sábado, junio 10, 2006

DOSSIER- EL CÓDIGO DA VINCI

-DOSSIER-
EL CÓDIGO DA VINCI
FICCIÓN EN LA FICCIÓN


El libro el “Código Da Vinci”, del célebre Dan Brown, ahora se ha vuelto a poner de moda, debido al estreno de la película del mismo nombre.

Es una novela atrapante, tiene un argumento interesante, que viene a ser como una empresa de demolición para ciertos edificios dogmáticos, que dieron base -según algunos- a cierta civilización allende nuestros mares, y que nosotros recibimos, o nos impusieron por la fuerza de los hechos, o la violencia del más poderoso.

A quienes quieren- letrados algunos de la Docta Córdoba y las campanas- que se aclare que es solo ficción, como si no hubiera ninguna duda histórica, objetiva, de la otra historia, la oficial, que también, puede ser una fábula, bastante lucrativa por cierto, como esta. En tren de verdades históricas, no hay , sencillamente no la hay, comprobaciones científicas, empíricas que la “versión oficial”, de la vida del hijo del carpintero fuera históricamente acontecida, o al menos que los hechos narrados en los textos recopilados recién en el siglo IV, luego del Concilio de Nicea, tengan un atisbo de realidad.

En síntesis: el libro vale la pena leerlo, es un estilo que atrae desde el comienzo, tiene elementos de una buena novela policial, con contenidos de simbología, datos históricos, y la referencia a uno de los grandes del Arte, nuestro Leonardo Da Vinci, porque era un alma universal, un espíritu humanista, un genio colosal y gigantesco, en todo el sentido de la palabra.
Y aunque sea para profundizar en la Obra de este genio incomparable y también curiosear en la historia para saber que no todo es lo que parece y que hay muchas cosas para dudar, para no aceptar imposiciones dogmáticas, fanatismos, o absolutismos, vale la pena acometer sus páginas.
Cogito ergo sum”, de Descartes...es la base de la investigación y el libre criterio.

LICURGO




- DOSSIER –
Espacio y Memoria: Narrativas del Poder y la Opresión
El Código Da Vinci (2003) por Dan Brown
Lic. Gustavo Kofman

La construcción colectiva (cultural y social) del espacio y de la memoria es una eficaz herramienta para el ejercicio de poder ya que ésta determina y estructura al sujeto porque no sólo gobierna su accionar, sino también lo objetiviza y posiciona tanto en su aspecto individual como social. Muchas narraciones exploran esta problemática de formas variadas. En su gran mayoría, lo hacen a través de la presentación de ficciones que, al retomar y rescribir ciertos hechos narrados en la Historia de la humanidad, desconfían y desafían los mismos y así plantean una relectura o reconsideración de lo que circula en la sociedad como canónico y veraz.

La circulación de este tipo de conocimiento hace que el ejercicio de poder se presente, siempre de manera implícita, como un constructo difícil de desnaturalizar por su aceptada legitimación. De igual modo, Dan Brown en El Código Da Vinci explora los diversos procesos de construcción colectiva del espacio y de la memoria como narrativas de poder y opresión. Esto se debe a que Brown en su obra nos muestra cómo los espacios allí articulados posicionan al sujeto (personaje) en un entorno específico y lo determinan de manera individual y global, ya que contienen implicaciones reales, imaginarias, virtuales, sociales, históricas, políticas, entre otras, y por ende de poder. Paralelo a esto, Brown nos muestra que la memoria, como construcción cultural y social, conlleva poder porque objetiviza al sujeto y tal vez sugiere que una forma de resistencia a dicha hegemonía se puede llevar a cabo a través del análisis de la subjetividad de la historia.

El estudio de los espacios en la obra antes mencionada se llevará a cabo desde la exploración de “lo institucional” allí presente. Es decir, veremos cómo el autor presenta en su narración determinados espacios que funcionan como descriptores de un amplio abanico de instituciones ya legitimadas en el conciente colectivo cultural de la humanidad. Entre estos, Brown examina a la Iglesia Católica y sub-entidades dentro de la misma como el Opus Dei, a la Policía y Fuerzas de Seguridad, en la obra representada por las francesas, a los museos, a través del Louvre, y universidades, por medio de Harvard y la de Londres. Veremos cómo estos espacios conllevan poder porque, como se dijo anteriormente, posicionan al sujeto en un entorno específico.

El estudio de la memoria se llevará a cabo desde la perspectiva de la circulación del conocimiento y se intentará demostrar cómo la memoria como construcción colectiva conlleva poder ya que, al igual que los espacios, objetiviza al sujeto. Asimismo, se explorará el concepto de resistencia a través del análisis de la subjetividad de la historia, entendiendo que el proceso de reinterpretación de hechos bíblicos es una eficaz manera de contestar dogmatismos y así articular contradiscursos.

Brown deconstruye en su novela uno de los puntos más interesantes planteados por Michel Foucalt en varios de sus ensayos (compilados en Power/Knowledge, 1972-1977), puntos que nacen con la discusión del llamado ‘poder pastoral’. En términos generales, Foucault nos dice que este tipo de poder tiene su origen en las instituciones cristianas, claro, pero que luego pasa del cristianismo al Estado-nación y a su capacidad de gobernabilidad. El poder pastoral, originalmente ejercido por la Iglesia Cristiana, resta en la posibilidad de ésta de ofrecerle al individuo la salvación en el ‘otro mundo’.
Luego, con el advenimiento de las sociedades modernas, este concepto de salvación en el más allá se transfiere al concepto de salvación en esta vida, de donde se desprende lógicamente la necesidad de la creación de sociedades modernas con un estado que pueda ejercer la gobernabilidad. Foucault, incluso, sugiere que la fuerza policial y, por ende, otros organismos de seguridad y de control estatales funcionan como herramientas del estado en este ejercicio de poder. Debido a que el estado utiliza a estas fuerzas institucionales como instrumentos de gobernabilidad y poder, éste adopta el rol de ‘pastorizar’ a la población. De la misma forma, Brown explora en su novela la posibilidad tanto de la iglesia como del estado de ejercer poder sobre el individuo a través de herramientas y mecanismos del concepto del poder pastoral antes mencionado.
Este poder se lleva a cabo por medio de la subjetivación del individuo a través de la estructuración de acciones posibles de estos, instancia que prueba por un lado el poder de gobernabilidad del estado y por otro el poder de tutelaje de la Iglesia. Así como la Iglesia introdujo en su momento formas de subjetivizar al individuo -mediante la limitación de su accionar a través de reglas dogmáticas de comportamiento-, el estado estructura los posibles espacios de acción en los que los individuos puedan actuar -mediante la limitación de su accionar a través de reglas sociales de comportamiento.
Es así que tanto la Iglesia como el Estado han construido espacios institucionales que posicionan al sujeto en entornos determinados y que fomentan o no, de manera estratégica, la circulación de ciertos conocimientos en la sociedad en un proceso de construcción de la memoria colectiva. Estos espacios que propician este proceso de construcción sin duda ejercen poder sobre el individuo, determinándolo, por un lado, y otorgándole poder por otro.

Particularmente en el Código da Vinci, Brown caracteriza a sus personajes por las relaciones estrechas que estos mantienen con instituciones determinadas. Estas instituciones posicionan a los personajes social e individualmente porque les transfieren particularidades identitarias diversas: de erudición y academicismo, de rango en algunos, y de misticismo y espiritualidad en otros. Cada una de estas personalidades construidas, como se sugiere aquí, desde lo institucional, goza de mecanismos de poder que les son específicas.

Robert Langdon, personaje principal, es un reconocido profesor de Simbología Religiosa de la Universidad de Harvard. Langdon es quien, junto a Sophie Neveu, deberá intentar encontrar el código escondido que develará el secreto mas importante en la historia de la humanidad: el misterio de María Magdalena y el Santo Grial. Neveu es criptógrafa del gobierno francés y estudió en la Royal Holloway de la Universidad de Londres. Neveu es nieta de Jacques Saunière, el curador del museo del Louvre en París. Saunière es el último de los miembros del Priorato de Sión y por ende el poseedor de la verdad sobre aquél secreto. Saunière, asimismo, es reconocido por su labor en la conservación de cuadros y por su alto grado de conocimientos sobre mitología, historia y simbología.

Dentro del marco de la erudición, el saber, el arte y el academicismo, entendidos aquí como descriptores identitarios que ubican a estos personajes según la relación que estos mantienen con las instituciones antes mencionadas, podemos también nombrar a Sir Leigh Teabing, amigo de Langdon e importante figura para el desenlace de la historia. Teabing es un Historiador Real Británico, miembro del “Knight of the Realm” (prestigiosa organización británica que premia a personas por sus servicios al Reino Unido), y un gran estudioso del Santo Grial.

Dentro del marco, luego, de rango y poder público, podemos nombrar a los detectives encargados de resolver las muertes de los últimos miembros de Priorato de Sión: Bezu Fache y el teniente Jérôme Collet. Ambos pertenecen a la Dirección Central de la Policía Judicial (el FBI francés). Fache es capitán y Collet el segundo en mando. Luego, dentro del aura del misticismo y la espiritualidad podemos ubicar a los siguientes personajes: Silas y el Obispo Manuel Aringarosa. Silas es el albino devoto del Opus Dei quien practica la mortificación corpórea a diario. Silas es el asesino de Saunière y de los otros tres miembros del Priorato y es quien busca el “clef de voûte” siguiendo las ordenes del Obispo, convencido de que así salvará a la Iglesia Católica.

El Obispo Manuel Aringarosa es el líder del Opus Dei y patrón del monje Silas. Aringarosa cree que debe tomar acción y destruir el secreto que guarda el Priorato para evitar la desintegración del Opus Dei, en primera instancia, y de la Iglesia Católica, en segunda, bajo lo que el denomina la corrupción de la era moderna. Estos personajes, como los anteriores, adquieren entonces características identitarias por medio de la asociación que mantienen con las instituciones mencionadas y que éstas les transmiten. Esta relación entre personaje y espacio, además, le transfiere poder a los personajes.

Como se sugirió anteriormente, la relación dialéctica que mantienen los personajes con las instituciones o espacios que los determinan, además de posicionarlos social e individualmente por el poder de subjetivación que éstas ejercen sobre estos, los espacios a su vez les transfieren poder a los personajes.
Este proceso se lleva a cabo ya que el personaje que pertenece a un espacio en particular adquiere o incorpora el discurso de ese espacio como propio y junto con ello asimila todas las implicancias de poder que le son particulares. Es así que Langdon adquiere lo que Harvard como institución representa y lo mismo sucede con el resto de los personajes: Neveu y La Universidad de Londres, Saunière y el Museo del Louvre, Teabing y su relación con la realeza británica, Fache y Collet con la Dirección Central de la Policía Judicial Francesa, Silas y Aringarosa con el Opus Dei y la Iglesia Católica, entre los personajes aquí mencionados.
Entendemos que la relación que se expone en la narración de Brown entre personaje, institución y poder es semejante a la planteada por Foucault entre discursos o prácticas sociales y poder. Foucault en Power/Knowledge nos dice que en la sociedad existen infinitas relaciones de poder que determinan, caracterizan y constituyen el cuerpo social y expresa que estas relaciones de poder no pueden ser implementadas ni consolidadas sin la producción, la acumulación y el funcionamiento discursivo.
Más allá de que Foucault entienda que el poder no pueda ser localizado en una institución en particular, el filósofo francés considera que el poder es una relación de fuerzas planteada como situación estratégica en una sociedad determinada. Por ello entendemos que los espacios, como nudos en esta red de relaciones discursivas, motivan a que el sujeto esté atravesado por relaciones de poder. Poseer conocimiento es una forma de poder. Más aún, manejar la circulación del mismo lo aumenta. Poseer conocimiento es tener el “privilegio” de transmitir un enunciado como verdadero o, por lo menos, posible. Por eso las prácticas sociales son dialógicas y se manifiestan como intercambios intersubjetivos con efectos recíprocos en los sujetos. El discurso, entonces, que se identifica con determinadas instituciones y estructuras sociales otorga poder a las relaciones sociales que a través de éstas se gestan. El ejercicio de poder, incluso, es creado por estos medios. Vemos así cómo las relaciones de poder se generan en la obra de Brown. Como fue explorado anteriormente, al menos desde tres subestructuras sociales el poder es ejercido desde lo discursivo: el academicismo/la erudición, por un lado, el cargo público policial, por otro, y finalmente lo místico-religioso.

Por último, es pertinente destacar que esta red de relaciones discursivas de poder no es estática ni unidireccional. Por el contrario, como sistema complejo, éste es viable a modificaciones. Intentos de cambios por lo general vienen desde la resistencia que se articula en contradiscursos.
Al respecto, Foucault no dice que el discurso puede ser al mismo tiempo un instrumento y un efecto de poder y que, incluso, el discurso puede articularse como un punto de resistencia para una estrategia de oposición. El discurso, como el pensador francés opina, produce, transmite y refuerza el poder pero también, como sugiere, lo puede exponer, minimizar y opacar. La relación discursiva, por ende, se transforma en un fenómeno estratégico en el que las relaciones de poder interactúan entre instituciones, grupos e individuos.

Desde la teoría de la conspiración y una combinación de los géneros de novelas de suspenso y detectivesca, El Código Da Vinci intenta explicar “hechos históricos” como fruto del resultado de oscuras manipulaciones de poderes secretos o conspiradores.

Asimismo, esta novela pone al alcance de muchos por su condición de best-seller la idea de que el Cristianismo fue “creado” por Constantino y que Jesucristo estuvo casado con Maria Magdalena, entre otros, “hechos” que en definitiva desafían los principios dogmáticos centrales a la Iglesia Católica.

La novela, además, resiste importantes concepciones icónicas por siglos mantenidas por la Iglesia. Desafiar lo icónico implica hacer frente a siglos de procesos de anclaje semántico por medio de los cuales la Iglesia imparte significados como normas de conducta y justificaciones existenciales, concepciones que justamente forman la base de la misma doctrina Cristiana.
El Código Da Vinci, entonces, puede ubicarse como un sitio de exploración en el que las relaciones entre sus personajes y sus espacios dan cuenta de lo complejo que se estructura la red social discursiva de poder.

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