lunes, septiembre 26, 2005

BOLETÍN LITERARIO NÚMERO VEINTITRÉS.

CIRCULO LITERARIO, MUSICAL Y FESTIVO
“BASTA YA”
BOLETÍN SEMANAL N°23
(boletinliterariobastaya. blogspot.com)
Córdoba, Lunes 26 de setiembre de 2005.


POESÍA DE LA SEMANA
OTRO POEMA DE LOS DONES
Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
Por la razón que no cesará de soñar
Con el plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros
Como los ve la divinidad.-
Por el firme diamante y el agua suelta.-
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y por la sal
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y no lo ve
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo
Se dijeron de una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg,
Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos.-
Y un epitafio de los vikingos,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhatan,
Por la mañana de Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptus,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifíca el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines
O en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema.-
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás el último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y por la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.-
JORGE LUIS BORGES
De su libro: “El Otro, el mismo” (1964).



ATAHUALPA YUPANQUI
ATAHUALPA YUPANQUI es el mayor referente de la música folklórica argentina. Compositor, guitarrista, cantante y escritor, ha dejado una obra cuyo conocimiento es esencial para acercarse al paisaje musical argentino, así como a sus costumbres, su entonación y su memoria.
Profundo conocedor del interior de la Argentina, así como también hombre de amplia cultura universal, supo abordar tanto los temas simples de la sufrida vida rural, como adentrarse en los enigmas e interrogantes que plantea el universo. Y sin salirse nunca de las sencillas formas de la copla y de la canción popular. Encontraremos así en su obra las preguntas que asaltan al pensador durante las noches de desvelo, la soledad, las quejas del pobre carente de trabajo, la dura vida del hombre de campo, los paisajes del Tucumán y de otras provincias argentinas, la evocación de diversos personajes camperos y algunos momentos autobiográficos, entre muchos otros temas.
Las formas musicales a las que recurre con mayor frecuencia son la milonga, la zamba, la chacarera, la canción norteña y la vidala.
Entre sus canciones más conocidas podemos citar: Viene clareando, El arriero, Zamba del grillo, La añera, La pobrecita, Milonga del peón de campo, Camino del indio, Chacarera de las piedras, Recuerdos del Portezuelo, El alazán, Indiecito dormido, El aromo, Le tengo rabia al silencio, Piedra y camino, Luna Tucumana, Los ejes de mi carreta, Sin caballo y en Montiel, Cachilo dormido, Tú que puedes vuélvete, así como también el extenso relato por milonga El payador perseguido.
De cualquier manera, no hay que olvidar que esta selección es apenas una muestra de un cancionero de gran extensión y calidad, y al que uno puede acercarse a través de cualquiera de sus obras.
Para completar este breve panorama proponemos una segunda serie de canciones para quien esté interesado en conocer más profundamente la obra de Yupanqui: Milonga del solitario, Las coplas de baguala del Valle Calchaquí, El poeta, El promesante, Canción de los horneros, Guitarra dímelo tú, Tierra querida, La viajerita, Lloran las ramas del viento, Huajra, Cruz del sur, Adiós Tucumán, La estancia vieja, Caminito español, Las preguntitas, Los hermanos, La colorada, Pago viejo, Nostalgias tucumanas, etc..

Isabel María Cadogan – Cruz del Eje – 2005.
Pintura Digital














PEQUEÑA HISTORIA DEL ENCUENTRO ENTRE LA RANA Y EL LEÓN
(Y DEL POEMA QUE LO PROPICIÓ)


Esta no es una fábula de Esopo ni de Samaniego, aunque la inclusión de dos
animales de especies tan diversas en el título lo haría naturalmente suponer al avezado lector...
Esta es la historia real de cómo "la rana" (que a la sazón viene a ser la
suscripta) tuvo oportunidad de encontrarse con el excelente poeta local CÉSAR
VARGAS, más conocido en el ambiente literario como "el león", ello por cuanto
luce -o mejor dicho solía lucir otrora en todo su esplendor- una abundante,
despeinada y larga melena, con más barba y bigotes todo en el mismo tono entre rojo y anaranjado natural.

Érase una tarde de septiembre del año 1998. Durante la edición de la Feria del Libro y en compañía de mi amiga Gabriela, me tocó cubrir la mayor cantidad de mesas de poesía que se pudiera a efectos de realizar un práctico de Teoría Literaria, materia que por entonces cursábamos juntas. Esa tarde a la que me refiero tuvimos oportunidad de escuchar a CÉSAR VARGAS durante una puesta colectiva de seis o siete poetas cordobeses. Leyó un poema tan bueno como duro.

Nos impactó muchísimo y coincidimos con Gaby que ese era el mejor poema que
habíamos escuchado hasta entonces en el tren de dicha "cobertura poética
ferial". Esperamos pacientemente a que el público terminara de saludar al
"león", nos acercamos a él presentándonos como alumnas de la carrera de Letras y le preguntamos dónde podíamos acceder al texto, en qué libro estaba publicado.
Él nos contestó que era nuevo y por lo tanto inédito.
Mientras seguía hablando amablemente con nosotras abrió su carpeta, buscó
pacientemente entre los papeles, extrajo la hoja de la que había leído el poema en cuestión, tomó una lapicera, firmó y nos lo regaló.
Desde entonces guardo en mi carpeta el poema que a continuación transcribo y en
mi memoria el recuerdo de esa tarde soleada en el Cabildo y del generoso gesto del "león".
LA RENANA (o, en este caso, "la rana")


CONFESIÓN

Qué haré con la lluvia que golpea sobre las escaleras de la noche;
qué con estas palabras que presumen de aljibe donde muriera un niño.

Era una siesta pulsada de palomas; de tan fétido el aire
acusaba aquel perro pudriéndose dientes abajo.
Y en el fondo del aljibe un golpe de alarido y madre,
una lágrima lenta cayendo por el centro del tubo del aljibe
una sonoridad de húmedo musgo.
Grave la voz
es sólo el miedo de que la lágrima estalle
sobre la plácida superficie del agua.

Tengo esta voz por miedo de que mi madre sepa que he caído.

CÉSAR VARGAS




OTRO POEMA DE CÉSAR VARGAS

MADERA
Hoy, amigos, voy a hablar de la madera,
no del sándalo precioso,
no del ébano en su noche del Africa,
no del perfume de las resinas de oriente;
hoy, quiero hablar de la madera
del simple palo que revuelve el locro
mientras los peones esperan...
quiero nombrar el cedro
de corazón abierto en la puerta de mi casa,
el cabo del cuchillo de mi padre,
la cuchara sorda al fondo de la olla de mi madre
y los dos ataúdes con su peso de vida terminada.
Hablo de la madera,
de todas las herramientas con su mango,
el pico, el azadón, la pala,
la cuchara de albañil y la guadaña.
Nombro la cruz y la ignominia,
siempre la madera soportando.
Ah, mi mesa de algarrobo blanco.
Ah, mi silla de mandarino claro,
las camas de los hijos,
el plato del hermano,
el leño en el invierno,
entregando su alma de sol gasificado.
De madera es el piso, el techo,
y en la guitarra el canto
eso que envidiamos a las aves,
que viven en el Arbol:
Hermano mayor, Dios nuestro,
ojalá mi carne sirviera para tanto...
CESAR VARGAS

CICLO DE CINE DE WERNER HERZOG
Las proyecciones se realizarán en el Museo Caraffa
(frente a plaza España), a las 18, con entrada libre y gratuita.Jueves 22/9. Los enanos también nacen pequeños (1970).
Viernes 23/9. Stroszeck (La balada de Bruno S.). (1976/77).
Sábado 24/9. .Nosferatu (1978).

Domingo 25/9. Julie Donkey Boy, de Harmony Korine (1999).
Martes 27/9. Veo delante de mi camino (1970/71).
Miércoles 28/9. Fata morgana (1968/70).
Jueves 29/9. Grito de piedra (1991).
Viernes 30/09. Fitzcarraldo. (1980/81).
Sábado 1/10. Corazón de cristal (1976).
Domingo 2/10. Señales de vida (1967/69).
Martes 4/10. Aguirre, la ira de Dios (1972).
Miércoles 5/10. El enigma de Kaspar Hauser (1974).
Jueves 6/10. Mi enemigo preferido (1999).
Viernes 7/10. Woyzeck (1978/79).
Sábado 8/10. Cobra verde (1987).
Domingo 9/10. Tokio Ga, de Wim Wenders (1985).

En el Cineclub. El martes 27, a las 21, en el Cineclub Municipal (San Juan 49), se proyectará Corazón de cristal (1976), filme que cierra el ciclo “Werner Herzog: más allá del cine”, organizado por la Biblioteca Los 39 Escalones. Presenta José Pizarro.

HERZOG Y LA DESMESURA.
Aguirre, la ira de Dios


RECUERDO haber visto esta película allá por principios de la década del 80, en el CineClub del Centro Comercial, hoy inexistente.

Para mí esta película forma parte de los cinco mejores filmes de toda la historia del cine ( las cuatro restantes no se las voy a decir por ahora, pero seguro que “Anaconda 2” no figura)
La escena del comienzo con la música de vientos y las nubes sobre Los Andes peruanos y esa loca expedición marchando por la espesura de la selva, es magnífica. Toda la película en sí es una desmesura. Otro punto remarcable es la genial actuación de KLAUS KINSKI, actor "fetiche" de Herzog, con el cual tuvo no pocos inconvenientes. Kinsky dijo una vez que si no hubiera sido actor hubiera terminado en el manicomio o en la cárcel.

Lope de Aguirre, el conquistador, el aventurero, el que se cree a sí mismo el enviado de Dios en la tierra para saciar su ira y conseguir la venganza divina, el que en busca de la mítica ciudad de El Dorado descendió de Los Andes a la selva, y a un infierno de locura y muerte.
Le declaró la guerra al Rey de España, decretó la libertad de los esclavos, la igualdad de las gentes, obligó a la nobleza a trabajar, se proclamó Emperador de los Marañones y exterminó uno a uno a sus más fieles seguidores, hasta a su pequeña hija para evitar que otros la violaran y mataran.
Las escenas, pletóricas de una naturaleza exuberante, son impactantes. El final cuando Lope de Aguirre navega sin rumbo, en la inmensidad del Amazonas es paradigmática.
Fizcarraldo

Qué decir de “Fizcarraldo”, en donde el protagonista -amante de la Ópera- recorre más de trescientos kilómetros desde Iquitos a Manaus en un endeble barquito para ver y escuchar a Carusso. Luego decide llevar la Ópera a plena selva amazónica para lo cual compra enormes extensiones de tierras “vírgenes”(es decir, con todo lo “plantado, puesto e indios que hubiere”) con el fin de explotar el caucho y adquiere ese inmenso barco al que después tiene que transportar de un río a otro, por una montaña, tirado por brazos humanos. Una escena grandiosa es aquella en la que el barco acaba de subir a la cumbre de la montaña que separaba los ríos. La escena final "a toda orquesta" con el arribo de la misma por su grandiosidad, es una de las mejores que diera el cine.
En esta película hace un pequeño papel Milton Nascimento y además trabaja un conocido tenor cordobés, en el papel del Gran Carusso, Liborio Simonella.
Nosferatu

“Nosferatu” es el vampiro, el drácula, el no-muerto; la película sigue la línea argumental similar a su homónima del cine mudo, totalmente distinta, en su dramaturgia y estética, de la que popularizara el cine norteamericano. Acompaña a Kinski, el vampiro enamorado, la bella Isabel Adjani. La escena del vampiro deambulando por la ciudad donde asola la peste, es magnífica.
Todo es grandioso en Herzog, todo es desmesura. Nada le es imposible. Nada de "efectos especiales". Todo filmado en lugares naturales.

Vale la pena llegarse al Caraffa para ver nuevamente estas películas o ver las otras, la mayoría protagonizada por el excelente Klaus Kinski quien nos legara además de sus films, a su hermosa hija Natasha. Paralelamente hay una muestra fotográfica sobre el cineasta alemán.

EL PELADO, devenido ahora en criticón de cine (tiembla Tincho Siboldi....)



EL HOMBRE LÚCIDO.

El hombre lúcido sabe
que la vida es una carga tal
de sucesos y emociones,
que jamás se entusiasma con ellos;
tampoco jamás le teme a la muerte.
El hombre lúcido sabe que
vivir y morir son lo mismo,
en términos de valor, ya que
La vida tiene tanto sufrimiento
que su fin no puede considerarse un mal.
El hombre lúcido sabe que es el equilibrista
En la cuerda floja de la existencia.
Sabe que por opción o por accidente
Siempre pueda caer al abismo,
Interrumpiendo la función circense.
El hombre lúcido, también puede elegir la vida.
Entonces agotará todas sus posibilidades.
Paseará por su campo abierto,
Por callecitas floridas,
Verá la belleza en todo.
Tendrá amantes, amigos, ideales.
Urdirá planes y los concretará.
Existirán infortunios y enfermedades
Y si le alcanza alguno,
Sabrá soportarlos con coraje y docilidad.
Morirá el hombre lúcido,
De causas naturales, en edad avanzada,
Cercado de hijos y nietos que seguirán su aventura.
Quedará sobre la memoria
Del hombre lúcido un aura de bondad.
Se dirá:”Aquél amó mucho. Hizo muy bien
A las personas”.
La justa ley máxima de la naturaleza
Obliga a que la cantidad de sucesos malos
en la vida de un hombre,
sea siempre igual a la cantidad de sucesos favorables.
Pero el hombre lúcido,
Que optó por la vida,
Con permiso de los dioses,
tiene el poder de alterar
esa ley en su vida.
Los sucesos favorables serán siempre mayoría,
Porque es una cortesía de la naturaleza,
Para con los hombres lúcidos.
(ANÓNIMO).

BOLETÍN LITERARIO NÚMERO VEINTITRÉS

"La tarea de ablandar el ladrillo..."

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