iniciemos una cadena de oración, o como diría Charly, si conocen alguien así, yo se los pido, que me avisen porque es así, que necesito. Pero no le digan naidas a mi seora, que todavía puede prestar servicios.


Quinto acto - colorín corolario.
Lo mejor es poner el sapo sobre la cabeza de la relampagueante dueña de casa y no asistir a ninguna venganza.

cordoVa, mayO de 2oo7


Cortázar y el cine
Eduardo Planas


El realizador argentino Manuel Antín fue el que adaptó la mayor parte de los filmes inspirados en la obra de Julio Cortázar, a saber: La cifra impar, Circe, Intimidad de los parques. En las mismas intervinieron ambos en la elaboración. lo que quedó evidenciado en detalle (para los investigadores) en las Cartas del autor editadas posteriormente por su ex esposa Aurora Bernárdez.
Pero la película cortazariana por excelencia –sin duda por los premios que recibió, la difusión internacional y la relevancia de su director- fue Blow-up (1966), de Michelangelo Antonioni, basado en parte del relato Las Babas del Diablo, aunque pueden encontrarse huellas de otros cuentos. Hasta tal punto llego la fama, que ha habido traducciones y ediciones de bolsillo en las que el cuento aparece con el nombre del filme.
Pero hete aquí, que Julio Cortázar no se reconocía ni reconocía su relato en la magnífica creación del italiano. Sostenía que solo en algún travelling que atravesaba el bosque conseguía acercarse a lo que había sentido escribiéndolo. El mismo cine de Antonioni en general no le parecía próximo a su poética o narrativa.
Luis Buñuel, a quién Cortázar consideraba un verdadero monstruo sagrado en el cine, estuvo interesado en filmar algunas cosas o reagrupar varias obras en una sola. Se dice que pretendió adaptar Las ménades, por lo que se encontraron varias veces pero las imprevisibles leyes de la producción impidieron concretar el proyecto. Esto sí hubiera significado para Cortázar una especie de utopía cumplida: la de verse a sí mismo en otro lenguaje paralelo y equidistante de la literatura.
Tristán Bauer, el director argentino de la película que -a mi juicio- es la mejor sobre Malvinas, Iluminados por el fuego, realizó -ya fallecido nuestro admirado escritor- el filme Cortázar, de excelente factura.
Las experiencias que Julio Cortázar volcó en su libro "Los autonautas de la cosmopista", que escribió en 1982 durante un viaje por una autopista francesa, fueron reeditadas por Sebastián Martínez en el documental "París - Marsella", que se estrenó hace poco tiempo en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).
Inspirado en aquel libro que Cortázar escribió durante un viaje de 33 días por una autopista francesa junto a su mujer, Carol Dunlop, Martínez repitió 20 años después -también en compañía de su esposa, Victoria Simon, que estaba embarazada- el mismo recorrido entre París y Marsella. Es un verdadero road-movie documental que Martínez realizó como una suerte de homenaje y continuación de aquella aventura lúdica emprendida por Cortázar.

La que Cortázar y Dunlop protagonizaron por esa autopista francesa posee el carácter de una despedida, ya que ella falleció 4 meses después del viaje y Cortázar lo hizo 10 meses después.



El cordobazo
Adriana Pozzo



En 1969 confluyeron la clase obrera y los estudiantes para manifestarse públicamente contra el gobierno de facto de Onganía.





Cielito, cielo que si, cielo del 69, con el arriba nervioso y el abajo que se mueve. Que el mango vayan soltando ya no existe la sartén.
Se acabó la caridad y va a empezar la justicia. Borrar y empezar de nuevo; si no los despeina el viento los va a despeinar la historia
Cielo lindo linda nube con el arriba que baja y el abajo que se sube”





Como describe Hugo Presman La ciudad tomada. Las barricadas que como decía aquél graffiti del mayo francés cierran la calle pero abren el camino, formando parte de la geografía urbana.
El barrio Clínicas convertido en bastón de la insurgencia popular.
Obreros y estudiantes sellando su abrazo en la manifestación popular “parecía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río”.
Un momento histórico que permanece en la memoria del pueblo, que fue un signo y también un designio.


Música clásica
La exquisita Hilary Hahn

Hilary Hahn es una niña prodigio que a los 3 años se mudó a Baltimore, Maryland donde comenzó a estudiar violín un mes antes de cumplir los 4 años, en el conservatorio Peabody. Dio su primer recital en solitario a los 9 años.
Entre 1984 y 1989 estudió con Klara Berkovich.

En 1990,a los 10 años de edad, fue admitida en el Curtis Institute of Music de Filadelfia, donde estudió bajo la tutela de Jascha Brodsky durante los siguientes 7 años. en 1991 hizo su debut con la Orquesta Sinfónica de Baltimore.

Su debut internacional fue en 1995, cuando interpretó junto con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera bajo la dirección de Lorin Maazel el ''Concierto para violín y orquesta” de Beethoven.

Cumplió los requisitos para graduarse en el Curtis Institute a los 16 años, pero decidió permanecer allí algunos años más para recibir varios cursos optativos de literatura, poesía, inglés, alemán, e historia. Durante este tiempo practicó el violín con Jaime Laredo, y estudió música de cámara, contrapunto, armonía, historia de la música, y composición y dirección, aunque indicó en una entrevista que la disciplina que más le interesa es la interpretación. Se graduó en 1999.


Ha recorrido el mundo entero tocando con, por nombrar algunas, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Filarmónica de Nueva York, o la Orquesta Sinfónica de Singapur. Aparte de su carrera como solista, ha participado en varios festivales de música de cámara.
Además, Interpretó el violín solista en la banda sonora de la película El Bosque (The Village), de M. Night Shyamalan, compuesta por James Newton Howard, y ha colaborado con la banda And You Will Know Us By The Trail Of Dead.


Hilary toca un violín Vuillaume de 1864 que perteneció al violinista ruso Samuel Lande, amigo de Klara Berkovich, y utiliza arcos fabricados por Paul Jombar y Emil Miquel.

Discografía



//''Hilary Hahn Plays Bach'' (1997)
// ''Beethoven Violin Concerto/Bernstein Serenade'' (1999)
// ''Brahms & Stravinsky Violin Concertos'' (2001)
// ''Mendelssohn & Shostakovich Concertos'' (2002)
// ''The Village (film) Motion Picture Soundtrack'' (2004)
// ''Bach Concertos'' (2003)
// The Lark Ascending'' (2004)
// “Mozart Violin Sonatas'' (2005)
// ''Paganini: Violin Concerto no. 1
// Louis Spohr: Violin Concerto no. 8'' (2007)


Para saber adónde se va hay que saber de dónde se viene
Erica Coronel



Atahualpa Yupanqui, el más grande creador popular de la Argentina nació, pocos lo saben, en el Campo de la Cruz, en José de la Peña, Partido de Pergamino en el norte de la provincia de Buenos Aires, el 31 de enero de 1908.
Su verdadero nombre era Héctor Roberto Chavero

Atahualpa Yupanqui
un destino, el del caminante, que nunca quiso ni pudo abandonar.

"Yo siempre fui un adiós...



un brazo en alto,

un yaraví quebrándose en las piedras

cuando quise quedarme vino el viento


vino la noche y me llevó con ella.

"No me dejes partir, viejo algarrobo..."
Un destino que le proporcionó el tema para los más profundos y universales de sus versos.

"Cuando se abandona el pago


y se empieza a repechar,


tira el caballo adelante


y el alma tira pa´atrás.


"La añera"

"Andaré por los cerros, selvas y llanos toda la vida


arrimándole coplas


a tu esperanza, tierra querida.
"Tierra querida"


Atahualpa Yupanqui murió en Nimes, Francia, cerca del Mediterráneo, el 23 de Mayo de 1992.
Tampoco fue ése el final de su andar. Hubo de regresar, ceniza ya, a su pago querido del cerro Colorado.
A la querencia que él había construido robándole las piedras al paisaje y nutriéndola de sonidos y de voces. Fue el 8 de junio de 1992. Un puñado de amigos, inconsolables, enmudeció con él en la mañana gris. Luego, pasado el llanto, habría de volver en el cauce inimitable de las gargantas populares, cerrando así el severo itinerario del canto que el mismo delineara en su poema:



Los hermanos


(Atahualpa Yupanqui y Pablo Del Cerro)

Yo tengo tantos hermanos


que no los puedo contar.


En el valle, la montaña,


en la pampa y en el mar.


Cada cual con sus trabajos,


con sus sueños, cada cual.


Con la esperanza adelante,


con los recuerdos detrás.




Yo tengo tantos hermanos


que no los puedo contar.




Gente de mano caliente


por eso de la amistad,


Con uno lloro, pa’ llorarlo,


con un rezo pa’ rezar.


Con un horizonte abierto


que siempre está más allá.


Y esa fuerza pa’ buscarlo


con tesón y voluntad.


Cuando parece más cerca


es cuando se aleja más.


Yo tengo tantos hermanos


que no los puedo contar.


Y así seguimos andando


curtidos de soledad.


Nos perdemos por el mundo,


nos volvemos a encontrar.


Y así nos reconocemos


por el lejano mirar,


por la copla que mordemos,


semilla de inmensidad.


Y así, seguimos andando


curtidos de soledad.


Y en nosotros nuestros muertos


pa’ que nadie quede atrás.




Yo tengo tantos hermanos


que no los puedo contar,


y una novia muy hermosa


que se llama ¡Libertad!


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