jueves, octubre 05, 2006


UNA EXPLORACIÓN SOBRE LA VIOLENCIA Y LA FAMILIA EN LO IDENTITARIO DEL SUEÑO AMERICANO SEGÚN LOS FILMES MATCH POINT (2005) Y UNA HISTORIA DE VIOLENCIA (2005)

Lic, Agustina Sosa Revol, UNC
Lic. Gustavo Kofman, UNC
William Cathcart BA, Clemson University

La identidad social, teoría inicialmente abordada y desarrollada por Henri Tajfel y John Turner durante fines de la década del 70 y principios de la década del 80, usualmente se utiliza para explorar las bases psicológicas de temáticas como la discriminación intergrupal o interracial. Esta teoría básicamente establece que el ser humano no sólo posee una identidad individual o personal sino también diversas identidades que se construyen desde lo que se conoce como la pertenencia o membrecía grupal. Es decir, diferentes contextos sociales pueden llevar a que un individuo piense, sienta y actúe según su diferente nivel de identidad personal, familiar o nacional y el poder de pertenencia o membrecía que el mismo manifieste hacia cada uno de estos niveles. Asimismo, la identidad social se compone de tres elementos esenciales: la categorización, por medio de la cual justamente nos categorizamos (rotulamos, etiquetamos) en, por ejemplo, “ricos”, “pobres”, “doctores”, “abogados”, “personas de negocios”, “actores”, “adolescentes”, “ancianos”, “de occidente”, “de oriente”, “anglosajones”, “musulmanes”, “árabes”, “americanos”, “norteamericanos” entre otros; la identificación, como segundo elemento, que comprende la creencia en que nosotros nos asociamos con determinados grupos para así elevar nuestra autoestima; y la comparación, proceso por medio del cual comparamos nuestro grupo con otros asignándole características favorables (habitualmente desde el prejuicio o la estereotipación) al grupo al cual pertenecemos.

Sin duda, los elementos antes descriptos trabajan en conjunto con otros procesos de definición identitaria, como el de “othering”, tal cual lo describieran algunas teorías postcolonialistas, o el de “demonización”, según algunas corrientes en la retórica discursiva política. Sabemos que la practica discursiva de juzgar al otro que es diferente como inferior se denomina “othering”. La misma, asimismo, ha sido sistemáticamente aplicada en los ya conocidos procesos de colonización a partir de cuya ejecución el dominador se establece como el “self” (el ser) y el dominado como el “otro”, con características identitarias positivas y negativas que, lógico, le son particulares a cada uno. Esta construcción ideológica de la otredad está estrechamente relacionada, a su vez, con el concepto de demonización recién mencionado. La demonización, sabemos, se entiende como la caracterización de individuos, grupos o cuerpos sociales como el mal, lo maligno o siniestro, con el fin de justificar algún tipo de acción violenta que afectara a estos grupos. El propósito final de la demonizacion del otro es, entonces, el de facilitar acciones opresivas contra el grupo demonizado. Demonizar al otro implica, asimismo, un doble proceso: al asignarle al grupo demonizado la cualidad de “el mal”, se le asigna también la de “violencia”. Contradictorio desde su fundación, el procedimiento es explicito: se demoniza al otro adjudicándole características identitarias de “el mal” y “la violencia” para justificar la aplicación sistemática de la misma violencia sobre estos.

Quisiéramos detenernos por un momento en este concepto de “demonizacion” ya que es central a nuestro análisis. Consideramos que en los Estados Unidos (locus donde se centra nuestra exploración) los procesos aquí descriptos son visibles y explorables en ciertas narrativas ficcionales de dicho país. Asimismo, creemos que en Norteamérica, la demonización política del otro ha servido para justificar innumerables hechos de violencia que hoy forman parte del constructo identitario de dicha nación. Entre otros, podemos mencionar el exterminio de los nativos americanos a partir de la colonización, la expansión hacia el oeste con sus consecuentes guerras, la caza de brujas tanto a fines del siglo XVII como en la década del 50 bajo el macartismo, los linchamientos de personas de color que se mantuvieron durante unos 100 años en el país, la violencia anti-inmigratoria perpetuada contra católicos irlandeses durante mediados del siglo XIX. Del mismo modo, podemos nombrar otros casos claros de demonización que se mantuvieron y que persisten en Estados Unidos, así como en otros lugares del mundo, como la sufrida por los asiáticos a partir de Vietnam y el Viet Cong, o por los llamados “infieles” a partir del Cristianismo, o por los árabes y musulmanes a raíz de la guerra contra el terrorismo.

Es a partir de la demonizacion del otro, entonces, que Estados Unidos ha ido construyendo su identidad como grupo social. Creemos que es primordial destacar que por más que los hechos antes nombrados no sean negados en las crónicas históricas norteamericanas, el sujeto discursivo norteamericano no termina de conciliar la relación inseparable que existe entre la construcción de su propia identidad, con asiento, en el concepto del sueño americano, y la violencia como base del mismo.

Surge aquí un tercer elemento aún no explorado en este análisis que cerraría el trinomio por nosotros propuesto: el del concepto de sueño americano. El mismo se refiere a la fe sostenida por muchos en Estados Unidos que establece que por medio del trabajo duro y la determinación uno puede obtener una mejor vida, usualmente a través de la prosperidad económica. Consideramos que existe una relación dialéctica de dependencia entre violencia, sueño americano e identidad y que esta red de relaciones se presenta como un constructo naturalizado en el consciente colectivo norteamericano ya que la identidad de la comunidad norteamericana se ha construido a partir del concepto del sueño americano, el cual, a su vez, ha nacido y se ha desarrollado a partir del ejercicio sistemático de la violencia. De aquí se desprende la idea de que el sujeto discursivo norteamericano necesite de-definirse constantemente a través de estrategias discursivas de demonización de la violencia en el otro porque aceptar que la violencia y el mal son parte de su identidad sería equivalente a auto-demonizarse y así destruir siglos de persistente y eficaz construcción identitaria “positiva”.

El presente trabajo intenta realizar una exploración inicial de un proceso continuo de construcción y problematización que se manifiesta a través de estrategias de resistencia y cuestionamiento del sueño americano en relación con la identidad del sujeto discursivo. El mismo por medio de sistemas de significación construidos a lo largo del tiempo (discursos políticos, históricos, literarios, cinematográficos, entre otros) ha mostrado en forma consistente la necesidad de definir y de-definir la categoría de la identidad americana como identidad colectiva.
Dicha necesidad de una identidad americana parece estar enraizada en la violencia como una constante en una pluralidad de relatos: la violencia dentro del relato identitario resiste toda definición y se vacía a través de mecanismos o estrategias de de-definición.
La presencia de lo violento en los discursos cinematográficos de los filmes Match Point de Woody Allen
[i] y Una Historia de Violencia de David Cronenberg es un reflejo de un continuo de discursos dentro del cual el sujeto americano se define provisoriamente mientras que resiste toda definición teleológica de si mismo desde la violencia como parte inherente de una identidad idealizada en el sueño americano.
El sujeto norteamericano está necesariamente relacionado con la demonización de la violencia como forma de resistir la presencia paradójica de la maldad en el deseo de bien absoluto como ideal, del sueño americano, en una sociedad que sólo acepta una visión binaria del mundo, una visión de lo bueno como oposición excluyente de lo malo. La definición de la identidad americana, dentro de la categoría del sueño americano, no puede excluir la violencia. La violencia ha permitido resistir toda definición ya que lo malo estaría incluido en el ideal absoluto de lo bueno como base del sueño americano.
La gran contradicción, que aquí se plantea como base en el proceso de construcción identitaira, radica en que los norteamericanos deberían autodemonizarse para definir su identidad individual y social, aceptando al mal y a la violencia como propias.

En Una historia de Violencia se recupera la tradición mafiosa encarnada en la figura del arrepentido. El personaje principal del relato aparenta ser el modelo de ciudadano norteamericano: padre de familia, esposo proveedor y afectuoso, miembro de una comunidad que vive en armonía. Incluso, este hombre, que se posiciona como el modelo del sueño americano es aclamado por su comunidad y por los medios de comunicación debido a un acto de violencia en el cual asesina, en defensa propia, a dos delincuentes que intentan robar su cafetería. Sin embargo, el pasado lo acecha y encuentra. Es así que por medio de las relaciones que se reviven con personajes pertenecientes al mundo de la mafia y, por ende, del pasado de Tom, el modelo de padre norteamericano se transforma en el anti-héroe de la narración y pasa a representar todo lo que el sueño americano rechaza: la muerte, irónicamente la violencia, la delincuencia, entre otros. Contrario a lo que se espera, sin embargo, la ficción se resuelve con sucesivos hechos de violencia y muerte, incluso en manos del hijo adolescente del personaje principal, hasta el punto que la misma violencia es aceptada y justificada por la esposa de Tom. El anti-héroe vuelve a ser héroe, personificando la figura del padre americano cuyo pasado e identidad han sido construidos a partir de la violencia. Ese pasado, esa identidad, se perdona y se justifica porque ese hombre sólo persigue el sueño de todos sus compatriotas norteamericanos. Sin embargo, esa identidad, a su vez, se de-define: la violencia a raíz de la cual esa identidad se generó se re-configura bajo las premisas aceptables y aceptadas por el ideal identitario nacional: perseguir el sueño americano de tener una familia (idealmente, con dos hijos), trabajar sólidamente para llegar a una cierta estabilidad financiera y así obtener una mejor vida para uno mismo.

En Match Point se explora la relación que existe entre la suerte y las decisiones que una persona puede tomar en la vida y que, claro, determinan el futuro de ésta. Al mismo tiempo, el filme examina la naturaleza no sólo competitiva del ser humano sino también de supervivencia tanto del hombre como de la mujer. Chris, el personaje central de la narración transforma su vida al enredarse afectivamente con Chloe y la familia de Chloe. A través de esta, Chris entra en el mundo de las finanzas y adquiere seguridad económica. Chloe, a través de Chris, adquiere un esposo y, finalmente, una familia. Paralelamente, Nola, la actriz norteamericana, se perfila a seguir los pasos de su contraparte Irlandés, por medio de la relación que ella mantiene con el hermano de Chloe. Los hermanos Británicos, entonces, serían quienes aseguren la prosperidad de los desventajados Chris y Nola. La trama, claro, se complica cuando Chris y Nola comienzan su romance y termina de enmarañarse cuando Nola queda embarazada de Chris, perfilándose el film así hacia el género del thriller. La suerte de Chris y Nola se resuelve por una ecuación que, aunque no matemática sino aparentemente natural, rige en parte la “suerte” del ser humano. En una primera lectura podríamos inferir que esta ecuación se refiere a la suerte, en su sentido azaroso, mensaje que está claramente a la vista en el film. Sin embargo, la ecuación que parece realmente gobernara la suerte, es decir el destino, designio o futuro, además de pasar por el azar, mantiene estrecha relación con la necesidad de supervivencia del ser humano, tal cual lo planteara el Social darwinismo de Spencer. Es así que Chris, el más apto, sobrevive. Nola, la figura débil de la trama, no lo hace. Chris persigue la versión Europea del sueño americano. Chris adquiere prosperidad económica y seguridad familiar a través de, el filme pregunta, el azar o el ingenio macabro o ambos? Seguramente Chris no obtiene estas bendiciones por medio del trabajo duro, tal cual lo postula ese ideal. Chris, incluso, hacia el final del filme, aclara este punto cuando señala que los inocentes a veces son exterminados para dar lugar a un esquema mayor y, explica, que estos son considerados daños colaterales en el proceso. Es decir, perseguir el sueño americano de prosperidad económica y bienestar familiar puede alcanzarse de formas, a veces, no muy escrupulosas, como lo presenta el film, en este caso por medio de la extrema violencia. Pareciera que la condición misma de ese ideal justificara estos métodos que, debido a que atentan contra él mismo, son encubiertos bajo la proposición principal que del mismo se desprende: la felicidad.

Dejando de lado, por un momento, el análisis anterior de los filmes, quisiéramos centrarnos en algunos de los personajes de los mismos ya que estos se presentan como descriptores de la problemática identidad-violencia-sueño americano tal cual lo vive el sujeto discursivo norteamericano.

En Una Historia de Violencia debemos referirnos a Tom, el personaje principal, padre de familia y ferviente perseguidor del sueño americano. Asimismo, debemos hablar de Joey, el pasado que Tom quiere esconder. En este filme vemos cómo los discursos de la redención o los llamados discursos pseudocristianos de “perdona y olvida” son necesarios para justificar la construcción identitaria que Tom lleva a cabo. Tom no puede ser Joey porque esas identidades se contraponen, se eliminan o excluyen mutuamente. Tom logra perdonar y que se perdone a Joey para dar lugar a Tom. La familia norteamericana necesita más de un Tom para mantener la construcción identitaria positiva que rechaza, no acepta y esconde la violencia, que de un Joey que es la encarnación de la violencia La tragedia es digerida (y así escondida) personalmente. El entorno, más allá de verse por momentos directa o indirectamente afectada, no parece formar parte del proceso de asimilación de ese pasado violento. La persona sí. El entorno (en este caso la familia) espera a que la persona lo pase para así continuar con sus vidas.

En Match Point debemos referirnos a Chris, el personaje principal. Chris es el “chico bueno”,el irlandés. Chris entra a un círculo exclusivo de Inglaterra representado por los miembros de la aristocracia, es decir, los más aptos, aquellos que alcanzaron el sueño americano de prosperidad económica. El pasatiempo de Chris es leer clásicos, como Crimen y Castigo de Dostoievski y se deleita con la opera, el teatro, el cine y las exposiciones de arte en museos. Chris luego accede al mundo de los negocios. A Chris de hecho le gusta este mundo estético, de belleza, arte, cultura, este mundo exitista porque es el mundo en el que puede preservar su naturaleza competitiva. Chris siempre manifiesta su más intimo deseo que es el de escapar de la pobreza de su Irlanda natal, hacer una contribución, como él lo denomina. Sin embargo, no hace ninguna contribución al mundo, sólo a sí mismo. Chris es el héroe de esta tragedia, siguiendo la tradición de la tragedia clásica de Shakespeare. Sin embargo, aquí no hay caída y esa es la tragedia porque el héroe quiere caer para que la vida cobre algo de sentido. La audiencia incluso simpatiza con este héroe porque no sufre castigo, lógica que va en contra del positivismo causa-efecto: el castigo es consecuencia natural del crimen. Después del crimen hay castigo en el otro, ya que el villano, encarnado en la figura del drogadicto delincuente, paga por el crimen de Chris.

En ambos filmes vemos cómo juicios morales se silencian en forma cómplice para poder dar lugar a la idea de “seguir adelante”, “perdonar y olvidar”, “esconder y continuar”. Chris y Tom van a continuar y perpetrarse a pesar de la monstruosidad de sus crímenes. Ambos serán padres ejemplares. Uno será un hombre de negocios prospero. El otro intentará retomar su pequeño pero estable negocio en el pueblo. Ambos serán los esposos ejemplares y afectuosos que idealiza la familia norteamericana. Para que ello suceda debe existir este acuerdo colectivo de silenciar juicios morales para así poder continuar con o sostener una idea del ser humano no demonizado, un ideal de identidad del ser humano que excluya la violencia, punto que es central a la problemática del sueño americano.

[i] El film Match Point de Woody Allen se explorará ya que más allá de que la escena transcurra en Inglaterra, es la visión del director norteamericano el centro de interés del presente análisis.

Lic, Agustina Sosa Revol, UNC
Lic. Gustavo Kofman, UNC
William Cathcart BA, Clemson University

BOLETÍN LITERARIO BASTA YA! – SUPLEMENTO / OCTUBRE DE 2006

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