miércoles, marzo 14, 2007

Boletín Literario Basta Ya! nº 63 / Marzo 2007



















Leandro A Oxandaburu
La Mujer

Y los hijos,
se hicieron hombres.
Navegaron los ríos,
escalaron montañas.
Cruzaron bosques,
abrieron caminos.
Unieron los mares,
volaron los cielos.
Construyeron ciudades,
con grandes monumentos.
Gobiernan Países,
¿gobiernan el mundo?
LA MUJER,
parió muchos hijos,
y los hijos se hicieron hombres.


Por cada mujer que da un paso
hacia su propia liberación,
hay un hombre que descubre
que el camino a la libertad
se ha hecho un poco más fácil


Sumario
La Mujer / Leandro Oxandaburu // Cuaderno de bitácora / Jorge Luis Carranza // Violín y otras cuestiones / Juan Gelman // Kalendergeschichten / Bertold Brecht // Muros contra el diálogo / Sebastián Sigifredo // Amor y lucha / Eduardo Planas // La isla de Ceres / Natalia Brusa // Mujer / árbol // Sobre la percusión y el bombo / Pascual Rousse y Antonio Avalos // La Opera cumple 400 años // Mujeres / Silvio Rodríguez // Placer para el oído / Sale la Luna / Guillermo González // La noche del chancho Carlo / Pascual Rousse // La vida es bella / Rikrdo




Jorge Luis Carranza






Cuaderno de bitácora













“… la obra profunda de la hora, la labor del minuto y el prodigio del año…” Rubén Darío


En este amanecer soleado del segundo mes del año dos mil siete, el marino a quien le fue confiada esta pequeña embarcación que navega mar adentro, desea dejar debida constancia en su cuaderno de bitácora sobre el estado general de situación a esta altura del viaje.
Estima, si sus cálculos rudimentarios no lo inducen a error, y si no ocurre algún imponderable que nunca debe ser descartado del todo en la navegación; que la embarcación y su tripulante se encuentran a esta altura un poco más allá de la mitad de su travesía.
La barca, que a la sazón no es más que un pequeño velero provisto de remos para ser usados en casos de emergencia; presenta a estas alturas, algunas marcas indisimulables en su casco fruto de tormentas, chubascos y fuertes rachas de viento que la han azotando desde que fue echada a la mar. El marino siente el deber de consignar (y esto es una apreciación personal que corre por su cuenta y riesgo) que esas marcas, raspones y magulladuras varias, lejos de afear la imagen de la barca, le han venido a otorgar una suerte de dignidad con la que antes no contaba.
Es que, ya peinando algunas canas quien esto escribe, juzga a la distancia que su primer aspecto, cuando apenas fue botada a la mar, lucía un tanto arrogante, tal vez por la cantidad de adornos y arreglos que llevaba. Detalles estos, en suma, que se fueron perdiendo con los años, uno a uno, lenta e inexorablemente en la mar. Pero justo es decir también que, sin ellos, la barca ha venido a tener una marcha mas ligera sobre las olas y cuenta con un andar mas sereno en días de calma, como el de hoy.
Este marino, que durante años y años se afanó en atender con especial esmero y dedicación los mínimos detalles de la embarcación; los ha ido olvidando irremediablemente para terminar atrapado por la inmensidad del paisaje que lo rodea: esa línea sin fin del horizonte, la diferente gama de colores que regala el cielo según el día y la estación; la multitud de tierras que ha visitado (comarcas todas diversas y parecidas a la vez); el latido de las estrellas en las noches sin luna.
Y debe confesar que, contrariando las leyes de la lógica que gobiernan el recto pensamiento y obrar humanos, ello no ha venido a provocar en su espíritu ni la más mínima zozobra, sino por el contrario le ha traído una inusual y extraña tranquilidad.
Ahora su atención tan solo se centra en otear bien el cielo, seguir la dirección del viento, atender hacia donde van las mareas... y nada más.
Este marino quisiera dejar constancia detallada de todo lo visto y vivido, pero la memoria solo logra dar cuenta de una sucesión de días y noches que han acabado por fundirse en uno solo: el día de hoy con su sol, su correspondiente noche y su luna puntual.
Para lo que no encuentra palabras es para referir aunque sea un ápice sobre la anchura y profundidad del silencio que lo ha envuelto y lo viene acompañando desde la primer milla marina recorrida. Un silencio tan compacto y vívido que hasta podría tocarse. Un silencio que lo ha traspasado con su presencia.
Hoy por hoy, ya sin retorno, parecería no importar llegar ni adonde. Es que los primeros sueños se fueron trocando por otros, y estos por otros, y así... El viaje por sí mismo sin destino ni meta parece ser suficiente.
Se cierra por hoy, este informe de situación, al segundo mes del año dos mil siete, con buen tiempo y buen ánimo para lo que resta y pudiera venir.







Juan Gelman
Violín

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.


De "Violín y otras cuestiones"
Reedición Grupo Editorial Planeta, 2006














En el año 2006, Grupo Editorial Planeta, Seix Barrial, reeditó el primer libro de Juan Gelman, “Violín y otras cuestiones”, que data de 1956, publicado originalmente por Ediciones Gleizer, en un Homenaje a los 50 años de la primera edición. El mismo cuenta con el prólogo original de Raúl González Tuñón.
Una verdadera gema para tu biblioteca.


Bertold Brecht
Kalendergeschichten


Si los tiburones fueran personas”, preguntó al Sr. K. la hijita de su arrendadora, “¿se portarían mejor con los pececillos?”,

“Por supuesto”, dijo él. “Si los tiburones fueran personas harían construir en el par unas cajas enormes para los pececillos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto vegetales como animales. Se encargarían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían toda clase de medidas sanitarias. Si por ejemplo un pececillo se lastimara su aleta, le pondrían inmediatamente un vendaje de modo que el pececillo no se les muriera a los tiburones antes de tiempo.

“Para que los pececillos no se entristecieran, se celebrarían algunas veces grandes fiestas acuáticas, pues los peces alegres son mucho más sabrosos que los tristes. Por supuesto, en las grandes cajas habría también escuelas. Por ellas los pececillos aprenderían a nadar hacia las fauces de los tiburones. Necesitarían, por ejemplo, aprender geografía, de modo que pudiesen encontrar a los grandes tiburones que andan perezosamente tumbados en alguna parte. La asignatura principal sería, naturalmente, la educación moral del pececillo. Se les enseñaría que para un pececillo lo más grande y lo más bello es entregarse con alegría, y que todos deberían creer en los tiburones, sobre todo cuando éstos les dijeran que iban a proveer un bello futuro. A los pececillos se les haría creer que este futuro sólo estaría garantizado cuando aprendiesen a ser obedientes. Los pececillos deberían guardarse muy bien de toda inclinación vil, materialista, egoísta y marxista; y cuando alguno de ellos manifestase tales desviaciones, los otros deberían inmediatamente denunciar el hecho a los tiburones.

“Si los tiburones fueran personas, también habría entre ello un arte, claro está. Habría hermosos cuadros a todo color de las dentaduras del tiburón, y sus fauces serían representadas como lugares de recreo donde se podría jugar y dar volteretas. Los teatros del fondo del mar llevarían a escena obras que mostraran a heroicos pececillos nadando entusiásticamente en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que a su son los pececillos se precipitarían fauces adentro, con la banda de música delante, llenos de ensueños y arrullados por los pensamientos más agradables. Tampoco faltaría religión. Ella enseñaria que la verdadera vida del pececillo comienza verdaderamente en el vientre de los tiburones. Y si los tiburones fueran personas, los pececillos dejarían de ser, como hasta ahora, iguales. Algunos obtendrían cargos y serían colocados encima de los otros. Se permitiría incluso que los mayores se comieran a los más pequeños. Eso sería delicioso para los tiburones, puesto que entonces tendrían a menudo bocados más grandes y apetitosos que engullir. Y los pececillos más importantes, los que tuvieran cargos, se ocuparían de ordenar a los demás. Y así habría maestros, oficiales, ingenieros de construcción de cajas, etc. En pocas palabras, si los tiburones fueran personas, en el mar no habría mas que cultura.”


Enviado por Lía Mariana Montenegro




Sebastián Sigifredo
El artículo elegido
Muros contra el diálogo







En tiempos de flexibilización en la circulación de flujos de capitales, los desarraigados sufren dificultades crecientes para atravesar las fronteras y buscar un futuro mejor. Los muros pululan como estandartes de la intolerancia en las ciudades, entre países y continentes.

Paredes de concreto pululan por los centros urbanos y en sus márgenes dividiendo comunidades. Un fenómeno que no es exclusivo del llamado ‘tercer mundo’ y que cobra fuerza a medida que se profundiza la desigualdad social.
También en el Norte, ricos y pobres viven en guetos, desconectados del afuera, dejando al descubierto la estentórea fragmentación que aqueja a las ciudades.
Sin embargo, la exclusión llevada al paroxismo trasciende a las naciones. Los países desarrollados, haciendo oídos sordos a las demandas de cambio del sistema-mundo en su configuración neoliberal, aplican cada vez más el ‘apartheid social’ fronteras afuera.
Y allí están los muros para atestiguar el eterno retorno de la historia, el resurgir de la intolerancia ¿Esa es la respuesta que ofrecen los países centrales a los desafíos planteados por la crisis del capitalismo tardío?
La desesperación hace mella en los desposeídos y ellos, a pesar de los obstáculos, no claudicarán en el sueño de alcanzar la tierra prometida.
Entonces, ¿de qué sirven las fortalezas que se erigen al margen del Río Grande entre Estados Unidos y México, en Melilla repeliendo a los emigrantes magrebíes que intentan ingresar a la Unión Europea o en Palestina sitiando a las aldeas de un país que aún no nació?
En un mundo con inestabilidad creciente, la intolerancia no hace más que exacerbar las tensiones. Mientras tanto, el sendero del diálogo, que permite tender puentes y sembrar solidaridades, espera ser surcado nuevamente por la comunidad internacional.

Publicado en
www.sosperiodista.com el 28/02/07y aquí con autorización del autor




Eduardo Alberto Planas


Amor y lucha

Belleza y placer.
Amor y lucha.
Violeta, Eva, Juana, Camila, Alejandra, Isadora,
cuantos nombres.
Madres coraje.
Abuelas que buscan.
Hijas que bregan por su estatura.
Y el amor creciendo nueve lunas.

Esposa, amante,
obrera, campesina, artesana, premio nobel,
empleada, profesional, empresaria, indígena.
Compañera.


Bombones y flores
no borran tus derechos,
tus luchas, tus dolores,
tus muertes,
tus nacimientos.

No fue nada fácil
estar donde estás
Ni lo será donde quieres
y debes estar.

No olvides
que no estás sola;
solo aquellos
que saben,
que comprenden,
que aman,
que luchan a tu lado estarán
siempre.




Natalia Brusa
La Isla de Ceres

Cuenta la mitología griega que Ulises surcaba los mares al mando de su barca venciendo infinitos peligros y resistiendo numerosas tentaciones que ponían a prueba su temple, inteligencia y valentía.
El tramo de dicha travesía, que hoy motiva el análisis, es aquel episodio que se conoce como “El paso por la isla de las sirenas”.
Las sirenas habitaban la isla de Ceres y desde siempre, los marinos evitaban pasar por la cercanía de sus costas temerosos del poder enloquecedor de su canto
Dicen que Ulises, que conocía por relatos de experiencias ajenas ese poder cautivante, preparó a sus marinos para poder sortear las costas de Ceres sin consecuencia alguna.
Reunió a su gente, les explicó el peligro de la tentación de ese canto, les pidió que cubrieran sus oídos con cebo y que lo ataran a él, el capitán, al mástil de la embarcación.
También les advirtió que por ninguna razón lo desataran, ni aún en el caso de que sus gritos fuesen desesperados.
No obstante, Ulises no se tapó los oídos sino que resolvió someterse a la tentación del canto y, consciente de sus debilidades de hombre, tomó los recaudos necesarios para no morir en la experiencia del goce.
Así, la barca pasó frente a la isla de las sirenas, Ulises sintió las notas de la melodía estrellarse en el turquesa del mar y fuera de sí rogó a sus marinos que lo desataran.
Éstos, con los oídos tapados, no escucharon sus órdenes como así tampoco a las hechizantes sirenas; sólo remaron ferozmente para alejarse lo más rápido posible de Ceres, arribando poco después a puerto seguro.

Varias preguntas surgen luego de este relato:

¿Por qué Ulises, al igual que sus marineros, no se tapó los oídos y optó por evitar la tentación?

¿Puede considerarse racionalmente perfecto al hombre que, asumiendo su debilidad, se protege para no perder el control de sus actos?

¿Hubiese sido Ulises un hombre más racional si, oyendo el canto de las sirenas y sin amarrarse preventivamente al mástil, hubiera resistido la tentación y continuado su travesía?

¿Sería Ulises más perfecto aún, si oyendo el canto no se hubiera sentido tentado en modo alguno?

Y en ese caso, ¿seguiría siendo un hombre?

Nunca se sabrá. Nadie le preguntó a Ulises si valió la pena oír el canto de las sirenas.
Quizás hubo un Ulises viejo que un día, mientras desenredaba la red de su barca, recordó esa experiencia y deseó haber dejado su alma en aquel viaje, en el regazo de la sirena dueña del canto más dulce y visceral.
Y aparecen nuevas preguntas :

¿Que pasó con la vanidad de las sirenas luego de esa tarde memorable?

¿Sintieron el poder de su canto reflejado en la locura contenida de Ulises?

¿Constataron por primera vez que no hay poder absoluto?

¿Hay una melodía única para cada marino o las sirenas cantan sólo por el goce de cantar?

Cada Ulises elige su mástil y sus sogas.
Cada sirena conoce el poder de su canto.
Cada travesía es única y se escribe en sí misma.

Aún hoy, lejos de Ceres, se ven las barcas, los Ulises, los mástiles, las sogas y se puede escuchar como cantan las sirenas, aunque algunos, como Kafka, sigan sosteniendo que lo más peligroso de las sirenas no es el canto sino su silencio.

Boletín Literario Basta Ya! // nº 63 // Córdoba // 19 Marzo 2007

Staff:
Director: Eduardo Planas
Consejo de Redacción: Adriana Pozzo, Mariana Montenegro, Pascual Rousse, Caro Riachi (corresponsal en Oñati)

Colaboradores Permanentes: Jorge Luis Carranza, Hugo Conterno, Pablo Carrera, Raquel Martínez, Licurgo, Guillermo González


Colaboran en este número: Natalia Brusa, Antonio Avalos, Leandro Oxandaburu, Erica Coronel, Sebastián Sigifredo Rikrdo
Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión del Basta Ya!
Este boletín circula bajo Licencia Copyleft, y puede difundirse siempre que se mencione el autor y la fuente.
Web-blog: boletínliterariobastaya.blogspot.com
Suscripciones: email:
eduardoplanas2001@hotmail.com

“La tarea de ablandar el ladrillo…”
Julio Cortázar


MUJER / ARBOL











Pascual Rousse / Antonio Avalos
Sobre la percusión y el bombo


La percusión es la música más primitiva, es la forma en que el hombre se encontró con el ritmo, diría entonces que es el sonido básico, que no solo acompaña sino que le da estructura a una pieza musical. Los tambores y tamboriles fueron y siguen siendo en las tradiciones de algunas regiones del mundo una forma de mensaje entre poblaciones. El bombo criollo, es una sofisticación de los tamboriles y de los troncos huecos que se utilizaban antiguamente. Al tronco hueco hecho de un árbol específicamente elegido, es decir de una sola pieza, se le cubren ambos lados abiertos con el cuero curtido y estirado de un animal, como oveja o cordero, pudiendo ser también de caballo o mula. En el estacionamiento de la madera, es decir en su secado, está la mejor resonancia, vibración que se transmite dentro del instrumento entre ambos parches. Esos parches están unidos por fuera con tientos de cuero que pueden ser aflojados o ajustados para aumentar su resonancia o para "afinarlos". Los mejores tienen justamente una forma "abombada" como un palo borracho, ello le da cierta sutileza y reverberancia. Este instrumento tiene su mayor y mejor expresión en el famoso bombo leguero que como su nombre lo indica se oye a lo lejos, considerando que una legua, según tengo entendido corresponde a alrededor de 5 kilómetros. Pero además, cuando uno escucha un bombo hecho por luthiers de la zona de Santiago del Estero, del monte particularmente, ya no quiere oir otro bombo. Es lamentable que todo un árbol deba morir para fabricar un bombo, pero ello no le resta, sino que le da una inconmensurable nobleza al instrumento, el cual en manos adecuadas, puede acompañar casi cualquier cántico o pieza nacional o regional latinoamericana, inclusive sin la ayuda de otros instrumentos.
Pascual opina que el bombo es un instrumento macho del monte, que encierra el misterio de la tierra y lo devela en cada golpe profundo que le da el bombista, endemoniadamente asimilado a su madera.



Más sobre la percusión y el bombo



Carlinhos Brown en la película el Milagro de Candeal les enseña percusión a un grupo de niños y les explica que el primer ritmo que escuchamos es el corazón de nuestra madre cuando todavía no hemos nacido, y es precisamente una percusión, yo diría una delicada batida de membranas humanas.
La percusión no es un acompañamiento, la percusión es música.
Solo alguien insensible puede hablar mal de un instrumento musical, y confundir lo sencillo con la limitación. El bombo argentino es un trozo de árbol cavado, ¿cómo se puede disminuir su espíritu?
En un DVD, Jorge Aragao toca el Ave María, con un surdo, batucada y orquesta. la entrada al final de la obra del surdo resulta majestuosa. ¿Quien podría restarle importancia a semejante instrumento?
En una favela (el Candeal) Carlinhos Brown logró llegar a cero delito, estimulando a su población con la música, en especial la percusión. Creó una fiesta que se llamó la timbalada. Llegó a tener una manada de 500 timbales.
Cambió el concepto de revolución por el de evolución.
Ni que hablar de los tambores más cercanos, cruzando el Río de la Plata, las cuerdas de candombe uruguayos, una cuerda está formada por el piano, el repique y el chico. Cada uno hace su parte y ninguno puede faltar. ¿Que sería del candombe sin tambores?
Y las famosas llamadas en las que tocaban el tambor para encontrarse e identificarse las distintas tribus de negros que vinieron como esclavos.
¿Imaginan el Africa sin percusión?





La Ópera cumple 400 años
La ópera está de aniversario. Cumple cuatro siglos de existencia contando amores, pasiones, traiciones o relatos mitológicos.
El drama cantado cumple 400 años. El 24 de febrero de 1607, en el palacio de los duques de Mantua, Claudio Monteverdi estrenó la que hoy los expertos consideran como primera representación del género operístico. Con Orfeo, Monteverdi trató de entretener a una corte ávida de nuevas manifestaciones artísticas que combinasen diálogos cantados y drama teatral con música. La ópera, saludada como el definitivo arte total, no ha visto menoscaba su calidad ni asistencia del público, ni por el cine, ni el teatro ni el registro fonográfico, ni aún por las nuevas tecnologías, como el DVD.
La diferencia con otros géneros cercanos, como el oratorio, radicó en su carácter lúdico: la ópera está hecha para ser representada en los teatros y busca divertir al público.
Se calcula que se han escrito unos 30.000 títulos, de los que hoy en día sólo sobreviven en los teatros unos 300. De ellos, la mayoría corresponden a obras del siglo XIX, verdadera etapa de oro del género. Es entonces cuando autores italianos como Rossini, Verdi, Puccini, Donizetti, Bellini compusieron sus mejores obras. Casi todos los grandes compositores hicieron óperas, Beethoven, Mozart, Wagner, Strauss, Offenbach, Bizet. Carl Orff (1895 -1982) es uno de modernos compositores y autor de una de las operas más bellas, Carmina Burana. En América, Australia tiene gran aceptación. China tiene su propia ópera. Otra cosa a destacar es el divismo de María Callas, Monserrat Caballé, Kraus por ejemplo.
Se ha criticado a los famosos Tres Tenores, por su excesivo divismo, la segmentación que realizan de las obras y por su carácter comercial, pero no es menos cierto que masificaron la música clásica. Sus conciertos fueron vistos por millones de televidentes en todo el orbe y contribuyeron al conocimiento de las piezas por parte del gran público, rompiéndose con esa especie de elitismo que rodeaba a los amantes del género. Para atraer nuevos públicos, preferentemente jóvenes, la ópera trata de recrear las obras con una renovada escenografía.

Fotografías: “Carmen” y “La Traviata” del artista plástico Oblinsky, de la serie dedicadas a distintas óperas






Silvio Rodríguez
Mujeres

1975


Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
Hacia la estrella de aquella otra madre mayor
Y como los recogía del polvo teñidos
Para enterrarlos debajo de su corazón
Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo
Siempre a la sombra y llenando un espacio vital
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
De la melena invencible de aquel alemán
Me estremeció la muchacha
Hija de aquel feroz continente
Que se marchó de su casa
Para otra de toda la gente
Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve
Pero lo que me ha estremecido
Hasta perder casi el sentido
Lo que a mi más me ha estremecido
Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos

Me estremeció la mujer que parió once hijos
En el tiempo de la harina y un kilo de pan
Y los miró endurecerse mascando carijos
Me estremeció porque era mi abuela además
Me estremecieron mujeres
Que la historia anotó entre laureles
Y otras desconocidas, gigantes
Que no hay libro que las aguante
Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve
Pero lo que me ha estremecido
Hasta perder casi el sentido
Lo que a mi más me ha estremecido
Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos
Enviado por nuestra colaboradora Erica Coronel


Guillermo González
Placer para el oído / Sale la luna







Roger Waters ofreció anoche su primer concierto en México con lleno total... de calidad
3-Marzo-07
Quienes hayan levantado su mirada al cielo anoche pudieron ver la luna resplandeciente con toda su belleza y el misticismo que le rodea, pero sólo aquellos que asistieron al concierto de Roger Waters pudieron develar qué hay en su lado más oscuro. Lo que encontraron fue un espectáculo portentoso en todos los aspectos, que deslumbró con su majestuosidad visual y que con su sonido envolvió sutilmente para transportar a atmósferas antes irreconocibles. Ésa fue definitivamente la experiencia más cercana que se pudiera tener con Pink Floyd en la actualidad y que en este caso, a través de Waters, llevó al delirio musical, haciendo en dos horas y 40 minutos un breve repaso por la discografía de la banda que lo hizo famoso. Unos 25 mil asistentes hicieron de este primer concierto en México de esta gira un momento especial y mágico. En él pudieron descubrir íntegramente qué es lo que existe en el disco conceptual The dark side of the moon, que elevó a Pink Floyd a un nivel insospechado en la historia del rock por la influencia que provocó en la posteridad y todo lo que con las limitaciones técnicas se logró en aquel lejano 1973 en que fue grabado, y que, hay que decirlo, de paso es uno de los mayores atractivos del concierto. Tanto que cuando llega la hora de escucharla, el éxtasis es total e incomparable. En su lugar estuvo la exquisita selección de los temas de Pink Floyd, haciendo énfasis en sus tres producciones más notables: la ópera rock The Wall -que se ubica en la tercera posición de los discos más vendidos de la historia del rock-, Wish you were here y The dark side of the moon. Desde el inicio fue impactando con la puntualidad inglesa, la que a las 21:00 dejó ver a Waters acompañado por sus ocho músicos y tres coristas que daban la bienvenida con "In the flesh". De inmediato la producción tomó un papel protagonista en el concierto con las imágenes tridimensionales que provocaron que el público se sumergiera en ellas para no salir más de ahí. El sonido invitó a seguir cada detalle del concierto y estar atento porque de cualquier extremo del Estadio Universitario podría escucharse una risa vacilante u otro de los tantos efectos que conllevan las canciones de Pink Floyd. La selección de canciones no decepcionó en lo absoluto y de igual forma "Mother", "Set the controls for the heart of the sun" (donde a modo de homenaje apareció la figura de Syd Barret, fundador de la banda), "Shine on your crazy diamond" y "Have a cigar". Luego, la efervescencia de "Wish you were here", y todo iba tomando un ambiente inimaginable. El primer set lo concluiría magistralmente. Se dejaron escuchar "Southhampton dock", "The fletcher memorial home", "The perfect sense (Parts 1 and 2)", "Leaving Beirut" y para finalizar "Sheep", del disco Animals, que mandó al cielo un cerdo inflable que en su cuerpo rezaba frases como "Cerdo Bush" y "Derriben el muro de la frontera". Locura total y el intermedio para que todos pudieran comentar lo que habían observado y escuchado. La luna en la pantalla del fondo aguardaba para que se develaran sus misterios. Waters regresaría al escenario para eso y The dark side of the moon fue ejecutado con maestría y tal como se puede escuchar en el disco. Cada canción podría merecer su propia descripción, pero todas concuerdan en que son capaces de enajenar al público, que en cada oportunidad intentaría captar una imagen con sus celulares. Emotividad en "Speak to me" y "Breathe"; el vértigo de los efectos en "On the run"; la potencia de la voz de la corista con "The great gig in the sky"; la maestría en "Money" y "Us and them"; el láser en "Any colour you like" y el final tan impactante con "Brain Damage" y "Eclipse". Todo eso puso de pie al público, que vio despedirse a Waters y sus músicos. Luego vendría el muestrario de The Wall a modo de encore, que logró impactar con "The happiest days of our lives", que liga perfectamente a "Another brick in the wall", para que después de interpretar "Vera" llegara el final con "Confortably numb", que irónicamente toca los sentidos de una forma impresionante. La luna resplandeciente en el cielo daba el adiós a Roger Waters y agradecía que tantos hayan podido admirar el poder de su belleza oculta.








Pascual Rousse
La noche del chancho Carlo

Y el chancho se hizo y al rato se deshizo
en la panza ´e los comensales
que para colmo de males
nadando en colesterol
iban perdiendo el control
libando los varietales
Mas caliente que el hornito
que iluminó la patriada
estaba tuita la indiada
del Antonio gordito
cantando alto o bajito
entretuvo la velada.

Como quien no quiere la cosa
se hizo el cerdo despacito
bicho apodado “el Carlito”
nos hizo perder seriedá
pero aumentó la amistá
de tuitos los concurrentes
que de cuerpo presente
festejaron de lo lindo.


Y allá por las cinco y treinta
con el horno casi frío
se fueron yendo los tíos
pa´ sus respetivos ranchos
con un par de kilos de chancho
dentro de su humanidá
como pa nunca olvidar
de esa noche el zafarrancho.

Pascualette bucólico

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